10688mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N° 10688  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                   

Magistrado Ponente:  

Dr. MARIO MANTILLA NOUGUES  

Aprobado  Acta  No.  039      

Santafé  de  Bogotá,  D.C., quince (15) de  marzo del dos mil (2000)   

Decide  la  Corte  el  recurso  de casación  interpuesto  por  el Procurador 62 en lo Judicial -Asuntos Penales de Cali- y la  defensa   del   procesado   JULIO   CESAR  GUTIERREZ  GUTIERREZ,  contra  la sentencia dictada el 2 de  diciembre  de  1994,  por  medio  de  la  cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cali  condenó a dicho procesado a la pena principal de cuarenta y  dos  años  de  prisión  y  a  la  accesoria correspondiente por los delitos de  homicidio agravado y hurto.   

         

ANTECEDENTES  

1.-  En la noche del 2 de octubre de 1993 el  médico        Mario       Alfredo       Correa  Rengifo   después  de  haber  compartido  unos  tragos  en  reunión  con unos colegas en la residencia de uno de éstos en  la  ciudad  de  Cali;  aproximadamente  hacia  las  2 de la madrugada se retiró  conduciendo   su   automóvil,   marca  Daewoo  modelo  1993.  Por  efectos  del  alicoramiento  que  presentaba,  después  de  detener  la marcha del vehículo,  permaneció  dormido  en  la  calle durante un tiempo, situación que aprovechó  Julio   César   Gutiérrez   Gutiérrez  para  trasladar  el  automotor junto con el galeno  hasta el  “Basurero  de  Navarro”,  sitio conocido públicamente en Cali como botadero  de  cadáveres  y  de  basura:  en  donde lanzó a tierra  a Correa Rengifo  pasándole   el  carro   sobre  su  cuerpo,  y  en ese orden le causó  lesiones que determinaron su muerte horas después.   

Como  se  avisara del extravío del referido  vehículo,  ya  hacia  la  tarde  del  día  3  del  mencionado mes, la Policía  encontró    a    GUTIERREZ   GUTIERREZ  en  la  calle 25 con cra. 16 de Cali, en momentos en que  se  dedicaba a desvalijarlo,  momento en el cual fue capturado.   

2.-  La  Fiscalía 117 abrió investigación  (fl.8)  y vinculó al sindicado  con indagatoria , profiriéndole medida de  aseguramiento,  y tras el acopio de numerosas pruebas, cerró la investigación,  que   fue   calificada   con  acusación,   imputándole  el  concurso  de  delitos  de homicidio  agravado  y  hurto  calificado  y agravado, según resolución confirmada por la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal de fecha   marzo 18 de 1994 (fdls.136 y 170 y ss.).   

3.-  Correspondió  al  Juzgado  8 Penal del  Circuito  de  Cali tramitar el juicio; y una vez celebrada la audiencia pública  dictó  la  sentencia  de  primera instancia  condenándolo  a la pena  referenciada,  haciéndole la imputación del homicidio bajo la culpabilidad del  dolo eventual (fls. 313, 285-317).   

Contra  este fallo apelaron el Procurador 62  en  lo  Judicial  y  la  defensa,  pero  el  Tribunal  Superior  del Distrito lo  confirmó  teniendo  implícitamente  como  culpabilidad  del  homicidio el dolo  directo  (primer aparte del artículo 36 del C.P.).   

Inconformes  los  mismos  sujetos procesales  interpusieron el recurso extraordinario de casación.   

LAS DEMANDAS  

I.-    DEL    PROCURADOR   62   EN   LO  JUDICIAL   

Hace un cargo único al amparo del artículo  220-1   cuerpo   segundo  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  “violación  indirecta  por  aplicación  indebida  de  los arts. 36, 323 y 324-2 del Código  Penal,  modificados  por  los  arts.  29  y  30  de la ley 40 de 1993 y dejar de  aplicar  los  arts.  37  y 329 del Código Penal, por incurrir los juzgadores de  instancia  en  errores  de  hecho  por falso juicio de  existencia al omitir valorar la prueba documental que  obra  a  folio   61;   y  falso  juicio  de  identidad  por  apreciación  errónea  de los hechos  confesados  por  el  procesado  ante el Fiscal de Permanencia y los agentes  de  policía que lo capturaron desvalijando el carro del médico Correa Rengifo.  Estos  errores fueron determinantes en la condena del procesado por el homicidio  a  título de dolo eventual,  cuando  de  no  haber  mediado  esos errores correspondía hacerlo por homicidio  culposo…” (fl.387).   

Trascribe  el  censor  la referida “prueba  documental”,  constituida  por el informe suscrito por los agentes de policía  Jesús  Abonía  González  y  Rivier  Ocampo   y que reposa a folio 61 del  expediente.   

Añade que del citado informe se extraen dos  cosas:  la  primera  que  el  automotor,  ya  en manos del procesado, se puso en  marcha  y “coincidencialmente” llegó al Basurero Navarro, y la segunda, que  Gutiérrez   Gutiérrez  afirmó  explícitamente  su  creencia  de  que  “las  acciones  por  él ejecutadas” no le iban a causar la muerte al médico Correa  Rengifo.   

Considera que el sentenciador partió “ de  simples  conjeturas”  para  arribar  al  dolo (fl.393) y que el abandono de la  víctima  en  el  Basurero  Navarro “tampoco tiene la virtud de mudar (sic) el  hecho  culposo  en  doloso”.   Sostiene  al  apreciar  la  confesión del  procesado  que  el  Tribunal incurrió en falso juicio de identidad, al apreciar  la  confesión  del  procesado,  en  cuanto distorsionó su contenido pues de la  “connotación   explicativa”  (fl.395)  de  la  misma,  el sentenciador  dedujo los factores subjetivos configurativos del dolo eventual.   

Pide, pues, casar la sentencia y condenar por  homicidio culposo.   

II.- LA DEFENSA  

Esta   alegación   (fls  400  y  ss.)  es  sustancialmente  igual  a la anterior. También sostiene que el referido informe  policial  de folio 61 “demerita el poder incriminatorio de las versiones dadas  por  los  agentes  Casas  y  Orozco  Briñez”  (fl.415)  e  insiste  en que el  procesado   no   confesó   “los   componentes   inmersos   en   el  suceso”  (fl.416).   

La  petición,  desde  luego,  es  también  idéntica a la del Procurador  demandante.   

EL MINISTERIO PUBLICO  

El  señor Procurador Tercero Delegado en lo  Penal  dice  en  primer término que si se lee con atención el referido informe  de  folio  61,  “se  descarta  el  análisis  que  sobre la misma elaboran los  recurrentes”   y  agrega  que  ningún  reproche  merece  la credibilidad  otorgada  por  el sentenciador a las declaraciones de los agentes Casas y Orozco  Briñez,  las  cuales, de otra parte, armonizan con la confesión del procesado,  pruebas  estas  últimas  de  las cuales despréndese que no hubo ni “asomo de  imprevisibilidad”  en el homicidio del médico, como erróneamente afirman los  censores,   quienes   son   justamente   los  que  “tergiversan  la  prueba”  (fl.10).   

Añade que el “no creer que le iba a causar  la  muerte”   que  se  lee  en  el comentado informe de folio 61 “es en  realidad  un  agregado  de  los  policiales  que  lo  suscribieron,  mas  no una  manifestación  del procesado”,  la que si está en la indagatoria cuando  dijo   que  “de  malas que las llantas le pasaron por encima”,  lo  que  evidentemente  ayuda  a  demostrar  que  el  encartado (sic) se representó  mentalmente  la  posibilidad  que  con su actuar era posible la ocurrencia de la  muerte  y  no  obstante  aceptó  la  alternativa  y  por  tanto  su proceder es  ilustrativo de conducta bajo la forma del dolo eventual” (fl.11).   

Concluye,  entonces,  que  el  alegado falso  juicio de existencia no se estructura .   

Con  respecto  al  falso juicio de identidad  considera  que no tuvo ocurrencia, porque en el estudio de la confesión no hubo  distorsión  de su contenido, sino que en cabal entendimiento, que se extiende a  las  demás  pruebas,  y especialmente a las versiones posteriores del procesado  en  ampliación  de  su indagatoria llevaron al fallador a la determinación del  dolo  eventual,  figura de la cual hace un detenido estudio a manera de refuerzo  de su criterio adverso a la demanda.   

Observa  además  que  el   Tribunal al  referirse  a  la  culpabilidad  no dió cabida al dolo eventual que los censores  atacan,  sino  al dolo directo, pues se refirió “a la clara avidez del sujeto  para  matar  y mató” con lo que buscaba desprenderse de su estorbo, y que por  consiguiente “mal encausadas están las demandas”.   

         

Destaca  los  apartes pertinentes del fallo  del  Tribunal   y  considera   que  en  últimas los argumentos de los  recurrentes  son  solo  opiniones particulares e interesadas “de la forma como  debieron  valorarse  las  palabras del acusado y las circunstancias que rodearon  el hecho,….”.    

Recuerda   que  las  consideraciones  del  sentenciador  prevalecen  sobre  las  del demandante y reitera que la actitud de  ‘indiferencia’  exhibida por el procesado luego de los hechos, ayuda a avalar el  dolo  con  que  actuó  respecto  del  homicidio,  dolo que “en realidad de la  primera  indagatoria  en  sana  crítica se conoció históricamente”, lo cual  “contrarresta   eficazmente  el  argumento presentado por los censores en  el  sentido  de  que  de  las atacadas pruebas no aparecía demostrado el ánimo  hallado  por  el fallador sino otro”. Además estima incompleta la censura por  recaer  exclusivamente  en  la valoración de la confesión, cuando existen  otras pruebas que sustentan el fallo de condena.   

Pide   entonces   no   casar   el   fallo  impugnado.   

CONSIDERACIONES  

1.-  El  falso  juicio      de     existencia      en     la     apreciación     de     la  prueba               documental.   

En  el informe de folio 61 ya referido, los  agentes  de  Policía Jesús Abonía González y Rivier Ocampo ,  al narrar  la  “forma  como  ocurrieron  los  hechos”  dicen que, una vez capturado, el  procesado,    “al    ser   interrogado   delantel  (sic)   Fiscal 117 Permanente manifiesta que en  horas  de  la madrugada él observó el vehículo en mención cuyo tripulante se  encontraba  dormido  procedió  subirse al vehículo logrando prenderlo saliendo  con  rumbo desconocido  y llegando coincidencialmente a Navarro desalojando  al  SR  del  vehículo  de  un  puntapié  y  en  el  momento  de arrancar dicho  automóvil  pasándolo  por  encima,  pero nunca se imaginó que esta acción le  fuese a causar la muerte”.   

Fácil  es  constatar,  pues, que allí los  referidos  policiales se limitan a dar su  versión  de  lo que el procesado dijo en la indagatoria rendida  el  3  de  octubre  de 1993  ante el Fiscal “117 de Permanencia”,   diligencia   que  se  aprecia a folios 13 y 14 y  en  la  cual  no dice lo que se acaba de leer en el informe policial,  sino  que  :  “el carro me lo llevé para Navarro, para dejar  ese  man   por  aya  (sic)….yo  lo tiré a la calle, y de malas porque le  pasó  una de las llantas por encima, la de atrás del lado derecho…” (fl.13  vto.).   

Siendo  que  el  relato  de  los policiales  González  y  Ocampo  vertido  en el informe cuya omisión evaluativa pregona el  censor,  está  referido a la exposición del procesado en la indagatoria tomada  por  el  referido  Fiscal  117  de  Permanencia: “ al ser interrogado delantel  Fiscal”  dice  el  documento, es evidente que la indagatoria, y no el informe,  era  la  prueba  de  contenido  más fiel, por registrar la versión directa del  procesado.           

Por  consiguiente,  al dejar de apreciar el  informe  en mención, no incurrió el fallador en error de hecho trascendente, y  sabido  es,  que  solo  los  errores de este rango alcanzan significación en el  recurso de casación.   

Por    esta    razón   el   cargo   no  prospera.   

         

2.-  Falso  juicio  de  identidad  en  la  apreciación de la confesión.   

Al  encarar  la  mencionada  inanidad  del  informe   policial,   este  segundo  argüido  error  queda  sin  piso,  ya  que  pierde  toda la confrontación que nutre el reproche  del casacionista.   

El  propósito  homicida  que  el  Tribunal  dedujo  a  lo  largo  de  sus  reflexiones  probatorias  y  que  con  razón  la  Procuraduría  destaca para glosar la demanda por atacar una figura jurídica no  contemplada     en     la     sentencia     acusada     aparece     explícito en la citada confesión. En  efecto  en esta diligencia,  el procesado dijo que “lo tiré a la calle y  de  malas  porque le pasó una de las llantas por encima” y que “el carro me  lo  llevé  para  Navarro,  para  dejar  ese  man  por hayá (sic.fl. 13 vto. se  subraya).   

Y la referida culpabilidad fue la misma que  el  acusado  manifestó  en  otra  de las pruebas analizadas por el fallador, el  testimonio  del   agente  que lo capturó, Bernardo Casas, quien precisa lo  afirmado   por   aquél,   en   el  sentido   que  “lo  había  asesinado  por    robarle    el  vehículo    y   lo  habían  dejado  en  vía  a  Navarro  o  por  el  por  basurero…” (fls. 10 vto. y 203).   

Así las cosas,  no consulta la verdad  la  censura de que la confesión vertida por el procesado en la injurada hubiera  sido   distorsionada   en   su   contenido   para   deducirle   la  culpabilidad  dolosa  eventual en el homicidio.  Por  un  lado el dolo que resulta de la apreciación realizada por  el  fallador  de  segundo  grado, no es el eventual, sino el de la primera parte  del  artículo 36 del C.P., es decir el conocido como directo; dijo el Tribunal:   

“Cuando  una  persona  arroja  desde  un  vehículo  automotor  un  cuerpo  a la vía pública con el fin de deshacerse de  alguien  que  considera  estorboso  para sus actividades ilícitas, generalmente  deja  la  huella  de  su propósito no homicida bien sea arrastrándolo hacia un  lugar  seguro  a  la  vera  del  camino  o  carretera,  o   -cuando  menos-  desarrolla  movimientos   vehiculares destinados a no tropezar  con el  cuerpo,  especialmente  si  saber  que  la persona está viva, y más aún si se  puede  cerciorar  de  su  estado  de  indefensión  por  razones de embriaguez o  consumo  de  alucinógenos.  Pero  en  el caso de autos, el señor Gutiérrez no  dice  haber tomado alguna de esas precauciones a pesar de sostener que no estaba  ebrio  cuando todo esto sucedió, y por el contrario, hace gala de su indolencia  cuando  enjuicia  a  su  víctima  como  un “gay” u homosexual, por lo visto  indigno  de  cualquier  consideración  humanitaria  que  relieva  con una frase  lapidaria     suya    que    es    importante    resaltar:     “y   de   malas   porque   le  pasó  una  de  las  llantas  por  encima”,   atropello  que vino a desencadenar  precisamente  el  deceso  del profesional. Esto precisamente no es significativo  de  la  imprevisión  de  lo  previsible,  ni  mucho  menos el confiar evitar el  resultado.  Su proceder fue manifiestamente doloso, quiso matar y mató, pues no  hay  otra  alternativa  racional  para  entender  el  resultado  de  su  acción  criminal”.   

         

Estas reflexiones del Tribunal indican que  efectivamente,  como  lo  advierte  la Procuraduría, el reproche está dirigido  contra  un  aspecto  no contemplado en la sentencia, y ello conlleva la falta de  claridad  en  la fundamentación de la causal aducida, por desconocimiento de la  exigencia  formal  prevista  en  el  numeral  3  del  artículo  225  del  C. de  P.P..   

De  otro  lado, la valoración que hizo el  fallador  de  tal  prueba,  fue la que en sana crítica correspondía, de suerte  que  resulta exagerado pretender, como equivocadamente lo hacen los demandantes,  afianzar  en  este  inexistente  error,  la  importancia  del  falso  juicio  de  existencia  en comentario en la no apreciación del ya referido informe policial  del folio 61 del proceso.   

Al  Juez corresponde, con fundamento en la  prueba  disponible, dentro de la cual para este caso, el dicho del procesado, es  apenas  una  prueba;  y  en  el   ejercicio  de la crítica racional que le  impone  el artículo 254 del C. de P.P., establecer la clase de culpabilidad con  la  cual  aquél  desarrolló  su  actuar.  Así,   se repite lo asumió el  Tribunal   y  por  ello  concluyó  de  la  manera conocida, avalada por la  Procuraduría  en  términos  que  la Corte encuentra aceptados:  “….Lo  dicho  por  el  procesado en su primera salida fue lo creído por los juzgadores  para  quienes  en  nada  el  relato  ofrecido por el indagado era delator de una  conducta culposa y por el contrario, sí demostrativa de dolo.   

Y como, si bien lo aceptan los actores que  el  autor  material  del  homicidio  fue  el acriminado, era apenas obvio que el  juzgador  determinase  a través de las pruebas de qué manera podría reprochar  su actuar.   

Así, de las propias palabras del acusado,  las  que  utilizó  en  su  inicial  indagatoria pues las de las ampliaciones no  fueron  creídas  por  ser exculpaciones no válidas, pudo establecer la primera  instancia  que  el sujeto aceptó como posible el resultado previsible y asumió  la producción del resultado”. (fls.12 -13 cdno.Corte).   

Al  admitir el procesado haber abordado el  vehículo  del  occiso,  que  se  hallaba  aparentemente  dormido  o ebrio y que  poniéndolo  en marcha se dirigió al lugar llamado “Navarro” para arrojarlo  “a  la  calle”  manifestando…  “y  de  malas  porque le pasó una de las  llantas   por   encima”   (fls.13-13vto.cdno.ppl.).  Para  retirarse  luego  a  desvalijar  el  automotor  (fl.10  vto.cdno.ppl), surge de lo anterior de manera  evidente   que   el   procesado   conoció  el  hecho  punible,   quiso  su  realización y la aceptó.   

En definitiva esta censura no está llamada  a  prosperar,  ni  por  su  aspecto   técnico, ni por lo intrínseco de su  contenido.            

El   fallo   atacado,   pues,   no   se  casará.   

Por   lo   expuesto,   la   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE CASACION PENAL,  de acuerdo con el Ministerio Público, administrando justicia en  nombre      de      la      República     y     por     autoridad     de     la  Ley,                

RESUELVE  

        NO  CASAR el fallo recurrido. En firme,  devuélvase al Tribunal de origen.   

Cópiese    y    cúmplase.   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              

FERNANDO     E.     ARBOLEDA     RI  POLL              JORGE E. CORDOBA POVEDA   

                    No hay  firma   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE                       JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                            CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR                                  

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                                      NILSON PINILLA PINILLA   

                                                                                                     No hay firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *