11232jun

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 11232  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

  MAGISTRADO PONENTE:  

  DR. MARIO MANTILLA NOUGUES  

  APROBADO ACTA No.110  

  Santa Fé de Bogotá, D.C., veintiocho  (28) de junio de dos mil ($2000).   

Procede  la  Sala  a  resolver el recurso de  casación  presentado  por  el  defensor  del  procesado  ARTEMO AGUIRRE SALAZAR  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal de Ibagué (agosto 3 de 1995),  que  confirmó  la  dictada  por  el Juez Tercero Penal del Circuito del Espinal  (T),  en  la que se declaró la responsabilidad del procesado por los delitos de  peculado  por  apropiación  en  perjuicio  de  la  Electrificadora del Tolima y  falsedad  material  de  particular  en documento público, (artículos 133 y 220  del   Código   Penal).   Como   penas  se  impusieron  60  meses  de  prisión,  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el igual término al de la  pena  principal,  $20.000  de  multa  y  la  obligación de pagar por perjuicios  materiales  $4.000.000  con  la respectiva corrección monetaria y 30 gramos oro  por daños morales.   

                                    HECHOS   

El  9 de febrero de 1985, la Sub – estación  de  Policía  de  Chinauta  retuvo el camión de placas UP – 0515, conducido por  LUIS  ALBERTO  ESPAÑA  SANCHEZ, en el que se transportaban 4 rollos de cable de  aluminio  de  alta  tensión,  actividad  que  se  ejecutaba  con respaldo en la  planilla   de   carga   expedida   en  formulario  del  Intra  número  7900785.   

El  vehículo  y  la  carga fueron puestos a  disposición  del Jefe del Grupo de Automotores de la misma entidad,  El 12  de  febrero  de  1985  se  presentó  ADELA  CORONEL  QUINTERO  (propietaria del  automotor)  en  compañía  de  una  persona  que  se  identificó como “Sub –  almacenista  de  la  Electrificadora  Hidroprado del Tolima”  presentaron  una  orden  de  movilización  del  material  referido, autorización que estaba  elaborada  en  papel  membreteado  de  Electrolima  y con sello de la respectiva  empresa.   La   confección   de   tal   documento   se  le  atribuye  a  ARTEMO  AGUIRRE.   

En la investigación se estableció que el  cable  pertenecía  a  la Electrificadora del Tolima S.A. (sociedad de economía  mixta,  descentralizada,  del orden nacional, donde el Estado posee más del 90%  de  sus acciones) y había sido dejado en custodia en la planta de “Ventana”  de  Chicoral  al Sub – almacenista de la empresa, señor ARTEMO AGUIRRE SALAZAR,  quien  personalmente lo entregó con el ánimo de apropiarse de ellos a quien lo  transportaba  en  el  momento  en  que  los  agentes  de la policía hicieron la  inmovilización.   

Igualmente  se  comprobó que los documentos  relativos  a  la  planilla  de carga y el que se usó para lograr la devolución  del  camión  y  el  cable  ante  la Policía Vial que en principio conoció del  operativo,  resultaron  espúreos,  resultado  que  logró  con  ocasión  de su  vinculación  con la Empresa de Energía del Tolima, lo que le daba acceso a sus  dependencias,   papelería   y  “oportunidad  material  de  elaborar  los  documentos apócrifos”.   

ACTUACION PROCESAL  

         

         

El Juzgado 30 de Instrucción Criminal de El  Espinal  (Departamento  del Tolima) abrió investigación el 23 de marzo de 1985  (fl.31),  practicó  pruebas y,  por “término de instrucción vencido”  remitió  el  expediente  al Juzgado 1º Superior del Espinal (fl.56), el cual a  su  vez  lo  envió, por competencia, a la ciudad de Bogotá, correspondiéndole  por  reparto  al  Juzgado  25 Superior (fl.180), que comisionó al Juzgado 46 de  Instrucción   Criminal,  el  cual  practicó  unas  pruebas,  entre  éstas  la  indagatoria  de Artemo Aguirre  Salazar (fl95), a quien se le  impuso detención preventiva como medida de aseguramiento (fl.104).   

–  El referido Juzgado 25 Superior cerró la  investigación  (fl.537)  y  por  auto  de  octubre  9  de  1989  (fl.548) cesó  procedimiento  a favor del mencionado Aguirre Salazar.  Por virtud  de  apelación  interpuesta  por  el  apoderado  de  la  parte civil, el Tribunal de  Bogotá  se  abstuvo  de  conocer  y remitió el expediente, por competencia, al  Tribunal  de  Ibagué,  que  consideró que la competencia era de los Jueces del  espinal.   

– El Juzgado 10º de Instrucción Criminal de  dicho  municipio  siguió  con la instrucción del sumario y, puesta en vigencia  la  Constitución  del  91  el  expediente  quedó  en la “Unidad de Fiscalía  Treinta”  de  El  Espinal  (fl.615),  la  cual  lo  remitió  a  la  Unidad de  Investigaciones  Especiales,  correspondiéndole  a  la Fiscalía 19 de Ibagué,  que  cerró  investigación  y la calificó mediante resolución de agosto 14 de  1993  (fl.641),  acusando al  citado   Aguirre  Salazar  por  los  delitos  de  Peculado  por  apropiación  y  Falsedad   material   de  particular en documento público.   

Apelada  esa  providencia  acusatoria,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal de Ibagué   la  confirmó enteramente por medio de resolución de  noviembre 19 de 1993 (fl.686).   

3.-  El  proceso en el Juzgado 3º Penal del  Circuito  de  El  Espinal,  se  celebró  audiencia pública (fl.62 cdno.2) y se  dictó  sentencia  de  marzo 27 de 1995 (fl.83-2), mediante al cual, en armonía  con  la  acusación,  el  procesado  fue  condenado  a  60 meses de prisión. La  punibilidad   se   dosificó   en   el   concurso   partiendo   de  la  sanción  establecida   en  el  inciso segundo del artículo 133 del C.P., por ser la  más  grave,  en razón a sobrepasar el objeto material el valor de $500.000.oo,  a   la  que  se le agregó la correspondiente del artículo 220 ibídem por  Falsedad material en documento público.   

La defensa del acusado apeló dicho fallo, y  el  Tribunal  de  Ibagué,  por medio del suyo que ahora se recurre en casación  (fl.3 cdno.3) le impartió confirmación total.   

LA  DEMANDA   

Primer Cargo:   Al  amparo  de  la  causal  3ª  de  casación  del artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal,   el  demandante  sostiene que la sentencia impugnada  “se  dictó  en  un  juicio viciado de nulidad” (fl.34-3), lo cual se dio en  este caso por “incompetencia del  juez”.   

Dice  que la nulidad existe desde que el Juez  25  Superior  de  Bogotá  avocó  el  conocimiento  del proceso y comisionó al  Juzgado 46 de Instrucción Criminal, ya   

Que,  como lo dijo el Tribunal de Bogotá en  auto  de  febrero  28  de  1990,  la  competencia  para  conocer de este proceso  radicaba  en  el  Departamento del Tolima, tesis aceptada  por su homólogo  de Ibagué en proveído de junio 13  de 1990 (fl.35-3).   

Agrega  que  en  este  caso “Los jueces de  Bogotá  no eran competentes para conocer del proceso porque los hechos tuvieron  ocurrencia  en el municipio de El Espinal, Departamento del Tolima” (fl.36), y  el  conocimiento  que del proceso tuvieron los operadores de la justicia en esta  capital no fue por ““incompetencia a prevención”.   

Pide entonces que la sentencia sea objeto de  casación  y,  en  consecuencia,  ”debe  ser enviado el negocio al funcionario  competente”  (fl.cit.)   

Cargo Segundo y subsidiario.-  

Ese   “cargo”   es   del   siguiente  tenor:   

          “Como  subsidiaria a  la  anterior  causal  propongo  la causal primera de casación; ser la sentencia  violatoria de una norma de derecho sustancial”.   

La  sentencia  impugnada  es  violatoria del  artículo  281 del Decreto 50 de 1987, que determina que los documentos se deben  aportar al proceso en original o copia auténtica.   

Los  documentos que sirvieron de prueba para  condenar  a  Artemo Aguirre Salazar por FALSEDAD EN DOCUMENTOS, fueron aportados  en  fotocopia  simple,  consistente en un formato en el que se daba cuenta de la  salida y destino del cable de alta tensión.   

En igual sentido se estipula el requisito en  mención  en  el artículo 274 del Decreto 2700 de 1991, por lo que la sentencia  lo viola, por las mismas razones expuestas anteriormente.   

Concluye  el censor que “se debe casar la  sentencia” (fl.36 infra y 37-3).   

CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURIA   

El  Procurador  Primero Delegado en lo Penal  sugiere    no   casar    la   sentencia,   con   base   en   el   siguiente  análisis:   

Primer Cargo:  

Dice  el  señor Procurador, compartiendo lo  que  al respecto han resuelto las instancias, que la actuación adelantada en la  etapa  sumarial  por  los  Juzgados 25 Superior y 46 de Instrucción Criminal de  Bogotá,   tiene   plena   validez,   por  cuanto  que  “los  extremos  de  la  instrucción,  es  decir,  la  resolución de apertura de la investigación y la  resolución   calificatoria”  (fl.  12),  son  los  únicos  actos  reservados   

s  funcionarios  competentes en los casos de  fuero especial.   

El  actual  Código  de  Procedimiento Penal  (D.2700  de  1991) establecer que durante la instrucción no hay lugar a nulidad  por  razón  del  factor territorial, y advierte el Ministerio Público que aún  antes,  la doctrina se ocupó de precisar que en la etapa del sumario no procede  la   nulidad   por   incompetencia,  siendo  válidas  las  actuaciones  de  los  funcionarios,  tanto  que,  en  el  caso  de  un  conflicto  de competencias, el  funcionario  que  debiera avocar el conocimiento, estaba obligado a continuar el  proceso  en  el  estado  en  que  se  encuentre  sin  tener  que  retrotraer  la  actuación.   

De  otra  parte  hace propio el criterio que  expuso  el Tribunal de Bogotá en estas diligencias en proveído del 13 de junio  de  1990,  en  el que señaló la conexidad como factor de competencia en el sub  judice,  por  cuanto  que el peculado se consumó en jurisdicción del Espinal y  las  Falsedad  documental  en Cundinamarca ante la Policía Vial, en la vía que  de Girardot conduce a Santafé de Bogotá.    

Segundo Cargo:  

La  Delegada  conceptúa  que  la  censura  presenta  yerros de técnica que impiden acoger las pretensiones del demandante,  pues  no  identifica  la  “norma  de derecho sustancial violada” (fl.14), la  imputación  “no  es  más  que  un simple enunciado, ya que carece de la más  mínima  fundamentación”,  motivo  por  el cual este segundo reproche tampoco  puede prosperar.   

                     

                               

                               

                                                      CONSIDERACIONES DE LA SALA   

I.     Primer  Cargo   

Nulidad.  

                                                 1.  De  acuerdo  con  el artículo 29 de la Constitución Política,  toda  persona  tiene  derecho  a  un debido proceso y su desconocimiento acarrea  nulidad,  pero  para  arribar  a  esta  conclusión  habrá  de  examinarse cada  situación,  buscando  una solución  consecuente con los fines del proceso  penal  y  la legislación vigente, así se desprende de los principios que rigen  la nulidad.   

                                   2.  Para   el  éxito  de  la impugnación en estos eventos, se  debe  identificar  el  acto  procesal  irregularmente  cumplido,  demostrarse la  omisión  de  un desarrollo jurídicamente exigible conforme a disposiciones que  lo  establecen,  y la incidencia  de ello en el proceso o la sentencia, con  efectos  en  las  garantías  constitucionales y legales reconocidas a favor del  procesado,  o  en  la  estructura  del  proceso, y que no puedan ser subsanadas.  Estas  condiciones están ausentes en el sub judice, razón por la cual el cargo  no puede prosperar.   

                                         3.  Según  el demandante las formas propias del  juicio  se  desconocieron  por  cuanto  que  los  funcionarios  instructores que  avocaron  el conocimiento en  Santa Fe de Bogotá carecían de competencia,  porque los hechos ocurrieron en el Municipio del Espinal (Tolima).   

                              4.  La  investigación  la  inició  el  juzgado  30  de  instrucción criminal del Espinal el 23 de marzo de 1985 (f -31  C.O),  quien  lo  remitió al Juzgado Primero Superior de la localidad, despacho  que  con  auto  del  7  de  mayo  de 1985 dispuso la remisión por competencia a  Bogotá,  asignándose la investigación al Juzgado 25 Superior, el que a su vez  comisionó  al  Juzgado  46  de  Instrucción  Criminal  de  esta ciudad para la  práctica  de  algunas  pruebas.  Después  de varias actuaciones se definió la  competencia  luego  de  que el Tribunal de esta capital planteara colisión a su  homólogo   de  Ibagué,  el  que  remitió  la  actuación  al  Juzgado  10  de  Instrucción  Criminal  del  Espinal para su conocimiento. Este último despacho  se  convirtió  en  Fiscalía  30  Seccional,  de donde pasó el expediente a la  Unidad  de Delitos contra la Administración Pública, asignándose el proceso a  la  Fiscalía  19  Seccional,  la que cerró investigación el 7 de junio 1993 y  calificó  el  mérito  del  sumario  el 24 de agosto siguiente, providencia que  confirmó  la  Delegada  ante  el  Tribunal  al  resolver  la  impugnación  que  interpusiera  el  defensor,  tal  y  como se dijo el la reseña procesal en esta  providencia.   

                                                5.  El  decreto  409  de  1971 fue derogado por el 0050 de 1987, que  entró  a  regir  a  partir del 1° de julio, disponiéndose en el artículo 677  que  el  código  anterior  se  aplicaría  a  las actuaciones que para la fecha  indicada  tuvieron  auto  de cierre de investigación ejecutoriado. A su vez, el  actual  Código  de  Procedimiento  Penal (D. 2700 de 1991) rige desde el 1° de  julio  de  1992,  el  que  estableció  en  el  artículo 13  de las normas  transitorias   que   se   debían  tramitar  bajo  las  normas  de  la  anterior  legislación    aquellos  procesos  en  los  que  se  hubiere  iniciado  la  audiencia pública.   

                                                   6. Aceptado  es  que la falta de competencia instructiva en los casos de persona aforada, que  no  es  el de las presentes diligencias,  para la apertura de instrucción,  indagatoria  y  calificación  del  sumario,  generan  nulidad.  En  los  demás  eventos,  en  el  código  de  1971,  los  funcionarios estaban habilitados para  instruir.  Esta ha sido una constante hasta hoy en la orientación jurídica que  ha  guiado la investigación en nuestro medio, y para despejar cualquier duda al  respecto,   desde   la  entrada  en  vigencia  del  decreto  0050  de  1987,  se  dispuso   en  el  artículo  348 la validez de la  actuación  en  los casos de cambio de competencia por el factor territorial, al  señalar:  ”Las diligencias practicadas por cualquier juez de instrucción son  válidas  aunque  se  produzca  cambio  de  competencia”.  En el estatuto  procesal  actual  las  Unidades  de  Fiscalía  tienen  competencia  en  todo el  territorio    nacional   (art.   79),   de  ahí  que  se  haya  consagrado  expresamente  que  “Durante  la  instrucción  no  habrá  lugar a nulidad por  razón del factor territorial”(art. 304).   

                                   7.  En  este  caso  los  decretos  que fueron entrando en vigencia y  derogando  los  estatutos  procesales  anteriores  se  aplican  con  base  en el  principio  del  efecto  general  e  inmediato,  el  que  gobierna las normas que  establecen   los   tribunales   y  los  procedimientos,  pues  según  las   leyes   153  y   57  de  1887, las disposiciones sobre jurisdicción y  competencia  o  que  determinan lo relativo a la sustanciación y ritualidad del  proceso,  se  aplican desde que entren a regir. Lo que es así en el sub judice,  por  cuanto que el proceso adelantado contra ARTEMO AGUIRRE SALAZAR no estuvo en  las  hipótesis de excepción de los artículos 677 del decreto 050 de 1987 y 13  transitorio  del  decreto  2700  de  1991,  y   de  otra parte debe tenerse  presente  que  las  normas que regulan un fenómeno jurídico hay que aplicarlas  en  su  integridad,  ya que no es posible que el Juez cree una tercera ley,  pues  ello  sería  tanto  como  abrogarse  funciones  que  sólo le competen al  legislador.   

                              8.  Las  providencias  de  fondo,  las  actuaciones  que  involucran los extremos de la instrucción, como las relativas  al   cierre  de  investigación,  calificación  del  sumario,  trámite  de  la  totalidad  de la causa con las formalidades que para ésta demanda la ley, y las  sentencias  de  instancia, fueron actuaciones cumplidas por los funcionarios que  legalmente  tenían competencia para actuar, esto es, los operadores de justicia  con  sede  en  el  Tolima,  a  saber:  Juzgado  30  de Inscriminal, Fiscalía 19  Seccional,  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  del  Espinal  y  una Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de Ibagué. Los funcionarios a que se  refiere  el  censor  con sede en Santa Fe de Bogotá no cumplieron la actuación  referida,  luego carece de fundamento y trascendencia en la realidad procesal la  reclamación que presenta el casacionista.   

                                9. El rito procesal cuestionado se vincula con la instruccióndel  sumario  y  no  corresponde  a un error de garantía o de estructura de aquellos  que  dan  lugar  a  nulitar  la actuación, por lo que no es útil a la justicia  admitir  el  formalismo a ultranza de que se vale el casacionista para fundar la  nulidad  deprecada más en el interés que le asiste en el resultado del proceso  que  en  la  efectividad  del  derecho  material  o  en  la  protección  de las  garantías  debidas  a  las  personas  que  intervienen en el proceso penal, los  cuales  representan  los  más  altos  intereses  que  el legislador trazó a la  Corporación   en   el   trámite   del  recurso  extraordinario  de  casación.   

                                                        10.  En  las  circunstancias  anteriores  no  evidencia  la  Sala  ninguna  irregularidad  que pueda viciar el  proceso  y, por tanto, tal como lo solicita el Procurador Primero Delegado en lo  Penal,  no  se  casará  la sentencia con base en el cargo examinado, pues entre  otras  cosas,  del  análisis  global de la actuación  procesal,   no   se   observa   motivo   que   justifique   la  declaratoria  de  nulidad.   

                           II. Segundo  Cargo (Subsidiario)   

                                       

1.  El  demandante se limitó a decir que se  violó  una  norma  de  derecho  sustancial  porque  los documentos atinentes al  delito de falsedad fueron aportados en fotocopia simple.   

                                                2.  El  propósito  de  quien acude a la casación no puede ser otro  que  demostrar  la  existencia de un error de juicio o de actividad que vicie de  ilegalidad  el fallo. En armonía con esto, para que la Corte pueda pronunciarse  de  fondo  es  necesario  que  el  libelista,  cumpliendo los requisitos legales  (formales  y  sustanciales)  y  técnicos,  cuestione  la  validez  legal  de la  sentencia  a  través  de  una  argumentación  jurídica,  lógica y coherente.   

         

                                           3.  El cargo presentado por el defensor de ARTEMO AGUIRRE SALAZAR en  este  caso,  no  permite a la Sala hacer un pronunciamiento de fondo, por cuanto  que  la  Corte  se quedó sin conocer lo que para el censor constituyó un error  en  la  sentencia de segunda instancia. Sus aseveraciones de rasgo enunciativo y  genérico  hacen  incomprensible  el  propósito de aquél  a la luz de los  postulados  que  regulan  la  casación.  Se  invoca  la  violación  de  la ley  sustancial  sin precisarse la causal, el error y el motivo por el que se hace la  censura,  de  manera  que desde ese punto de vista la formulación del reparo es  más que incompleto.   

                               

                                           3.  Es sabido que a éste mecanismo extraordinario se llega luego de  superadas  las  instancias,  no  obstante  ello,  en  el caso en estudio, lo que  sobresale  es  el  discurso  del  libelista  con  sus  personales apreciaciones,  oponiéndolas   a   la  de  los  juzgadores  de  instancia,  pero  sin  que  sus  afirmaciones   apunten   a   poner   de   presente  con  claridad  cuál  es  su  inconformidad.   

                                   4.  Si  lo anterior lo juntamos, se obtiene que las reglas relativas  a  la  enunciación de la casual en forma clara y precisa, sus fundamentos,  y  las  normas  infringidas  con  el concepto de violación, fueron abiertamente  ignordas  por el demandante, lo que obliga a la Sala a desestimar el cargo, como  lo  sugio  el  Señor  Pocurador  Delegado, por incumplimiento de los requisitos  exigidos por la ley.   

  III.  Decisión   

La demanda, pues, no se casará.  

                                                     

IV.  Prescripción   

                                                 El  apoderado  del procesado solicita se decrete la prescripción de  la  acción  penal  del  delito  de  falsedad  y  del peculado por apropiación,  punibles  por  los  cuales  fue sentenciado su poderdante. En cuanto al ilícito  contra  la administración pública sostiene que la agravante por la cuantía de  los  apropiado  ($4.000.000),   no  debe  ser  considerada  en virtud de lo  dispuesto  en  el artículo 19 de la ley 190 de 1995, que modificó el artículo  133 del C.P.   

                 2.   En  la  resolución  de  acusación  se  le  atribuyó  al procesado el tipo penal previsto en el numeral  segundo  del  artículo 133 del Decreto 100 de 1980, modificado por el artículo  2  de la ley 43 de 1982, disposiciones que establecían una pena de 4 a 15 años  de  prisión,  multa  de  veinte  mil  a quinientos mil pesos e interdicción de  derechos  y  funciones  públicas de dos a diez años, cuando el objeto material  de  la  conducta  pasara  de quinientos mil pesos. Con base en estos fundamentos  jurídicos   se   profirió  la  sentencia  de  condena  contra  ARTEMO  AGUIRRE  SALAZAR.   

                            El  artículo 19 de la ley 190 de 1995 modificó  la  legislación  penal referida en el párrafo anterior, estableciendo una pena  principal  de  6  a 15 años de prisión, pero en el inciso segundo disminuyendo  aquella  considerablemente,  de  la mitad a las tres cuartas partes, si el valor  de lo apropiado no supera los cincuenta salarios mínimos legales.   

                               

                                                La  cuantía  del  peculado  por  apropiación fue de $4.000.000. El  decreto  01 de 1985 estableció para éste año, a partir del 2 de enero, que el  salario  mínimo  sería  de  $13.557.60.  Hecha  la conversión correspondiente  resulta  que  la  cuantía del citado delito equivale a 295.03 salarios mínimos  legales mensuales.   

                                      

                                                 Como   puede   observarse   con   la   simple  comparación  de  los  elementos  expuestos en los párrafos precedentes, de las  dos  disposiciones  en  mención,  la  pena   principal  conforme a la  norma  vigente para la época de los hechos, el art. 133 del C.P., resulta menos  gravosa  para el procesado, dado que el peculado que se  juzga   es  superior a 50 salarios mínimos de entonces, motivo por el cual  el  artículo  19 de la ley 190 de 1995 no tiene aplicabilidad en el sub judice,  por  cuanto  que en gracia al principio de favorabilidad, procede la aplicación  ultraactiva del artículo 133 ídem.   

                             3.  De  acuerdo con el artículo 3º del  Decreto  3130  de  1968,  los empleados de las sociedades de economía mixta, en  las  cuales  el  Estado  posee más del 90% de capital están sometidas al mismo  régimen   que   las   empresas  industriales  y  comerciales  estatales  y  sus  trabajadores  no  son  particulares, sino oficiales o servidores públicos. Esta  referencia  fue  la  considerada  por  los  juzgadores  instancia  a  efecto  de  imputarle al procesado el delito de peculado por apropiación.   

                             En cuanto al delito de falsedad, se dijo  en los fallos de instancia:   

                                            

                                     El  Juzgado   

                             “De  igual  manera puede colegirse que  por  el  acceso  que tenía Artemo a la papelería y sellos de los utilizados en  el   Almacén   para   este   tipo  de  operaciones,  labor  fácil  fue  la  de  elaborar   la  falsa  planilla de movimientos del almacén que se presentó  como  prueba  de la procedencia del material incautado, engañándose con ello a  las autoridades de la Policía Vial”.   

                               

                    

          El Tribunal   

                             “como  empleado  de la Electrificadora  del  Tolima  S.A.  y con acceso a sus dependencias, como a su papelería, estuvo  en oportunidad material de elaborar los documentos apócrifos”.   

                             4.  Según  criterio  que  inspira  a la  mayoría  de  la  Sala,  el  fenómeno  extintivo en el sub judice no se ha dado  frente  al contenido de los artículos 133, 220, 80 y 84 del Código Penal, pues  del  artículo  82  ibídem  se  infiere  que  para  el  caso  presente el lapso  relevante  se  amplía  en  una  tercera parte sobre el límite mínimo de cinco  años  contados  a  partir de la ejecutoria de la resolución de acusación, por  tratarse  la  primera  de una infracción cometida en ejercicio de la función y  la   segunda   con   ocasión   del   cargo   oficial   que   el  sujeto  agente  cumplía.   

                                                 La  Corte  ha  sostenido,  “que  la norma no prolonga el término de  prescripción  exclusivamente para el empleado oficial que ha cometido un delito  de  responsabilidad.  Lo que el texto legal hace es extender dicho término para  la  prescripción  de  la  acción penal, cuando el delito hubiere sido cometido  por  un  empleado  oficial  en  ejercicio  de  sus funciones o de su cargo o con  ocasión  de ellos, afectando la norma, en consecuencia, a todos los sujetos que  hubieren  tomado  parte  en  la  ejecución  del delito cometido por el empleado  oficial,  sin  que  importe  si  se  tiene  o  no dicha  calidad” (M.P. Dr.  GUILLERMO DUQUE RUIZ . Auto agosto 9 de 1989. Rad. 3545).   

                                                Siguiendo  lo  expuesto,  tenemos  que la acción penal del peculado  por  apropiación prescribe en nueve años y cuatro meses, y la falsedad en seis  años  y ocho meses. Como la resolución de acusación quedó ejecutoriada el 19  de  noviembre  de  1993,  la  extinción  de  la acción más próxima sería la  infracción  contra  la fe pública para el 18 de julio del año dos mil, por lo  que la prescripción deprecada resulta improcedente.   

                             La  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de  Justicia,  de  acuerdo  con  el  Ministerio  Público, administrando justicia en  nombre de la República y  por autoridad de la ley,   

                            RESUELVE   

                             1. Denegar la petición de prescripción  de   la   acción   penal   que   presentó   el  apoderado  de  ARTEMO  AGUIRRE  SALAZAR.   

                               2.    NO  CASAR  la  sentencia  proferida el 3 de agosto de 1995  por el Tribunal Superior de Ibagué en este proceso.   

                             3.  En  firme  esta decisión regrese el  expediente al Tribunal de origen.   

                            Cópiese y cúmplase.   

                                                

                        EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE    E.   CORDOBA   POVEDA              

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                                        JORGE  A.  GOMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJIA  ESCOBAR   

                                                   No hay firma   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                          NILSON      PINILLA     PINILLA                                                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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