13963abr

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N° 13963  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. Carlos E. Mejía Escobar  

Aprobado Acta No. 58   

Santa   Fe   de  Bogotá  D.C.,    once    (11)    de    abril   de   dos   mil   (2000).   

V   I   S   T   O   S    

Decide  la  Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto por la defensora del procesado ALBERTO GIRALDO GIRALDO en  contra  del fallo proferido el 20 de febrero de 1997 por el Juzgado 50 Penal del  Circuito  de  Santa  Fe  de  Bogotá  D.C.,   por  medio del cual confirmó  integralmente  la  sentencia  dictada  por  el  Juzgado 50 Penal Municipal de la  misma  ciudad que lo condenó a la pena principal de 15 meses de prisión, multa  de  $15000.oo  y  suspensión  en  el oficio de conducir  vehículos por el  término  de  1  año  al hallarlo responsable del delito de lesiones personales  culposas  agravadas  de  que  fue  víctima  el  señor  Benjamin  Emerson Peña  Medina.   

H   E   C   H   O   S   

A  las  19:00  horas  del día 21 de abril de  1990,  proveniente  de  su labor diaria que había culminado en una celebración  en  la que había ingerido licor, el señor ALBERTO GIRALDO GIRALDO conducía un  vehículo  Mazda,  línea  626,  modelo 1987 de placas EM 1441, en sentido sur –  norte,  con  el  que  atropelló  al  señor  Benjamin  Emerson Peña Medina, en  momentos  en  que  éste cruzaba la carrera 7 en sentido oriente occidente, a la  altura  de la intersección con la calle 55, frente al número 55-42 de Santa Fe  de Bogotá D.C..   

GIRALDO  GIRALDO  siguió  su  camino,  sin  preocuparse   por  la  suerte  del  peatón  que  sufrió  heridas  inicialmente  valoradas  con 60 días de incapacidad, para más adelante chocar con un Renault  4  y  seguir huyendo hasta ser finalmente detenido en un retén policial ubicado  a más de 10 cuadras del sitio del atropellamiento.   

ACTUACION PROCESAL  

1.-            El Juzgado 18 Penal Municipal de Santa Fe  de  Bogotá  D.C.,  dictó  auto  cabeza  de  proceso  el  24 de abril de 1990 y  recepcionó   indagatoria   el   25   siguiente  al  sindicado  ALBERTO  GIRALDO  GIRALDO.   

2.-            El 26 de abril se recibe declaración al  padre  de la víctima, quien advierte al Juzgado sobre la fuga del conductor del  vehículo  involucrado  en el atropellamiento de Benjamín Emerson Peña Medina,  como agravante de su conducta.   

3.-            El  27  de abril se define la situación  jurídica  del indagado mediante auto en el que se abstienen de dictar medida de  aseguramiento en su contra. (folio 28, cuaderno 1)   

4.-            El 3 de mayo se recibe en el Juzgado una  petición  conjunta  de  Angel  María  Peña  Guzmán, Fabiola Medina de Peña,  Benjamin  Emerson  Peña  Medina y ALBERTO GIRALDO GIRALDO en la que manifiestan  que   desisten   de   la   acción  penal  en  curso  por  habérseles  reparado  integralmente   el   daño   ocasionado.   Igualmente   solicitan  cesación  de  procedimiento.   

A  la  petición  se  agregó  copia  de  un  documento denominado contrato de transacción.   

5.-            El  11  de mayo de 1990 el Juzgado cesó  procedimiento y ordenó el archivo de las diligencias. (folio 51)   

6.-            El  22 de mayo de 1990, la defensora del  sindicado  GIRALDO GIRALDO solicita copias del auto de cesación, con constancia  de  ejecutoria.   El  6  de junio siguiente se ordena la expedición de las  copias  y  se hace entrega definitiva del vehículo involucrado en el accidente.  (folios 52 y 52 vuelto).   

7.-            El 13 de septiembre de 1991, el lesionado  solicita  copias  del  expediente y el 16 siguiente se le ordenan.  (folios  54 y vuelto).   

8.-            A  partir  del  2  de  octubre  de  1992  aparecen  solicitudes de un abogado, para reclamar una valoración definitiva de  las  lesiones  sufridas  por  Peña Medina, a efectos de hacer trámites ante la  aseguradora del vehículo. (folios 56 a 78).   

9.-            El  30  de  septiembre  de 1993, la Sala  Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Fe de Bogotá D.C.,  solicita  copia del escrito de desistimiento y del auto que resolvió sobre él,  dentro del trámite de una acción de tutela.   

10.-           El  22  de octubre de 1993 el Juzgado 18  Penal  Municipal  decide “realizar pronunciamiento respectivo en relación con  el  desistimiento presentado por los señores Fabiola Medina Peña, Angel María  Peña  Guzmán,  Benjamín  E.  Peña  Medina   y aceptado por el sindicado  ALBERTO  GIRALDO  GIRALDO,  de acuerdo a lo establecido por el Tribunal de Santa  Fe  de  Bogotá”  (folio  81).   En virtud de ello, negó la petición de  desistimiento    y    ordenó   continuar   con   la   investigación   de   los  hechos.   

11.-           La  decisión del Tribunal a la que hace  mención  el  Juzgado,  es el fallo de tutela del 7 de octubre de 1993 proferido  por  la  Sala  Penal  de  esa  Corporación, mediante la cual tuteló el derecho  fundamental  al  debido  proceso  del lesionado Benjamín Emerson Peña Medina y  declaró  “sin  valor  ni efecto alguno la providencia de mayo 11 de 1990, por  la  cual  el  Juzgado  18  Penal Municipal cesó procedimiento sin consultar los  presupuestos   legales,   debiendo   ocuparse   dicho   Despacho  Judicial   oportunamente  del procedimiento en torno al escrito de desistimiento que figura  en el proceso”. (cuaderno anexo 4)   

12-.           Adelantado el trámite investigativo, se  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, se clausuró la  instrucción  y  se  calificó el mérito sumarial con resolución de acusación  que  se  profirió  el  6 de febrero de 1995 por parte de la Fiscalía 195 de la  Unidad  Local  de  Descongestión  y  Lesiones Personales de Santa Fe de Bogotá  D.C. (folio 229, cuaderno 3).   

13.-           Apelada  que  fue esa providencia por la  defensora  del  procesado   ALBERTO GIRALDO GIRALDO, la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante los Tribunales Superiores de los Distritos Judiciales de Santa Fe  de  Bogotá y Cundinamarca  la confirmó integralmente mediante la suya del  19 de abril de 1995 (folio 4, cuaderno anexo 5).   

14.-           Verificada  la  audiencia  pública,  el  Juzgado  50  Penal  Municipal  de la ciudad, condenó al acusado ALBERTO GIRALDO  GIRALDO  a  pena  de  prisión  de  15  meses,  a  multa  de  $15.000.oo  y a la  suspensión  en  el  oficio  de  conducir vehículos por el término de 1 año e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso (folios 360  a  388,  cuaderno  4), al hallarlo responsable del delito de Lesiones Personales  Culposas Agravadas.   

Apelada la sentencia condenatoria por parte de  la  defensora  del  condenado, el apoderado del tercero civilmente responsable y  el  apoderado  de  la parte civil, el Juzgado 50 Penal del Circuito la confirmó  integralmente  mediante  fallo  del  20  de  febrero  de 1997 (folios 437 a 453,  cuaderno 4).   

15.-            La  defensora  del  procesado  ALBERTO  GIRALDO   GIRALDO   interpuso   recurso   extraordinario   de   casación,  cuya  sustentación  fue  aceptada  por  la Corte para admitir el recurso de casación  excepcional  mediante  auto  del  31  de  julio  de  1997. (cuaderno anexo de la  Corte).   

16.-           Corridos  los traslados pertinentes para  la  presentación  de  la  demanda de casación, se formuló la demanda sobre la  que aquí se resuelve.   

LA   DEMANDA   

1.-            Al  amparo del numeral 3° del artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal  se acusa la sentencia de haber sido  dictada  en  un juicio viciado de nulidad por violaciones al debido proceso y al  derecho de defensa.   

2.-               La     Violación     al    Debido  Proceso:   

Ocurrió, dice el casacionista, por cuanto se  quebrantó  el  principio  de  la  cosa  juzgada al “revivirse” mediante una  acción  de  tutela  el  proceso  que  había culminado con auto de cesación de  procedimiento.     

Aun  aceptando la viabilidad de la acción de  tutela  respecto de las decisiones judiciales, estima que la decisión de tutela  es también violatoria del debido proceso:   

2.1.-          De  una  parte porque el fallo de tutela  afirma  que  no  había lugar a otro mecanismo judicial de protección.  Y,  ello  no  es  cierto, por cuanto el artículo 232-2 del Código de Procedimiento  Penal,  señala  que lo dispuesto en los numerales 4° y 5° se aplicará en los  casos  de  cesación  de  procedimiento.   Concluye  que  lo  jurídico era  denunciar  al  Juez  para  que lo investigaran por un posible delito al tomar la  decisión   o  a  cualquiera  de  las  partes  si se estimaba que se había  acudido  a  pruebas falsas.  Al permitir el Tribunal el “salto”  a  la tutela, quebró las formas propias del juicio.   

2.2.-          De  otra parte, el Tribunal incurrió en  “vías  de  hecho” al ignorar caprichosamente que el Juez 18 Penal Municipal  al   proferir  la  decisión  de  cesación  de  procedimiento  sí valoró  expresamente  una  causal  de  agravación  e  hizo  “admisión  tácita de la  negación de la otra”.   

3.-               Violación     al    Derecho    de  Defensa:   

Ocurrió  por la falta de notificación de la  “reapertura”  del  proceso  penal  al  procesado  GIRALDO  GIRALDO  o  a  su  defensora.   Ello  generó  que solo después de 3 años de la cesación de  procedimiento,  la  defensa  se enterara de la reanudación del trámite penal y  comenzara  a  actuar,  pero el tiempo no le alcanzó a la parte defensiva porque  los  Jueces  fundamentalmente atendieron las expresiones del Tribunal.  Ese  larguísimo   lapso  sin  defensa,  así  hubiera  sido  brevísimo,  constituye  violación al derecho de defensa.   

En  consecuencia  solicita  que  el  fallo de  casación   declaré   la   nulidad  del  proceso  a  partir  de  la  actuación  inmediatamente  siguiente a la ejecutoria del auto de cesación de procedimiento  proferido  por  el  Juzgado  18  Penal  Municipal  de  Bogotá  el 11 de mayo de  1990.   

LA  PARTE  CIVIL  

Descorrió  el  traslado  de  la  demanda  de  casación  para  oponerse  a  las peticiones de la misma, señalando que no hubo  ninguna de las irregularidades denunciadas allí.   

Citando  un  párrafo del fallo de tutela del  Tribunal  contradice  la afirmación del casacionista acerca de su improcedencia  por  la  existencia  de  la  acción  de revisión, e insiste en las violaciones  legales  en que incurrió el Juez 18 Penal Municipal al aceptar el desistimiento  pasando   por  alto  las  circunstancias  de  agravación  de  la  conducta  del  sindicado,  lo  que vulneró los derechos fundamentales de la víctima.  En  consecuencia solicita no casar la sentencia.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO PUBLICO   

1.-            El  Procurador  2° Delegado en lo Penal  señala  en  su  concepto las falencias técnicas de la demanda, por no formular  las  censuras  por  irregularidades sustanciales que afectan el debido proceso y  las  que  vulneran el derecho de defensa en cargos independientes, en aras de la  claridad y la lógica que caracterizan el recurso.   

Adicionalmente  critica  la  demanda  por  no  demostrar  la  incidencia  de  las  supuestas irregularidades denunciadas en las  garantías  fundamentales del sindicado, limitándose a la mera enunciación que  considera insuficiente para sustentar la censura.   

A  pesar  de  ello concreta el concepto a los  temas  del  debido  proceso y del derecho de defensa que separadamente presentó  el demandante.   

2.-           Al Debido Proceso:   

Analiza  el  fallo  de  tutela  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial y estima que fue dictado de conformidad con los  términos  de  las  sentencias  C-543  del 1 de octubre de 1992, T-079 del 26 de  febrero  de  1993 y T-055 del 14 de febrero de 1994, de la Corte Constitucional,  sobre  la procedencia de esa acción en contra de providencias judiciales cuando  en ellas se ha incurrido en vía de hecho.   

Estima  que  no  es cierto, como lo afirma el  censor,  que  hubo una “aceptación tácita” de la inexistencia de la causal  de  agravación  por  actuar  bajo el influjo de bebida embriagante, sino que no  hubo  pronunciamiento  sobre tal agravante.  Igualmente descarta la acción  de  revisión  como  mecanismo  de  protección, pues se trataba de proteger los  derechos  fundamentales  de la víctima de manera oportuna y eficaz para lo cual  es la acción de tutela.   

3.-           Al Derecho de Defensa:   

El  Procurador  2°  Delegado  en  lo  Penal  reconoce  que dentro del lapso comprendido entre el 7 de septiembre de 1993 y el  17  de  enero de 1994, la defensa no desarrolló ningún ejercicio, pero ello no  significa  que el derecho a la defensa haya resultado vulnerado.  En cuanto  hace  al  aspecto  formal  de la defensa, como se trataba de la continuación de  una  investigación  en la cual se contaba con defensor debidamente posesionado,  no se presenta irregularidad alguna.   

Respecto  del  aspecto material de la defensa  advierte  que  a  partir del 22 de octubre de 1993 el Juzgado 18 Penal Municipal  ordena  continuar  con  la  investigación y decreta una serie de pruebas.   Entre  estas  figuran  declaraciones  de  personas  que  debían  comparecer por  intermedio  del sindicado ALBERTO GIRALDO GIRALDO, a quien se remitió telegrama  el  24  de noviembre siguiente, lo que evidencia su enteramiento indirecto de la  reactivación del proceso.   

Igualmente   pone   de   presente  que  las  actuaciones    de   la   parte   perjudicada   estuvieron   encaminadas   a   la  demostración   de  la  incapacidad  definitiva  y a la constitución de la  parte  civil, puntos que fueron oportunamente debatidos por la defensa.  Y,  a  partir de enero de 1994 la actuación de la defensa es dinámica mediante las  solicitudes  de  pruebas, impugnación de decisiones y petición de nulidades en  un  lapso  prolongado  que contradice la afirmación de la defensa sobre que “  (…) el tiempo no le alcanzó a la parte defensiva (…)”.   

Finaliza  indicado  que  la  afirmación  del  casacionista   relativa   a  que  los  Jueces  fundamentalmente  atendieron  las  expresiones  del Tribunal, no es cierta por cuanto las decisiones se fundamentan  estrictamente  en  las  pruebas.  Y que tal argumento ha debido presentarse  para  fundamentar  un  ataque  por  violación  al  principio  de investigación  integral,     cuestionamiento     que    ni    plantea    ni    desarrolla    el  libelista.   

Como   la   demanda  no  demuestra  ninguna  irregularidad  que  incida  en  las  garantías  fundamentales del sindicado, el  cargo  no  puede  prosperar  y  por  tanto solicita a la Corte no casar el fallo  impugnado.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

1.-            No  es  cierto, como lo afirma el señor  Procurador  2°  Delegado  en  lo  Penal,  que  la demanda no respete las reglas  técnicas   necesarias  para  que  sea  aceptada  como  fundamento  del  recurso  extraordinario de casación.   

La  causal  de  casación  invocada  es la de  nulidad  y,  a  su  vez,  los  motivos  invalidantes  se  hacen consistir en los  señalados   en   los  numerales  2  y  3  del  artículo  304  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  presentándose de manera separada los que el casacionista  considera   que   corresponden  a  violaciones  al  debido  proceso  y  los  que  únicamente conforman violación al derecho de defensa.   

En tal orden, la demanda es formalmente apta –  tal  como  se  declaró  en  auto del 2 de marzo de 1998 -, y a ella se responde  así:   

2.-           Violación al debido Proceso:   

2.1.-          Se concreta por parte del casacionista en  la  violación  al  principio  de  la  cosa  juzgada a través de una acción de  tutela.   Dentro de ese propósito fundamenta el ataque en la improcedencia  de  la  acción de tutela y en las irregularidades que ocurrieron al interior de  tal trámite.   

El  debido proceso, considerado como cada una  de   las   fases  que  componen  la  estructura  ritual  de  cada  actuación  –  administrativa  o judicial dice la Constitución -, tiene una etapa de finiquito  con  carácter  permanente  del asunto de que se trate.  En tal término es  que  se  expresa  el  aforismo latino res iudicata pro  veritate                   habetur1.    

No  obstante, ese que es principio tan caro a  la  historia jurídica universal, puede removerse porque “(…) hay eventos en  que  el  contenido  de  justicia material de los fallos no se consigue y ello se  evidencia  una  vez  terminado  el  proceso.  En esos casos la necesidad de  justicia  es  tan  alta  que  la  propia  ley permite la remoción de uno de los  pilares  de  la  cohesión  social,  la  cosa  juzgada  de  los fallos, elemento  indisoluble  de  la  seguridad  jurídica sobre la que se afincan las relaciones  sociales.”   

Por principio general, dentro del ordenamiento  jurídico  nacional la cosa juzgada en materia penal solo puede ser invalidada a  través  de  la  acción  de  revisión,  y  “(…)  el procedimiento penal ha  definido  estrictamente  las causales bajo las que puede solicitarse (…) la de  una  sentencia ejecutoriada, de una resolución de preclusión de investigación  o  de  un  auto  de  cesación de procedimiento, (artículo 232) y la forma como  ello  debe  impetrarse de la autoridad competente (artículo 234), requisitos de  interpretación  estricta y restrictiva.  No basta la mera alegación de la  injusticia  material  de  la  decisión  que  pretende  removerse sino que deben  demostrarse  de  entrada  unas  circunstancias tales que creen en el funcionario  competente  la  convicción de que ha ocurrido una real afectación al contenido  de   justicia   del   fallo,   auto   o  resolución  cuya  inmutabilidad  busca  derrumbarse”2   

Pero  esa  que  es  la  regla  general,  es  adicionada  excepcionalmente con la acción de tutela que regula el artículo 86  de  la  Constitución  Política y el Decreto 2591 de 1991, en los términos que  ha  desarrollado la jurisprudencia constitucional a partir de la sentencia C-543  de  1992  de  la  Corte  Constitucional,  en cuanto se acepta que las decisiones  judiciales  también  pueden ser objeto de ese instrumento constitucional, si en  su  adopción  se  han  violado  derechos  fundamentales  y constituyen vías de  hecho.   

Dentro de esas reglas, el Juez constitucional  es  quien  debe valorar la procedencia de la acción de tutela, no solo desde el  punto  de  vista  sustancial – violación o amenaza de un derecho fundamental -,  sino  desde  el  punto de vista procesal – que el accionante no disponga de otro  medio  de  defensa  judicial  -, atendiendo en este último punto a las reglas –  también  jurisprudenciales  –  referidas  a  la  eficacia  concreta  del  medio  judicial  ordinario  para  la protección del derecho fundamental vulnerado o en  trance de serlo.   

Esas  son  partes  de  las  fases  del debido  proceso  de  tutela y sobre su desconocimiento por parte del Juez Constitucional  que  decida  una acción de ese tipo, debe alegarse al interior de tal trámite,  que  para  todos  los  efectos  es  un  proceso  judicial y por tanto sus fallos  también  hacen  tránsito  a  cosa  juzgada y las ordenes allí emitidas son de  obligatorio   cumplimiento   en   la   forma   y   términos   que   hayan  sido  dispuestas.   

En  tal  sentido,  la  remoción  de  la cosa  juzgada  por  parte de un fallo de tutela no es ninguna irregularidad sustancial  y por tanto no es violatoria del debido proceso penal.   

No   prospera   el   cargo,   por   estas  razones.   

2.2.-           En  la  segunda  parte  del  cargo  por  violación   al  debido  proceso,  el  demandante  critica  las  razones  de  la  procedencia  de  la  acción de tutela que ordenó dejar sin efectos el auto del  Juzgado 18 Penal Municipal que había cesado procedimiento.   

Como  ya  se  dijo  atrás,  con arreglo a la  Constitución  (artículo  86)  y a la Ley (Decreto 2591 de 1991), la acción de  tutela  es  un  procedimiento  judicial  autónomo  a  cargo de la jurisdicción  constitucional,   con   sus   propias   reglas   definitorias   de   su   debido  proceso.   

En  tal orden de ideas, el contenido material  del  fallo  de  tutela  proferido  por  la  Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Santa  Fe  de Bogotá D.C., el 7 de octubre de 1993, por  medio  del  cual  se  tuteló  el  derecho  constitucional fundamental al debido  proceso  de  Benjamín Emerson Peña Medina,  y se declaró “sin valor ni  efecto  alguno  la  providencia  de  mayo  11 de 1990, por la cual el Juzgado 18  Penal  Municipal cesó procedimiento sin consultar los presupuestos legales “,  no  es  materia  del  recurso  extraordinario  de casación y por ende, la Corte  carece de competencia para abordar su estudio.   

No  existe  ninguna  norma  que autorice a la  Corte  Suprema  de  Justicia  como Juez de Casación a estudiar las motivaciones  fácticas  y  jurídicas  de un fallo de tutela, así este haya removido la cosa  juzgada dentro de una actuación penal.    

Resulta  evidente  que  el  fallo  de  tutela  derrumbó   la   cosa   juzgada  que  amparaba  la  decisión  de  cesación  de  procedimiento  y  ordenó  estudiar la petición de desistimiento presentada por  los  señores  Fabiola  Medina  de Peña, Angel María Peña Guzmán y Benjamín  Peña  Medina.   En  desarrollo  de  tal estudio el Juez 18 Penal Municipal  decidió  negar  tal  solicitud  (folio  85, cuaderno 1), a partir de lo cual se  reinició  el  proceso penal que culminó con la sentencia condenatoria impuesta  al señor ALBERTO GIRALDO GIRALDO.   

Como  el  recurso  de  casación que la Corte  resuelve,  aun  tratándose  de  uno  de  naturaleza excepcional, versa sobre el  fallo  que puso fin al proceso penal, cualquier censura que tenga por objeto una  actuación  procesal  diferente  de la sentencia penal, excede la competencia de  la Corte.   

El cargo no prospera.  

3.-               Violación     al    Derecho    de  Defensa   

Lo   concreta  de  manera  muy  puntual  el  demandante  a  la  falta de notificación de la reiniciación del proceso penal,  lo  que  produjo  que  durante un lapso el procesado GIRALDO GIRALDO haya estado  sin defensa.    

La naturaleza técnica de la casación, impone  el  deber  legal de señalar el error y fundamentar, no solo su existencia, sino  su trascendencia.    

La  demanda  señala  un  hecho  que  está  objetivamente  acreditado.   Que  entre el 22 de octubre de 1993, fecha del  auto  que  no  acepta  la  petición  de desistimiento y ordena proseguir con la  investigación  (folios  81  a  85,  cuaderno original) y el 14 de enero de 1994  (folio  200), la defensora del procesado ALBERTO GIRALDO GIRALDO no tuvo ninguna  actuación  dentro  del  proceso  penal reiniciado, ni fue informada de que ello  había ocurrido.   

Eso   constituye  sin  lugar  a  dudas  una  actuación  contraria al principio de lealtad procesal que regula como principio  rector  el  artículo  18  del  Código  de  Procedimiento  Penal.  Pero lo  demandable  en  casación  no  son  los  errores  per  sé,  sino  aquellos cuya  trascendencia  es  superior  a su existencia, por tener la virtualidad jurídica  de  incidir  en  la  producción  del  fallo  que  se  ataca,  y  corresponde al  demandante  la  carga  demostrativa de tales circunstancias, por cuanto el fallo  al  superar  las  instancias  ordinarias ha quedado amparado con presunciones de  legalidad y acierto.   

Por  ello es que la ley al definir uno de los  fines  de la casación (artículo 219 del Código de Procedimiento Penal) indica  que   los  es  “(..)  la  efectividad  del  derecho  material  (…)”.    

Debía  entonces el casacionista demostrar de  qué  manera  esa  infracción  al  principio de lealtad, incidió – material no  formalmente  –  en  el  ejercicio  del  derecho de defensa del encausado ALBERTO  GIRALDO GIRALDO.   

Tal deber lo omite la demanda, pues se limita  a  señalar como única consecuencia del error que “el tiempo no le alcanzó a  la   parte   defensiva   porque   los  Jueces  fundamentalmente  atendieron  las  expresiones del Tribunal”.    

Si  la  afectación  a  la  materialidad  del  derecho  de  defensa  se  concreta  en la falta de tiempo para su ejercicio, tal  afirmación   no   puede   quedarse   en  el  plano  abstracto,  sino  que  debe  especificarse,  por  ejemplo, señalando cuáles fueron los medios de prueba que  no  alcanzaron  a  evacuarse  por  esa falta de tiempo, o las diligencias que se  verificaron  incorrectamente  por  ese  mismo  motivo o en fin, cualquier razón  específica  y  demostrable, que establezca una relación de causalidad entre la  falta  del  tiempo  por el que reclama el demandante y el menoscabo material del  derecho  de defensa.  Todo ello sin pasar por alto el deber de comprobar la  incidencia  de  lo  omitido  en  el  fallo,  pues solo demostrándolo es posible  obtener la revocación del mismo.   

Al   no   acreditarse   ninguna   de  tales  situaciones, el cargo no prospera.   

No  obstante  ello,  es importante anotar, de  consuno  con  el Procurador Delegado, que la actuación procesal demuestra que a  partir  del  auto  que  ordena  la  reiniciación  del  proceso penal (folio 85,  cuaderno  1)  y la presentación de un escrito de la defensora en la secretaría  de  ese Juzgado (folio 200), hubo una comunicación dirigida al procesado que le  fue  remitida  el 24 de noviembre de 1993 (folio 122) en la que se le solicitaba  hacer  comparecer  al  Juzgado  18  Penal Municipal a las señoras Dora Cuellar,  Claudia  Ortíz,  Araminta  Ortiz  y  María  Lucía  Giraldo, “fin diligencia  dentro de proceso 23511 L.P.”.   

Esa  es  una  comunicación que hubo de poner  sobreaviso  al  señor  GIRALDO  GIRALDO  de  que  se estaba actuando dentro del  proceso  penal  al  que él estaba vinculado. Se trataba del mismo Juzgado en el  que  había  rendido  indagatoria  y era el mismo número de radicación que él  mismo  y  su  defensora  habían  utilizado para dirigir escritos a tal despacho  judicial (folios 23,  42 y 46).   

El  14  de diciembre de 1993, la señora Dora  Cecilia  Cuellar  acude  a  la  citación  que  el Juzgado 18 Penal Municipal le  había   hecho   a   través   del   procesado  ALBERTO  GIRALDO  GIRALDO.    

Su  presencia  en el Juzgado no se explica de  otra  manera que por haber recibido la información de parte del encausado, pues  a  éste  fue  a  quien  se  dirigió la citación y fue a su residencia a donde  aquella  se  le  envió.   Aparte  de  ello,  debe tenerse en cuenta que la  declarante  era  para la época de la declaración, la  jefe de personal de  la  empresa  (folio  187) en la que el procesado era el gerente (folio 204), por  lo  que resulta apenas natural concluir los informes que éste debió recibir de  las  preguntas  que  se  le  hicieron  a  aquella  y  de  la  actuación  que se  trataba.   

No  hay duda entonces del enteramiento que el  procesado  tuvo,  por  lo  menos  desde  el  25  de  noviembre  de  1993  de  la  reanudación  ordenada  desde  el 22 de octubre de 1993 del proceso penal al que  estaba vinculado.   

Adicionalmente a ello, como bien lo hace notar  el  Procurador 2° Delegado, a partir de la presencia formal de la defensora del  procesado  en  el  proceso  penal  reiniciado,  ésta  actuó  diligentemente en  defensa  de  los  intereses  de su procurado.  Interpuso recursos contra la  imposición  de  la  medida  de  aseguramiento  (folio  224),  la resolución de  acusación  (folio  246,  cuaderno  3),  la  sentencia (folio 392, cuaderno 4) y  algunas  otras  decisiones,  solicitó  nulidades, objetó dictámenes,  en  fin, ejerció a plenitud el derecho de defensa.   

Aparte  de  ello, incluso el propio procesado  GIRALDO  GIRALDO   hizo uso de la acción de tutela (la misma que critica a  través  del  recurso de casación) en contra del Juzgado 18 penal Municipal, la  que  le  fue  denegada  mediante fallo del 25 de abril de 1994 por la Sala Civil  del   Tribunal   Superior   del   Distrito  Judicial  de  Santa  Fe  de  Bogotá  D.C..   

No  es  solo  entonces  por  las  falencias  técnicas  de  la  demanda  que  el  cargo  no  prospera,  sino por la evidencia  procesal  de  que  no  hubo afectación a la efectividad del derecho material de  defensa,  ni a las garantías debidas al procesado o a su defensora como sujetos  procesales.   Tanto  el  uno  como  la  otra  tuvieron  oportunidades y las  utilizaron  conforme a la Constitución y la Ley, de ejercer la defensa material  y técnica.     

En   mérito  de lo  expuesto,  La Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

NO CASAR la sentencia impugnada.  

CUMPLASE  

         

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                                             JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                                                                                      CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

NILSON PINILLA PINILLA  

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1.- La  cosa juzgada se tiene por verdad.   

2.-  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 16  de   diciembre  de  1999,Revisión,Radicación  No.14.271  Actor:  Adel  Antonio  Arevalo Figueroa.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *