11645mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11645  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                      Magistrado  ponente:   

                      Dr.  JORGE  CORDOBA POVEDA   

                    Aprobado Acta  No.  034   

(7 de marzo de 2000)  

Santafé  de  Bogotá  D.C.,  catorce (14) de  marzo de dos mil (2000).   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el defensor de JOSE ABELARDO ORTIZ RODRIGUEZ contra  la  sentencia  de  noviembre  20 de 1.995, mediante la cual el tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Bucaramanga condenó a dicho procesado a 25 años y 10  meses  de  prisión  por  el delito de homicidio en Reinaldo García Barajas, en  concurso  con  porte  ilegal  de  armas  de  defensa personal y uso de documento  público falso.   

ANTECEDENTES  

    

1. –  En la noche del 8 de octubre de  1.994  los  amigos  José  Alberto  Ortiz  Rodríguez y Reinaldo García Barajas  departían  unos  tragos  en  una  tienda  de la calle 9ª con carrera 3ª de la  ciudad  de  Bucaramanga.   El  fluido  eléctrico  se  suspendió  y  Ortiz  Rodríguez   con   su   revólver   sin   salvoconducto   hizo  al  aire  varios  disparos.   Cuando  volvió  la luz, repitió esa conducta pero ya dirigida  al  cuerpo  de  su  contertulio,  quien falleció a consecuencia de los impactos  recibidos.    El   agresor  huyó  y  días  más  tarde  fue  aprehendido,  identificándose con una cédula de ciudadanía falsa.     

    

1. –  Abierta  la  investigación  y  capturado  el imputado Ortíz Rodríguez, en su indagatoria dijo que la víctima  lo  agredió,  y  que  él  “estaba muy tomado“ (fl.78), pero que no tuvo la  intención de darle muerte.     

Decidida  la detención preventiva (fl.85) y  practicadas  varias  pruebas,  la  investigación  se cerró y la Fiscalía 3ª.  Seccional,  por  medio  de  resolución fechada en febrero 27 de 1.995 (fl.177),  acusó  al  sindicado  por  homicidio  simple,  “fabricación  y  tráfico  de  armas”   y   falsedad   en   documento   público   (art.   323,   201  y  220  C.P.).   

3.  – El Juzgado 3º Penal del Circuito de la  mencionada  ciudad practicó otras pruebas, celebró audiencia pública (fl.232)  y  dictó  sentencia  en  agosto  4  de  1.995  (fl.255), en la cual condenó al  acusado  a 25 años 10 meses de prisión por homicidio, porte ilegal de armas de  defensa  personal  y  uso de documento público falso (art.323, 201 y 222 C.P.),  fallo  que,  apelado  por  el  defensor  de  Ortiz  Rodríguez,  recibió entera  confirmación     del     Tribunal,    decisión    esta    última    impugnada  extraordinariamente.   

LA DEMANDA  

          Causal única invocada.   

          Dentro  del  marco  del artículo 220-3 del Código de Procedimiento  Penal  se  alega  la  nulidad  por violaciones al derecho de defensa y al debido  proceso,   indicando   que  la  primera  de  ellas   se  dio  en  la  etapa  instructiva,  pues  el  acusado  Abelardo  Ortiz  Rodríguez careció de defensa  técnica,  ya  que el abogado que aquí designó desde la indagatoria se limitó  a  nombrar  un  apoderado suplente que nada hizo dentro del sumario e incluso no  alegó      precalificatoriamente      ni      recurrió      la     resolución  acusatoria.   

          Hace  ver  la  insistencia del procesado en examinar el expediente y  la  ninguna  respuesta  que obtuvo (fl.48 cdno. Tribunal), hasta que “el 23 de  marzo  de  1.995  el  procesado  designa  a su actual defensor, quien empieza su  intervención como tal “ya en la etapa del juicio”.   

          Cita  jurisprudencia de esta Sala sobre el tema alegado e insiste en  la  inactividad  absoluta  del defensor, invocando los artículos 29 de la Carta  Política y 137, 141 y 304 del Código de Procedimiento Penal.   

          Pide    entonces    “la    revocatoria    del   fallo   acusado”  (fl.53).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          El  señor  Procurador Tercero Delegado en lo Penal dice que la sola  aseveración  del  censor  en  cuanto a la falta de defensa, “en abstracto, es  ineficaz  como  demostración  de  una  causal  de nulidad” (fl.9 infra. cdno.  Corte),  ya  que  al  respecto  se  debió  demostrar  qué actuaciones dejó de  cumplir  el defensor y cómo las mismas podrían favorecer al procesado, como lo  señaló  esta  Sala  en  sentencias  de  agosto  31 de 1.995 (M.P. Dr. Fernando  Arboleda  Ripoll)  y  de octubre 5 de 1.994, con ponencia del doctor Juan Manuel  Torres Fresneda.   

          Agrega  que  si  el  procesado  consideraba  que  no  estaba  siendo  defendido,  ha  debido  revocar el poder y opina que “durante el transcurso de  la  primera  etapa  del  proceso,  tanto  el abogado principal como la defensora  suplente  estuvieron  pendientes del desarrollo del proceso y se notificaron, en  forma   personal   de   las   providencias   que  se  emitían  en  el  mismo”  (fl.11).   

          En  cuanto a los memoriales peticionarios del procesado, dice que el  primero  de  ellos  lo  presentó  cuando  estaba  cerrada  la  investigación y  recibió  respuesta  en  la providencia calificatoria y, sobre el segundo, ya la  acusación  se  encontraba  ejecutoriada,  “por lo que no tenía facultades el  fiscal para pronunciarse sobre él”.   

          Habla  de  la  estrategia  que  a  veces  revelan  los defensores de  confianza  con  su  inactividad,  que no pocas veces previamente acuerdan con el  poderdante  (fl.12  infra.),  máxime  que  en  este caso la responsabilidad del  acusado  Ortiz  Rodríguez  “estaba seriamente comprometida” (fl.13), aparte  de  que  el  funcionario  instructor  fue  diligente  en  la recolección de las  pruebas.   

          Pide entonces no casar el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Cargo Unico.   

          Aparece  en  el proceso claro que no existe la nulidad que por falta  de defensa técnica aduce el casacionista.   

          En efecto:   

    

1. –  En  la  indagatoria  (fl.73)  el  sindicado  José  Abelardo  Ortiz Rodríguez nombró defensor, quien luego de la  medida  detentiva  procedió a designar su suplente, el que solicitó copias del  proceso  (fl.97), se notificó de la acusación y pocos días después renunció  a dicho cargo (fl.190).     

          Esa  inactividad,  sin  embargo,  de  por sí no constituye falta de  defensa  reprochable  y  mucho  menos  con idoneidad para desembocar en nulidad,  pues,  como  lo  hace ver la Delegada, ella podía constituir estrategia para no  enfrentar     confirmaciones     de     las     providencias     en    principio  recurribles.   

          Teniendo  en  cuenta esa manera de actuar de la defensa, la que pudo  aparentar  pasividad,  precisamente  para  poderla  luego  alegar  a  favor  del  procesado,  como  generadora  de   nulidad,  no  basta  con  afirmarla para  pretender  que  de  ella  se  deduzca, de suyo, la ausencia de la defensa que el  artículo  304-3  del  Código  de  Procedimiento  Penal consagra como motivo de  nulidad.        Por       el       contrario,       dicha      inactividad   debe   ser   complementada  precisamente  con  la  demostración  de  qué clase específica de actividad  se  imponía  para desvirtuar o  atemperar la impuganción.   

          Como  absolutamente  nada  de  ello hace el casacionista, la nulidad  que   plantea  se  queda,  literalmente,  en  el  mero  enunciado, o lo que es lo mismo, dicho cargo carece de  sustentación.   

          Al  respecto  dijo  esta  Sala  con  ponencia  del  doctor  Fernando  Arboleda Ripoll (31 de agosto de 1995):   

“En  primer  término  es de advertir que  cuando  se  alega  nulidad por falta de actividad probatoria y/o por no impugnar  determinado  pronunciamiento  judicial,  el  actor  está  en  la obligación de  demostrar,  en  el  primer  caso,  qué  pruebas  fueron  omitidas  y  cuál  la  incidencia  de  esta  omisión  en la situación del acusado. Y si lo que quiere  censurar,  para  pedir  la  nulidad  del  proceso,  es  la no impugnación de un  determinado  pronunciamiento  judicial  por  parte  del defensor, también está  obligado  a  demostrar  la  trascendencia  en  el  proceso  de  esta inactividad  profesional.   

“Limitarse  a afirmar -como lo hace aquí  el  censor-  que  no  se  pidieron  pruebas  por  parte  de  la defensa y que no  recurrió  las  decisiones  adversas  a  su representado, es quedarse en el mero  enunciado,  ya  que  debe  admitirse  que unas aseveraciones así hechas carecen  enteramente  de  sustentación.  Pedir pruebas por pedir, impugnar por impugnar,  no  sólo  es  inane  sino  que  incluso  puede en determinados casos exhibir un  censurable  propósito, como podría ser el de dilatar la actuación procesal, o  el  de  aparentarle  a  su  patrocinado  una  diligencia profesional que en  realidad a nada conduce.   

“En  este  proceso  de  verdad  que  los  funcionarios  judiciales,  se mostraron acuciosos y afanosos en la obtención de  la  llamada  verdad  real,  búsqueda  inherente a todo funcionario instructor y  también  a  quien  falla  el  proceso.  No alegar antes de la calificación del  sumario  o  no impugnar esa calificación, bien puede obedecer a una táctica de  la  defensa  o  a  una  tácita conformidad con la resolución de acusación por  considerarla  justa.  Sería  arbitrario,  entonces,  tomar estas circunstancias  como evidencias de una pretendida ausencia de defensa técnica”.   

          Y  con  ponencia  del  doctor Edgar Lombana Trujillo se precisó en  términos  muy  pertinentes  a  este  caso  (rad.11582,  sent.  cas. julio 14 de  1999):   

“Mucho  han  repetido  jurisprudencia  y  doctrina  que  en el caso de la falta de defensa técnica impera demostrar,  así  sea  sumariamente,  qué  efectos  en favor del  procesado   habría  tenido  la  actividad  defensiva  que  se  echa  de  menos.   

         Ahora   bien:   la  no  interposición  de  recursos,  de  suyo  no  entraña  un  abandono  al  procesado,  pues  según  el  leal  saber  y entender de su defensor tal actitud  puede  ser  la que incluso le convenga más a su defendido, de cara sobre todo a  una   pronta   y  cumplida  administración  de  justicia,  en  la  cual  están  comprometidos todos los sujetos procesales.   

         –    Así    pues    que    el    sólo  hecho de la pasividad ocasional del defensor no puede  traducirse  ni  interpretarse  inexorablemente como una violación al derecho de  defensa,  por  lo  que obliga al censor a cotejar dicha inactividad con     la    realidad    procesal  concreta  que  se  encara, para  luego  extraer su incidencia  en  detrimento  de la situación del procesado, con mayor razón si es corriente  que  el  funcionario  (fiscal  o  juez)  haya  sido tan acucioso en averiguar lo  favorable  y lo adverso, que logre una claridad y precisión procesales, con tal  despliegue inquisitivo que, colme toda expectativa probatoria”.   

2.- Por otra parte, ya ante el Juez 3º Penal  del  Circuito  de Bucaramanga, el procesado solicitó se le nombrara un abogado,  a  lo cual se accedió, como también a la vista del expediente (fls. 196 y ss.)  y después designó defensor, quien hoy cumple de casacionista.   

Luego  por  este aspecto tampoco encuentra la  Sala  violado derecho alguno que amerite semejante petición anulatoria de parte  del  censor,  quien, dicho sea de paso, dispuso de toda la etapa del juicio para  enderezar  la  actuación,  si  estimaba  que  aún  faltaban  pruebas  o había  alegaciones por proponer.   

El  cargo  entonces  no  prospera  y el fallo  atacado no se casará.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal, de acuerdo con el Ministerio Público,  Administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley.   

RESUELVE  

          NO  CASAR  la sentencia impugnada. En firme  devuélvase al Tribunal de origen.   

Cópiese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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