12618nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12618  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 201  

          Bogotá  D.  C.,  veintinueve  (29)  de  noviembre  del año dos mil  (2.000).    

VISTOS  

          Se  ocupa  la Sala del fondo de recurso de casación interpuesto por  el  apoderado  de  la  parte civil contra la sentencia del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Neiva,  que  absolvió a ALONSO  SUAZA     DEVIA     del    delito    de    homicidio  culposo.   

HECHOS  

          El  domingo  27  de noviembre de 1994, aproximadamente a las ocho de  la  noche,  en la intersección de la carrera 7ª. (Vía Alberto Galindo) con la  calle  81  C.  de la ciudad de Neiva, colisionaron la camioneta marca Chevrolet,  de  placas  MAQ- 320, conducida por ALONSO SUAZA DEVIA,  y  la  motocicleta  marca  Yamaha,  de  placas KEA-14,  guiada  por  GERARDO  MARIA  TRUJILLO,  quien  falleció  horas  después  en el  hospital de dicha ciudad a causa del suceso.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  13  de  diciembre  de  1994,  la Fiscalía 15 Seccional de Neiva  ordenó   la   apertura  de  instrucción  y  vinculó  mediante  indagatoria  a  ALONSO   SUAZA   DEVIA.  Al  resolverle  la  situación  jurídica, lo afectó con detención preventiva (Fl.  74, C. 1).   

          Cerrada  la  investigación  el  29  de  agosto  de  1995,  la misma  Fiscalía  calificó  el mérito del sumario el 3 de octubre siguiente. Acusó a  ALONSO  SUAZA  DEVIA  por el  delito  de homicidio culposo agravado. Recurrida la decisión por la defensa, la  Unidad  de Fiscalías Delegada ante el Tribunal Superior la confirmó el 1º. de  diciembre de 1995 (Fl. 3, C. 2).   

          El  13  de  junio  de 1996, el Juzgado Primero Penal del Circuito de  Neiva  condenó  al  procesado  a las penas principales de 28 meses de prisión,  $1.200.00  de  multa, 14 meses de suspensión en el ejercicio de la profesión u  oficio  de  la  conducción de automotores, y a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la prisión También lo  condenó,  junto  a  la Compañía “Productos Ramo S.A.”, al pago de 2.500 Y  800  gramos oro, o su equivalente en moneda nacional, por concepto de perjuicios  materiales y morales, respectivamente (Fl. 205, C. 1).   

          Apelado  el fallo por el defensor, el Tribunal Superior lo revocó y  en  su lugar absolvió a ALONSO SUAZA DEVIA.   

          La  sentencia de segunda instancia fue demandada en casación por el  apoderado  de  la parte civil. La Corte se ocupa, entonces, de resolver el fondo  del asunto.   

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento  en  la  causal  primera,  cuerpo segundo, el censor  formuló un cargo. Lo enunció así:   

          Cargo único.   

          “Se  evidencia  un  ERROR  DE  HECHO  por  cuanto  el sentenciador  tergiversó  o distorsionó el sentido de la prueba que es tanto como falsear su  expresión  fáctica  …  Se  acusa la sentencia por violación indirecta de la  ley  sustancial,  como  consecuencia de errores en la apreciación de la prueba,  pues  se  seleccionó  una  norma  que  no  corresponde  al  hecho que se probó  fehacientemente    en    el   proceso”.  Agregó que:   

          1.   El Tribunal al absolver al procesado le dio aplicación al  artículo  445 del C. de P. P. e hizo caso omiso del acervo probatorio recaudado  en  el  proceso  y  que  conducía  a  la  certeza  del  hecho  punible  y  a su  responsabilidad.  No  valoró jurídicamente la declaración del agente Ramírez  Camacho,  ni  analizó  en  su conjunto siguiendo las normas de la sana crítica  los  testimonios  de  María  Mercedes  Trujillo,  María Dora Trujillo, Adriana  Lucía  Claros, Norma Constanza Cuéllar  Suárez y  Leonor Suárez de  Cuéllar,  pues de haberlo hecho no habría podido afirmar que los mismos fueran  contradictorios y carentes de credibilidad.   

          2.  El  Tribunal  distorsionó la prueba testimonial al asegurar que  el  choque  ocurrió  de  manera  frontal, pues si bien el furgón colisionó de  frente,  el  motociclista recibió el impacto por su lado izquierdo. Tampoco son  válidas  sus afirmaciones respecto de las heridas presentadas por el cadáver y  carece  de  fundamento  su  inferencia  en  el  sentido de que la motocicleta no  podía ser arrastrada  como quince metros por el furgón.   

          3.  La  aplicación  del principio in dubio pro reo no es compatible  jurídicamente  con  la  realidad procesal, pues la prueba allegada, la conducta  del   procesado   y  sus  múltiples  contradicciones,  son  indicativas  de  su  responsabilidad  en  la  muerte de Gerardo María Trujillo. Estimó que el error  es  trascendental,  pues  se distorsionó el sentido de la prueba y se incurrió  por lo tanto en una aplicación indebida del principio mencionado.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          El  Procurador  Segundo  Delegado  en lo Penal solicitó no casar la  sentencia  impugnada,  en razón de las falencias técnicas de la demanda y a la  ausencia  de sustentos de trascendencia que infirmen la presunción de acierto y  legalidad de lo sentenciado.   

          Señaló  que  el casacionista invocó la violación indirecta de la  ley  sustancial  como  consecuencia  de errores en la apreciación de la prueba,  pero  no  puntualizó  si  se  trataba de errores de hecho por falsos juicios de  existencia  o  por  falsos  juicios  de  identidad. Señaló que en términos de  proposición  jurídica  completa,  le  quiso apostar a una indebida aplicación  del  artículo  445  del  C.  de  P.  P.  y  a  una  falta de aplicación de los  artículos  247 del C. de P. P. y 229 y 330 del Código Penal, pero no se detuvo  en  la  demostración  de los errores que condujeran a la indebida construcción  de  la duda que se aplicó, ni a la existencia de su contrario dialéctico, esto  es, de la certeza por él alegada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

          La  Corte  no  casará  la  sentencia  impugnada  por las siguientes  razones:   

          1.  Cuando  se  acude a la violación indirecta de la ley sustantiva  por  error  de  hecho  es  imprescindible  para  el  proponente demostrar que el  fallador  ha  incurrido  en  falso  juicio  de  existencia  o en falso juicio de  identidad  o  en  falso  raciocinio.  Si  bien  es  cierto no se trata de exigir  fórmulas  sacramentales,  también  lo  es  que ello es necesario al menos como  seria  manifestación  discursiva, con el fin de mostrar a la Corte que se tiene  certidumbre  sobre  aquello  que  se quiere y persigue. Por ello la ley procesal  penal  requiere  al  demandante para que formule y desarrolle el cargo de manera  clara y precisa.   

          Mientras  tanto,  la  labor  del apoderado de la parte civil en este  asunto  ha  sido  oscura  porque de la fundamentación del cargo se extracta con  facilidad  su confusión, que se observa especialmente cuando en la página 5 de  su  escrito  afirma  que  “Se  evidencia  un  ERROR  DE  HECHO  por  cuento el  sentenciador  tergiversó  o  distorsionó  el sentido de la prueba que es tanto  como  falsear su expresión fáctica”, mientras en el folio siguiente dice que  el  procesado  fue  absuelto  por el Tribunal con base en la duda “…haciendo  caso omiso del acervo probatorio existente en el proceso…”.   

          Alude,  así, a dos clases de error excluyentes, pues si se habla de  tergiversación   de   la   prueba   –error  por  falso  juicio  de identidad- se parte del supuesto de su  presencia  en el expediente y de la atención que le ha prestado la justicia, al  paso  que  si  se asevera que se hizo “caso omiso” de la misma, tácitamente  se  dice  que  estando  allí, no ha sido advertida ni analizada por el juzgador  -error por falso juicio de existencia-.   

          Al  obrar  de  esa  manera,  el censor incurrió en grave yerro pues  predicó  dos  equívocos  que  no  pueden  ser  atribuibles a un mismo juzgador  respecto  del  mismo  medio  o  de  idéntico  conjunto  de  pruebas.  Con otras  palabras,  dejó  de  lado  el  principio casacional de no simultaneidad que, en  hipótesis  como la que ocupa la atención de la Sala,  se enuncia diciendo  que  respecto  de  una pieza probatoria no es posible, a la vez, imputar al juez  error  por  falso  juicio  de  existencia y error por falso juicio de identidad.   

          La  situación  se complica aún más si se tiene en cuenta que tras  apuntar  a  la  “tergiversación” y a la “omisión” de la prueba, luego,  in  genere,  el  casacionista  anota  violación  indirecta de la ley sustancial  “…como  consecuencia de errores en la apreciación de la prueba…” (Fl. 5  de  la  demanda),  expresión  que,  por  exclusión  a  partir  de  sus propios  planteamientos, orientaría hacia el falso raciocinio.   

          Es   fácilmente  perceptible,  entonces,  la  falta  de  nitidez  y  exactitud  tanto  en  la  presentación  como  en  el  desarrollo de la censura,  circunstancia  que inhabilita a la Sala para que entre a desentrañar el mensaje  del  impugnante,  en razón del principio de limitación. Le es imposible, así,  tratar  de  detectar  si  se  acusa  al Tribunal por haber dejado de lado el haz  probatorio, por distorsionarlo o por valorarlo erradamente.   

          2.  Si  el  casacionista  toma  como  punto  de  apoyo la violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de hecho, le corresponde, en perfecta  ilación  de fundamento a consecuencia –o  nexo  de  causalidad-,  demostrar  que  las  fallas en materia de  prueba  han  conducido  inexorablemente  a la infracción de normas sustanciales  por inaplicación o por indebida aplicación de estas.   

            

          La  demanda,  sin  embargo,  no lo hace. Las únicas referencias son  las siguientes:   

          “Se  acusa  la  sentencia  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial…pues  se  seleccionó  una norma que no corresponde al hecho que se  probó fehacientemente en el proceso” (Fl. 5, demanda).   

             

          “Se  precisa  que la norma que se considera violada es el art. 229  del C. P. y el art. 330 del C. P.” (Ibídem).   

         

            “Al  concluir  la Sala su parte motiva de la providencia, aplica  el  principio  del INDUBIO PRO REO, a favor del procesado SUAZA DEVIA, principio  este  que no es compatible jurídicamente con la realidad procesal…” (Fl. 7,  demanda).   

         

          Y  nada  más.  El  casacionista  no  dijo de qué manera los yerros  probatorios  que supone influyeron en el desconocimiento de normas “fin”, ni  qué  fue  lo  hecho  por  el Tribunal con estas, por ejemplo, si las aplicó en  forma no debida o si se abstuvo de aplicarlas.   

          3.  Dentro  del  mismo  motivo  de  casación  es  menester  para el  recurrente  demostrar  la  existencia  de  errores  protuberantes,  manifiestos,  patentes,  en materia de prueba. El apoderado de la parte civil, sin embargo, no  comprobó  ningún  error  con  esas características pues se redujo a hacer una  síntesis  de  los  testimonios de Diógenes Ramírez, María Mercedes Trujillo,  María  Dora Trujillo, Adriana Lucía Claros, Norma Constanza Cuéllar Suárez y  Leonor   Suárez   de   Cuéllar,   y  más  o  menos  a  formular  sus  propias  conclusiones.   

          Si  no  demostró errores graves y limitó su esfuerzo a exponer sus  ideas,  se  quedó en el plano de las hipótesis personales que pretende someter  a  consideración  de  la  Sala  para  que esta las compare con las del Tribunal  –que  sí  examinó  en  detalle,  uno  a  uno,  los  testimonios- y escoja una de ellas, tarea menos que  insuficiente  en  casación,  primero  porque  la  Corte  no actúa como tercera  instancia  y  segundo porque la sentencia recurrida se presume legal y acertada,  presunción   que   solamente   puede   ser   infirmada,  precisamente,  por  el  señalamiento de errores rotundos.   

          4.  Dijo  también  el impugnante que el Tribunal no había valorado  la  prueba  testimonial  en  forma  conjunta  siguiendo  las  reglas  de la sana  crítica.  No  obstante,  se  quedó  allí,  sin  reprobar con fondo el proceso  judicial  valorativo y sin mencionar siquiera los principios lógicos, las leyes  científicas  o  las  reglas de la experiencia dejadas de lado en desarrollo del  mismo  y,  menos,  sin  proponer los principios, leyes o reglas que, según él,  han debido ser aplicadas.    

          5.  También  peca  el  demandante cuando, en importante tramo de su  escrito,  acusa  el  trabajo judicial de manera global, por ejemplo diciendo que  “El   Tribunal   hizo  caso  omiso  del  acervo  probatorio  existente  en  el  proceso”;  que  “No  analizó la prueba testimonial en su conjunto siguiendo  las  normas  de  la  sana  crítica”;  que  “La  Sala  distorsiona la prueba  testimonial”,  y  que  “Se  ha  distorsionado  el  sentido de la prueba y ha  existido  por  lo  tanto una aplicación indebida del principio del in dubio pro  reo”.   

          Tal  manera  de  laborar en sede de casación, como es obvio, agrede  las  exigencias  de la institución pues los reproches frente a la prueba tienen  que ser concretos, específicos, singulares.   

          6.  Tratándose  de  la  misma  causal  de  casación,  también  es  imperativo  para  el  demandante  ocuparse  de  toda  la  prueba argüida por el  juzgador  de  2ª.  instancia  para cimentar su fallo. Una ojeada a la sentencia  del  Tribunal  de Neiva enseña que tuvo en cuenta la percepción directa común  –el flujo vehicular en la  vía  por la cual se desplazaba SUAZA DEVIA-,  la prueba testimonial, la fotográfica, una inspección judicial  y  el  croquis.  A  pesar  de  esto,  expresamente plasmado por el Ad-quem en su  sentencia  (Fl.  5), el proponente sólo se ocupó de la testimonial y de alguna  referencia  al  croquis. Le faltó, entonces, primero demostrar errores respecto  de  las otras y, segundo, que estas habrían sido insuficientes para soportar el  fallo  absolutorio,  máxime  si  se  recuerda que para el Tribunal esas pruebas  “…deben  analizarse  en  su  conjunto  y no solamente teniendo en cuenta los  testimonios…” (Fl. 9 sentencia).   

         

          7.  Se  sostiene en el libelo que en las consideraciones de la   sentencia  el  Tribunal  señala  “que no se llevó a cabo la elaboración del  croquis  del  accidente  para deducirse el punto de impacto por cuanto al llegar  la  patrulla  al  estadio de los acontecimientos ya no estaban los vehículos ni  el herido”.   

           El   demandante  se  equivocó  en  la  observación   pues   en   realidad  en  el  fallo  recurrido  se  expresa  otra  cosa:   

                        “Debe  entonces  de  la prueba  obrante:   testimonial,   fotográfica,   inspección  judicial  y  croquis,  deducirse  el punto del impacto,  por  cuanto cuando llegó la policía ya no estaban los vehículos ni el herido,  quien   fue   trasladado   al   hospital,  por  cuanto  al  respecto  no  existe  unanimidad” (Resalta la Sala) (Fl. 5, sentencia).   

          Y más adelante, agrega:   

          “En  el  croquis  se  señala  el punto de impacto en la mitad del  carril    que    le    correspondía    a    la    camioneta…”    (Fl.    6,  sentencia).   

         No  se  ve, así, de dónde resulta la afirmación del proponente y,  desde    luego,    mal   podría   decirse   que   tal   prueba   hubiera   sido  omitida.   

         Sobre  el  mismo  punto,  tampoco  es cierto que hubiera ignorado el  testimonio  de Diógenes Ramírez. En forma abierta el Ad-quem indicó que “en  el  croquis no se dejó constancia de huellas de arrastre ni tampoco al respecto  se     le     interroga    al    agente    que    lo    elaboró    – Diógenes Ramírez Camacho- cuando es  escuchado en declaración -“ (Fl. 8, sentencia).   

         8.  Añade  la  demanda  que  carece de fundamento la deducción del  Tribunal,  según  la  cual  la motocicleta no pudo haber sido arrastrada por el  furgón  por casi quince metros, agregado sin bases pues en el fallo se hace tal  inferencia  a partir de los daños sufridos por la motocicleta y las heridas que  presentaba el cadáver (Fl.11, C. 3).   

         Lo señalado es suficiente para concluir  en la integridad de la sentencia objetada.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO           

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                     JORGE     ANÍBAL    GÓMEZ    GALLEGO                         

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS            CARLOS E.  MEJÍA     ESCOBAR                               

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                            

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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