11840mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11840  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.: Carlos E. Mejía Escobar  

Aprobado Acta No.  39  

Santa  Fe de Bogotá D.C.,  quince   (15)      de      marzo      de      dos      mil   (2000).   

V   I   S   T   O   S    

Decide  la  Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  la  defensora  del procesado JUAN CAMILO BOCANUMENT  ARBELAEZ  contra el fallo proferido el 30 de enero de 1996 por la Sala Penal del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Medellín (Antioquia), por medio del  cual  revocó  parcialmente  la  sentencia  dictada  por el Juzgado 35 Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  para  en su lugar condenar al procesado por un  delito  de  tentativa  de homicidio agravado de que había sido absuelto y   modificó  la  pena  en el sentido de elevarla a 24 años y 10 meses de prisión  dentro  de las causas acumuladas que se le siguieron además por los punibles de  hurtos calificados y agravados y porte ilegal de armas   

H   E   C   H   O   S   

Por  tratarse  de  3  causas  acumuladas,  se  relacionará  el  aspecto  fáctico  de  cada una , en el orden señalado por el  Juzgado de primera instancia.   

De    la    causa    No.   1   (Radicado  3.645):   

En  las horas del mediodía del 6 de julio de  1994,  el  matrimonio  compuesto  por  el  agente de la Policía Nacional Jesús  Alvarez   Aristizábal   y   la  señora  Claudia  Patricia  Alzate  García  se  transportaba  en  la  motocicleta  marca  Yamaha,  Tipo  DT, de 125 centímetros  cúbicos  de  cilindraje,  de  placas  LOE  77,  provenientes del sector de  Belén  en  la  ciudad  de Medellín.  En la calle San Juan, justo sobre el  puente  de  la  Macarena  fueron  emparejados por otra motocicleta conducida por  Andrés  Martín  N  y con JUAN CAMILO BOCANUMENT ARBELAEZ como pasajero, el que  esgrimiendo  un  revólver 38 largo amenazó a Jesús Alvarez para que entregara  su vehículo.   

Alvarez  Aristizabal  detuvo la marcha e hizo  ademan  de sacar un arma de su cinto, por lo que BOCANUMENT ARBELAEZ  se le  abalanzó,  pero  rechazado por Alvarez le disparó en dos ocasiones, rozándole  la  frente  con  un  proyectil  y atinándole en el hombro con otro, haciéndose  BOCANUMENT  al  control  de  la motocicleta de Alvarez y, afirma el procesado, a  una  pistola  que  éste  portaba,  elementos  con  los que emprendió la huida.   

De    la    causa    No.   2   (Radicado  3.974/94)   

El  miércoles  16  de noviembre de 1994 a la  altura  de  la  carrera  50A  con calle 42 del municipio de Itagüi (Antioquia),  después  de las 7 de la noche, se transportaban en la motocicleta marca Yamaha,  tipo  V80,  de  placas GX0-63, Biodovis de Jesús Piedrahita Echavarría y Norma  Lucia  Herrera  Ocampo  cuando  fueron emparejados por otra motocicleta desde la  cual  fueron  amenazados con un revólver, obligados a detenerse y despojados de  su vehículo.   

Inmediatamente  después  de  denunciar  los  hechos  y  como  Piedrahita  Echavarría  observó  la  ruta  de  huida  de  sus  victimarios,  abordó  un  taxi para hacer una ronda por el sector, avistando en  un  bar  del  parque  de  Itagüi  a  JUAN  CAMILO  BOCANUMENT  ARBELAEZ a quien  identificó  como  uno  los  autores  de  los  hechos, por lo que dio aviso a la  Policía la que lo aprehendió y recuperó la motocicleta hurtada.   

De  la  causa  No.3   (Radicado 81.492)   

Ocurrieron   el   5   de   julio  de  1994,  aproximadamente  a  las  10  de  la mañana en la avenida 33 con el sector de la  bayadera  por donde transitaba el señor Luis Alejandro Jaramillo Montoya en una  moto  marca Kawasaki, de 125 centímetros cúbicos de cilindraje, color verde de  placas  CJB-66,  de  la que fue despojado mediante amenaza con arma de fuego por  dos  individuos  que  estaban  apostados  en  el semáforo que existe junto a un  establecimiento comercial de motocicletas marca Honda.   

ACTUACION PROCESAL  

1.-            Por  resolución  de acusación del 7 de  marzo  de  1995, fue calificado el mérito del primer sumario (radicación 3645)  dentro  del  que  se  le  formularon  cargos de tentativa de homicidio agravado,  hurto  calificado  y agravado y porte ilegal de armas de defensa personal.   Notificada  personalmente  a  todos  los  sujetos  procesales, la Fiscalía dejo  constancia  de  su  ejecutoria  el 16 de marzo de 1995 (folios 201 y 205 del 1er  cuaderno).   

2.-            El segundo sumario (radicación 3974/94)  fue  calificado  por el Juzgado 2° Penal Municipal de Itagüi mediante auto del  4  de abril de 1995 en el que formuló resolución de acusación por el cargo de  hurto  calificado y agravado.  La última notificación de esa decisión se  hizo  por  anotación  en  estado  del  17  de abril de 1995. (folio 117 del 2°  cuaderno)   

3.-              El tercer sumario (radicación 81.492)  fue  objeto  de  calificación  el  9  de  febrero  de  1995 con cargos de hurto  calificado  y  agravado  en  contra  de  BOCANUMENT ARBELAEZ.  La Fiscalía  dejó  constancia  de  la  ejecutoria  de esa resolución de acusación el 17 de  febrero de 1995. (folio 121 del 3er cuaderno)   

4.-            Por  auto  del  10  de  mayo  de 1995 el  Juzgado  35  Penal  del  Circuito  de  Medellín  dispuso la acumulación de las  causas  referidas  y  la  uniformidad  del  estado  procesal para su seguimiento  simultáneo  (folio  134,  cuaderno 3ero.). Cumplido lo anterior se verificó la  audiencia  pública,  luego de lo cual se profirió el 3 de noviembre de 1995 la  sentencia  de  primera  instancia por medio de la cual se condenó a JUAN CAMILO  BOCANUMENT  ARBELAEZ  a la pena de 35 meses y 20 días de prisión como autor de  2  delitos  de  hurto  calificado  y agravado y autor de porte ilegal de arma de  fuego  de  defensa  personal.  En la misma decisión fue absuelto del cargo  de  tentativa de homicidio agravado y del hurto calificado y agravado de que fue  víctima   Luis  Alejandro  Jaramillo  Montoya  (acusación  de  la  radicación  81.492).   

Apelado el fallo por el Fiscal 17 Delegado de  la  Unidad  1ª  Especializada  en  Delitos  contra  el  Patrimonio, el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Medellín lo revocó mediante el suyo del 30  de  enero  de  1996 y en su lugar condenó a BOCANUMENT ARBELAEZ por los delitos  de  tentativa  de homicidio agravado y por el hurto calificado y agravado de que  había  sido  absuelto.   Al redosificar la pena el Tribunal la tasó en 24  años  y  10  meses de prisión por las 3 causas acumuladas y ordenó la captura  del procesado.   

Inconforme con la sentencia de segundo grado,  la  defensora  la  impugnó  por la vía del recurso extraordinario de casación  que aquí se resuelve.   

LA   DEMANDA   

1.-            Al  amparo del numeral 1° del artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal se acusa la sentencia de incurrir en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, que se origina en el error en la  apreciación de pruebas testimoniales y documentales.    

Precisa  el error señalando que ocurrió por  “la  pretermisión en la apreciación de preciosos medios de prueba, por parte  del  Juzgador de segunda instancia”, lo que lo llevó a imputar los delitos de  tentativa  de homicidio agravado y hurto calificado y agravado que el Juzgado de  primera instancia había descartado.    

2.-               Causa     primera     –    pruebas  pretermitidas:   

Enuncia el testimonio de Jesús María Alvarez  Aristizábal  con  todas sus ampliaciones y la versión del procesado BOCANUMENT  ARBELAEZ    sostenida   en  la  indagatoria  y  en  la  ampliación  de  la  misma.   De  tales  diligencias  transcribe  un  aparte  de  cada  una  y a  continuación  bajo  el  subtítulo  “comentario  de  la  defensa”  hace sus  propios  análisis,  para  concluir  lo  que  en  su sentir tal medio probatorio  demuestra.   

Con  la  misma  metodología  se refiere a la  prueba  documental  y  entonces transcribe partes de los oficios provenientes de  la  Clínica  Regional de la Policía Nacional, del reconocimiento del Instituto  de  Medicina  Legal  y  Ciencias  Forenses sobre las heridas sufridas por Jesús  María  Aristizábal,  de la diligencia de inspección judicial practicada en la  Clínica  de  la  Policía y de un oficio de la cárcel del Distrito Judicial de  Medellín  en  el  que  se afirma que BOCANUMENT ARBELAEZ no registra entradas a  ese penal.   

3.-               Causa     Tercera     –    Pruebas  pretermitidas.   

Siguiendo  siempre  la  misma  metodología,  transcripción  de  apartes  de testimonios y de documentos y consideraciones de  la  defensa  a  renglón  seguido,  cita  las  declaraciones  de  Luis Alejandro  Jaramillo   Montoya,  Jesús  María  Alvarez  Aristizábal,  Henry  A.  Paredes  Durango,  Octavio  Alonso  Ochoa  Acevedo  y Diego Alberto Bocanument Arbeláez,  factura  de  compraventa,  diligencia  de  reconocimiento  en fila de personas y  oficio  de  la  Policía  Nacional sobre carencia de antecedentes de JUAN CAMILO  BOCANUMENT ARBELAEZ .   

4.-            Pruebas pretermitidas, una vez acumuladas  las causas.   

Cita  una certificación de trabajo y buena  conducta  del  procesado  expedida  por  un  almacén  y  otra de buena conducta  expedida  por  un  centro  educativo  de  Medellín,  sin  que agregue nada a la  enunciación de tales documentos.   

5.-             Dentro de lo que denominó “idoneidad  del  cargo  y  su  trascendencia”,  insiste  en  que  el  Tribunal  ignoró la  apreciación  de  las pruebas referidas.  Elabora su propia reconstrucción  de  los  hechos  en  los  que se produjeron las heridas del señor Jesús María  Alvarez  Aristizábal  para  responsabilizar  de ellas a éste como consecuencia  del   “forcejeo  propiciado  imprudentemente  por  parte  del  ofendido”  en  desarrollo  del  cual  encuentra  “factible”  que  se  hayan  producido  los  disparos.   

Afirma  que  no  hubo intención de matar por  parte  de  BOCANUMENT  ARBELAEZ,  sino  solo  de  intimidar  y  declara  que tal  hipótesis  es la mayormente aceptable frente a la indagatoria y sus posteriores  ampliaciones   y   a   las  declaraciones  obrantes  en  el  proceso.   Tal  conclusión,  la  de  la inexistencia de intención homicida, la deriva también  de   que  el  procesado  “aceptó  realizar  su  parte  en  la  división  del  trabajo”,  admitió  su  responsabilidad  en  el  hurto  de la moto del agente  Alvarez   Aristizabal   y   colaboró   con   la  devolución  de  la  misma  al  ofendido.   

En cuanto hace a la causa seguida por el hurto  de  que  fue  víctima  el  señor  Luis Alejandro Jaramillo Montoya, critica la  denuncia  por  cuanto  supuestamente  contiene  los  datos  del procesado que le  suministraron  en  la  Sijin, razón a la que también imputa el resultado de la  diligencia  de  reconocimiento  en fila de personas.  De todo ello y de que  el  ofendido  Jaramillo  Montoya no haya podido probar que la moto a él hurtada  fuera  la misma que se utilizó para el hurto y las lesiones de que fue víctima  Jesús  María  Alvarez Aristizabal, concluye que en esa causa no se acreditaron  los  requisitos del artículo 247 del Código de Procedimiento Penal y por tanto  el  Tribunal  ha  debido  absolverlo,  tal  como  lo  hizo  el  Juez  de primera  instancia.   

Finaliza señalando que como de los hechos se  hizo  una  apreciación  diferente por parte del juzgador, éste incurrió en el  error  de  hecho  que se denuncia, por lo que solicita que el fallo se case y en  su  lugar  se  confirme  la sentencia que dictó en primera instancia el Juez 35  Penal del Circuito de Medellín.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO PUBLICO   

1.-            El  Procurador  3° Delegado en lo Penal  señala  en  su  concepto  las falencias técnicas de la demanda, pues aunque se  alega  una  violación indirecta de la ley sustancial generada en error de hecho  por  falta  de apreciación de algunas pruebas  (falso juicio de existencia  por  omisión),  presenta  como  fundamento  del  cargo una serie de comentarios  suyos  a  una  parte  del  contenido  de las pruebas que considera omitidas, sin  demostrar   que  el  sentenciador  no  haya  tenido  en  cuenta  los  medios  de  convicción,  ni la incidencia en el fallo ni la nueva situación probatoria que  debería  contemplar  el  fallo  de  reemplazo que se impondría de prosperar la  pretensión.   

Se   trata  entonces,  dice  el  Procurador  Delegado,  de  un  simple  alegato  de  instancia, conclusión que ejemplifica a  partir  de  lo  que  el  censor  transcribe de la denuncia presentada por Jesús  María  Alvarez  Aristizábal,  frente  a  la  cual  el libelista hace su propio  comentario,  anotación  que no constituye la demostración de un error de hecho  de   los   que   se  puedan  alegar  en  sede  de  casación.   Son  apenas  apreciaciones  propias  de  las  instancias,  inaceptables  en sede de casación  habida  cuenta  de  las  presunciones  de  acierto  y  legalidad de la sentencia  atacada.   

No  obstante las deficiencias técnicas de la  demanda,  el  señor  Procurador Delegado se adentra en el estudio del proceso y  demuestra  como el delito de tentativa de homicidio que el Tribunal le imputó a  JUAN  CAMILO  BOCANUMENT   está  suficientemente  acreditado  e igual cosa  ocurre  con las lesiones padecidas por el señor Alvarez Aristizábal de acuerdo  al principio de libertad probatoria que rige en materia penal.   

Similar  análisis  realiza  la Procuraduría  Delegada  respecto  de  la  causa  en la que se condenó al procesado BOCANUMENT  ARBELAEZ  por  el hurto calificado y agravado de que fue víctima el señor Luis  Alejandro  Jaramillo,  en  la  que  el  censor  no  hace  ningún  esfuerzo para  acreditar  la  existencia  de  un error en la sentencia del Tribunal, la que por  ende conserva su presunción de acierto.   

Las  críticas  relacionadas  con la supuesta  falta  de  demostración de la identificación de la motocicleta hurtada son una  mera  confusión sobre las letras del modelo del vehículo con las de las placas  que  la  identifican.   En  contrario, desde la denuncia de Jaramillo éste  describió   características   físicas  coincidentes  con  las  de  BOCANUMENT  ARBELAEZ,  recibió  información  sobre  el  hallazgo  de  los  papeles  de  la  motocicleta  en  el  conjunto  residencial  donde el procesado residía y que la  madre  de  éste  señaló que un amigo suyo “llevaba un desfile de motos a la  urbanización”,  sitio  en  el  que  posteriormente  se halló la segunda moto  hurtada,  pruebas  suficientes para sostener la condena que se impartió por tal  ilícito,    por    lo    que   solicita   que   no   se   case   la   sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

1.-            Como  bien lo anota el señor Procurador  3°  Delegado en lo Penal, la demanda no respeta las reglas técnicas necesarias  para   que   sea   aceptada   como  fundamento  del  recurso  extraordinario  de  casación.   

2.-            El  motivo  de  casación que eligió la  demandante  para atacar la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Medellín  es  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, originada en  “error     en     la     apreciación     de     pruebas    testimoniales    y  documentales”.   

Señalada  de  tal  manera  la  causal,  la  defensora  del  procesado  JUAN  CAMILO  BOCANUMENT  ARBELAEZ  la  concreta como  “pretermisión  en la apreciación de preciosos medios de prueba” y la ubica  como  un  error  de hecho que “tiene el poder causal de desviar el juicio y la  lógica de lo razonable del juzgador”.   

3.-            Tal  presentación de la causal, permite  identificarla  como  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia por  omisión   de  prueba.  No otra cosa puede deducirse de su queja sobre  la supuesta pretermisión de algunos medios de prueba.    

Señalado el cargo de tal manera era deber de  la  censura  para  dar cumplimiento al ordinal 3° del artículo 225 del Código  de  Procedimiento  Penal, indicar “en forma clara y precisa los fundamentos”  de  la  causal.   Ese  deber legal de acreditación de esa concreta causal,  solo  puede  cumplirse  cabalmente  mediante  el  señalamiento  concreto  de la  prueba,  su  comprobación  de  haber  sido  omitida  y  la  demostración de su  trascendencia fundamental en el fallo.   

4.-            En  tal  propósito  la  demanda no solo  resulta    insuficiente    sino    que   incurre   en   notoria   contradicción  intrínseca.   Aunque señala una precisa forma de ataque – falso juicio de  existencia   por   omisión   de  prueba  –  termina  desarrollando  otra.    

Si  bien  es  cierto la demanda fue declarada  formalmente  apta  y  por  ello  se  declaró ajustada para la continuación del  trámite  de  casación,  ello  únicamente  ocurrió  como  consecuencia  de la  equívoca  forma  en  que  fue  presentado  el  cargo,  lo  que  originó que la  contradicción  intrínseca  de  sus argumentos solo pueda apreciarse cuando son  contrastados con el contenido de los fallos de instancia.   

5.-            Así,  la  demanda  señala  que  fueron  omitidos  algunos medios de prueba y en cuanto a los testimoniales señala el de  Jesús  María  Aristizábal,  del  cual  transcribe  algunos apartes  para  compararlos  con  lo  que  la demandante denomina “comentario de la defensa”  que no es otra cosa que el mérito que ella le asigna a esa prueba.   

Pero  la  lectura  de la sentencia de segunda  instancia  (folio  221)  pone  de  presente  que  el testimonio de Jesús María  Alvarez  Aristizábal  (víctima  del  hurto  calificado  y  agravado  y  de  la  tentativa  de  homicidio  declarada  en  la  causa  3.645)  no fue omitido en su  apreciación  por  el  Tribunal, al contrario, es fundamento de la sentencia por  el  delito  de  tentativa de homicidio agravado, como también lo es la versión  que  el  procesado  BOCANUMENT ARBELAEZ mantuvo de los hechos en la indagatoria.  (folio 10 del fallo, 230, del cuaderno 3).    

Tales  constataciones  en el fallo objeto del  recurso  extraordinario  hacen  inane  el  cargo,  por  cuanto se sustenta en un  supuesto  hecho  inexistente,  pues  la omisión probatoria que se reclama nunca  ocurrió.    

Evidenciado  lo  anterior, suficiente para la  desestimación  de  la demanda, surge entonces contradictoria la fundamentación  pues  el  análisis  de la defensa sobre lo que cada medio probatorio demuestra,  es  únicamente  la  percepción  personal  de  la  defensora  que  opone  a  la  exposición  razonada  que  hizo el funcionario judicial sobre el mérito que le  asignó a cada una de esas pruebas.      

6.-          Las falencias técnicas de la demanda se  acentúan  aún  más  cuando  se  aborda  la  lectura  de  lo que la demandante  denomina  como  “idoneidad del cargo y su trascendencia” en el que se dedica  a  discutir  las  conclusiones que el Tribunal hizo de las pruebas supuestamente  omitidas,  para  indicar  que  tales  estimaciones  del  Juzgador  colegiado son  equivocadas y que en su lugar deben preferirse las de la defensa.   

Así,  entonces  señala  que las heridas que  padeció  Alvarez  Aristizábal  son  como  consecuencia de su “comportamiento  imprudente”  durante  el  atraco del que fue víctima, por haber “propiciado  el  forcejeo”  con  su  agresor,  de  donde  colige  que  la intención de los  disparos  hechos  por  BOCANUMENT  ARBELAEZ  era  la  de  asustar  y  no  la  de  matar.   En  contrario  estima  que  el Tribunal de segunda instancia está  equivocado  cuando  colige  la  intención  de  matar de esas mismas pruebas, la  versión del ofendido y la indagatoria del encartado.   

Es  claro  que  tal forma de sustentación no  corresponde  a  un  cargo  de  error de hecho por falso juicio de existencia por  omisión  de  prueba,  sino  a  otro tipo de error, que aunque también de hecho  discurre  sobre los supuestos errores de raciocinio al concluir sobre el mérito  demostrativo  de tales medios probatorios.  Si se hubiera elegido esa forma  de  censura, era imperativo que el demandante demostrara violación a las reglas  de  la  sana crítica, para lo cual es menester acreditar que se violentaron los  principios  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de experiencia.   

Pero  adicionalmente  y aún manteniendo como  correcta  la formulación del cargo, si se trataba de la violación de una norma  de  derecho  sustancial  que   proviene  de  error  en  la  apreciación de  determinada  prueba y ese error consistió en haber omitido la consideración de  unas  pruebas  en  concreto,  la  demanda  incurre  en  violación del principio  lógico  de  no  contradicción.   Denuncia  como  no  tenidos en cuenta el  testimonio  de  Alvarez Aristizábal y la versión del procesado, pero en lo que  llama  idoneidad y trascendencia del cargo crítica el análisis que el Tribunal  hizo de tales medios probatorios.   

Hay  allí,  un  severa incongruencia interna  entre  la tesis que se expone y la argumentación en la que se fundamenta.   Se  predica  de unos mismos medios probatorios, que su estudio fue omitido, pero  se  sustenta  tal  afirmación  con  la  crítica  al  estudio  de  los  mismos,  advirtiendo  entonces  del  mismo elemento de prueba que fue omitido y estudiado  al mismo tiempo, lo que hace contradictorio el cargo.   

7.-            Similar  análisis  es predicable de las  pruebas  documentales  que  la  demandante  señala  omitidas  referentes  a los  oficios  de  la  clínica  de  la  Policía  Nacional sobre el ingreso de Jesús  María  Alvarez  Aristizábal  a  tal  centro  asistencial, pues la sentencia de  segunda  instancia  (folio  230)  los  cita  como  fundamento  de los hechos que  declaró  probados, en cuya narración se encuentra que el ofendido padeció dos  heridas  de  bala,  una  de  ellas superficial en la ceja izquierda y otra en el  hombro  lado  derecho sin orificio de salida, citando cada uno de los documentos  que la demandante reclama omitidos por su número de folio.    

Tales  heridas,  sumadas  al testimonio de la  víctima  y  a  la  versión  del  procesado  BOCANUMENT ARBELAEZ fueron las que  sirvieron  para  concluir  la  intención  homicida  del encartado por parte del  Tribunal,  lo  que  vuelve  a demostrar que el error denunciado en la demanda de  casación es inexistente.   

8.-            En las alegaciones referentes a la causa  3,  aquella  adelantada  por  el hurto calificado y agravado de que fue víctima  Luis  Alejandro  Jaramillo  Montoya, la demandante incurre en los mismos errores  ya  reseñados.   Cita  como  omitidos  los  testimonios  del ofendido y de  Alvarez  Aristizábal,  pero la sentencia del Tribunal (folio 228) los relaciona  y  analiza  para  fundamentar  en ellos sus declaraciones de responsabilidad del  encartado BOCANUMENT ARBELAEZ.   

La  defensora  también  señala como pruebas  omitidas  la  fotocopia  de  la factura de compraventa y el formulario único de  traspaso  de  la  motocicleta  hurtada a Jaramillo Montoya, para señalar que en  ninguno  de tales documentos figuran las letras KMX con que ha sido nombrado tal  vehículo.   

Pero  el  cargo  se  queda  ahí,  en la mera  enunciación  de  esa  prueba  que  efectivamente no fue tenida en cuenta por el  Juzgador  de  segunda  instancia,  sin señalar de qué manera tal omisión deja  sin fundamento el fallo de condena por hurto calificado y agravado.   

La sentencia de segunda instancia sostiene su  legalidad  y acierto respecto a la declaratoria de responsabilidad de BOCANUMENT  ARBELAEZ  en  el  hurto  calificado y agravado de la motocicleta de propiedad de  Jaramillo,  en  el  testimonio  de  éste, en la diligencia de reconocimiento en  fila  de  personas que él hizo del procesado y en la referencia que hace a otra  motocicleta,  de  la  que  se  comprobó que era propiedad del encartado y de su  hermano Diego Alberto.   

Igualmente  se  sostiene  la  sentencia en la  declaración  del  agente  de  la  Policía Nacional Paredes Durango y en la del  también  agente Alvarez Aristizábal a quien hurtaron e hirieron dos individuos  que  se  transportaban en la motocicleta de la que días antes habían despojado  a Jaramillo Montoya.   

En  todo ese abundante material probatorio es  que  se  fundamenta  la  sentencia de condena de BOCANUMENT ARBELAEZ en la causa  radicada  81.492,  por tanto la aptitud de la demanda de casación incluía  demostrar  de qué manera la prueba omitida lo desvirtuaba al punto de trocar la  decisión de condena en una absolutoria.   

La sola enunciación de la prueba documental  omitida  reduce  esa  situación  a  una  mera  referencia  procesal sin ninguna  trascendencia  en  la  decisión adoptada, pues no ha de pasarse por alto que el  artículo  180 del Código de Procedimiento Penal al establecer las reglas de la  redacción  de  la  sentencia   solo ordena incluir en el texto de la misma  “(…)  la  valoración  jurídica  de  las  pruebas  en que ha de fundarse la  decisión” y ello precisamente fue lo que hizo el Tribunal.   

9.-            Finalmente  y  en  lo que respecta a las  certificaciones  de  buena  conducta del procesado BOCANUMENT ARBELAEZ expedidas  por  un  establecimiento  comercial y por uno educativo,  que la demandante  señala  como  pruebas  pretermitidas  una  vez  acumuladas  las causas, como la  censura  se  limita  a  mencionar  esas certificaciones, sin que indique de qué  manera  habrían  incidido  en el fallo si hubieran sido tenidas en cuenta, debe  desestimarse el cargo.   

En consecuencia de lo expuesto,   no  se    casará    la    sentencia   dictada   por   el   Tribunal   Superior   de  Medellín.   

En mérito de lo expuesto, La Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

NO CASAR la sentencia impugnada.  

CUMPLASE  

         

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                                             JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                                                                                      CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                               NILSON PINILLA PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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