11444fe1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11444  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr. JORGE CORDOBA POVEDA   

                                                    Aprobado Acta N° 26   

                                                    Santa  Fe   de  Bogotá  D.C. veinticuatro  (24) de febrero de dos mil (2000).   

          VISTOS   

                   Se decide la  casación  interpuesta  contra  la sentencia del 4 de octubre de 1995, por medio  de  la  cual  el  Tribunal   Superior  del Distrito Judicial de Santa Fe de  Bogotá,  confirma  en  su  integridad   la condena impuesta a LUIS ALBERTO  CATUMBA,  por el Juzgado 37 Penal del Circuito  de la misma ciudad,  a  28   meses   de   prisión   como   autor   del   delito  de  homicidio  culposo  agravado.   

         HECHOS   

                    

                  El 8 de mayo  de  1993, aproximadamente a las 7:30 de la noche, a la altura de la calle 80 con  carrera  25 de la ciudad de Santa Fe de Bogotá, el señor GERMAN ANTONIO CHACON  GALVIS   fue  atropellado  por  el  automotor  de  placas HUK que conducía  LUIS      ALFREDO      CATUMBA.      Trasladado  al  Hospital  Simón Bolívar, dejó de existir  7  días después.   

                                                                     SINTESIS DE LA ACTUACIÓN   

                   La Fiscalía  Treinta  y  Uno  de  la  Unidad Segunda de Investigación Previa y Permanente de  Santa  Fe de Bogotá, inició la investigación, el 18  de  febrero  de  1994,  teniendo  como  antecedente  el  acta de Inspección del  cadáver,  el  registro  de  defunción, la denuncia formulada por AMPARO CHACON  QUEVEDO,  un  informe suscrito por detectives del Departamento Administrativo de  Seguridad  “  D.A.S.  “, las declaraciones recibidas en la Unidad de delitos  contra  la  vida  e integridad personal de la misma institución, entre ellas la  de  ALFREDO  CONTRERAS QUINTERO, testigo presencial del accidente, y la versión  libre del señor LUIS ALBERTO CATUMBA.   

                      En  esta  declaración   CONTRERAS QUINTERO afirma que el sábado 8 de mayo de l.993,  se  encontraba esperando bus en la carrera 25 con calle 80 de esta ciudad cuando  observó  una  camioneta blanca que se desplazaba con bastante velocidad  y  a  un  señor  que  iba por la carrera 25 para salir a la 80; en el momento  en  que  iba a tomar el bus escuchó un golpe y al voltear a mirar vio cuando la  camioneta  atropellaba  al  transeúnte elevándolo por el aire para lanzarlo al  otro  carril;  el  conductor  no  se  detuvo a prestarle ayuda al accidentado, y  volteó  para  tomar  la carrera 24 sin detenerse ante el cambio del semáforo a  rojo,  por  lo  que el declarante corrió y alcanzó a anotar las placas. Cuando  regresó  a  ver  por el accidentado, llegó un muchacho que dijo ser su nieto y  lo  condujo  al hospital, a quien el declarante le suministró el número de las  placas  del  automotor  causante  del accidente. Posteriormente declaró ante el  instructor  y  en términos generales  reiteró lo dicho, precisando que en  el  momento  en que sintió el golpe como de una estrellada estaba mirando hacia  la  carrera  24  esperando  que por la calle 80 bajara el bus que tomaría hacia  los  barrios  Quirigua  y Santa Rosita  alcanzando a mirar hacia el lado de  donde  provino  el ruido y ver “…el bulto que levantó y cayó del carril de  donde  vienen  los buses al carril de éste lado, quedó hacia el carril que van  los  carros  pequeños el de la mitad, entonces yo vi que al instante venía una  camioneta  que  era  como  un  color  blanco oscurito como un beisg (sic)…”.   

                    En la etapa  instructiva  se admitió la demanda de constitución de parte civil presentada a  nombre   de  AMPARO  CHACON  QUEVEDO en su condición de hija del fallecido  GERMAN ANTONIO CHACON GALVIS.   

         En   su    indagatoria  LUIS  ALBERTO CATUMBA, admitió ser el  propietario  de  la  camioneta  que  produjo  el accidente, pero negó cualquier  participación  en  los hechos investigados. Su situación jurídica se definió  el  12 de julio de l.994, absteniéndose de imponerle  medida  de  aseguramiento.  Recurrida  la  anterior  decisión por el agente del  Ministerio  Público  y  el  apoderado  de  la  parte civil, fue revocada por el  superior,  el  14 de septiembre de l.994, profiriendo medida de aseguramiento de  detención   preventiva,   con   derecho   a   la   libertad  provisional.    

                      Aportadas  otras  pruebas  testimoniales  y  realizada  una  Inspección en el lugar de los  hechos,  con  asistencia  de  peritos  de  la  Sección de Criminalística de la  Dirección  Seccional  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación de la Fiscalía  General  de  la  Nación,  y practicada una experticia por personal de esa misma  institución   sobre   la   camioneta   Chevrolet  Luv  de  placas  HUK-069,  la  investigación  se  clausuró  el 2 de diciembre de l.994 y se calificó el 7 de  febrero  siguiente,  con  resolución  de  acusación  en contra de LUIS   ALBERTO   CATUMBA   por  el  delito de homicidio culposo, proveído que, apelado por el  defensor    del    sindicado,    fue    declarado    desierto   por   falta   de  sustentación.   

                      La causa  pasó  a  cargo  del  Juzgado  37  Penal  del  Circuito de Santa Fe de Bogotá y  vencido  el período de pruebas se realizó la diligencia de audiencia pública,  profiriéndose  el 11 de agosto de l.995,  sentencia  condenatoria  en  contra de  LUIS   ALBERTO   CATUMBA   a  quien  se  impuso  veintiocho (28) meses de prisión, multa de tres mil pesos,  suspensión  del  oficio  de  conducir vehículos automotores por un lapso de 14  meses,   y   el  pago  de  perjuicios  morales  y  materiales  causados  con  la  infracción,  como  responsable   del  delito  de  homicidio culposo de que  fuera   víctima   GERMAN   ANTONIO   CHACON  GALVIS,  infracción  agravada  de  conformidad  con  lo  dispuesto   por  el numeral 2º del artículo 330 del  Código  Penal.  Al  mismo  tiempo  le  concede  el  subrogado  de la condena de  ejecución condicional.   

                   Apelada esta  decisión  por  el  defensor  del procesado, el Tribunal Superior de Santa Fe de  Bogotá  la  confirmó  en su integridad, por lo que el defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación, del cual se ocupa a continuación la  Sala.   

                                                                  LA  DEMANDA   

                    Se apoya el  impugnante  en  la causal primera de casación, inciso segundo del artículo 220  del  Código  de  Procedimiento Penal, para plantear como único cargo contra el  fallo  de  segundo  grado,  una  violación  indirecta de la ley sustancial, por  falsos  juicios  de  identidad,  al  apreciarse erróneamente algunas pruebas, y  falsos  juicios  de  existencia por ignorar los medios técnicos incorporados al  proceso.   

         Considera   el  libelista  que  el  Tribunal  viola  por  falta  de  aplicación  los  artículos  445  y  247 del Código de Procedimiento Penal, al  apreciar  equivocadamente el  testimonio  de  ALFREDO  QUINTERO CONTRERAS y tomarlo como prueba fundamental de  la  condena, no obstante ofrecer las siguientes inexactitudes que a la luz de la  sana    crítica    generan    duda    que    favorece    la    situación   del  procesado.    

            a) No  vio  el  momento  del  impacto  porque  dijo estar tomando el bus cuando oyó un  golpe;   

            b) Al  mirar  al  sitio  de  donde  provenía  el  ruido,  dedujo que había sido   producido por la camioneta Luv  de color blanco;   

            c) No  se  sabe si el deponente  alcanzó o no a subir al bus, pero de todos modos  este  vehículo  debió  obstruir la visibilidad hacia el sitio del accidente en  el momento de producirse.   

           Al  rendir  nueva  declaración  ante el Fiscal instructor, no refirió que subía a  un  vehículo,  sólo  que  miraba  al   lado  contrario  de aquel donde se  produjo  el  accidente, y al escuchar el golpe, dirigió su mirada a ese sitio y  vio  a  una persona por el aire y una camioneta ya no blanca sino beige, sin ver  el  momento  del  accidente.  Acierta  con el color real de la camioneta de LUIS  ALBERTO  CATUMBA pero con palabras que posiblemente él mismo desconozca, cuando  ya  el  sindicado  había  aportado  al proceso todos los datos de su vehículo,  tampoco  determinó  con  claridad  en  su  declaración  y  en la diligencia de  inspección  judicial,  el  carril  donde  se  produjo el impacto y aquél   donde quedó el hoy occiso.   

         En  las  anteriores  condiciones  tal  testimonio no podía tomarse  como  suficiente para declarar la certeza con relación a la responsabilidad del  autor  del  hecho,  por  contener  inexactitudes  sobre  la  secuencia  como  se  produjeron  los  mismos,  el momento de la observación y memorización  de  las  placas  del  vehículo y su color, con lo que se pretermiten los artículos  445  y  247 del Código de Procedimiento Penal, al no aplicarse la duda en favor  del  sindicado  ni  presumirse  su  inocencia.               

            De   otra   parte,      el     juzgador      transgrede  indirectamente  los  mencionados  artículos y el   7º  numeral  1  (sic)  del Código de Procedimiento Penal al desconocer el  principio  de  contradicción  frente al plano que aparece a folio 190 que   indica  que  la  versión de CONTRERAS  no se ajusta a la realidad, y   más  aún,  difiere  con  su declaración, lo cual genera dudas favorables a su  representado.  Esta  prueba   fue anunciada por el juzgador pero no hizo el  correspondiente  análisis  demostrativo de la distancia visual entre el testigo  y  la  víctima; del recorrido que aquél hizo  para tomar el número de la  placa;  de  la  distancia  en  que  quedó  la  víctima y el desplazamiento del  vehículo que lo atropella.   

         Tampoco  consideró  el  juzgador  las  fotografías   tomadas  por  la  Sección de  Criminalística  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  que  contradicen al  testigo  de  cargo  y coinciden con el plano en la demostración de la posición  inicial  del  declarante  y  sus  actuaciones  posteriores,  con lo que viola de  manera  indirecta  los  artículos  7  inciso  1,  254, 445 y 247 del Código de  Procedimiento  Penal,  porque al observar la fotografía que aparece en el folio  181  se  aprecia  la   posición  del  declarante  y  al fondo una serie de  árboles  que  al   compararla  con  la declaración, se puede decir que al  mirar  hacia  ese  lado,  no  era  posible  ver  algún   vehículo  que se  desplazara   y  mucho  menos  determinar  su  velocidad,  y  en cuanto a la  fotografía   del  folio  185  se  ubica detrás de la camioneta del señor  LUIS  ALBERTO CATUMBA, “o lo que es lo mismo, el llegó en su carrera en forma  total” (fl.48).   

         Igualmente   el   fallador  infringe  de  manera  indirecta  los  artículos  7  inciso  1,  254, 445 y 247 del Código de  Procedimiento    Penal,   al   desconocer   el   cuestionario  que  respondió  el  perito  de la Sección de Criminalística del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación, que determina que el testigo no podía ver  el  vehículo antes del accidente, ni establecer su velocidad, como tampoco pudo  desplazarse  hasta donde dijo haber tomado la placa de la camioneta. Esta prueba  no  fue cuestionada  por los sujetos procesales y se le dio validez para la  certeza  del  hecho  punible  pero  no  se  la  mencionó  para la certeza de la  responsabilidad,  siendo  para  el libelista demostrativa  de la mendacidad  del   testigo   de   cargo.                                   

         Además,  no  se  valoró la declaración de JOSE ORLANDO FANDIÑO,  persona  que  estuvo  con  el  procesado   el  día  de los acontecimientos  después  de  las  9  de  la  noche, sin observar nada anómalo en el estado del  vehículo o en el comportamiento del procesado.   

         Por   último  estima  que    no  se  demostró   la  culpabilidad  del  procesado en el ilícito, porque  no  se probó que  actuara  con  culpa  por  imprudencia, y en estas condiciones  falta uno de  los  elementos  del  hecho  punible,  el  que no se suple con la indicación del  testigo  que  el  autor  se desplazaba con “bastante velocidad”, porque este  mismo  advierte  que  a esa hora el flujo vehícular era escaso, lo cual permite  mayor  rapidez  en el desplazamiento. No se determinó cuál fue esa velocidad y  si  con  ella  se  sobrepasaron  los  límites permitidos; tampoco se observaron  otros  aspectos  como  la  posición del peatón, su situación psicofísica, la  previsibilidad  a  la  que estaba obligado y que se vio alterada por encontrarse  bajo  la  influencia de bebidas embriagantes. Que todos los anteriores elementos  sirven  para  desvirtuar  la  estructuración del hecho punible que se endilga a  CATUMBA y fueron desconocidos por el juzgador.   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

         El  apoderado de la parte civil presentó alegato en el término de  traslado  a los no recurrentes, para apoyar la sentencia del Tribunal y rechazar  la  demanda  de casación formulada por la defensa, al  no  vislumbrar la violación de los artículos 445, 247, 7-1, 254, 241 y 243 del  Código  de  Procedimiento  Penal que éste señala, sin  especificar si se  trata   de   “indebida   aplicación”  (fl.57),  como  tampoco  advierte  la  existencia   de  contradicciones  que  demeriten  las  circunstancias  de  tiempo,  lugar y modo en que se dieron los hechos, porque en  momento  alguno  se  aportó  al  plenario  prueba  que  permita aseverar que la  capacidad  visual  del  testigo  ALFREDO CONTRERAS QUINTERO estaba afectada para  que  no  alcanzara  a  ver   desde  la  distancia en que según sostiene se  encontraba,  cuando  la camioneta Luv de placas HUK 069 lanzó al interfecto por  los  aires,  y  tampoco  se demostró que el declarante  estuviera limitado  físicamente  para  atravesar  de  prisa  las   4  calzadas,  superando dos  separadores,  y  junto  al  semáforo  de  la  calle  80  con carrera 24, que se  encontraba   en   rojo,  alcanzar  a  tomar  las  placas  de  la  camioneta  que  conducía    el   sentenciado   CATUMBA   quien   trató   de   frenar   el  vehículo.   

         En  cuanto  a  la  omisión de la prueba de Inspección Judicial al  lugar  de  los  hechos  y  del  plano  tomado por los peritos, sostiene que como  apoderado   de  la  parte  civil  dejó  constancia  sobre  la  inexistencia  de  obstáculo   que  le  impidiera  la  visibilidad  al  testigo,  calificando  las  apreciaciones  del perito como subjetivas al no existir constancia alguna de que  CONTRERAS  QUINTERO  tuviera  algún  impedimento  físico  que no le permitiera  correr como dice que lo hizo.   

         De  otra  parte,  al  practicarse un examen técnico a la camioneta  del   procesado   se  estableció  que  éste  cambió  algunas  partes  de  las  latas   en  la  parte  delantera  de  su  camioneta,  sin que diera ninguna  explicación.  También  resulta  indicativa  de la certeza que echa de menos la  defensa,  la  constancia   procesal   que  obra al folio 107, donde la  declarante   AMPARO   CHACON   QUEVEDO   informa  sobre  una  conversación  que  sostuvo   con una empleada de la Fiscalía 76 de Previas, quien le informó  que  LUIS  ALBERTO  CATUMBA  había  aceptado  frente  a  ella  la  autoría del  homicidio,  y  le  había pedido que le ayudara a hacer algún arreglo ya que no  quería  ir  a  la  cárcel,  aseveración  corroborada  con  la decisión de la  Fiscalía  cuando  al folio 50 profiere apertura de instrucción y dispone en el  numeral  6  citar   para  audiencia  de  conciliación,  librando para este  evento  comunicaciones  cablegráficas,  solo  que  al advertir el agravante del  artículo  330 del C.P. que excluía la conciliación para este evento, optó al  folio  59 por enviar el expediente a la Oficina de Asignación de las Fiscalías  Seccionales.   

                                    CONCEPTO   DEL   PROCURADOR  TERCERO   

         DELEGADO EN LO PENAL   

Pide  el mismo  a la Corte no casar la  sentencia  impugnada,  porque  si  bien  la demanda contiene varios reparos a la  sentencia  dentro  de  los  lineamientos  del  error de hecho,  algunos por  falsos  juicios de identidad y otros por falsos juicios de existencia, desemboca  en  una  crítica a la valoración de las pruebas solo con el ánimo de restarle  poder  de  convicción  al  testimonio  de  ALFREDO  CONTRERAS QUINTERO, que fue  prueba  fundamental de la condena, gracias a su claridad y precisión, y poco se  detiene  en  la  demostración  de  reales  situaciones  que  demeriten  la base  argumental   de   la  sentencia  e  impongan  que  se  condenó  sin  la  debida  certeza,   siendo  esa  propuesta  incompatible  con  el sistema de la sana  crítica.   

Que   además   el  censor   plantea  contradicciones  y  vacíos  en  el  referido  testimonio  a  partir  de algunos  detalles  de  su  atestación  que  no logra explicarse, pero no se esfuerza por  demostrar  si  el  sentenciador  encontró  similares   situaciones  que lo  hubieran  determinado  a  declararse en estado de duda, o si por el contrario el  juzgador  advirtió  estas  mismas  u otras inconsistencias y omisiones, las que  resolvió  a través del examen de otros medios probatorios o con la ayuda de un  estudio  más  profundo  y  detallado  del mismo testimonio, como cuando dice el  libelista  que  no  está  claro  el  momento en que el declarante memorizó las  placas  del  automotor,  como   si  esto  fuera  de  trascendencia  ante la  información  precisa  de  ellas,  aunado a que en verdad el procesado tomó esa  ruta  el  día  y hora de los hechos, sin que sea de trascendencia la confusión  del  color de la camioneta, blanco o beige. En estas condiciones se convierte la  demanda  en  un  alegato  de  instancia,  en  el  cual se abandona el propósito  inicial  que  se  deja  en  solo  enunciado,  para   abordar  nuevamente la  controversia probatoria.   

El testigo se hallaba fortuitamente ubicado  en  frente  del  escenario  de  los  hechos y vio  primero la camioneta que  venía  a gran velocidad, luego la perdió de vista por un instante hasta cuando  escuchó  el  golpe,  para observar entonces que la misma camioneta había   arrollado  a GERMAN ANTONIO CHACON; el libelista  insiste en que el testigo  no  pudo  ver esto porque el bus que tomaba se lo impedía, apreciación que fue  negada  por  el  declarante quien corrigió que esperaba el bus pero todavía no  se  disponía  a  tomar  ninguno.  Además  el recurrente hace una  extensa  referencia  a  los  detalles de la declaración, ostensiblemente contrarios a la  referencia  que  de los mismos hizo el sentenciador, lo cual denota solamente la  pretensión de desconocer el contenido del fallo.   

Advierte  el  conceptuante  que   el  sentenciador  dejó  de lado los pequeños detalles para derivar la credibilidad  de    ALFREDO    CONTRERAS    QUINTERO,  de la coincidencia de su información con algunos hechos probados  dentro  del  expediente, que no pueden explicarse más que por la efectiva   presencia  del  testigo  en  el lugar del accidente y la identificación precisa  del  vehículo   que lo causó.  Al respecto refiere el Tribunal   que  las  características  de  la  camioneta  de  propiedad del autor del hecho  guardan  correlación  en  la  marca,  color  y  estilo,  con  las del automotor  identificado  con  el número de placa tomado por el testigo; igualmente para el  juzgador  resultó  importante  el  hecho de que el procesado hubiera reconocido  haber  estado  en  el  sitio  del  accidente  y  a  una  hora  aproximada  de su  ocurrencia.   

Sobre el plano y las fotografías señala el  Ministerio  Público  que  sirven  para  confirmar   la cercanía visual de  CONTRERAS  QUINTERO  al  lugar  donde fue atropellado  ANTONIO  CHACON,  lo cual sumado al escaso flujo vehicular le permitió tomar el  número  de  las  placas   del  automotor,  actitud  que  determinó que el  homicidio  no  quedara en la impunidad al haber abandonado el conductor el lugar  de  los hechos sin prestarle auxilio a la víctima. El  actor  insiste   en  su personal valoración, desconociendo las constancias  dejadas  por el representante de la parte civil, respecto a que los árboles del  lugar  no  impedían  la visibilidad.  Frente a la prueba técnica que obra  al  folio  241  y  siguientes  el perito emite su concepto personal y deforma la  declaración  del  testigo  o no revisa por completo el expediente, toda vez que  parte  como referencia de que el testigo se disponía a subir a un bus pero como  éste  mismo  lo aclaró no fue así y sobre aquella base opina que es imposible  mirar  al  otro  lado  y  menos  aportar  los datos  de identificación del  vehículo.  Que  además,  si  tuvo en cuenta el juzgador el testimonio de   JOSE  ORLANDO  FANDIÑO,  solo que le dio una valoración que no  acepta el  censor.   

Por   último,   frente  a  la  falta  de  demostración  de  la  culpa en la realización del hecho por parte del Tribunal  que  pone  de  presente  el  demandante, considera el  Delegado   que   si   bien   el   Tribunal  no  hizo  pronunciamiento  concreto  frente a este punto, pues estimó que el objeto de la  apelación  era  exclusivamente  la  autoría,  el Juzgador de primera instancia  hizo  de  manera  somera  referencia  a  que los generadores de la culpa en este  evento  fueron  la  imprudencia  y  la  violación  de los reglamentos, habiendo  podido  ser  esta  escasa  referencia al punto, determinante de una petición de  declaración  de  nulidad  del  fallo  por falta de motivación. En este aspecto  advierte  el  Ministerio  Público   frente a los artículos 121 inciso 2 y  122  del  Código  de  Tránsito,  que los hechos relatados indican, que dada la  ubicación  del acontecer delictivo, el peatón utilizó la bocacalle para hacer  el  cruce, como debía hacerlo, teniendo además prelación sobre los vehículos  para  el  cruce.  Se  acepta además  la versión del testigo sobre el bajo  flujo  vehicular,  no obstante ello se extraña en este punto la referencia a la  posición  del  semáforo, la observancia por parte del peatón de alguna señal  de    cuyos   puntos   no   sobraba   ocuparse   el    fallador   dada   la  circunstancia   de  que el sentenciador indujo como era preciso hacerlo, la  alta  velocidad del automotor, de la magnitud de las heridas y el alzamiento del  cuerpo,  cuya  referencia  también  hizo el testigo, faltando de esta manera el  conductor  a  la  previsibilidad  que  le  obliga el ejercicio de esta actividad  considerada  peligrosa.  Advierte  igualmente   que  en  este  punto  no se  argumentó  la  ocurrencia de un error  que permita abordar su estudio y si  el  propósito  del  recurrente  era  comprobar la omisión o tergiversación de  alguna  prueba  o  la  indebida  aplicación de un precepto normativo, esta  sola  presentación  no  es  suficiente  para  abordar  su  estudio,  so pena de  vulnerar el principio de limitación que orienta este recurso.   

        CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

                     Tiene  razón  el  Ministerio  Público en la crítica que hace a la demanda, en  cuanto  de  su  lectura  se  hace  manifiesto que el censor discrepa  de la  imputación  del  homicidio  que recae sobre el acusado, aduciendo la violación  indirecta  de  la ley sustancial debido a errores de apreciación probatoria del  sentenciador       por       falsos      juicios      de      identi­dad  y  de  existencia, que        propone        pero        no       desarro­lla,  porque  entra  es  a  cuestionar  el mérito probatorio que, como se sabe, en la  actualidad  no es de aducción pertinente en sede casacional, ante la abolición  del  sistema  de  tarifa  legal  y  la  vigencia, en cambio, para la evaluación  probatoria,  del  sistema persuasión racional o sana crítica (C.P. arts. 254 y  294).   

                     En tal  propósito  olvida el impugnante que los fallos de instancia arriban a esta sede  precedidos  de  las  presunciones  de legalidad y acierto, de las que emergen su  obligatoriedad  y  eficacia, y ello implica que sea de cargo del censor entrar a  desvirtuarlas,  probando  la  existencia  de vicios in iudicando o in procedendo  que  de  manera trascendente los afecten, siempre y cuando someta su pretensión  a  la taxati­vidad de las  causales,   y   a   los   requisitos  de  lógica  y  de  técnica  que  la  ley  señala.   

                  En efecto,  cuando  de  un  error  de hecho por falso juicio de identidad se trata, es carga  del  censor  acredi­tar  que     uno     era    el    conteni­do  material  del medio probatorio deformado, y otro muy diferente  el     sentido    que    el    juzga­dor  le  otorga,  al  punto  de  hacerle decir a esa probanza algo  distinto  de  lo que en realidad contiene, con lo que el sentido de la decisión  se  altera,  y  cuando el error de hecho  apunta  a un falso juicio de  existencia,   el   recurrente   debe   demostrar  que  el  fallador  omitió  la  consideración   de   una   prueba   o   tuvo   en   cuenta  la  que  no  existe  materialmente  dentro del proceso.   

                                           Cuando  el  aquí  actor  intenta  dar  desarrollo  a  su  censura,  lo  primero  que  hace es aducir un falso juicio de  identidad  sobre  la  base  de que existen  contradicciones y vacíos en el  testimonio  del  testigo  presencial  ALFREDO  CONTRERAS  QUINTERO, pero no para  cotejar  su  altera­ción  material   en  la  sentencia,  sino  para  socavar su credibilidad con  base  en estimaciones subjetivas contrarias a la mención que de los mismos hizo  el  fallador,  como  ocurre  al señalar que no está claro el momento en que el  declarante  memorizó  los  números  de  las  placas  del  automotor, pese a la  confirmación  de  su  acierto con los rasgos del vehículo al que pertenecen, o  sostener  que   CONTRERAS  QUINTERO no  vio el momento del impacto por estar pendiente de tomar el bus  cuando  oyó  el  golpe  producido  por el accidente,  apreciación que fue  negada  por  el testigo quien en su segunda declaración precisó que al momento  aún no se disponía a tomar vehículo; además, dice  el  accionante  que  al  mirar  este  testigo   al sitio donde provenía el  ruido,  señaló  por  deducción  que  había  sido  producido por la camioneta  chevrolet   Luv  de color blanco,  pero el testigo indica que el flujo  vehicular  era escaso, ya había visto la camioneta que venía a gran velocidad,  luego  la  perdió  de vista por un instante al concentrar su atención en   los  buses que bajaban por la 80 para establecer si alguno le servía  y al  escuchar  el  golpe  producido  por el accidente,  volvió a mirar hacia el  lugar   por  donde se desplazaba la camioneta, la vio pasar y observó a la  persona  accidentada  que del impacto fue  lanzada por los aires y cayó al  otro  carril;  también  venían  dos  taxis pero más distantes; además,   indica  el  libelista que  no se sabe si el deponente alcanzó a subir o no  al  bus  y  que   de  todos  modos  este  vehículo  debió  obstruirle  la  visibilidad  al  sitio del accidente, apreciación que niega  el declarante  cuando señala que no se estaba subiendo a ningún bus.   

                    Con esta  manera  de  alegar,  tanto  muestra  el  censor  el abandono del falso juicio de  identidad,   porque  ningún  distanciamiento  acredita  en  los  juzgadores  de  instancia  respecto  del  contenido  material  de  la  prueba, como su verdadera  inclinación  a  controvertir las sentencias en cuanto a la atendibilidad que le  dieron  a ese medio, intentando apenas que la estimación conjunta y judicial de  pruebas,    hecha    al    amparo    del    artículo   254   del   Código   de  Procedimien­to Penal, se  sustituya  por  la  que le interesa a la defensa. Al respecto tuvieron en cuenta  los  falladores que las características de la camioneta que causó el accidente  suministradas  por  el testigo, coinciden con las del vehículo de propiedad del  sindicado  y que el procesado reconoció que en esa fecha estuvo en el sitio del  accidente, aunque difiere de la hora.   

         

                       Frente   al  dictamen  pericial  debe  recordarse   que  conforme   al  artículo  273  del  Código de Procedimiento Penal, éste  debe apreciarse  razonadamente  por el Juez, teniendo en cuenta la firmeza, precisión y claridad  de  sus  fundamentos,  la  idoneidad  de  los  peritos y “los demás elementos  probatorios  que  obren  en  el  proceso”.  En  el caso subjudice el perito no  revisó  por completo el expediente, toda vez que partió del supuesto de que el  testigo  se disponía a subir a un bus, pero como éste lo indicó, no fue así;  además,  con  base  en esa apreciación equivocada que tiene en cuenta el actor  en  su  escrito, opina el experto que le era imposible al declarante mirar hacia  el  sitio  del  accidente  y  menos  aportar  los  datos  de identificación del  vehículo.   

         

                   No  admitieron los sentenciadores dicha experticia, pero no por simple omisión,  sino  en  cuanto  señala  que  a  CONTRERAS QUINTERO, dada su edad y contextura  física,  no le era posible hacer el recorrido que expuso y alcanzar a anotar el  número de las placas del vehículo causante del insuceso, pues,   

“…ha  de  tenerse  en cuenta que es el  mismo  declarante quien manifiesta que el citado automotor intentó detenerse en  el  semáforo  de  la  carrera 24, cuando éste quedó en rojo, al punto que él  creyó  que  iba  a auxiliar a la víctima y en ese momento le tomó la placa, y  fue cuando el vehículo siguió por la 24 con dirección al sur”   

                    De  otra  parte,  si  bien  es  cierto que el perito  señala  que  el  testigo  no  pudo  ver  la  camioneta  cuando sucedió el  percance   por   estar  subiendo  al  bus,  y  esto  lo  reitera  el  libelista,  tal   situación   no   se   presentó  pues, se repite,  el declarante sostiene  que esperaba  el bus,  pero que todavía no se disponía a tomar alguno.   

                     Los  falladores  tuvieron  en  cuenta  este  dictamen para concluir  que no  puede  plantearse  la duda porque el testigo no precisó exactamente el tono del  color  del vehículo causante del accidente, por haberlo señalado como blanco o  blanco oscuro, siendo beige, porque:   

”…  el  color blanco, en cualquiera de  sus  tonalidades,  al exponerse a cierta cantidad de luz, necesariamente deja en  la  retina  una  impresión  predominante del color blanco, conclusión a la que  también arribó el perito del C.T.I.”   

Y ello acredita una estimación razonada de  la prueba.   

                   

                      En  cuanto  al  plano  y  las fotografías  como atinadamente lo señala el  Ministerio  Público,  sirven  para  confirmar  la cercanía visual de CONTRERAS  QUINTERO  al  lugar donde fue atropellado CHACON, lo cual sumado al escaso flujo  vehicular  y  al  intento  que  hizo  la  camioneta  causante  del  accidente de  detenerse,  le  permitió  aproximarse  y   a  una cuadra de distancia pudo  consignar  su  número  de  placas  aunque  el  actor  insiste  en  su  personal  valoración  y  se  respalda  en las fotografías para sostener que los árboles  que  se  aprecian  al fondo, en la visible al folio 181, le impedían al testigo  ver  algún  vehículo que se desplazara y mucho menos determinar su velocidad y  en  la  fotografía  del  folio  185, para afirmar  que le era imposible al  testigo  aproximarse  en  forma  total  al  automotor  que  causó el accidente.  Aquí,   desconoce el censor las constancias dejadas por el apoderado de la  parte  civil  en  la  diligencia  de  Inspección  Judicial,  respecto a que los  árboles  del  lugar  no  le   impedían  la visibilidad a CONTRERAS , como  también  la declaración de éste que dijo haber visto el número de la placa a  distancia,  lo  que  significa como lo expuso el Tribunal, que no tuvo necesidad  de llegar al lado mismo del vehículo para anotarlo.   

                           Al  desconocer  el  demandante,  como  lo hace, los presupuestos fácticos de la  sentencia,  debió entrar a explicar y demostrar el yerro, conforme a las reglas  del  recurso,  para  luego, con fundamento en los nuevos hechos,  acreditar  que  por  esa vía se llegó a la violación de una norma de derecho sustancial;  pero  es  claro  que  el  actor  obvia  la primera parte y en tales condiciones,  el     cargo     adolece     de     falta     de  sustentación,  como  quiera que no se sabe por qué  motivos  la  Sala  deba  acoger  los  hechos  relatados  en  la demanda y no los  declarados en la sentencia.   

                      En  cuanto atañe  al testimonio de JOSE ORLANDO FANDIÑO, no es cierto que  los  juzgadores  hubieran  omitido su valoración como sostiene el casacionista.  Lo  que  ocurre  es  que  lo  apreciaron  de  manera  diferente  a como ahora se  pretende,  con  el ánimo de edificar una duda que solo el casacionista plantea.  Dice al respecto el ad-quem:   

“  …mal puede revocarse la sentencia  recurrida  sobre  la  base  de una ausencia de certeza en cuanto a la autoría y  responsabilidad  del  sindicado  basada  en  la  declaración  rendida  por JOSE  ORLANDO  FANDIÑO,  testigo  éste  que  ni  el  propio  acusado mencionó en su  injurada,  y  quien  simplemente  refirió que el día de los hechos no le notó  nada  raro  a  la  camioneta.  Las  tardías  y  vagas  aseveraciones del citado  deponente  en  nada  desvirtúan el dicho del testigo presencial de los hechos y  que   ha   servido   de   fundamento   probatorio  para  proferir  el  fallo  de  condena.”   

                    

                     Ha  de  insistirse  en  que  la sentencia de segunda instancia se encuentra amparada por  la  doble presunción de acierto y legalidad, y por tanto su abatimiento total o  parcialmente  en  casación  -cuando  se  alega  violación  indirecta de la ley  sustancial-,  solo  es  posible si el actor acredita objetivamente la existencia  de  errores  en  la  apreciación  de las pruebas que, de no haberse presentado,  habrían cambiado inevitablemente el sentido del fallo .   

                                Por último, dirige el censor su reproche a la  falta  de  demostración  de la culpabilidad  del procesado en el ilícito,  porque  no  se probó que actuó con culpa, pero como acertadamente lo expone el  Procurador  Delegado,  en este punto no argumentó la ocurrencia de un error que  permita  abordar su estudio, so pena de vulnerar el principio de limitación que  orienta  el  recurso,  y  si la inconformidad es por la falta de motivación del  fallo  de segunda instancia, en este aspecto ha debido  plantear el cargo y  desarrollarlo   por  la  causal  tercera  de  casación, sin desconocer los  razonamientos  del  a-quo, porque si bien es cierto que el Tribunal no se ocupó  de  este  tema  al  considerar que el objeto de apelación era exclusivamente la  autoría,  el  fallador  de  primera  instancia si lo abordó más a fondo, y se  recuerda  que  las  consideraciones  y el examen de la realidad probatoria   agotados  por  el  juez de primer grado se entienden incorporados a la sentencia  de  segunda instancia en todo aquello que ésta no  desvirtúe o modifique,  así  tales  análisis  o  argumentaciones  no  se  hayan  producido en el fallo  acusado,  por  integrar  las dos sentencias una unidad jurídica inescindible, y  en  consecuencia para que el ataque prospere debe ir encaminado a desvirtuar los  fundamentos   expuestos   en   una  y   otra  providencia.   Sobre  el  particular      sostuvo    el    juez    de   primera   instancia   lo  siguiente:   

         

  “…la  realidad  procesal  pone  de  relieve  la  responsabilidad  del  acusado  en  la  modalidad  culposa,  dado su comportamiento imprudente y la inobservancia de los  reglamentos  obligatorios  para  todo  aquél  que  realiza   una actividad  peligrosa.   

Resulta  incuestionable,  que el vehículo  conducido  por  LUIS  ALBERTO  CATUMBA   transitaba  a  una  velocidad  muy  superior  a  la  que  le permitía la prudencia y el contenido del artículo 138  del  Código  Nacional  de  Tránsito. Y ello por cuanto dada la nocturnidad, la  poca  visibilidad  y  las  condiciones  de  la  vía, a que él mismo hizo   referencia  en  sus  intervenciones,  le  era  exigible  la  moderación  de  la  velocidad,  en virtud de un criterio general de prudencia, pues la reducción de  la  visibilidad  debió  ser  compensada con la correspondiente reducción de la  velocidad,  con  el  fin  de  poder  observar  los  obstáculos  que se pudieron  presentar  en  la  vía,  máxime  cuando  transitaba  por  una  zona comercial,  vísperas del día de la madre y aproximándose a un cruce-vía.   

En este orden de ideas, para este Despacho,  los  factores de imprudencia, la inobservancia de los reglamentos de tránsito y  los  deberes  que  impone el ejercicio de una actividad peligrosa, como lo es la  conducción   de   vehículos,   fueron   determinantes  y  eficientes  para  la  producción  del  resultado  antijurídico:  muerte  de  Germán Antonio Chacón  Gálvis.  Y  por  ello es por lo  que la comisión de este hecho se le debe  imputar,  a  título  de  culpa,  al vinculado LUIS ALBERTO CATUMBA.     

Así  las  cosas,  ha  quedado  plenamente  establecido    que    la   conducta   atribuida   al   procesado   es   típica,  antijurídica   y  culpable,  sin  que  resulte  válido predicar que en su  favor  pudiera  concurrir la causal de inculpabilidad prevista en el numeral 1°  del  artículo  40  del  Código  Penal,  comoquiera  que  el  resultado  no fue  consecuencia  de  caso fortuito o de fuerza mayor, sino de la imprevisión de lo  evidentemente  previsible  y  probable,  con  violación,  por  parte   del  acusado,  del  deber  de  cuidado  que  le  era  exigible;  por  ende,  debe ser  sancionado de acuerdo con la ley,…”.   

                     Lo  anterior  es suficiente para concluir que el sentenciador no  incurrió  en los errores de hecho que le atribuye la demanda, luego el cargo no  prospera, como así lo declarará la Sala.   

                 En mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

        RESUELVE   

                         NO  CASAR  el fallo impugnado.   

                   Cópiese,  comuníquese y cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ  ARGOTE                                                                               JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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