11327(03-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 11327  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 188  

         Bogotá,   D.   C.,   tres   (03)  de  diciembre  de  dos  mil  uno  (2001).   

VISTOS  

         En sentencia del 12 de julio de 1995, el  Juzgado  Catorce Penal del Circuito de Medellín condenó al señor José  Adán  Hincapié  González  a la  pena  principal  de  40  años  de prisión y a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones públicas por diez, al encontrarlo penalmente responsable  del  delito  de  homicidio  agravado.  También  le  impuso  la  obligación  de  indemnizar  los  daños  y  perjuicios  causados  y  le negó el subrogado de la  condena condicional.   

         Recurrida  esta decisión por el acusado y su defensor, una Sala de  Decisión  del  Tribunal  Superior  de Medellín, tras descartar las causales de  agravación  y  modificar  la  sanción  que  dejó  en 25 años de prisión, la  confirmó el cinco de septiembre de 1995.   

         El  defensor  interpuso recurso de casación el 27 de septiembre de  1995,  que  se  concedió el seis de octubre siguiente y la Sala se pronuncia de  fondo   sobre   la   demanda   que   en  su  sustento  se  presentó  el  20  de  noviembre.   

HECHOS  

         Aproximadamente  a las cuatro de la tarde del ocho de septiembre de  1994,  el menor de 12 años de edad, ORLANDO DE JESÚS ÁLVAREZ GÓMEZ, quien se  encontraba  cerca  de  la caseta del vigilante en el Terminal de Transportes del  Sur  de  Medellín  y,  con una pistola de fulminantes, jugaba con sus hermanos,  dirigió   dos   impactos   al  celador  José  Adán  Hincapié  González,  persona que reaccionó tomando  la  escopeta  asignada  para  el  servicio,  la cual dirigió contra el niño, a  quien disparó causándole el deceso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         La  Unidad  de Fiscalía Seccional de Medellín abrió instrucción  el  nueve  de  septiembre  de  1994  (fl. 10) y, luego de indagar a José  Adán  Hincapié  González  (fl.  12),  el  14  siguiente  decretó  su detención por el delito de homicidio (fl.  35),  decisión  que,  recurrida,  fue confirmada el 13 de octubre por un Fiscal  Delegado ante el Tribunal Superior (fl. 57).   

         El  nueve  de diciembre de 1994 se clausuró la investigación (fl.  132)  y  el  cinco  de  enero  de 1995 se profirió resolución de acusación en  contra  del  señor  Hincapié  González  por  el  delito  de  homicidio  agravado (fl. 141). Al desatar la  apelación  interpuesta  por  la  defensa,  la  segunda  instancia  confirmó la  acusación el 21 de febrero de ese año (fl. 180).   

         El  12  de  julio  de  1995,  el Juez Catorce Penal del Circuito de  Medellín  profirió la sentencia condenatoria ya reseñada (fl. 257), decisión  que,  recurrida y con la modificación descrita, fue objeto de confirmación por  el   Tribunal   Superior   el   cinco   de   septiembre   del  mismo  año  (fl.  285).   

         El  señor  defensor  interpuso recurso extraordinario de casación  el  27  de  septiembre  de  1995  (fl. 306), que se concedió el seis de octubre  siguiente  (fl.  308)  y  el  20  de  noviembre  del  mismo año se presentó la  respectiva  demanda  (fl. 314), la cual fue admitida el dos de febrero de 1996 y  el  15 de agosto de 1997 se recibió concepto del Procurador Tercero Delegado en  lo Penal (e).   

LA DEMANDA  

         El  defensor formula un sólo cargo al amparo de la causal primera,  cuerpo  segundo, por cuanto de manera indirecta la sentencia violó el artículo  323  del Código Penal de 1980, al incurrir en error de derecho por falso juicio  de  convicción,  por  cuanto, al apreciar de manera errónea los testimonios de  CAROLINA  IVONNE  y  HUBER  ANDRÉS  ÁLVAREZ GÓMEZ, que no merecen crédito, y  desechar  los  de  LUIS  ALFONSO  MIRANDA  y RICARDO EMILIO ALZATE, así como la  confesión,   desatendió  los  criterios  del  artículo  294  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991 sobre la sana crítica y no admitió la causal de  inculpabilidad   del  artículo  40-1.  Para  demostrar  el  yerro,  realiza  un  análisis  sobre  esas  versiones  para  concluir  que  las  primeras  deben ser  descartadas y las últimas acogidas.   

         Concluye  con  la pretensión de que se case el fallo y se absuelva  al acusado.   

EL MINISTERIO PUBLICO  

         El  señor  Procurador  Tercero Delegado en lo Penal (e) solicita a  la  Sala  no casar la sentencia, pues la demanda falta a la técnica al anunciar  un   falso  juicio  de  convicción  (error  de  derecho)  pero  desarrollar  un  desconocimiento  de  las reglas de la sana crítica (error de hecho), además de  que  el  Tribunal  sí  valoró  las pruebas citadas, pero en sentido opuesto al  defensor,  las  que, además, fueron corroboradas por otros elementos de juicio.  Por  otra  parte,  el  censor,  con  base en hipótesis personales, sin respaldo  probatorio,  pretende  sacar  avante  su tesis frente a la del juzgador, sin que  con tal postura logre demostrar yerro alguno.   

CONSIDERACIONES  

         1.  Como  la  casación  es  un recurso extraordinario de carácter  rogado,  la  demanda  con  la  cual  se sustenta debe cumplir con las exigencias  técnicas   que   regula   el   legislador,   cuyas   falencias   comportan   su  desestimación,  sin  que, en virtud del principio de limitación, la Sala pueda  suplirlas.  En  el  evento  en  estudio,  el  numeral  3° del artículo 225 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991,  bajo cuya vigencia se profirió la  sentencia  de  segunda instancia, exige señalar “La causal que se aduzca para  pedir  la  revocación  del  fallo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa los  fundamentos de ella”, carga con la que no se cumple.   

         2.  Así,  el  actor acude a la causal primera, cuerpo segundo, por  violación  indirecta  de  la  ley, camino que le exige demostrar si el juzgador  incurrió   en   un   error  de  hecho  o  de derecho.  De  optar  por  el  primero,  el  de hecho,  ha  de  dilucidar  si  el  yerro  obedeció  a  un  falso   juicio   de  existencia  (no  se  valoró  una  prueba  existente  o se supuso una que no obraba), un falso    juicio    de   identidad   (se  distorsionó  el  alcance  real  del  elemento  de  juicio), o a un falso  raciocinio (vulneró las reglas de  la  sana  crítica por desatender los postulados de la lógica, la experiencia y  la  ciencia). Si acude al error de derecho,  debe  especificar si se dio como consecuencia de un falso  juicio de legalidad (se valoró un  elemento  de  persuasión  que  se  adujo  sin  las formalidades legales), o fue  producto     de     un     falso     juicio     de  convicción  (a la prueba se suministró un valor que  no tiene o se le desconoció el que le asigna la ley).   

         Del  planteamiento  y  desarrollo del único cargo se evidencia que  el  demandante  confundió esos postulados, como quiera que señaló un error de  derecho  por  falso  juicio  de convicción que, agregó, se cometió al valorar  diversos  testimonios,  olvidando  que  ese yerro es de casi nula aplicación en  materia  procesal  penal,  dado que tiempo ha que el legislador dejó de regular  el  valor  asignado  a  determinados  medios  de  juicio,  en  tanto  que  en la  actualidad   rige  el  sistema  de  libertad  probatoria  que  comporta  que  el  funcionario  puede  demostrar  la  conducta  punible  y  la  responsabilidad con  cualquier  medio, con las únicas limitantes de que debe apreciarlos en conjunto  con  base  en   las  reglas  de  la  sana  crítica  y exponiendo de manera  razonada el mérito que asigne a cada uno.   

         El  censor  no  sólo  señaló  un  yerro  inaplicable,  sino  que  añadió  que  el  falso  juicio  de  convicción  obedeció  a  que el Tribunal  “apreció  erróneamente  y  consideró  aptos para demostración, testimonios  que   no   merecen  crédito;  y  desechó,  erróneamente,  la  confesión  del  procesado”,   lo   que   denota   incertidumbre,   porque   ninguno  de  tales  planteamientos  es  propio  de  la  equivocación  que  invoca, pues la errónea  observación  alude  al  falso juicio de identidad y la equivocada apreciación,  al  falso  raciocinio.  Mientras tanto, desechar una prueba, esto es, excluirla,  desestimarla, hace referencia al falso juicio de existencia.   

         El  fundamento  de la demanda dice que la mala valoración “tiene  su  origen  en  haber  desatendido  los  criterios que fija el artículo 294 del  Código   de   Procedimiento   Penal  –de  1991-  a  efectos de la apreciación del testimonio”. Como la  norma  alude  a  la  sana  crítica,  debió invocarse el falso raciocinio, pero  igual  la  censura  está  llamada  al  fracaso,  por  cuanto  se  quedó  en la  invocación  de la norma, sin precisar cuáles reglas de la lógica, máximas de  la   experiencia   y   aportes   de   la   ciencia   se   desconocieron  por  el  Tribunal.   

         3.  El  censor  se  limitó  a reiterar los planteamientos de libre  formulación  que  esgrimió  a lo largo del proceso en aras de demostrar, desde  su  personal  y  subjetiva  forma  de  apreciar los elementos de juicio, que los  hechos  sucedieron  en  la  forma  por  él planteada y no como los tuvieron por  demostrados  los  jueces  de conocimiento, olvidando que ello no es de recibo en  casación,  a  donde  los  fallos  de  aquellos  llegan  precedidos  de la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  presunción  que  sólo se desvirtúa a  partir  de  la demostración de los precisos errores señalados, que no se logra  con  simples posturas que solamente pretenden reabrir el debate probatorio, como  si  la  Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia pudiera ser una  instancia  adicional  a  las  dos que la Constitución y la ley disponen para un  proceso como es debido.   

         4.  Tampoco  asiste  razón al demandante en el fondo de las quejas  planteadas,  porque  parte  de  que  las  sentencias  declararon  como de entera  credibilidad  las  versiones  de  los  hermanos CAROLINA IVONNE y HUBER ÁLVAREZ  GÓMEZ,  cuando  lo  cierto  es  que  el Tribunal, tras el análisis respectivo,  sobre  el  primero  concluyó que “no sirve como prueba incriminatoria dada su  inexactitud  y contradicción” (fl. 293), y en lo que a la niña se relaciona,  no  desconoció  su  parentesco  con  la  víctima, como dice la defensa; por el  contrario,  en  el  proceso  de  valoración  de su testimonio es reiterativo en  señalar  que  era  hermana  del  occiso,  además  de  que  concluye  que otros  elementos  de  juicio,  fotografías  del  cadáver,  protocolo de necropsia, la  corroboran (fl. 295).   

         Nótese  cómo,  para desvirtuar el dicho de los menores, el censor  acota  que  la  progenitora  presionó  sus  respuestas, pero a renglón seguido  aclara  que  “Sobre  esto  no  se dejó constancia en la diligencia”, lo que  pone  de  presente una actitud especulativa que acude al planteamiento de cargos  con  base  en simples conjeturas singulares sin soporte en la realidad procesal.   

         5.   El   demandante  alude  a  supuestas  contradicciones  en  las  diferentes  versiones  de  los  menores, pero, en una muestra de que no examinó  con  máxima  atención  la sentencia cuestionada, no captó que expresamente la  de  HUBER  fue  descartada  como  elemento  incriminador.  Por otra parte, tales  inconsistencias  quieren  ser  demostradas  a  partir de los testimonios de LUIS  ALFONSO  MIRANDA  HERNÁNDEZ y RICARDO EMILIO ALZATE PENAGOS, declaraciones que,  de  manera  razonada, el Tribunal descartó (fl. 289, 291) al concluir su ánimo  especial  de favorecimiento respecto del acusado, por lo que les restó eficacia  probatoria.   

6.  Para oponerse a la estimación que hizo  la  sentencia del testimonio de la hermana de la víctima, el censor reitera los  mismos  argumentos expuestos al apelar el fallo de primer nivel, esto es, que se  desconoció  que  la necropsia contradice aquél dicho, de nuevo con descuido en  la  observación  del  fallo,  pues  en este se le respondió que no había tal,  porque  el  dictamen no relacionaba el trayecto que describía el censor y “No  es  cierto  que  la  niña  Carolina Ivonne haya dicho que el celador le apuntó  de  frente a su hermano …  El   término  apuntó  no  puede   entenderse   ‘de  frente’, como lo sugiere  el  señor  defensor,  sino  la dirección hacia un determinado objetivo” (fl.  299).   

Respecto de la distancia a la que, conforme  la  menor CAROLINA, se realizó el disparo, el Tribunal no se basó en la simple  descripción  de  la  niña, sino que acudió a la necropsia, a las fotografías  del   cadáver   y  a  conceptos  técnicos  que  al  explicar  la  ausencia  de  “tatuaje”  lo  llevaron  a  concluir  que  era  superior a la alegada por el  procesado.  Nótese que, sobre este específico tópico, el error se sustenta en  que,  según  el  defensor,  no debe aceptarse la conclusión de la necropsia en  cuanto  no  existía  tatuaje,  sin  que,  aparte  de  su personal apreciación,  demuestre en qué se equivocó el experto galeno.   

7. Ninguna consideración se hace en torno a  las   glosas  respecto  de  la  inexistencia  de  causales  de  agravación  del  homicidio,  pues  que  el fallo de segunda instancia las descartó para condenar  por homicidio simple.   

8.  Nótese  cómo,  frente a los razonados  argumentos  de la sentencia de segunda instancia para desechar el aserto de LUIS  ALFONSO  MIRANDA,  el  demandante sólo afirma que debe creérsele porque narró  “fue  su  parecer,  mas  no  lo  que  realmente  vio por la interposición del  celador”,  lo que no admite lógica alguna, pues, a una prueba directa como la  que  encontró  eficaz  el  Tribunal,  no puede oponerse, menos para señalar un  yerro  en  el  fallo,  el  dicho  de  quien  nada  vio  y a quien escasamente le  “pareció” que algo ocurrió.   

Además,  el aludido testimonio, como el de  RICARDO  EMILIO ALZATE, no fueron dejados de lado únicamente por su interés en  favorecer   al   acusado,   como  cree  la  defensa,  sino  porque  sus  relatos  contrariaban  las  leyes  de la física, además de desmentir al mismo sindicado  (fl. 290, 291).   

9.  Todo  lo  dicho obliga a desestimar los  cargos,  pues  del  escrito  de  demanda  se infiere claramente que el censor ha  intentado  nuevamente,  sin  más,  anteponer  su  personal forma de valorar las  pruebas   a   la   efectuada  por  los  falladores,  cuando  alegó  pretendidas  irregularidades,  acudiendo, para demostrar el cargo, a su personal apreciación  producto,   a  la  vez,  de  especulaciones  sin  basamento  en  el  expediente,  planteamientos  improcedentes  en  este  especial y extraordinario trámite, por  cuanto  los  fallos  de  instancia,  se  repite,  están  cobijados por la doble  presunción de acierto y verdad.   

         

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         No casar la sentencia impugnada.   

         

         Devuélvase al Tribunal de origen y cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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