12662fe1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 12662  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.MARIO MANTILLA NOUGUÉS   

                                                      Aprobado Acta No.014   

                                                       Santafé  de Bogotá, D.C., febrero dos  (2) del dos mil (2000).   

          Decide   la  Corte  el  recurso  de  casación  incoado  contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal Nacional el 5 de marzo de 1996, mediante la  cual,  con  modificación  a  la  de  primera  instancia, condena a JHON  FREDY  VILLA  ARANGO  y CARLOS MARIO VILLA ARANGO,  a sendas penas principales de veintiocho años de prisión   y  a  las  accesorias  correspondientes,  por  el  concurso  de delitos de   concierto  para  delinquir  y homicidio de José David  Berrío Mejía.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

          El  15  de  julio  de  1995  cuando  eran  aproximadamente las ocho  y   veinte   minutos  de  la  mañana,   varios   individuos  llegaron a la   

tienda   de   propiedad   de  José  David Berrío Mejía localizada en  la  ciudad  de Medellín quienes le dispararon, causándole la muerte. Se logró  establecer    que    entre    los    implicados   figuraban    JHON   FREDY   y    CARLOS   MARIO  VILLA  ARANGO,  integrantes  de  una  banda  de  delincuentes   residente en  el    “Alto   de   Misael”   dedicados   a   extorsionar  y  hurtar  en  el  sector.   

          Durante  la  investigación penal que abrió la Fiscalía Seccional  de  Envigado para establecer lo sucedido, los referidos sindicados fueron oídos  en  indagatoria  el  6 de septiembre de 1993, asistidos por personas carentes de  título  de  abogado,  de  reconocida  honorabilidad,  designadas  de  oficio al  manifestar  que  no  tenían abogado para nombrar, según las constancias de las  respectivas actas (fls. 16 y 19 cd. 1).   

          La  Fiscalía Seccional definió la situación jurídica con medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  el homicidio de José  David Berrío pero al advertir que  los  implicados habían incurrido presumiblemente en el delito de concierto para  delinquir  dispuso el envío de la actuación a la Fiscalía Regional.  Los  procesados  apelaron,  pero  la  Fiscalía  de  segunda  instancia se abstuvo de  tramitar  el recurso por carecer ellos de abogado defensor (fl. 111), por lo que  el  1o.  de octubre de 1993 se les designó al doctor Darío D´Alleman para que  continuara asistiéndolos (fl. 113).   

          Ya  el  asunto  en  manos  de  la  entonces  justicia  regional los  procesados    desplegaron    una   notable   actividad   defensiva   solicitando  repetidamente  la  libertad (fls. 152,189) y apelando del auto que decretó unas  pruebas  (fl. 203);  y una vez clausurada la investigación, su defensor de  oficio,  el  abogado  D´Alleman  presentó alegato precalificatorio;   más  como  advirtiera  la Fiscalía que no se les había resuelto la situación  jurídica  en  relación  con  el delito de concierto para delinquir y los otros  homicidios  que  se  les  endilgaban,  declaró  la  nulidad de lo actuado desde  inclusive  ese  auto  de  cierre sumarial (fl. 265). Esta coyuntura procesal fue  aprovechada  por  los  procesados  para  demandar  su  libertad  provisional,  y  decretada  como  fue  previa caución prendaria,  requirieron su cambio por  juratoria,  siendo  prohijados  en  este  pedimento  por  su  abogado, el doctor  D´Alleman. (fls. 274, 282, 290. 295, 305, 307).    

          El   mérito   de   la   investigación   fue  calificado  mediante  resolución  acusatoria  del  19 de enero de 1995 que  cobró  ejecutoria  el 6 de febrero subsiguiente (fls.  361  y  388  v.  cd.1),  imputándoles  el concurso de delitos de concierto para  delinquir   y   homicidio   de  José  David  Berrío  Mejía.   En  la  misma  providencia  de dispuso  investigar  por separado otros dos homicidios que también se les imputaban, los  de  Juan  David Palacio y Geovanni de Jesús Pérez y la participación de otros  sujetos en los delitos a los que se refiere este proceso.   

          Previo  el  cumplimiento  del rito de la causa, un Juzgado Regional  de  Medellín  emitió fallo de condena contra ambos procesados, que el Tribunal  Nacional  confirmó  al  conocerlo  en  apelación  y  por  consulta.  Contra la  sentencia   de   segundo   grado   ambos  procesados  interpusieron  el  recurso  extraordinario,  que  su defensor común sustentó en demandas individuales pero  de idéntico contenido.   

          LAS DEMANDAS   

          Acudiendo  a  la  causal  3a.  del  artículo  220  del C. de P.P.,  concreta su impugnación el señor defensor así:   

          La  sentencia  se  profirió  en  juicio  viciado  de  nulidad  por  desconocimiento  del derecho a la defensa técnica de los incriminados, debido a  que  para  que  los asistiese en la diligencia de indagatoria y a lo largo de la  investigación  la  Fiscalía omitió designarles profesionales del derecho, con  quebranto  manifiesto de la garantía consagrada en los artículos 29 de la C.N.  y 1o. del C. de P.P..   

         Explica  que  habiéndose  iniciado la investigación previa el 19  de  julio  de  1993,  la  apertura  de  instrucción  apenas  se produjo el 3 de  septiembre  del  mismo  año y para la indagatoria se les nombró defensor a una  persona  carente  de la calidad de abogado;  que esta situación persistió  y  solo  para  el  cierre  de la investigación se les designó al doctor Darío  D´Alleman,  quien  continuó  ejercitando  la defensa aún durante la etapa del  juicio,    pero    que    esta    designación   no   suple   la   irregularidad  denunciada.   

         Luego  de discurrir amplia y detalladamente sobre la existencia de  la  garantía  de  la  defensa  consagrada  en  el artículo 29 de la C. N. y su  importancia,  explica  la  importancia procesal de la asistencia calificada para  el  procesado en la diligencia de indagatoria, puntualizando que ella solo puede  suplirse  en  los  términos  en  que  ocurrió, ante la inexistencia de abogado  inscrito,  lo  cual  no  podía ocurrir en la localidad de Envigado por hallarse  localizada  en  el  área  metropolitana  del  valle  de  Aburrá  y  contar con  Seccional   de   Fiscalías,   en   donde  necesariamente  se  hallan  inscritos  abogados.   

         Por     haberse     surtido     las    diligencias    bajo    esta  irregularidad,   se incurrió en nulidad del proceso desde su realización,  la  cual  solicita declarar, tomando como referencias de respaldo de su criterio  la  sentencia dictada por esta Corte el 9 de mayo de 1995  y la de la Corte  Constitucional  que  declaró la inexequibilidad del primer inciso del artículo  148  del   C.  de  P.P.   en  el  fragmento  en  que  advierte  que la  habilitación  de  ciudadanos  no  abogados  procede   en casos especiales,  confiriendo  prelación  a  los  estudiantes  de  derecho  que  sean miembros de  consultorios jurídicos.   

         EL MINISTERIO PUBLICO   

         El  señor  Procurador  Tercero  Delegado  en lo Penal descarta la  ocurrencia  de  la  nulidad que preconiza el actor por falta de defensa técnica  tanto  en  las  indagatorias, como a lo largo de la investigación. En cuanto al  primer  aspecto, encuentra que al haberse recibido las indagatorias en la época  en  que se hallaba plenamente vigente el artículo 148 del C. de P.P.,  -el  6  de  septiembre  de  1993-  que  autorizaba  la  asistencia para ese evento de  personas  honorables  carentes  de  título  de  abogado,  no se transgredió el  mandato  del  artículo  29 de la C.N. , y en cuanto al segundo punto, establece  como   necesario   verificar   las  circunstancias  específicas  de  cada  caso  particular,  porque   “no  en  todas  las  ocasiones  en las que se acuda a  prescindir  de los servicios de un abogado que actúe como defensor oficioso, es  procedente  la  anulación  de  la  actuación”.,   citando  al  efecto las  eventualidades  acogidas  en  fallo  del 1o. de junio de 1995 por esta Sala para  habilitar  la  defensa  no  calificado  y  enfatizando,  para  rebatir   el  argumento  del  casacionista, que si bien Envigado no es de aquellas regiones en  donde  sea difícil hallar un abogado para que represente a los procesados en la  indagatoria,  las  que  se  practicaron  en  este  proceso  fueron  recibidas en  situación  que  dificultaba esa asistencia, pues lo fueron el día límite para  su recaudo y en avanzadas horas de la tarde.   

         Y  en  cuanto  a  la argüida falta de defensa técnica en la fase  instructiva,  señala  que el abogado designado participó en las diligencias en  que  debía  hacerlo  y  presentó  alegatos  precalificatorios,  a  la  vez que  sustentó  varios  de  los  diversos  y  numerosos recursos interpuestos por los  procesados.   En este tópico recuerda que la defensa técnica  “no se  circunscribe  a la cantidad de memoriales o intervenciones del profesional en la  investigación  o  en el juicio”,  sino a su contenido, que es el revelador  de  una  leal asistencia del defensor a los intereses de los procesados, que fue  lo   ocurrido  en  este  caso.  Con  estas  razones  se  opone  a  la  casación  solicitada.   

         C 0 N S I D E R A C I O N E S   

         El  contenido  procesal  descarta  el  quebranto  al  derecho a la  defensa  técnica  que alega el demandante, en cuyo criterio la irregularidad se  materializó  por  falta de defensor con calidad de abogado en la etapa sumarial  hasta  la resolución de cierre de investigación, lo que incluyó la diligencia  de  indagatoria,  para  la  cual  a los dos procesados se les designó de oficio  como  defensores a dos personas honorables carentes de versación jurídica. Por  un  lado,  las  indagatorias  por  los  hechos materia de la sentencia impugnada  fueron  recibidas  el día 6 de septiembre de 1993, a  las  tres  y media de la tarde y a las cinco de la tarde, respectivamente,   (fls.  16  y  19  cd. 1) fecha en la cual se hallaban  vigentes  el  inciso primero del artículo 148 del C. de P. P. y el artículo 34  del  Decreto 196 de 1991, que habilitaban para  asistir al procesado en esa  diligencia  a  un ciudadano honorable no abogado ante la no disponibilidad de un  profesional  del  derecho  para  cumplir  esa  función,  siempre  que  no fuese  servidor  público,  normas éstas cuya inexequibilidad apenas fue declarada por  la  Corte  Constitucional  el  6  de  febrero  de 1996 (sentencia C-049), lo que  implica  que  al practicarse las diligencias de indagatoria en la forma aludida,  ninguna   irregularidad   cometió  el  funcionario  judicial,  pues  actuó  en  cumplimiento  de la ley, sin que pueda pretenderse  un efecto retroactivo a  esta decisión del juez constitucional.      

         Y   de   acuerdo  a  las  constancias  dejadas  por  la  Fiscalía  investigadora,  a  cada  uno de los sindicados se le designó como defensor para  asistirlos  en  la  injurada  a  un  ciudadano de las referidas características  debido a que ambos respondieron no tener abogado a quien nombrar.   

         En  segundo  término,  aunque  el defensor de oficio, abogado, se  les  designó  efectivamente  solo  cuando advino la resolución de clausura, el  profesional,  no solo presentó un juicioso alegato de conclusión en demanda de  la  preclusión  de  instrucción para ambos implicados; sino que además cuando  la  primera  resolución  de  clausura  fue   anulada repitió su actividad  defensiva,  en  actuación  profesional  que  se  demuestra al haber intervenido  deprecando  el cambio de la caución prendaria por juratoria cuando la Fiscalía  decretó  la  referida anulación del primer auto de cierre investigativo;   y          presentando          posteriormente          juicioso         alegato  precalificatorio.      

         Así  mismo  presentó  un también calificado alegato de fondo en  procura  de  la absolución, todo lo cual deja ver el interés y respeto con que  asumió   la   misión   designada   por   el   Estado   en   defensa   de   los  procesados.   

         Cierto  que  el  profesional no desplegó una abrumadora actividad  de  ataque  a  todas  las  decisiones  adoptadas en el proceso y no solicitó la  práctica  de  pruebas,  pero  la actuación no presenta  evidencias de que  por   esta   causa   los  derechos  de  éstos  hubieran  sufrido  detrimento  o  desconocimiento,  o  el  proceso se hubiera desnaturalizado en cualquiera de sus  fases;  tampoco  el  casacionista  lo  demuestra,  y  es  bueno  recordar que en  relación  con  este  punto  la  Corte  ha  sostenido  que cuando se denuncia la  violación  del  derecho a la defensa técnica por inactividad del abogado, debe  acreditarse  que  en  realidad  fue  una  omisión  lesiva  a  los intereses del  procesado, atendiendo  al recaudo  de la investigación.   

         La  Corte  ha  entendido  que  el  derecho  a la defensa técnica,  comporta  para el inculpado contar con asistencia profesional a lo largo de todo  el  proceso  como  indispensable  garantía  del  derecho de contradicción; sin  embargo,  el carecer momentánemante de esa calificada asistencia, como acaeció  en  este proceso en que hasta la resolución definitoria de situación jurídica  no   tuvieron   abogado  y  durante  la  indagatoria  fueron  representados  por  ciudadanos    honorables   no   profesionales   del   derecho,  no  traduce  invalidación,   dado  que  por  virtud  del principio de trascendencia que  sustenta  la  nulidad,  sólo  cuando  la  irregularidad afecta adversamente las  garantías  de los sujetos procesales, o desconoce las bases fundamentales de la  instrucción   o   del   juzgamiento,  resulta  imperativa  la  declaración  de  nulidad.   

         De   igual   manera   ha   dicho   “que  si  la  irregularidad  es  oportunamente  corregida,  de  suerte que el profesional designado pueda ejercer  adecuadamente  los  actos  defensivos que pudo haber realizado durante el tiempo  que  el  procesado  careció de defensa técnica, debe entenderse que el derecho  no  ha sido conculcado, puesto que ningún sentido tendría invalidar el proceso  para  que  la  defensa  vuelva a tener una oportunidad que ya tuvo.” (cas.   mayo   27  de  1999,  M.P.  Dr.  Ricardo  Calvete);  y  mirado  el  proceso,  es  incuestionable  que la actividad desplegada por el abogado designado a que se ha  hecho  referencia,  cumplió  con  creces el propósito garantista de la defensa  técnica.   

         También  ha  puntualizado  que  cuando se habla de violación del  derecho  de defensa por inactividad profesional,  “la inexistencia de actos  positivos   de   contradicción   probatoria,  impugnación,  o  alegación,  no  necesariamente  indica  ausencia  de asistencia técnica ya que el abogado puede  optar  por  ejercitar  solo algunos de estos derechos, o guardar silencio dentro  del  marco  de  una  actitud  vigilante, como estrategia defensiva, sin que ello  signifique  abandono  de  la  gestión  encomendada”  (sent. cas. de julio 29 de  1999, M. P. Dr.Arboleda Ripoll).   

         Claro   es   entonces,   como   acertadamente   lo   advierte   la  Procuraduría,  que  el  derecho  de  defensa  técnica no fue transgredido para  ninguno  de  los  procesados,  y  que  por  consiguiente, el proceso conserva en  plenitud su validez.   

         No prospera el cargo.   

         En   mérito,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  en  SALA  DE  CASACION  PENAL,  acogido el  concepto  del  Ministerio  Público,  administrando  justicia  en  nombre  de la  República y por autoridad de la Ley,   

         R E S U E L V E   

         NO  CASAR  la  sentencia recurrida. En  firme,  DEVUELVASE   el expediente al Tribunal de origen.   

         CÓPIESE Y CÚMPLASE.   

                    EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                                     JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                                     CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                                     NILSON PINILLA PINILLA   

                       TERESA RUIZ NUÑEZ   

                                                              Secretaria     

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