12514jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 12514  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado ponente:   

                                Dr.    Carlos    Eduardo    Mejía  Escobar   

                            Aprobado Acta # 122   

Santafé de Bogotá D.C., julio dieciocho (18)  de dos mil (2000).   

Vistos:  

Resuelve la Sala  el recurso de casación  interpuesto  por  el  procesado  JOSE ANTONIO PAEZ SEGURA contra la sentencia de  julio  29  de  1996,  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de Santafé de  Bogotá   confirmó la condena de 8 meses de prisión y $10.000.oo de multa  que  le  impuso el Juzgado 54 Penal del Circuito de la misma ciudad, al hallarlo  responsable del cargo de tentativa de estafa.   

Hechos y actuación procesal:  

El 28 de septiembre de 1992 JOSE ANTONIO PAEZ  SEGURA  concurrió  a  la  Ferretería  El Hidrante Ltda, ubicada en la calle 13  #26-45  de  Bogotá,  y  se  presentó como ANTONIO SEGURA.  Le cotizaron a  pedido  suyo 167 tubos de PVC, 30 empaques de caucho y 6 ventosas, en la suma de  $9.018.420.oo.   Mencionó  que  requería  la  mercancía  para llevarla a  Coscuez   (Boyacá) y en los días siguientes le hizo llamadas telefónicas  al  vendedor  solicitándole  una  espera  para  hacer el negocio.  El 2 de  octubre,  viernes,  se  hizo  presente  en  el  establecimiento  comercial  otro  individuo,  dijo que transportaría la mercancía e hizo entrega de un cheque de  gerencia del Banco Caldas por el valor de la cotización.   

La  secretaria  de  la ferretería confirmó  telefónicamente  el  título  valor  y  sin  embargo el vendedor DIEGO CARVAJAL  DUQUE,  para  estar  más seguro pues quedó con dudas, acudió personalmente al  Banco  y  allí  el gerente le dijo que el cheque no era bueno.  Se supo, a  la   vez,   que   los   teléfonos   de   la  entidad  bancaria  se  encontraban  dañados.   

El sábado “ANTONIO SEGURA” fue a recoger  la  mercancía,  llevando para el efecto el camión de transporte respectivo, ya  que  se  negó  a  aceptar el ofrecimiento que la Ferretería le había hecho de  llevársela  sin costo.  Obviamente no se le entregó y fue capturado en el  acto  por  detectives  del DAS que habían sido previamente puestos al corriente  de lo sucedido.   

JOSE  ANTONIO  PAEZ  SEGURA fue vinculado al  proceso  mediante  indagatoria  y  resultó acusado por el cargo de tentativa de  estafa  el  16  de junio de 1995.  Esta decisión quedó ejecutoriada el 27  de  julio  siguiente  y se procedió a remitir el proceso a los Juzgados Penales  del  Circuito.   Le  correspondió  al  54,  el  cual  decidió condenar al  sindicado  a 8 meses de prisión, por igual lapso a la interdicción de derechos  y   funciones  pública  y  multa  de  $10.000.oo.   No  fue  condenado  en  perjuicios   y   se   le   suspendió   condicionalmente  la  ejecución  de  la  sentencia.   PEREZ  SEGURA  apeló y el Tribunal, a través de la sentencia  objeto  de  la  casación,  confirmó  en  su  integridad el fallo de la primera  instancia.   

La demanda:  

El  recurso  de  casación fue interpuesto y  sustentado  directamente  por  el procesado, quien se identificó con la tarjeta  profesional de abogado 75.659.  Formuló dos cargos.   

          Primero.   

Lo apoyo en la causal 1ª de casación. Dice  que  el juzgador violó indirectamente los artículos 1, 2º, 246, 247 y 278 del  Código   de   Procedimiento   Penal,  “…al  apreciarse  incorrectamente  la  existencia  de  la  prueba  de  falsedad  del cheque, elemento fundamental en el  delito  de  estafa, proponiendo la sentencia del H. Tribunal, que se consideraba  probada  dicha alteración del título valor, sin estar debidamente probado este  hecho  en  particular.   Se  trata  pues de un error en la existencia de la  prueba,  en razón a que la sentencia del Tribunal supone en su sentencia que la  prueba  por  el  delito  de  estafa  mediante  el uso de un documento falso obra  dentro del sumario, sin estarlo”.   

En  la  demostración  del ataque expresa el  procesado  que en la sentencia se afirmó que hizo parte de un plan para estafar  a  la  Ferretería  El  Hidrante,  a  través  de  la  utilización de un cheque  falso.     Así    las   cosas   –agrega— debía  probarse  pericialmente que el título valor era realmente falso y eso no logró  establecerse  en  la  investigación,  hasta  el  punto  que  el propio Tribunal  dispuso  expedir  copias  de  la  actuación  “para determinar si el cheque es  realmente falso o no”.   

No  se  sabe,  entonces, si el documento fue  creado  por el Banco en forma reglamentaria o si se trata de un documento falso,  lo  cual  resulta  determinante para la imputación de la estafa.  Reclama,  en  consecuencia, el cumplimiento de los principios de debido proceso, necesidad  de la prueba y resolución de la duda a favor del procesado.   

Segundo cargo.  

Plantea el sindicado que  se  violó  el  principio  de  investigación  integral,  por lo que solicita la  declaración  de  nulidad de lo actuado a partir de la resolución que cerró la  instrucción.   Dice  que  se dejaron de practicar pruebas importantes como  el  cotejo  grafológico  de  su  escritura  con  la  del  cheque  aportado a la  investigación,  así  como  la recepción de “la versión de los responsables  del  Banco  de  Caldas,  de  donde  se  dice  fue creado el título valor, no se  confirmó      si      se     trataba     de     un     cheque     válido     o  falsificado”.   

Aduce  que  el  mismo  Tribunal,  al  expedir  copias  para  la  investigación del delito contra la fe  pública,  admitió que no se tuvo la suficiente diligencia en la determinación  de si el cheque fue o no el producto de una falsificación.   

“No   es   difícil  demostrar                  –concluye—la importancia  que  tiene  el  hecho  de  probarse  real y certeramente que hubo falsedad en el  cheque.   Esta  parte de la investigación tiene un aporte fundamental a la  claridad  del  proceso,  pues  como  ya  lo  he  argumentado reiteradamente, mal  podrían  condenarme por participar en una tentativa de estafa, afirmándose que  este  delito  se  trató  de realizar con un cheque falso, sin haber previamente  probado     que     el     cheque     es    en    realidad    fruto    de    una  falsificación”.   

Concepto  del  Procurador 1º Delegado en lo  Penal:   

En  cuanto al primer cargo dice el Procurador  que  el  demandante  no  tuvo  en cuenta que en virtud del principio de libertad  probatoria  el  juzgador  puede  demostrar  con  cualquier  medio  de prueba los  elementos  integrales  del  delito,  la responsabilidad penal del procesado y la  naturaleza  y cuantía de los perjuicios.  A condición naturalmente de que  se   respeten   los   derechos   fundamentales   y   la   ley  no  exija  prueba  especial.   

Los  falladores  en  este caso acreditaron la  falsedad  del  cheque  con  el  testimonio  de DIEGO CARVAJAL DUQUE, el cual les  mereció   credibilidad,   la   que   no   intentó   siquiera   desvirtuar   el  recurrente.   

Si  se  dictó  la  sentencia por el cargo de  tentativa      de      estafa      –agrega—fue por  razón  del  principio  de  congruencia,  ya  que  la  acusación  sólo se  refirió  a  dicho  delito  y  en  ningún  momento  a  la falsedad en documento  privado.   

El  reclamo  del  recurrente  atinente  a  la  protección  del  debido  proceso,  la necesidad de prueba y el in dubio pro reo  es,  de  otra  parte,  ajeno a los parámetros técnicos de la casación, por lo  que el cargo no debe prosperar.   

“Como    es    sabido    –expresa   el   Procurador—toda vulneración al debido proceso, en  cuyo  ámbito  encuadra  el  desconocimiento  de  la  necesidad  de  prueba para  condenar,  debe ser propuesta y desarrollada bajo la égida de la causal tercera  de  casación,  camino  diverso  al  escogido  en el presente reproche.  En  cuanto  a la aplicación del in dubio pro reo, su invocación no pasa de ser una  idea  suelta,  desprovista  de  toda  entidad  impugnatoria,  lo  cual  la  hace  inexistente para los fines del presente recurso”.   

          Sobre el segundo cargo.   

Se debe desechar, según el concepto.  La  falsedad  en  documento  privado  se  cometió  con la finalidad de estafar a la  Ferretería  El  Hidrante,  constituyendo  la hipótesis un caso de conexidad en  los  términos  del artículo 87-3 del Código de Procedimiento Penal.  Y a  pesar  de que era lo más aconsejable la investigación conjunta de los delitos,  por  desidia  del  instructor  no  ocurrió  así  aunque  tal  circunstancia no  comporta nulidad procesal.   

Agrega  el  Procurador  que para demostrar la  responsabilidad  del sindicado en el atentado patrimonial, además de la sólida  prueba  indiciaria,  bastaba  la acreditación de la falsedad del título valor,  que se logró testimonialmente.   

Las  pruebas  relacionadas  por  el  actor,  finaliza  el  concepto,  “…de llevarse a cabo no tendrían incidencia alguna  respecto  de  la  tentativa  de estafa sancionada, al versar sobre un aspecto ya  dilucidado.    Intrascendencia   que   desvirtúa   incontestablemente   el  ataque”.   

Consideraciones de la Sala:  

Los  evidentes  desaciertos  técnicos  en la  presentación de los ataques impiden su prosperidad.   

El  cargo  de  nulidad  presentado  por  el  procesado,  que es abogado titulado y por lo tanto podía directamente presentar  la  demanda  de  casación  en  concordancia con el artículo 222 del Código de  Procedimiento  Penal, lo planteó por violación del principio de investigación  integral.   Al  señalar  la  trascendencia  de  la censura, se equivoca al  considerar  que  no  se  determinó  la falsedad del cheque que sirvió de medio  para     la     estafa,    cuando    –como       se       reiterará       más       adelante—ella  fue  claramente  declarada  en la  sentencia.   

Aparte  de dicha impropiedad incurrió en una  adicional  que  impide  el  examen  del  cargo.   Se  limitó simplemente a  relacionar  unos  medios de prueba que le pareció que debieron haberse allegado  al  proceso,  sin  demostrar su trascendencia a partir del ejercicio obligatorio  de   enfrentarlas  a  los  términos  del  fallo,  probando  cómo,  de  haberse  practicado, otra hubiera sido la orientación de la sentencia.   

“La  alegación  de  la  vulneración  del  principio  de  investigación  integral –dijo      la      Corte      en     otra     oportunidad—1  hace  necesario  que el censor cite en concreto cuáles fueron las  pruebas  que  se dejaron de practicar, indique cuál es la aptitud probatoria de  las  mismas  y  demuestre  de  manera específica la trascendencia de los medios  probatorios.   Trascendencia cuya medida no es la de la prueba en sí misma  considerada,  sino  la  que deviene de su oposición a la lógica del fallo pues  solo  si  lo  desquicia  imponiendo una orientación distinta de la que el mismo  contiene   el   cargo   puede   prosperar.   No  basta  para  acreditar  la  trascendencia  de las pruebas omitidas en su estudio, la mera enunciación de lo  que  el  censor  cree que ellas demuestran para oponerlo al contenido general de  la  sentencia, sino que es menester demostrar a partir del contenido objetivo de  las  mismas  que  de  haberse  tenido  en  cuenta,  el resultado de la sentencia  hubiera sido otro”.   

Más recientemente y en igual sentido indicó  la Sala:   

“Si  el  ataque  se vierte fundamentalmente  sobre  una  falta  de  investigación  integral,  porque se dejaron de practicar  pruebas  capaces  de  hacer  variar la decisión condenatoria, es apenas lógico  que  respecto  de  cada  uno de los elementos de convicción echados de menos se  requiera  su  confrontación  con  los tenidos en cuenta por el juzgador, para a  partir   de  dicho  contraste  poder  observar  cómo  los  extrañados  por  el  casacionista,  sin  hesitación  alguna, harían sucumbir los otros, dejándolos  sin fuerza para sostener el juicio de responsabilidad penal.   

“Al no encontrarse, entonces, cuáles fueron  los  medios  de  prueba soporte de la sentencia, resulta imposible determinar la  contundencia   que   tendrían   los  citados  por  el  censor  en  punto  a  la  sustentación  de un fallo contrario al atacado; ejercicio que por no haber sido  ejecutado  por  el  demandante  deja a obscuras la censura, esto es, la presenta  carente  de la claridad y precisión exigidas por el numeral 3 del artículo 225  del C.P.P.”.2   

Es  manifiesto  que  el  censor, entonces, al  sólo  relacionar  unas  pruebas  que  a su juicio debieron haberse practicado y  marginar    completamente   los   fundamentos   probatorios   del   fallo   cuyo  resquebrajamiento  persigue,  incumplió  con su deber de fundamentación y bajo  tales circunstancias el cargo debe ser desestimado.   

          Primer cargo.   

Adujo  el  procesado  que  el Tribunal violó  indirectamente  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia,  al  suponer  la prueba de la falsedad del cheque que por la suma de  $9.018.420.oo  le entregó a la Ferretería El Hidrante y que se tuvo como medio  engañoso del intento de estafa.   

En  la fundamentación del cargo, para probar  el  error,  se  limitó  a  señalar  que  técnicamente  no se demostró que el  título  valor  fuera  falso.   Era su obligación, sin embargo, confrontar  los  términos  lógicos  de  la sentencia y al no hacerlo resulta incompleto el  ataque,   no   siendo   en   tales   circunstancias   susceptible  de   ser  examinado.   

Si lo que se busca con fundamento en la causal  invocada  es  el rompimiento del fallo para que la Corte dicte uno de reemplazo,  además  de  la  enunciación  del  error  resulta una exigencia indiscutible la  demostración  de  su  trascendencia,  es  decir  cómo  de no haber sucedido la  equivocación  otra  hubiera  sido  la  decisión, lo que necesariamente implica  enfrentar  el  contenido lógico sobre el cual se construyó la sentencia, deber  que  –se repite—incumplió       el      procesado  demandante.   De  haberlo  observado  habría  encontrado  que el Tribunal,  distinto  a como afirma, no supuso la prueba de la falsedad del documento.   Simplemente  la  derivó de medios probatorios no técnicos y eso era posible en  virtud del principio de libertad probatoria.   

Lo  que reclama el procesado es, en suma, que  no   se   haya  probado  la  falsedad  del  cheque  a  través  de  un  dictamen  grafológico.   No  obstante,  al  haberse  encontrado  demostrada la misma  testimonial  e  indiciariamente,  es claro que resulta un contrasentido plantear  que el juzgador supuso la prueba de la circunstancia.   

Debe  advertirse,  de  otra  parte,  que  el  Tribunal  en  ningún  momento  puso  en duda la condición de falso del título  valor.   La  concluyó  enfáticamente  y  si  dispuso  expedir copias para  investigar  en  otro  proceso  la  hipótesis delictiva de falsedad en documento  privado,  se  debió  simplemente a que la misma no fue objeto de investigación  conjunta  con  la  tentativa  de estafa como era aconsejable que ocurriera, pero  que   al   no  suceder  no  acarrea  nulidad  procesal,  como  lo  mencionó  el  Procurador.   

Así  las  cosas,  no se casará la sentencia  recurrida.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

Resuelve:  

NO   CASAR   la  sentencia  objeto de la casación, expedida por el Tribunal Superior de Santafé  de Bogotá el 29 de julio de 1996.   

Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                                                                  JORGE   E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                       JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

No  hay  firma                                                           No hay firma   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                                                                     CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                        NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  .  Providencia del 25 de noviembre de 1999. Radicación 9.566.   

2  .  Providencia del 4 de mayo de 2000. Radicación 14.867.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *