10985(27-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 10985  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 183  

          Bogotá, D.C., veintisiete de noviembre de dos mil uno.   

VISTOS  

          Procede  la Corte a desatar la casación interpuesta por el defensor  del  procesado  ANDRÉS  ESCAMILLA  CÁSSERES  contra  la sentencia del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cartagena,  mediante la cual confirmó en  todas  sus  partes  la  condena  de  25  años  de  prisión  y  la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por 10 años impuesta por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad  al  acusado, como  responsable del delito de homicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  la  ciudad de Cartagena, a eso de las nueve de la noche del 2 de  abril  de  1994,  se hizo presente ANDRES ESCAMILLA CASSERES en la residencia de  Tirso  Venecia  Escamilla preguntando por su primo Manuel Acosta Escamilla; como  se   le   indicara  que  se  hallaba  en  el  patio,  hasta  allá  se  dirigió  produciéndose  de  inmediato  un  enfrentamiento  entre  ambos donde el primero  blandió  una  navaja  mientras  el segundo respondía con un madero, dando  como  resultado el grave lesionamiento de Manuel que determinó su muerte cuando  fue llevado al centro hospitalario en busca de atención médica.   

          Capturado  ANDRÉS  ESCAMILLA  CASSERES, fue escuchado en diligencia  de  indagatoria  por  la  Fiscalía  30 de la Unidad Especializada de Vida de la  ciudad  de  Cartagena,  recibiendo  luego detención preventiva por el delito de  homicidio, sin beneficio de excarcelación.   

          Practicadas  suficientes  pruebas  para  perfeccionar el sumario, se  produjo  el  cierre  de  la  investigación  y  luego, el 7 de julio de 1994, la  calificación  con  resolución acusatoria en contra del procesado por el delito  de  homicidio,  abriendo  paso  a  la  etapa del juicio que adelantó el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito,  quien  después  de  celebrar  la vista pública  profirió  la  sentencia  condenatoria que por apelación revisó y confirmó en  su integridad el Tribunal de Cartagena el 18 de abril de 1995.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          En   el  único  cargo  que  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  formula  el censor en contra del fallo del Tribunal, asegura que fue  apreciado  erróneamente  el  testimonio  de Tirso Venecia Escamilla, dando como  resultado  la  transgresión  de  los  artículos  253  y  254  del  Código  de  Procedimiento Penal recientemente derogado.   

          Con  tal  base  califica  el  testimonio  de  Venecia Escamilla como  prueba  objetiva de imposible apreciación con criterios subjetivos de parte del  juzgador,  de tal suerte que si de su literal contenido se desprende que los dos  primos  se  encontraban “uno descargando el garrote y  el     otro     tratando     de     ‘parar’   el  golpe,  y  a  un  mismo  tiempo  se produce el herimiento mutuo, ANDRES sufre el  golpe   en   su   parietal  y  MANUEL  se  inserta  la  navaja”,  constituye  error  que  el  Tribunal hubiera ubicado “a   los  dos  contrincantes  el  uno  frente  al  otro  y  cada  uno  armado”,     pues   con   tal   postura   “contradice  abiertamente las reglas sobre análisis  crítico  de  las pruebas”, aplicación mecánica del  medio de convicción en detrimento de la verdad procesal.   

          Este  planteamiento  lleva  al  casacionista  a decir que el ad quem  ignoró  la  existencia  del hecho indicado -relación textual del desarrollo de  los  hechos,  según  el  testigo  único- cuya valoración le habría permitido  admitir  la  modalidad culposa en la que se ejecutó el homicidio, tipicidad que  pide  a  la  Corte  sea  el  fundamento  del  fallo  de  remplazo en procura del  restablecimiento  del  imperio  de la Constitución, quebrantada en la garantía  del derecho al debido proceso.   

EL CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  argumento básico del que se vale el Procurador Tercero Delegado  en  lo  Penal  para  sugerir a la Corte la desestimación del cargo, consiste en  que  el  Tribunal  no encontró establecida la realidad fáctica a través de la  tergiversación  de  los  hechos  narrados  por  el  testigo  sino  “con  fundamento en la interpretación que del relato debe hacerse  a  partir  de lo que enseñan otras pruebas que, como lo manda la ley, deben ser  también   tenidas  en  cuenta  en  el  momento  de  fijar  la  realidad  de  lo  acontecido”.   

          De  este  ejercicio  judicial,  con  ayuda  de  la  necropsia  y las  fotografías,  pudo  inferir que  la simultaneidad de movimientos referidos  por  el  testigo  no  era  compatible  con  las tres heridas causadas al occiso,  “razón  por  la cual debe asumirse su dicho como la  presentación  de  una  sucesión  temporal  de movimientos con muy poco espacio  entre  ellos,  descartando  la  producción  de  las  mutuas lesiones a un mismo  tiempo”.   

          Respecto  de la posición que guardaban los contrincantes al momento  de  los  sucesos,  dice  el  Procurador,  las  notas  elevadas  por el censor no  corresponden  a  un  nuevo  cargo sino al refuerzo de planteamientos anteriores,  pero  en  todo  caso  sin  demostración  alguna  del error de hecho achacado al  Tribunal,  en  la  medida en que del argumento del cual espera sacar provecho el  recurrente  fue  considerado  mentiroso  por  el  fallador  pues  la  herida que  presentó  la  víctima  en  la  cabeza  permitió  colegir  su  producción  de  frente.   

          Al    respecto   anotó   el   Ministerio   Público:   “…el   Tribunal   no  tergiversó  el  contenido  de  la  prueba  testimonial  sino que descompuso -con la ayuda de la prueba técnica (necropsia)  y  documental  (fotografías)-  la narración del testigo para hacerla coherente  con   lo  que  demuestran  otros  medios  de  convicción,  precisando  que  esa  simultaneidad  a  la que se refirió insistentemente Tirson Venecia Escamilla no  es   compatible   con   las  tres  heridas  causadas  al  occiso”.           

          Con  estos  razonamientos,  concluye el representante del Ministerio  Público  que  no  tiene  posibilidad  de  éxito la demanda por no contener una  demostración  de  yerro  alguno  determinante  de una indebida aplicación o de  exclusión evidente de norma sustancial alguna.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La   libre   y  conjunta  apreciación  de  las  pruebas,  marco  de  referencia  dentro  del  cual  ha  de moverse el juez penal en la tarea  de  reconstrucción  histórica  de  los  hechos,  es a no dudarlo una de las claras  muestras  de  cómo  a  través  del juicio de valor subjetivo el dispensador de  justicia  puede  y  debe   estudiarlas hasta llegar a uno cualquiera de los  estados  del  conocimiento  que  lo  habilitan  para dictar el fallo con el cual  dirime   la   relación   procesal   y   con   ella   decide   la   suerte   del  procesado.   

          Así,   cuando   en   el   proceso   existen   diferentes  elementos  probatorios,  con  la  valoración  en  bloque  de todos ellos el Juez asume una  cierta  postura  reveladora  de  la  forma  como,  en  su  racional entender, se  desarrollaron  fenomenológicamente  los  acontecimientos investigados, quiénes  son  sus  autores  y  cuál el grado de responsabilidad que en la ejecución del  punible les concierne.   

          En  este  orden  de  ideas,  el  testimonio  único no es, entonces,  prueba  exclusiva  de la que sin remedio deba nutrir su conocimiento el juzgador  en  detrimento de otras que legalmente incorporadas en el proceso le señalen el  camino  reconstructor  de  los hechos. Y esto es así aún en el supuesto de que  la  atestación  insular  sea  la de aquél que, además de autor de los hechos,  fue único testigo de la forma como éstos se desarrollaron.   

          De  esta  forma,  para que fuera promisorio el ataque con fundamento  en  la  causal  primera  en  la  modalidad  de  violación  indirecta  de la ley  sustancial  por  error  de  hecho debido a un falso juicio de identidad sobre el  testimonio  rendido  por  el  testigo único de los hechos, era necesario que el  censor  no  sólo  demostrara  el yerro consistente en la tergiversación de que  fue  objeto  el contenido material del medio probatorio, sino que además debía  poner  en  claro  cómo  retirando  del examen conjunto de las pruebas la que se  demuestra  viciada,  el resto de los elementos de convicción eran insuficientes  para soportar la decisión censurada.   

          Nada  de  lo anterior se hace en la demanda, dando al traste con las  pretensiones  de casación del fallo, amén de que veladamente el propósito del  actor  consiste en desdeñar, sin razones, las pruebas que sirvieron de apoyo al  Tribunal  para  configurar  la  responsabilidad dolosa del procesado, para en su  lugar,  auspiciado  en  un  supuesto falso juicio de identidad, relievar algunas  frases sueltas del testigo.   

          Con  esta  maniobra  el censor no sólo da muestras palmarias de una  inadecuada  comprensión  del falso juicio de identidad, sino que además revela  un  erróneo  entendimiento  de  los contenidos de la sentencia impugnada, en la  cual   claramente   se   dice   que   el   mencionado   testimonio  “conjuntamente  con  los  restantes  elementos  de  juicio  atrás  relacionados,  dan la certeza al juzgador de que el comportamiento atribuible en  la  acusación  al señor ANDRES ESCAMILLA se adecúa, legalmente, al tipo penal  de  homicidio  intencional  por  el  que  resultara  condenado y nunca por dicha  ilicitud  pero  bajo un tipo de culpabilidad culposa”  .   

          Fue  entonces  la  apreciación  en  conjunto  de las pruebas lo que  permitió  al  sentenciador  establecer  que  el propósito del procesado no era  “simplemente  el de hacer desistir a su primo MANUEL  en  la  perpetración  del  ataque  que  se  dice  le  propinaba con un palo”,  sino  uno diferente, pues de lo contrario “el  resultado  no hubiera sido de las características y magnitud  del  observado  en  la  humanidad  corporal  de  éste  último”; todo  lo  cual  llevó al Tribunal a concluir sobre la imposibilidad  de  que  en  un  solo  instante  de  la contienda se produjera la repulsa con el  inmediato  herimiento  de  la  víctima en tres partes diferentes del cuerpo, al  extremo  de ser una de ellas de proporción tal que el arma punzante penetró en  siete centímetros el pulmón izquierdo.   

          Así  pues,  la  peregrina  tesis del censor en el sentido de que de  las  textuales  expresiones  del  testigo  Tirso  Venecia Escamilla se colige el  comportamiento  culposo  en  la medida en que el procesado se limitó a resistir  el  ataque  produciéndose  sin intencionalidad la muerte del portador del palo,  no  es más que el aprovechamiento descontextualizado de una frase cuya adecuada  interpretación   halló   eco  en  el  examen  del  Tribunal  al  decir  en  la  sentencia:   

“…dos fueron  los  momentos  que  integraron,  según  este  testigo,  el accionamiento por el  procesado  realizado  que  culminara  con  la muerte de su atacante. Uno inicial  hecho  consistir  en  el  instante en que ANDRES, parado de espalda, se voltea y  ‘como  con  el  rabo del  ojo’ ve que MANUEL se le  encimaba  para darle con el palo, que fue precisamente aquél en el que intentó  aguantarlo  con  la  navaja  para  no recibir el golpe, y el otro consistente en  aquel  con  ocasión  del  cual,  al  no  lograr que MANUEL se abstuviera en sus  propósitos  y  recibir  el trastazo, reacciona casi que al unísono y le da con  el  arma  corto  punzante a su acometiente, ya que al intentar descomponer dicho  aparte  y  encerrar  en  un  solo  momento  el  comportamiento  ejecutado por el  encartado,  no  se  tendría  el  espacio de tiempo en el que éste, en un mismo  instante,  intenta  aguantarlo  con la navaja a la vez que herirlo al ver que no  lo   había   logrado   e   iba   consecuencialmente   a   ser   objeto   de  la  agresión”.   

          Así   las   cosas,  pierden  total  vigencia  las  reflexiones  del  casacionista  en  cuyo  vano  intento llega a considerar que por el carácter de  testimonio  único, quedaba privado el juzgador de la posibilidad de analizarlo,  como  si  tal  prueba  gozara  de  un específico tratamiento, diverso al de los  demás  elementos  de  convicción.  Un  planteamiento de este jaez desconoce la  libertad  del  juez  para  apreciar la prueba conforme a los dictados de la sana  crítica  que,  como  atrás  se dejó dicho, en el más genuino de sus sentidos  aplicó   el   ad  quem  sin  descuidar  la autenticidad de la prueba, solo que por serle opuesta su lógica y  racional  estimación  a  los  intereses  del  procesado,  para  descalificarla,  artificiosamente   el   actor   plantea   un   inexistente   falso   juicio   de  identidad.   

          En  este  orden de ideas, desvalida queda la demostración del cargo  propuesto  como  fundamento de la impugnación extraordinaria; sin que ésta sea  la  única  falencia  de  la  demanda,  pues  además  si  el  censor  aduce  la  transgresión  indirecta  de  la  norma  que prevé el análisis conjunto de las  pruebas  -artículo  254 del anterior Código de Procedimiento Penal ( 238 de la  ley  600  de  2000),  en  su  discurso  para  nada  hace referencia acerca de la  necesaria   concatenación   de   lo   que   expresamente   dice  el  testimonio  supuestamente  distorsionado  con  el resto de las pruebas, como tampoco aparece  esfuerzo  alguno  para  destacar el posible rompimiento de las reglas de la sana  crítica  en la apreciación hecha por el juzgador, único camino que le hubiera  permitido    sacar   avante   la   supuesta   conculcación   de   tal   mandato  procesal.   

          Bien  distinto es el planteamiento del impugnante en casación, pues  todo  su  discurso  se  centra en lo que a su juicio es la correcta apreciación  del  testimonio  en  cuestión,  pero  desligado del resto del acervo probatorio  respecto  del  cual  guardó  estratégico silencio, sin parar mientes en que el  fallador  sí  examinó en conjunto el haz probatorio, que incluía la necropsia  y  las  fotografías,  todo  lo  cual  mostró  como realidad ontológica que el  procesado  no  accionó  en  una sola ocasión el arma y que al recibir el golpe  con  el  madero  no  se encontraba de espaldas a su contrincante sino de frente,  como  lo  mostraba  la  ubicación  de  su  herida  en  la esfera parietofrontal  derecha.   

          El cargo no prospera.   

          Como  la  pena  establecida  en  el  nuevo  Código  Penal  para  el  homicidio  es  notoriamente inferior a la que consagraba el estatuto por el cual  fue  sentenciado  el  impugnante  en casación, el Juez de Ejecución de Penas y  Medidas  de  Seguridad examinará la posibilidad de dar aplicación al principio  de favorabilidad.   

          En  tal  virtud,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL, administrando justicia  en  nombre  de  la República y por autoridad de la ley         ,   

RESUELVE  

NO    CASAR  la sentencia impugnada.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese, devuélvase al Tribunal de origen y  cúmplase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                JORGE     CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

NILSON    PINILLA   PINILLA                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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