11286nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 11286  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA   DE  CASACION  PENAL   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                                    Aprobado Acta No. 195   

                                                    Bogotá  D.  C. diecisiete (17) de noviembre de  dos mil (2000).   

          VISTOS   

                   Se decide el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  la  defensa  contra la  sentencia  del  23  de agosto de 1995, por medio de la cual el Tribunal Superior  de  Pasto  confirmó  la condena que el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de esa  ciudad  le  impuso a AMANDA ROCIO BASTIDAS al declararla infractora de la Ley 30  de 1986.   

          HECHOS   

                      El 30 de  diciembre  de  1991  AMANDA  ROCIO BASTIDAS, quien dijo llamarse Amparo Delgado,  entregó  en  la  cárcel  judicial  de  Pasto  y con destino al recluso Gabriel  Rodríguez,  un  paquete  con  alimentos  que incluía una lata de sardinas cuyo  contenido  había  sido  sustituido  por  sustancia   base  de cocaína, en  cuantía  aproximada  a  los  282  gramos. Por ello, la visitante fue retenida y  puesta a disposición de las autoridades competentes.   

         SINTESIS DE LA ACTUACION   

                           La  investigación  la  declaró  abierta  el Juzgado Treinta y Seis de Instrucción  Criminal  de  ese  entonces,  en  auto del 30 de diciembre de 1991; despacho que  después  de recaudar algunas pruebas y oír en indagatoria a la aprehendida, el  9  de enero de 1992 profirió en su contra medida de aseguramiento de detención  preventiva,  como  infractora  del  artículo  33  de  la Ley 30 de 1986. En ese  proveído  se  dispuso adelantar la actuación por el trámite del procedimiento  abreviado  conforme a lo dispuesto por el artículo 26 del decreto 1861 de 1989.  Hasta   ese   momento  la  sindicada  se  hacía  llamar  Amparo  Delgado,  pero  posteriormente,  en  ampliación  de  indagatoria,  manifestó  que su verdadero  nombre era AMANDA ROCIO BASTIDAS.   

                    El defensor  de  la  sindicada  impugnó  la  medida  de  aseguramiento  con  los recursos de  reposición  y  apelación; ambos resueltos en forma  desfavorable el 20 de  enero  y  el  28  febrero  de  1992, respectivamente. Más adelante el apoderado  impetró  y  logró  obtener la libertad provisional de su mandante, ordenada el  12   de   marzo   de   1992   por  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Pasto.   

                      El 1o. de  julio  de  1992,  al  entrar  en  vigencia  el  Decreto 2700 de 1991, se dispuso  remitir el expediente a la Fiscalía General de la Nación.   

                      El 16 de  octubre  de  1993,  la Fiscalía Quince Especializada de Pasto dispuso adelantar  bajo  una  misma  cuerda  este  expediente  y  otro  que  se originaba en copias  compulsadas  de  algunas  piezas  de éste mismo, dentro del cual, mediante auto  del  13  de  septiembre de 1993 se ordenó abrir instrucción penal en contra de  Irene  Acosta,  a quien la procesada sindicó de haber sido quien le entregó el  paquete  decomisado  en  el  centro  de  reclusión,  y  contra el recluso José  Antidio Pantoja, supuesto destinatario del envío. (Folio 74).   

                   La Fiscalía  Séptima  Especializada de Pasto calificó la instrucción el 18 de noviembre de  1994,  en  el  sentido  de  acusar  a AMANDA ROCIO BASTIDAS o Amparo Delgado por  infracción  a la ley 30 de 1986 con la conducta descrita en el inciso 1o. de su  artículo  33,  por  llevar  consigo e introducir a la cárcel Judicial de Pasto  sustancias  estupefacientes.  En  este proveído nuevamente se dispuso compulsar  copias  de  parte de este expediente para que se investigue la conducta de Irene  Acosta. (Folio 230 vuelto).   

                     El Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Pasto adelantó la causa; surtiendo en ella la  etapa  probatoria,  para  realizar la audiencia pública y proferir la sentencia  el  20  de junio de 1995, condenando a AMANDA ROCIO BASTIDAS a la pena principal  de  ocho  (8)  años  de  prisión  y  multa  de  $517.200.oo, como autora de la  infracción  descrita  en  el  inciso 1o. del artículo 33 de la Ley 30 de 1986,  agravada  de  conformidad  con el artículo 38.1.b. ibídem. Por el mismo tiempo  le  impuso la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas;  y se negó a concederle la condena de ejecución condicional.   

                    El defensor  impugnó  la  decisión  del  a  quo;  no  obstante la condena fue confirmada en  sentencia  emitida por el Tribunal Superior de Pasto, que se pronunció el 23 de  agosto   de   1995   emitiendo  el  fallo  que  ahora  es  materia  del  recurso  extraordinario de casación.   

                      Conviene  advertir  que  ni en la resolución acusatoria ni en las sentencias de primero y  de   segundo   grado,   existe   pronunciamiento   alguno   relacionado  con  la  responsabilidad de Irene Acosta.   

LA  DEMANDA  

                        Primer  cargo.-   

                           El  recurrente  acusa la sentencia proferida en este asunto por el Tribunal Superior  de  Pasto,  al  tenor  de lo dispuesto en la causal tercera de casación, según  las  causales  de  nulidad  previstas  en  los  ordinales  segundo y tercero del  artículo 304 del Código de Procedimiento Penal.   

                        En  la  fundamentación  del  cargo,  el  actor parte del principio conforme al cual por  cada  hecho  punible se edifica un solo proceso, para poner de manifiesto que en  este  caso, a pesar de que AMANDA ROCIO declaró que Irene Acosta fue la persona  que  la  mandó  con  el  paquete  que  ocultaba la droga, nunca se unificó esa  actuación  con  ésta;  se  desconoce  si esa investigación se efectuó o no y  cuáles  fueron los resultados; si se estableció que Irene Acosta era la única  responsable;  si  AMANDA  ROCIO  es  inocente o si fue cómplice de aquella y en  caso  de  ser  responsable, era acreedora a la rebaja de pena establecida por la  Ley 30 de 1986.   

                      En las  condiciones  expuestas el demandante considera que se ha violado el principio de  contradicción  de  la  prueba,  principio  rector  y  prevalente del Código de  Procedimiento  Penal, también consagrado en el artículo 29 de la Constitución  Nacional.   

                    Aduce el  impugnante  que  AMANDA  ROCIO  nunca  fue  llamada a declarar en el proceso que  supuestamente   se  adelantó  contra  Irene  Acosta,  no  pudo  contradecir  ni  beneficiarse  de  las pruebas que se hubieran allegado a ese proceso, siendo que  la   situación  jurídica  de  aquella  estaba  íntimamente  ligada  a  la  de  ésta.   

                   En sentir  del  inconforme,  se  violó  el  principio  de  favorabilidad  consagrado en el  artículo  10  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  porque  el procedimiento  abreviado  que  regía  por  la  época  de  los  hechos quedó sin vigencia por  violentar  la  Constitución,  y  por  tanto, se imponía la unificación de las  investigaciones  que  cursaban  contra  AMANDA ROCIO e Irene Acosta y las que se  dispusieron  en  el  auto que resolvió la situación jurídica de la procesada,  en  contra de los internos Gabriel Rodríguez y José Antidio Pantoja (esposo de  Irene).   

                     Para el  actor  también  resultó  conculcado el principio de igualdad, consagrado en el  artículo  20  del  estatuto  ritual,  en cuanto a la similitud de oportunidades  para  aportar,  aducir  o  solicitar  pruebas, lo que no se pudo ejercer ante el  desconocimiento    de    la    investigación    que   correspondía   a   Irene  Acosta.   

                         El  casacionista  estima  que  los  perjuicios que sufrió la procesada AMANDA ROCIO  BASTIDAS  son  claros,  pues,  de  haberse juzgado en este mismo proceso a Irene  Acosta,  se  hubiera  establecido  su autoría intelectual y se habría conocido  con  exactitud si AMANDA sabía del contenido de la lata de sardinas, caso en el  cual  se le habría vinculado como cómplice, se le habría abonado la rebaja de  pena    establecida  para  la  delación  de  partícipes  y  ello  habría  permitido  la  concesión del subrogado de la condena de ejecución condicional;  o, se le habría absuelto de todo cargo.   

                    Opina el  demandante  que  los  actos  lesivos del debido proceso y del derecho de defensa  viciaron  de  nulidad  el  proceso,  por  lo que se debe casar la sentencia para  anular  lo  actuado  desde  el cierre de la investigación, con el fin de que se  unifiquen  las  investigaciones  en  contra  de  AMANDA  ROCIO  BASTIDAS e Irene  Acosta, hasta que sean falladas en el mismo proceso.   

                       Para  protestar  por la condena de su mandante, el libelista hace referencia a algunas  pruebas  tales  como  la  declaración juramentada en la que AMANDA ROCIO admite  que  esa  es  su  verdadera  identidad y que la responsable del hecho punible es  Irene  Acosta.  Igualmente menciona la orden de compulsar copias para investigar  la  presunta  falsedad  personal  en que pudo haber incurrido la procesada, para  comentar  que  se desconoce su resultado. Así mismo alude al informe del Cuerpo  Técnico  de  Policía  Judicial  según  el  cual  se  estableció  el lugar de  residencia  de  Irene  Acosta y de su esposo José Antidio Pantoja y se supo que  allí  había  una muchacha de servicio cuyas características coinciden con las  de  AMANDA  ROCIO;  documento que también habla de Blanca Soto, amiga de Irene,  quien,  de  acuerdo  con  la  declaración  que  rindió en el Juzgado Quinto de  Instrucción  Criminal,  residía  en  la misma casa de Irene, de lo cual deduce  que  dicha  declarante  cometió falsedad. Por último, considera que el informe  acredita  los  antecedentes  de narcotráfico de Irene Acosta. Entonces, señala  que  todo  ese  acervo  apuntaba a la veracidad de la ampliación de indagatoria  rendida  por  la  implicada  en la cual bajo juramento acusó a Irene Acosta, lo  que la hacía acreedora a la rebaja de pena.   

                    Después  de  mencionar  las normas infringidas, el impugnante solicita a la Sala que case  la  sentencia  y  en su lugar decrete la nulidad de todo lo actuado a partir del  cierre  de  la  investigación  para  que  se  vincule  a  este  proceso a Irene  Acosta.   

                     Segundo  cargo.-   

                     Con el  carácter  de  cargo  subsidiario,  el  actor  acusa  la  sentencia del Tribunal  Superior  de  Pasto  al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo.   

                         En  criterio  del  censor,  la  sentencia  de  segundo grado viola indirectamente el  artículo  33  de  la  ley  30 de 1986 por aplicación indebida, por un error de  hecho  por omisión de prueba, cometido por el Tribunal al no tener en cuenta la  denuncia  bajo  juramento que AMANDA ROCIO formuló en contra de Irene Acosta al  ampliar su indagatoria.   

                       Así  mismo,  el  demandante  censura  al  ad quem por haber ignorado completamente el  informe  rendido  el  25  de  mayo  de  1992  por el Cuerpo Técnico de Policía  Judicial,  del  cual  se  deduce  que Irene Acosta sí existe, que vivía con su  esposo  José  Antidio  Pantoja,  que  AMANDA  ROCIO era muchacha al servicio de  Irene  ;  que  ésta  y  Blanca  Soto  son amigas, de donde se extrae que lo que  declaró  AMANDA  ROCIO  en  su  primera  versión fue el fruto de las patrañas  urdidas  por  las  dos  amigas  y  que  Irene  tenía  un  amplio prontuario por  estupefacientes.  Que  todo  ello  se  estableció  por  la denuncia que hizo la  procesada  y por ello, en caso de ser responsable, debía descontársele las dos  terceras partes de la pena.   

                         El  recurrente  atribuye  al  Tribunal  otro  error,  por  suposición de prueba, en  cuanto  concluyó  que  la  procesada  conocía el contenido del paquete, por el  hecho  de  haberse  cambiado  el  nombre  inicialmente,  siendo  que  ese  hecho  únicamente  prueba  que  la inculpada no quiso revelar su identidad para que su  familia no se diera cuenta que estaba detenida.   

                       Para  integrar  la  “proposición  jurídica  completa”  el  actor  manifiesta  que se  aplicaron  mal  los artículos 33, inciso primero y 38 de la ley 30 de 1986 y se  dejó  de  aplicar  el  artículo  45 o, al menos, el del in dubio pro reo, pues  ninguno  de  los  hechos  relacionados  apuntaba  a  demostrar  que la sindicada  tuviera pleno conocimiento de la sustancia que iba mimetizada.   

                  Conforme a  esos  presupuestos  el demandante solicita a la Sala que, subsidiariamente, case  la  sentencia  y  en  su  lugar  absuelva  a  la  procesada  o,  si la encuentra  responsable,  que  la  case  parcialmente  y  le  rebaje  la  pena conforme a lo  dispuesto por el artículo 45 de la Ley 30 de 1986.   

        CONCEPTO DEL PROCURADOR PRIMERO   

        DELEGADO EN LO PENAL   

                     Primer  cargo.-   

                         El  representante  de  la sociedad encuentra que el cargo de nulidad está formulado  sin  técnica  y que la sustentación es inconsistente. Considera curioso que el  actor  hubiera  propuesto  la  nulidad  extemporáneamente, esto es, después de  realizada  la  audiencia pública. Ve el enunciado de una nulidad legal, pero el  desarrollo  de  una  nulidad  constitucional,  sin hallar precisión respecto al  interés  lesionado,  la  garantía  desconocida,  la  agresión  generada  a la  defensa,  la  forma  procesal  vulnerada,  y  principalmente  la incidencia y el  perjuicio ocasionado a la procesada.   

                     Comenta  que  la  apertura  de  una  investigación  contra otra persona o el hecho de no  hacerlo  es  una situación que no afecta las garantías de la aquí procesada y  no encuentra cuál fue el agravio cometido en este caso.   

                  Tampoco ve  la  afectación  ocasionada  al principio de favorabilidad. Al respecto recuerda  que  si  de  acuerdo  a  la jurisprudencia de esta Sala, no es causal de nulidad  haber  dejado de adelantar bajo una misma cuerda “los delitos” que haya cometido  un  mismo  procesado, menos lo es cuando se trata de dos implicados y solo se ha  procesado a uno de ellos.   

                    De igual  forma,  el  Delegado  estima  que  se  debe desechar la eventual vulneración al  principio  de igualdad, pues, las garantías tienen aplicación individual, y no  cree  que  podrían  haberse  desconocido  respecto  de  quien fue sorprendida y  capturada  en  flagrancia  con  una  considerable  cantidad  de  droga,  y quien  pretende desconocer la conducta con deslealtades y mentiras.   

                         Al  Procurador  le  parece  que  es  temeraria  la  apreciación  sobre  el eventual  desconocimiento  del principio de contradicción, porque la lealtad, legalidad y  diafanidad  de  las pruebas no soporta duda alguna en este proceso. Advierte que  la  procesada  no  ha  contradicho  las  circunstancias  en  las  cuales  se  le  sorprendió.  Entonces  reclama  la  concretización  del motivo del ataque y el  señalamiento   del   medio  de  prueba  afectado,  a  la  vez  que  rechaza  la  enunciación  de  hipotéticos  hechos  de  coautoría  que  en  nada afectan la  responsabilidad de la sentenciada.   

                    Concluye  que  la  pretensión  debe  ser  desestimada  porque  no  encuentra  motivo  que  justifique  la invalidación de la sentencia y que le impida producir efectos al  estar     edificada     sobre     las    garantías    consagradas    legal    y  constitucionalmente.   

                     Segundo  cargo.-   

                     Para el  Delegado  la  postulación de los errores de hecho por omisión y suposición de  prueba  son  enunciaciones  mutiladas. Y advierte que la crítica del fallador y  la  adecuada  traducción  del  comportamiento procesal del acusado no puede ser  alcanzado  por personales apreciaciones. Por lo demás, expresa que cualesquiera  que  hubieran  sido  los  errores  pregonados, pues no fueron concretados, ellos  están ausentes del proceso.   

                    Después  de   transcribir   la   sección  de  la  sentencia  impugnada  que  analiza  la  responsabilidad  de  AMANDA  ROCIO BASTIDAS, el Ministerio Público concluye que  el   demandante  pretendió  desvirtuar  el  mérito  probatorio  del  análisis  realizado  por  el ad quem, cuando tal valoración no es objeto de casación, al  no ser alegable el falso juicio de convicción.   

                     Por su  parte,  considera  que  las  mentiras  de  la  procesada  como  la de ocultar su  verdadero   nombre,  inventar  tardíamente  nombres  y  hechos,  mimetizar  sus  reiteradas  visitas a la cárcel, descubren su interés en aliviar su situación  personal,  sin que ello sea obstáculo para proteger a otros comprometidos en el  tráfico  de  droga.  En fin, el conceptuante solicita a la Sala que se abstenga  de   decretar   las  nulidades  impetradas  y  no  case  la  sentencia  acusada.   

        CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

                    La Corte  emprenderá  en primer lugar el estudio de la causal de nulidad propuesta por el  recurrente,  pues,  como  se  ha  venido  reiterando  en  la  jurisprudencia, de  prosperar  tal  postulado,  por  la  pérdida  de  la validez de la sentencia de  segundo   grado  resultaría  inocuo  un  pronunciamiento  relacionado  con  los  restantes reproches que contra ella se hubieren formulado.   

                         El  recurrente   invocó   la   causal  tercera  de  casación  remitiéndola  a  la  concurrencia  de  las  causales  segunda  y  tercera  de nulidad previstas en el  artículo  304  del  Código de Procedimiento Penal, esto es, por la afectación  del  debido  proceso  y  la  violación al derecho de defensa. La situación que  originó  los vicios procesales, al decir del impugnante, la constituye el hecho  de  que  AMANDA  ROCIO  BASTIDAS  no fue investigada y juzgada conjuntamente con  Irene  Acosta,  persona  que  le  entregó  el paquete en donde estaba oculta la  droga  que se quería hacer ingresar a la cárcel judicial de Pasto. En opinión  del  recurrente,  ese  acontecimiento  produjo  dos efectos; que la procesada no  pudo  controvertir  las  pruebas  que  hubieran  surgido  en el proceso de Irene  Acosta  y tampoco pudo beneficiarse de ellas. En cuanto al resultado perjudicial  ocasionado,  el  demandante  advierte  que, a través de aquella investigación,  pudo  haberse  modificado la modalidad de responsabilidad deducida contra AMANDA  ROCIO,  en  el  sentido  de  establecer  que  fue  cómplice  de  Irene Acosta o  simplemente  que  era inocente; y agrega que aún siendo responsable, se habría  hecho  acreedora a la rebaja de pena establecida en el artículo 45 de la ley 30  de 1986.   

                       Para  entrar  a la esencia del cuestionamiento planteado conviene previamente recordar  que  la  actuación se emprendió contra quien dijo llamarse AMPARO DELGADO, por  haber  sido  la  persona que entregó en la cárcel judicial de Pasto el paquete  que contenía sustancia estupefaciente.   

                     El auto  del  9  de  enero de 1992 que decidió la situación jurídica de la aprehendida  en  flagrancia,  dispuso  la  aplicación  del  entonces  vigente  procedimiento  abreviado  y  además compulsar copias para establecer la responsabilidad que en  los  hechos  pudieran  tener los internos Rodríguez y Pantoja. Obsérvese cómo  esta ruptura procesal constituía un imperativo legal.   

                     En ese  nuevo  diligenciamiento  originado  en  copias  del  anterior, el 22 de enero de  1992,  se  llamó  a  declarar bajo juramento a “AMPARO DELGADO” siendo ésta la  primera  oportunidad en la cual la capturada mencionó el nombre de Irene Acosta  como  participante del hecho; también, en esta ocasión la declarante, a la vez  implicada  de  aquel primer proceso, admitió que su nombre verdadero era AMANDA  ROCIO BASTIDAS.   

                         No  obstante,  en  su propio proceso, es decir en el que es objeto de estudio por la  Sala,  la inculpada continuó figurando como AMPARO DELGADO, nombre bajo el cual  se  surtieron  los  recursos de reposición y apelación del auto que dispuso su  detención  preventiva.  Ejecutoriada  dicha decisión, por razón de las reglas  propias   del   procedimiento  abreviado,  la  actuación  ya  contaba  con  una  providencia  de cargos. Entonces, el expediente pasó a conocimiento del Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Pasto, autoridad que el 12 de marzo de 1992 le  concedió  la  excarcelación  a  AMPARO  DELGADO,  momento  hasta  el  cual  se  desconocía  la  existencia  de  Irene  Acosta.  Ese  dato  y  el  relativo a la  verdadera  identidad  de  la  procesada,  vinieron a ser introducidos al proceso  mediante   ampliación   de   indagatoria   que  rindiera  el  16  de  marzo  de  1992.   

                    A partir  de  esa última versión, el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Pasto decretó  y  allegó  algunas  pruebas,  entre ellas las declaraciones del apoderado de la  implicada  y  de  Adriana  Teresa Díaz quienes acreditan la existencia de Irene  Acosta.  El  1o.  de  julio  de  1992,  por razón de la entrada en vigencia del  Decreto  2700  de 1991, se decidió remitir el expediente a la Fiscalía General  de la Nación.   

                      Desde  aquella  fecha  la actuación se mantuvo paralizada hasta el 10 de junio de 1994  en  que  la  Fiscalía  Séptima especializada y con base en lo dispuesto por la  ley  81  de  1993,  artículo 42, parágrafo transitorio, numeral 4o. se dispuso  cerrar la investigación.   

                     En  el  entretanto,  a  la  investigación  preliminar  que  se  adelantaba  contra  los  internos  Rodríguez  y  Pantoja, se allegó un informe fechado el 25 de mayo de  1992  que  el  Cuerpo  Técnico  de  Policía  Judicial  rindió  al  Juez 36 de  Instrucción  Criminal,  dando noticia de la existecnia de Irene Acosta y de sus  antecedentes en materia de infracción a la ley 30 de 1986.   

                       Esas  diligencias  previas  pasaron  a  conocimiento  de  la  Fiscalía 5a. seccional,  unidad  previa  y  permanente;  oficina que el 13 de septiembre de 1993, ordenó  abrir  formal  instrucción  contra Irene Acosta y José Antidio Pantoja Nupán.  En  estas  condiciones,  se  remitió  el  proceso  a  la  Fiscalía  16, unidad  especializada,  que  también  ordenó la vinculación procesal de Irene Acosta.  Sin  embargo,  el  8  de  octubre  de  1993,  la Fiscalía 16 dispuso remitir el  expediente  a  la  Fiscalía  15  por  haber  establecido  que  a esta le había  correspondido  el  proceso adelantado contra AMANDA ROCIO BASTIDAS, y porque con  el  cambio  legislativo  ya  no  se  justificaba  mantener la separación de las  actuaciones,   decretada   a   raíz   de   la   aplicación  del  procedimiento  abreviado.   

                  En efecto,  el  16  de  octubre  de  1993,  la  Fiscalía  15 especializada de Pasto ordenó  tramitar  conjuntamente  el  proceso iniciado contra Irene Acosta y el de AMANDA  ROCIO  BASTIDAS  que  tenía  a  su  conocimiento. Según constancia que obra al  folio  76,  se  deduce  que  el  mencionado  despacho  entregó sus asuntos a la  Fiscalía  7a.  Especializada,  pero  este  expediente  solo lo remitió el 5 de  julio de 1994.   

                  Finalmente  la  calificación  se  realizó  mediante pronunciamiento del 18 de noviembre de  1994,  en  donde  nuevamente  se  ordenó  compulsar  copias  para investigar el  proceder de Irene Acosta.   

                       Este  recuento procesal deja en claro estos aspectos:   

                     1.  La  ruptura  procesal  entre  la  investigación  de  la  conducta  de  AMANDA ROCIO  BASTIDAS  y  la de Irene Acosta obedeció a un imperativo legal del momento, por  haber   sido   aquella   aprehendida   en  flagrancia,  lo  que  dió  lugar  al  procedimiento abreviado.   

                     2. Aun  cuando   inicialmente  las  investigaciones  fueron  separadas,  al  cambiar  el  procedimiento  penal  volvieron  a fusionarse antes del calificatorio dentro del  mismo expediente, regresando a la unidad procesal.   

                     3.  La  deficiencia  investigativa  respecto  a  la  conducta  de Irene Acosta condujo a  separar   nuevamente   las   investigaciones   a   partir  de  la  calificación  sumarial.   

                  4. Para la  etapa   de   la   causa,  la  defensa  tenía  a  su  disposición  la  precaria  investigación  adelantada contra Irene Acosta porque ya había sido sumada a la  de   AMANDA  BASTIDAS.  Luego,  de  existir  allí  una  prueba  de  cargo  tuvo  oportunidad  de  contradecirla y controvertirla. A la vez, se pudo beneficiar de  los elementos de convicción que la favorecieran.   

                    5. No es  cierto  que  la  sentenciada  nunca  hubiera  declarado  en  el proceso de Irene  Acosta,  pues, por el contrario, su declaración fue base del informativo que se  dispuso proseguir contra ésta última.   

                         En  concreto,  finalmente  se debió mantener la separación de los procesos, lo que  no  constituye  violación  al  debido proceso ni al derecho de defensa, pues al  momento  en  que  se  produjo,  cuando  se  profirió  la  calificación,  ya la  normatividad  procedimental  (art.  88) la autorizaba, a condición de que no se  afecten garantías constitucionales.   

                        Esa  situación  de  excepción que habría impedido la ruptura de la unidad procesal  no  surgió  dentro de esta actuación, puesto que los derechos fundamentales de  la  sentenciada se mantuvieron incólumes habida cuenta que las contadas pruebas  que  obran  en  la  investigación  de  Irene  Acosta,  no tenían el alcance de  modificar  la  situación  procesal  de AMANDA ROCIO, en cuanto fue capturada en  flagrancia,  ni  tenían  la  capacidad  de  incidir  en  las circunstancias que  concurrieron  en  su  proceder  y  que  permitieron  a  los  juzgadores  deducir  indiciariamente  el grado de responsabilidad que le cabía en la realización de  esa conducta.   

                   Sobre ese  aspecto el ad quem argumentó:   

                   “Además  de  la actitud asumida por la acusada, cuando en su indagatoria inicial dijo que  se  llamaba  AMPARO  DELGADO y que llevaba el paquete por encargo de una persona  desconocida,  aspectos  éstos ampliamente analizados en la sentencia de primera  instancia,  para la Sala, independientemente de que hubiera o no sido la señora  IRENE   ACOSTA   quien  hizo  el  encargo,  la  acusada  BASTIDAS  tenía  pleno  conocimiento  del  contenido  del paquete y ese hecho, por sí mismo, constituye  infracción a la Ley 30 de 1986 arts. 33 y 38.   

                       “En  efecto,  si  la  acusada  era  tan  inocente,  como su abogado defensor trata de  hacerla  aparecer, e ignoraba el contenido del paquete de marras, existen hechos  indicativos  de  que tenía pleno conocimiento de que al desarrollar la conducta  violaba  la  ley  penal;  traficaba  con  sustancias estupefacientes. No de otra  forma  se  explica el por qué negó su nombre desde el instante mismo en que es  preguntada  por  él  por  parte  de  los funcionarios del centro de reclusión;  desde  ese  momento dijo que era AMPARO DELGADO. Por qué esa actitud?  Por  qué  ocultar  su  identidad  si  tan  inocente  era?  La respuesta no puede ser  diferente  a  que  lo  hizo  porque  tenía  pleno  conocimiento  de su ilícita  conducta.  Ha  tratado  de  explicar  este punto aduciendo que en la indagatoria  faltó  a  la  verdad,  por  cuanto  IRENE  ACOSTA  la amenazó. Pero dos hechos  concurren  a  desvirtuarla:  en  primer lugar la única amenaza que dice le hizo  fue  que  se  iba  de la ciudad, lo cual la Sala considera no es suficiente para  faltar  a  la verdad. Y en segundo término su nombre lo cambió ANTES de que la  tal  amenaza  o presión existiera, como que IRENE ACOSTA ni siquiera sabía que  había sido retenida.   

                 “Como bien  se  analiza en la sentencia de primera instancia, no se encuentra demostrado que  la  acusada  hubiera  sido la persona que se dió a la tarea de destapar la lata  de  sardinas  para reemplazar su contenido por la sustancia estupefaciente; pero  esa  falta de demostración no significa que fuera inocente de llevar consigo la  sustancia  y  tratar de introducirla en el penal. Quien hizo el cambio dentro de  la  lata,  pudo  haber  sido  IRENE  ACOSTA  o  cualquier otra persona; pero esa  circunstancia  no  afecta  la  propia  responsabilidad  de  la  acusada al haber  asumido el riesgo de traficarla.   

                                          “…………………………..   

                    “Otras  circunstancias   de   menor  entidad  pero  que  eficazmente  contribuyen  a  la  demostración  de la responsabilidad de la acusada concurren en este proceso; se  refiere  la  Sala  a  la  negativa  hecha  desde el inicio de la investigación,  cuando  dice que era la primera vez que visitaba el centro de reclusión, cuando  existe  por  lo  menos  una  declaración que indica que en varias oportunidades  allí  la  vieron,  lo  que  a  la  postre  es  reconocido por la BASTIDAS; o la  tranquilidad,    lindando   con   el   cinismo,   que   demostró   cuando   fue  descubierta.   

                       “Un  argumento  esgrimido  por el señor juez en la sentencia recurrida y que la Sala  comparte  plenamente,  es  que  la acusada en su primera indagatoria dijo que su  patrona  era  BLANCA  SOTO;  luego  cambió  este dicho para decir que obedecía  órdenes  de IRENE ACOSTA. Sin embargo, resulta que BLANCA SOTO declaró en este  proceso  y,  con lujo de detalles, dijo que la procesada trabajaba con ella como  sirvienta  y  que aquél día  le solicitó permiso para visitar a un tío,  coincidiendo  con  lo  dicho por la acusada, pero apartándose de la versión de  última  hora,  la  dicha cuando ya se encontraba bajo el régimen de detención  preventiva, cuando ya dijo que su patrona era IRENE ACOSTA.”.   

                    El actor  insiste  en  pregonar  que  de  haberse concluido la investigación contra Irene  Acosta  se  habría  determinado su autoría intelectual en el hecho punible, lo  que  no  pasa  de  ser  una  hipótesis  de  probabilidad,  pero  no el sustento  suficiente  para  demostrar  una  violación  al  debido proceso o al derecho de  defensa,  sobre  todo,  porque a AMANDA ROCIO BASTIDAS no se le procesó por una  conducta  asumida  por  esa  otra persona, sino que se le dedujo responsabilidad  por  su propia ejecución, la que coincide con una de las conductas alternativas  previstas  en  la  Ley 30 de 1986, independientemente de las acciones ejecutadas  con  anterioridad por terceros que hubieran concurrido en persecución del mismo  resultado.   

                     De otra  parte,  los  argumentos  que  el  recurrente  expone  dentro  del mismo cargo de  nulidad,  atinentes  al  acervo  probatorio y específicamente a la credibilidad  que  ameritaba  la  ampliación  de indagatoria, resultan impropios de la causal  invocada,  como que tópicos de esa índole tienen cabida en esta sede, pero por  vía  de  la  causal  primera  de casación. Esa entremezcla de censuras habría  bastado  para  rechazar  el  cargo,  por formulación antitécnica. No obstante,  como  ya  se expuso, la Sala no encuentra que las garantías fundamentales de la  sentenciada  hubieran sido conculcadas y por ello el reproche no está llamado a  prosperar.   

                      Igual  destino  le  espera  a  la  censura  postulada  en segundo lugar y con carácter  subsidiario,  pues el demandante se acoge a la causal de casación consagrada en  el   cuerpo   segundo,   numeral  primero  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  para  atribuir al sentenciador errores de hecho por falso  juicio   de   existencia   por   omisión   y   por  suposición,  indebidamente  sustentados.   

                         El  primero,  consistente  en la omisión de la denuncia que bajo juramento formuló  AMANDA  ROCIO  en  contra  de  Irene  Acosta al señalarla como autora del hecho  punible,  queda  reducido  al  enunciado,  pues el inconforme en ningún momento  logra  demostrar  su  estructuración  habida  cuenta  que  dirige  la  supuesta  omisión  no  hacia  una  determinada  prueba, en este caso la ampliación de la  indagatoria,  sino al fragmento en donde la acusada le atribuye la comisión del  hecho  a  Irene  Acosta  para  asignarle  de  su  propia iniciativa el efecto de  radicar  en  ésta  la responsabilidad por la conducta punible, lo que convierte  la  censura en un error de derecho por falso juicio de convicción, en cuanto el  actor  disiente del grado de credibilidad otorgado o negado en esa versión a la  implicada  y  porque el sentenciador no concluyó como lo hace el libelista. Por  lo  demás,  el  recurrente  olvida  la  comprobación  de  la incidencia que el  supuesto  error  tuvo en la sentencia de condena, pues no se ve cómo aún en el  evento  de  que  Irene  Acosta  hubiera  entregado  a  AMANDA  la  encomienda se  desvirtúa el proceder que ésta asumió.   

                         El  impugnante  atribuye  al  ad quem, una segunda omisión por no haber estimado el  informe  que  el  25  de  mayo  de  1992  rindió el Cuerpo Técnico de Policía  judicial,  el  cual  acredita  la  existencia  de Irene Acosta, que es esposa de  José  Antidio Pantoja, amiga de Blanca Soto y con un prontuario por tráfico de  estupefacientes;  hechos dados a conocer por la procesada y demostrativos de que  ésta  dijo la verdad en la ampliación de su indagatoria, haciéndola acreedora  a una rebaja equivalente a las dos terceras partes de la pena.   

                  Como en el  cargo  anterior,  el  demandante  desplaza  el  reproche  al  campo del error de  derecho  por  falso  juicio  de convicción, porque en vez de concretar el error  del  sentenciador,  trata  de imponer sus conclusiones sobre la credibilidad que  merecía  la  versión  de la inculpada y el resultado que habría producido esa  aceptación;  todo  cimentado  sobre hipótesis de factibilidad probable, mas no  sobre  realidades  procesales que comparadas con la decisión de condena dejaran  al descubierto la falla analítica del funcionario judicial.   

                     No por  conocido  se ha de suprimir la advertencia de que, por regla general, los falsos  juicios  de  convicción  perdieron entidad para fundamentar cargos en esta sede  desde  el  momento  en  que  a  la  legislación  procesal penal se introdujo el  sistema de apreciación racional de la prueba.   

                         El  demandante  endosa  al  Tribunal  un último yerro, por suposición de la prueba  relacionada  con  el conocimiento que la procesada tenía sobre el contenido del  paquete  que  llevó  al  centro  de  reclusión de Pasto, el cual derivó de la  circunstancia  de  haberse  cambiado  el nombre, porque, en su opinión, aquella  solo demuestra que no quiso revelar su identidad.   

                       Este  postulado  no  concuerda  con  su  fundamentación, en cuanto que los errores de  hecho  por suposición implican la invención de algún elemento de convicción;  no  obstante,  aquí  el actor parte de una verdad procesal, el cambio de nombre  de  la sentenciada, para dejar sentada su inconformidad sobre la conclusión que  al  juzgador  le  mereció  ese proceder, el cual, en su criterio, no revela que  AMANDA  conociera el contenido del paquete decomisado en la cárcel. Al parecer,  su  intención  era  la  de  sustentar  un  error  de  hecho por falso juicio de  identidad  relacionada  con  el cambio de identidad; sin embargo, reincide en el  antitecnicismo  de  protestar  por  las  deducciones judiciales, a las cuales se  refiere  solo  parcialmente,  pues  si  bien, el Tribunal mencionó el cambio de  nombre  como uno de los elementos que le permitían deducir una conducta dolosa,  esa  conclusión está apoyada en otras actitudes de la acusada, a las cuales no  se refirió el actor.   

                         En  definitiva,  el  recurrente no logró demostrar cómo el sentenciador de segundo  grado  cometió  errores  que significaran la vulneración de la ley sustancial;  por  tanto,  tampoco  llegó  a  establecer  la  incidencia  de dichos supuestos  errores,  en  la  decisión de condena. Luego, las afirmaciones relacionadas con  la  falta  de  aplicación  de los artículos 33, 38 y 45 de la ley 30 de 1986 y  del  principio  in  dubio  pro  reo,  quedaron huérfanas de demostración; ello  significa  que  el  demandante no pudo derrumbar las presunciones de legalidad y  acierto  que  protegen  la  estabilidad  jurídica  de  las  sentencias, una vez  ejecutoriadas  y por tanto, la Sala despachará desfavorablemente las peticiones  del actor.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

        RESUELVE   

                         NO  CASAR el fallo impugnado.   

                   Cópiese,  comuníquese y cúmplase.   

        EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                             JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ  ARGOTE                           JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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