13053mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 13053  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 37  

          Santafé de Bogotá, D. C., trece de marzo de dos mil.   

          El  procesado  ARTURO DE JESÚS MENDOZA MARÍN, condenado en segunda  instancia  por el desaparecido Tribunal Nacional por los delitos de rebelión  y  terrorismo,  tras invocar su  calidad   de   combatiente   de  las  Fuerzas  Armadas  Revolucionarias   de   Colombia,   Ejército  del  Pueblo,  FARC-EP,  presenta  recusación  en  contra  de  todos  los  magistrados que  actualmente  componen  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  suprema de  Justicia,  en  vista de una enemistad grave    procedente    de    la    Corporación   por   la   animadversión  política  que  a  ella le  generan  los  sindicados de delitos contra la Existencia y Seguridad del Estado,  particularmente   los   miembros   de   la   organización   a   la   cual   él  pertenece.   

          Explica   el   recusante   que   durante  cuatro  (4)  décadas,  la  subversión  ha recibido un fuerte tratamiento legislativo, que arranca desde el  sometimiento  a  la  mal  llamada “justicia penal militar”, y se desenvuelve  posteriormente   en  el  aumento  de  penas  para  los  delitos  políticos,  la  consideración  del  terrorismo  y  otros  hechos  punibles  como  conexos al de  rebelión  y  la  implementación  de  una  justicia  de funcionarios, pruebas y  testigos  secretos,  todo lo cual ha justificado a la postre la conformación de  grupos  de paramilitares para atacar a la población indefensa.  A pesar de  semejantes  oprobios,  agrega, los magistrados han asumido un silencio cómplice  y,  hasta  donde  él y sus compañeros lo saben, el Gobierno ha consultado a la  magistratura antes de expedir algunas de dichas normas.   

          En  el  campo  del  proceso  que actualmente se halla en curso en la  Corte,  el  peticionario  expone  que  el  Tribunal  Nacional  violó en segunda  instancia    la   prohibición   de   reformatio   in  pejus, como quiera que le aumentó la pena impuesta en  primera  instancia,  y  para  colmo esta Sala le negó la libertad solicitada al  haber  cumplido  las  dos  terceras  partes  de  la  pena,  pues,  como en otras  oportunidades,  se  aduce  que  los  movimientos insurgentes se alejaron del fin  altruista  del  delito  político  y  tienen sumido al país en el caos social y  económico.   

          Con   estos  juicios  de  valor,  los  magistrados  han  perdido  la  imparcialidad,  hasta  el punto del prejuzgamiento, pues dan por sentado que él  es un terrorista y requiere tratamiento penitenciario.   

RESPUESTA  

          1.   La  regulación  de  los delitos y las penas, al igual que  los  procedimientos  correspondientes, es una materia que dentro de la división  de  poderes,  desde  la Constitución de 1886, ha correspondido soberanamente al  legislador,  bien  ordinario  ora  excepcional, facultad en cuyo ejercicio no se  tiene   noticia  de  las  interferencias  nocivas  del  poder  judicial  que  el  solicitante  sospecha,  sin  perjuicio  obviamente del cumplimiento cabal de los  controles  constitucionales  que hasta el año de 1991 ejerció la Sala Plena de  esta  Corporación  o  de  la  expectativa  de  inaplicabilidad  por  manifiesta  inconstitucionalidad    que    siempre   concierne   a   cualquier   funcionario  judicial.   

          2.   Así  pues, si las normas históricamente dispuestas y que  el  recusante  invoca  para  repudiarlas,  fueron  declaradas  exequibles  en su  momento,  a la Corte como a cualquier juez de la república dentro del Estado de  Derecho  sólo le incumbe el sometimiento al imperio de la ley, sin perjuicio de  la  demostración fáctica y la riqueza hermenéutica que suscita la resolución  de cada caso.   

          3.    No   exhibe  el  reclamante  la  prueba  de  la  supuesta  “animadversión         política”   de   la   Sala   hacia   los   movimientos  insurgentes,  como  manifestación  arbitraria  que  desborde  los  obvios  juicios  de reproche que  suscita  la  certeza  hasta  entonces  declarada sobre la comisión de cualquier  delito  y la responsabilidad del acusado, pues ha de tenerse en cuenta que tanto  la   rebelión   como   el  terrorismo   son  conductas  delictivas  y  merecen una pena en la legislación vigente, así a la primera se  le  considere  doctrinariamente  como  delito político por los fines altruistas  que pretende.   

          4.    La   referencia   a  algunas  decisiones  sobre  libertad  provisional,  en  cuyo  contenido  la  Corte  ha  negado  la  excarcelación con  fundamento  en  una  evaluación  de los “antecedentes de todo orden” (entre  los  que  cuenta  la  gravedad y modalidades de los hechos delictivos juzgados),  omite  el  recusante  que  dicha  valoración  parte  del presupuesto de que las  sentencias  de  segundo grado llegan a casación ungidas de la doble presunción  de  acierto  y  legalidad, características que sólo se desvirtúan o confirman  con  la  decisión  de  fondo de la casación.  Por ello, la providencia de  concesión  o negación de libertad provisional parte de lo supuesto con base en  las  determinaciones  del  fallo  de  segunda instancia, sin anticipar criterios  sobre  temas  que  después  cohiban  la  decisión  del  medio  de impugnación  pendiente.   

          5.   De  modo  que, sin que pueda tener eco en la misión de la  magistratura,  sería  completamente  unilateral la declaración de enemistad  grave  que  hace  el procesado,  porque  en  relación  con él no existen antecedentes personales o relacionales  que  llegaren  a lastimar la imparcialidad judicial, ni tampoco se han suscitado  controversias  distintas a las que propicia la actividad funcional.  Aunque  el   objetante   califica   peyorativamente   la   función   de  la  Sala  como  “justicia  del régimen”,  en  vista  del  compromiso de aquélla con una legalidad de la cual él disiente  en  consciencia, la caracterización por abstracta cubriría a cualquier órgano  judicial  de  la  República  y  tal  no  es  el  cometido de los impedimentos y  recusaciones,  institutos  que  sólo  apuntan  a  sanear  subjetivamente  y  en  concreto el ejercicio de la función judicial.   

          6.    La   sola  hostilidad  al  derecho  o  el  repudio  a  la  conformación  y  el  funcionamiento  normales  de  los  órganos judiciales del  Estado,  no  puede ser motivo de recusación y, por tal razón, se rechazará la  que  propuso  el  procesado  Mendoza Marín.   En  consecuencia,  de  conformidad con los artículos 106 y  siguientes  del  Código  de  Procedimiento Penal y 54 de la Ley 270 de 1996, el  expediente  pasará la Presidencia de la Sala para que haga el respectivo sorteo  de conjueces que deberán resolver la recusación.   

          Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA     POVEDA                       

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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