10499(11-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 10499  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 194  

         

         Bogotá,   D.   C.,   once   (11)  de  diciembre  de  dos  mil  uno  (2001).   

                                    VISTOS   

El 27 de mayo de 1994, el Juzgado 1º. Penal  del  Circuito  de Melgar (Tolima) condenó a LUIS ALBERTO COLLAZOS como autor de  dos  delitos  de  homicidio, en concurso homogéneo y, a su vez, en concurrencia  con  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal. Le impuso prisión de  18  años, interdicción de derechos y funciones públicas por un período de 10  años,  el  pago  de  los  perjuicios  materiales  y morales ocasionados con los  ilícitos    y    le   negó   el   derecho   a   la   condena   de   ejecución  condicional.   

Apelada  la  sentencia por el procesado, el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  mediante  sentencia  del 6 de octubre de 1994,  la   modificó  en el sentido de rebajarle la pena de prisión a 15 años y  6  meses y de revocar el término fijado para reparar los daños ocasionados con  los  ilícitos.  En  todo  lo demás la confirmó. La Procuradora en lo Judicial  Penal interpuso recurso de casación.   

Corresponde  a  la  Sala, ahora, decidir de  fondo el asunto.   

HECHOS  

Sucedieron el sábado 23 de Octubre de 1993  en   la  vereda  “Hoya  Grande”  del  municipio  de  Icononzo  (Tolima),  en  el  establecimiento  de  propiedad  de  HERNÁN  PÉREZ  COLLAZOS,  donde estuvieron  departiendo  y tomando licor desde tempranas horas de la tarde, el citado PÉREZ  COLLAZOS,  ELICINIO  PÉREZ  C., ALEJANDRO PÉREZ, LUIS ALBERTO COLLAZOS, RAMÓN  DÍAZ,  ALBERTO  LAUTERO  ROJAS, JOSÉ SANABRIA, JOSÉ ARNULFO RINCÓN, OCTAVINO  GONZÁLEZ,  GERARDO  MÁRQUEZ, ALBERTO BERNAL y GERARDO PINTO. Aproximadamente a  las  8:00 p.m. se presentó una riña entre ALBERTO BERNAL y HERNÁN PÉREZ, que  generó  en  una  trifulca  de  todos  contra todos, en el curso de la cual LUIS  ALBERTO  COLLAZOS disparó su revólver contra ISIDRO MONTENEGRO y JOSÉ ALBERTO  LAUTERO ROJAS, causándoles la muerte.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         El  lunes  25  de  Octubre  de 1993, la señora MARÍA STELLA ORTIZ  TORRES  denunció ante el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal de Icononzo a LUIS  ALBERTO  COLLAZOS  a  quien  sindicó  de  la autoría de la muerte de su esposo  JOSÉ  ALBERTO  LAUTERO ROJAS y de ISIDRO MONTENEGRO, consecuencia de los hechos  ya narrados.   

Ese  mismo  día,  el  despacho  abrió  la  instrucción,  informó  a  la Unidad Seccional de Fiscalía de Ibagué y libró  orden  de  captura  contra  el  imputado. En el curso de los 20 días siguientes  escuchó  en  declaración  a  varios testigos -20, en total-, dentro de ellos a  unas  de  las  personas involucradas en el conflicto que originó los decesos, y  obtuvo  las  diligencias  de necropsia practicadas a los finados ALBERTO LAUTERO  ROJAS  e ISIDRO MONTENEGRO.   

         El  18 de Noviembre de 1993, el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal  de  Icononzo  remitió  la  actuación  a  la  Unidad  de  Fiscalías  de Melgar  (Tolima), por competencia.   

         Correspondió  el conocimiento de las diligencias a la Fiscalía 43  de  Melgar,  oficina  que el 13 de diciembre de 1993 se apersonó de las mismas.   

         El  8  de Febrero de 1994, LUIS ALBERTO COLLAZOS se presentó a tal  despacho,  fue remitido de inmediato a la cárcel del circuito local y escuchado  en  indagatoria  el  11 de febrero siguiente. Como para la práctica de la misma  manifestó  no  tener abogado, la fiscalía le nombró de oficio al Dr. GAMALIEL  MARTÍNEZ  OROZCO, quien dijo no tenía tarjeta profesional y que por ello sólo  lo  asistiría en esa diligencia. En su injurada el procesado aceptó haber sido  el  autor  de  los  homicidios  objeto de investigación, pero señaló, con sus  palabras,  que lo había hecho en defensa personal, toda vez que LAUTERO ROJAS e  ISIDRO MONTENEGRO lo  atacaron primero con arma blanca.   

         El  14  de  Febrero  de 1994, la fiscalía ordenó la recepción de  varios  testimonios  y mediante resolución del 16 del mismo mes le resolvió la  situación  jurídica, imponiéndole detención preventiva como autor de los dos  homicidios.  Esta  decisión  le  fue  notificada  al  procesado  y al Personero  Municipal.   

         Por  petición  que  aquél  hiciera  el  22 de Febrero de 1994, la  fiscalía  lo  escuchó  en  ampliación de indagatoria el 24 de marzo del mismo  año,  y  como  constatara  que  no tenía defensor designado en ese proceso, le  nombró  de  oficio  para  esa diligencia a una persona honorable de la región,  ante  la  ausencia  de  un  letrado.  En esta diligencia el procesado indicó al  funcionario  instructor  que  a consecuencia  de la “balacera” que hubo  la  noche  de  los  hechos,  el  carro  de  ELICINIO  había recibido un disparo  (“ahí  en  el  carro  quedó  un  tiro”), acordó con la fiscal que el 4 de  abril  su  esposa  haría  llegar  el  revólver,  y  le  solicitó  apoyo  a la  funcionaria:  “también le quiero pedir, como de leyes no se nada, colaboración  a Usted, en el sentido de lo que me sucedió”.   

         Como  la  señora  MARISOL  GUZMÁN LIÉVANO, esposa del procesado,  entregara  al  despacho  el  revólver  que  este había utilizado, la fiscalía  dispuso  la  práctica  de  inspección  al mismo, diligencia realizada el 18 de  abril siguiente.   

         El  20  de  abril,  el  instructor  autorizó al sindicado vista al  expediente,  por  petición  que  éste  le hiciera argumentando que carecía de  defensor  y  quería saber el estado actual del proceso, con el fin de solicitar  algunas pruebas en pro de su defensa.   

         El  27  de  abril  de  1994,  la  fiscalía  ordenó  al comando de  policía  del  lugar  la remisión del revólver con el objeto de enviarlo junto  con  “la  esquirla-  proyectil” al Instituto Nacional de Medicina Legal para  que  se les practicara el correspondiente estudio de balística. El 28 del mismo  mes escuchó en declaración a otra persona.   

         “Teniendo  en  cuenta  que  hasta   la fecha no ha designado  defensor  por  parte del procesado”, el 2 de mayo de 1994 la fiscalía nombró  como tal a una profesional, de oficio.   

         El  5  de  mayo  de  1994,  la  letrada  designada  de “oficio”  presentó  al  despacho  un  poder  que  le  otorgara el procesado, así como un  memorial  suscrito  por ambos, del siguiente tenor: “1. Se sirva fijar fecha y  hora  para la celebración de una audiencia, para manifestar a Usted mi deseo de  colaborar  eficazmente  con  la  justicia,  de  acuerdo  a  lo establecido en el  artículo  369  A  del C. de. P. P., contribuyendo a la determinación del autor  de  un  delito  de  porte  ilegal  de  armas. Igualmente para que se me tenga en  cuenta  además  de  la  confesión  hecha  de  mi  participación en los hechos  investigados,  mi presentación voluntaria ante su despacho. 2. Posteriormente a  este  acuerdo,  desde  ahora  manifiesto  mi  deseo  de  que  se dicte sentencia  anticipada  conforme  al  artículo  37  del  C. de. P. P.  3. Suspender la  actuación para efectos de la negociación”.   

         Al  día siguiente, la fiscalía 43 se pronunció así: “Teniendo  en  cuenta  la  petición  elevada…  se  dispone  llevar  a cabo diligencia de  audiencia  especial,  conforme a lo previsto en el artículo 44  del C. de.  P.  Penal,  en  su  artículo  369 A de la nueva ley 81 de 1993, para lo cual se  señala…”.   

         El  9  de  mayo  de 1994 fue celebrada la “Audiencia de sentencia  anticipada…de  conformidad  con  el  artículo  37  del  C.P.P.”.  Del  acta  respectiva  se  desprende,  entre  otras  cosas,  que  “…La  suscrita fiscal  teniendo  en  cuenta  esta  colaboración  que  invoca  el  procesado,  somete a  consideración  o aprobación de la señora juez el acuerdo, con el procesado de  una   disminución  de  una  sexta  parte   de   la   pena   a  imponer  por  razón  de  esta  colaboración    invocada,    ya   que  ciertamente  está  probado dentro del proceso que el hoy procesado se presentó  voluntariamente  ante  esta  fiscalía,  confesó  libre  y  espontáneamente la  autoría  del  delito  sin  que  hasta estos momentos haya surtido prueba que la  desvirtúe,  y  ciertamente  ha  entregado  el  arma que dice haber cometido los  homicidios…siendo  estas  las  razones que le asisten al despacho para acordar  esta  disminución  por  colaboración  en  una sexta  parte, por lo que el procesado responde: Que está de  acuerdo  en  esa  sexta  parte  tasada  por esta colaboración…” (resalta la  Sala).   

         El  27  de  mayo  de  1994,  el  Juzgado 1º. Penal del Circuito de  Melgar profirió el fallo, sobre estas bases:   

         a)  Se  trata  de  dictar “sentencia anticipada” de acuerdo con  los cargos formulados y aceptados por el imputado.   

         b)  La  responsabilidad  se  encuentra certeramente demostrada: dos  delitos de homicidio y uno de porte ilegal de armas, en concurso.   

         c)  “En  cuanto a la confesión del procesado, esta se tendrá en  cuenta  dentro  del beneficio por colaboración eficaz  consagrado   en   el   artículo  369  A.  C.  P.  P.  (adicionado  ley  81/93  art. 44) ya que el ordinal e) del citado artículo así  lo  determina  y  en  razón  de  la  presentación voluntaria ante la autoridad  judicial  y  a  la entrega del arma con que se cometió el delito, es procedente  su  concesión.-  Por  haber solicitado que se dicte sentencia anticipada, a las  voces del artículo 37 ibídem, procede la rebaja en cita”.   

         d)  La  dosificación  de la pena se hizo así: (1) Con base en los  artículos  61,  66 y 26 del Código Penal, se partió del mínimo previsto para  el  homicidio  –25 años-,  aumentados  en  10  años  por  el otro homicidio y en un año por el punible de  porte  de  armas,  para  un total de 36 años. (2) Con  fundamento    en    el   beneficio   por   colaboración   eficaz   –artículo  44  de la ley 81 de 1993-,  “…que  introdujo  el  artículo  369  A.  al C.P.P., la rebaja sería de una  sexta  parte”. (3) “También se disminuirá en una  tercera  parte por haber solicitado sentencia anticipada de acuerdo al artículo  3  de la ley 81 de 1993 modificatorio del artículo 37 del C. P. P.”, para una  pena final de 18 años de prisión (destaca la Corte).    

         El  procesado  apeló  la  decisión  diciendo  que la pena era muy  alta,  que  había  actuado  en  defensa  propia,  que no se le había tenido en  cuenta  los beneficios previstos en los artículos 37, 299 y 369ª letra E de la  ley  procesal  y  que  no  había  tenido  defensa  o  por lo menos no la había  conocido.   

         El  Tribunal  Superior  de Ibagué se pronunció el 6 de octubre de  1994 y, esencialmente, dijo:   

         a)         Se     ocupa     de     una     sentencia  anticipada.   

         b)    La    responsabilidad    del   procesado   está   plenamente  demostrada.   

         c)    Para  dosificar  la pena, se parte del mínimo y se  sigue  así:  (1)  25  años  por un homicidio, aumentados en cinco –no  en 10, como hizo el A-quo- por el  otro,  más  otro año por el concurso con el porte de armas, para 31 años. (2)  Reducción  de  una  sexta parte por la colaboración  eficaz  con  la  justicia  y  de  una  tercera por la  sentencia     anticipada,    “…como    lo    disponen    los    artículos  369  A.  y  37 del C. de. P.  Penal,  modificados  por la ley 81 de 1993, para un monto definitivo a purgar de  15 años y seis meses de prisión…” (señala la Sala).   

           d)  No  hay  lugar  a  disminución  por  confesión  porque este  fenómeno  no  ocurrió,  primero  por  cuanto  los delitos fueron detectados en  flagrancia  toda  vez que varios testigos vieron como los cometió el procesado,  y  segundo porque en su indagatoria COLLAZOS no admitió la autoría pues expuso  en su favor una causal de justificación.   

         El  procesado  y  la  Procuradora 101 en lo Judicial acudieron a la  casación.  El  primero  no  sustentó  el  recurso,  aparte de que su defensora  renunció al mandato, mientras la segunda sí lo hizo.   

LA  DEMANDA   

         Con  fundamento en las causales tercera y primera de casación, dos  cargos presenta la recurrente contra la sentencia impugnada.   

         Primer cargo. Causal tercera.   

         La  censora  ataca   la  sentencia  del  Tribunal  por haberse  dictado  en  un  juicio viciado de nulidad, por la existencia de irregularidades  sustanciales que afectan el debido proceso.   

         Asegura  que la actuación irregular se inicia con el señalamiento  de  fecha  para la celebración de  “Audiencia Especial” con exclusión del  Ministerio  Público,  y  se  consolida  en  la audiencia para reconocimiento de  beneficios   por   colaboración   eficaz,   por   cuanto   esta  diligencia  se  realizó   sin  la presencia del Ministerio Público, cuya intervención es  obligatoria  de conformidad con lo previsto en el artículo 369 A del Código de  Procedimiento  Penal.  Señala que si bien la sentencia que aprobó la rebaja de  pena  le fue notificada al Personero Municipal, éste no se encuentra autorizado  para  intervenir  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito,  como  lo indica el  artículo   131   ibídem.   Indica  que  el  Tribunal  Superior  impartió  aprobación  a  dicho  acuerdo, sin contar con el Ministerio Público. Por ello,  dicho  acto,  además de irregular, no cumplió la finalidad para el cual estaba  destinado,  en  razón  de  que  se  omitió  el  concepto  del  Procurador o su  Delegado,  y  por  ello  se  dejó  de  valorar la eficacia de la colaboración.  Solicita  casar  la  sentencia  impugnada,  declarando  la nulidad del proceso a  partir   de   la   providencia   que   ordenó   llevar  adelante  la  audiencia  especial.   

         Cargo segundo. Causal primera.   

         Acusa  la  sentencia del Tribunal de haber violado en forma directa  la  ley  sustancial,  por  aplicación indebida del artículo 44 de la Ley 81 de  1993 (artículo 369 A del Código de Procedimiento Penal).   

        Como  quiera  que  el  A quo   en  la dosificación de la pena tuvo en cuenta, además del  artículo  61  del Código Penal, las circunstancias de atenuación previstas en  los  numerales  6 y 8 del artículo 64 ibídem, mal podía nuevamente considerar  la  entrega del arma y la presentación personal del procesado como elementos de  colaboración  eficaz  para  disminución  de  la pena. Según la impugnante, se  aplicó  en forma indebida el  artículo 369 A del Código de Procedimiento  Penal  porque  se  permitió  un  doble beneficio para el procesado. El Tribunal  Superior,  al  revisar  la  sentencia  de  primera instancia, debió infirmar el  acuerdo  para dar exclusiva aplicación al artículo 64 del Código Penal en sus  numerales  6  y  8,  con  base  en  que la apelación exclusiva del procesado no  impedía  al  tribunal  revisar  la pena porque se trataba de un típico caso de  ilegalidad.  Solicita  casar parcialmente la sentencia, para que se sustraiga de  la  tasación punitiva la rebaja de una sexta parte que en forma ilegal realizó  el  fallador,  ya  que  la  presentación  voluntaria  y  la entrega del arma no  constituían  acciones  de colaboración eficaz con la justicia y, por lo tanto,  no  podían  ser  objeto  de  acuerdo  con  la  fiscalía,  que  ya  las  había  considerado como circunstancias de menor punibilidad.     

EL    MINISTERIO  PÚBLICO   

        El  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo Penal señala que solo en  obedecimiento a recientes   

pronunciamientos jurisprudenciales de esta  Corporación  se ocupará de analizar los cargos presentados contra la sentencia  de  segunda  instancia, pues considera que existen hechos procesales generadores  de    nulidad    desde    un    momento    anterior    al   señalado   por   la  impugnante.      

        En    relación    con    el    primer  cargo,  sostiene  que  debe prosperar. Las normas del  sistema  de  beneficios  se  conservan  en  el  ordenamiento  jurídico para ser  aplicadas  en  casos  excepcionales  y  con  un estricto control, para evitar el  abuso  en  su  concesión  a  eventos  que  no lo merecen. Por ello, no puede el  fiscal  instructor  ordinario  decidir  por  sí  y  ante  sí  respecto  de  la  concesión  de  beneficios  por colaboración eficaz, sino que en tales casos es  su  obligación  remitir  la  actuación  directamente  al  Fiscal General de la  Nación,  quien deberá decidir si asume el trámite en forma personal o designa  a  un  fiscal  delegado  para  tal efecto, de conformidad con lo previsto en los  artículos  118,  121  del  C.  de  P.  P.,  y  22 de Decreto 2699 de 1991. Este  trámite  de  beneficios  requiere,  igualmente,  de  la  intervención previa y  obligatoria   del  Procurador  General  de  la  Nación,  supremo  director  del  Ministerio  Público,  quien  ha delegado esta función en sus agentes, mediante  Resolución No. 024 de 1994.   

        La   intervención  de  estos  altos  funcionarios  del  Estado  es  requisito  esencial  del  trámite,  pues así se establece en el artículo 369A  del  C.  de  P.  P., participación obligatoria que de ninguna manera elimina el  artículo  369C,  ibídem;  ante el evento de solicitud de sentencia anticipada,  lo  que  se  modifica  es  el  trámite  propio del sistema de beneficios, no la  competencia  de  quien debe acordarlos o concederlos, ni la intervención de los  sujetos procesales que confieren legitimidad al procedimiento.   

        Por  lo  anterior  resulta  evidente  que  en el caso en estudio se  quebrantó  el  principio del debido proceso, en tanto el fiscal que acordó los  beneficios  a  favor del inculpado no fue previamente designado para ello por el  Fiscal  General  de  la  Nación,  y  el  trámite  pertinente se evacuó sin la  intervención  del  Ministerio público. Además, en la diligencia respectiva el  fiscal  se limitó a formular los cargos contra el incriminado y a manifestar su  opinión  acerca de los beneficios que resultaban procedentes, sin establecer en  manera  alguna  los  criterios  en  virtud  de  los  cuales  los comportamientos  procesales   de   LUIS  A.  COLLAZOS  deberían  considerarse  como  condiciones  eficientes  de  las  gracias  a él concedidas, desnaturalizando así el sistema  procesal particularmente establecido para esos casos.     

        Sobre   el   segundo  cargo,  considera  que no debe prosperar. La recurrente no sólo omitió  determinar  la naturaleza subsidiaria del mismo, sino que el camino que escogió  fue   equivocado,  ya  que  las  falencias  que  señala  en  relación  con  la  aplicación  incorrecta  del  artículo  369  A  del C. de P. P., se traducen en  causal  de  nulidad  porque se omitieron actos procesales indispensables para la  producción     de    la    decisión    de    acceder    a    los    beneficios  solicitados.   

        Como  se observa en el acta de la diligencia, la fiscal simplemente  relató  los  hechos  probados y la consecuencia de uno de ellos, pero en manera  alguna  plasmó  los  criterios que la motivaron a la concesión de la rebaja de  pena   propuesta   a  consideración  del  juez;  es  una  simple  relación  de  acontecimientos  que  no  puede  suplir la obligación que tenía de examinar el  aporte  de  ellos  a  la  eficacia  de  la  administración de justicia, lo cual  implicaba   el  estudio  de  las  pruebas  hasta  ese  momento  recaudadas  para  determinar  la  real  situación  procesal del incriminado, la importancia de la  colaboración,  los  aspectos  que  permitían  esclarecer  y, en fin, todos los  puntos relacionados con el sistema de beneficios y su concesión.   

        Es   decir,   se   vulneró  la  estructura  del  proceso  con  una  irregularidad sustancial de imposible solución.    

        Casación oficiosa.   

        El  Procurador  sugiere  casar  la sentencia y anular la actuación  desde  la  indagatoria,  inclusive,  por  violación  del  derecho  de  defensa.  Explica:   

        En  la  indagatoria del 11 de febrero de 1994 el incriminado estuvo  asistido  por  una  persona  honorable,  ya  que  el defensor oficioso que se le  designara   manifestó   no  tener  tarjeta  profesional,  razón  por  la  cual  –dijo- solo lo asistiría  en  esa  actuación.  Recuerda  que  de  conformidad con un principio garantista  sentado  por  esta  Corporación,  la  designación  que se haga de un ciudadano  honorable  como  defensor del procesado en su indagatoria solamente es aceptable  si  en  el  sitio donde se desarrolla la diligencia no existen profesionales del  derecho  habilitados  para  la  defensa.  Esta circunstancia, sin embargo, no es  predicable  del  municipio  de  Melgar,  donde  tienen su asiento regular varios  abogados,  dada  la  importancia  comercial  y turística de la localidad.    

        Pese  a  que  el  defensor de oficio limitó su intervención a esa  única   diligencia,  la  fiscalía  instructora  no  solo  no requirió al  procesado  para  el  nombramiento  de  defensor ni procedió a designarle uno de  oficio  o solicitar defensor público, sino que en la ampliación de indagatoria  pedida  por  el  incriminado  de  nuevo  le asignó otra persona honorable. Esta  situación  de  carencia absoluta de defensa técnica se prolongó hasta el 5 de  mayo   de   1994,  fecha  en  que  se  posesionó  la  abogada  que  asumió  la  defensa.   

        Los  efectos  dañinos  que  sufrió el procesado con esta falta de  defensa  técnica se manifiestan en la misma diligencia de sentencia anticipada,  donde  solicita  que  se  tenga  en cuenta su confesión, esto es, que se admita  como  cierta  la  narración  de los hechos por él proporcionada y que incluía  circunstancias  de  justificación   de  su  conducta,  o que permitían la  imposición    de    una    pena    más   reducida   que   aquella   finalmente  tasada.           

        Se   observa   así  mismo  en  el  memorial  de  sustentación  de  apelación  de  la  sentencia de primer grado, elaborado por el mismo procesado,  donde   se   advierte   la   falta  de  información  jurídica  acerca  de  las  consecuencias  del  acuerdo,  pues  al  parecer  su pretensión era que no se le  aplicara  la pena por los delitos de homicidio por los cuales fue sancionado, ya  que consideraba haber actuado en legítima defensa.   

        Igualmente,  se  ponen  de  presente  con  el  recurso de casación  interpuesto  por el procesado, cuya impugnación fue declarada desierta por esta  Sala,  debido a la falta de presentación de la demanda respectiva, por carencia  de  abogado  pues,  como  ya  fue  señalado,  su  defensora  renunció a seguir  representándolo   antes   de  que  comenzara  a  correr  el  término  para  la  presentación de la demanda.    

        Termina  diciendo  que  subsidiariamente, y en el evento que no sea  acogida  su  propuesta  de  casación  oficiosa,  sea casada la sentencia en los  términos  indicados  en  la fundamentación y en el desarrollo del primer cargo  postulado por la Procuradora en lo Judicial penal.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

        Primera.   

        Sobre    la    petición    de    casación    oficiosa.   

        El  Ministerio  Público  ha  pedido  la anulación del proceso por  violación  del  derecho  de  defensa. Dada la prioridad del planteamiento, como  que  se  trata  de  solicitud que contestada positivamente cobijaría una amplia  cobertura  pues que se impondría desde la indagatoria, de ella se ocupa la Sala  en  primer  lugar.  Respóndese negativamente al señor Procurador, por las  siguientes razones:   

        1.  Evidentemente, como el día de la indagatoria -11 de febrero de  1994-,     tres     días     después    de    la  aprehensión,  el  señor  COLLAZOS manifestó que no  tenía  apoderado,  la fiscalía, tras empaparlo del contenido del artículo 358  del  Código  de Procedimiento Penal y en cumplimiento  del  mismo,  le  designó  como defensor de oficio al  doctor  GAMALIEL  MARTÍNEZ  OROZCO,  quien  se  identificó  con  su cédula de  ciudadanía e informó que no tenía tarjeta profesional.   

        2.  El  22  de febrero del mismo año, el señor COLLAZOS solicitó  le  fuera  ampliada  la  injurada,  que  lo  fue el 24 de marzo de 1994, para el  desarrollo  de  la  cual  fue  designado  como apoderado de oficio un ciudadano,  previa  constancia  de  la  fiscalía en el sentido de que el imputado no tenía  defensor  dentro  del  sumario,  no  nombraba a ninguno para la diligencia, y en  “ausencia   de   un   abogado   titulado”,   de  donde  se  desprende  que  no  hubo  capricho  alguno  del  instructor.  Simplemente,  no  lo  asistió  un  letrado,  porque  no  lo había  contratado y porque para el momento no se contaba con él.   

        3.  El  19  de  abril, COLLAZOS solicitó le permitieran “vista del  expediente”  para  conocer el estado del proceso y pedir pruebas, memorial en el  cual  agregó  que carecía de defensor, razón por la cual al día siguiente la  fiscalía  autorizó  la  revisión  pedida y el siguiente 2 de mayo le designó  defensora  de  oficio  que  se  posesionó  el  5 del mismo mes, luego de que el  procesado le otorgara poder.   

        4.  El  mismo  5  de  mayo,  en  escrito  firmado  por el sindicado  y   por   su   defensora,  COLLAZOS  hizo  la petición ya reseñada de aplicación de los artículos 369 A  y  37 del Código de Procedimiento Penal, audiencia en la que estuvo acompañado  de su defensora.   

          5.  La  Corte  no  discute  que durante un tiempo, entre el 11 de  febrero  y el 1o. de mayo, COLLAZOS hubiera carecido de defensa técnica, si por  ésta  se  entendiera  la  actividad  positiva  y materialmente ostensible de un  togado. Pero también percibe lo siguiente:   

        a)  Toda  la  prueba  que  se  tuvo  en  cuenta  para  resolver  la  situación  jurídica fue recopilada con antelación a la indagatoria, es decir,  antes  de  que  COLLAZOS  fuera  vinculado a la investigación, que no lo había  sido antes porque no había comparecido a la justicia.   

        b)  Durante  el  tiempo  transcurrido  entre  la  indagatoria  y su  ampliación,   no   se   practicó   ninguna   diligencia  que  comprometiera  a  COLLAZOS.   

        c)  Entre  la  ampliación  de  la injurada y la designación de la  defensora  tampoco;  al  contrario,  se  realizó  lo  relacionado  con  el arma  aportada  por la esposa del sindicado, por insinuación de éste, y la vista del  expediente.  Se  recepcionó,  sí,  la  declaración  de la señora MARÍA ALIX  RINCÓN,  cuñada del procesado, quien no percibió las muertes, dice que según  los   rumores   COLLAZOS   fue   el   autor,  pero  que  nada  le  consta  sobre  ello.   

        Es  claro,  entonces, que durante el lapso mencionado nada sucedió  probatoriamente  que  ahondara  mas  la  responsabilidad del imputado y que, por  razones    de    dialéctica    procesal,    implicara    una   atenta   actitud  defensiva.   

        d)   COLLAZOS,   sabedor  de  lo  sucedido,  luego  de  revisar  el  expediente  y ya acompañado de defensora, optó por el “acuerdo” a que se alude  en  el  expediente,  de  todo  lo  cual  emana  algo indudable: miró la prueba,  conversó  con  su  defensora y se decidió por la estimada por ellos como mejor  vía,  dadas  las  circunstancias del proceso. Es que, recuérdese, la solicitud  de  beneficios que presentara también iba firmada por  su  apoderada,  primero  nombrada  de  oficio y, casi  simultáneamente,        contratada por COLLAZOS.   

        Si  COLLAZOS  conocía  los  hechos, si estudió el expediente para  “pedir       pruebas”       y       ya       con       defensa      perceptible   quiso   acogerse   a  los  beneficios,  cuando  pudo  solicitar  la  práctica  de  diligencias,  cosa  que  también  podía haber hecho la letrada que le acompañaba, no hay incertidumbre  sobre  que  sí  contó  con  defensa  que  en  tiempo  y  espacio  pudo  buscar  alternativas en pro del procesado.   

        e)  Otro detalle aparentemente insignificante acude a la Corte para  su  afirmación  de que sí hubo defensa. En efecto: cuando rindió indagatoria,  COLLAZOS  dio  sus  explicaciones,  entre otras las referentes al por qué de su  desaparición.  Fíjese  la  atención:  “PREGUNTADO:  Ud.  tiene  algo más que  agregar  o  corregir  a esta diligencia. CONTESTO: el motivo por el cual huí no  fue  por huirle a la Justicia, sino porque mi vida allá corría peligro, por el  cual  fue  que  hice  una  llamada a la fiscalía o le  pedí  al doctor GAMALIEL que hiciera una llamada para  ver   si   el   expediente   había   llegado   para  presentarme”  (destaca  la  Sala).   

        Surge  de  sus  propias palabras que antes de concurrir al despacho  judicial,  estaba  al  tanto  o  atento  a  lo  que  sucedía, muy probablemente  asesorado  por el doctor GAMALIEL quien luego resultó como apoderado suyo en la  injurada,  según  designación que se le hiciera de oficio. Y si bien el doctor  GAMALIEL  dijo  a  la fiscalía el día de la indagatoria que no poseía tarjeta  profesional,  no  hay  dudas en cuanto a su calidad si se tienen en cuenta tanto  las  palabras  de la entidad investigadora como las del procesado, quienes en el  expediente   se   refieren   a   él  –repítese-como el “doctor GAMALIEL”.   

        Y  la  asesoría  se  comprueba  con  otros  detalles: COLLAZOS fue  notificado  de  la resolución detentiva y no impugnó, en contra de aquello que  suele  hacer  la  mayoría  de  los sindicados, especialmente cuando se trata de  personas  que  trabajan en el campo, jornaleros que se dedican a la agricultura,  que  tienen  pocos recursos y poca preparación y que no superan el segundo año  de  primaria;  prefirió  pedir  ampliación  de  indagatoria  con  base  en los  artículos  23  de  la  Constitución  Política  y  137  y  361  del Código de  Procedimiento  Penal;  en  desarrollo  de  ésta  dio  nuevas  explicaciones, se  refirió  al  pasado  de  los  finados, les imputó vínculos con la guerrilla y  dijo  que  estaba  arrepentido  de  lo  hecho;  y  luego,  tras  el  estudio del  expediente,    optó    por    la    selección    de    la    alternativa    ya  mencionada.   

        Es  claro,  entonces,  que  sí  tuvo  asistencia, es decir, que no  careció  de  defensa  y,  por  tanto,  no  prospera  la  solicitud de casación  oficiosa  formulada  por  el  Procurador Delegado en lo Penal.      

           Segunda.                      

        Sobre        la        demanda       de       casación.   

        Atendiendo  en  parte  el  primer cargo propuesto por el Ministerio  Público,  y  fundamentalmente  con  apoyo  en el artículo 229-1 del Código de  Procedimiento    Penal   de   1991   –subrogado  por  el  artículo  13  de  la Ley 553 de 2000-, la Sala  casará la sentencia con base en los siguientes motivos:   

        1.  Producida  la  sentencia de 2ª instancia, la Procuradora en lo  Judicial  Penal  interpuso  recurso  de casación acudiendo en primer lugar a la  propuesta  de nulidad, que acompañada de la diversidad de organismo respecto de  la    Personería    de    Melgar    –a  pesar  del  despliegue común de algunas actividades-, le otorga  interés para impugnar extraordinariamente.   

        2.  Como  emana  del  artículo  369 A del Código de Procedimiento  Penal  de 1991 -artículo 44 de la Ley 81 de 1993-, las ventajas inherentes a la  colaboración  eficaz  están  supeditadas  a un acuerdo que involucra al Fiscal  General  de  la  Nación,  o  al  fiscal  que  éste  designe,  y al procesado o  condenado,  previo concepto del Procurador General de  la Nación.   

        Estos   presupuestos,   como  es  obvio,  también  son  requisitos  imprescindibles  cuando,  conforme  con el artículo 369-C-6 del mismo estatuto,  se  solicita  simultáneamente  sentencia  anticipada  o  audiencia  especial  y  beneficio  por  auxilio eficaz, pues no obstante la remisión que el inciso hace  a  los  artículos 37 o 37 A del Código de Procedimiento Penal, resulta lógico  y  elemental que la pluralidad de peticiones no significa desconocimiento de las  exigencias de uno de los institutos.   

        Dicho  de  otra  manera,  si  se  solicita  sentencia  anticipada o  audiencia  especial  y,  a  la vez, reconocimiento por ayuda importante conforme  con  el  artículo  369  A,  cada  uno  de  estos  fenómenos jurídicos se debe  tramitar,  aun  cuando  de  consuno,  con  el  cumplimiento  de  sus respectivas  condiciones.   Tal   es   el   alcance   de  la  normatividad,  si  se  la  mira  sistemáticamente,  como  varios  aspectos  conformantes de un todo, vale decir,  integrando  los  diversos literales y numerales que constituyen el artículo 369  y  siguientes  del estatuto procesal. No tiene soporte creer que con base en una  lectura  singular  y  aislada  de  las disposiciones se pueda concluir que en el  artículo  369  A se exija la concurrencia de los presupuestos mencionados y que  en el artículo 369-C-6 aquellos puedan ser omitidos.   

        Obediente  a  lo  anterior, en alguna oportunidad la Sala calificó  de  “inexorable”  la  participación  del Fiscal General de la Nación y del  Procurador  General  de la misma en el desarrollo regulado en el artículo 369 A  del  código  ritual  (auto  del  19  de  marzo de 1996, M. P. Fernando Arboleda  Ripoll,  radicación No. 9662), adjetivo que si bien fue referido exclusivamente  a  esa  norma, no por ello puede desaparecer frente al 369-C-6. Sería imposible  pensar  –porque transgrede  la  naturaleza  de  las  cosas-  que  la  exigencia  fuera  “inexorable”  en  relación  con  “una”  petición  –búsqueda  de beneficios por colaboración eficaz- y “exorable”  respecto    de   “dos”   peticiones   que   deben   transitar   el   proceso  conjuntamente.   

        3.  Como  quedó  claro  de  la  reseña  hecha  anteriormente,  la  fiscalía  adelantó el trámite e hizo alusión en el acta correspondiente a la  disminución  de  pena  por colaboración eficaz, sin la concurrencia del Fiscal  General  de  la  Nación o de su delegado -a quien ni siquiera comentó sobre la  petición-  y sin la opinión anterior del Procurador General de la Nación o de  su representante -a quien tampoco tuvo en cuenta para nada-.   

        Y  a  ello  siguió  la  flagrante  equivocación  de  los señores  jueces,  quienes  en vez de ejercer control legal sobre la diligencia practicada  por  la  fiscalía,  siguieron  la  ruta  del  yerro: mientras el funcionario de  primera  instancia  redujo  la pena por una hipotética colaboración eficaz, el  Tribunal  ratificó  el  fallo  previa  modificación  parcial  del  mismo  para  atemperar aun más la sanción.   

        4.  Como se percibe con facilidad, la irregularidad nació desde el  inicio  del  trámite  para  responder  a la petición hecha por la defensa y el  procesado,  y se prolongó hasta la primera instancia y, luego, prosiguió hacia  la  segunda, con efectos sustanciales trascendentes en la sentencia. Por ello se  trata   de   un   error   in   iudicando  que  solo  afecta  la  decisión  final  pues que es precisamente  allí,  y  no  antes,  donde  se  materializa  la  finalidad  de  los mecanismos  alternativos  que  en  últimas  tienen  que  ver  con  la  calidad  y  cantidad  punitivas.  Como  es  claro,  la  importancia  no  es  predicable del y desde el  “acta  de  sentencia  anticipada” porque lo mencionado en esta no constituye  más  que  un  anhelo  que   sustancializa  o no el juez cuando profiere la  sentencia.  Por esta razón, reitérase, la irregularidad ha sido severa, mas en  la sentencia, no en la audiencia celebrada.   

        5.  Por  estos  motivos,  en  alguna  medida  otorgando razón a la  demandante,   la   Sala   casará   la  sentencia  pero  con  tres  precisiones:  Una. No solo desde el punto  de  vista formal, es decir, relacionado con el trámite, sino en cuanto al fondo  del   asunto,   la   obtención  de  beneficios  por  colaboración  eficaz  era  absolutamente  improcedente pues que, sobre el segundo tema, es claro que hablar  de  la  devolución  de  un arma y presentarse voluntariamente a las autoridades  luego  de  haber  huido el día de los hechos, no constituye ningún mérito que  pueda  permitir  una  considerable reducción de la sanción frente al contenido  del  artículo  369  A y siguientes del Código de Procedimiento Penal, tal como  lo  entiende  la  Sala por unanimidad. Dos.  La  decisión  que tomará la Corte tiene que ver exclusivamente  con  la sentencia, pues la irregularidad se predica de ella. Por eso, y con base  en  el artículo 229-1 del Código de Procedimiento Penal, dictará el fallo que  deba  reemplazarla;  y tres.  Se  refiere  únicamente  al  beneficio  por  colaboración  eficaz, de donde se  desprende  que  lo  relacionado  con  la  “sentencia anticipada” mantiene su  vigencia.   

        6.  Lo  anterior  comporta  fundamentalmente  dos consecuencias que  serán   puntualizadas   posteriormente.   En  primer  lugar,   adicionar   a   la  pena  deducida  por  el  Ad-quem  la  cantidad  que  este  –como el juzgador de  1ª.  instancia-  le  restara  al  señor  COLLAZOS  a  título de beneficio por  colaboración    eficaz   (1/6);   y,   en   segundo  lugar,  fijar  nuevamente  la  sanción, siguiendo la  dosificación   hecha   por   el  Tribunal  y  teniendo  presente,  además,  el  principio      de      favorabilidad.   

        Tercera.   

        Sobre       una       acción      penal      prescrita.   

        Como  la audiencia de “sentencia anticipada” fue celebrada el 9  de  mayo  de  1994, la acción penal por el delito de porte de armas de fuego de  defensa  personal  se  halla  prescrita  pues  que  el artículo 201 del Código  Penal,  modificado  por  el  artículo 1o. del Decreto 3664 de 1986, prevé como  pena  máxima  de  prisión la de cuatro (4) años, cantidad punitiva igual a la  establecida  en  el  artículo  365  del  estatuto actualmente vigente. Así, es  claro  que  los  5 años posteriores a la “acusación” se cumplieron el 9 de  mayo de 1999.   

        Cuarta.   

        Sobre la redosificación de la pena.   

        1. El Tribunal  fijó  al  procesado 15 años y 6 meses de prisión como pena final, teniendo en  cuenta  lo  siguiente:  25  años, mínimo previsto en la Ley 40 de 1993; más 5  años  por el otro homicidio; más un año, por el porte de armas, para un total  de  31  años.  A  esta  cantidad,  le  restó  la  sexta  parte  y  a  la misma  –indebidamente  pues que  la  reducción  por  sentencia  anticipada  se  debe  hacer sobre el “saldo”  total-, la tercera parte, para concluir en 15 años 6 meses.   

        2.   Si   se   tiene   en   cuenta   lo  anteriormente  expuesto,  se  sigue  el  procedimiento  correcto  y se parte del  mínimo  de 13 años establecido en el artículo 103 de la nueva ley sustancial,  más    favorable,   la  situación es la siguiente:   

        a) 13 años como base por un homicidio.   

        b)  Acatando  los  lineamientos  del  Tribunal, 5 años más por el  otro homicidio.   

c)  No se aumenta nada por el porte ilegal  de armas toda vez que la acción se halla prescrita.   

        d)  Se  suprime  la disminución de la sexta parte, por las razones  ya conocidas.   

        e)  A  los 18 años que resultarían, se resta la tercera parte por  la sentencia anticipada, para un total de 12 años.   

        La  pena,  así,  será de doce (12) años de prisión.           

        Quinta.   

        Sobre la libertad provisional.   

        Sería   viable   que   la   Sala  se  ocupara  del  tema  libertad  provisional.   Sin   embargo,   se  abstiene  de  hacerlo  porque,  como  se  ha  establecido,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Melgar  ya se la otorgó al  procesado, en decisión del 1º. de noviembre del año 2000.   

        En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la República de  Colombia y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

        1.  Declarar la prescripción  de  la  acción penal respecto del delito de porte ilegal de arma  de  fuego de defensa personal y, por tanto, cesar todo  procedimiento en relación con el mismo.   

                                                     

        2.  Casar  parcialmente la sentencia impugnada en el sentido de que  no    hay    lugar   al   reconocimiento   de   beneficios   por   colaboración  eficaz.   

        3.  Con  fundamento  en  el  principio  de  favorabilidad  y en las  reflexiones  hechas  en  la  cuarta  parte de las consideraciones de este fallo,  redosificar  la  sanción y fijar como pena privativa de la libertad prisión de  doce (12) años.   

Notifíquese,  cúmplase  y devuélvase el  asunto al Tribunal de origen.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  E.    CÓRDOBA  POVEDA                 

         Aclaración de voto   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                            CARLOS   AUGUSTO   GÁLVEZ  ARGOTE   

       Salvamento  de   voto                       

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO    

            Salvamento   de  voto   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN              NILSON  PINILLA     PINILLA                              

                                 

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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