10502(19-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 10502  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Aprobado Acta No. 176  

Bogotá,  D.C. diecinueve (19) de noviembre de dos mil uno  (2001).   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  JOSE CRISTÓBAL PANIAGUA RAMÍREZ  contra  la  sentencia de 7 de diciembre de 1994, por medio de a cual el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali condenó a dicho procesado a la pena  principal  de  25  años  de  prisión,  por  el  delito  de  homicidio  en Hugo  Jaramillo.   

ANTECEDENTES   

1.- El 28 de noviembre de 1993 Hugo Jaramillo  y  José  Cristóbal Paniagua, acompañados de otras personas, compartían en la  discoteca  “Curramba”  ubicada  en la calle 6ª con carrera 17 del municipio  de   Pradera  (Departamento  del  Valle).   Cuando  Jaramillo  procedió  a  cobrarle  la suma de $30.000.oo que Paniagua le debía, éste bajo la influencia  del  licor,  con  una  escopeta  “hechiza”  que  portaba,  le disparó en el  rostro. Jaramillo falleció al instante.   

2.-  La  Fiscalía  92  de  Pradera  abrió  investigación  (fl.9)  y escuchó en declaración a Aristarco Luna Acero, quien  manifestó  que   “el señor Paniagua tenía un  arma  de  fuego  en  la  mano y le disparó apuntándole en la cara a  Hugo  Jaramillo…”  (fl.17  infra).  En  similar  sentido  declaró  Jesús  Monsalve  Taborda  (fl.62),  quien  dijo  haber  visto  cuando  “Cristóbal  sacó  de  su  pretina  una  escopeta  hechiza  y  el  disparó en el rostro a Jaramillo e inmediatamente emprendió la  huída…Hugo  Jaramillo  no  lo  estaba agrediendo”.  (fl. 62 )   

En su indagatoria (fl.29) el imputado Paniagua  dijo  que  Jaramillo le cobró “con palabras soeces” la deuda “ y entonces  él  sacó  un  arma  grande de la  pretina del pantalón, y al verle me le  lancé  a  quitarle  el arma y ahí fue cuando se disparó”. Al preguntársele  sobre  la  autoría  en  ese  homicidio  responde que fue él “pero en defensa  propia” (fl.30 vto.infra).   

3.- El 7 de diciembre de 1993, la fiscalía 92  profirió  auto  de detención contra el mencionado Paniagua bajo la imputación  de   haber   actuado   como   autor  del  delito  de  homicidio  materia  de  la  investigación  (fl.38).  Practicadas  otras  pruebas  se  cerró investigación  (fl.75)  y  la misma se calificó en marzo 29 de 1994 con resolución acusatoria  por  el  delito  de  homicidio tipificado y penado según los artículos 323 del  Código  Penal  y  29 de la Ley 40 de 1993. El defensor del acusado apeló dicha  providencia,  de  la cual impugnó sustancialmente los razonamientos hechos para  alegar irregularidades en la captura del procesado, así:   

“El   desconocimiento   de   las  normas  referentes  a  la  captura  y  la  aplicación  de un procedimiento que no está  consagrado  en  nuestra  legislación consistente en conducir a una persona a la  Fiscalía,   indagarla   y   privarla   de   su   libertad  inmediatamente,  SON  IRREGULARIDADES  QUE  NECESARIAMENTE  AFECTAN  EL  DEBIDO  PROCESO,  nulidad que  propuse  y  el  dilecto  (sic)  Fiscal  denegó con criterio que respeto pero no  comparto” (fl.101).   

Reiteró el impugnante que al sindicado se le  privó  del  derecho  de  nombrar  libremente  a  un  abogado por él mismo y no  designado oficiosamente (fl.cit).   

En resolución de mayo 3 de 1994 (fl.108), la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal de Cali “se abstuvo de desatar” dicha  apelación  por  considerar  que  no  se  había  sustentado.  Se  dijo en dicha  providencia:   

“Si bien se observa, el recurrente esbozó  la  tesis  de  una  captura  ilegal en contra de su patrocinado en el escrito de  alegación  que  antecedió  a  la  resolución  calificatoria; y así mismo, ya  dentro   de   la   mentada   decisión,   la  Fiscalía  efectuó  el  análisis  correspondiente  y  desestimó  su  tesis  por  no  encontrarla  acorde  con los  preceptos  procesales.  Pero observa la instancia con asombro, que el abogado de  la  defensa  retoma  la  materia,  insiste en su postura y el fiscal cognoscente  desoyendo  el  mandato  de  los  antecitados  artículos  adjetivos,  concede el  recurso  y  acepta como la exigida sustentación de motivos, el viejo tema de la  captura  ilegal al que se dio respuesta en el ítem correspondiente precisamente  a las alegaciones de las partes” (fl.110).   

4.-  El  Juzgado  2º  Penal  del Circuito de  Palmira  practicó  algunas  pruebas,  celebró  audiencia  pública  (fl.156) y  dictó  sentencia el 3 de octubre de 1994(fl.170), mediante la cual, en armonía  con  la  acusación,  condenó  al  procesado  a  25 años de prisión como pena  principal.   

Apelado ese fallo por el defensor del acusado,  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cali, mediante el suyo recurrido  en casación, le impartió confirmación (fl.217).   

LA DEMANDA  

Primera causal .  

El  primer  cargo  se formuló por no haberse  dado  trámite  al  recurso  de  alzada  que  se propuso oportunamente contra la  resolución  de  acusación  (fl.246),  por  lo  que  “se violó el derecho de  defensa”.   

Segunda causal .  

Aquí  aduce  el  casacionista  “error  de  derecho,  por  no  haberle  asignado  a  la  confesión  el  valor que la ley le  asigna”.  Añade  que  “se  trata  de  una  violación  indirecta  de la ley  sustancial”,    con   la   cual   se   quebrantó   el   artículo   296   del  C.P.P.   

Se refiere a la “incidencia del error en el  pronunciamiento  del  fallo  acusado”  (fl.247) precisando que “se  privó  a  mi defendido de la rebaja consagrada en el artículo  299 C.P.P.”.   

En  la  petición,  solicita  a  la  Corte,  solamente,     “aceptar    la    presente    demanda    de   casación”  (fl.247).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

Señala   en   primer  término  el  señor  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo  Penal  la  equivocación  del  censor  en  identificar  en  sede  de casación “cargo” con “causal”, más considera  que  del  desarrollo  de  la  demanda  cabe inferir que el primer reproche es de  nulidad  y  el  segundo  de  violación  indirecta,  orden  en  el  cual  pasa a  analizarlos.   

Primer cargo.  

Tilda  la  Delegada  de “antitécnico” el  planteamiento  de este primer reproche, como que  el censor no demuestra de  qué  manera  la  falta  de  pronunciamiento de fondo de la segunda instancia al  conocer  la  apelación  interpuesta contra la resolución acusatoria, violó el  derecho de defensa del procesado.   

No  obstante esa falencia, estima el Delegado  que  el  punto  así  alegado  por  el demandante “amerita de la Procuraduría  Delegada  y  de  la  Corte Suprema de Justicia su estudio oficioso, en razón de  sus  funciones  constitucionales  en  defensa de las garantías fundamentales”  (fl.6 cd. Corte).   

Transcribe  a  continuación  la Delegada los  apartes  más  relevantes  de  la  resolución  mediante la cual la Fiscalía de  segunda  instancia  se  abstuvo  de  revisar  la acusación y se refiere a “la  garantía  de la doble instancia, previsto en los artículos 29 y 31 de la Carta  Política  y  16  del  Código de Procedimiento Penal y anota oponiéndose a los  motivos de la mencionada abstención:   

“Ni  la  ley  ni  la  jurisprudencia  han  limitado  la  sustentación de la apelación a aspectos no debatidos en el curso  del  proceso  y  por el contrario, lo coherente, lo lógico y racional es que el  sujeto  procesal  pueda,  a  través  del  ejercicio  de  su derecho, conocer la  opinión  del  superior  sobre  los  puntos  de  divergencia  con el funcionario  judicial de inferior categoría.   

         

Es por ello que el artículo 350 del Código  de  Procedimiento  Civil,  al  definir los fines de la apelación, establece que  tal  recurso  “tiene  por objeto que el superior estudie la cuestión decidida  en  la  providencia  de  primer  grado  y  la  revoque  o  la  reforme” (fls.8  infra.9).   

Considera que, precisamente, “es connatural  al  recurso de la alzada la proposición de temas que han sido estudiados por el  funcionario  a  quo. Asombro  debería  causarle al ad quem  que  la  apelación  se  refiriera  a  temas  no  debatidos,  porque entonces se  pretendería  evadir  la  primera instancia sobre ellos, provocando la decisión  directamente ante el funcionario de segundo grado”   

La   Delegada   cita   en   su  exposición  jurisprudencia  acerca  de la sustentación del recurso de apelación y concluye  que  la  apelación  interpuesta por el defensor (el mismo casacionista) sí fue  debidamente  sustentada  y  que  decidir en segunda instancia sobre esas razones  podía  reportar  beneficios  a  la  situación  del  incriminado. Si la segunda  instancia  hubiera  admitido  la  ilegalidad  de  la aprehensión, eventualmente  habría   tenido   que   disponer   la  libertad  del  detenido,  o  revocar  la  circunstancia agravante del homicidio base de la acusación.   

Por  tanto, “la falta de pronunciamiento de  fondo  sobre  la  apelación  de la resolución de acusación, es una actuación  que  riñe  con  las normas rectores del proceso penal, que privó al acusado de  oportunidades  de defensa y le impidió el cabal ejercicio de las facultades que  tenía y estaba ejerciendo el defensor del procesado.   

Conceptúa,  pues, que la Corte debe declarar  la  nulidad  a  partir del referido auto de la fiscalía de segundo grado, a fin  de  que  ésta  “resuelva  la  apelación  interpuesta  contra  resolución de  acusación”.   

Segundo cargo .  

Considera   la   Delegada  que  lo  que  el  casacionista   cataloga   como  confesión,  para  el  sentenciador  de  segunda  instancia  se  presenta  apenas  como  una  declaración  que  contiene  simples  declaraciones   negativas   de   culpabilidad  (fl.14),  y  remitiéndose  a  la  indagatoria  del  procesado anota que éste no admitió su responsabilidad en el  hecho,  pues  la  muerte  de la víctima, según el relato, es el producto de un  caso  fortuito  o  de  una  actuación atribuible a la propia víctima o, cuando  mucho,  de un actuar imprudente. En momento alguno reconoce hechos perjudiciales  para el incriminado (fl.14).   

Opina que el demandante ha debido demostrar no  sólo  que  el  procesado había hecho una confesión sino que la misma influía  en  la  decisión  impugnada y en la pena, por lo que se ha debido reducir en la  proporción  indicada  en  la  norma  299  del  Código  de  Procedimiento Penal  (fl.15).   

Para   la   Delegada   el   cargo  no  debe  prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primer cargo.  

1.- La Procuraduría  Delegada  cree  que le asiste la razón en cuanto a que el recurso de apelación  interpuesto  por  el defensor del procesado contra la resolución acusatoria sí  fue  debidamente  sustentado  (fl.99)  y que, por tanto, debió ser revisada esa  providencia por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cali.   

Considera,  en  efecto,  que  impugnar  una  decisión   significa   repetir   los   argumentos  que  le  antecedieron,  como  precisamente  así  lo  hizo  la  defensa  mediante el recurso de apelación, al  pretender  que  el  ad  quem  revisara  los  motivos  que el Fiscal de primera instancia arguyó para negar la  inexistencia  de  “indebida  captura”  aduciendo  lo  ya dicho en el alegato  precalificatorio.   

Si  la  repetición  de  la  defensa en tales  consideraciones   fue   la  razón  para  que  el  ad  quem   estimara   “con  asombro”  inexistente  la  sustentación,  no  resultan  insólitas  ni equivocadas sus apreciaciones, como  así   lo   han  querido  ver  recurrente  y  Procurador  Delegado  al  unísono  .   La  impugnación,  en  efecto,   tenía que haberse referido a lo respondido por el funcionario de  primera  instancia,  iniciando  ante  ello un nuevo contradictorio, de cara a la  alzada,   con   la   debida   refutación   a  la  posición  de  la  fiscalía.  Necesariamente  tenía  que  haberse  formulado una nueva argumentación, de tal  suerte  que  no podía ser suficiente sustentación la reiteración, sin mas, de  la  alegación del defensor en el memorial  precalificatorio, ya contestada  por el aquo.   

La  Corte  ha  venido reiterando 1  que  si  el  proceso  penal  es, en esencia, una constante controversia, el ejercicio de ella  no  puede  empero ejercerse de manera arbitraria, pues la ley se ha encargado de  fijar  reglas  a  las  cuales  todos  los  intervinientes  deben sujetarse, como  condición  de  validez  de  los  actos  procesales  sometidos  al  principio de  contradicción.   

Es  lo  indicado  para  la  sustentación del  recurso   de   apelación.   Recientemente   la   Sala  reiteró  este  criterio  2  como de la providencia en cita se extracta:   

“La  fundamentación de la apelación, por  el  aspecto  indicado,  es  ya  un acto trascendental. No le basta al recurrente  afirmar  una inconformidad general frente a la providencia que recurre, sino que  les  imperativo  concretar aquello de lo que disiente presentando los argumentos  de   hecho  y  de  derecho  que  lo  conducen  a  cuestionar  la  determinación  impugnada.  Sustentar indebidamente, en consecuencia,  es  como  no  hacerlo,  y  la  consecuencia  de la omisión es que el recurso se  declara        desierto”.        (Lo destacado no es del texto)   

2.-  Pero  la  Sala  se aparta también de la  Delegada  en  cuanto  ésta  considera  que  el  supuesto  yerro cometido por la  fiscalía   en  su  resolución  de  mayo  23  de  1994  (fl.108)  entraña  una  irregularidad  sustancial  que en tal magnitud afecta el debido proceso que para  sanearlo sea indispensable decretar su nulidad.   

En  efecto,  la  referida sustentación de la  defensa  en  el  mencionado recurso de alzada, únicamente contuvo como protesta  “el  desconocimiento  de  las  normas  referentes  a  la captura y la supuesta  aplicación  de  un  procedimiento  no   previsto en la ley, consistente en  conducir   a  una  persona  para   indagarla  y  privarla  de  su  libertad  inmediatamente” (fl.101).   

Como  se  advierte  en  la  ratificación del  informe  inicial  rendido  por la policía, específicamente con la versión del  policía  Libardo  Cardona  Puerta,  una  vez  que  los  testigos  vieron a Hugo  Jaramillo  muerto,  dijeron  que  el  responsable  del hecho había huido en una  camioneta  de color rojo, por lo que procedieron a detener a varias personas que  iban  en el vehículo señalado. (fl.3). Momentos después, el testigo Aristarco  Luna  le dijo a la patrulla policial que quien mató a Jaramillo “fue   Cristóbal   y  ustedes  ya  lo  tienen  detenido”.   El   imputado  Cristóbal  Paniagua  Ramírez  fue  capturado  cuando   llevado  a  la  Estación  de Policía de Pradera, los testigos le  gritaron  “sí  ve,  usted  lo mató” (fl.cit.).   

Abierta  la  investigación,  el  Fiscal  92  consideró  que  el  referido  imputado “no había sido capturado en estado de  flagrancia”  por  lo que procedió a ordenar la libertad de Paniagua Ramírez,  a  quien,  en  “diligencia  compromisoria”  (fl.25)  requirió  para  que se  presentara  a  rendir  indagatoria  el  3  de  diciembre.  Como  el  imputó  no  compareció,  el  Fiscal ofició a la Unidad investigativa para “conducir” a  Paniagua  ante  la  fiscalía y una vez rindió la indagatoria, la fiscalía, de  conformidad  con  lo previsto en el inciso primero del artículo 382 del C.P.P.,  dispuso librar la respectiva orden de su encarcelación (fl.31).   

El  demandante tendría mínima razón cuando  alega  que la referida “conducción” del imputado no está prevista como tal  en  la  ley,  pero  no  si  se  entiende que dicha conducción se equipara a una  captura,  porque  procedía  la  privación  de  la  libertad  para  el imputado  renuente  a  la   citación  que se había comprometido atender. Rendida la  indagatoria  era  procedente  la  privación  de  su  libertad   según  la  previsión  del  artículo  382  del Código de Procedimiento Penal por entonces  vigente.   

Además,   observa   la    Sala,   la  aprehensión   inicial  de  Paniagua  Ramírez  si  pudo  haberse  producido  en  flagrancia,  ya  que,  inmediatamente  se  produjo  el  homicidio,  fue   perseguido   y  capturado  por  la  Policía,  a   las  voces  de   varias  de las personas presentes  cuando  el  hecho  se  cometió  que lo sindicaban de ese hecho punible (art.370  CPP).   

Entonces,   que  la  fiscalía  de  segunda  instancia  no  hubiera  revisado  la  resolución  impugnada,  desatendiendo los  reclamos  de la defensa, constituye una omisión inane de cara a las estructuras  básicas  del  proceso  o  al  derecho  de  defensa  del  acusado,  no  fue  una  determinación  equivocada  como  lo  estimaron  los censores, ni trascendió de  modo  alguno  en las sentencias que le pusieron fin a las instancias.  Así  las  cosas,  si esa omisión del  ad  quem hubiera constituido  una  irregularidad,  que  no  lo  fue, ésta carecería de las connotaciones que  tanto  el recurrente en casación como la Procuraduría Delegada le pretendieron  asignar como generadora de una nulidad.   

Si,  como  se  ha  precisado,  la  captura  y  posterior  detención del sindicado se produjeron de conformidad con la ley, sin  desconocer  sus garantías, qué objeto frente a este hecho se hubiera cumplido,  en  beneficio  del  procesado,  si  la  Fiscalía  se  hubiera pronunciado en la  segunda  instancia  ante  los  reproches  de la defensa por una supuesta captura  ilegal?     Ninguna,    absolutamente    ninguna,    por    no    tratarse,  justamente,  de una indebida privación de libertad.   

Por ello este cargo no prospera.  

Segundo cargo.  

Como ya se dijo, el imputado Paniagua Ramírez  afirmó   en  su  indagatoria,  primero,  que  en  el  forcejeo  “se  disparó” el proyectil que causó la  muerte  a  Hugo  Jaramillo  y  que salió del arma portada por éste; finalmente  sostuvo  que  él sí mató, “pero en defensa propia”. En uno y en otro caso  el  indagado,  se    declaró irresponsable  (bien por caso fortuito, ora por legítima defensa) de  la   referida   muerte,  motivo  para  que,  en  rigor,  no  pueda  hablarse  de  “confesión”,    en   los   términos   del   artículo   299   del   C.P.P.  (anterior).   

Sin  perjuicio  de  lo  dicho, esa pretendida  confesión  resultaría  inane  frente al proceso, pues, como ya se dijo, varias  personas  vieron  cuando  Paniagua  Ramírez  efectuó el disparo mortal, por lo  cual  no  procedía  la reducción de pena consagrada en el modificado artículo  299  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  si  la  imputación  objetiva  del  homicidio  dependió  de la prueba testimonial, no de la versión del reo, quien  además, nada confesaba.   

El cargo no prospera.  

Esta decisión quedará en firme el mismo día  de su suscripción.   

Por    lo   expuesto,   la   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE CASACIÓN PENAL,  y en desacuerdo con el Ministerio Público, administrando justicia  en nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

NO  CASAR el fallo  recurrido. En firme, devuélvase al Tribunal de origen.   

Cópiese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE   

JORGE   E.   GOMEZ   GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                          NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia de marzo 15 de 1999. Radicación No. 11.279.   

2  Casación No. 14.647. M.P. Dr. CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR.     

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