11541jun

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 11541  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CORDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 089  

(Mayo 29/2000)  

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  doce (12) de  junio de dos mil (2000).   

         V I S T O S   

Resuelve  la  Sala el recurso de apelación  interpuesto  por  el  Procurador  133  Judicial en lo Penal y un Fiscal Delegado  ante  esa  Corporación,  contra  la  sentencia  del 7 de diciembre de 1995, por  medio  de  la  cual  el  Tribunal  Superior de Montería absolvió a  MARTHA  CECILIA  PETRO HERNANDEZ, en su  condición  de Juez Civil Municipal de Cereté (Córdoba), del cargo de peculado  culposo.   

         H E C H O S   

La  doctora Martha Cecilia Petro Hernández  desempeñó  el  cargo  de  Juez  Civil Municipal de Cereté (Córdoba) entre el  primero  de septiembre de 1985 y el 31 de enero de 1991. Durante ese lapso se le  otorgaron  dos  licencias, a saber: entre el 8 de septiembre y el 5 de noviembre  de  1990 y entre el 17 y el 31 de enero de 1991. En ambas fue reemplazada por el  doctor  Marcelino  Villadiego  y  al  dejar  el  cargo  éste fue asumido por el  doctor   Freddy Puche Causil, quien comenzó a laborar a partir del primero  de febrero de 1991.   

Este  último funcionario tuvo conocimiento  de  las anomalías que se venían cometiendo en el cobro de títulos judiciales,  por lo que formuló la correspondiente denuncia.   

Adelantada  la  investigación  penal  se  estableció   que   numerosos   comprobantes  de  depósitos  judiciales  fueron  indebidamente  cobrados  por  los  auxiliares  de la justicia José Luis Cantero  Vásquez   y   Consuelo   del  Rosario  Guerrero  Contreras,  para  lo  cual  se  falsificaron  las  firmas  de  la  doctora  Petro  Hernández  y de los doctores  Villadiego  y  Puche  Causil,  por  parte  de  la secretaria del despacho, Noris  Puche, y del escribiente, Nemesio Villadiego.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. El Tribunal Superior de Montería,  mediante  decisión  del  29  de  septiembre  de  1991, al desatar el recurso de  apelación  interpuesto  contra el auto que resolvió la situación jurídica de  Noris  Puche  Redondo  de  Pastrana,  Nemesio  José  Villadiego  R., Jorge Luis  Cantero   Vásquez   y  Consuelo  del  Rosario  Guerrero  Contreras  dispuso  la  expedición  de copias para que se investigara a la doctora Martha Cecilia Petro  Hernández,  en  su  condición  de  Juez  Civil  Municipal  de Cereté, “por un  posible   comportamiento  descuidado  que  pudo  haber  dado  lugar  a  que  sus  subalternos  se  apoderaran  de  los títulos judiciales cuya custodia le había  confiado la ley a ella por razón de sus funciones”.     

El  citado  proceso  tuvo  su  origen en la  denuncia  penal que contra los mencionados funcionarios subalternos presentó el  doctor  Fredy  José  Puche  Causil,  quien  a partir del 1° de febrero de 1991  remplazó  a  la  procesada  en  el  cargo  de  juez  y,  por  tal  motivo, tuvo  conocimiento  de  las  irregularidades  que existían en el manejo y pago de los  títulos  judiciales consignados en el Banco Popular de la localidad a nombre de  ese despacho.   

En el cuerpo de la denuncia, formulada el 4  de  abril  de  1991,  manifestó que entre 1989 y 1991 se cobraron ilícitamente  los  siguientes  títulos: tres por valor de $20.000,oo, uno por $25.000,oo, uno  por   $366.890,oo,   uno   por  $44.000,oo,  uno  por  $250.000,oo  y  otro  por  $100.000,oo,   correspondientes  a  depósitos  efectuados  en  varios  procesos  civiles que cursaban en ese despacho judicial.   

También  informó que los títulos estaban  “bajo  la  custodia  y  responsabilidad de la secretaria, señora NORIS PUCHE DE  PASTRANA,  y  estuvieron  hasta el 3 de abril de este año (1991), cuando asumí  el  manejo y cuidado de los mismos por las irregularidades que tuve conocimiento  y  que  son  objeto  de esta investigación”. Igualmente dejó en claro que “por  inexperiencia,  ya que es la primera vez que ocupo el cargo de juez, recibí sin  inventario  creyendo  que  éste  no  era  necesario y tampoco lo exigí”.    

2.   Paralelamente  a  los  trámites  en  precedencia  señalados,  el abogado Henry Daza Torres, obrando en su condición  de  apoderado  judicial  en  dos  procesos de pago por consignación adelantados  ante  el  Juzgado Civil Municipal de Cereté, presentó denuncia penal, el 17 de  abril  de  1991,  a  raíz  de  que  al  solicitar la entrega de dos títulos de  depósito  judicial  por  $250.000,oo  y $270.000,oo, constituidos dentro de los  mencionados  diligenciamientos,  se  estableció  que habían sido ilícitamente  cobrados.   

3. Con fundamento en lo anterior, la Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de Montería, mediante auto del 22 de  octubre  de 1991, dispuso iniciar investigación preliminar dentro de la cual se  acreditó  la  calidad  foral de la doctora Martha Cecilia Petro Hernández y se  escucharon  como  testigos   a  Alberto Antonio Anaya Pérez, Gerente de la  Sucursal  del  Banco  Popular  de  Cereté,  a Teresa Morales Cardona y a Manuel  Francisco  Guzmán, ciudadanos que eran beneficiarios de algunos de los títulos  ilícitamente cobrados.   

Igualmente  a la imputada se le escuchó en  diligencia  de  versión  libre,  dentro de la cual dijo que se desempeñó como  Juez  Civil  Municipal  de  Cereté  desde el 1° de septiembre de 1985 al 31 de  enero  de 1991, lapso durante el cual disfrutó de dos licencias, la primera por  maternidad,  comprendida   entre  el 8 de septiembre y el 5 de noviembre de  1990, y la segunda, desde el 17 hasta el 31 de enero de 1991.   

Sostuvo  que  sólo  se  enteró  de  las  irregularidades  el 4 de abril de 1991, “pues durante mi estancia en ese juzgado  nunca  me  di cuenta sobre dicha falsedad”. Luego de explicar el trámite normal  que  se  daba  para el cobro de los títulos judiciales, reconoce que los mismos  eran  manejados  por  la  secretaria Noris Puche de Pastrana, en razón a que su  escritorio  “era  bastante  viejo,  no  tenía  ninguna clase de seguridad, como  quiera  que  estos  títulos  llegaban por secretaría y en mi ausencia ella era  quien  los  recibía  cuando  los  traían  del banco, ella los guardaba bajo su  custodia”.   

Agrega que en su comportamiento no existió  negligencia  alguna  y de haber sabido “sobre este asunto la primera que hubiera  tomado  las  medidas  del caso hubiese sido yo, pues era mi nombre el que estaba  quedando en entredicho”.   

4.  Basada  en  los anteriores elementos de  juicio,  la  Fiscalía  Segunda Delegada ante el Tribunal Superior de Montería,  por  resolución  del  21  de  septiembre  de  1992,  declaró la apertura de la  instrucción,  etapa  durante  la  cual  se  allegaron  lo  siguientes medios de  convicción:   

4.1.  Declaraciones  de  Gustavo  Rodolfo  Espinosa  Cabrales,  Carlos  José  Cuello  Petro,  Gerardo  Hettinga de Wreder,  Marlen  Martínez Vásquez y Tulio Ramón Figueroa Genes, quienes bajo juramento  aseveraron   que   no  pudieron  hacer  efectivos  varios  títulos  judiciales,  constituidos  por  razón de la existencia de varios procesos que cursaban en el  Juzgado  Civil  Municipal  de  Cereté,  toda  vez  que ya habían sido cobrados  ilícitamente.   

4.2.  Declaraciones  de los abogados Ramiro  Padrón   Ramírez   y  Alfredo  Elías  Sánchez  Espinosa,  profesionales  que  expusieron  que con ocasión del litigio se enteraron de la pérdida de títulos  de  depósito  judicial  que  venía  ocurriendo en el despacho de la Juez Civil  Municipal del mencionado municipio.     

4.3.          Declaración  del  señor Alberto Anaya  Pérez,  quien  fuera  Gerente de la Agencia del Banco Popular en  Cereté.  Explicó  que  a través de la asistente administrativa de la entidad financiera  tuvo  noticia  que  una  persona que se había acercado a las oficinas del banco  con  el  fin  de reclamar un título encontró que “ya había sido reclamado por  el  Juzgado, que ella había enviado al solicitante al juzgado y éstos, al día  siguiente  o  a  los  dos  días,  habían  depositado nuevamente la plata en el  banco,  situación  ésta que me pareció anómala y por ésto le hice la visita  a  la  oficina  del Juzgado, donde hablé en primera instancia con la secretaria  Puche  y  ésta  me informó que le iba a transmitir la inquietud del banco a la  doctora  Petro…”. Agregó que tiempo después, “recibí la visita de la juez y  de  la  secretaria”,  a  quienes  informó de las irregularidades que se habían  presentado con el citado título.   

En  posterior  ampliación de declaración,  reiteró  lo  expuesto  anteriormente.  No  obstante,  aun cuando admite que fue  compañero  de  bachillerato  de  un  hermano  de  la  procesada, señala que no  recuerda conocer a Martha Cecilia Petro Hernández.   

4.4.           Declaración   de   Deyanira   Guerra  Villabón,  quien  para  la época de los hechos era asistente administrativa de  la  Agencia  del  Banco  Popular  de  Cereté  y,  por  lo  mismo,  encargada de  supervisar  la expedición y pago de los títulos de depósito judicial. Relató  lo  atinente  a  las irregularidades que se presentaron con dos títulos, por lo  que  consideró  del  caso hacérselo saber al nuevo juez cuando fue a registrar  su  firma.  Indica  que con antelación, cuando la juez era la doctora Petro, de  las  anomalías  observadas  fue  enterado  el  gerente  del banco quien se hizo  presente  en  el  juzgado  informando  de lo ocurrido a la secretaria del mismo,  pues  la  juez  no  se  encontraba.  Agregó que posteriormente la secretaria se  presentó  en las instalaciones del banco con otra persona que dijo ser la juez,  a las que se les informó lo que venía ocurriendo.   

4.5.   También   se  practicaron  varias  diligencias  de  inspección  judicial,  tanto  en las instalaciones del juzgado  como en las del Banco Popular.   

5.   La   doctora  Martha  Cecilia  Petro  Hernández,  en sus diferentes intervenciones procesales, se mostró ajena a los  hechos  imputados.  Ha insistido en afirmar que en el ejercicio de sus funciones  como  Juez  Civil  Municipal  de  Cereté  nunca  tuvo  actitudes  de descuido o  negligencia  que condujeran a la pérdida de los títulos judiciales que estaban  a  su  cargo.  No  obstante,  acepta  que “desde siempre los títulos judiciales  reposaban  en poder de la secretaria NORIS PUCHE DE PASTRANA, quien los guardaba  en  su  escritorio…”, toda vez que “le asigné tal responsabilidad, por cuanto  que  llegaban  por Secretaría, ella era la que se encargaba cuando llegaban del  banco  y  me  parecía  que  como  secretaria  debía manejarlos y custodiarlos,  aparte  de  que  el  escritorio  que  yo  tenía  era bastante viejo y no tenía  llave”.   

De  igual  manera  aceptó  que el libro de  títulos  y los demás que se llevaban en el juzgado los manejaba el escribiente  Nemesio  Villadiego,  “pues tenía buena letra y buena estética para llevarlos”  (fls. 28 y 29).   

De otra parte, sostiene que los títulos que  se  cobraron  ilícitamente no fueron firmados por ella ni lo supo, como tampoco  fue  informada  de  las  irregularidades  que estaban sucediendo. Agrega que los  funcionarios   del   banco   no   le  advirtieron  de  los  hechos  que  venían  aconteciendo,  además  de  que  ellos nunca se entrevistaron con ella (fl. 56 y  ss.).   

También  explicó  que  durante  el mes de  abril  de  1990  “me  diagnosticaron  una  placenta  previa,  lo  que en mi tipo  sanguíneo  O  negativo  era  de especial cuidado, por ello con la colaboración  del  alcalde  de  este  municipio acondicioné mi despacho en el primer piso del  edificio  municipal,  toda  vez  que el juzgado a mi cargo funciona en el tercer  piso,  y  el  hecho  de subir la escalera constituía un grave ejercicio para mi  estado  de  salud  en  esos  momento,  fue precisamente la época en que más se  dieron las falsedades”.   

Luego  de  reiterar  su  inocencia  y  de  descartar  la  negligencia  en su función, termina asegurando que fue engañada  por sus subalternos.   

6. El 6 de septiembre de 1993, la Fiscalía  segunda  Delegada  ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería,  calificó  el  mérito del sumario con resolución de preclusión en favor de la  doctora  Petro,  al  considerar  que  había  actuado  dentro  de  la  causal de  inculpabilidad de la fuerza mayor o el caso fortuito.   

Tal decisión fue apelada por el Procurador  Judicial  Penal  133 de Montería, quien arguyó la existencia de la culpa, pues  estimó  que  la  procesada  no  había  sido lo suficientemente cuidadosa en el  manejo    y   vigilancia   de   los   títulos   judiciales   sometidos   a   su  custodia.   

La Unidad de Fiscalía Delega ante la Corte  Suprema  de  Justicia,  al  desatar  la  apelación,  revocó  la  preclusión y  profirió   resolución   de  acusación  por  el reato de peculado culposo, el 20 de diciembre de 1993, la  que  quedó  ejecutoriada  el  25  de  enero  de  1994,  con  fundamento  en los  siguientes argumentos:   

1°  El  Decreto 1794 de 1963  “puso  bajo  la  responsabilidad de los funcionarios de la Rama Jurisdiccional – jueces  –  la  custodia  de los títulos o comprobantes de los depósitos consignados en  los  establecimientos  bancarios allí determinados, a órdenes de los despachos  administradores de justicia”.   

2°  Esta  responsabilidad  no  desaparece  “por  el  hecho  de  las  labores  asignadas  al Secretario de acuerdo con las  normas  pertinentes  (art.14 Decreto 1265 de 1979) y menos todavía por la forma  que  internamente  se  hubiera  adoptado para la marcha de la oficina. No podía  por  tanto  el  juez,  como  jefe de ella, desentenderse de dicha vigilancia, la  cual debía y tenía que ejercer en forma suficiente”.   

3°  La juez faltó al deber de cuidado, el  que  pudo cumplir en el caso concreto y omitió voluntariamente hacerlo, como se  infiere de lo siguiente:   

3.1.  El largo espacio de tiempo durante el  cual  los  subalternos  de  la acusada cometieron las apropiaciones y falsedades  “aunado  a  la  circunstancia  de  que  los  hechos  ocurrieron  en una ciudad  pequeña  como  Cereté,  en  el  aun más reducido medio judicial y habiéndose  perjudicado  a  tantas personas y abogados hace pensar que resultaría insólito  dudar  de  que las voces públicas no llegaron a la funcionaria en cuyo despacho  ocurrió la escandalosa situación”.   

3.2. “Hubiere bastado a la doctora Petro,  sin  necesidad  de  ascender  las escalas hasta las oficinas de Secretaría, con  ordenar   a   su   secretaria   traer   los   títulos   y  extractos  bancarios  correspondientes  a  los  depósitos  manejados  en su despacho, para constar la  inconsistencias   mayúsculas   que  se  presentaban.  Con  un  simple  muestreo  periódico,   hubiese   podido  detectar  las  irregularidades  que  se  venían  cometiendo,  pero  pudo  más  la  incuria, que la responsabilidad de cumplir el  deber legal”.   

3.3.  “La  necesidad  de  entregar  la  custodia  física  de  los  documentos  en  mención  a su secretaria, ha debido  estimular  su  celo  para  atender  a  su deber de custodia legal, del que no la  exoneraba aquella delegación”   

3.4.  “Haber  hecho  caso  omiso  de  la  advertencia  que  le  hicieron  la  asistente administrativa del Banco, Deyanira  Guerra  Villabona  y el gerente, Alberto Anaya Pérez, sobre las irregularidades  advertidas en el cobro de los títulos.   

En  consecuencia,  se imputó a la doctora  Martha  C.  Petro  Hernández  haber  dado  lugar  con  su conducta negligente y  descuidada   a  que,  mediante  la  falsificación  de  su  firma,  se  cobraran  indebidamente,  con  intervención  de la secretaria y el escribiente, numerosos  títulos  de  depósito  judicial,  entre  los  meses  de mayo de 1989 y el 7 de  septiembre  de  1990,  según  se  aprecia  en  la inspección judicial y en las  relaciones que obran a los folio 239 a 252 del cuaderno principal.   

        SINTESIS DE LA SENTENCIA   

        DE PRIMERA INSTANCIA   

La  Sala  de  Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  Montería  consideró que las explicaciones dadas por la procesada  Martha  Cecilia  Petro  Hernández tienen soporte probatorio, además de que las  pruebas  obrantes  en  el  expediente  desvirtúan  los  cargos  que  le  fueran  formulados   en  la  resolución  de  acusación,  por  el  delito  de  peculado  culposo.   

Acota que el largo tiempo que transcurrió  verificándose  el  cobro  irregular e ilícito de los títulos judiciales no se  puede  tener  como  elemento  del  que  se  pueda  inferir  que  la  acusada fue  negligente,  sino  que  fue la forma habilidosa como actuaron sus subalternos lo  que    hizo    imposible    que    la    juez   “descubriera   aquel   montaje  inicuo”.   

Consideró  que  no  se  puede predicar en  contra  de  la  funcionaria  la  culpa por omisión, por cuanto a ella no le era  exigible  que  tomara  alguna  actitud que evitara la sustracción dolosa de los  títulos  judiciales,  así  como tampoco le fue exigible a los funcionarios que  la reemplazaron en el cargo.   

Advirtió  como equivocada la afirmación  de  la  Fiscalía,  en  el  sentido  de  que  la  conducta  de  la procesada fue  negligente,  porque  le  hubiese  bastado  con  ordenar  a  su secretaria que le  llevara  a  su  Despacho  los extractos bancarios correspondientes a lo títulos  judiciales  y  así  ejercer  sobre  ellos  un control, pues con esos documentos  sólo  se podía constatar el saldo existente, que era el mismo del libro, “dado  que una vez que eran cobrados se procedía a descargarlos”.   

Estima  que “tampoco es una verdad de a  puño”  el  argumento plasmado en la resolución de acusación, consistente en  que  después del largo trecho criminal recorrido por sus subalternos, “aunado a  la  circunstancia  de  que  los  hechos  ocurrieron  en  una  ciudad  pequeña y  habiéndose  perjudicado  a  tantas  personas”,  la procesada nunca hubiese sido  informada  de  la  situación  escandalosa  que  ocurría en el Juzgado Civil de  Cereté.  “Se  trata  de  una  simple apreciación, huérfana de pruebas en el  proceso que la corroboren plenamente”.   

El  que  los  abogados  Marlen  Martínez  Vásquez  y Alfredo Elías Sánchez conociesen de las irregularidades sucedidas,  no  implicaba necesariamente que la juez acusada debiera también conocer de los  actos  anómalos que ocurrían en su Despacho, “otra suposición, sin respaldo  probatorio  desde luego, que no constituye certeza alguna de que la juez acusada  fue negligente.”.   

Respecto  de las declaraciones de Alberto  Anaya  Pérez  y Deyanira Villabón Guerra, en cuanto aseveran haber informado a  la  juez  de las irregularidades que se estaban presentando, cuando, al parecer,  concurrió  al  banco en compañía de la secretaria, concluyó el a quo que son  contradictorias   y   por   lo   mismo   hacen   dudar   de   su   veracidad   y  seriedad.   

Sostuvo   que   la  ampliación  de  la  declaración  de  Anaya  Pérez,  en  la  que manifiesta no conocer a la doctora  Petro,  no  se  puede  demeritar  con  el argumento de que es sospechosa, por el  hecho  de  que  conocía  a  los  hermanos  de la procesada, ya que del hecho de  conocerlos no se puede inferir que también a ella la conocía.   

De  otra parte, colige que no fue la juez  quien  se hizo presente en las oficinas de la citada entidad, pues pudo tratarse  de  otra  persona  que  la suplantó, con el fin de evitar que el plan delictual  llevado  a  cabo  por  Noris  Puche  se  descubriera. De igual manera, el que el  declarante  Anaya  incurra  en ciertas imprecisiones, sólo permite concluir que  obedeció  a su afán de proteger los intereses de la entidad crediticia para la  que trabajaba.   

En cuanto al tema de la delegación en el  manejo de los títulos, el Tribunal sostuvo:   

       “Tampoco  es  una  verdad incuestionable que por haber delegado la  doctora    Martha   Petro   Hernández   la  custodia  de  los  títulos  judiciales  en  la  Secretaria  Norys  Puche de Pastrana,  no  quedaba  exonerada  del control y vigilancia de los mismos, pues no obstante  tal  circunstancia  su  responsabilidad  por  cualquier  anomalía surgida en su  manejo  radicada  en  cabeza de ella como titular del Juzgado Civil Municipal de  Cereté.   

       “Autorizados   autores  que  han  tratado  lo  relativo  a  esta  materia,   sostienen  que  el  delegatario,  en  el  evento  de  que  sucediesen  irregularidades  en  el manejo de los títulos judiciales solo es responsable de  ellas, sin que para nada tenga que comprometerse al delegante”.   

Termina afirmando:  

       “No   fue   omisiva  la  conducta  de  la  procesada  Martha  Petro  Hernández  en relación  con  las  anomalías  que  originaron  el  cobro  fraudulento  de los depósitos  judiciales  que  se  guardaban  en el Juzgado Civil Municipal de Cereté, lo que  conlleva  necesariamente,  a  proferir  un  fallo absolutorio en su favor por no  mediar    el    nexo    causal   entre   culpa   y  resultado,  elemento  configurante  del  delito  de  peculado culposo.   

       SÍNTESIS DE LAS IMPUGNACIONES   

1.-          SUSTENTACION    DEL   RECURSO   PRESENTADO   POR   EL   MINISTERIO  PÚBLICO.   

El Procurador 133 Judicial en lo Penal de  la  ciudad  de  Montería,  en  su  alegación sostiene que, aceptándose que la  doctora  Martha  Petro  delegó  la  función  en su secretaria, debió ser más  cuidadosa  en  el  manejo  que  le  daba  a los títulos judiciales, practicando  arqueos,  revisiones  o  chequeos  a  los mismos, actividades que nunca llevó a  cabo y que, por lo mismo, coloca en evidencia su negligencia.   

No está de acuerdo con la afirmación del  Tribunal  según la cual la pérdida de los títulos judiciales no fue por causa  del   comportamiento  de  la  procesada,  sino  por  el  plan  criminal  de  sus  subalternos,  ya  que si la doctora Petro Hernández hubiese sido más cuidadosa  “muy  probablemente  hubiera frenado el querer delictuoso de los empleados, toda  vez que ella no era una juez primípara”.   

De  otro  lado,  el  que  la juez hubiese  entregado  los  títulos  a su secretaria debido a la inseguridad que presentaba  su  escritorio,  es  una  excusa  que  el Ministerio Público no comparte, en la  medida  que debió realizar la gestión tendiente a resolver ese inconveniente y  no  delegar  la  custodia  de  dichos  documentos como lo hizo, “ya que, como lo  hemos   venido   sosteniendo,  legalmente  era  ella  quien  estaba  obligada  a  guardarlos”.   

Que  la  doctora  Petro  no  haya  tenido  conocimiento  de  las  irregularidades que se venían presentando en el cobro de  los  títulos,  es  una  afirmación que considera increíble, además de que no  entiende  cómo  el Tribunal la recoge, habida cuenta de que en el proceso obran  testimonios que conducen a pensar lo contrario.   

Por dichos argumentos, solicita a la Corte  la  revocatoria de la sentencia absolutoria para que en su lugar se condene a la  acusada.   

2.-         SUSTENTACIÓN DEL RECURSO INTERPUESTO POR LA FISCALIA   

Luego de citar el decreto 1798 de 1963, el  artículo  14  del  Decreto  1265 de 1970 y de hacer una breve reseña de ellos,  sostiene  que así la procesada hubiese delegado en su secretaria la custodia de  los  títulos por razón de la inseguridad que ofrecía su escritorio, lo cierto  es  que  la  responsabilidad en el manejo de los mismos está en cabeza del juez  en  ejercicio de sus obligaciones, tal como lo ha sostenido la jurisprudencia de  esta Corporación.   

A   continuación   hace  un  análisis  jurídico  del  peculado  en la modalidad culposa, para luego resaltar que en el  proceso  obra  un  importante  testimonio, rendido por Deyanira Villabón, “pero  que  la  funcionaria  acusada  no le prestó la debida atención incurriendo con  ello en conducta negligente”.   

Concluye solicitando la revocatoria de la  sentencia  absolutoria,  para  que  en  su  lugar  se condene a la doctora Petro  Hernández.   

       ALEGATO DEL NO RECURRENTE   

En un extenso alegato el defensor se opone  a  cada  una de las inquietudes formuladas por los recurrentes, solicitando a la  Corte confirmar la sentencia impugnada.   

En efecto, en primer término, estima que  la  actividad delictual de los subalternos del Juzgado fue tan perfecta que hizo  imposible  que  su  defendida  advirtiera  lo  que  venía  sucediendo,  lo  que  igualmente aconteció con los jueces que la reemplazaron.   

En  segundo  lugar,  como no es de común  ocurrencia  que los empleados incurran en actividades delictuales, ello llevó a  que  la  doctora  Petro  Hernández nunca imaginara que  secretaria y   escribiente  procedieran  a  falsificar  su firma para posteriormente apropiarse  del valor de los títulos judiciales.   

Dice  que  en  el  ordenamiento jurídico  colombiano  no  existe  norma alguna que impida a los subalternos tener acceso a  los  expedientes,  “con  miras a evitar que conozcan su rúbrica y que en razón  de ese conocimiento traten de imitarla con fines delictivos”.   

Estima que no es de recibo la afirmación  según  la  cual  la acusada no tomó la medidas de cuidado sobre los documentos  que  estaban  bajo  su custodia, pues el Procurador Judicial tomó igual postura  cuando  se  desempeñó  como  Fiscal  Tercero Superior, ya que tenía entre sus  accesorios el mismo escritorio de la procesada.   

Considera como atinadas las críticas que  el  Tribunal  hizo a los testimonios del gerente y de la auxiliar administrativo  del  Banco  Popular  de  Cereté. Para sustentar sus apreciaciones, reprodujo un  aparte  de  las  consideraciones  del  fallo,  para seguidamente concluir que la  acusada  nunca  estuvo  en  las  instalaciones de dicha entidad y mucho menos se  enteró  de  las  irregularidades  que  sucedían  con los títulos de depósito  judicial.   

Las declaraciones de los litigantes de las  que  se  deduce  que  eran  de  público conocimiento las irregularidades que se  presentaban  en  el  Juzgado  Civil  Municipal  de  Cereté,  no  son  del  todo  creíbles,  en  razón  a  que  si  ello  fuera  cierto los mismos estaban en la  obligación  de  denunciar  ese  acontecer  fáctico,  tal  como lo contempla el  artículo 25-1 del Código de Procedimiento Penal.   

En el acápite que denominó “RESALTACION  DE  UN  HECHO”, critica la  presunta  actitud  omisiva  del  Tribunal,  de  la  Fiscalía  y  del Procurador  recurrente  por  no  haber  denunciado a los demás jueces que reemplazaron a la  procesada,  ya  que  resulta  evidente que en dichos lapsos también se cobraron  irregularmente  los  títulos,  lo  que  sin duda acarrearía sanciones tanto de  carácter penal como disciplinario.   

Por  lo  anterior, el defensor reitera la  solicitud    de    que    se    confirme   en   su   integridad   la   sentencia  recurrida.   

       CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

    

1. En  primer  término,  no está  demás  recabar  que,  como  lo  reiteró la Sala mayoritaria en autos del 20 de  septiembre  de  1999  y 3 de abril de 2000, proferidos en este proceso, no está  prescrita  la  acción penal, toda vez que el lapso establecido por el artículo  82  del  Código  Penal, cuando el delito ha sido cometido por servidor público  en  ejercicio  de  sus  funciones  o  de  su  cargo  o  con  ocasión  de ellos,  tiene   operancia tanto en el sumario como en el juicio, lo que implica que  su  aplicación  debe  hacerse  en  forma  autónoma  en cada una de esas etapas  procesales.     

En consecuencia, un análisis armónico de  los  artículos  80, 81 y 82, ibidem, permite colegir que la acción penal en el  delito  imputado  a  la  procesada  no  se ha extinguido por causa del fenómeno  prescriptivo,  pues  si bien el mismo contempla una pena máxima de dos años de  arresto,  de  todos  modos, en cumplimiento de lo normado en el inciso final del  artículo  84 del Código Penal, el lapso de prescripción no puede ser inferior  a  5  años,  cifra  que  se  debe  incrementar  en  la tercera parte, según lo  ordenado  por el citado artículo 82, pues, como ya se dijo, es indiscutible que  se  está frente a un servidor público en el ejercicio de sus funciones, lo que  implica  que  el  término  extintivo de la acción es de 6 años y 8 meses que,  contado  desde  la  ejecutoria  de  la resolución de acusación (25 de enero de  1994), aún no  ha transcurrido.   

2.  La descripción típica del delito de  peculado  culposo,  imputado  a  la doctora Martha C. Petro, en el artículo 137  del Decreto 100 de 1980, era del siguiente tenor:   

“El  empleado  oficial  que  respecto a  bienes  del  Estado  o  de  empresas o instituciones en que éste tenga parte, o  bienes  de  particulares cuya administración o custodia se le haya confiado por  razón  de  sus  funciones,  por  culpa dé lugar a que se extravíen, pierdan o  dañen,  incurrirá en arresto de seis (6) a dos (2) años, en multa  de un  mil  veinte  pesos e interdicción de derechos y funciones públicas de seis (6)  meses       a       dos      (2)      años”1   

.  

Con  relación  a  la  juez acusada no se  discute  su  calidad  de  servidora  pública  ni  la  pérdida  de  los valores  representados  en  los  títulos  de depósito judicial entregados a la custodia  del  Estado,  sino si su conducta fue o no descuidada y, si lo fue, la relación  de  causalidad  o  determinación  entre  ella  y  esa pérdida que ocurrió por  indebida  apropiación  de  los valores representados en esos documentos, con la  participación  de  la secretaria y el escribiente del despacho, aspectos en que  se   basan  los  impugnantes  para  impetrar  la  revocatoria  de  la  sentencia  absolutoria y, por ende, la condena.   

3.  En el proceso está acreditado que la  doctora  Petro  entregó  el  manejo  material  de  los  títulos  de  depósito  judicial,  indebidamente  cobrados,  a la secretaria Noris Puche de Pastrana, en  razón   a  que  el  escritorio  de  aquella  era  viejo  y  no  tenía  ninguna  seguridad.   

Igualmente  que  el  libro  de títulos y  demás  que  se  llevaban  en  el  despacho  los manejaba el escribiente Nemesio  Villadiego,  en razón a que según la juez, tenía buena letra y estética para  ese efecto.   

También  se  estableció  que la doctora  Petro  no  ejerció  ninguna  forma  de  control ni vigilancia sobre los citados  comprobantes de depósito.   

    

1. La Sala no comparte el criterio  del  Tribunal, acogido por la defensa, sobre la no responsabilidad de la doctora  Petro,  basado  en  que  su  actuar  no fue descuidado, en que podía confiar la  custodia  material de los títulos a la secretaria y en que esa circunstancia la  eximía  de  responsabilidad  y  en  que,  de todas maneras, “no media el nexo  causal entre culpa y resultado”, por las siguientes razones:     

4.1. Para la Sala es claro que la acusada  violó  el  deber especial de cuidado que específicamente le imponía la propia  ley,  al  haber  entregado  a  la  secretaria  el  manejo físico de los citados  títulos  y  al  no  haber  ejercido  sobre  los  mismos  el  debido  control  y  vigilancia,  esto  es, al haber abandonado la custodia material a que legalmente  estaba obligada.   

4.1.1.  En efecto, el Decreto 1798 del 14  de  agosto de 1963, por medio del cual se reglamentó el artículo 4° de la Ley  2° de 1963, en su artículo 4° establece:   

       “Los   funcionarios  de  la  Rama  Jurisdiccional  o  de  Policía  mantendrán  en  custodia y bajo su responsabilidad, los títulos o comprobantes  de  depósito,  dejando  constancia en el expediente respectivo, del número del  título  o comprobante, de su fecha y de los nombres de la entidad depositaria y  del  depositante.  Cuando  el  depósito  se  haga  en  una entidad bancaria, el  título  será devuelto al depositario, junto con la nota donde se transcriba la  providencia  que  ordena  el  pago, dejando en el expediente la constancia de su  devolución, firmada por quien lo reciba”.   

A su vez, el literal “I” del artículo  55°  del mentado Decreto 052 de 1987 establece como deber de los funcionarios y  empleados  “Responder  por  la  conservación de los  elementos,  útiles, materiales, equipos, muebles y demás bienes confiados a su  guarda o administración y rendir cuentas de su utilización”.   

El entendimiento de tales disposiciones es  el  de  que  la  función  de  custodia  material  de  los títulos de depósito  judicial  le  corresponde específicamente al juez, sin que ello implique que el  secretario  y  demás empleados judiciales queden excluidos del deber general de  responder  por  los  muebles  y  demás  elementos del despacho, entre ellos los  títulos.   

En consecuencia, si la custodia física de  los  mentados  documentos  es  función específicamente señalada por la ley al  juez,  no  puede confiarla al secretario ni a ningún otro subalterno judicial y  si  lo hace, la responsabilidad permanece radicada en él, independientemente de  la que corresponda a aquel en quien se asignó.   

Ha dicho al respecto la Sala:  

       “El  mismo  Ministerio  Público, desde la anterior oportunidad en  que  se  conoció  de  este proceso, resaltó que, conforme a lo dispuesto en el  numeral   4°   del  Decreto  1798  de  1963,  a  los  funcionario  de  la  Rama  Jurisdiccional  y  de  Policía, les corresponde mantener ‘en custodia y bajo su  responsabilidad,  los  títulos  o  comprobantes  de  depósito’. De ahí que la  Corte  en  aquella ocasión anotara: ‘Esto en primera instancia comporta que tal  función  es INDELEGABLE y, en segundo lugar, que si indebidamente se delega, la  responsabilidad  sigue  en  cabeza  del  funcionario, sin perjuicio de la que le  corresponde   a  aquél  en  quien  arbitrariamente  se  delegó.  Entonces,  la  circunstancia  misma de haber trasladado un función propia de su cargo a uno de  sus  subalternos  (…),  comporta per se   -y así lo ha señalado la Corte, M.P. Dr. Guillermo Duque  Ruiz,  auto de mayo 18/89-  ostensible negligencia del juez en el manejo de  los  asuntos  a él especialmente confiados”. (Auto del 27 de noviembre de 1991,  M.P. Gustavo Gómez Velásquez).   

Por  lo  tanto,  se  equivoca el Tribunal  cuando  asevera  que  la  custodia material se podía atribuir a la secretaria y  que   esa   asignación   eximía   de   responsabilidad   a   la   titular  del  despacho.   

En  otros  términos,  la  ley,  con  la  finalidad  de  proteger  los bienes entregados a la vigilancia del Estado y, por  consiguiente,  el  bien  jurídico  de  la función administrativa pública, que  debe  aparecer transparente y confiable ante los asociados, quiso que el juez no  se  pudiera  desentender  de  la  custodia y manejo de los títulos de depósito  judicial.   

Es más, el deber de cuidado exigible con  relación  a  los  mentados  comprobantes  no  es  el mismo que se demanda a los  funcionarios   con   respecto   a   los   bienes   oficiales   confiados   a  su  administración,   sino  que  la  propia ley impone expresamente un cuidado  especial,  en  razón  del  riesgo  de  pérdida, daño o extravío a que están  sujetos.   

4.1.2.  En el caso que ocupa la atención  de  la  Sala,  la doctora Petro Hernández admitió que la custodia  de los  títulos  judiciales  a  ella  encomendados,  por  razón  de  sus funciones, la  confió  a  su  secretaria,  señor  Noris  Puche  Redondo  de Pastrana. Así se  expresó cuando sobre el punto fue interrogada:   

“Sí  le asigné tal responsabilidad, por  cuanto  que  estos  títulos  llegaban  por  Secretaría,  ella  era  la  que se  encargaba  de  recibirlos  cuando  llegaban  del  banco  y  me parecía que como  secretaria debía manejarlos y custodiarlos”.   

Como  motivo  adujo  que su escritorio no  ofrecía  las  seguridades  del  caso para custodiar los mencionados documentos,  conducta que asumió desde que tomó posesión del cargo.   

4.1.3 Con esa actitud la acusada violó el  deber  de  cuidado  que  le  era  exigible, pues le hubiera bastado arreglar las  seguridades  de  su  escritorio o cambiarlo, para lo cual no desarrolló el más  mínimo esfuerzo.   

Es  más,  aun  aceptando  que la entrega  material   de   los   títulos   en   manos   de   la  secretaria  hubiese  sido  necesaria,   por razón misma de las circunstancias, ello no la eximía del  deber  de  custodia  material  y,  por lo mismo, de la obligación de ejercer el  pertinente   control   y   vigilancia  sobre  tales  instrumentos,  mediante  la  confrontación de saldos bancarios, chequeos selectivos, etc.   

En  otros términos, la custodia material  de  los  títulos  corresponde,  específicamente,  al  juez,  por  lo cual debe  manejarlos  físicamente.  Pero  si por razón misma de las circunstancias se ve  compelido  a  entregar  ese  manejo  físico  al secretario, sigue obligado a la  custodia   material,  la  que  hará  efectiva  con  las  medidas  adecuadas  de  vigilancia y control.   

Ahora  bien,  esa custodia material no la  puede  confiar ni al secretario ni a ningún otro funcionario subalterno, ni aun  en  el  evento  de  que tenga que encomendarles la tenencia y el manejo físico,  pues  en  tal  caso mantendrá y ejercerá tal cuidado, mediante los pertinentes  actos  de vigilancia y control. Si indebidamente abandona esa custodia material,  es  decir,  se desentiende de la misma, la responsabilidad permanece radicada en  el  juez,  independientemente  de  la  que  corresponda  a  aquel  en  quien  se  dejó.   

En consecuencia, el Tribunal y el defensor  se  equivocan  cuando  sostienen  que  a la procesada no le era exigible ninguna  actitud  tendiente  a  evitar la dolosa sustracción de los títulos judiciales,  pues,  se  reitera, existía un imperativo legal que le impedía sustraerse a la  custodia  de tales documentos, sin que valga el argumento defensivo de que otros  funcionarios  actuaron  en la misma forma, pues la incuria ajena no puede servir  de excusa a la propia.   

Tan  descuidada  fue  en  el  manejo  del  despacho    que    ni    siquiera   entregó   los   títulos   a   quienes   la  reemplazaron.   

Sobre  esta  circunstancia  manifestó el  doctor Fredy Puche Causil:   

       “Respecto  al  inventario,  no  recibí  ninguno,  es  decir ni de  títulos,  expedientes,  mobiliario,  ni negocios al despacho. El día que tomé  posesión  del despacho no me recibió mi antecesor, sé que estaba haciendo una  licencia el doctor Marcelino Villadiego…”.   

El  doctor  Marcelino  Villadiego,  quien  estuvo  encargado  del  juzgado  por pocas semanas,  en las licencias de la  juez, señaló.   

       “Cuando  estuve en el Juzgado Civil Municipal de Cereté, no se me  hizo  entrega  de  llaves del despacho, ni del escritorio, ni mucho menos de los  títulos…”.   

4.1.4. No exonera de responsabilidad a la  sindicada  el  hecho  de  que  en  el  mes  de  abril  de  1990  se  le  hubiera  diagnosticado  una  “placenta previa” que la obligó a trasladar su despacho  al  primer  piso  del edificio, cuando el juzgado funcionaba en el tercero, pues  no  hay  ningún  nexo  causal  entre  esa  circunstancia  y  la pérdida de los  comprobantes  de  depósito  judicial, pues ésta venía acaeciendo desde tiempo  atrás.   

4.1.5.  Así  mismo,  se  insiste  en  la  resolución  de acusación  y por los impugnantes que la juez fue advertida  de  las  anomalías  que  con  relación a tales títulos se estaban cometiendo,  pero que no prestó ninguna atención.   

Al  respecto  la Sala se permite precisar  que  independientemente  de  si  se le hizo o no esa advertencia, lo que aparece  dudoso,   lo cierto es que los restantes elementos de convicción que obran  en  el  expediente son suficientes para concluir en la responsabilidad a título  de culpa de la doctora Petro Hernández.   

4.2.   En  cuanto  a  la  relación  de  determinación  entre  la  omisión  del deber de cuidado y el indebido cobro de  los  títulos,  que no encuentra el Tribunal, para la Sala aparece indubitable y  emerge  de  la  circunstancia  de  haber  confiado  a  la secretaria la custodia  material  de  los  mismos, sin el más mínimo control ni vigilancia, pues si no  hubiera  obrado  así,  la  apropiación  del dinero encargado a la custodia del  Estado, no se hubiera producido.   

En  lo  que  atañe a este aspecto, en la  sentencia  impugnada se sostiene que el plan para sustraer y cobrar los mentados  títulos  fue  tan  habilidosamente fraguado que aun actuando con diligencia era  imposible descubrir el “inicuo montaje”.   

Al  respecto  la Sala se permite precisar  que  no  comparte  tal  argumento que parte del desatinado presupuesto de que se  podía  abandonar  la  custodia  material, de manera que una vez en manos de los  subalternos  su  habilidosidad  impedía,  incluso  a  un  avisado  funcionario,  descubrir  el  fraude,  cuando  lo que demuestra el expediente es que fue tal la  imprudente  confianza e incuria con que se actuó, que no sólo se renunció con  ligereza  al  manejo  físico de esos títulos representativos de los depósitos  judiciales,  sino  que  no  se  ejerció  ninguna  forma  de  control  sobre los  empleados  a  quienes  arbitrariamente  se  entregó,  siendo tal actitud la que  permitió que el plan defraudatorio se realizara.   

En otros términos, si la acusada no deja  el  manejo  y  custodia  de  los  títulos  bajo  la  exclusiva  confianza de la  secretaria,  con la inexplicable disculpa de que su escritorio estaba dañado, y  el  libro de títulos bajo la exclusiva tutela del escribiente, o, por lo menos,  lleva  a cabo periódicas y prudentes operaciones de control, el plan criminal y  el consiguiente resultado antijurídico, no se hubieran conseguido.   

Por  lo  precedentemente  expuesto, claro  resulta  que la sindicada incurrió en el delito de peculado culposo previsto en  el  artículo  137  del  Código  Penal,  toda  vez  que  por  su comportamiento  descuidado  fueron  indebidamente cobrados numerosos títulos judiciales, según  se  aprecia  en  la  inspección  judicial  y  en las relaciones que obran a los  folios 239 a 252 del cuaderno principal.   

Vistas  así  las  cosas,  se  encuentra  debidamente  demostrada la tipicidad de la conducta imputada, el daño sin justa  causa  al bien jurídico protegido por el precepto y la culpa de la procesada en  los  hechos que se le atribuyeron en la resolución de acusación, por lo que se  procederá    a    proferir    en    su   contra   sentencia   condenatoria   y,  consecuencialmente,  a la tasación de la pena, la cual se hará de la siguiente  manera:   

El  delito  de  peculado culposo, vigente  para  la  época  de  los hechos (art. 137 del C.P.), contemplaba las siguientes  penas  principales: arresto de seis (6) meses a dos (2) años, multa de un mil a  veinte  mil  pesos e interdicción de derechos y funciones públicas de seis (6)  meses a dos (2) años.   

Para dosificar la pena a imponer, la Sala  toma  en  consideración que no concurren circunstancias de agravación y sí la  de  atenuación consistente en que la sentenciada carece de antecedentes penales  o  contravencionales,  pues  no  existen  en  el proceso elementos de juicio que  indiquen  lo contrario. Sin embargo, no se impondrá la pena mínima establecida  en  el  citado  tipo  penal,  sino  que ésta se incrementará un (1) mes por la  gravedad  del  hecho,  toda vez que el estado de negligencia en el que incurrió  la  procesada  se  prolongó  por  más  de  un  año.  En  consecuencia,  se le  impondrán  las  penas  principales  de  7  meses de arresto, un mil ($1.000,oo)  pesos  de  multa  e interdicción de derechos y funciones públicas por el lapso  de seis (6) meses.    

La  sentenciada  Martha  Cecilia  Petro  Hernández  tiene derecho a que se le suspenda la ejecución de la sentencia por  un  período de prueba de dos (2) años, ya que la pena privativa de la libertad  no  excede  de  tres  (3)  años y la personalidad, naturaleza y modalidades del  hecho   punible   permiten  a  la  Sala  suponer  que  no  requiere  tratamiento  penitenciario.   

Sin   embargo,  el  subrogado  operará  exclusivamente  respecto  a  la  pena  privativa  de  la libertad y la procesada  habrá de soportar el cumplimiento de las demás penas principales.   

La  efectividad  de  la suspensión de la  ejecución  de  la  condena está sujeta a que suscriba una diligencia en que se  comprometa  a  informar  todo  cambio  de  residencia,  a  ejercer  profesión u  ocupación  lícitos, abstenerse de consumir bebidas alcohólicas, a presentarse  cada  dos  (2)  meses a la Presidencia de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Montería y, en general, a observar buena conducta.   

Igualmente, se le impone como obligación  la  de  pagar  la  totalidad  del  monto  de  los  perjuicios señalados en esta  sentencia,  para  lo cual se le fija como plazo el término de 7 meses, contados  a partir de la ejecutoria de la misma.   

El cumplimiento de dichas obligaciones se  garantizará  mediante la constitución de una caución prendaria por la suma de  dos  salarios  mínimos  mensuales legales vigentes, que deberá consignar en el  Banco  Popular  de la ciudad de Montería a órdenes del Tribunal Superior de la  misma ciudad.   

A  la  condenada  se  le  advierte que el  incumplimiento  de  las  citadas  obligaciones  le acarreará la revocación del  subrogado penal concedido y la pérdida de la caución prestada.   

Por   último,   en   cuanto  atañe  a  la    indemnización   de   perjuicios, debe decirse lo siguiente:   

Teniendo  en  cuenta  que por la conducta  descuidada   de   la   doctora  Martha  Cecilia  Petro  Hernández  se  cobraron  indebidamente,  con  la  participación  de  la  secretaria  y  el  escribiente,  numerosos  títulos  de depósito judicial, entre los meses de mayo de 1989 y el  7  de septiembre de 1990, según la imputación que se le hizo en la resolución  acusatoria,  se le impondrá la obligación de pagar a favor del Tesoro Nacional  la        suma       de       $5’543.045,86.   

Cabe  señalar  que  no  se  dispone  la  indexación  de  dicho  valor,  pues  el Estado lo devuelve a los consignantes o  beneficiarios,  por  la  misma  cantidad del depósito, ni el pago de intereses,  por  no  haberse  establecido  su  cuantía,  pues  el  aprovechamiento de tales  dineros  está  sujeto  a  un  régimen  especial  en  el  que  juegan  el saldo  trimestral  y  el  encaje  bancario,  que  hubiera requerido la práctica de una  prueba pericial, que no se llevó a cabo.   

En  consecuencia,  se  condenará  a  la  doctora  Martha  Cecilia  Petro  Hernández  a  pagar como perjuicios la suma de  $$5’543.045,86,  representada en los siguientes títulos:   

título  n°             

valor             

título  n°             

valor  

HO343055             

$     4.000             

HO232260             

$    3.000  

HO342923             

$     4.950             

HO226423             

$    4.542,40  

HO411234             

$211.300             

HO279139             

$   10.000  

HO411103             

$   28.000             

HO396364             

$    3.000  

HO411188             

$300.806             

HO343059             

$    5.952  

HO411095             

$   80.000             

HO396399             

$   40.000  

HO396445             

$   10.000             

HO396448             

$    4.988  

HO394567             

$     5.000             

HO396444             

$   10.000  

HO396456             

$   20.000             

HO396420             

$    8.330  

HO396369             

$     8.796             

HO279101             

$   20.000  

HO411236             

$312.855             

HO232254             

$    6.000  

HO399393             

$     6.372             

HO343051             

$    4.542,40  

HO399456             

$   10.000             

HO279187             

$    4.067,84  

HO399420             

$   10.000             

HO396616             

$    3.538,22  

HOO10621             

$     1.990             

HO396643             

$    4.988  

HO399398             

$   44.178,50             

HO411279             

$   20.000  

HO342993             

$   10.000             

HO414446             

$   12.226  

HO396600             

$   30.000             

HO414453             

$   10.269  

HO414456             

$   26.000             

HO396388             

$    3.367,05  

HO410998             

$     4.662             

HO396374             

$    5.682  

HO396551             

$     1.039             

HO342944             

$    1.650  

HO396682             

$     3.693             

HO396389             

$    3.000  

HO411072             

$   83.298             

HO343068             

$    1.272,40  

HO411043             

$     5.817             

HO343073             

$    2.562  

HO396358             

$    1.893             

HO343061             

$   20.000  

HO411108             

$ 14.081             

HO279130             

$    9.008  

HO411214             

$ 14.081             

HO396360             

$   40.000  

HO411190             

$    9.940             

HO281638             

$100.000  

HO411216             

$ 10.000             

HO232140             

$    4.542,40  

HO396581             

$    3.270             

HO342985             

$   12.000  

HO396680             

$    8.330             

HO343075             

$    4.542.40  

HO226449             

$ 10.000             

HO414569             

$   18.400  

HO342984             

$    2.748             

HO414506             

$   10.480  

HO148944             

$    4.542             

HO279123             

$    7.262  

HO148923             

$    9.000             

HO343063             

$100.000  

HO396604             

$    3.000             

HO396623             

$   82.944  

HO396587             

$    9.672,40             

HO396613             

$   20.000  

HO396605             

$ 10.000             

HO396506             

$    3.693  

HO396550             

$    4.995             

HO396417             

$    3.629  

HO396507             

$    4.820             

HO396487             

$   2.078  

HO396224             

$   20.000             

HO411029             

$150.000  

HO399449             

$   20.000             

HO411122             

$100.000  

HO396729             

$   30.000             

HO411028             

$300.000  

HO399447             

$   30.000             

HO411008             

$   50.000  

HO414401             

$   99.531             

HO414585             

$    3.200  

HO396730             

$   9.975             

HO414529             

$   10.000  

HO414398             

$   28.748             

HO414567             

$   15.000  

HO396481             

$366.890             

HO411353             

$244.000  

HO411280             

$   20.000             

HO279140             

$    3.000  

HO411016             

$   20.000             

HO281660             

$    3.693  

HO342918             

$650.000             

HO281629             

$    3.779,77  

HO342991             

$250.000             

HO281697             

$    3.000  

HO396624             

$638.399,46             

HO396385             

$    4.800  

HO411207             

$   33.177             

HO396398             

$   96.000  

HO414425             

$     2.472,52             

HO396670             

$    4.542,40  

HO399472             

$   11.240             

HO396654             

$   20.000  

HO414400             

$     4.500             

HO396476             

$    4.779  

HO232278             

$     5.496             

HO279094             

$   40.000  

HO279131             

$     3.330             

HO342957             

$    5.682  

HO396634             

$     3.000             

HO414492             

$   20.000  

HO396660             

$     7.965             

HO414513             

$   10.000  

HO396648             

$   10.000             

HO411168             

$   41.472  

HO50443             

$   27.500             

HO414490             

$   30.000  

HO281682             

$     1.000             

HO411169             

$   10.000  

HO343038             

$     1.000             

HO396572             

$   20.000  

HO399439             

$     3.000             

HO396473             

$    5.000  

HO414444             

$   11.448             

HO396628             

$   25.000  

HO281692             

$   20.000             

HO396631             

$   56.740,70  

TOTAL             

$5’543.045,86  

De  otra  parte,  no  se  condenará  en  perjuicios   morales,   toda   vez   que  no  aparecen  acreditados.     

Finalmente, para la notificación de este  fallo  a  la  doctora  Petro  y la suscripción de la correspondiente diligencia  compromisoria,  se comisionará, por el término de cinco (5) días hábiles, al  Presidente  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Montería, para cuyos  efectos se librará el respectivo despacho comisorio.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACION PENAL,   en   nombre   de   la   República   y  por  autoridad  de  la  ley,   

R E S U E L V E  

Primero:        REVOCAR  la  sentencia por medio de la  cual  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Montería absolvió a la  procesada.   

Segundo:        CONDENAR     a    la    doctora  MARTHA    CECILIA   PETRO   HERNÁNDEZ,  de  condiciones civiles y personales conocidas en el proceso, a  las  penas  principales de siete (7) meses de arresto, un mil ($ 1.000,oo) pesos  de  multa e interdicción de derechos y funciones públicas por el lapso de seis  (6)  meses,  como  autora  del  delito  de  peculado culposo a que se refiere el  artículo  137 del Código Penal, vigente para la época de los hechos, cometido  en  las  circunstancias  analizadas  en  este fallo, en su calidad de Juez Civil  Municipal de Cereté (Córdoba).   

Tercero:        CONDENAR  a  la  doctora  MARTHA  CECILIA  PETRO  HERNÁNDEZ,  a  pagar   a   favor   del   Tesoro  Nacional,   el  valor  de  $5’543.045,86,  por  concepto  de  los  perjuicios materiales causados con la comisión del delito.   

Cuarto:        CONCEDER  el  subrogado  penal  de  la  condena    de    ejecución    condicional.   Consecuencialmente,   SUSPENDER  el  cumplimiento de la pena  privativa  de  la  libertad por el lapso de dos (2) años, durante los cuales la  procesada  estará  en período de prueba, en los términos y condiciones que se  dejaron  expuestos  en  la  parte  motiva  de  esta  sentencia. Las demás penas  principales se ejecutarán una vez quede en firme esta decisión.   

La  procesada  deberá  prestar  caución  prendaria  por  la suma de dos (2) salarios mínimos mensuales vigentes legales,  como  garantía del cumplimento de las obligaciones impuestas. Por consiguiente,  suscribirá  diligencia  de  compromiso  en los términos señalados en la parte  motiva de esta providencia.   

Quinto:        COMISIONAR  por  el  término de cinco  (5)  días  hábiles,  al  Presidente de la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Montería, para que notifique personalmente esta sentencia  a  la  doctora  Petro  Hernández.  Igualmente  procederá a levantar el acta de  compromiso.   

Sexto:  Ejecutoriada  esta  sentencia, se  procederá  a librar las comunicaciones que dispone el artículo 501 del Código  de Procedimiento Penal.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                            JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 El  artículo  18  de  la  ley  190  de  1995,  cambió  la  expresión  “empleado  oficial”  por  “servidor  público”  y el artículo 32 ibidem, aumentó la  cuantía  de  la multa entre diez (10) y cincuenta (50)salarios mínimos legales  mensuales.     

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