12099(18-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 12099  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

                                Magistrado ponente:   

          Dr. HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

          Aprobado Acta No. 082    

Bogotá D.C., dieciocho (18) de julio de dos  mil dos (2002).   

         

Conoce  la  Corte  del recurso de casación  impetrado  por  el  procesado  JUAN  GUILLERMO  OCHOA  VELÁSQUEZ  contra  el fallo proferido el 15 de marzo  de  1996  por  el Tribunal Superior de Medellín, que confirmó integralmente el  dictado  el  18  de diciembre anterior por el Juzgado Tercero Penal del Circuito  de  la  misma ciudad, mediante el cual lo condenó a veintiún (21) años y tres  (3)  meses  de  prisión, interdicción de derechos y funciones públicas por un  término  de  ocho  (8)  años  y  al  pago  en concreto de perjuicios morales y  materiales,  como  autor del delito de homicidio simple cometido en Fabio Pérez  Valencia.   

         HECHOS   

         A  eso de las ocho de la noche de 13 de julio de 1995, cuando en la  residencia  ubicada  en  la  calle  41  No. 43A-09 de San Diego, en la ciudad de  Medellín,  Fabio Pérez Valencia acompañado de Iván de Jesús Acevedo Ocampo,  observaban  por  la  televisión  un  partido  de  fútbol,  hizo su arribo Juan  Guillermo  Ochoa  Velásquez,  en  avanzado estado de embriaguez por lo cual fue  reprendido  por  Pérez  Valencia  a la vez que lo instaba a desalojar su hogar,  como  también  lo  hizo  Nélida  Álvarez  cuando  el intruso se dirigió a la  cocina  en  donde  ella se encontraba. Ante tales insinuaciones respondió Ochoa  Velásquez  con  un desafío a Pérez Valencia para pelear y cuando se dirigían  con  ese  propósito a la puerta de acceso a la calle, Ochoa Velásquez provisto  de  un  cuchillo  se  lanzó de manera intempestiva contra Fabio Pérez Valencia  hiriéndolo  tan  gravemente  que  a consecuencia de la herida causada falleció  posteriormente  no  obstante  el  auxilio prestado por quienes se hallaban en el  lugar.   

                    ACTUACIÓN  PROCESAL   

         La  investigación  fue  iniciada por la Fiscalía Seccional 153 de  la  Unidad  Segunda  de  Reacción inmediata, vinculando mediante indagatoria al  mencionado     OCHOA  VELÁSQUEZ  (fl.  17 a 19)  quien  aceptó  su  participación  en  los hechos.  El Fiscal Delegado 128  Seccional  de la Unidad de Delitos contra la Vida, dictó en su contra medida de  aseguramiento   de   detención   preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación  (fl.  41 y ss.).   

         Recibidas   algunas   declaraciones  y  ampliada  la  injurada  del  procesado  (fl.  53 a 56) el instructor dispuso que por el Instituto de Medicina  Legal  -Sección  Psiquiatría,  se  evaluara al imputado a fin de determinar si  para  el  momento de los hechos, dados sus antecedentes judiciales y familiares,  así  como  también  por su estado de embriaguez, le permitía tener conciencia  de  sus actos, o por el contrario padecía alguna clase de trastorno mental (fl.  67).   

                                               Allegadas  varias pruebas documentales sobre antecedentes clínicos  y  judiciales,  lo mismo que el correspondiente dictamen forense sobre el estado  mental  de  Ochoa  Velásquez, se clausuró la etapa instructiva el 2 de octubre  del  citado  año  (fl.  160),  determinación que se mantuvo ante el recurso de  reposición  interpuesto  por  la defensa (fl. 162 y 164) Vencido el traslado de  ley,  la  Fiscalía  128  Seccional  de Medellín, calificó el sumario mediante  resolución  acusatoria  de  fecha  14  de  noviembre  de  1995, imputándole al  procesado el delito de homicidio simple (fl. 169 a 177).   

               El  Juzgado  Tercero  Penal del  Circuito  de  Medellín  avocó  el  conocimiento, ordenando dar cumplimiento al  artículo  466 del Código de Procedimiento Penal (fl. 184), empero, con fecha 7  del  mes y año en mención, Ochoa Velásquez manifestó por escrito su deseo de  “acogerse  a  la  sentencia  anticipada  del  proceso;  aceptando  los  cargos  formulados en la resolución de acusación” (fl. 186).   

         El  18  de  diciembre  de  1995  el Juzgado del conocimiento dictó  fallo  condenatorio  mediante  el  cual  impuso a JUAN  GUILLERMO  OCHOA VELÁSQUEZ veintiún (21) años   y   tres   (3)  meses  de  prisión como autor del delito de homicidio  voluntario,   hecha  la  deducción de una sexta parte por acogimiento a la  sentencia  anticipada,   además  de  otras  determinaciones  que  se  dejaron  consignadas  al  comienzo  de  esta  providencia  (fl.  187  a  200).   

         Recurrido  el  fallo  por  la  defensora,  el  Tribunal Superior de  Medellín  lo  confirmó  integralmente  el  15 de marzo de 1996 (fl. 209 a 219)  Contra  éste,  el  procesado  manifestó  su  inconformidad  al  momento  de la  notificación  personal  consignando  la  expresión “Apelo” (fl. 219 vto.),  razón  por  la  cual  el Magistrado sustanciador interpretó esa manifestación  como  la  interposición del recurso extraordinario de casación, concediéndolo  por auto del 7 de mayo siguiente (fl. 236).   

         LA   DEMANDA   

                 El  nuevo  defensor  presenta  tres  cargos  con apoyo en la causal  tercera  de  casación,  por  considerar  que  la  sentencia se dictó en juicio  viciado de nulidad.   

         Primer cargo.   

         Aduce  el  actor  la  violación  al  derecho  de  defensa desde el  comienzo  mismo de la investigación, al tenerse conocimiento sobre el estado de  inimputabilidad  del  sindicado dada su condición psiquiátrica afectada por su  farmacodependencia,  como  de  la  existencia  de  otros procesos seguidos en su  contra  que  culminaron  con  sentencia  condenatoria, amén de los antecedentes  familiares,   ya   que,   por  ejemplo,   un  primo  y  un  tío  sufrieron  enfermedades  mentales,  un  hermano era  alcohólico y farmacodependiente,  hasta el punto de que uno de ellos se suicidó.   

         Juan  Guillermo  Ochoa  durante  las detenciones que sufrió estuvo  interno  en  los anexos psiquiátricos de la Picota y Bellavista, no obstante lo  cual   y  dado  su  comportamiento  extraño y enfermizo, nada se hizo para  adjuntar  toda  la  documentación al proceso, incluidas las historias clínicas  de  sus  parientes  más cercanos que recibieron tratamiento psiquiátrico y con  todo ello establecer  su salud mental.   

         Destaca  que  a  pesar de la solicitud vehemente de la Defensa para  que  se  certificara  sobre  los  tratamientos  en  los centros de reclusión ya  mencionados,  la  Fiscalía  olímpicamente  declaró cerrada la investigación,  con lo cual se vulneró el derecho de defensa de su asistido.   

         Considera  que  si  no  se  estudia  la  herencia patológica, las  historias  clínicas  completas,  los antecedentes judiciales, los documentos de  las  dependencias  psiquiátricas  de  la  cárcel,  la experticia psiquiátrica  oficial  emitida  sin  estudio  de  esa  documentación  previa,  es  una prueba  “mentirosa que no clarifica nada”.   

        Segundo cargo.   

        Estima  que  en  los  casos  de  procesado farmacodependiente o de  estado  mental  fronterizo,  las  providencias  judiciales deben ser notificadas  personalmente  al  abogado  defensor,  como garantía de la defensa técnica del  imputado,  pues  el  drogadicto generalmente no sabe lo que firma ni entiende el  contenido de las providencias que se le notifican.   

        Por     consiguiente,     la    resolución     de   acusación,   por   ser  un acto causa que condiciona el juzgamiento y  constituye  el  soporte  de  la  sentencia,  así como el proveído del juez que  avoca  el  conocimiento  del  proceso,  dejándolo a disposición de los sujetos  procesales,  según  el  artículo  446  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  debieron  notificarse  en  forma  personal  al  defensor  y  no  propiciarse  la  ejecutoria  de  esos  proveídos con la simple notificación al acusado, dada la  trascendencia   que   para   el   imputado  tienen  tales  decisiones  y  habida  consideración   de   sus   deficiencias   en   razón   de   tratarse   de   un  farmacodependiente, proceder que vulnera el derecho de defensa.   

        Tercer cargo.   

        El  derecho  a  la  defensa  técnica del procesado se vulneró al  designársele  apoderado de oficio única y exclusivamente para la indagatoria y  ampliación  de  esta  diligencia.  Ello  significa  que  el  defensor,  una vez  culminada  la  diligencia  desaparece  de  la escena procesal, lo que constituye  procedimiento  lesivo  de  los  intereses  del imputado, pues la actuación así  cumplida, implica desconocimiento del referido derecho.   

        Solicita  casar  la  sentencia impugnada y decretar la nulidad del  proceso  a  parir  del cierre de investigación, ordenando practicar las pruebas  pertinentes y corregir los errores anotados.   

        EL MINISTERIO PÚBLICO   

        El    Procurador   Primero   Delegado   en  lo  Penal,  con  relación  al  primer cargo,   estima   que   el  actor  incurre  en  desaciertos  que  hacen  impróspera    la   censura,  destacando  que  jurisprudencialmente  se  ha  establecido  que  tratándose  de  la causal tercera de casación, el demandante  debe  señalar  con  toda claridad la clase de nulidad invocada, los fundamentos  de ella y, además, citar las normas infringidas.   

        Y  si  se  trata  de la violación del derecho de defensa, deberá  determinar  la  actuación procesal que considere lesiva, especificando la norma  que  se  considera  violada  y,  con  precisión,  la forma como incidió en las  decisiones   adoptadas   en   contra  del  procesado,  aspectos  que  no  fueron  demostrados por el actor en el caso concreto.   

                Desconoció  el  libelo  el  principio  de  autonomía  de  las  causales  de  casación,  pues  al tratar de  demostrar  la  nulidad  por  violación  del  derecho  de  defensa,  entremezcla  argumentos  que son propios de la causal primera, por un supuesto error de hecho  en la apreciación de la prueba.   

        La  imputabilidad del procesado fue determinada por el juzgador al  considerar  la  prueba  recaudada,  la  que  demuestra sin duda alguna que Ochoa  Velásquez    ejecutó    el    hecho    comprendiendo   la   ilicitud   de   su  conducta.   

        Concluye  que  el  demandante contrapone su personal criterio a la  valoración  que  hizo el sentenciador del dictamen de siquiatría, lo que no es  de recibo en casación.   

        Frente      a      la      segunda  censura,  estima el Ministerio Público que no está  llamada  a  prosperar,  porque  la  resolución  acusatoria  fue  notificada  al  procesado  detenido,  luego  no  era  obligación   hacerlo  en forma   personal   con   su  defensor, conforme  a  lo previsto  en el numeral 3° del artículo 59 de la Ley 81 de 1993.   

        Respecto   del  auto  de  traslado  para  la  preparación  de  la  audiencia  pública, según el artículo 186 del Código de Procedimiento Penal,  se   le   notificó   personalmente  al  procesado  y  al  Ministerio  Público,  cumpliéndose  así  lo  previsto  en  el  artículo  188  ibídem.  Además, el  defensor  tuvo  la  posibilidad  de  conocer el contenido de las providencias en  mención  y  su actuación fue diligente en el curso del proceso, con lo cual el  acusado ha gozado del derecho fundamental a una defensa técnica.   

        En    relación    con    el   tercer  cargo,  la  Delegada  advierte que si bien es cierto  que  al  procesado  se  le  designó  una defensor de oficio únicamente para la  indagatoria  y  su ampliación, también lo es que de acuerdo con lo previsto en  el  artículo  139  del Código de Procedimiento Penal anterior, el nombramiento  de  defensor hecho desde la indagatoria o en cualquier otro momento procesal, ha  de  entenderse hasta la finalización del proceso, luego, el acusado no careció  de  defensa  en  el  curso de la etapa sumarial, pues continuó representado por  los  mismos  profesionales  del  derecho  que lo asistieron hasta cuando otorgó  poder a un defensor público.   

        CONSIDERACIONES    DE    LA    CORTE   

        1.  El examen conjunto de los cargos presentados contra los fallos  que  culminaron  las instancias por el procedimiento anticipado del artículo 37  del  C.P.P. anterior (artículo 40 de la ley 600 de 2000), está determinado por  la  unidad de solución jurídica que debe adoptarse, en este caso vinculada con  el interés del sujeto procesal impugnante.   

                                            2.  La  jurisprudencia  ha sostenido que cuando el fallo impugnado  en   casación  corresponda  a  una  sentencia  proferida  dentro  del  trámite  abreviado,  los aspectos respecto de los cuales puede interponerse la apelación  también  condicionan  la  viabilidad  de la casación, sin que resulte acertado  plantear  temas  distintos  a los establecidas por el artículo 37 B del Código  de  Procedimiento  Penal  (hoy  40  –   10),  el  que autoriza, entre otros  sujetos   procesales,   al  defensor  y  al  procesado,  a  cuestionar  la   individualización   judicial  de  la  pena,  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  la  extinción  de dominio sobre bienes (en la nueva  legislación  procesal penal los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de  la  libertad  y  los  aspectos relacionados con la indemnización de perjuicios,  cuando la parte civil tenga interés).   

                                            Además,  debe  agregarse  el interés que le asiste a los sujetos  procesales  para acudir a la causal tercera de casación a fin de obtener que la  actuación  judicial  se  reponga  cuando  la  sentencia  se  ha  dictado en una  actuación  afectada  por  vicios  de  estructura  o  con desconocimiento de las  garantías  fundamentales,  pero  siempre y cuando la formulación corresponda a  una  situación  amparada  legalmente  y  no  a  una  excusa  para desconocer el  trámite y los cargos validamente aceptados.   

                                            En   la   sentencia   anticipada  el  incriminado  renuncia  a  la  controversia   fáctica   y  jurídica  para  allanarse  expresa,  voluntaria  y  libremente   a   los   cargos   que   le  formule  la  fiscalía,  aceptando  la  responsabilidad  penal por el hecho imputado. El reproche penal así admitido se  rige  por  el  principio  de  intangibilidad,  esto  es,  que  no  le es dado al  procesado pretender su modificación o retractación.   

                                            3.   El  actor reclama la nulidad  de  la  actuación  por omitirse la práctica de pruebas tendientes a establecer  la       inimputabilidad      del      procesado,       y      desconocerse   el   derecho   a   la  defensa  técnica,  situación  ésta  última que se originó en el hecho de habérsele limitado la  designación  oficiosa  del  defensor  a  la  realización de las diligencias de  indagatoria  y  ampliación  de  la  misma,  y  en  no  haberse  notificado a la  apoderada  personalmente  la  resolución de acusación y el auto que ordenó el  traslado   previsto   en   el   artículo   446  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

                                       4.  Los  cargos  presentados en la demanda de casación desconocen  el  citado  principio de intangibilidad, puesto que el propósito del impugnante  no  es  otro  que  retractarse  de la autoría y responsabilidad penal admitida,  para  reabrir  el  debate,  reformulando los hechos, las pruebas, la imputación  jurídica  y  sus  consecuencias, a fin de desconocer que se obró con capacidad  para  comprender  y  determinarse,  todo lo cual en su momento ante la Fiscalía  admitió  el  procesado con la asistencia de su defensor técnico, para acogerse  a la sentencia anticipada.   

                                                Una  referencia  al  registro  histórico  del  expediente  hacen  evidente que las irregularidades sustanciales que denuncia el  casacionista  no  son  más  que un pretexto para desconocer lo que el procesado  convalidó   al   aceptar   los   cargos   formulados   en   la  resolución  de  acusación.   

                             En efecto:   

                               4.1.  El recurrente, para  desconocer  la  imputabilidad del inculpado que el juzgador admitió con base en  lo  acreditado  en  el  proceso,  centra  su  esfuerzo en demostrar que desde un  comienzo   se   tuvo   conocimiento   de   la  situación  psiquiátrica  de  su  representado,  dada  su  condición  de farmacodependiente y de los antecedentes  penales  y familiares, refiriéndose a lo dicho por el imputado en la diligencia  de  indagatoria  (fls.  17  a  19)  y a una evaluación mental realizada a Ochoa  Velásquez por el Dr. Ramón Emilio Acevedo Cardona (fl. 21 a 24)   

         

        Precisamente,  por  existir en el proceso la información a que se  refiere  la defensa, el instructor por auto de fecha 31 de julio de 1995 dispuso  que  se  realizara por parte de los psiquíatras del Instituto de Medicina Legal  -Seccional   Antioquia,  examen  al  sindicado  JUAN  GUILLERMO          OCHOA         VELÁSQUEZ, para dictaminar si para el  momento  en  que  ejecutó  la conducta criminal que se le imputa, la muerte del  señor  FABIO  PÉREZ VALENCIA, “teniendo en cuenta  sus   variados   antecedentes   judiciales   y   de  otros  órdenes  y  el  hecho  de  soportar un tercer  grado  de  embriaguez”,  tenía  total  y completa  conciencia  de lo que hacía y las repercusiones que ello acarreaba, o si por el  contrario,  “padecía  alguna  clase  de trastorno  mental  transitorio  que  dé  lugar  a  que  se  le  pueda  tener  como persona  inimputable” (f”. 67)   

        El   perito  psiquiatra  (Fls.  120  a  124)  luego  de  hacer  la  evaluación   personal,   familiar,  procesal,  histórica  y  clínica  que  la  situación    del    inculpado    demandaba,    llegó    a    las    siguientes  conclusiones:   

“JUAN  GUILLERMO          OCHOA         VELÁSQUEZ,   es   un  consumidor  de  tóxicos,  quien  al  momento  de  los  hechos  que  se  le  imputan, tenía una  alcoholemia  calculada  en  188  mg%,  mal  colaborador  durante  la evaluación  psicológica,   descrito   por   quienes   lo   conocen   como  ´´Normal´´,   pero   ´´agresivo´´  cuando  se  embriaga  y  ´´se  hace  con  payasadas para que la familia de él le dé dinero´´, folio  49.  Además  ´´la  familia de él está luchando para hacerlo pasar por loco,  para ver si les dan una pensión del papá´´, folio 51”.   

“Al  momento  de  los  hechos  que se le  imputan,  reunía las condiciones psicológicas necesarias para valorar, dirigir  y  comprender  la trascendencia de sus actos (desafía a la víctima, la agrede,  amenaza  a  los  testigos de denunciarlos como vendedores de aguardiente y pepas  si lo denunciaban y huye)”.   

“No  actuó bajo trastorno mental, no es  inmaduro  psicológico  y  la  embriaguez al momento de los hechos no anuló las  facultades de comprensión ni de autodeterminación”.   

“Algunos  actos  bizarros  como  comer  cucarachas,  son  un  recurso  para conseguir dinero y subsidiarse el consumo de  tóxicos”.   

                                            Por  resolución  de  fecha  8  de  septiembre  de 1995 se ordenó  correr  traslado del anterior dictamen a los sujetos procesales, providencia que  fue  notificada  personalmente  al  sindicado,  a  su  defensora y al Agente del  Ministerio Público (fl. 127)   

                                            Con  oficio  No.  4708 del 13 de septiembre de 1995, el Fiscal 128  Delegado  remitió  al  Forense  doctor  RICARDO  BERNAL JARAMILLO, quien había  hecho  la referida evaluación psiquiátrica al inculpado, junto con la historia  clínica   del   Hospital  Mental  de  Antioquia  perteneciente  a  JUAN  GUILLERMO  OCHOA  VELÁSQUEZ (fl.  70  a  82)  para  que  manifestara  si  teniendo en cuenta dichos documentos, se  ratificaba  en el dictamen emitido. El psiquiatra Bernal Jaramillo, en respuesta  del  25  de  los  citados  mes  y año, da cuenta al instructor que “He  leído  cuidadosamente la fotocopia de la historia clínica  No.   55703,  del  Hospital  Mental  de  Antioquia  y  perteneciente  al  señor  JUAN    GUILLERMO     OCHOA    VELÁSQUEZ  y  en  realidad  no aporta  nada  nuevo al proceso por cuanto su condición de farmaco-dependiente ya me era  conocida  y  en  consecuencia,  me  ratifico  totalmente en lo conceptuado en la  peritación   SQ.95-344   del   día   29  de  agosto  de  1995”  (fl. 159).   

        También  se  allegó al proceso fotocopia de la Historia Clínica  de  Ochoa  Velásquez que reposa en el Instituto de Seguros Sociales – Seccional  Antioquia – (fl. 104 a 117).   

        Resulta  claro entonces que el instructor previamente al cierre de  investigación  para  calificar su mérito, dispuso no solamente que el imputado  fuese  reconocido  por  un  psiquiatra  oficial, sino que puso a disposición de  éste  todo  el material probatorio con que contaba para ese momento, obteniendo  un  dictamen claro e inequívoco, que no fue objetado por ninguno de los sujetos  procesales  dentro  del  término  legal,  ni tampoco se solicitó ampliación o  aclaración del mismo.   

        La  defensa  se  limitó a solicitar el testimonio de Martha Ochoa  Velásquez  y certificación de las directivas de las Penitenciarías Central de  Colombia  La  Picota  y  Bellavista, de si la anterior privación de la libertad  del  incriminado  se realizó en el  “anexo psiquiátrico, cuáles fueron  las  causas  para  enviarlo  allí y cuánto tiempo permaneció en ese lugar”.  Además,  si  en el último establecimiento citado, “se le está suministrando  algún  tipo  de  droga  y  en  razón a qué” y sobre su comportamiento en el  penal  (fl. 135 y 136).   

        Dichas  pruebas  fueron  decretadas  por  el  instructor  (fl. 136  vto.),  oficiando  de inmediato a los respectivos establecimientos de reclusión  (fls.  137  y  138) y recibiendo finalmente testimonio a la hermana del imputado  señora MARTHA CECILIA OCHOA VELÁSQUEZ (fl. 139 y 140)   

        Así  las  cosas,  no  resulta  exacta la afirmación del actor en  cuanto  estima  vulnerado  el derecho de defensa de su representado. Adviértase  que  una  vez clausurada la investigación (fl. 160), la defensora impugnó esta  providencia,  aduciendo   que  varias  de  las  pruebas  que consideraba de  importancia  para efectos de la defensa del señor Ochoa (fl. 162) no se habían  allegado,  empero,  esas  pruebas  se  reducían  a  que  los  directivos de las  Penitenciarías   La   Picota   y  Bellavista,  expidieran  las  certificaciones  solicitadas  mediante los oficios Nos. 4824 y 4825 (fl. 137 y 138) las cuales en  nada   modificaban   lo   acreditado   en   cuanto   a   la   imputabilidad  del  incriminado.   

        Mediante  resolución  de  fecha 17 de octubre del citado año, el  instructor  negó la revocatoria del cierre de investigación, dando las razones  de  su  decisión (fl. 164 y 165) sin que por ello pueda afirmarse que se violó  el  derecho reclamado y que se impone la invalidación de la actuación a partir  de esa precisa actuación, como lo solicita el actor en su demanda.   

        La  insania  que  hubiera  inhabilitado al procesado a aceptar los  cargos  formulados por la Fiscalía en la diligencia prevista en el artículo 37  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  a  comprender  o determinarse para el  momento  de  la  consumación  del reato y que ha servido de base al censor para  formular  tal  reclamación,  es procesalmente inexistente. Lo cierto es que tal  aspecto  fue  dilucidado  probatoria  y  jurídicamente  antes de adelantarse el  trámite  de  la sentencia anticipada, y lo que expresa el cargo, no es más que  una  manifiesta  inconformidad  con  la  conclusión a la que llegó el juzgador  sobre  la imputabilidad, lo cual orientaría el reproche hacía la culpabilidad,  aspecto  sobre  lo  cual carece de interés jurídico el recurrente, al no poder  discutir   la   responsabilidad   ni   sus   fundamentos,   con  el  inadmisible  retractación  de  los  cargos  admitidos  en  su  momento  de  manera  libre  y  voluntaria en los términos del artículo 37 del C.P.P.   

                                            4.2.  La  segunda  de  las censuras es desestimable igualmente por  falta  de  interés,  al pregonar la nulidad partiendo del supuesto propuesto en  el  cargo  primero,  la  inimputabilidad del procesado, no se hace otra cosa que  retractarse  respecto  de  la  situación  y  actuación  jurídica  admitida al  aceptar  los  cargos,  respecto  de lo cual, en el acápite anterior se dieron a  conocer  las  razones  por  las  que  resultaba  improcedente  en  este caso tal  alegación.   

                          Como  ya  se dejó consignado, el libelista lo  hace  consistir  en  que  la  Fiscalía  desconoció  el  derecho  a  la defensa  técnica,  por  haber  dejado  de  notificar en forma personal a la defensora de  Ochoa  Velásquez la resolución de acusación y el auto que ordenó el traslado  previsto  en  el  artículo  446 del Código de Procedimiento Penal, dado que la  inculpada carecía de capacidad para comprender y determinarse.   

        La  Fiscalía, de conformidad con el dictamen de Medicina Legal ya  comentado  en  el cargo anterior, admitía que OCHOA VELÁSQUEZ al momento de la  ejecución  del  hecho  “reunía  las  condiciones  psicológicas  necesarias para valorar, dirigir y comprender la trascendencia de  sus  actos.”,  situación persistente en el tiempo  posterior,   por   tanto,  en  ninguna  irregularidad  sustancial  incurrió  la  Fiscalía  128  Seccional  al notificar personalmente al inculpado, así como al  Ministerio  Público  (fl.  178),  la  resolución  que  lo  convocó  a  juicio  criminal,  el 14 de noviembre del citado año de 1995. De destacarse aquí que a  la  defensora  se  le  envió  comunicación  telegráfica y se le dejó mensaje  telefónico  para  que  compareciera a la secretaría de la Fiscalía con el fin  de  notificarla  personalmente  de  dicha  providencia  (fl.  179 y 180) y al no  atender  los  requerimientos  se le notificó mediante el estado número 108 del  22  de  los  citados mes y año, causándose la debida ejecutoria por no haberse  interpuesto  recurso  alguno.  El  procedimiento  se  ajustó  a  lo establecido  por   la  ley 81 de 1993 (art. 59) para notificar esta clase  de   providencias.   

        Menos  podría  aceptarse  que se afectó el derecho de defensa de  Ochoa  Velásquez  por  el  hecho de no habérsele notificado personalmente a la  apoderada  el auto de fecha 1° de diciembre siguiente, mediante el cual el Juez  3°  Penal  del  Circuito  de  Medellín  avocó  el  conocimiento del proceso y  dispuso  correr  traslado a los sujetos procesales para los efectos previstos en  el  artículo  446  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  proveído  que  fue  notificado  personalmente  al  imputado, al Fiscal y al Ministerio Público (fl.  184),  librándosele  a  la  defensora comunicación telegráfica para idéntica  finalidad (fl. 185)   

                    Si  el  funcionario  judicial  profiere  auto  asumiendo  el  conocimiento  del asunto y  ordena   que   el  trámite  previsto  por  el  artículo  446  del  Código  de  Procedimiento  Penal  se surta en la secretaría, como en este caso se hizo, esa  determinación,  por  ser  de simple impulso procesal (art. 179-3 y 186 Ib.), no  requería  de la notificación que echa de menos el censor. Las notificaciones y  comunicaciones  que  se  libraron  por  la  secretaría  como consecuencia de la  providencia   en  mención  acrecentaron  pues  las  garantías  a  los  sujetos  procesales   más   allá   de   lo  dispuesto  por   la  ley  1   

.  

        Debe  decirse, además, que el término previsto por el legislador  para   que   los   sujetos   procesales   solicitaran   pruebas,  prepararan  su  intervención  en audiencia pública y solicitaran las nulidades que, originadas  en  la  etapa de instrucción  no hubieran sido aún resueltas, ni siquiera  se  inició,  dado  que  el  procesado el  7 de diciembre de 1995, en forma  expresa,  manifestó  al  Juez  del  conocimiento  su  deseo  de  acogerse  a la  sentencia  anticipada  prevista  en el inciso 6° del artículo 3° de la Ley 81  de  1993  que  modificó  el  artículo  37  del Código de Procedimiento Penal,  “aceptando los cargos formulados en la resolución  de  acusación” Fl. 186), luego la presunta nulidad  por inadecuada notificación a   

la    defensora,   resulta   ser   improcedente   alegación   de   una   supuesta   violación   del   derecho  de  defensa.   

                                       4.3.  Para la defensa se incurrió en nulidad procesal que amerita  su  declaratoria  a partir del cierre de investigación, al serle desconocido al  inculpado  el  derecho de estar asistido por un abogado en el desarrollo de todo  el  proceso,  pues  que tanto en la diligencia de indagatoria  como en  su  ampliación,  no  contó  con  un defensor de confianza y apenas  se le  designó  uno  de  oficio para esas concretas diligencias, razón por la cual se  dejó  al  procesado  sin  defensa frente a muchas actuaciones procesales, al no  contar con un abogado en forma permanente.   

                                            La  Sala  insistentemente  ha  recriminado  la utilización de los  recursos  en  el  trámite  de  las  sentencias anticipadas, cuando con ellos se  buscan  amparar  intereses  ajenos  a los que el legislador ha permitido. A este  respecto  la Corte, con ponencia del Magistrado doctor FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL,  señaló:   

“Así,   no  resulta  suficiente  para  legitimar  un  cargo  en  eventos  como  el  presente,  es  decir,  de sentencia  anticipada,  el  afirmarse  que  se formula por la vía de la nulidad, cuando su  argumentación  tiende  es  a  demostrar  la  retractación de la aceptación de  cargos  que  previa  y  oportunamente  ha  hecho  el  procesado,  ya que el  interés  para  recurrir  que  inicialmente  podría  amparar  la  solicitud  de  invalidez  no  puede surgir de la habilidad en mimetizarlo frente al texto de la  demanda,  sino  de  la permisión legal que ampare la pretensión”2   

.  

    

                                  La   directa   relación  y  pertinencia    de   los   señalamientos   hechos   en    la   citada   providencia   con  los  planteamientos  expuestos  en el tercer cargo de la  demanda,  constituyen  un soporte de la decisión que en este caso ha de adoptar  la  Sala,  dado  que,  como  se  verá  en  seguida,  la  nulidad con base en el  desconocimiento  del  derecho  a la defensa  técnica, no  corresponde  objetivamente  a  la  realidad  procesal,  su  desconocimiento es para el censor  solamente  la estrategia para desconocer los cargos que aceptó para el trámite  de la terminación del proceso por sentencia anticipada.   

        Es  cierto  que  en  la  diligencia  de  indagatoria el instructor  designó  como defensor de Ochoa Velásquez al abogado con T.P. 19.292 solo para  esa  diligencia  (fl.17),  y  para  la ampliación de la misma, se le nombró al  abogado  con  T.P.  55.734,  advirtiéndose  que lo era “únicamente para esta  diligencia” (fl. 53)   

        Sin  embargo,  debe precisarse que la diligencia de indagatoria se  llevó   a   cabo   el   sábado  15  de  julio  de  1995  (fl.  17  a  19)  resolviéndosele  su  situación jurídica el miércoles 19 siguiente con medida  de  aseguramiento  de detención preventiva sin beneficio de excarcelación (fl.  41  a  44)  Para  la  notificación  de  la  referida  decisión, según informe  secretarial  de  fecha  21  de  julio (viernes)  se llamó a la oficina del  apoderado   de   Juan  Guillermo  Ochoa  Velásquez,  dejándosele  información  relacionada  con  la notificación correspondiente a la situación jurídica del  sindicado  (fl.  45)  Empero,  como  en  la  misma  fecha  se  llevó  a cabo la  diligencia   de  ampliación  de  su  indagatoria,   se  le  designó  otro  profesional  del  derecho,  para  garantizarle el derecho de defensa y el debido  proceso.(fl. 53 a 56).   

        El   5 de septiembre del mismo año, Ochoa Velásquez otorgó  poder  a una defensora pública (fl. 102), quien fue reconocida y posesionada de  inmediato  como  tal  (fl.  102v y 103)  momento a partir del cual cumplió  sus   deberes   profesionales,  llegando  hasta  la   sustentación  de  la  apelación  de  la sentencia de primer grado, pues proferida el fallo de segunda  instancia,  para los efectos del recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  propio acusado, éste otorgó poder a quien ahora lo representa ante la  Corporación (fl. 252).   

         

        El  derecho  de  defensa  técnica corresponde examinarse como una  unidad  durante  el  trámite  del  proceso  hasta  su finalización y de manera  integral  han  de  analizarse  las gestiones cumplidas por los varios defensores  que  actuaron  a  nombre  del  inculpado,  y  si  esta es la situación que  corresponde  a  este  proceso,  ya que desde que se vinculó JUAN GUILERMO OCHOA  VELÁSQUEZ  como  sujeto  procesal  y  hasta  el  trámite casacional, ha estado  asistido,  en  su  orden  y  en  las  diferentes  fases  del proceso, por cuatro  profesionales  del  derecho, igualmente puede sostenerse que su defensa técnica  no ha estado desamparada.   

        La  referencia  fragmentada  acerca  del ejercicio de la garantía  fundamental  en  el  proceso  y  que  se  denuncia  como quebrantada, genera una  concepción  parcializada, incompleta e irreal de lo acontecido en este aspecto,  como      así      se     demuestra     en     esta     providencia.   

        La  presencia  del  profesional  del  derecho  en la diligencia de  indagatoria  o  ampliación  de la misma es un acto de defensa técnica, derecho  que  no queda huérfano con la finalización de la diligencia, pues el artículo  139  del  C.P.P.  vigente a ese momento  imponía que la designación hecha  se  entiende  hasta la finalización del proceso, y en este caso, los defensores  de  oficio  lo  fueron  hasta  cuando  el procesado otorgó poder a la defensora  pública, la que actúo hasta la culminación de las instancias.   

        También  constituyen manifestaciones materiales del ejercicio del  derecho  de  defensa  técnica  el  acceso  al  expediente  y  el  control  a la  actuación,  actividades  éstas  reveladas  con  la  notificación  personal al  apoderado  de  OCHOA  VELÁSQUEZ de las providencias que dispusieron el peritaje  psiquiátrico    y    la    medida    de    aseguramiento    (fl    –  68),  el  trasladado del dictamen  (fl.  127,  el  cierre  de  investigación (fl. 160), la petición de copias del  expediente  (fl.  130)  y  de  pruebas  (fl.135),  la  práctica  del testimonio  solicitado  (fl.  139),  y  la  interposición  de  los  recursos,  como  el  de  reposición   (fl.   162)   y   apelación  (fl.202)  Estas  gestiones  conducen  lógicamente  a  entender  que  al  procesado  no  se le afectó el derecho cuyo  amparo reclama en el cargo.   

                               Cada  uno de los defensores de  JUAN   GUILLERMO   OCHOA  VELÁSQUEZ  tuvieron  la  oportunidad  de  conocer  la  actuación  del  antecesor  y de orientar la que asumía, contando para ello con  el  conocimiento  del contenido del proceso y de las pruebas recaudadas desde el  principio  de la instrucción. En estas condiciones, las acciones u omisiones en  el  cumplimiento  de  sus  labores no obedecieron necesariamente al abandono del  deber  profesional  que  el  cargo  les  imponía, como lo señala la demanda de  casación,  pues  bien puede corresponder a una actitud, alternativa o modalidad  en  la  gama  de estrategias y maneras que el caso permitía y el hecho mismo de  no   haberla   asumido   de   forma   ostensiblememente  activa,  no  constituye  desconocimiento del derecho de defensa técnica.   

                 5. De otra  parte,  la  Sala  ha  venido  señalando  que  el  ajuste  punitivo  que pudiere  derivarse  de la aplicación por favorabilidad de los preceptos de la ley 599 de  2000,  debe ser considerado por el correspondiente Juez de Ejecución de Penas y  Medidas de Seguridad (artículo 79-7 L. 600 de 2000)   

La  presente providencia no admite recurso  alguno  y  como  no  sustituye  la  sentencia  recurrida,  de conformidad con el  artículo  187  del  actual  código  de  procedimiento penal (197 del anterior)  queda  ejecutoriada  el  día  en que la suscriban los magistrados de la Sala de  Casación Penal.   

       En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

        RESUELVE   

       1°.      NO     CASAR   la  sentencia  recurrida  de  fecha,  origen  y  naturaleza  ya  precisados.   

       2°.  Vuelvan  las  diligencias  a  la  oficina de origen, comuníquese y cúmplase.   

                  ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                                                                 JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                                                                CARLOS  A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                           EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                                                      

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR                                             NILSON  PINILLA     PINILLA                             

                        TERESA RUÍZ NÚÑEZ   

                      Secretaria   

    

1  C.S.J.  Sent. Cas. Rdo. 11.309,noviembre 25 de 1999,  M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll.   

2  Casación 11856, agosto 11/99 M.P. Dr. Carlos A. Gálvez Argote.   

    

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