11678en1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 11678  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                        Magistrado Ponente   

                                                                   Dr.    EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

                                                                     Aprobado   por   Acta  No.010   

Santafé de Bogotá, D.C., veintiocho (28) de  enero de dos mil (2000).   

          Decide  la  Corte  la casación interpuesta por el defensor de OMAR  ANTONIO  JIMENEZ  LERNA,  contra la sentencia de noviembre 21 de 1.995, mediante  la  cual  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali lo condenó  a  55  años  de  prisión  “como  coautor impropio y responsable de los delitos de  homicidio  doble  agravado,  hurto calificado y agravado y porte ilegal de armas  de  fuego  de  uso  de  defensa personal en la modalidad de concurso homogéneo,  heterogéneo y sucesivo de hechos punibles”.   

          ANTECEDENTES   

          1.-  En  la  ciudad  de Cali,  pasada la media noche del 11 de  septiembre  de  1.994  Nancy  Stella  Hernández  Cifuentes  se encontraba en el  establecimiento  de  su  propiedad  (“Bar y juego de sapo Nancy”), ubicado en la  calle  44  con carrera 28E, barrio 12 de octubre, en compañía de su compañero  Alvaro  Enrique  Herrera del Campo, su hijo Alvaro Alexander Garzón Hernández,  sus  amigos  Norbey  Escarria  García y William Gómez Garzón, además de unos  clientes  y  empleados,  cuando  golpearon  a  la  puerta y, abierta ésta, tres  sujetos  penetraron  anunciando un atraco y procediendo a hurtar el dinero y las  joyas  de  los  presentes.  Pero cuando constataron que los bienes a hurtar eran  escasos,  el  individuo  que  comandaba la operación, y quien tenía un notorio  defecto  en  el  ojo  izquierdo  (“párpado caído”), empezó a disparar un arma  causando  la  muerte  a  Alvaro  Herrera  del  Campo  y a Walter Fernando Torres  Caicedo, para luego abandonar el sitio en mención.   

          El  día  15  del  mismo mes el individuo del defecto en el ojo fue  capturado  cuando  también  en compañía de otros sujetos cometía otro asalto  en  la  “Fuente  de Soda Carlos”. Como la Policía ya tenía conocimiento de los  hechos  del día 11 anterior, acudieron a Nancy Stella, quien, junto con su hijo  Alvaro  reconocieron  al individuo del párpado caído, quien responde al nombre  de OMAR ANTONIO JIMENEZ LERNA.   

          2.-  En  el  momento de hacer el levantamiento de cadáver, y luego  por  dos  ocasiones  durante  la averiguación preliminar, Nancy Stella subrayó  que  la  persona capturada a raíz de la delincuencia del 15 de septiembre (OMAR  ANTONIO  JIMENEZ  LERNA)  era  la  misma  que  había comandado el “Atraco” a su  negocio,  reiterando que lo pudo identificar bien porque conversó con ella y la  requisó pormenorizadamente (fls. 12 vto. infra, 17 y 23).   

          –   En   versión  libre  (fl.  35),  el  imputado  admitió  haber  participado  en  los  hechos,  pero  dijo  que  quien  había  disparado  era su  compañero.   

          –  El  sindicado fue puesto a disposición de éste proceso el 6 de  octubre  de  1.994,  el  día  7 se ordenó escucharlo en indagatoria y ésta se  llevó  a  cabo el 13 de dicho mes (fl. 54), diligencia en la cual JIMENEZ LERNA  dijo  que  para  el momento de los hechos se encontraba con su compañera y unos  parientes  en  el  “lago  Calima”,   y  que  no sabía nada respecto de los  sucesos  que  se  le  atribuyen.  Allí  mismo  se  dejó expresa constancia del  defecto    en    el    ojo    izquierdo,    descrito    como    “semicerrado   e  inservible”).   

          –  El  hijo  de  la  dueña  del  establecimiento, Alvaro Alexander  Garzón,  también  declaró que “el tuerto” refiriéndose al procesado Jiménez  Lerna, arribó y procedió a ejecutar lo ya narrado (fl. 59).   

          3.-  Decidida  la detención preventiva del sindicado, se practicó  reconocimiento  en  fila  de  personas  (fl.  156), la que dio como resultado al  reafirmar  los  testigos  que Jiménez Lerna fue quien en la madrugada de marras  comandó la delincuencia investigada.   

          Cerrada  la  investigación,  ésta  se calificó el 23 de enero de  1.995  con  resolución  de  acusación  por el doble delito de homicidio, hurto  calificado  y  agravado  y  porte ilegal de armas de defensa personal (fl. 234),  providencia  que  no  fue  recurrida  y quedó en firme en febrero 1° de 1.995.   

          4.-  El Juzgado 23 Penal del Circuito de Cali al cual correspondió  el  conocimiento de la causa, recibió en audiencia pública varios testimonios,  dentro  de  éstos  los  atinentes  a  los  familiares y compañera del acusado,  quienes,  según éste lo había dicho en su indagatoria, les consta que para la  fecha  del  quehacer  delictuoso  él no se encontraba en Cali (fls. 294 a 353).   

          El  Juzgado  dictó  en  armonía  con  la acusación, sentencia de  julio  18  de  1.995,  por  medio  de  la cual condenó al acusado a 55 años de  prisión,  fallo que, apelado por el defensor de Jiménez Lerna, recibió entera  confirmación  mediante el que ahora es objeto de la impugnación extraordinaria  (fl. 430).   

         

                 LA  DEMANDA   

          Al  amparo  del  artículo 220-3 del Código de Procedimiento Penal  el  actor  invoca  la  nulidad  de lo actuado, aduciendo las siguientes razones:   

          1.-  El  procesado  rindió  versión libre y espontánea sin estar  asistido  por  UN  DEFENSOR, en la cual presuntamente confiesa haber participado  en  los  hechos  que  se  le  imputan,  pero violando con ello flagrantemente el  derecho  constitucional  que  se tiene a la defensa y al debido proceso, además  de  que  se  conculcan  y cercenan los derechos contenidos en los artículos 377  del  Código de Procedimiento Penal, que trata sobre los derechos del capturado,  y  296 de la misma normatividad, que establece los requisitos que debe reunir la  confesión” (fl. 471).   

          2.-                     “Simultáneamente  con  esta irregular actitud,  el  aprehendido  es  sometido  a  una  diligencia de reconocimiento que más que  diligencia   de   reconocimiento  desprevenido,  constituye  una  diligencia  de  SEÑALAMIENTO  INDUCIDO  Y  VICIADO,  violando  con  ello  lo  consignado  en el  artículo 368 del Código de Procedimiento Penal” (id).   

         3.-  El  procesado  fue puesto a disposición del Despacho el 5 de  octubre  de  1.994  y se le oyó en indagatoria 8 días después, por lo cual se  violó el artículo 386 del Código de Procedimiento Penal.   

         4.-  También  se  violó el artículo 387 del mencionado Código,  ya  que  se  le  definió  situación jurídica al procesado 8 días después de  rendir  indagatoria,  además  de  que  en  el  auto  detentivo  se estimó como  “confesión” la diligencia referida en el primer punto.   

         5.-  El  procesado  Jiménez  Lerna  sostuvo  en la indagatoria su  inocencia  y  afirmó haber sido objeto de torturas por parte de las autoridades  de  Policía, quienes “consignaron lo que aparentemente fue una confesión” (fl.  472).  Además, las personas citadas por él como testigos no fueron escuchadas,  por  lo  cual  se violaron los artículos 249 y 333 del Código de Procedimiento  Penal,  que  tratan  de  la  imparcialidad  del  funcionario y la investigación  integral.   

         Y  si  bien advierte que el juez de la causa practicó las pruebas  que faltaban, agrega que no les dio credibilidad alguna.   

         6.-  Dice que el Tribunal en la sentencia llamó la atención a la  fiscal  que  instruyó  el  sumario,  por  no  haber practicado unos testimonios  según  cita  que hizo el acusado para avalar su inocencia, pero anota  que  lo  que  debió haber hecho fue decretar la nulidad de la acusación (fl. 472A).   

         7.-  Sostiene  que en esencia, todo se debió a la admisión de la  mencionada  “aparente  confesión”,  y  agrega  que en varias de las diligencias  practicadas  en  la audiencia pública de juzgamiento no estuvieron presentes el  procesado,  el  fiscal  ni   el defensor, como tampoco el Representante del  Ministerio   Público,   cuya   asistencia   a  la  audiencia  era  obligatoria.   

         Concluye  que se incurrió en las causales 2a. y 3a. del artículo  304  del  Código  de  Procedimiento  Penal y en estos términos pida a la Corte  casar el fallo recurrido.   

        CONCEPTO DE LA PROCURADURIA   

         El   señor   Procurador   Segundo   Delegado  en  lo  Penal  dice  primeramente  que  el censor no precisa la parte del proceso que debe afectar la  nulidad  y  que  tampoco  demuestra  la  incidencia  de  los  yerros  procesales  alegados,  aparte  de  que  no  dedica  a  éstos, cargos separados, como debía  hacerlo.   

         Le  reconoce  razón  porque  en  la versión libre el imputado no  estuvo  asistido por un abogado, motivo para que esta diligencia sea inexistente  (fl.  12  concepto)  y como tal no pueda dársele el valor de indicio, como así  lo  hizo el sentenciador, aunque de este modo se contradijo, pues primero había  estimado  que,  de  conformidad  con el artículo 229 de la Carta Política, esa  prueba  era inválida (fl. 13), olvidando así que “las valoraciones indiciarias  de  responsabilidad  penal,  como bien lo impera el art. 388 del C.P.P., se debe  al supuesto de legalidad” .   

        Y  añade  que  “El  error  de la Colegiatura de segunda instancia  estriba,  en  que  no  puede  ofrecer  parámetro de contradicción, siquiera de  cotejación,  una  prueba  inexistente, como en efecto lo es la versión rendida  por  Jiménez  Lerma  en  la  versión  libre  y  espontánea  rendida  el 14 de  septiembre de 1.994” (fl. 14).   

         Y  lo  anterior  no  se  modifica  por la presencia del Ministerio  Público  en  la referida versión, pues con ella no deja de ser inexistente por  ausencia  del  defensor  -art. 161 C.P.P.- , inicio que se extiende al “supuesto  reconocimiento” efectuado dentro de la investigación preliminar.   

         Pero,   la   invalidez  de  esas  diligencias  -agrega-  no  tiene  incidencia  en  la  declaratoria  de  responsabilidad  del  procesado,  por  las  siguientes razones:   

        “Primera,  no  existe  el  precondicionamiento  arraigado  en  los  sentenciadores,  juicio  imparcial  derivado  de  la  existencia  de la supuesta  confesión,  al  que  refiere el actor; por el contrario, se vislumbra un juicio  claro,  imparcial,  impoluto  y  objetivo;  en  el  que  no solo se examinan los  elementos  de  juicio  en detrimento del procesado, sino que también, con igual  celo,  se  analizan  los  que  obran  en  su favor, como en verdad lo fueron las  declaraciones  surtidas  en  la  diligencia  de  audiencia  pública por algunos  familiares  del  sindicado  y  su  compañera permanente, otra cosa es que de su  contexto,  en  el criterio del Juzgado del Circuito, compartido por el Tribunal,  se   evidenciaban   factores   para  determinar  su  marcado  favorecimiento  al  procesado,  razón  que les condujo a ordenar la compulsa de copias en su contra  por el presunto delito de falso testimonio.   

        Como  segunda  conclusión, esa versión-confesión, aún aceptada  erróneamente   por   los  falladores  con  apreciación  relativizada,  no  fue  determinante  en  el juicio de responsabilidad en contra de Omar Jiménez Lerma,  como  quiera  que  fueron  múltiples  los  elementos  de  convicción en que se  soportó  la condena, resultando absolutamente irrelevante esa confesión; así,  fue  entendido  al  unísono  por  Juzgado  y  Tribunal  en  las  dos sentencias  indisolubles,  en  las  que  primó  la  coherencia  testimonial de los testigos  presenciales  del  hecho  y  el  reconocimiento  posterior  del  acriminado, que  llevaron  a  la  conclusión  inobjetable sobre la calidad de coautor del mismo”  (fl. 15).   

         Igual  cosa estima con respecto al incumplimiento de los términos  legales  para  escucharlo en indagatoria y para resolverle situación jurídica,  “pues  lo  único  que  producen,  en  el  supuesto  de existir, es una eventual  responsabilidad  disciplinaria  o  penal  a  los  funcionarios que desatendiendo  tales   preceptivas  pasan  por  alto  su  cumplimiento”  (fl.  16).     

         En  cuanto  a los atentados contra la imparcialidad del juzgador y  la  investigación  integral, también objeto de reproche, acota que las pruebas  echadas   de   menos   fueron  recepcionadas  en  la  etapa  del  juicio,  y  en  consecuencia,  la  nulidad  que  pretende  el  demandante carecería de sentido.   

         Por  lo que hace a la protesta derivada de las pruebas practicadas  en  audiencia  pública  sin  el  concurso  de todos los sujetos procesales, “no  repara  el  censor,  que  esas  pruebas  eran  ampliaciones de las declaraciones  ofrecidas  por los testigos presenciales del hecho, que por razones de seguridad  se  excusaron  de  asistir  a  la  audiencia  pública  y,  en últimas, como lo  manifestó  expresamente  la  testigo  Nancy  Stella Hernández de Cifuentes, no  agregaron  nada  nuevo  a lo que siempre se expuso de su parte, que se concretó  con  el  reconocimiento  personal del procesado en fila de personas como coautor  del  doble  homicidio,  los  hurtos  y el porte ilegal de armas; en ese orden de  ideas,  la irregularidad carece de incidencia respecto del fallo recurrido” (fl.  19).   

         Por  último,  advierte cómo el Procurador Judicial se excusó de  asistir  a  la  audiencia  en  cuestión,  en  uso  de  la facultad discrecional  prevista en el artículo 135-4 del Código de Procedimiento Penal.   

         Así  las cosas, concluye que este cargo de nulidad no prospera y,  por tanto, el fallo que se impugna no debe ser casado.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         1.-  Es  de  observar en primer término que la demanda incurre en  una  falla  técnica  ostensible  al  proponer  dentro  de  la causal tercera de  casación  una  serie  de  supuestas fallas de legalidad en el recaudo de varios  medios  probatorios,  que  de  darse,  solo estarían afectando la validez de la  respectiva  prueba y no  del proceso, lo que fácilmente indica que la vía  apropiada  de  su proposición ha debido ser la de la violación indirecta de la  ley por errores de derecho originados en falso juicio de legalidad.   

         Como  consecuencia  de  este  defecto  resulta comprensible que el  censor  no haya indicado, como le correspondía al aducir la nulidad, desde qué  momento  procesal  debía invalidarse la actuación, pues  la ilegalidad de  una  prueba sólo conduce a la  imposibilidad de su estimación en el fallo  (vicio  in  iudicando)  y  no  la del proceso (vicio in procedendo), dado que no  existe  una supeditación de actuaciones que deriven la validez de aquella, como  para que justifique el retraimiento del proceso hasta su práctica.   

         Pero  es  que  además  de  esta  equivocación  irremediable,  es  notoria  la  falta  de  razón  que  asiste  al  casacionista en los reparos que  plantea  y su falta de sustentación respecto de la trascendencia que cada error  revele frente a la validez del fallo proferido.   

         2.-  Tiene  razón  el casacionista en cuanto a que en la versión  rendida  por  el  procesado  dentro  de  la  averiguación  preliminar (fl. 35),  únicamente  estuvieron  presentes  el  “agente  investigador”  y  el  Personero  Delegado  número  11. La ausencia en cuestión torna ilegal dicha versión, por  vicios  en  su  producción,  de conformidad con el artículo 322 del Código de  Procedimiento  Penal, en concordancia con el artículo 29 de la Carta Política.   

         No  obstante,  ni el censor demuestra ni el proceso revela -según  se  indicará  más  adelante-  que dicha prueba haya sido tenida en cuenta para  fundamentar  el  fallo  impugnado,  con  lo  cual  el  Tribunal  implícitamente  conjuró  el anotado vicio cuya inanidad, pues, hace  que el cargo caiga en  el vacío y carezca de fundamento.   

         3.-   Carece   de  razón  el  demandante  cuando  afirma  que  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila de personas practicada por la Fiscalía  Primera  de  Vida  (fl.  156) “constituye señalamiento inducido y viciado” (fl.  471  infra.).  En  este  caso  la  demanda  deja  la  afirmación  en  su  solo enunciado, sin permitirle a  la  Sala analizar de fondo tal reproche, pues por el principio de limitación no  puede  extender oficiosamente su análisis a la integridad de la actuación para  suplir  las  omisiones  del  casacionista, a lo que suma el hecho de que la sola  vista    del    reconocimiento    no    informe   de   los   supuestos   errores  cometidos.   

         4.-  Es  cierto  que el artículo 386 del Código de Procedimiento  Penal  ordena  escuchar  al imputado en indagatoria “a más tardar dentro de los  tres  días  siguientes  a  aquel  en  que  el  capturado  haya  sido  puesto  a  disposición  del  fiscal”.  También es cierto que el procesado fue puesto  a  disposición  el  6 de octubre de 1.994 (fl. 39) y que la Fiscalía, mediante  resolución  del  día  inmediatamente  posterior (fl. 40) dispuso escucharlo en  indagatoria  el  13  de dicho mes, o sea al quinto día. Pero es también verdad  que  como  se  informa al folio 39, Jiménez Lerna cuando venía ya afectado con  resolución  detentiva de 23 de septiembre del mismo año, derivada del “atraco”  en  que  el  procesado  participó  pocos días después de cometidos los hechos  materia de este proceso (cfr.fl. 102).   

         Sumado  a  este hecho que le resta trascendencia a la crítica del  demandante,  se  tiene  que  el  libelo no muestra la trascendencia del presunto  vicio  en  la  validez  del  proceso,  asistiendo  razón al Ministerio Público  cuando  destaca  que  cosa  semejante  cabe  responder  a  la  transgresión del  artículo  387 ibídem, por haberse resuelto la situación jurídica de Jiménez  Lerna “ocho días después” de ocurrida la indagatoria.   

         Además,  que en dicha providencia se hubiese tenido en cuenta “la  confesión”  del imputado en la versión libre, es un reparo que en esta sede de  casación  deviene  impertinente,  como  que  el  objeto  de  la  demanda  en la  impugnación  extraordinaria  es la sentencia, no una  decisión   provisional   como   la   que  resuelve  situación jurídica.   

         5.-  Es  cierto que la Fiscalía no realizó actividad alguna para  escuchar  en  declaración  a  las  personas  que el sindicado en su indagatoria  mencionó  como  avaladoras de su inocencia, inactividad que motivó una llamada  de  atención  por  el  sentenciador (fl. 436), mas también es indiscutible que  esos  testimonios  los recibió el juez de conocimiento en la audiencia pública  (fls.  306  y  ss.), y que, luego en sentencias de primera y segunda instancias,  no  se  les  otorgó  a  tales  testigos  credibilidad, no sólo por provenir de  familiares   y   compañera  del  acusado,  sino  porque  la  realidad  procesal  confirmaba  lo  contrario,  es  decir,  que  Omar  Antonio  Jiménez  Lerna  sí  participó   activamente   en  los  delitos  por  los  cuales  se  le  condenó.   

         Al  respecto  también  carece  de  razón el casacionista, porque  reitera  que  el  fallo  impugnado  “toma  la  ‘aparente  confesión’ como carga  fundamental  de  la prueba en contra de Omar Antonio Jiménez Lerna” (fl. 472A),  pues  examinada  la sentencia reprobada (integrada jurídicamente por los fallos  de  ambas  instancias)  por  parte alguna se aprecia que se haya considerado esa  “versión  libre”  para  fundamentar, siquiera en mínimo grado, la declaratoria  de  responsabilidad,  y contrariamente ésta se erigió sobre los testimonios de  Nancy  Stella  Hernández  Cifuentes  y de su hijo Alvaro Alexander, dueños del  establecimiento  asaltado  y  quienes  tuvieron  buena  oportunidad  de  ver  la  fisonomía  de  Jiménez  Lerna,  ya  que  éste  habló  con  ambos  y requisó  detalladamente  a  la  dama, quien así, desde la diligencia de levantamiento de  los  cadáveres,  y  luego  por  dos  veces  más (fls. 12 vto. infra, 17 y 23),  sostuvo  que  la  persona  llevada a su presencia a raíz del otro “atraco”, era  “el   tuerto”   que  hacía  pocos  días,  en  compañía  de  unos  individuos  “encapuchados”,    había    comandado    en    su  establecimiento    la   operación   delincuencial.   

         Igualmente,  el  fallador  estimó la diligencia de reconocimiento  en  fila  de  personas,  a  través  de  la  cual  los citados testigos y Norbey  Escarria   García   (este  último  también  presente  cuando  los  hechos  se  cometieron),  ratificaron  que  el  procesado  era  la persona a quien se había  referido en sus declaraciones (fl. 156).   

         6.-  Ahora  bien:  los testigos Nancy Stella Hernández Cifuentes,  Alvaro  Alexander Garzón Hernández y Norber Escarria García, pidieron al Juez  no  declarar  en la audiencia “frente al sindicado” (fls. 306 y 309), motivo por  el  cual  sus  ampliaciones  de  testimonio  sólo aparecen rendidas ante juez y  secretario (fls. 306 vto. y 310 a 314).   

         A  la  irregularidad  que  ve  el censor en la práctica de dichas  pruebas  no  le  confiere  él  incidencia  alguna,  y de verdad que no la tiene  frente  al  fallo  condenatorio impugnado, pues fueron solamente ampliaciones de  sus declaraciones, las cuales ratificaron.   

         7,.-  Por  último,  en  cuanto  a la no asistencia del Agente del  Ministerio  Público  a  la  audiencia  pública,  éste  (Procurador  66  en lo  Judicial,  Asuntos  Penales),  le  remitió al juez de la causa el oficio 078 de  abril 28 de 1995, que dice:   

“Una  vez  estudiado  el  proceso  de la  referencia  y  teniendo  en  cuenta  la  facultad  discrecional  del  Ministerio  Público  para intervenir en la vista pública, Art.135-4 del C.P.P., me permito  manifestar  que  no  estaré  presente  en la diligencia de audiencia pública a  efectuarse el dos de mayo de 1995.”. (fl.269 cdno. Trib.)   

         Dicha   discrecionalidad   invocada   torna   inane  la  censurada  inasistencia del Procurador en cuestión.   

         En    fin,               la  serie  de  reproches  que se acaba de ver,  resulta,  pues,  ostensiblemente inidónea para la prosperidad de la nulidad que  reclama  el actor, quien no dice incluso qué segmento del proceso debe afectar.   

         El fallo, pues, no se casará.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la   Corte  Supre­ma  de Justicia en Sala de Casación  Penal,    de   acuerdo   con   el   Ministerio   Público,   adminis­trando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

         NO    CASAR   el   fallo   recurrido.   

         En  firme  esta providencia, devuélvase el expediente al Tribunal  de origen.   

Cópiese, y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

         

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE                           JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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