12127(28-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso   No  12127   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 26   

          Bogotá D.C., veintiocho de febrero de dos mil dos.   

VISTOS  

          Decide   la   Corte  la  casación  propuesta  por  el  defensor  de  JIMMY   BURBANO   PRECIADO  contra  el  fallo  de  segundo  grado del 18 de marzo de 1996, por cuyo medio el  Tribunal  Superior  de Pasto, Nariño, confirmó la sentencia absolutoria que el  Juzgado   Penal  del  Circuito  de  Mocoa,  Putumayo,  profiriera  a  favor  del  procesado,   a   quien   se   le  adelantó  juicio  por  el  hecho  punible  de  homicidio.   

El  Procurador  Tercero Delegado en lo Penal  (e) emitió su concepto y solicita no casar la sentencia impugnada.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

         

          A  eso  de  las 3:00 de la tarde, aproximadamente, del 8 de marzo de  1995,  a  orillas del río Acaé, vereda La Primavera, comprensión municipal de  Puerto  Asís,  Putumayo,  desde  la  margen opuesta a la que se hallaban fueron  atacados  con  armas  de  fuego  de  carga  múltiple  Eugenio  Eladio  Preciado  Quiñones,  su  esposa,  Olga  Pai,  el  hijo de la pareja, Eugenio Sabino, y un  sobrino  de  nombre Miller Fernando Preciado, en momentos en que se disponían a  surcar  las  aguas  para asistir a una reunión de carácter familiar en la casa  de  habitación  de  Amadeo  Preciado,  a  fin  de  tratar problemas de linderos  surgidos  con  un   vecino,  Florencio  Priciliano  Cortés.  Con la mortal  descarga  se  segó la vida en el mismo teatro de los acontecimientos de Eugenio  Eladio,  en  tanto que Eugenio Sabino padeció heridas de consideración, siendo  necesario  su  traslado  a un centro asistencial de Puerto Asís, para luego ser  remitido a un hospital de Bogotá, lugar donde logró recuperarse.   

          Desde  los  albores  de  la  investigación  se  sindicó  del aleve  acometimiento  a  Florencio  Priciliano  Cortés Ortiz, sujeto que supuestamente  pagara  $700.000 por la muerte de Preciado Quiñones, contratando para el efecto  a   Dalmiro   Landázuri   y   a   un   sobrino   del  interfecto,  JIMMY   BURBANO   PRECIADO,   con  quien  existían  roces  en  razón  de  los  amoríos que éste sostenía con su prima  hermana, la menor  Claudia Patricia, hija de Eugenio Eladio.   

          Vinculados   a  la  investigación  JIMMY  BURBANO  PRECIADO  y  Cortés  Ortiz  y escuchados sus  descargos,   la  Fiscalía  Seccional  41  de  Puerto  Asís  dictó  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva sin beneficio de excarcelación contra  el  primero,  en  tanto  que la Fiscalía 49, despacho al que se le reasignó el  asunto,  se abstuvo de hacerlo respecto del segundo. Durante el desarrollo de la  instrucción  se  supo  de la muerte violenta padecida por el también implicado  Landázuri.   

Clausurada la etapa sumarial, por resolución  del  12  de julio de 1995 la dependencia en mención profirió acusación contra  JIMMY  BURBANO PRECIADO como  presunto  responsable del delito de homicidio que tipificaba el derogado Código  Penal  en  sus Arts. 323 y 324-1 y 7, y de las lesiones personales del Art. 331,  mientras  que a favor de Florencio Priciliano Cortes Ortiz se ordenó cesar todo  procedimiento en virtud de este asunto.   

Iniciada  la  etapa  del  juicio,  de la que  conoció  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Puerto Asís, por auto del 13 de  octubre  del mismo año tomó entre otras determinaciones la de romper la unidad  procesal  en  relación  con  el  punible  de  lesiones personales,  habida  cuenta  que  en  el  calificatorio  “para  nada  se  motivó”   la  imputación  del  cargo,  y  ordenó  compulsar copias para que se corrigiera el yerro.   

Celebrada   la  vista  pública,  mediante  sentencia  del  15  de  enero  de  1996 el juzgado del conocimiento absolvió al  encartado  del  cargo por el que se le procesó, fallo que avaló el Tribunal de  Pasto  por la suya del 18 de marzo siguiente, como ya quedó dicho, y que hoy es  objeto                             del                            extraordinario  recurso.              

                  

LA DEMANDA  

          Dos  cargos  contra la sentencia recurrida formula el Procurador 148  en  lo  Judicial-Penal,  el  primero  con  fundamento  en  la  causal primera de  casación, y el otro al amparo de la causal segunda.   

          Primer cargo.   

            Acusa  el  impugnante  extraordinario el fallo de segundo grado de  violar  indirectamente la ley sustancial, “por error  de  hecho  en  la  apreciación  de  la  pruebas directas u objetivas que fueron  allegadas oportunamente al proceso.”   

          En  el  desarrollo  del  cargo  sostiene  que incuestionablemente la  investigación  de  los  hechos  tiene  como soporte tanto pruebas directas como  indirectas,  allegadas  al  proceso  en forma legal, regular y oportuna, como lo  demanda   la  ley,  no  obstante  lo  cual  el  juzgador  no  efectuó  esfuerzo  dialéctico    alguno    para   desentrañar   la   realidad   procesal,   pues,  “el  ad quem desconoció la valoración intrínseca  y  realmente  contundente  que  se  derivaba  del  testimonio  de  Eladio Sabino  Preciado  Pai, apoyado muy de cerca por la versión de su hermana Nubia Preciado  Pai”,  que  muestran  al procesado como el autor del  homicidio de Eugenio Eladio Preciado Quiñones.     

          Si  toda  sentencia  debe  fincarse  en  el  examen  que es menester  realizar  sobre  la  totalidad  de  la  prueba,  aduce el censor, el Tribunal al  desconocer  el  alcance  de  los  referidos testimonios realizó una estimación  probatoria  contraria a la realidad procesal, produciendo deducciones subjetivas  y  caprichosas,  conclusiones  equivocadas  por  haber  desechado  los criterios  taxativos   que   la   ley   le   impone   en   la  apreciación  de  la  prueba  testimonial.   

          De  ahí  que  el  yerro  del  sentenciador consista, de un lado, en  “no  haber  otorgado  valoración  probatoria a los  referidos   testimonios   presenciales”,  versiones  incriminatorias  que no pudieron ser desvirtuadas por medio probatorio alguno; y  del  otro,  el  desconocimiento flagrante del fallador en cuanto “que  dichos  testimonios  tuvieran  la eficacia suficiente para ser  terminados   -sic-   como  creíbles.”    

    

          Mal  puede  tenerse como insular el testimonio de cargo del hijo del  interfecto,  Eugenio  Sabino,  insiste  en  pregonar  el  actor,  si su dicho lo  confirma  la  hija del interfecto, Nubia Preciado Pai; aquél como presencial de  los  hechos  dijo  haber  visto  disparar  sus  armas  al  procesado y a Dalmiro  Landázuri,  para  lo  cual  se asomaron tras los matorrales donde se ocultaban,  percepción  que  igualmente  tuvo  Nubia respecto de Dalmiro, estando a su lado  JIMMY   BURBANO  PRECIADO;  dicha   declarante   además   dio   a   conocer   los   graves  enfrentamientos  protagonizados  por  su  padre y el acusado por los requiebros amorosos de éste  hacia su hermana Claudia Patricia.   

Esas atestaciones en algo son reforzadas por  la  viuda,  Olga  Pai,  quien si bien aseveró no haber visto el accionar de las  armas,  si  observó  pasar poco antes de que se produjera la mortal descarga al  procesado y a Landázuri portando sendas escopetas.   

          Tampoco  hizo  el fallador el debido análisis de las pruebas que el  censor  cataloga  de  indirectas;  Miller  Hernando,  Beatriz,  Segundo  Adán y  Claudia  Patricia  Preciado,  son declarantes que dan una idea exacta del móvil  del  crimen,  la  enemistad y las amenazas de muerte propaladas por JIMMY  BURBANO  contra  su  tío  Eugenio  Eladio,  porque éste se oponía a las pretensiones amorosas del justiciable con  la mentada Claudia Patricia.   

          Todas  esa  probanzas, con mayor grado de autenticidad y por ende de  veracidad  la  de  los  testigos  presenciales  en relación con la autoría del  homicidio,  y la prueba testimonial del segundo grupo de declarantes, permitían  determinar  con  nitidez  la  conducta  delictiva  del  encartado,  sostiene  el  demandante,  puesto  que  las  últimas  tienen la virtualidad de complementar y  reafirmar  lo  dicho  por  los  primeros,  bajo  una  óptica  diferente pero no  contradictoria.   

Esa  realidad  procesal  por  ningún motivo  puede  ser  objeto  “de lucubraciones y malabarismos  jurídicos   so   pena   de   incurrir   en   graves   yerros   de  apreciación  probatoria”,  como  en  efecto  acaeció,  prosigue  afirmando  el  casacionista,  surgiendo  así  en  el  ad  quem  “el  falso  juicio  de  convicción, pues, a no dudarlo, les negó a  las  pruebas  directas  e indirectas el valor que les correspondía en virtud de  provenir  ellas  de  personas que tenían realmente el carácter de presenciales  del hecho punible.”   

Pretende  pues el censor con este reparo, se  case  la sentencia a fin de que se profiera fallo de reemplazo, que no puede ser  otro diferente al de condena que debe imperar contra el procesado.   

Segundo       cargo.   

La sentencia impugnada no guarda consonancia  con  los  cargos  formulados  en la resolución de acusación, es el sustento de  este reproche.   

El  Juzgador  no  sólo  cometió  yerros de  apreciación  fáctica,  sostiene en la fundamentación del cargo, sino también  de  carácter  probatorio,  al punto que se equivocó en su valoración teniendo  por  eficaces  medios  de prueba que carecían de una tal connotación. Así, el  sentenciador  contra  toda  evidencia  probatoria  acogió  los  testimonios  de  quienes  confirmaron  la coartada del procesado, para con base en ellos cimentar  el  fallo  absolutorio que profirió, “siendo que la  persuasión  que  se  originaba de sus versiones era totalmente nula”, por ser testigos de oídas.   

Considera el demandante que si la resolución  de  acusación  se  estructuró  en  determinado  cúmulo de pruebas, resultaban  inoficiosas  e innecesarias las practicadas en el juicio, que en últimas fueron  en  las  que  se  fundamentó  al  fallo  cuestionado.  De ahí la incongruencia  argüida  en  cuanto  la  dicotomía  resultante  del  doble  enfoque  dado a la  situación  fáctica y a la probatoria, reitera.  La razón lógica impone,  agrega,   que  si  existe  un  determinado  pliego  de  cargos,  “infaliblemente  la  sentencia  debe versar sobre las pruebas en que  se basó aquel interlocutorio.”   

Ahora,  si  el  Art.  247 del C. de P. Penal  consagra  los  elementos  objetivos  y subjetivos que se requieren para proferir  una  condena,  con  la  sentencia absolutoria emitida el fallador desconoció el  fundamento   legal  y  probatorio  de  la  resolución  de  acusación,  muestra  incontrastable de la inconsistencia alegada.   

“Si se mantuviera  incólume  la  sentencia  impugnada  -aduce       finalmente-      sería  tanto  como  aceptar como verídica la versión injurada no  solo  contra  todo principio de evidencia sino como también porque repugna a la  más  elemental lógica que con pruebas inconducentes y realmente inoficiosas se  haya edificado un juicio de inocencia.”   

Como  preceptos infringidos señala el actor  los  Arts. 246,  247 y 294 del C. de P. Penal anterior, Arts. 1º y 2º del  C. Penal derogado, y el 29 de la Carta Política.   

Que  se case la sentencia recurrida para que  se  dicte otra que sea “congruente y consecuente con  la  resolución de acusación”, es a lo que realmente  aspira el casacionista con la proposición de esta censura.   

EL     CONCEPTO     DEL     MINISTERIO  PÚBLICO   

          En  relación  con  el  primer  cargo  sostiene el señor Procurador  Tercero  Delegado  en lo Penal (e) que es ostensible su deficiente formulación,  como  quiera que se presente insalvable contradicción en la construcción de la  censura.   

          En   efecto,   se   acusa   a   la  sentencia  impugnada  de  violar  indirectamente  la  ley  sustancial  al  incurrirse  en  un  error  de hecho por  indebida  apreciación  probatoria,  empero,  cuando  era de esperarse que en su  fundamentación  y  desarrollo se demostrara la existencia de un falso juicio de  existencia  o  de  identidad,  “sin que se verifique  tal  acontecimiento”,  se  concluye afirmando que el  fallador incursionó en un falso juicio de convicción.   

          Una  tal  proposición atenta con la prosperidad del cargo, aduce el  agente  del  Ministerio  Público, puesto que conforme a la técnica que informa  el  extraordinario  recurso y los principios de la lógica en que se fundamenta,  no  es posible la proposición simultánea de un error de hecho y uno de derecho  sobre un mismo medio probatorio, dada su naturaleza excluyente.   

Luego de disertar acerca de las dos clases de  yerros  -en  qué  consisten  y  de  qué manera pueden llegar a estructurarse-,  advierte  que con una tal proposición el demandante deja a la Corte sin opción  de  establecer  sobre  cuál  de los dos errores es en el que se finca el reparo  argüido,  o cuál tuvo ocurrencia, para así poder declararlo, pues al Tribunal  de  casación  le  está vedado entrar a interpretar, complementar o corregir la  demanda,  habida  cuenta  que la obligación de demostrar el yerro está a cargo  de quien lo alega.   

Además,  agrega,  cuando  de  ataques  a la  prueba   por   la   vía   del   error  de  derecho  se  trata,  “resulta  necesario  comparar el proceso valorativo del sentenciador  con  lo que respecto de él disponga una norma contenida en el derecho positivo,  teniendo  en  cuenta,  en  todo caso, que la ley puede restringir las facultades  del  juez en la apreciación de las pruebas a través del establecimiento de una  tarifa  probatoria, pero también puede, como en el caso de nuestro país, dejar  al  sentenciador  una amplia discrecionalidad para este menester, particularidad  que  impediría  cuestionar  por  la  vía  del  error  de  derecho el valor que  razonadamente  haya  asignado  el  juez a la prueba”,  como  lo ha venido explicando la Sala en múltiples de sus pronunciamientos, uno  de los cuales se cita en sus apartes pertinentes.   

Dado  su  equivocado  planteamiento,  esta  censura    debe    ser    desestimada,    es    el   criterio   del   Ministerio  Público.   

Ninguna relación tiene el supuesto yerro que  el  censor  le atribuye al sentenciador con ocasión del segundo reparo aducido,  con  la  causal  segunda  argüida  como  motivo de casación, es la premisa que  sienta  la  Delegada respecto de este cargo para pedir se desestime el mismo, en  la   medida   en   que   su   desarrollo   no  apunta  a  los  dos  eventos  que  jurisprudencialmente  se tienen establecidos como fundamento de la incongruencia  alegada.   

La  incongruencia  de  la  sentencia  con la  acusación,   explica,   tiene  ocurrencia  cuando  la  causa  se  adelanta  por  determinado  delito, y tanto el procesado como su representante judicial ejercen  la  defensa  tendiente a desvirtuar la acusación, empero resulta profiriéndose  condena  por  un tipo penal con denominación jurídica diversa a la imputación  contenida  en  el  pliego  de cargos. O, también puede presentarse en relación  con  una  sentencia absolutoria, “cuando se rompe la  unidad  lógica  y jurídica sobre la que se edificó el proceso, en cuyo evento  la  calificación  jurídica  de  la  conducta  contenida  en  la resolución de  acusación  contra  el  procesado,  no  se  debate, sino que la defensa demerita  otros  hechos que conducen finalmente a eximirlo de responsabilidad por hechos y  circunstancias  que  definitivamente  no  guardan  relación  con la imputación  formulada al inicio de la causa.”   

Del  incidente  acontecido  el 8 de marzo de  1995  en  el  lugar, a la hora, entre los protagonistas y por los delitos que se  reseñan  en  la  resolución  de  acusación, se ocupó la sentencia que hoy se  impugna  en  sede  extraordinaria  de  casación, aduce el agente del Ministerio  público,  determinación  en  la  que  luego del respectivo examen probatorio y  aplicación  de  las  reglas  de la sana crítica, se concluyó que los testigos  que  el  demandante señala como portadores de la verdad no pudieron observar, y  menos  identificar,  a los atacantes, habida cuenta de la distancia que separaba  a  éstos  de  los  agredidos  y  por  la  espesura  del mote donde aquéllos se  parapetaron,  amén  de  los  elementos existentes en el proceso que demostraban  que  el  procesado  se  encontraba  en lugar distinto de donde se produjeron los  hechos  y  con  otras personas.  De ahí que se predique la correspondencia  entre  la  sentencia  y  la  acusación,  situación  que  de  suyo determina la  improsperidad del cargo, concluye la Delegada.   

No   casar  la  sentencia,  es  la  final  sugerencia del señor Procurador Delegado.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.  Total  desconocimiento  de las reglas de técnica casacional, es  lo  que  se  evidencia en el planteamiento del censor, que como bien lo advierte  el  agente  del  Ministerio Público, ninguna vocación de éxito puede tener en  aras  de  lograr el derrumbamiento de una sentencia que goza de los atributos de  acierto y legalidad.   

         1.1.  En  efecto,  desde  su  enunciado el reproche asoma inidóneo,  habida  cuenta  de  la  impropiedad  de  su  formulación, pues, amén de omitir  indicar  el  actor  el  precepto o preceptos sustanciales infringidos en aras de  sustentar  la  violación  indirecta  argüida, el supuesto vicio se finca en el  error  de  hecho  en  que  se  incurrió  en  la  apreciación  de  las pruebas.   

         Empero,  cuando  era  de  esperarse  que  le  mostrara a la Corte, y  probara,  los   falsos  juicios  de  existencia  o de identidad, o el falso  raciocinio  en  que  pudo  haber  incursionado el juzgador en la estimación del  plexo  probatorio,  a  renglón  seguido  se  duele  de la ausencia del esfuerzo  dialéctico  que se tuvo en la sentencia para desentrañar la realidad procesal,  en  cuanto se desconoció el valor intrínseco y contundente de las atestaciones  de  los  hermanos  Eladio  Sabino  y  Nubia  Preciado Pai, quienes como testigos  presenciales  del  hecho  “ostentan  mayor grado de  autenticidad   y,   por  ende,  veracidad  acerca  de  la  autoría  del  crimen  (…)”;  valga  decir,  anunció la existencia de un  error  de  hecho, no obstante lo cual termina por desarrollar uno de derecho por  falso juicio de convicción.   

         

         Esta  clase  de  error  -propio  de  los  sistemas  donde  rige  la  tarifa  legal-  resulta  de extraña ocurrencia en el  nuestro  dada  la  adopción  en el estatuto procesal penal del método de libre  apreciación  o  persuasión  racional, y se presenta, ha dicho la Corte, cuando  el  juzgador  desconoce  las normas que tarifan el mérito de las pruebas, o las  que  exigen  un  medio  probatorio  específico  para  la  demostración  de  un  determinado  hecho. Por esa razón, “un tal yerro no  sería  factible  en la medida en que si no existe una norma que predetermine el  valor  que  debe  dársele  al  medio  de  prueba, es imposible hablar de que el  juzgador  no estimó la unidad de investigación en el grado de credibilidad que  le  correspondía;  es decir, por la ausencia de un parámetro contra el cual se  pueda  confrontar  la  ponderación  que  en  su  convencimiento le otorga a una  prueba  el  juez,  resulta imposible tachar de erróneo el grado de credibilidad  que  la  capacidad  suasoria  del  medio forja en su mente después de un examen  crítico y racional.”   

         1.2.  El  desatino  de la demanda resulta mayúsculo cuando el actor  asevera  que  “el sentenciador de segunda instancia  al  desconocer  equivocadamente los referidos testimonios, acudiendo, inclusive,  a  deducciones  netamente  subjetivas,  como caprichosamente había incurrido el  Juez  de  Primera Instancia, omitió flagrantemente el análisis razonado que la  ley  procedimental  le  ha  asignado  al  testimonio  de acuerdo a los criterios  taxativos  de  apreciación”,  toda vez que con este  discurso  plantea el censor un error de hecho por falso juicio de existencia por  omisión,  pero seguidamente incursiona por los senderos del falso raciocinio, y  si  bien  ambos  yerros  dicen  relación con la equivocada contemplación de la  prueba,   mientras   el   primero   implica  que  el  sentenciador  desdeña  la  consideración  del  medio  de  convicción  que  obra en el proceso, el segundo  conlleva  a  su  estimación  pero  con flagrante violación de las reglas de la  sana  crítica;  lo cual conduce a sostener que por ser excluyentes los errores,  no   pueden  predicarse  del  mismo  medio  probatorio,  y  menos  formularse  y  desarrollarse bajo un mismo cargo.   

         Esta  evidente  falta de lógica en el planteamiento, unida al hecho  de  que el actor no atina a determinar con la claridad y precisión exigidas por  la  ley  la clase de vicio, su modalidad y la trascendencia que tuvo en la parte  dispositiva  de  la  sentencia recurrida, fatalmente conducen a la improsperidad  de  la  censura,  tanto más cuanto que a la Sala le resulta imposible enmendar,  complementar,  o  interpretar  el  libelo,  por  prohibírselo  el  principio de  limitación que rige el extraordinario recurso.   

         2.     El     segundo    reparo    apunta    a    la    incongruencia  que  supuestamente  existe  entre la sentencia recurrida y la resolución de acusación.    

          2.1.  A  la luz de la normatividad procesal que rige este asunto, el  vicio  de  incongruencia surgía, entre otras eventualidades, cuando el juzgador  al   dictar   la   sentencia   desbordaba   el  marco  fáctico  fijado  por  el  enjuiciamiento,  o  condenaba  por  una especie delictiva distinta de la que fue  objeto  de  acusación, o incluía circunstancias de agravación no deducidas en  el  calificatorio,  o  desconocía  las  atenuantes que allí se reconocieron, o  dejaba   de   considerar   uno   o   varios  delitos  sobre  los  cuales  debió  pronunciarse.   

Si  en  ese  contexto  el  fundamento de la  causal  segunda  está constituida por la inconsistencia habida entre el fallo y  la  imputación  formulada  en la resolución de acusación, o entre aquél y el  acta  de  formulación  de  cargos  en tratándose del prematuro juzgamiento por  sentencia  anticipada,  con  la  postulación  del  cargo  en casación no puede  perseguirse  nada distinto a que se ajuste el fallo al pliego de enjuiciamiento,  lo  que  supone  partir  de reconocer como válida la acusación contenida en la  providencia   calificatoria  y  aceptar  la  responsabilidad  del  procesado  en  relación con los cargos allí formulados.   

2.2. En el presente evento, el planteamiento  del  censor  nada tiene que ver con el motivo de casación alegado, como bien lo  advirtió  el  Ministerio  Público,  puesto  que el debate, contrariamente a lo  sostenido   en   la   demanda,   concretamente   se   centró   sobre  el  marco  fáctico-probatorio  y jurídico plasmado en la acusación, luego de cuyo examen  libre  pero  racional el juzgador encontró ausentes los presupuestos que la ley  exige para proferir condena.   

En este orden de ideas resulta un verdadero  adefesio   jurídico  la  afirmación  del  demandante  de  que  “necesariamente     toda    resolución    de    acusación    lleve  indefectiblemente  a  la  condena del procesado so pena de romper la consonancia  entre  estas  dos  decisiones estructurales (acusación y sentencia)”,  o  aquella  otra  relacionada  con la supuesta interpretación  correcta  de  la  causal  segunda,  conforme  con la cual dizque “si   existe  un  determinado  pliego  de  cargos  contenido  en  la  resolución  de  acusación  infaliblemente  la  sentencia debe versar sobre las  pruebas  en  que  se  basó  aquel  interlocutorio.”   

Con  tan  equivocada  manera de concebir el  proceso,  no sólo desaparece toda posibilidad de ejercer el contradictorio sino  que  además  carecería  de  sentido  la función juzgadora, pues todo estaría  resuelto  desde  la  acusación  dado  que  las pruebas en que ésta se sustenta  “infaliblemente”  deben  ser  también  el  basamento  del  fallo. Con razón el actor propende por la no  práctica  de pruebas en el juicio, pues dentro de su desatinada concepción del  mismo  apenas  si es lógico que todo aquello que procure la discrepancia con la  acusación     resulte     innecesario       e       inoficioso.   

No prospera el cargo.  

En  síntesis,  lo  que  queda  claro de la  demanda  no es otra cosa que la simple discrepancia del censor con la forma como  los  juzgadores  apreciaron  la  prueba,  tanto  la  que se tuvo en cuenta en la  resolución  de  acusación como la que se produjo en el término probatorio del  juicio,  olvidando  que  la  sentencia impugnada llega a esta sede ungida por la  doble  presunción  de acierto y legalidad, susceptible de ser desvirtuada sólo  en  la  medida  en que se demuestre que adolece de errores de hecho o de derecho  verdaderamente  trascendentes,  nada  de lo cual pudo demostrar el libelo con el  que se malogró el extraordinario recurso.   

         

         En  mérito  a  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

        No casar el fallo impugnado.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                   

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                           NILSON PINILLA  PINILLA                                

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *