11552(02-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 11552  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. HERMAN GALAN CASTELLANOS  

Aprobado Acta No. 49  

Bogotá, O. C., Mayo 02 de 2002.  

ASUNTO  

Decide  la  Corte  la  casación  interpuesta  contra  la  sentencia  anticipada  del  30  de mayo de 1995, mediante la cual el  Tribunal  Nacional,  modificó  la  de  primera  instancia,  condenando a MARÍA  LUCERO  GAITAN  GARCÍA  y  CAMPO  ELIAS  MONROY  GUARNIZO  a  sendas  penas  de  dieciséis  (16)  años  y  ocho  (8)  meses  de  prisión,  multa equivalente a  ochocientos  treinta  y  cuatro  (834)  salarios  mínimos  legales  mensuales e  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por un período de diez (10)  años,  como  responsables  del delito de secuestro extorsivo agravado, cometido  en  la  persona  de  EDUARDO  RESTREPO  JARAMILLO  (artículos  268  del C.P. en  concordancia con el 6° del decreto 2790 de 1990).   

El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de  Ibagué  con  providencia  del  30  de  agosto de 2001 redosificó la pena a los  procesados,  aplicando  por  favorabilidad la establecida en el artículo 169 de  la  ley  599  de 2000, procediendo a fijarles como pena privativa de la libertad  la  de  15  años  de  prisión.  Además, en la misma providencia reconoció 26  meses  y 13 días de redención de pena a CAMPO ELIAS MONROY GUARNIZO y  34  meses  16  días de redención punitiva por trabajo y estudio a LUCERO GAITAN DE  GARCIA,   concediéndoles  la  libertad  condicional  por  reunir  los  factores  objetivos y subjetivos establecidos para este subrogado .   

HECHOS      Y  ACTUACION   

El  27  de  agosto  de  1992,  en  inmediaciones de la hacienda ‘El        Higuerón’  de  la  comprensión municipal de El  Guamo,  fue  secuestrado  EDUARDO  RESTREPO  JARAMILLO por varios individuos que  portaban  armas  de  fuego.  A  través  de llamadas telefónicas que se hacían  desde  la  capital  de  la  República  se exigió por su liberación la suma de  doscientos  millones  de  pesos,  las  que  al ser interceptadas por parte de la  Policía  Nacional,  grupo  UNASE,  facilitaron  la  captura  de  MANUEL  GAITAN  GUARNIZO  y CAMPO ELIAS MONROY GUARNIZO. También, a raíz del operativo montado  para  investigar  los  hechos,  fue  capturada  LUCERO  GAITAN  DE GARCÍA en el  municipio  de  Rovira,  hallándose  en  su  poder  la  suma  de  $763.000 y dos  grabaciones relacionadas con el secuestro.   

Por  los anteriores hechos, el 3 de diciembre  de  1993  la  Fiscalía  Regional  acusó  a  los  vinculados  por  el delito de  secuestro  extorsivo agravado previsto en los artículos 22 y 23 del decreto 180  de  1988.  (fs.  306 y ss. c. # 1°) Recurrida la resolución, fue mantenida sin  variación  al resolverse la reposición interpuesta, aclarándose que el delito  imputado  era  el  previsto  en  el  artículo  268  del  Código  Penal  con la  punibilidad  establecida  en el artículo 6° del Decreto 2790 de 1990, adoptado  como  legislación permanente por el artículo 11 del Decreto 2266 de 1991. Esta  decisión  fue  confirmada  el 30 de mayo de 1994 por la Fiscalía Delegada ante  el  Tribunal Nacional al resolver el recurso de apelación (fs. 57 y ss. c. Seg.  Inst. Fiscalía).   

Abierto  el  juicio,  todos  los  procesados  solicitaron   se   formularan  cargos  para  acogerse  a  sentencia  anticipada,  diligencia  que  se  realizó  el  2  de  febrero  de 1995 ante el Juez Regional  correspondiente  y  en la que MARÍA LUCERO GAITAN y CAMPO ELIAS MONROY GUARNIZO  aceptaron  los  cargos  que se les habían hecho en la resolución de acusación  (fs. 565 y ss. c. # 1°).   

Con  base  en  la  anterior  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de cargos, el Juzgado Regional profirió sentencia  anticipada  (fs.  568  y  ss.  Ib.)  que  al  ser  revisada  por  apelación del  Ministerio  Público  y  del  defensor  común de los procesados, ambos alegando  errada  aplicación de la pena prevista para el delito de secuestro extorsivo en  el  articulo 6° del Decreto 2790 de 1990, el Tribunal Nacional la confirmó con  reducción  de  las  penas inicialmente impuestas, fijándolas en las cantidades  ya referidas.   

LAS  DEMANDAS   

La identidad de los fundamentos expuestos, la  causal  de casación invocada y las pretensiones de las demandas presentadas por  los  defensores  de  CAMPO  ELIAS  MONROY  GUARNIZO  y  MARÍA  LUCERO GAITAN DE  GARCÍA, permiten hacer un resumen conjunto de las mismas.   

Con   amparo  en  la  causal  1a  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal  anterior,  acusan  la sentencia del Tribunal de violación  directa  de  la  ley  sustancial, por aplicación indebida del artículo 6° del  decreto  2790  de  1990 y consiguiente falta de aplicación del articulo 268 del  Código Penal, vigente al momento de los hechos.   

Afirman  los  censores  que,  la  finalidad  perseguida  por  los secuestradores era la obtención de una utilidad económica  y  el  ofendido  en  este  caso  no  era  sujeto calificado, de suerte que dicha  conducta  encaja  en  el  artículo  268  del  Código  Penal,  norma que debió  aplicarse sin remisión al artículo 6 del Decreto 2790 de 1990.   

En  la  demanda presentada por el defensor de  MARÍA  LUCERO  GAITAN,  se considera transgredido el principio del non  bis  in ídem, trayendo a colación el  hecho  de  que  a  otro  de  los implicados, MANUEL GAITAN GUARNIZO, también en  sentencia  anticipada,  se le  aplicó  la  pena  establecida en el artículo 268 del Código Penal, con lo que  se    generaría    un    agravio   grave   e   injustificado   a   los   demás  procesados.   

En  las  dos  demandas  se  solicita casar la  sentencia y dictar la que deba sustituirla.   

EL MINISTERIO PUBLICO  

EI  Procurador  Tercero  Delegado en lo Penal  conceptúa  que,  si  bien  para  la  época  en  que ocurrieron los hechos – 27  de agosto de 1992 – existían  varias  normas  que  regulaban  el secuestro, lo cierto es que la aplicable para  los  efectos  de  la  dosificación  punitiva en este caso, es la indicada en el  artículo  6°  del  Decreto 2790 de 1990, convertido en legislación permanente  por el artículo 11 del Decreto 2266 de 1991.   

La  descripción  típica  que corresponde al  caso  en  estudio,  concluye,  es  la  contenida en el artículo 268 del Código  Penal,  pues  el  fin  del  plagio  fue económico, pero la pena imponible es la  indicada  en  el  referido  articulo  6°  que  modificó la sustantiva penal en  cuanto a la graduación punitiva.   

Considera   que  no  existe  violación  al  principio    del   non   bis   in   ídem,  por  el hecho de que a otro procesado, en actuación separada por  rompimiento  de  la  unidad procesal se le hubiera impuesto de manera equivocada  pena diferente a la que fue sometido el recurrente en este proceso.   

Sugiere  a  la  Corte  no  casar la sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Los  recurrentes  sostienen  que la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Nacional  aplicó  indebidamente  la  sanción del  artículo  6 del decreto 2790 de 1990 e inaplicó la del artículo 268 del C.P.,  incurriendo en violación directa de la ley sustancial.   

El  Juzgado  Regional  y el Tribunal Nacional  condenaron  a  los  procesados  invocando  como fundamento el hecho de que en el  presente  evento se ejecutó el comportamiento delictivo descrito como secuestro  extorsivo  en  el  artículo  268  del  C.P.  con la pena establecida en el  artículo  6 del Decreto 2790 de 1990, adoptado como legislación permanente por  el  artículo 11 del Decreto 2266 de 1991, por cuanto que la adecuación típica  dependía  de la finalidad de la acción realizada en cada caso particular y, en  este  evento,  se demostró con los distintos medios de prueba allegados, que no  fue otro que la de constreñir al ofendido a pagar $200. 000.000.   

          Las  formas  de  secuestro  previstas en los artículos 268, 269 del  Código  Penal  y 22 del decreto 180 de 1988, y los conflictos surgidos con base  en  estas  disposiciones,  fueron superadas  con el artículo 6 del decreto  2790  de 1990, dado que siempre que la acción se hubiere ejecutado a partir del  16  de  enero  de 1991 y antes del 20 de enero de 1993 y si lo perseguido fueran  los  propósitos  previstos  por  el  artículo 268 del C.P., la norma aplicable  sería  la  del artículo 6º del citado decreto 2790, acogido como legislación  permanente por el artículo 11 del decreto 2266 de 1991.   

En  el  caso  que  se  examina,  el plagio se  cometió  entre  el  27  de  agosto y el 8 de septiembre de 1992, con uno de los  fines  previstos  en el artículo 268 del Código Penal, a saber, el económico,  por  cuanto  se  exigieron  doscientos  millones  de  pesos  por la libertad del  secuestrado  EDUARDO  RESTREPO  JARAMILLO.  En  ese  orden,  ningún yerro puede  atribuirse  al  Tribunal al aplicar la pena prevista en el Decreto 2790 de 1990,  razón por la cual el cargo se rechazará.   

Sobre este tema, que en múltiples ocasiones  le  ha  sido propuesto a la Sala de manera similar, con razones idénticas a las  examinadas  en  esta  oportunidad  y de manera unánime, se ha sostenido, que la  sanción  aplicable  no  es  la  del artículo 268 del C.P., sino la del 2790 de  1990,  porque  además  de  cumplirse con la descripción típica, concurren las  otras  exigencias  especiales,  esto es, que la  acción se consumó dentro  de  la  vigencia  del  citado  decreto  y  que  los  fines  perseguidos  son los  señalados    en   el   artículo   268   ibídem.1  La  Corporación,   con  ponencia  del doctor Jorge Aníbal Gómez Gallego, el 11 de agosto de 1999, hizo  precisiones  que  por  avenirse al asunto analizado, se insertan a continuación  como  sustento  de  esta  decisión:               

“Es necesario advertir previamente que, en  relación  con  el  delito  de secuestro extorsivo examinado en este proceso, la  norma  aplicable  es la del artículo 6° del Decreto 2790 de 1990, acogido como  legislación  permanente  por el artículo 11 del Decreto 2266 de 1991, dado que  los  hechos  acaecieron el 19 de enero de 1993, y no es pertinente la Ley 40 del  mismo  año,  que  sustituyó aquellas disposiciones, pues ella apenas empezó a  regir  al  día  siguiente.  Así entonces, el precepto procedente dice que  el  delito de secuestro se sancionará con prisión de veinte (20) a veinticinco  (25)  años  y  multa  de  un mil a dos mil salarios mínimos legales mensuales,  entre    otras    alternativas    comportamentales,    cuando    “persiga  los  objetivos  enunciados en el artículo 268 del Código  Penal”.    Y  los  objetivos  que  trae  esta  disposición,  según  los  cuales  el secuestro de una persona se califica como  extorsivo,  son  los  de  “exigir  por  su  libertad  un  provecho o cualquier  utilidad,  o  para  que  se  haga  u  omita algo, o con fines publicitarios o de  carácter político”.   

“Cuando  las normas contienen expresiones  afines  tales  como  “perseguir  objetivos”,  o  “con  el propósito”, o  “para”,  o  “con  fines”,  que corresponden a  predicados de verbos  rectores   y   denotan   sólo  finalidad  y  no  necesariamente  otra  conducta  concreta  o realizada, con  razón   dice   la  dogmática  jurídico-penal  que  tales  manifestaciones  se  identifican   como   elementos  subjetivos  del  tipo  de  secuestro  extorsivo,  distintos  del  dolo,  que  como tales no exigen su cristalización para que sea  completa  la  tipicidad del delito.  Desde luego que la adecuación típica  del  hecho  punible de secuestro extorsivo sí exige un comportamiento externo y  central  de “arrebatar”, “sustraer”, “retener” u “ocultar” a una  persona,  pero  no  es  necesario  que  se  haya  concretado,  verbigracia,  una  exigencia  económica, pues basta que el sujeto haya privado de la libertad a la  víctima asistido de dicho propósito”.   

            

La  supuesta transgresión del principio del  non  bis  in  ídem,  debió  hacerse  en  cargo  separado  y no con base en el mismo argumento de la indebida  aplicación  del  Decreto  2790  de  1990. De otra parte, como lo explicó en su  concepto  el  Procurador Delegado, ese principio no corresponde al contenido que  le  da  el  casacionista  y  el  error cometido en el juzgamiento de otro de los  implicados,  no  es  razón  atendible  jurídicamente para que se incurra en el  mismo en este proceso.   

En  las anteriores condiciones, están dados  los  supuestos  para  que  la  Sala,  con fundamento en los precedentes citados,  decida no casar la sentencia impugnada.   

Esta  providencia queda en firme en la fecha  de su firma y contra ella no procede recurso.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO CASAR la sentencia  impugnada.  Devuélvase  al  Despacho  judicial  que haga las veces del Tribunal  Nacional.   

Cópiese, comuníquese y cúmplase.  

ALVARO   O.   PEREZ  PINZON   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

         

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS                                          CARLOS    A.    GALVEZ    ARGOTE                                                   

JORGE   ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                                                  EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                                                                                                                                  No hay firma   

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR                                 NILSON      PINILLA  PINILLA                          No  hay  firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ    

1 Bajo  estas  condiciones  y en el sentido indicado, las providencias proferidas en los  siguientes  procesos:  13566,  12  de  noviembre/99,  M.P. Dr. Jorge E. Córdoba  Poveda;  13555, diciembre 3/99 y 12495 de agosto 11/99, M. P. Dr. Alvaro Orlando  Pérez Pinzón.     

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