17601(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17601  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 73  

Bogotá,  D. C.,  nueve (9) de julio de  dos mil dos (2002).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  RAÚL CASTRO CIFUENTES.   

A N T E C E D E N T E S  

1. El proceso contiene dos causas acumuladas,  en   las   que   el   Tribunal   Superior   de  Bogotá  sintetizó  los  hechos  así:   

“…Se trata de  dos episodios, ocurridos en diferentes fechas…   

“El  primero,  ocurrido  siendo  aproximadamente las dos y media de la mañana del domingo 3 de  agosto  de  1997, en el sitio de la vía pública, ubicado en la transversal 4ª  N°  3A-99,  barrio  Pablo  Sexto  de  esta  ciudad  (Bogotá), que en la actual  nomenclatura  urbana  corresponde  a  la  calle  69 B frente al N° 78 A-04 sur,  relacionado  con  el  homicidio, mediante arma de fuego, de los jóvenes VIVIANA  DEL  PILAR  ORTEGÓN  SALGADO,  FRANCISCO  JAVIER  LOPERA  POBRE,  JEISON FABIEN  GARZÓN   ALCÁNTARA,   JHON   JAIRO   RAMÍREZ   y  MANUEL  ANTONIO  GUTIÉRREZ  ARIZA.    

“Se  sabe que,  desde  aproximadamente  las  ocho  de  la  noche del sábado anterior, numerosos  jóvenes,  entre  ellos  los  hoy  acusados,  departían  en  el establecimiento  público        denominado       ‘Miniteca       Mancho’,  ubicada  en  la calle 1ª A N° 13 A-52 y 56, barrio Los Olivos,  administrado   por   su   propietario   Germán  Arcila  Damelines;  que  siendo  aproximadamente  las  once  y  media  de  esa  noche,  se  presentó allí grave  trifulca  entre  los  asistentes,  con  resultado de varios heridos, por lo cual  fueron  desalojados  del lugar, trasladándose la mayoría de aquéllos hasta un  establecimiento  similar,  denominado  ‘La   Rocola   de   Fercho’,  ubicada  en la calle 11 N° 12-12 del mismo barrio, atendida por  su propietario Carlos Arturo Lara Cifuentes.   

“Los   hoy  acusados   habían   llegado   a   este   lugar  en  el  vehículo  ‘colectivo’  de  placas  SEJ-529,  conducido por  Luis  Álvaro  Vargas  Bautista,  automotor  que  había  estacionado  frente al  establecimiento,  y siendo aproximadamente las dos y media de la mañana, fueron  advertidos  de  que  extraños  saqueaban  el  vehículo, ante lo cual el citado  conductor,  en  compañía  de  los  hoy  acusados  y  otros,  lo  abordaron  en  persecución  de  los supuestos intrusos, contactando a los cinco hoy occisos en  el    ya    precisado    sitio,    próximo    a    la    citada    ‘Rocola’,  donde  fueron  victimados mediante  armas de fuego.   

“El  segundo  episodio,  relacionado  con  los  delitos  de  hurto calificado, porte ilegal de  armas  de  fuego  de defensa personal y cohecho, ocurrió siendo aproximadamente  las  diez  y  media  de la mañana del miércoles 27 de agosto de 1997 (25 días  después),   en   la   vía   pública,  frente  a  la  panadería  ‘Pan       Panecillos’,  ubicada en la transversal 77 N° 6  C-48,  barrio  Pío  XII  de  esta  ciudad. En aquella oportunidad, los señores  Oscar  Armando Rivera López y Mario Oswaldo Rodríguez Garzón, empleados de la  industria        panadera        ‘LEVAPAN        S.A.’  y  quienes  distribuían  el  producto  en la camioneta de placas  ARC-408,  momentos  después de abastecer el citado establecimiento y disponerse  a   abordar   el   vehículo,  fueron  intimidados  por  tres  sujetos,  quienes  esgrimieron  sendas  armas de fuego, los despojaron de $172.000,oo, dinero hasta  entonces  recaudado por concepto de las ventas. Minutos después, dos agentes de  la  Policía  que pasaron por el sitio, al ser noticiados del hecho, como de las  características  de los autores del mismo, emprendieron la búsqueda de éstos,  intimando  aprehensión,  a  la  altura  de la carrera 86 con calle 6, a los hoy  acusados  RAÚL CASTRO CIFUENTES, DIEGO MAURICIO MARÍN CARDONA y PEDRO HERNANDO  CASTELLANOS  BAQUERO,  en  cuyo poder les fueron incautadas tres armas de fuego,  sin  el  respectivo  salvoconducto,  dinero  y  algunas  joyas.  Y, refieren los  captores,   aquellos  les  ofrecieran  sus  armas  a  cambio  de  la  impunidad.   

“Conviene  precisar,   desde   ahora,   que   habiendo   sido   vinculados   dentro  de  la  investigación,  por  razón de los delitos de homicidio, a más del hoy acusado  RAÚL  CASTRO  CIFUENTES,  los  señores  Diego  Mauricio  Marín  Cardona, Luis  Álvaro  Vargas  Bautista, Pedro Hernando Castellanos Baquero, Aleéis Cifuentes  Herrera  y  Germán  Arcila  Damelines,  con relación a estos últimos cinco se  profirió  preclusión  de  investigación  en  la  oportunidad calificatoria de  fondo.  Vale  decir, por el quíntuple homicidio, sólo fue acusado el vinculado  CASTRO CIFUENTES…”.   

2.  El  Juzgado  24  Penal  del Circuito de  Bogotá,  mediante  sentencia del 18 de agosto de 1999, condenó, entre otros, a  RAÚL  CASTRO CIFUENTES a la  pena  principal  de  40  años de prisión, a la accesoria de rigor y al pago de  los  daños  y  perjuicios,  como  autor de cinco delitos de homicidio simple en  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  con  los de hurto calificado y agravado y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

3.    Inconforme   con   la  anterior  decisión,   los  procesados  y  sus  defensores  interpusieron  el  recurso  de  apelación,  el  cual al ser desatado por el Tribunal Superior de Bogotá, el 10  de diciembre de 1999, la confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La defensora del procesado Castro Cifuentes,  luego  de referirse a los hechos, a la resolución de acusación, a la etapa del  juicio  y  al  fallo  de  segunda instancia, capítulos en los que manifiesta su  inconformidad  respecto a la tasación punitiva y a los perjuicios impuestos, al  amparo  del  cuerpo primero de la causal primera de casación, acusa al Tribunal  de  haber  violado  una  norma  de  derecho  sustancial,  al  haber condenado al  procesado   “con   la  dosificación  de  la  pena  erróneamente   teniendo   en   cuenta   los   artículos   26   y   27  del  C.  Penal”.   

En  el  acápite  que llamó “EN  QUÉ  CONSISTE  EL  ERROR”, asevera  que  el  juzgador,  para  sustentar  la  confirmación  de   la  sentencia,  “incluye   normas   no  incluidas  que  jamás  se  señalaron  en  el  contenido  del  fallo  en la parte motiva de la providencia,  cuando  ésta  en  la pag. 24 señala incrementar aquella pena básica en quince  (15)  años  de  prisión  por  el delito de hurto calificado y agravado y porte  ilegal     de     armas,    para    un    total    de    40    años”.   

Finalmente,   arguye  que  “al  analizar  cada  uno de los argumentos expuestos en mi defensa y  en  cuanto  a  los hechos existidos en los dos delitos, ya que si el funcionario  24  P.  del  C.,   reconoce  que RAUL CASTRO CIFUENTES sí se encontraba en  estado  embriaguez  y  bajo  los  efectos  de sustancias alucinógenas, no se le  puede  DOSIFICAR  UNA  PENA  SUPERIOR, por los mismos acontecimientos de tiempo,  modo  y lugar y, menos que se dosifique la pena de HURTO CALIFICADO Y AGRAVADO y  PORTE  ILEGAL  DE  ARMAS  en una pena de quince (15) años de prisión. Y debió  imponer  que  la  pena  que  le  corresponde  a  mi  prohijado  por el delito de  homicidio  es  la  del  art.  323,  modificado por la ley 40 de 1993 art. 29, es  decir,  la  del  homicidio  simple dadas las circunstancias en que se encontraba  RAÚL  CASTRO  CIFUENTES,  con  UN  TRASTORNO  MENTAL  TRANSITORIO”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La  demanda  de  casación presentada por la  defensora  del  procesado Castro Cifuentes, no reúne los requisitos de claridad  y  precisión que estatuía el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de  1991, vigente para la época.   

Entre   sus  desatinos,  se  destacan  los  siguientes:   

1.  Si  bien  apoya el reproche en el cuerpo  primero  de  la  causal primera de casación, es decir, violación directa de la  ley  sustancial, y cita como infringidos los artículos 26, 27 y 323 del Decreto  100  de  1980,  no  indica  el  sentido  de  la  vulneración, esto es, falta de  aplicación, aplicación indebida o interpretación errónea.   

2.   Si  afirma  que  las  instancias  aumentaron  la pena en 15 años por los delitos de hurto calificado y agravado y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal, no explica cómo fueron  sancionados  los otros cuatro homicidios simples por los cuales fue condenado el  procesado.   

3.    Viola   el   principio   de  no  contradicción,  cuando  al  interior  del mismo cargo y, de manera simultánea,  afirma  y  niega la imputabilidad del procesado, pues, de una parte, pide que se  le  reduzca  la  pena  de  prisión  que  le  fue  impuesta,  lo  que  supone la  imputabilidad,  y  de  la  otra, que se declare que al momento de los hechos era  inimputable, por trastorno mental transitorio.   

Frente  a los anotados yerros de la demanda,  se  impone  su inadmisión, de acuerdo con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto   2700   de  1991,  pues  la  Corte,  en  acatamiento  al  principio  de  limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado RAÚL  CASTRO   CIFUENTES.   En  consecuencia,  se  declara  desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso,  conforme a lo que disponían los artículos 226 y 197 del C. de P. P.,  (Decreto 2700 de 1991, aplicable a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                    

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR                                          NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

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