12190dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12190  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 210  

Bogotá,  D.C.,  quince (15) de diciembre de  dos mil (2000).   

V    I   S   T   O  S   

Procede  la  Corte  a  decidir el recurso de  casación  interpuesto contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior de  Bucaramanga,  el  29  de  marzo de 1996, en la que al confirmar integralmente la  del  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, fechada el 5 de  febrero    del    citado    año,   condenó   a   la   procesada   MARLEN  PINEDA CÓRDOBA a la pena principal  21  meses  10  días  de prisión, a la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  pena principal y al pago de  $30.500.000,oo,  “más  el  interés igual a la UPAC desde el mes de diciembre  de  1994  hasta la fecha de su cancelación”, por concepto de perjuicios, como  autora   de   los   delitos   de   hurto   agravado   y  falsedad  en  documento  privado.   

H    E   C   H   O  S   

Fueron sintetizados así, por el juzgador de  primera instancia:   

“El  30  de enero de 1995 compareció a la  Fiscalía  la  señora  NOHRA  VICTORIA  LIZARAZO  DE DELGADO, Gerente del Banco  Bogotá,  Sucursal  Cabecera,  de  Bucaramanga,  a  formular denuncia contra los  empleados  de  dicha entidad, que se apropiaron de dineros de algunas cuentas de  ahorros,  entre  otras  las  siguientes:  cuenta  600-08005-5 de CARLOS FIGUEROA  NIETO;  600-05268-2  de  GERMÁN AUGUSTO FIGUEROA; 600-05533-9 de BEATRIZ GALVIS  DE  FIGUEROA;  600-08968-4  y  600-11154-6  de  CRISTO HUMBERTO ÁRIAS ANGARITA;  600-11719-6  de  MIGUEL  ANTONIO  ÁRIAS  MANZANO;  600-06810-1 y 600-08209-3 de  PEDRO  JOSÉ  VALERO;  600-12768-2  y  600-13276-5 de ANTONIO ÁRIAS ANGARITA ó  CRISTO  HUMBERTO  ÁRIAS  ANGARITA;  600-12436-6  de  CARLOS  ANDRÉS  FIGUEROA;  600-13403-5  de  FLORID  VILLAMIZAR  P.;  600-13589-1  de  LUIS ALBERTO LANDING;  600-3626-1   de    JANETH  CALDERÓN  OVALLE,  ascendiendo  el  desfalco  a  $16.000.000,oo   SIN   INTERESES;  que  por  investigación  adelantada  por  el  Departamento  de  Seguridad  del Banco, basados en las pruebas grafológicas, se  determinó  que  los documentos que se diligenciaron para cometer las fechorías  fueron  elaborados  con  puño  y  letra  de la auxiliar de ahorros MARLEN   PINEDA  CÓRDOBA  y  las  firmas,  también  hechas  con  el  mismo  lapicero,  por  lo  que presumieron que estaba  involucrada en el retiro doloso de dichos dineros”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Con fundamento en la denuncia presentada por  la  señora  Nohora Lizarazo de Delgado y los documentos a ella incorporados, la  Fiscalía  16  de  la  Unidad  de Patrimonio Económico de Bucaramanga, mediante  resolución   del   23   de   febrero   de  1995,  dispuso  la  apertura  de  la  instrucción.   

El 12 de mayo de 1995, se admitió la demanda  de parte civil presentada por el Banco de Bogotá.   

Escuchada en diligencia de indagatoria Marlen  Pineda  Córdoba,  recibidas  varias  declaraciones  y  practicadas unas pruebas  técnicas,  la  situación jurídica le fue resuelta, el 3 de noviembre de 1995,  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, por los delitos de hurto  agravado   y   falsedad   en  documento  privado  (arts.  351.2  y  221  del  C.  Penal).   

Posteriormente, el 21 de diciembre siguiente,  la   procesada   Pineda  Córdoba  se  acogió  al  instituto  de  la  sentencia  anticipada.  Suscrita  la  correspondiente  acta,  el Juzgado Séptimo Penal del  Circuito  de  Bucaramanga,  mediante  sentencia  del  5  de  febrero de 1996, la  condenó  a  la  pena principal de 21 meses 10 días de prisión, a la accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismos lapso de la  pena  privativa de la libertad y al pago de $30.500.000,oo “ a favor del Banco  de  Bogotá, Sucursal Cabecera, más el interés igual a la UPAC desde el mes de  diciembre  de  1994  hasta  la  fecha  de  su  cancelación”  por  concepto de  perjuicios, como autora de los delitos en precedencia indicados.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  de la  procesada,  el  Tribunal  Superior  de  la citada ciudad, al desatar el recurso,  concluyó con su confirmación, el 29 de marzo del mismo año.   

Recurrida  en  casación  la  sentencia  de  segunda   instancia   por   el   mismo  sujeto  procesal,  quien  manifestó  su  inconformidad  respecto del monto de los daños y perjuicios a que fue condenada  su  representada,  el  Tribunal ordenó la realización de un dictamen pericial,  con el fin de determinar el interés relacionado con la cuantía.   

El  perito,  “tomando  el valor global del  monto   a  que  fue  condenada  la  señora  PINEDA  CÓRDOBA,  es  decir,   $30.500.00,oo”  y  convirtiéndolo  a  Unidades de Poder Adquisitivo Constante  (UPAC),  o  aplicando  un  34.7%  de  corrección monetaria, concluyó que “el  valor  real  de la indemnización a la fecha de la interposición del recurso de  casación es la suma de $41.100.000,oo”.   

Por  lo anterior, el Tribunal, mediante auto  del  29 de mayo de 1996, concedió el recurso extraordinario de casación.    

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  al  amparo  de  las  causales  primera,  prevista  en el Código de Procedimiento Civil, y tercera, contemplada  en  el Código de Procedimiento Penal, presenta tres cargos contra la sentencia.  Sus argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer  cargo   

Con  fundamento en el artículo 368, numeral  1°,  del  Código  de Procedimiento Civil, en concordancia con el artículo 221  del  Código  de Procedimiento Penal, acusa al sentenciador de segunda instancia  “porque  la  condena  al  pago  de indemnización de perjuicios en concreto se  impuso  con  VIOLACIÓN  DE  NORMAS  SUSTANTIVAS,  como consecuencia de ERROR DE  HECHO MANIFIESTO EN LA APRECIACIÓN DE LA PRUEBA”.   

En    el    título    que    denominó  “FUNDAMENTACIÓN”,  anota  que  el  Banco de Bogotá se constituyó en parte  civil,  en  cuya  demanda  estimó  inicialmente  la  suma de $30.500.000,oo por  concepto  de perjuicios materiales y $15.000.000 por daños morales. Igualmente,  que    en    el    mencionado    libelo    se    indicó   que   “‘es   entendible   que   el  monto  definitivo  de  los  perjuicios  materiales  como  de  los  perjuicios  morales,  está  sometido     a     la     correspondiente    valoración    pericial’  (fl.  199,  c.p.-  Las  subrayas son  mías).  Esa  insinuación   (que  no  solicitud formal) de prueba pericial  (‘Es  entendible…’),  es  la  única  prueba  que la parte civil sugiere, tácitamente, orientada a establecer  el    supuesto    daño    inferido    a   la   institución   bancaria   y   su  cuantificación…”.    

También  asevera  que  entre  la  fecha  de  presentación  de la demanda de constitución de parte civil, 4 de mayo de 1995,  y  la  realización  de  la  “audiencia  de  sentencia  anticipada”,  21  de  diciembre  del  mismo  año, transcurrieron siete meses. No obstante, “el juez  de   la   causa   consideró   que   ‘en   razón   a   la   terminación  anticipada  del  proceso,  ello  imposibilitó     el     nombramiento     de     perito    avaluador’.  Bajo esa óptica laxa, decidió que  ‘para  cuantificar  los  perjuicios  civiles…,  se tendrá en cuenta el monto  que  la  parte  civil  en  memorial  visto  al  folio  199 estima…’   (f.   293.-  subrayas  mías).  La  ‘estimación’              exacta de la parte civil, $30.500.000, ni  un  peso  más  ni  un  peso  menos,  fue acogida por el fallador de instancia a  título    de    ‘DAÑO  EMERGENTE’,  representado  ‘en    el    dinero  ilícitamente   apropiado   y   el   cual   debió  restituir  el  Banco  a  sus  cuentahabientes’”.   

Agrega que el lucro cesante fue tasado por el  sentenciador  como  “‘el  interés  legal  correspondiente  a  la  UPAC  de esta suma ($30.500.000), desde  diciembre    de   1994   hasta   la   fecha   de   su   cancelación’”.  Añade  que  en  el  fallo no se  admitió el reclamo por daños morales.   

En  conclusión,  afirma  que  “en  lo que  atañe  a  la  cuantificación  del  daño  o  perjuicio reconocido en favor del  Banco,  la  sentencia  impugnada se limitó a atenerse a la suma estimada por la  parte civil en su demanda”.    

Asevera que la “eventual existencia de otra  prueba  relativa  al monto de los perjuicios, resulta jurídicamente irrelevante  por  la  potísima  razón que el fallo cuestionado no la tuvo en cuenta”. Por  lo  tanto,  considera  que no es necesario acudir a “sesudas disquisiciones”  dialécticas  para  deducir  “a la sentencia ERROR DE HECHO en la apreciación  de  la  prueba  del  valor de los perjuicios reconocidos”, toda vez que, en su  criterio,  salta  a  la  vista  que  el fallador, en la tarea de cuantificar los  daños,  “o  bien  supuso  equivocadamente  que  el  valor  de  los perjuicios  ‘estimado’  en  la  demanda  civil  era  prueba  suficiente  para condenar en consecuencia, vale decir, imaginó la existencia de  la  prueba  del  monto  de  la  ofensa,  o bien, le dedujo desatinadamente a esa  ‘estimación’   efectos  probatorios.  Dos  claras  presentaciones    del    error    de    hecho   en   la   apreciación   de   la  prueba”.   

Advierte  que  en el ejercicio de la acción  civil  dentro  del  proceso penal, la parte ofendida no puede eludir la carga de  la  prueba  relativa  al  valor  de los daños que reclama, así como tampoco la  autoridad  penal  puede  sustraerse de esa obligación. Añade que es cierto que  basta,  en  la  elaboración  de la demanda, estimar el monto de los perjuicios.  Sin  embargo,  ese  señalamiento  inicial no equivale “a su prueba, ni la ley  permite que se aprecie como tal”.   

Dice  que  la  sentencia impugnada, al haber  aceptado  el  monto  de los perjuicios tal y como fueron indicados en la demanda  de  constitución  de parte civil, desatendió el mandato legal, según el cual,  toda  providencia  debe  fundamentarse  en  las pruebas debidamente aducidas, no  olvidando  que la demanda de constitución de parte civil no es medio de prueba.  “La  libertad  probatoria, consagrada en los textos de procedimiento, no puede  interpretarse  como  una  licencia  de  discrecionalidad  ilímite  que  permita  transformar en prueba algo que de suyo no lo es”.   

Seguidamente,  en  el acápite que denominó  “CONCEPTO   DE  VIOLACIÓN  DE  LAS  NORMAS  SUSTANTIVAS”,  afirma  que  los  “errores  de apreciación de la prueba” llevaron a la vulneración indirecta  de  los artículos 1757 del Código Civil y 103 del Código Penal, por cuanto no  se  probó,  ni  por  la  parte  interesada  ni por el Estado, “el monto de la  obligación  de  reparación  de  perjuicios derivados del delito”, por lo que  “mal podría obligarse al ofensor a indemnizar”.     

En  lo que llamó “INCIDENCIA DEL ERROR EN  LA  SENTENCIA”,  asevera  que la estimación del valor de los perjuicios hecha  por  la  parte  civil,  “fue  la única ‘prueba’  que definió la condena pecuniaria a  cargo  de  mi  cliente”,  cuando,  en  su  criterio,  “eso no es un medio de  convicción  admitido por la ley”, por lo que no puede generar la consecuencia  “punitiva patrimonial que la sentencia decidió”.   

En conclusión, considera que la concreción  de  los  daños debe ser consecuencia de su demostración, conforme a las reglas  que rigen la carga de la prueba.   

Por  lo  tanto,  solicita  a  la Corte casar  parcialmente  el  fallo  impugnado  y,  en consecuencia, invalidar la condena al  pago de los perjuicios civiles impuesta a su defendida.   

Segundo  cargo   

De manera subsidiaria y con fundamento en el  numeral   1°   del  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  en  concordancia  con  el artículo 221 del C. de P. Penal, acusa al sentenciador de  haber  violado  indirectamente  la ley sustancial, “como consecuencia de error  de derecho, por violación de normas probatorias”.   

Como  “NORMAS PROBATORIAS VIOLADAS” cita  los  artículos 174, 177 del C. de P. Civil, 246, 247, 248, 249, 251, 253, 254 y  264 del C. de P. Penal.   

En el título que denominó “CONCEPTO DE LA  VIOLACIÓN”,  sostiene  que  el  sentenciador  de  primer  grado condenó a su  defendida  al pago de perjuicios en concreto, teniendo como único fundamento la  “estimación  provisoria  y  arbitraria”  que  la  parte  civil  hizo  en la  respectiva  demanda  y  aun cuando la “defensa, en su lánguida apelación,”  echó  de  menos  el peritaje que permitiera determinar “con claridad el monto  real  de  los  perjuicios  causados”, el Tribunal se limitó a indicar que tal  prueba   no   es   un   requisito  “‘sine  qua  non para que se pueda condenar por perjuicios’”, argumento que, en su criterio, se  traduce   en   la   “violación   directa  de  un  número  plural  de  normas  probatorias”,  ya que los artículos 174 del C. de P. Civil y 246 del C. de P.  Penal,  los  que  fueron  desatendidos  por el ad quem, “declaran la necesidad  inevitable de la prueba”.   

Agrega  que  el  artículo  177  del  texto  procedimental  civil,  que  fue  pasado  por  alto en el ejercicio de la acción  civil  privada,  impone  la  carga de la prueba a quien pretenda deducir efectos  jurídicos  en  materia  de  reparación de perjuicios. Además, el sentenciador  desatendió  el mandato contenido en el artículo 247 del C. de P. Penal, según  el cual, se prohibe condenar “sin pruebas”.     

Asegura   que  el  Tribunal,  no  obstante  habérsele  advertido, por vía de la apelación,  la omisión de la prueba  pericial  para  determinar  la “magnitud del daño”, desestimó la alzada y,  con  su  decisión, “quebrantó” otras normas del “ordenamiento probatorio  penal”,  toda  vez  que  no  buscó  “la  determinación  de la verdad real,  conformándose  con  la “verdad” impuesta por el Banco de Bogotá en torno a  la  cuantificación  de  los  perjuicios,  admitiendo  como  “medio  legal  de  certeza”  dicha  estimación   y,  por  lo  mismo, “cortando de tajo la  única  expresión  práctica  del  derecho  de  petición  y  contradicción de  pruebas” (arts. 249, 248 y 251 del C. de P. Penal).   

Reitera  que en materia de indemnización de  perjuicios,  el  daño  no  puede  cuantificarse sobre “simples hipótesis”.  “La   ley  exige  su  comprobación  y  no  es  potestativo  de  la  autoridad  jurisdiccional   apoyarse   en   disculpas   baladíes,   como  la  ‘falta     de     tiempo’,   para  dictaminar  a  voluntad  el  resarcimiento  de  los  perjuicios  (arts.  253,  254 del C. de P.P.)”. Por el  contrario,  era  imperioso,  en  esta  caso,  decretar  y  practicar el dictamen  pericial  del  monto  de los daños, omisión que “determinó” la violación  de las citadas normas.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia   recurrida   y,   por  ende,  “invalidar  la  condena  al  pago  de  perjuicios”.   

Tercer  cargo   

Previamente a formular el reproche, hace las  siguientes precisiones:   

“Para restablecer la vigencia plena de los  derechos   fundamentales   de  MARLEN  PINEDA  CÓRDOBA,  que  gozan  de  tutela  constitucional  y  le fueron conculcados por un proceso penal viciado de nulidad  ab   initio,  suplico  de  ustedes,  Señores  Magistrados,  el  examen  de  los  cargos  que,  por vía de  excepción,  consignaré a renglón seguido, contra las sentencias condenatorias  de instancias.   

“El   examen  que  imploro  solo  puede  responder  al  ejercicio  discrecional  de  la facultad que el estatuto penal le  confiere  a  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  su artículo 218, porque, en  estricto  derecho,  únicamente la condena al pago de los perjuicios, confirmada  en  segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga, podría ser  objeto  de  censura  en  el  nivel  de  casación.  A  la  luz  de las normas de  procedimiento,  la  parte resolutiva de la sentencia contra mi asistida, dictada  por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito,  en  firme,  por no haber sido  recurrida,  excepto  en  el  aspecto  de  la reparación pecuniaria, resultaría  inconmovible  de  no mediar las previsiones del legislador del 91, que se ocupó  de  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales  de  las personas, por sobre  cualquier otra consideración de naturaleza adjetiva”.   

A continuación, con fundamento en la causal  tercera  de  casación,  acusa  la  sentencia  por  haber  sido  dictada  “con  manifiesta violación del DEBIDO PROCESO”.   

Luego de recordar que el artículo 29 de la  Constitución  Política  garantiza  el  debido  proceso,  advierte  que en este  asunto    proliferan   las   irregularidades   que   “descalifican   todo   el  diligenciamiento procesal”.   

En el capítulo que llamó “HIPÓTESIS DEL  CARGO  DE  NULIDAD POR VIOLACIÓN COMPLEJA DEL DEBIDO PROCESO”, plantea cuatro  hipótesis,  a  saber: “nulidad, de pleno derecho, de la prueba incriminatoria  recaudada  con  violación  del debido proceso”, “nulidad por violación del  principio  de  igualdad de las partes frente al proceso penal”, “nulidad por  violación  del  derecho  a  controvertir la prueba inculpatoria” y “nulidad  por violación del derecho de defensa (técnica)”.   

1.  En cuanto a la primera, sostiene que la  Fiscalía   quebrantó   las   normas   que   regulan   el  recaudo  probatorio,  transgresión  que  se  inició  en  la investigación previa y continuó con la  apertura  de  la instrucción, pues en el instante en que la Fiscalía decidió,  en   la   resolución  de  apertura  de  instrucción,  tener  como  pruebas  la  ampliación  de  la  denuncia y las diligencias adelantadas por los funcionarios  del  Banco,  medios  de convicción allegados en la averiguación preliminar, le  dió  el  carácter  de  “investigación  judicial”  a  lo  actuado  por  un  particular.   

Considera  que  “no  se  trataba  de  una  investigación  previa  admitida  y  reglamentada por el C. de P.P.”, toda vez  que  los  investigadores del Banco de Bogotá no son “servidores públicos que  ejerzan  funciones de policía judicial”. Además, tales medios de convicción  se  “recaudaron”  a espaldas de la procesada y sin las formalidades legales,  por    lo    que    “nunca    debieron   ser   admitidos   como   ‘prueba       válida’ y, menos aún, apreciadas como piezas  de inculpación y condenas penales”.   

Luego  de  relacionar las que llama pruebas  “irregulares”,  reitera  que  las  mismas  “se  arrimaron al proceso días  después  del  cierre  de la investigación previa, cuando ya se había recibido  indagatoria  a MARLEN PINEDA y contaba con un defensor titular. Por supuesto, no  respondían  a los fines de la indagación preliminar, pues ya se había cerrado  cuando  llegaron  al  expediente;  se  aceptaron  y utilizaron como pruebas para  condenar,  pero  nunca  fueron  puestas  a  disposición  de la acusada ni de su  defensor,  como  lo  ordena la ley”, vulnerándose derechos constitucionales y  legales, como los de contradicción y legalidad.   

Añade  que  dichos  elementos  de juicios,  aparte  de  ser  irregulares,  no tienen la virtud que la autoridad judicial les  concedió,   pues   contienen   “acusaciones  indefinidas”  provenientes  de  “parte interesada”.   

Después   de   criticar  en  extenso  la  resolución  por medio de la cual la Fiscalía resolvió la situación jurídica  de  su  defendida,  la  que  califica  como  “injusta,  inmotivada y torpe”,  asevera  que  ante  la  arbitraria  manera  como  se  le  impuso  la  medida  de  aseguramiento,  “no  existía  alternativa  distinta  de  la  de  precaver  un  ‘carcelazo’, que se veía venir, aceptando lo que  fuese,  menos  la  vergüenza  y  la tragedia de la reclusión penitenciaria. Y,  así,  de  la  mano  de  su defensor, sabiéndose inocente pero inerme frente al  ominoso  aparto  judicial; por respeto a sí misma, a su esposo, a sus hijos y a  la    sociedad,    aceptó    la    responsabilidad    penal   de   los   cargos  formulados…”.   

Cita como violados los artículos 248, 251,  270,278, 279, 280, 312, 314, 323 del C. de P. Penal.   

Por    haberse   obtenido   la   prueba  incriminatoria  con  violación  del  debido  proceso,  solicita  a  la Corte la  nulidad del “todo el proceso”.   

2.  En  cuanto  a  la  segunda  y  tercera  hipótesis,  las  que  hacen  referencia  a  la  “nulidad  por  violación del  principio  de  igualdad  de  las  partes frente al proceso penal y del derecho a  controvertir  la prueba inculpatoria”, argumenta que a lo largo de la presente  actuación  se  redujo  a  su  procurada  a  la  “condición  de  convidada de  piedra”.   

Lo  anterior  por  cuanto  se  acogió  sin  reservas  una  “investigación  privada”,  se omitieron los traslados de las  pruebas  técnicas  a  la  sindicada  y  a  su  defensor,  se apreciaron pruebas  aducidas  a  espaldas  de  “mi  patrocinada  y  de su defensor” y se negaron  medios de convicción con argumentos “inadmisibles”.   

En  consecuencia,  solicita a la Sala   “la nulidad del proceso”.   

3. Finalmente, en lo que atañe a la cuarta  hipótesis,  la  que  se  refiere  a la “nulidad por violación del derecho de  defensa  técnica”,  sostiene  que  a  la  sindicada  se  le  conculcó  dicha  garantía  fundamental  por  parte  de  todos  los  funcionarios  judiciales que  intervinieron en la actuación.    

Arguye  que tal afirmación no es gratuita,  toda  vez  que  la  Fiscalía  “elevó  a la entidad de indagación previa una  investigación  particular del Banco de Bogotá”, sobre la cual se definió la  situación  jurídica  y  se formularon los cargos que sirvieron de fundamento a  la sentencia anticipada.   

Acota   que   el  funcionario  instructor  “ordenó  unas  pruebas  a  título  de  investigación  previa  y, a renglón  seguido,  en  el  lapso  de  escasos  14  días calendarios, sin explicación ni  constancia   alguna   sobre   su  cambio  de  criterio,  cerró  la  indagación  preliminar,  sin  que  se  hubiese  practicado  ninguna prueba de las ordenadas,  excepción  hecha de la ampliación de la denuncia, y ordenó la apertura de las  sumarias”.   

Así  mismo,  señala  que  los testimonios  recibidos  en  la indagación previa por el Cuerpo Técnico de Investigación de  la  Fiscalía,  lo  fueron  a  espaldas  de  su  defendida, “quien a la sazón  carecía  de defensor”, sin olvidar que tampoco se allegaron las declaraciones  de  los cajeros del Banco, teniéndose como únicas pruebas testimoniales “las  versiones libres recibidas por la entidad financiera”.   

Por  último,  después  de  relacionar  y  comentar  las distintas actividades realizadas por el defensor de la sindicada a  lo  largo de la actuación, concluye que esa garantía estuvo ausente,  por  lo   que   solicita   a   la   Corte   la   nulidad   de   “todo   el  proceso  penal”.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  PRIMERO   

DELEGADO   EN   LO  PENAL   

Primer  cargo   

Opina  el Ministerio Público que le asiste  razón  al demandante al acusar la sentencia del Tribunal, con base en la causal  primera  de  casación civil, por ser violatoria, de manera indirecta, de la ley  sustancial, por error de hecho en la apreciación de la prueba.   

Dice  que  si bien no se precisa la especie  del  error invocado, del desarrollo de la censura se colige “sin dificultad”  que  se  refiere  a  un falso juicio de existencia por suposición de la prueba,  por  lo  que  tal  deficiencia  no  adquiere perfiles insalvables. Agrega que el  “fallador  supuso  que  la  estimación  de  los  perjuicios  consignada en la  demanda   de   parte   civil,   era  prueba  suficiente  para  condenar  en  tal  sentido”.   

Manifiesta  que  revisada  la  sentencia de  primer  grado  en  lo  atinente  a la condena en perjuicios, se encuentra que el  juzgador   se   apoyó  para  tal  efecto  en  lo  estimado  en  la  demanda  de  constitución  de parte civil, esto es, $30.500.000. Agrega que la suma total de  lo  apropiado es de $17.527.046, cifra que si es restada al valor demandado como  perjuicios,  se  obtiene  una  diferencia de $12.972.954, “que de acuerdo a lo  afirmado  por  el apoderado de la parte civil, corresponderían al lucro cesante  y los gastos que demanda la atención del proceso”.   

No obstante, asevera el Procurador Delegado  que   “no   encuentra   soporte   alguno  (certificaciones  sobre  corrección  monetaria,  interés  legal,  comprobante de honorarios profesionales, etc.) que  justifiquen  un  incremento superior al 70% de la cuantía de lo apropiado en un  lapso  aproximado  de 6 meses, pues el apoderamiento de los dineros se dio entre  finales  de  octubre y diciembre de 1994, y la demanda de constitución de parte  civil  se  presentó  el  11  de mayo de 1995, lo que bien podría constituir un  enriquecimiento   indebido   a   favor   de   la   entidad  financiera”.    

Añade  que  si  bien en este asunto no era  indispensable,  “aunque  sí  aconsejable”, la designación de un perito, el  juzgador  “ha  debido motivar su decisión al respecto” y no allanarse a las  pretensiones  de  la  parte  civil,  las  cuales  “no  están  suficientemente  respaldadas”,  por lo que, en su criterio, resulta evidente el falso juicio de  existencia  por  suposición  en  que  incurrió  el  sentenciador,  al  dar por  demostrado,  sin  estarlo,  el monto de los perjuicios con base en la respectiva  demanda,  la  que “de por sí no constituye prueba de ello”, lo que vulneró  los artículos 1757 del Código Civil y 246 del C. de P. Penal.   

En   consecuencia,   conceptúa   que  le  “corresponde  a  la  Corte  casar  parcialmente  la  sentencia impugnada, y en  providencia  de  reemplazo  tasar nuevamente y de manera objetiva los perjuicios  en los aspectos referidos”.   

Segundo  cargo   

Afirma  que es notoria la ineptitud de esta  censura.   

Advierte que si bien el cargo se perfila por  los  senderos  de  la violación indirecta de la ley sustancial, originada en un  error  de derecho “por violación de normas que regulan la prueba”, de todos  modos  la  argumentación  no se orienta “hacia la demostración de errores in  iudicando  en  el análisis probatorio, en cualquiera de las dos modalidades del  específico yerro que plantea”.   

Luego  de  explicar  los falsos juicios que  conforman  el error de derecho, advierte que el actor, desviándose notoriamente  de  la  hipótesis seleccionada, se ocupa en expresar su descontento respecto de  la  manera  como  el sentenciador valoró la prueba, raciocinio propio del falso  juicio  de  identidad por desconocimiento de las reglas de la sana crítica y no  del  error  de  derecho, yerro técnico que se acentúa cuando al echar de menos  una  prueba pericial solicitada por la defensa y no ordenada por las instancias,  se adentra en los lineamientos de la causal tercera de casación.   

Por  lo tanto, ante los desatinos técnicos  en precedencia señalados, sugiere la desestimación del cargo.   

Tercer  cargo   

Afirma  que  tampoco  le  asiste  razón al  recurrente  al  acusar  el  fallo  impugnado  de haber sido dictado en un juicio  viciado de nulidad, por violación al debido proceso.   

Estima que la pretensión que se anule todo  lo   actuado,  con  base  en  una  presunta  violación  de  los  principios  de  contradicción   y   de   igualdad,   debido   a   la  “incorporación  de  la  investigación  que  el Banco de Bogotá adelantara por tales hechos”, resulta  inadmisible,  toda  vez  que el censor incurre en un notorio desacierto técnico  al   dirigir  el ataque por los senderos de la causal tercera de casación,  cuando  su  naturaleza  indica  que “el camino correcto para ello es la causal  primera,  cuerpo segundo, por alegarse un supuesto error de derecho originado en  un  falso  juicio  de  legalidad”,  lo  que  corrobora  con  la  cita  de  una  jurisprudencia de esta Corporación.   

Asevera  que tampoco es cierto que se hayan  vulnerado  los  citados  principios,  ya  que  la  defensa  tuvo las suficientes  oportunidades  para  controvertir  la  averiguación  adelantada  por  la citada  entidad  financiera,  máxime  cuando  su  incorporación se oficializó el 9 de  febrero  de  1995,  fecha  en  que  se  dispuso la apertura de la investigación  previa,  “y  se le reconoció validez probatoria en la resolución de apertura  de  instrucción”,  sin  que  durante  ese lapso ni en el curso del proceso la  defensa hubiese expresado inconformidad alguna.   

De  otra parte, considera que no se aprecia  irregularidad  alguna  que invalide la actuación por el hecho de que las medios  de  convicción  decretados  en  la  resolución  de  apertura de investigación  previa,  para  lo  cual  se comisionó al Cuerpo Técnico de la Fiscalía,   hayan  sido  practicados  en fecha posterior a la apertura de instrucción, pues  si  bien  “se  observa un cierto apresuramiento en el fiscal instructor al dar  inicio  formal  a  la investigación sin que se hubiesen practicado la totalidad  de  la  pruebas  ordenadas  con  antelación, lo cierto es que ese solo hecho no  vicia  la  actuación ni las pruebas”, ya que fueron decretadas y aducidas con  sujeción a la ley.   

Además,  sostiene  que  el  actor  omitió  señalar   y   demostrar,  como  era  su  deber,  de  qué  manera  la  supuesta  irregularidad  incidió  desfavorablemente  en  los  intereses de la procesada o  cómo desarticuló el esquema básico del proceso.   

Advierte también que de los argumentos del  censor  se  vislumbra una clara intención de “retractación de la aceptación  que  de manera libre y voluntaria hiciera la procesada, debidamente asistida, de  los   cargos   formulados  en  desarrollo  de  la  terminación  anticipada  del  proceso”,  lo  que  resulta  inadmisible,  ya  que  tal circunstancia no está  prevista como motivo de impugnación.   

Finalmente,   en   lo  que  atañe  a  la  “supuesta  violación  del  debido  proceso  por falta de defensa técnica”,  manifiesta  que  la censura es infundada, ya que la procesada contó, a lo largo  de  la actuación, con la representación judicial de un apoderado de confianza,  aspecto  corroborable  con  el  simple examen del expediente, en el que se puede  observar  que  el  profesional  del  derecho  que la asistió cumplió en debida  forma con el mandato conferido.   

Por  lo expuesto, sugiere la desestimación  del cargo.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

El  defensor  de  la  procesada impugna la  sentencia  anticipada  del  Tribunal  Superior de Bucaramanga, con fundamento en  las  causales  primera,  prevista  en  el  Código  de  Procedimiento   Civil,   y   tercera,   contemplada   en   el  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Dígase,  en primer lugar, que el libelista  vulneró  el principio de prioridad que rige este recurso, al tenor del cual, el  cargo  de  nulidad,  como norma general, debe aducirse y desarrollarse en primer  término,  pues,  dada  su  naturaleza  y alcances, de prosperar sería inane el  estudio  de  fondo  de  cualquier  otra censura fundada en causal diferente a la  tercera,  pues  habría  de  invalidarse  la  actuación  y,  por  lo  tanto, la  sentencia objeto de ataque quedaría sin sustento procesal.   

En consecuencia, respetando dicho principio,  no  mencionado  por el Ministerio Público, se estudiará primero el reproche de  nulidad.   

Causal tercera  

Único  cargo   

Al  amparo  de la causal tercera, el censor  acusa  al  Tribunal  de haber dictado sentencia en un juicio viciado de nulidad,  por  cuanto, en su criterio, en este asunto “proliferan” irregularidades que  “descalifican  todo  el diligenciamiento procesal”, tales como que la prueba  incriminatoria  fue  recaudada  con  violación  del  debido  proceso,  pues  se  desconocieron  los principios constitucionales de legalidad y contradicción, se  apreciaron  pruebas aducidas a “espaldas” de la procesada y su defensor y se  negaron  medios  de  convicción con argumentos inadmisibles. Finalmente, que la  defensa técnica estuvo ausente.   

1.- Como se infiere de la simple lectura del  desarrollo   del  cargo,  todas  las  irregularidades  denunciadas,  excepto  la  última,  en  la  parte  referente  a la ausencia de defensa técnica, tienden a  cuestionar   la  prueba  que  sustentó  la  acusación  que  de  manera  libre,  espontánea  y  asistida  de un defensor, aceptó la procesada, para lo cual, al  tenor  del  artículo  37B.4  del  C. de Procedimiento Penal, ella y su defensor  carecen   de   interés,   motivo   por   el   cual   tales   reproches   serán  desestimados.   

En efecto, como lo ha reiterado la Sala, en  la  sentencia  anticipada al admitir el procesado su responsabilidad respecto de  los  cargos  que  se  le formulan, consciente el perjuicio  que se le causa  con  la  resolución  desfavorable, siendo tal aceptación irretractable. Por lo  mismo,  renuncia  al  interés  para  impugnar la sentencia con fundamento en la  negación  de  esa  responsabilidad, por lo cual no puede controvertir la prueba  que       le       sirve       de      sustento1.   

Lo  anterior no significa, desde luego, que  cuando  se  trata  de este abreviado trámite, no tenga interés para acusar las  nulidades  que  se  hayan  cometido  (por  ejemplo, por falta de competencia del  juez,   por  inasistencia  del  defensor  a  la  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de  cargos,  por  haberse  incurrido en el acta respectiva en error  relativo  a  la  denominación  jurídica  del  punible  etc.),  sino que lo que  resulta  improcedente  es  acudir  a  ellas como pretexto para retractarse de la  aceptación de los cargos.   

Ha  dicho la Sala:  “Así,  no  resulta  suficiente  para  legitimar  un  cargo en eventos como el  presente,  es decir, de sentencia anticipada, el afirmarse que se formula por la  vía  de  la  nulidad,  cuando  su  argumentación  tiende  es  a  demostrar  la  retractación  de  la  aceptación de cargos que previa y oportunamente ha hecho  el  procesado,   ya  que el interés para recurrir que inicialmente podría  amparar   la  solicitud  de  invalidez  no  puede  surgir  de  la  habilidad  en  mimetizarlo  frente  al  texto  de  la  demanda, sino de la permisión legal que  ampare        la        pretensión”        2.   

2.-  El  censor  incurre en otro dislate al  invitar  a  la  Corte a acudir a la casación por la vía discrecional, para que  decrete   las  nulidades  que  postula,  ante  la  creencia  equivocada  que  en  tratándose  de la sentencia anticipada, se carece de interés para denunciarlas  y  decretarlas  por  la  vía  de  la casación común, sin acatar que estas dos  especies  son  excluyentes  y  que la primera sólo procede cuando no se cumplen  los  requisitos  de  la  casación  ordinaria  y  siempre  y  cuando  tienda  al  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

3.-  En  lo atinente al quebrantamiento del  derecho  de  defensa, la censura se queda en el enunciado, pues fuera de afirmar  que  éste  “no se satisface con los pergaminos ni la fama del defensor”, no  señala  qué  fue lo que éste omitió y que de haberlo hecho, hubiera cambiado  el  sentido  del fallo, máxime frente a una sentencia anticipada, en la que con  la  aceptación  formal de los cargos, por parte del sindicado, se desvirtúa la  presunción  de  inocencia  y  se sitúa el proceso en el momento de fallar, sin  que  por  tal  motivo  los  actos  procesales  legalmente omitidos o las pruebas  dejadas  de  practicar  constituyan  irregularidad  alguna.  Además, si en este  especial  procedimiento  el  sindicado  renuncia  a  refutar  la  acusación y a  controvertir  las  pruebas  de  cargo  que  la  sustentan,  no  tendría sentido  decretar  una  nulidad,  por falta de defensa técnica, salvo que esta garantía  hubiera  sido  desconocida  en  la  audiencia  de  formulación y aceptación de  cargos,   como   lo   ha  afirmado  la  jurisprudencia  de  la  Sala3.   

Por  las  razones  expuestas,  el  cargo no  prospera.   

Causal  primera   

Primer  cargo   

Con fundamento en el artículo 368, numeral  1°,  “aparte  único”,  del Código de Procedimiento Civil, en concordancia  con  el  artículo 221 del Código de Procedimiento Penal, acusa al sentenciador  de  haber violado indirectamente los artículos 1757 del Código Civil y 103 del  Código  Penal,  “como  consecuencia  de  error  de  hecho  manifiesto  en  la  apreciación  de  la  prueba”,  toda  vez  que a su defendida se le condenó a  pagar  como  daños y perjuicios materiales la suma de $30.500.000,oo, monto que  fue  únicamente  cuantificado por el Banco de Bogotá, esto es, la “sentencia  atacada  se  limitó  a  atenerse  a  la  suma estimada por la parte civil en la  demanda”.   

Por  ello, dice que “salta a la vista que  el  sentenciador,  en  su  cometido  de  cuantificar  el  daño,  o bien, supuso  equivocadamente    que    el    valor    de    los    perjuicios    ‘estimados’  en  la  demanda  civil  era  prueba  suficiente  para condenar en consecuencia, vale decir, imaginó la existencia de  la  prueba  del  monto  de  la  ofensa,  o bien, le dedujo desatinadamente a esa  ‘estimación’   efectos  probatorios.  Dos  claras  presentaciones    del    error    de    hecho   en   la   apreciación   de   la  prueba”.   

1.- Ante todo es necesario determinar si al  impugnante  le  asiste  interés, al tenor del artículo 221 del C. de P. Penal,  el  cual  es requisito para la procedencia tanto de los recursos ordinarios como  de la casación.   

El  interés  como  lo ha dicho la Sala, se  concreta  en  el agravio que la providencia atacada le causa al impugnante, pero  cuando  se  trata  de  la  cuantía no basta para afirmar su existencia que haya  perjuicio,  sino que es necesario que  éste tenga un determinado valor que  debe aparecer claro de las pretensiones de la demanda.   

2.- En el caso que ocupa la atención de la  Sala,  el  ad quem, al confirmar la decisión del Juez 7° Penal del Circuito de  Bucaramanga,  condenó  a  la  procesada, en sentencia fechada el 29 de marzo de  1996,   a   pagar   la   suma  de  $30’500.000  a  favor  del Banco de Bogotá, más un interés igual a la  Unidad  de  Poder Adquisitivo Constante (UPAC) desde el mes de diciembre de 1994  hasta la fecha de su cancelación.   

El  Tribunal  de  Bucaramanga,  en  aras de  establecer  el  interés,  al  momento  de  interponerse  el recurso designó un  perito  que  actualizara  el  valor  mencionado,  lo  que arrojó el guarismo de  $41’100.000, por lo cual,  considerando   que   había   interés,   lo   concedió,   el  29  de  mayo  de  1996.   

Sin embargo, no se percató el Tribunal que  esa  actualización  ha debido hacerse a la fecha de la sentencia, que es cuando  se  debe  fijar el valor del interés y no cuando se interpuso el recurso, y que  el  quantum  no  era  el  de  la  totalidad de la condena, pues el demandante no  pretende  que  se  exima  a la procesada del pago de los perjuicios, sino que su  reclamo  se  refiere  a  la  manera  como se cuantificaron, pero sin que hubiera  expresado,  como  le  correspondía,  cuál  fue el desfase de las instancias al  tasarlos,  es  decir,  cuál  es  la  diferencia entre lo que estima que se debe  pagar  y  la  suma a que fue condenada la acusada, diferencia que determinaba la  cuantía del interés.   

Tan  evidente  es  que  el  demandante  no  pretende  la  absolución  de  la  acusada  al  pago  de  los perjuicios sino su  reducción  (aunque  no  lo  dijo  para  disimular la falta de interés), que no  obstante  que  postula  el  cargo  por  la  causal primera, vía indirecta, cuya  consecuencia,  de  prosperar,  sería  la absolución, su solicitud es la de que  “se  invalide  la  sentencia  en lo concerniente al pago de los perjuicios”,  con   lo   que,   además,   en  forma  incoherente,  se  desvía  a  la  causal  tercera.   

Aunque  los  anteriores  motivos,  serían  suficientes  para  desestimar el cargo, al no haber indicado el censor, en forma  clara  y  precisa,  cuál  era su interés, de todos modos carece del mismo, por  razón de la cuantía.   

Así, si fue condenada a pagar $30.500.000,  de  los  cuales  habría que restar $17’527.046,  que  fue  el valor de lo apropiado, y que el demandante no  cuestiona,  se tendrá una diferencia de $12.972.954, que así se indexaran a la  fecha   de   la   sentencia,   están   muy   lejos   de   los   $38’420.000,  a  que ascendía la cuantía  del   interés  en  el  bienio  1996  – 1997.   

Por  las  razones  expuestas,  el  cargo se  desestima.   

Segundo  cargo   

Esta censura, invocada como subsidiaria, la  enruta  el  recurrente  por  los  senderos de la causal primera, prevista por el  artículo  368 del Código de Procedimiento Civil, habida cuenta que el Tribunal  violó  indirectamente la “ley sustancial”, “como consecuencia de error de  derecho,  por  violación  de  normas  probatorias”, tales como los artículos  174,  177  del  C.  de  P.  Civil  246, 247, 248, 249, 251, 253, 254 de C. de P.  Penal,  lo  que llevó a que el sentenciador condenara a la procesada al pago de  perjuicios  en  concreto,  teniendo  como  único  fundamento  la “estimación  provisoria  y  arbitraria que la parte civil hizo en la respectiva demanda”, y  sin  que  se  hubiera realizado un peritaje que hubiese podido determinar “con  claridad  el  monto  de los perjuicios causados”, “la magnitud del daño”,  conformándose  con la cuantificación hecha por el Banco de Bogotá, por lo que  solicita  “casar  parcialmente  la sentencia censurada, invalidando la condena  al pago de los perjuicios”.   

En  esta  censura,  al  igual  que  en  la  anterior,  y  por  las  mismas  razones,  aparece  que  el  demandante carece de  interés, por lo que será desestimada.   

En   mérito   de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA     DE     CASACIÓN     PENAL    administrando  justicia  en  nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

NO   CASAR  la  sentencia recurrida.   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen. Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                            JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOGUÉS                                          CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Ver,  entre  otras,  casación  11362, marzo 8/96, M. P. Dr. Jorge E. Córdoba Poveda;  casación 10578, octubre 15/96, M. P. Dr. Jorge A. Gómez Gallego.   

2  Casación 11856, agosto 11/99 M.P. Dr. Carlos A. Gálvez Argote.   

3 Ver,  entre  otras,  casación  9714,  marzo 4/96, M. P. Dr. Fernando E. Arboleda R. y  casaciones  10578, octubre 16/96 y 10524 agosto 12/98. M. P. Dr. Jorge A. Gómez  Gallego.     

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