10683(28-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 10683  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado  ponente:   

  Nilson Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N° 026  

Bogotá, D. C., febrero veintiocho (28) de dos  mil dos (2002).   

ASUNTO  

Decide  la  Corte la casación interpuesta en  defensa  de  ÉDGAR  FRANCISCO BORRERO VALDERRAMA, contra el fallo por medio del  cual  el  Tribunal  Superior  de Florencia confirmó el proferido por el Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de esa ciudad, que lo condenó a 36 meses de prisión  por el delito de peculado por apropiación.   

HECHOS  

Mediante resolución 0892 de abril 21 de 1993,  el  Alcalde  de  Florencia  (Caquetá)  autorizó  al  Tesorero Municipal ÉDGAR  FRANSCISO  BORRERO VALDERRAMA para retirar un avance de $8.000.000, destinados a  la  adquisición  de  elementos deportivos y adecuación de parques, que giró y  cobró  (cheque N° I-2344025 del Banco de Bogotá), sin luego rendir cuentas de  la    inversión.    El    día    de    la    audiencia   pública   reintegró  $1.280.000.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en lo informado por el almacenista  Ramiro  Mora  Cuéllar,  fue  iniciada  la  investigación  y  se  oyó a varios  empleados  del  municipio  en  indagatoria,  pero  sólo  se  impuso  medida  de  aseguramiento,  el  16  de  marzo  de 1994 (fs. 100 y Ss. cd. 1), consistente en  detención  domiciliaria,  al  ex  tesorero  BORRERO  VALDERRAMA,  contra quien,  cerrada  la  instrucción, se profirió resolución de acusación el 15 de junio  de  1994  (fs.  165  y  Ss.  ib.),  como  presunto  responsable  de peculado por  apropiación, precluyéndose a favor de los demás vinculados.   

Adelantado  el  juicio  por el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Florencia,  realizó la audiencia pública y profirió  fallo  condenatorio  el 1° de noviembre de 1994, imponiendo al acusado 36 meses  de  prisión,  $15.000  de  multa,  18  meses  de  interdicción  de  derechos y  funciones  públicas  y la obligación de indemnizar los respectivos perjuicios,  como  responsable  de  peculado  por  apropiación,  concediendo  la  ejecución  condicional de la pena (fs. 284 y Ss. ib.).   

Ante  apelación  del  defensor,  el Tribunal  Superior  de  Florencia  confirmó  el fallo, mediante sentencia de febrero 3 de  1995  (fs.  2  y  Ss.  cd.  Trib.),  contra  el  cual  dicho  defensor interpuso  casación.   

LA DEMANDA  

Con  apoyo  en la causal primera de casación  formula  el censor un único cargo contra la sentencia, por violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  con aplicación indebida del artículo 133 del Código  Penal  entonces  vigente,  al  no  tomarse en cuenta el testimonio rendido en el  juicio  por  el  denunciante Ramiro Mora Cuéllar, quien refiere que el anticipo  fue  invertido  por  el  Secretario  de Obras Públicas Municipales Rafael Díez  Polanco  en  la  compra  de cuatro motocicletas, ratificando así lo manifestado  por  el  acusado,  de modo que no es cierto que se haya apropiado de $8.000.000,  como dice la sentencia, ni que no haya ofrecido explicación.   

El  Tribunal  dio  por consumado el hecho, al  suponer  que  las  motos  fueron compradas antes, por valor inferior al avance y  radicó  la  responsabilidad  del  acusado  con  fundamento  en indicios y no en  “prueba  contundente”,  olvidando que en el proceso no quedó establecido de  donde  salió  el  dinero  para  la compra de esos vehículos, por lo que debió  creer  la  explicación del acusado, no estando probado que se haya apropiado el  dinero.   

Arguye  que  de tenerse en cuenta lo afirmado  por  el  denunciante  sobre  la  inversión del anticipo, la conclusión habría  sido  diferente,  lo  que  demuestra  que  se incurrió en “error de hecho por  falso  juicio  de  existencia” que conllevó aplicación indebida del referido  artículo  133,  por  lo  cual pide a la Corte “casar la sentencia demandada o  decrete la nulidad de la actuación”.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

Advierte  el  Procurador Segundo Delegado que  entra  de  lleno  a  sugerir  la  desestimación  de  la demanda “por la misma  desazón  formal  que arroja el escrito que se presenta”, pues a nada distinto  puede  conducir  la  escueta  invocación  de  la causal primera, percibiéndose  únicamente   el   anuncio   de   aplicación   indebida  y  como  único  rasgo  característico  de  la  vía  escogida la mención del error de hecho por falso  juicio  de existencia, por haberse omitido considerar la versión de Ramiro Mora  Cuéllar,  sin  que  la  claridad  “aflore  dentro del desarrollo del discurso  impugnatorio”.   

Ahonda   “aún  más  en  el  abismo  del  desatino”  que  si  la  prueba  indiciaria  resulta  idónea para condenar, no  otorgarle  credibilidad  al  dicho  del  denunciante  sea lo que impida un fallo  absolutorio,  lo  cual  significaría que la inconformidad no es por la omisión  del  elemento  de juicio sino por la valoración que hizo el ad quem, resultando  impertinente  la crítica que conduce a que la errada convicción provenga de la  falta  de  aplicación  de  un  valor  preestablecido  o  tarifa legal, ajena al  vigente sistema de apreciación probatoria.   

Además, la investigación estableció que la  compra  de  las motocicletas se realizó quince días antes de cobrado el cheque  del  avance,  de  modo que no tuvo ese fin la erogación, lo que permite colegir  que  “la  prueba  sí  se  valora  implícitamente  en las consideraciones que  llevan  a  los  sentenciadores  a  condenar,  pues, si se encuentra coincidencia  entre  la  versión dada por el procesado en indagatoria y la del testimoniante,  debe  entenderse  que  desvirtuada  la  primera,  la  segunda  cae por su propio  peso”.   

Marginalmente  reprocha  el Procurador que el  casacionista  plantee  también “la nulidad de la actuación”, lo que denota  el  desconocimiento  del verdadero sentido de la censura en casación y coadyuva  a la desestimación del cargo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Para  la adecuada formulación de un reproche  por  error  de hecho proveniente de falso juicio de existencia, referido en este  caso  a  la  falta  de  apreciación  de  una  prueba, no basta indicar el medio  probatorio  y  cómo fue ignorado, sino que es necesario demostrar la influencia  del  yerro  en  la decisión, de tal magnitud que la valoración omitida hubiese  cambiado el sentido de la sentencia.   

Se conformó el casacionista con manifestar su  extrañeza  por  no  hallar  mención  al  aparte  del testimonio de Ramiro Mora  Cuéllar  en la audiencia pública, del que infiere certeza de la inversión del  avance  por  $8.000.000 que recibió el acusado, pero olvidó que lo manifestado  por  éste  sobre  la  compra  de  las motocicletas no es novedoso, pues de ello  también  dan  cuenta,  además  del  propio acusado, la persona que sugirió al  Alcalde  la  adquisición  (Ives  Pacheco Álvarez), el gerente del almacén que  las  vendió  (Jesús  Oliverio  Chávez  Cadena)  y  el  usuario de uno de esos  vehículos  (Yuri  Alexander Cobaleda Espinosa), a quienes expresamente alude el  Tribunal, refiriendo apartes de sus declaraciones.   

Tampoco  tuvo  en cuenta que en la reseña de  los  fundamentos  de la impugnación aparece consignado el alegato de la defensa  en  ese  sentido,  “que el dinero recibido del avance por el procesado Borrero  Valderrama  lo  entregó  en  una  suma  igual  al secretario de obras públicas  municipales  doctor Rafael Díez Polanco, según las exculpaciones del acusado y  el  dicho  del  denunciante  Ramiro  Mora  Cuéllar,  puesto  que  éste último  sostiene  en  la  audiencia  que  el  ingeniero  Díez Polanco le manifestó que  había   comprado   las   motocicletas   con   el   dinero   correspondiente  al  avance”.   

Desconoció   además  el  censor,  que  en  respuesta  a  ese  argumento  el  Tribunal  precisó que “no comparte la tesis  presentada  por  la  defensa  sobre  que se trata de un peculado por aplicación  oficial  diferente,  en  razón  a que no existe prueba fehaciente al respecto y  también  a  que  la  aplicación  diferente  debe ser oficial, en tanto que, la  adquisición  de  las  motocicletas  no  se  hizo  por el procesado, sino por el  secretario  de  obras públicas municipales, dejando entrever en la negociación  fines  totalmente  personales  y  un  ánimo  de lucro por quienes efectuaron la  transacción  y  esa  particularidad hace desaparecer la figura del peculado por  aplicación oficial diferente”.   

Igualmente  descartó  esa  posibilidad  al  considerar  que  el  valor de las motocicletas fue inferior al del avance, no se  legalizó  la  cuenta  respectiva  y  se  estableció  la  anterioridad  de  esa  adquisición, con relación al cobro del cheque.   

Quiere decir que el cargo por falso juicio de  existencia  resulta   infundado,  no  solamente porque supone el censor una  falta   de   apreciación   que  no  es  cierta,  sino  por  no  demostrarse  la  trascendencia  que  sobre  el  sentido  del  fallo  habría  tenido el anunciado  yerro.   

Ahora, si lo que pretendía era demostrar que  las  pruebas  apreciadas  por  los  falladores  no eran aptas para establecer la  apropiación  del  anticipo,  como  parece darlo a entender cuando afirma que la  responsabilidad  se  dedujo  de  los “indicios existentes en su contra, mas no  como  resultado  de  prueba  contundente”,  debiendo  dársele  credibilidad a  ÉDGAR  FRANCISCO  BORRERO  VALDERRAMA  por  no estar probado que hubiera tomado  para  sí  ese  dinero,  escogió  la vía equivocada, pues tal planteamiento le  daría  razón  al  representante  del Ministerio Público, en que sería propio  del  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción, apuntando hacia un  sistema   probatorio   de  “tarifa  legal”,  opuesto  al  consagrado  en  el  procedimiento   penal   colombiano,   que   permite   al  juzgador  formarse  un  convencimiento  racional,  basado  en los postulados de la ciencia, la lógica y  la experiencia.   

Es  más,  tampoco acertó el casacionista al  considerar  que  la prueba de responsabilidad es indiciaria, pues estableció el  Tribunal  que,  con  apego a prueba testimonial y documental, quedó determinado  que  el  servidor  público  ÉDGAR  FRANCISCO  BORRERO VALDERRAMA, encargado de  custodiar  los  recaudos  del  municipio  de Florencia, “dispuso de la suma de  ocho   millones   de   pesos   que   le  fueron  entregados  mediante  avance  y  específicamente  para  la  compra  de  elementos  deportivos  y  adecuación de  parques.  Por  manera  que, puede decirse que el procesado se apropió de dichos  dineros  oficiales,  toda  vez que no los reintegró  en su totalidad y las  explicaciones  que  dio  sobre  el  extravío de éstos no tienen justificación  legal alguna”.   

En  efecto,  la  relación  de  pruebas de la  sentencia  del  Tribunal  comprende:  fotocopia  de  la resolución N° 0892 del  Alcalde  Municipal de Florencia, autorizando el avance; fotocopia del avance No.  068;  fotocopia  del  cheque  I-2344025  del  Banco  de Bogotá, por $8.000.000,  girado  a  favor  de  Francisco  Borrero  Valderrama;  copia  de  su  decreto de  nombramiento,  acta  de  posesión  y  certificado  de  tiempo  de servicio como  Tesorero   Municipal;    oficio  de  febrero  11  de  1994,  informando  la  Tesorería  Municipal  que  el  avance  No.  068  “no  ha  sido legalizado”;  facturas,    manifiestos    de    aduana   y   recibos   de   pago   de   cuatro  motocicletas.   

Así  mismo,  incluye  la apreciación de los  testimonios  de  Ramiro  Mora  Cuéllar  (Almacenista),  Ives  Pacheco  Álvarez  (Tránsito  y  Transportes),  Jesús  Oliverio  Chávez  Cadena, Yuri Alexánder  Cobaleda  Espinosa  (Inspector  de  Impuestos)  y  las  indagatorias  de  Édgar  Francisco   Borrero   Valderrama   (Tesorero),   Luis   Avelino  Salazar  Pasaje  (Secretario de Hacienda) y Néstor Javier Bahos Melo (Alcalde).   

Establecidas  por  los  medios  señalados la  condición  de  Tesorero, la autorización del avance y la entrega del dinero al  procesado,  sin que exista prueba legal de su inversión o devolución, salvo el  posterior  reintegro  de  $1.280.000,  no hay base para afirmar que la prueba de  responsabilidad  haya sido indirecta. Distinto es que pretenda el censor valerse  de  ese  sofisma  para  imponer  su  propio  criterio  por  encima  del  de  los  sentenciadores,  que  prevalece  por  estar precedido de la doble presunción de  acierto y legalidad.   

Como grave error técnico cabe mencionar, por  último,  la  impetración  que  efectúa  el  libelista,  inopinadamente  y sin  precisión  de  subsidiaridad, ni separación, a que se “decrete la nulidad de  la  actuación”,  aserto de tal carencia de fundamento y motivación, que deja  a la Corte sin algún asidero para tratar de entrar a considerarlo.   

Por todo lo expuesto en precedencia, el cargo  no prospera.   

Decidida la casación sin sustitución alguna  sobre  el  fallo  contra  el  cual  está  dirigida, la presente sentencia queda  ejecutoriada  el día en que es suscrita (art. 187 L. 600 de 2000, anteriormente  art. 197 D. 2700 de 1991) y no admite recurso alguno.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO    CASAR    el    fallo   condenatorio  impugnado.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE  E. CÓRDOBA  POVEDA                    

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS                              AUGUSTO                              GÁLVEZ  ARGOTE             

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO             ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                            

CARLOS       EDUARDO       MEJÍA  ESCOBAR      NILSON PINILLA PINILLA                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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