13623nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13623  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 190  

          Bogotá,   D.C.,   ocho   (08)   de   noviembre  del  año  dos  mil  (2.000).   

VISTOS  

          Procede  la Sala a resolver la casación interpuesta por el defensor  del    señor    ALEJANDRO   BOHÓRQUEZ   RODRÍGUEZ,  quien   fuera  condenado  por  los  delitos  de  falsedad material de particular en  documento público y falsedad en documento privado.   

HECHOS  

          En    el   año   de   1987,  la señora Rosa Moreno de Gregory le arrendó un apartamento de su  propiedad  localizado  en  la  carrera  4ª. No. 67-65 de esta ciudad, al señor  Alejandro     Bohórquez     Rodríguez.  En  el  mes  de enero de 1991, después de que aquella falleciera  (julio  24  de 1990), se presentó el arrendatario con un contrato de promesa de  compraventa  suscrito  por  él y la arrendadora el 17 de junio de 1988 y varios  recibos  de  pago,  en  los que se acreditaba que le había cancelado a ésta la  suma  de  $3.500.000.00  por  concepto  de  la  compra del referido inmueble. La  señora  Yomar  Genoveva  del  Carmen  Gregory  Moreno,  hija  de Rosa Moreno de  Gregory,  formuló  denuncia  por el delito de falsedad, pues consideró que las  firmas  que  aparecían  en  la promesa de compraventa, así como las que fueron  autenticadas  ante  la  Notaría  32  del  Círculo de Bogotá el 15 de julio de  1988, no habían sido estampadas por su madre.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  17  de  abril de 1991, el Juzgado 51 de Instrucción Criminal de  esta  ciudad  declaró abierta la investigación y vinculó mediante indagatoria  a    ALEJANDRO    BOHORQUEZ   RODRÍGUEZ  el  12  de  junio  del  mismo  año.  Al  resolverle la situación  jurídica,   se   abstuvo   de   imponerle   medida   de   aseguramiento   (C.1,  fol.276).   

          Cerrada  la  instrucción,  la  Fiscalía 85 de la Unidad Primera de  Delitos  contra  la  Fe  Pública  y  el  Patrimonio  Económico  de  Bogotá la  calificó  el  22  de  marzo de 1995 con resolución acusatoria por el delito de  falsedad   material  de  particular  en  documento  público  (C.1,  fol.  496).  Recurrida  en  alzada  por  la  defensa,  la  Fiscalía  de segunda instancia la  confirmó,  modificándola  en  el  sentido  de  que se imputaban los delitos de  falsedad  material  de  particular en documento público y falsedad en documento  privado, en concurso (C. 1, fol. 538).   

          El   30 de septiembre de 1996, el Juzgado 45 Penal del Circuito  de  Bogotá  absolvió  al  señor ALEJANDRO BOHÓRQUEZ  RODRÍGUEZ (C. 2, fol.78).   

          Apelado  el fallo por la apoderada de la parte civil, el 29 de abril  de  1997  (C.  3,  fol.  10)  el Tribunal Superior de Bogotá lo revocó y en su  lugar  condenó  a  Bohórquez Rodríguez a  las penas de 38 meses de prisión, interdicción del ejercicio de  derechos  y  funciones públicas, y al pago del equivalente en moneda nacional a  doscientos  (200)  gramos  oro por concepto de indemnización de perjuicios, por  el  delito  de falsedad material de particular en documento público en concurso  con el de falsedad en documento privado.   

          La  sentencia de segunda instancia fue objeto de casación por parte  de  la  defensa.  La  Corte  se  ocupa,  entonces,  de  resolver  el  fondo  del  asunto.   

         

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento  en la causal primera, el censor formuló dos cargos  contra la sentencia.   

          Primer cargo.   

          “Violación   indirecta   de   la   ley  sustancial  por error de derecho”. Señaló como norma infringida el artículo  247 del C. de P. P.   

          Como  desarrollo  de  la  censura expuso que el Tribunal edificó la  certeza  sobre  la  ocurrencia  del  hecho  punible  en las declaraciones de las  hermanas  Yomar Genoveva del Carmen y Patricia Rosa de Jesús Gregory, así como  en  el  examen  grafológico efectuado por el D.A.S., pero no tuvo en cuenta que  no  se  le  podía  dar  credibilidad  a  tales  testimonios  dado  el  interés  económico  que  les  asistía a las declarantes, y además le restó todo valor  probatorio   a   los   otros   medios   de  convicción  que  favorecían  a  su  representado,   como  las  explicaciones  suministradas  por  éste  en  su  indagatoria,  el informe rendido por la Superintendencia de Notariado y Registro  en  el  que  certifica  que  no  hubo  ninguna  irregularidad  en  los trámites  cumplidos  en la Notaría 32 en relación con la autenticación de las firmas de  la  promesa  de  compraventa,  la inspección practicada a dicha Notaría, y los  testimonios  de  David  Luna  Serrano,  Myriam  Monroy  de  Castellanos y César  Augusto Zapata.   

          Indicó  que  el  Tribunal  incurrió  en una grave equivocación al  darle  credibilidad al dictamen pericial del D.A.S. y quitarle fuerza probatoria  a  las  declaraciones mencionadas. Agregó que la duda pregonada por el fallador  de  primer  grado  en  relación con la existencia del hecho punible se mantiene  incólume,   pues   en  la  segunda  instancia  no  se  mostró  prueba  que  la  desvirtuara.   

             Afirmó   que  no  existe  prueba  que  demuestre  con  certeza  que  Alejandro Bohórquez fuera el autor de la supuesta  falsedad  del  documento,  pues los dictámenes rendidos por Medicina Legal y el  DAS  se abstienen de imputarle alguna responsabilidad por las firmas analizadas.   

          Indicó  que  con  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial,  también  le fueron afectados los derechos contenidos en los artículos 29 y 230  del Carta Política, 6, 12, 22 y 233 del C. de P. P.   

          Pidió  a  la  Corte case la sentencia recurrida y en su lugar dicte  sentencia  absolutoria  para  que así se garantice el debido proceso a favor de  su representado.   

          Segundo cargo   

          Lo  planteó  de  manera  subsidiaria  y  lo  hizo  consistir  en la  violación   directa  del  artículo  220  del  Código  Penal  por  aplicación  indebida.   

          Señaló  que la promesa de compraventa suscrita por la señora Rosa  Moreno    de    Gregory    y   Alejandro   Bohórquez  Rodríguez  es  un documento privado, en razón de que  estas  personas  al  momento  de  suscribirlo no eran funcionarios públicos. La  naturaleza  de  dicho documento no cambió por el hecho de que fuera autenticado  por  un Notario Público. Citó en apoyo de sus tesis varios pronunciamientos de  esta Corporación.   

          Concluyó  que  la  conducta  investigada no se enmarcaba en el tipo  penal  de  falsedad  material  de  particular  en documento público, sino en la  hipótesis  contenida  en  el  artículo  221  del  Código Penal. La violación  directa  de  la  ley  se originó al dársele un valor diferente al documento en  cuestión,  que se calificó como documento público sin serlo. Por lo tanto, en  la  tasación  de  la  pena  sólo  se  debe tener en cuenta la prevista para el  delito de falsedad en documento privado.   

          Por  último, indicó que como a Bohórquez  Rodríguez  no  se  le  podía  aplicar  el prontuario  suministrado  por  el  D.A.S.  en  calidad  de antecedente penal, se imponía la  aplicación   del   artículo   68  del  C.  P.,  por  cuanto  la  pena  que  le  correspondería no sería mayor a un año de prisión.   

          Pide  se  case  la sentencia del Tribunal, se imponga a su defendido  la  pena que le corresponde para el delito de falsedad en documento privado y se  le otorgue la condena de ejecución condicional.   

INTERVENCIÓN DE LA PARTE  CIVIL   

          Estimó  que  la  demanda  de  casación  carecía  de la claridad y  precisión  exigidas en el numeral 3º. del artículo 225 del C. de P. P., y por  lo  tanto debían ser desestimados los dos cargos formulados contra la sentencia  recurrida. Expuso:   

          El  primer  cargo  es  impreciso, pues no se sabe si se formuló por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho,  o  por  violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho.   

          El  segundo  cargo  fue planteado como violación directa de la ley,  pero  en su desarrollo se afirmó que tal transgresión ocurrió porque se quiso  dar   la  calidad  de  documento  público  a  un  documento  privado,  lo  cual  enmarcaría  la  censura  en  una  violación  indirecta  por  un  error  en  la  calificación de una prueba.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          La  señora  Procuradora  Delegada  en  lo  Penal consideró que los  cargos  formulados  por  el  casacionista  debían  ser  desestimados y por ello  solicitó no casar la sentencia impugnada. Expresó:   

          En relación con el primer cargo.   

          1)  En  la  demanda  se  desconoció  la  exigencia  prevista  en el  artículo  225-3 del C. de P. P., pues no se precisó si la violación indirecta  de  la ley sustancial que se reprocha lo es por error de hecho o de derecho, por  cuanto  el  actor  hace  nítida  alusión  a  los dos tipos de yerro durante su  desarrollo.   

          2)  El  censor  no  demostró ninguno de los equívocos mencionados,  sino   que  se  dedicó  a  criticar  el  análisis  y  valoración  probatorios  efectuados  por  el  Tribunal, al cual opone su particular apreciación, sin que  al  confrontarlos  logre comprobar que el Ad- quem transgredió o desconoció la  Constitución, la ley o los principios de la sana crítica.   

          3)  Pretende  que  la  Corte  proceda a realizar un nuevo examen del  caudal  probatorio,  olvidando  que la casación no es una tercera instancia que  permita la continuación del debate probatorio.   

          Sobre el segundo cargo.   

          El  censor  incurrió  en  desaciertos  técnico-  conceptuales  que  tornan  impróspera  la  demanda, pues cuando se enmarca el reproche por la vía  directa   –  aplicación  indebida  del  artículo  220  del  C.  P.-  no  es permitido formalmente que se  cuestione el acervo probatorio.   

          Al  margen  de las falencias técnicas, tampoco le asiste la razón,  porque  no  se discute que la autenticación que hace el Notario de un documento  privado  lo  torne  por  ese  hecho  en  documento público, pues ninguno de los  funcionarios   realizó  tal  consideración.  Por  lo  tanto,  los  desarrollos  jurisprudenciales    que    cita    no   corresponden   a   la   situación   en  estudio.   

          El  documento que contiene la promesa de compraventa siempre se tuvo  como  privado,  y  siguió  siéndolo  a  pesar del trámite notarial. Lo que se  consideró  como falsedad en documento público fue el acto de autenticación en  el  que  intervino  un  funcionario  público, al no ajustarse a la verdad, como  quiera que una persona suplantó a la señora Rosa Moreno.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         Primer cargo.   

         Se desestima, porque:   

         1.  Tal  como  lo  resaltó  la  señora  Procuradora Delegada en lo  Penal,  en  la  elaboración  de  la demanda el casacionista no cumplió con las  exigencias   técnicas   previstas   en   el  artículo  225-3  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   que  se  refieren  a  la propuesta clara, precisa y  fundamentada  de  la  censura  que  se  aduce  para  pedir  la  revocación  del  fallo.   

         2.  No concretó si la violación indirecta a que hace alusión tuvo  lugar  porque  el  Tribunal  incurriera  en  errores  de  hecho  o  de  derecho.  Indistintamente  le  hizo  los  dos reproches en relación con el haz probatorio  que le sirve de soporte a la sentencia impugnada.   

         En    efecto,   al   concluir   la   exposición   de   este   cargo  dijo:   

“El  Tribunal  incurrió en una VIOLACION  INDIRECTA   DE   LA   LEY   SUSTANCIAL  POR  ERROR  DE  DERECHO. Es así como en esta demanda me he dedicado a  controvertir  el sustento probatorio de la sentencia de segunda instancia por la  ausencia  de plena prueba para condenar…” (C.3. fol.56)  (Resalta de la  Sala).         

         Sin  embargo,  cuando  hizo un resumen de los cargos imputados en la  demanda, indicó que   

        “…  en  el  primer  cargo solicito la absolución por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial debido a un error de  hecho   ya  que  no  existe  la  prueba  idónea  para  condenar…”  (C.3, fol.60) (Resalta la Sala).   

         Es   evidente   que  no  se  trata  de  un  simple  lapsus  cálami.  Sencillamente  olvidó  que no es posible atacar en casación las mismas pruebas  y  en  forma concomitante por error de hecho y de derecho, pues cuando se invoca  error  de  hecho se presupone o acepta la legalidad de la prueba (en su decreto,  aducción  o  práctica),  mientras  se  le  niega tal calidad cuando se formula  error  de  derecho.  Resulta  entonces  ilógico e incoherente predicar en forma  simultánea    de    unos    mismos    medios   probatorios   su   legalidad   e  ilegalidad.   

         3.  Omitió  la  precisión   sobre  la  clase  de yerros a que  hacía  referencia.  En  efecto,  no  dijo si se trataba de errores de hecho por  falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad, o falso raciocinio, o de  errores  de derecho por falso juicio de legalidad o falso juicio de convicción.  Dicho  de otra manera, no explicó que el Tribunal hubiera ignorado algún medio  de  convicción  existente  en  el  proceso,  o  reconocido  un hecho carente de  demostración,  o distorsionado el contenido objetivo de un elemento probatorio,  o  que  hubiera  realizado una valoración equivocada de los hechos por inexacta  observación  de  los elementos de la sana crítica, es decir, de la lógica, de  la  ciencia  o  de  la  experiencia, o que admitiera como prueba y le confiriera  mérito  persuasivo  a un medio ilegalmente aportado al proceso, o le otorgara a  un   instrumento  demostrativo  un  mérito  distinto  al  que  expresamente  le  atribuyera la ley.   

         4.  En  síntesis,  el  reproche  así  expuesto, ya como violación  indirecta  por  error  de  derecho,  ora  como violación indirecta por error de  hecho,  se  quedó en su simple enunciado carente del respectivo desarrollo y de  la necesaria  demostración.   

         Y  lo  anterior  le  sucedió  porque,  como  él mismo lo expresó,  “…  en  esta demanda me he dedicado a controvertir el sustento probatorio de  la  sentencia  de  segunda  instancia  por  la  ausencia  de  plena  prueba para  condenar…”.   

        Y  fiel  a  dicho  propósito,  limitó  su esfuerzo argumentativo a  mostrar  su  conformidad con la valoración probatoria efectuada por el A- quo y  a  intentar reforzar los planteamientos de éste con la pretensión de que fuera  la  estimación  probatoria  del juzgado de primera instancia y la suya, más no  la  del  Tribunal, la que admitiera la Corte. Por ello, como si se tratara de un  estudio  de  instancia,  simplemente  confrontó los testimonios de las hermanas  Yomar  Genoveva  y  Patricia  de Jesús Gregory Moreno con los de Myriam Monroy,  David  Luna  Serrano y César Augusto Zapata, rechazando las afirmaciones de las  primeras  y  reclamando  credibilidad para los segundos. Así mismo, se redujo a  expresar  sus  propias  opiniones  y  a  formular  conjeturas  y  reparos  a los  dictámenes  grafológicos,  pero omitió por completo señalar un solo error en  que  hubiera  incurrido  el Ad- quem y mucho menos, por supuesto, a comprobar la  incidencia que pudiera haber tenido en el fallo atacado.   

           5.  A  más de lo anterior, señaló como objeto del quebranto una  regla  procesal – artículo  247  del  C.  de  P.  P.-,  es  decir, una norma medio sin contenido sustancial.  Olvidó  que  conforme  con  lo  preceptuado  en  el artículo 220-1 ibídem, la  casación  procede  “cuando  la sentencia sea violatoria de una norma de derecho  sustancial”,  cuya  cita  deviene inexcusable (Art. 225-3), y que, en principio,  son  sustanciales  las normas reguladoras de los delitos y sus consecuencias, al  paso  que,  se  tienen  como instrumentales las normas de derecho procesal penal  relativas  al  método  y  a las formas de comprobación de aquéllos elementos.  Como  el  artículo  247  del  C. de P. P. apunta a la certeza para condenar, no  tiene, por lo tanto, contenido sustancial.   

         Sobre  la naturaleza de esta norma frente a la casación, la Sala ha  sido  nítida  en  cuanto se trata de una disposición adjetiva y no sustancial,  como  se  lee,  por  ejemplo,  en su decisión del 14 de mayo de 1997 (M. P. Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego, Rad. 12.995) y se desprende de sus providencias  del  20 de septiembre de 1988 ( M. P. Dr. Edgar Saavedra Rojas, Rad. 2935) y del  11  de  octubre  de  1995  ( M. P. Dr. Nilson Pinilla Pinilla, Rad. 9097).    

         Así  mismo, citó otras normas que estimó violadas indirectamente,  a  saber,  los artículo 29 y 230 de la Constitución Política, y 6 (imperio de  la  ley),  12 (antecedentes penales y contravencionales), 22 (prevalencia de las  normas     rectoras)     y    233    (investigación    integral    –sic-)  del C. de. P. P., de las cuales  no   desentrañó   su   carácter   sustancial   o   instrumental,   pero   que  consideró  “…conculcadas en mayor o menor grado…”.   

         

         6.  En la exposición del cargo por violación indirecta ( en el que  no  precisó,  se  repite,  la  especie  y  naturaleza  del  yerro),  de  manera  intempestiva  esbozó  una  presunta  violación  al debido proceso por la forma  como  fuera  valorado  el  informe  del  D.A.S.  en  el  que  se  da  cuenta del  “prontuario  delictivo” que le figura a Bohórquez Rodríguez (C.2, fol.1) y  que  fuera  tenido  en  cuenta  por  el  Tribunal como criterio de dosificación  punitiva   (Art.61  C.  P.).  Con  tal  proceder  desconoció  el  principio  de  autonomía  de  las causales y de los cargos, previsto en el artículo 225-4 del  C.  de  P.  P,  que  prohibe  mezclar  dentro  de  una misma imputación ataques  correspondientes a distintas causales.   

         La falta de técnica en  la  proposición  del  reproche,  conduce  indefectiblemente  a que el mismo sea  desestimado,  incluida  la petición que hace sobre la procedencia del principio  de  duda,  que simplemente escribió de manera inconexa, y ajena al resto de sus  planteamientos.   

        Segundo cargo.   

         Tampoco   prospera,  porque:   

         1.  Estimó  el censor  que  el  Tribunal  incurrió  en violación directa de la ley porque seleccionó  indebidamente  el  artículo  220  del  Código  Penal  al tipificar la conducta  atribuida   a   Bohórquez  Rodríguez,  pues  le dio la  calidad  de  documento  público  a  uno  privado,  como  lo  es  la  promesa de  compraventa  que  aparece  suscrita  por  aquel  y  la  señora  Rosa  Moreno de  Gregory.   

        2.  El  Juez Colegiado, acogiendo íntegramente la calificación que  de  los  hechos  hizo  la  Fiscalía  de  segunda instancia (C.1, fol. 538), los  enmarcó  en un concurso de hechos punibles, provenientes de dos falsedades: una  cometida  en documento privado, por cuanto  en la promesa de compraventa se  le  falsificó  la  firma a la promitente vendedora; y la otra, la de particular  en  documento  público, pues se demostró que ésta (Rosa Moreno de Gregory) no  concurrió  a  la diligencia de autenticación de firmas ante la Notaría 32 del  Círculo de Bogotá. Así se expresó:   

        “Y  lo  puntualizado  en la parte motiva fue un concurso de hechos  punibles,  proveniente  de  dos  falsedades:  una cometida en documento privado,  como  quiera  que  en  la  manifestación  de la promesa de compraventa, se hizo  aparecer      ‘como  interviniente  a  quien  se  le  falsificó su firma, esto es, la de la presunta  prometiente      vendedora,      señora     Vda.     de     Gregory’.  Y  la  otra,  que  concurre  con la  anterior,  es  la ‘deducida  por  el funcionario instructor, esto es, la de particular en documento público,  pues  se  tiene  demostrado  que  ROSA  MORENO no compareció a las multicitadas  notarías    (32   y   2ª),   de   conformidad   con   las   diversas   pruebas  técnicas…”.   

         Al   margen   de  lo  anterior,  el censor distorsionó la realidad procesal, pues no es cierto que el  Tribunal   hubiera   modificado   la   naturaleza   de   la  promesa  de  venta,  convirtiéndola   en  un  documento  público.  El  A-  quo  –repítese-,   ceñido   a  la  calificación  confeccionada  por  la  Fiscalía  de segunda instancia, entendió que se trataba de un documento con un  doble  contenido: uno de carácter privado, constituido por la manifestación de  voluntad  de suscribir el contrato de promesa de compraventa, y otro, el acto de  autenticación  de las firmas en el que intervino un funcionario público. Es de  esta  última  actuación  que  se deduce la falsedad de particular en documento  público.   

         Para que la situación  quede más explícita, mírese el siguiente recorrido:   

         a)  La  Fiscalía  de  Primera  Instancia  al  calificar  el  mérito del sumario habló de falsedad en  documento público. Dijo:   

         “…se  tiene  que  siendo  falsa la firma de la señora ROSA MORENO V. DE GREGORY y auténticos los  sellos  y  firmas  de las correspondientes Notarías, es lógico que para lograr  ello,  ha tenido que intervenir una supuesta persona que induciendo en engaño a  los  empleados  y  funcionarios  de  las  correspondientes  Notarías  logró la  autenticación  de  las  firmas  de  la  difunta  ROSA MORENO V. DE GREGORY y en  consecuencia,  como  tal,  la elaboración de un documento público falso por lo  que  tenemos  entonces,  una  conducta punible que fácilmente encaja en el art.  220   del   C.   Penal   por   falsedad  material  de  particular  en  documento  público”.   

         “Así  las  cosas,  tenemos  que  esta  conducta  sólo  puede  ser  endilgada  al  señor ALEJANDRO  BOHORQUEZ RODRIGUEZ y en calidad de determinador…”.   

         b)  La  Fiscalía  de  segunda   instancia,  que  modificó  la  tipicidad  para  hablar  de  concurso,  expuso:   

         “Surge nítido que el  documento   objeto   material   del   ilícito  aquí  investigado  apareja  dos  contenidos:  uno  de  carácter  privado,  contentivo  de  la  manifestación de  voluntad  en  el  cual  se  hace  aparecer  como  interviniente  a  quien  se le  falsificó  su  firma, esto es, la de la presunta prometiente vendedora, señora  Vda.  de  Gregory;  otro,  de  índole  público  en el cual se hace constar que  aquella  compareció  ante  oficina notarial a declarar tanto el contenido serio  del documento como su suscripción”.   

         “Bajo  este ideario,  tiénese  como  irrefutable  que el hecho de hacerse intervenir a un funcionario  público                  –en este caso  a  un  Notario  autenticándose  ante él un documento privado- en manera alguna  éste,  el  documento,  pierde su naturaleza, como que continúa siendo privado.  Por  manera  que  en nuestro caso, tal documento se usó en la medida en que con  él  se  quiso,  con  fundamento  en  su  fuerza  probatoria, demostrar ante las  herederas      de      la      causante,      la     propiedad     ilícitamente  adquirida”.                     

        “Con  la  falsedad  anterior,  concurre también la deducida por el funcionario instructor, esto es,  la  de  particular  en  documento  público,  pues  se tiene demostrado que ROSA  MORENO  no  compareció  a  las  multicitadas  Notarías, de conformidad con las  diversas  pruebas  técnicas  que se cumplieron sobre los documentos dubitados y  su  confrontación  con  las  muestras  caligráficas,  para  arribar  así a la  conclusión    de    que    su    rúbrica    fue   objeto   de   falsedad   por  imitación”.   

         “Siendo,  como  en  efecto  lo  es,  que  en una y otra modalidades delictivas no se requiere que el  procesado  haya  intervenido  materialmente,  deviene  acertada  la  calidad  de  determinador    por    lo    cual    se   le   formula   formal   acusación”.   

         c)  el Juez de Primera  Instancia, absolvió.   

         d)   Y  el  Tribunal  condenó     por     el     concurso,     haciendo    las    explicaciones    ya  mencionadas.   

         Surge  de lo anterior,  entonces,  que  no  es  que se haya convertido un documento privado en público,  como   lo   plantea   el  casacionista,  sino  que  se  trata  de  dos  momentos  perfectamente  diferenciables: el primero, la falsedad en el contrato de promesa  de  compraventa, firmada aparentemente por Bohórquez   y  doña  Rosa  el  17  de  junio de 1988; y el segundo, la falsedad consistente en  hacer  aparecer  a  la  dama  en  la  Notaría 32 del Círculo de Bogotá, días  después,  el  15 de julio del mismo año. El primer momento constituye falsedad  en  documento  privado  y  el  segundo,  en documento público, pues que en este  mentirosamente  se  dice  que ante el Notario comparecieron los dos y declararon  que  el  contenido  del  escrito  era cierto y que las firmas que lo autorizaban  habían  sido  puestas  por  ellos,  todo  ello  ratificado con sus firma por el  funcionario notarial.   

         Esta afirmación de la  Corte  no  es  extraña pues, por ejemplo, en casación del 3 de octubre de 1994  (M. P. Dr. Jorge E. Valencia M), había dicho:   

         “Es  claro  para  la  Sala  que  cuando  el  notario manifiesta en el escrito que las firmas que allí  aparecen  junto  con las huellas digitales corresponde a las identidades que los  mismos  manifiestan, no está avalando o modificando el documento del cual hacen  parte.   Simplemente   le   está  otorgando  credibilidad  a  sus  firmas,  con  independencia  del contenido del escrito. Por ello, este texto notarial conserva  su  total  autonomía  y  por ser suscrito por un funcionario público, adquiere  tal  carácter  pues  lo  está  haciendo  en  ejercicio de su cargo” ( G.J.T.  CCXXXIII,    No.    2472,    Segundo    Semestre,    Vol.    II,   1994,   pág.  575).   

         De  otra  parte,  para  hacer  eco  a  los  antecedentes  de  la Sala que cita el demandante, obsérvese  cómo  en  la  sentencia  de casación del 13 de marzo de 1997 (M.P. Dr. Ricardo  Calvete  Rangel),  traída  sólo  parcialmente  por  el  actor,  la  Corte  fue  nítida:   

         “La  certificación  que  el  notario  consigna  en  el documento privado respecto a que determinadas  personas  comparecieron  y  reconocieron  sus  firmas  sí tiene el carácter de  documento  público,  por  esta  razón  cuando  la  falsedad  recae sobre dicha  certificación  las  normas  aplicables  son  las que se refieren a esa clase de  documentos”.   

         La   conclusión  es  similar  frente  a los otros dos precedentes, pues tanto en el del 25 de febrero  de  1991 (M.P. Dr. Dídimo Páez Velandia), como en el del 31 de enero del mismo  año  (M.P. Dr. Juan Manuel Torres Fresneda), la Corte se ocupó no solamente de  hechos  diversos  sino  de  deducciones  bien  diversas  a  la  esgrimida por el  casacionista  pues  que  en los dos eventos se dilucidaba la presentación de un  memorial  en  juzgados,  misivas  que se tornaban en documentos públicos con su  inserción  en  los expedientes respectivos o con cualquier manifestación hecha  sobre  ellos  por el respectivo despacho judicial (G.J.T. CCXI, No. 2450, Primer  Semestre de 1991, págs. 69 s.s. y 1312 s.s.).   

         Lo  anterior es suficiente para concluir que el cargo no fructifica.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO           

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CORDOBA    POVEDA                         

CARLOS   A.   GALVEZ  ARGOTE         JORGE ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES            CARLOS E.  MEJIA  ESCOBAR                   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                            

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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