11849fe1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11849  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR. MARIO MANTILLA NOUGUÉS   

                                                      Aprobado Acta No.023   

                                                       Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  febrero  veintiuno (21) de dos mil (2000).   

          Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación interpuesto contra la  sentencia  dictada  el  15  de  diciembre  de  1995 por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Santafé de Bogotá, en la cual, por confirmación de la  de  primera  instancia   condena a TEOBALDO   EVACIO  CORDOBA  COPETE  en  calidad  de  coautor del  concurso   de   delitos   de   falsedad  material  de  particular  en  documento  público.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

          En  diligencia  de allanamiento surtida el 8 de marzo de 1994 en el  inmueble  en  donde  residía  el  entonces  aspirante  a  Senador  de   la  República,  Rafael  Forero  Fetecua, calle 95 No. 16-65 apartamento 301 de esta  ciudad  capital  de  la  República,  fueron  halladas  2.472   cédulas de  ciudadanía,  falsificadas, según lo estableció la investigación, destinadas,  de  acuerdo  a  información  suministrada  por  una periodista de televisión a  quien  a  su  vez alguien había noticiado al respecto, a ser distribuidas entre  personas  que  debían  sufragar  por  el dicho candidato en los comicios que se  avecinaban,   documentos  éstos que habían sido llevados a su casa por el  matrimonio  conformado por MARIA TERESA CARRANZA y MARIO MACHADO.  La misma  fuente  dio  a conocer que en el ilícito asunto estaba comprometido un empleado  de  la  Registraduría  Nacional del Estado Civil, que resultó ser TEOBALDO  EVACIO  CORDOBA COPETE, en cuyo  domicilio,  situado  en  la  calle  24  No. 14-A-71 del Barrio San José de esta  misma  ciudad,  sometido  a  inspección  judicial,  fueron  hallados documentos  diligenciados  que  se  utilizan  en  el proceso de expedición de la cédula de  ciudadanía y otras cédulas de ciudadanía, también falsificadas.   

          A  la  investigación  penal  que  se  inició  para establecer los  hechos  fueron  vinculadas,  además  de los antes mencionados, cinco mujeres en  cuyo    favor,   clausurada   la   fase   sumarial,   la   Fiscalía   precluyó  investigación.   El  mismo  organismo en segunda instancia confirmó   el 22 de febrero de 1995 la resolución acusatoria de  primer  grado  contra  CORDOBA  COPETE  y los esposos  MACHADO  y  CARRANZA,  éstos como determinadores y aquél como autor,  del  concurso  material  homogéneo  de  delitos  de  falsedad material de   particular   en   documento   público   (art.   220  C.P.),  mientras  que   respecto del aspirante a  parlamentario  también  precluyó investigación por muerte. (fls. 5 cd fisc. y  131-158 cd. ppl. 5).    

          Surtida  la  etapa  del  juicio,  el  Juzgado 73 Penal del Circuito  emitió  fallo  absolutorio  (fls.  102-118  cd.  6  copias), que apelado por la  Fiscalía,     el     Tribunal     Superior     del     Distrito    revocó (cd. 1 Tr.),  condenando en  su   lugar  a  todos  los  acusados,  sentencia  contra  la  cual  se  alzó  en  impugnación    extraordinaria    la    defensa   del   implicado   CORDOBA  COPETE.                

          LA DEMANDA   

          Así   acusa   el   defensor   a   la  sentencia   de  segundo  grado:   

          Cargo  Primero.- Es violatoria de la ley  sustancial,  en  forma  indirecta,  en  virtud  del  error de derecho, por falso  juicio  de  legalidad,  en que incurrió el Tribunal al evaluar la diligencia de  inspección  judicial  practicada en la residencia del procesado CORDOBA COPETE,  pues  en  su práctica se omitieron los requisitos previstos en el artículo 260  del C. de P.P..   

          Explica,  luego de transcribir en su texto los artículos 259 y 260  del  C.  de  P.P.,  que  la  inspección  fue  ordenada para  determinar la  existencia  de  rastros  o  huellas   “de  la  ilícita elaboración de las  cédulas  de  ciudadanía”,  pero  que  la  funcionaria comisionada modificó el  objetivo  de la prueba, pues en el auto de cumplimiento consignó que se trataba  de  “determinar  e  incautar  elementos  para  la  elaboración  de  cédulas de  ciudadanía”;   que  ante  la  presencia  de los funcionarios en el lugar a  inspeccionar   fueron  atendidos  por  una  menor  de  edad,  con  cuyo  permiso  ingresaron  al  inmueble  y  que solo cuando la diligencia estaba en sus inicios  apareció  la  esposa del procesado, identificándose; y en ese orden que fue la  misma  menor  quien  manifestó  que  las prendas de vestir en donde se hallaron  varias  de  las  cédulas  falsificadas  eran del procesado; y, que dentro de un  mueble de televisor fueron hallados fotofilmes de cédulas falsas.   

          Considera,  luego  de  esta  secuencia  de hechos y los posteriores  cumplidos  respecto  de  la  prueba,  que  lo  que  en rigor se realizó fue una  diligencia  de allanamiento, porque no se verificó el estado en que se hallaron  las  cosas,  sino  que  se  buscaron  objetos  cuya  existencia  en  el lugar se  presumió;   además,   la  autorización  impartida  para  el  ingreso  de  los  funcionarios  investigadores  al  inmueble,  habiendo  provenido  de la menor de  edad,  es  ineficaz,  “podría  afirmarse  que  nunca  existió”, y que en estas  condiciones,  tampoco  se cumplió con el mandato del artículo 343 del C. de P.  P.  sobre  el  allanamiento.   Añade  que  tampoco  se  precisó  a quién  pertenecía  la  residencia  a  inspeccionar,  ni  se identificó  el   inmueble  porque  la  dirección  citada en el auto que ordenó la diligencia no  corresponde  a la del procesado, inexactitud con la  cual se transgredieron  los  principios  de  publicidad y contradicción de la prueba consagrados en los  artículos  251  y  252  del  C.  de  P. P. y considera que ante esta situación  debió  darse  a  las  partes  el  traslado  previsto  en  el último aparte del  artículo  260 del C. de P.P. para los casos en que la diligencia se ejecuta sin  previo  ordenamiento  judicial  y  que  al  omitirse  implicó  el quebranto del  principio de publicidad.   

          Agrega  que  al  tomarse  la  prueba así irregularmente practicada  como  elemento  integrante de la prueba de indicios considerada para impartir la  condena  glosada,  también  se  vulneraron  los artículos 300 á 303 del C. de  P.P..   También  se  violaron  los  artículos  253,  246  y 247 del mismo  estatuto  y  los  artículos  5,  21,  23, 26, 35, 61, 66-4, 11; 67 y 220 del C.  P.P., a cuyos contenidos hace expresa alusión.   

          Cargo     Segundo.-      Es  violatoria,  de  manera  indirecta,  de la ley sustancial -artículos 5, 21, 23,  26,  35,  61,  66-4,11;  67  y 220 del C.P.-,  por aplicación indebida, en  razón  del  error  de  hecho  en  que  incurrió  el fallador al tergiversar el  sentido  de  la  prueba  de indicios, única que sirvió de apoyo a la sentencia  demandada,   transgrediendo  así  los artículos 246, 247 y 300 á 304 del  C. de P. P..   

         Aunque   reconoce  el  abogado  censor  que  las  cédulas  y  los  elementos  de falsificación para esos documentos hallados en la casa de CORDOBA  COPETE,  efectivamente  resultaron falsos, según la experticia técnica, afirma  que  no existe prueba contundente de la relación entre esta falsificación y la  establecida  respecto  de  la multitudinaria cantidad de cédulas halladas en la  residencia  del fallecido aspirante a parlamentario, Forero Fetecua, como según  dice,  erradamente  lo entendió el Tribunal, de donde colige la inexistencia de  prueba  que  conduzca  a la certeza del hecho punible y la responsabilidad de su  procurado, discurriendo ampliamente sobre el punto.   

         Considera   así   mismo,  errado  el  indicio  de  interés  para  delinquir  que  dedujo el fallador a partir de la amistad entre su cliente y los  otros  coprocesados,  pues  dice,  ninguno  de  los  condenados  admitió en sus  declaraciones  esa  relación  como  hecho  consolidado  ya que todos apenas sí  aceptaron  un  conocimiento  lejano  entre ellos.  Tampoco se probó que su  cliente  fuese,  activista,  o al menos amigo  de la campaña del fallecido  aspirante  al  Congreso  de la República, cuando por el contrario, los testigos  Marisol  Cuervo, Saul Motta Caballero, Juan Vicente Alarcón, Juan Carlos Vera y  Luis   Antonio   Rojas,   manifestaron  no  conocerlo  en  esa  ocupación  como  activista.   De  la misma manera, no se demostró que su poderdante hubiera  recibido  favores  del  fallecido aspirante y antiguo parlamentario, pues fueron  los   otros  condenados  quienes  declararon  haber  sido  beneficiados  por  el  político.   

         Referente  a  los  indicios de oportunidad y experiencia, sostiene  que  el hecho indicador estructurado por el Tribunal a partir de la vinculación  laboral  que  su cliente y el coprocesado Machado tuvieron con la Registraduría  Nacional  del  estado  civil,  carece  de  existencia porque las funciones que a  ambos  correspondió  cumplir como empleados de ese ente oficial eran distintas,  y  que  a  ninguno  de  ellos correspondió la labor de elaborar las cédulas de  ciudadanía,  por  tanto,  dice,   no  es  cierto  que ambos conocieran los  trámites y formas de la expedición de esos documentos públicos.   

         En  cuanto a los indicios de huida y de contradicción observa que  el  hecho  indicador  del primero ocurrió respecto del otro coprocesado y no de  su   representado   y  considera  que  en  el  proceso  no  se  deslindaron  las  responsabilidades  de  los  diversos  implicados;  y  advierte que su cliente en  ningún    momento    se    contradijo   en   sus   explicaciones   durante   la  investigación.    

         Cargo          Tercero.-   Subsidiario.    La   sentencia   es   violatoria,  en  forma  directa,  por  aplicación  indebida,  del artículo 26 del C.P., a causa de lo cual se agravó  la pena para el procesado.   

         Cuestiona  extensa  y  puntualmente  el criterio del Tribunal para  pregonar  el concurso material de hechos punibles, pues considera, acorde con la  teoría  finalista  del delito, que habiendo sido uno solo el fin perseguido con  la   masiva  falsificación  de  cédulas,  la  alteración  de  los  resultados  electorales,  no  era  posible  hablar de concurso de falsedades, finalizando el  discurso con la solicitud casacional.   

         

         EL MINISTERIO PUBLICO   

         Considera  en su concepto el señor Procurador Primero Delegado en  lo  Penal,  que todos y cada uno de los cargos carecen de fundamento, razón por  la cual sugiere no casar la sentencia impugnada.      

         En      relación      con      el  primero,  observa  que no hubo irregularidades en la  práctica  de  la  diligencia  de  inspección  judicial  a  la  residencia  del  procesado,  pues  la  providencia  decretándola  se  había dictado cinco días  antes;   tampoco  hubo falta de identificación del inmueble, porque aunque  al  señalar  la dirección se omitió la palabra ´Sur, en el auto se mencionó  el  nombre  del  barrio;  tampoco  hubo  desconocimiento  de  la finalidad de la  inspección  por  cuanto  este  punto  se  consignó  en  la  providencia que la  ordenó.   No  se  trocó la inspección por un allanamiento, pues aquélla  diligencia  permite  no solo inspeccionar el estado de las personas y las cosas,  sino   establecer   los  rastros  y  efectos  materiales  de  utilidad  para  la  investigación  y  la  individualización de los partícipes, que fue justamente  lo  que  halló  y  recogió  la  diligencia,  sin  que  sea  de  olvidar que el  allanamiento  participa  de  la  naturaleza jurídica de la inspección. De otro  lado,  tampoco   hubo  irregularidad  para  que la joven hija del procesado  otorgara   el  permiso de ingreso de la comisión investigadora, y además,  la   providencia   en  que  se  había  ordenado,  contemplaba  la  opción  del  allanamiento  en  caso  de hallar resistencia a la inspección, y finalmente, el  hallazgo  de  los  elementos  usados  para  la   falsificación  y  de  los  documentos  falsos  ocurrió  cuando ya la esposa del procesado estaba al frente  de la diligencia.   

         En    relación    con   el   segundo  cargo,   acepta  el  Ministerio  Público  que  los  indicios  referentes  a  los esposos Machado Carranza no pueden ser idénticos a  los  que  comprometen  a  CORDOBA  COPETE  y   recuerda  cómo  la  llamada  telefónica  hecha a una periodista de la televisión informando sobre la enorme  cantidad  de  cédulas  falsificadas  en  casa  del  fallecido  aspirante  a  la  Senaturía  de  la  República,  comprometía  en  el  ilícito a CORDOBA COPETE  especificando  que  era  un  empleado  de  la Registraduría Nacional del estado  civil,  como  efectivamente  resultó  ser, y en cuya casa de habitación fueron  halladas  varias  cédulas y algunos elementos usados para falsificación de las  mismas,  y que respecto de una  de las cédulas halladas en la casa de este  personaje  se  estableció  que  la  fotocédula había sido tomada del negativo  obrante  en  los  archivos   oficiales,  que  fue  el  mismo  procedimiento  cumplido   en  relación  con  las  cédulas  halladas  en  casa  del  fallecido  político.  De  tal   manera,  que  en criterio del distinguido colaborador  representante  de la sociedad, es innegable la participación de Córdoba Copete  en los múltiples delitos.   

         Sobre  los  propalados errores por falso juicio de identidad en la  apreciación   de  la  prueba  indiciaria,  encuentra  el  Procurador  falta  de  demostración     la     censura,     sugiriendo     en     consecuencia,     su  desestimación.   

         Por  igual, el tercer cargo  carece  de  eco en el Ministerio Público, que lo considera mera  expresión  de  un criterio adverso al del fallador, huérfano de demostración,  a  la  vez que se inclina por el acierto judicial en la sanción del concurso de  hechos   punibles,   porque   para   la   persecución   del  fin  propuesto  el  procesado     “llevó    a    cabo    múltiples    conductas    falsarias,  naturalísticamente  separables,  autónomas  en  su  configuración  y  en  sus  nocivos  efectos”, con las que infringió repetidamente y en forma independiente  el  régimen  penal,  haciéndose acreedor a las consecuencias penales que ahora  fustiga.    

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         En  verdad,  como  lo sostiene con acierto el Ministerio Público,  la  demanda  en  su  integridad carece de vocación de éxito, lo que implica la  imposibilidad de acceder a la pretensión casacional.   

         En  efecto:  Frente  a  los varios motivos de repudio que aduce el  censor    en   el   cargo  primero  respecto  de la diligencia de inspección judicial practicada en  el  curso  de  la investigación en la casa de habitación del procesado CORDOBA  COPETE,  según  el cual el Tribunal incurrió en violación indirecta de la ley  sustancial  por  error  de  derecho  al evaluar esa prueba a pesar de haber  sido   recaudada  de  manera  ilegal,  encuentra  la  Corte en primer lugar,  que no es cierto que el  funcionario  comisionado  para  practicarla  hubiera  cambiado el objetivo de la  diligencia,  pues  aunque  dejó de usar las mismas expresiones utilizadas en el  auto  en  que  se decretó  en su esencia lo conservó, ya que al consignar  que  se  trataba  de   “determinar”  elementos para la elaboración de  cédulas  de   ciudadanía,  simplemente  estaba  ordenando  establecer  la  existencia  de  rastros  o  elementos  usados  para  la  ilícita confección de  esa    clase   de  documentos;   y  al  advertir  que  se  trataba  de  incautar     esos   elementos,  lo  único  que  estaba  haciendo  era  involucrar  en  el objeto de la prueba la autorizada acción de  “recoger y  conservar”   tales  elementos,  como  lo dispone el artículo 259 del C. de  P.P. que consagra la procedencia de la prueba.   

         En  segundo  lugar,  siendo  que  en el auto en que se decretó la  prueba  (fl.498  cd.ppl.1) se dejó abierta la opción a un posible allanamiento  en  el evento de encontrar trabas para la inspección, es lo cierto que al haber  sido  autorizados  los funcionarios de la comisión investigadora de ingresar al  inmueble  a  inspeccionar  por  una  joven  menor  de  edad, hija del procesado,  tampoco  afecta la legalidad de la prueba, máxime si, como aconteció según lo  revela  el  acta  respectiva,  la  madre  de  la  menor  y  esposa del procesado  apareció  desde  cuando  se  iniciaba  la diligencia y en la práctica fue ella  quien  la  atendió,  sin  que  lo  anterior  impidiera que fuera la menor quien  manifestara  que  eran  de  su  progenitor  las  prendas  de  vestir en donde se  hallaban algunos de los elementos a inspeccionar y recoger.   

         En  tercer lugar, no es cierto que el inmueble donde se cumpliría  la  diligencia  no  fue identificado previamente en el auto. Si bien al citar el  número  de la placa se omitió incluir la palabra “Sur”, es indiscutible que se  mencionó  el  nombre  del  barrio,  y  esta  precisión no dejaba duda sobre el  inmueble  ni  de  que  se  trataba  de la casa donde habitaba el personaje a que  aludió  la  notitia  criminis (fls. 14-15 cd. ppl. 1),  de donde se colige  sin  dudas,  que  no  se  requería  el  traslado  de  la  prueba previsto en el  artículo 270 del C. de P.P. en su último inciso.   

         De  tal  suerte,  carece de realismo afirmar que se vulneraron los  principios  de  publicidad  y contradicción de la prueba, y no tiene asidero la  aseveración  tendiente a objetar en el mismo cargo la prueba de indicios, o que  su  inclusión  para  la conformación de la prueba indirecta fue ilegal. Por el  contrario  es  preciso destacar que la prueba se realizó con observancia de las  formas  que  le  son propias, su evaluación con el alcance y significado que le  otorgó  el  Tribunal al revocar el fallo de absolución fue legítima, y en ese  orden  su estudio respondió a la equidad, con absoluto respeto por el principio  de  la  sana  crítica  probatoria, de cuya expresa guarda se ocupa el artículo  254 del C. de P.P..   

         El cargo pues, no prospera.   

         Por  lo  demás,  si  se  observa  que  el  casacionista limita su  objeción    -en el campo de la materialidad-  a la prueba en que  se  recogieron los elementos indicativos de una reiterada operación falsaria de  cédulas  de ciudadanía,  pero se abstiene de  objetar la evaluación  de  la  pericia  técnica  que puso al descubierto la falsedad y sus métodos de  comisión,  lo  menos que puede decirse,  es que la censura es incompleta e  inane,  al  dejar  prevaleciente   el  elemento  de juicio más eficaz para  evidenciar ese aspecto del hecho punible.   

           Sobre  el  particular,  interesa  recordar  que en la acusación  extraordinaria  al  fallo de segundo grado, debe el casacionista derruir todos y  cada  uno  de los elementos de juicio trascendentes en la decisión;  de lo  contrario  ésta  mantiene su vigor, independientemente de que en la evaluación  de  algunas  de  las  pruebas efectivamente el sentenciador hubiera incurrido en  los errores denunciados.   

         El     Segundo    Cargo,  según el cual el sentenciador habría distorsionado el sentido  de  la  prueba  de  indicios  que  lo  llevó  a  atribuir la responsabilidad al  procesado  en  los  términos que definieron su condena, tampoco alcanza entidad  para desquiciar el fallo.   

         El  casacionista  admite la falsedad de los documentos hallados en  casa  de  su  procurado   y  curiosamente  pretende  objetar  el  juicio de  responsabilidad   relativo  a  él,  aislando  este  hecho  para  adentrarse  en  cuestionamientos  sobre  la apreciación judicial de los indicios y concluir que  no  existe  relación  entre  dicha  falsificación  y la de la gran cantidad de  cédulas  halladas  en  la  residencia del fallecido aspirante a Senador, Forero  Fetecua,  en  razonamiento  que  no  le  permite  demostrar  la denunciada   desviación  del  sentido  de  la  prueba  por  el  fallador,  como que no logra  decantar  los  errores  judiciales  de hecho o de derecho al examinar los hechos  indicadores  para  la  conformación  de  la  plural  prueba indirecta, sino que  convierte  el  discurso  en la exposición de sus muy personales puntos de vista  sobre  el  significado  de tales factores de la prueba, reduciendo el empeño de  la   tacha  a  declarar  reiteradamente  una  supuesta  inexistencia  de  prueba  conducente a acreditar la certeza del delito.   

         Es  así  como  al  criticar la simpatía de CORDOBA COPETE por la  aspiración  del candidato al Senado y su amistad con los ligados  con esta  campaña,  que  dice,  el fallador dio por establecida,  asevera que varios  testigos  manifestaron no conocer al procesado en ese campo, pero se abstiene el  censor  de  indicar la clase de error que pudo cometer el Tribunal al abordar el  estudio  de  esos  testimonios  y  al  extraer  el  hecho  indicador.  Y al  descartar  la  correlación entre CORDOBA COPETE y el sentenciado MACHADO, ambos  ex-empleados  de la Registraduría Nacional, razona subjetivamente aduciendo que  las  funciones  que  ambos  cumplían  eran  diferentes   y  que no es  cierto  que  conocieran ambos los detalles del procedimiento para la expedición  de  las  cédulas  de  ciudadanía,  reflexiones que claramente se sustraen  del  campo casacional porque  no concretan errores susceptibles de enmienda  en  sede  extraordinaria,  y  que  imponen  la desestimación del reparo, que en  consecuencia, tampoco prospera.   

            

         Cuanto      hace      al     tercer  cargo,  que pregona la violación directa de la  ley  sustancial  por  la atribución del concurso material de hechos punibles al  procesado,  la discusión insinuada y no demostrada porque ciertamente se reduce  a  una mera afirmación,  carece de asidero, pues que mal puede pretenderse  bajo  el  auspicio de la teoría finalista del hecho punible, la reducción a un  solo  delito,  de conductas que consideradas cada una en particular  tienen  su  propia  y  completa entidad delictiva, frente a las cuales la Procuraduría,  en  palabras  que  comparte  la  Corte,  puntualizó:  “Con cada cédula de  ciudadanía  apócrifa  que  CORDOBA COPETE elaboró lesionó los específicos y  determinantes  intereses  que tal categoría de documentos comporta.    De  esta  manera  violó  la finalidad de las formas documentales creadas por el  Estado  para  acreditar la identidad de sus ciudadanos, su valor probatorio como  quiera  que  los  documentos  públicos  se  presumen  auténticos  y veraces y,  además,  el  derecho  a  la  protección  de  la  identidad  de cada una de las  personas   naturales  cuyos  documentos  de  identificación  fueron  objeto  de  falsificación”.   

         Entonces,  este  como  los  anteriores cargos, no prospera, y ello  implica que se mantiene la sentencia de segunda instancia.   

         En   mérito,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  en  SALA DE CASACION PENAL, oído y acogido  el  concepto  del  Ministerio  Público,  administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

         R E S U E L V E   

         NO  CASAR la sentencia recurrida.   En        firme,        DEVUELVASE  el expediente al Tribunal de origen.   

         COPIESE Y CUMPLASE.   

         EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

No      hay  firma   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                                     JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                                     CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                                     NILSON PINILLA PINILLA   

                                                    TERESA RUIZ  NUÑEZ   

                                                               Secretaria     

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