10250may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 10250  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado ponente:   

          Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL.   

          Aprobado acta No. 81   

Santa Fe de Bogotá, D.C., diecisiete (17) de  mayo de dos mil (2.000).     

Decide la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia  anticipada  mediante  la  cual el  Tribunal  Nacional  condenó  a  Carlos  Ernesto  Bernal  y  Gonzalo Castiblanco  Clavijo  a  las  penas  principales  de cuatro años de prisión y multa de diez  salarios  mínimos legales mensuales, como coautores del delito tipificado en el  artículo 33 de la Ley 30 de 1986.   

1. HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

Los  hechos  materia  del proceso los resume  fielmente el sentenciador en los siguientes términos:   

“Dan cuenta los autos que merced a labores  de  inteligencia  a  través  de las cuales se obtuvo información en el sentido  que  en  la  residencia  ubicada en la carrera 98 N° 38B-32 Barrio Cofradía de  esta  ciudad,  se  encontraba  estacionado  un vehículo que sería abordado por  personas  que  transportarían  estupefacientes  en  una  valija  con destino al  Aeropuerto  El  Dorado, se dispuso la vigilancia pertinente por parte de agentes  adscritos  a  la  Sección  de  Policía Judicial del Departamento Cundinamarca,  constatándose  que  efectivamente  en  las  horas  de  la  tarde del día 10 de  noviembre  de  1993,  tal acción sería desplegada, por lo que se interceptó a  los   ocupantes   del   Mazda  323  coupé,  modelo  1991,  de  placas  LVA-205,  identificados  como CARLOS ERNESTO BERNAL RODRIGUEZ, GONZALO CASTIBLANCO CLAVIJO  y  LUZ  MARINA  PRADA  DE BLANCO, a quienes se sorprendió con una maleta que al  ser  inspeccionada  contenía  varias bolsas con sustancia identificada mediante  exámenes   de  laboratorio  como  cocaína,  en  cantidad  de  4.528  gramos”  (fs. 396 c.o. y 4 c. del Tribunal).   

Iniciada la investigación, los aprehendidos  fueron  indagados  por  la  Fiscalía  Regional  de  Santafé  de  Bogotá,  que  resolvió   su   situación   jurídica  profiriendo  en  su  contra  medida  de  aseguramiento   consistente   en   detención   preventiva   (fs.   47   y   ss.  c.o.).   

Los   procesados   Carlos  Ernesto  Bernal  Rodríguez  y Gonzalo Castiblanco Clavijo solicitaron la terminación anticipada  del  proceso,  y  el  18  de  mayo de 1994 la Fiscalía les formuló cargos como  coautores  del  delito previsto en el artículo 33 de la ley 30 de 1986, los que  fueron  aceptados  con  la  asistencia  de  su  defensor  (fs.  374  y ss. ib.).   

Como  la  procesada  Luz  Marina Prada no se  acogió  al  mecanismo  de  terminación  anticipada  del  proceso, la Fiscalía  decretó  la  ruptura de la unidad procesal, remitiendo el expediente contra los  prenombrados  a  un  Juzgado Regional de Santafé de Bogotá, que los condenó a  las  penas  principales  de  cuatro  (4)  años de prisión y multa de diez (10)  salarios mínimos legales mensuales (fs. 395 y ss. ib.).   

Al   desatar   el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  defensa,  una  Sala  de  Decisión  del  Tribunal Nacional  confirmó  el  fallo,  excepto  la  orden  de  cancelar la multa con los dineros  incautados,  la  que  revocó  para  en  su  lugar  ordenar su devolución a los  procesados (fs. 3 y ss. c. del Tribunal).   

2. LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera del artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  defensor del procesado Gonzalo  Castiblanco  Clavijo  acusa  la  sentencia  por  violación  directa  de  la ley  sustancial,   al   interpretarse  erróneamente  el  artículo  61  del  Código  Penal.   

Según el actor, “parece que el fallador se  hubiese  propuesto  exclusivamente  cuantificar  la pena para hacerla superar la  barrera  de  los treinta y seis meses y así hacer nugatorio cualquier subrogado  penal,  en  este  caso  la  condena  de  ejecución condicional, pues siempre se  consideraron  los  factores que agravaban la conducta de Castiblanco, pero nunca  se  miraron  en  buena  parte,  sus  condiciones personales, como la carencia de  antecedentes,  su  calidad  de  estudiante  universitario  y ser persona que por  primera  vez  se  ve  vinculado  a  un  asunto  como  éste”  (f.  48  c.  del  Tribunal).   

Considera  equivocada la interpretación del  fallador  cuando  en  la sentencia objeto de impugnación “admite el argumento  de  primera  instancia  en  el sentido de que se violaron varios comportamientos  alternativos  y  por  eso  hay que agravar la pena, pues se estaría violando el  principio     non    bis    in    ídem”.   Al   respecto   precisa  que  los  diversos  comportamientos  alternativos  descritos  en el artículo 33 de la ley 30 de 1986 “forman parte  del  tipo  penal  y  la  vinculación  de  alguno  o  algunos de ellos comportan  adecuación  típica  de la conducta, independiente a la agravación específica  de  la  punibilidad, cuyos factores los consagra el artículo 66 del C. Penal”  (f. 48 ib.).   

Resulta  inexplicable  -agregó-,  que en la  sentencia  se  deduzca  la  gravedad  del  hecho  de  la  cantidad  de sustancia  estupefaciente  incautada  (4.526 gramos), y a la vez se haga la salvedad de que  no  se estructura la agravante prevista en el numeral 3° del artículo 38 de la  Ley 30 de 1986.   

De “errónea” calificó la dosificación  punitiva  aplicada  en  la  sentencia,  pues  “no  se compadece de la realidad  procesal,  porque no hay razón alguna para no partirse del mínimo señalado en  la  respectiva  disposición  penal  infringida  que  sería 48 meses, más seis  meses  más (sic) por la agravación del numeral 4 del artículo 66 del C. Penal  para  un  total  de  54 meses, que rebajados en una tercera parte por virtud del  art.  37  del  C. de P. Penal (mod. Ley 81 de 1993) daría un total de TREINTA Y  SEIS  MESES  de prisión, lo cual no haría nugatorio el beneficio de la CONDENA  DE  EJECUCION  CONDICIONAL  en  favor de GONZALO CASTIBLANCO CLAVIJO, quien, por  sus  condiciones  personales  no  merece  permanecer  más tiempo recluido en un  centro penitenciario” (f. 48 ib.).   

Solicita “CASAR la sentencia en el sentido  de  MODIFICAR  la  pena  impuesta  a  CASTIBLANCO  CLAVIJO  para imponerle la de  treinta    y   seis   meses   y   concedérsele   la   condena   de   ejecución  condicional”.   

4.  CONCEPTO DEL PROCURADOR TERCERO DELEGADO  EN LO PENAL   

El  Agente del Ministerio Público solicitó  desestimar  la  pretensión  del  impugnante, al considerar que “el proceso de  dosificación  punitiva,  encaminado  sin  prejuicios  ni sofismas, fue deducida  (sic)  correctamente  y  con  estricto  apego  a  los criterios señalados en el  artículo  61  del Código Penal, sin que a ninguno de ellos se le diera alcance  o  sentido  diferente  al  que  la  ley  les  ha  determinado” (f. 15 c. de la  Corte).   

Luego   de  exponer  los  fundamentos  que  sirvieron  de  base  al  juzgador  para  dosificar  la pena, precisó que en las  sentencias  de  primera  y  segunda instancia se aludió “a las circunstancias  del  delito  que  permiten  el  incremento  de la sanción de conformidad con lo  señalado   en  el  artículo  66  del  Código  Penal  y  a  los  criterios  de  dosificación  punitiva  establecidos  en  el  artículo 61 de la misma obra”,  como  son  la  preparación  ponderada  del  hecho punible, la cantidad de droga  incautada  y  la  realización  de  varios de los verbos rectores previstos como  núcleo  del  tipo  penal  infringido,  elementos  éstos  que  “no  fueron en  realidad  estimados como circunstancias de agravación de la sanción, sino como  factores  determinantes  de  una  modalidad del hecho punible que los juzgadores  estimaron  digna  de  una  mayor pena, consideración que a su turno operó como  criterio  de  dosificación  punitiva, según lo previsto en el artículo 61 del  Código Penal” (f. 13 ibídem).   

Agregó  que “los fundamentos expuestos en  la  sentencia acusada no violan en forma alguna el principio non bis in ídem en  tanto  que  no se castiga dos veces una misma conducta, sino que la modalidad de  su  ejecución,  que requirió el recorrido de varios de los verbos contemplados  en  el  tipo  penal,  condujo al juzgador a calificar el hecho como ‘más         grave’  en  función  de otro (‘menos        grave’)   cuya   realización  se  hubiera  logrado  con  el cumplimiento de uno solo de los actos a que se refiere la norma  correspondiente” (f. 14 ib.).   

Finalmente,   consideró   infundada   la  afirmación  del  demandante, cuando sostiene que en el proceso de dosificación  de   la  pena  ha  debido  partirse  del  mínimo  señalado  en  la  respectiva  disposición,  pues  existe una circunstancia genérica de agravación punitiva,  cual  es  la  del  numeral 4° del artículo 66 del Código Penal, referida a la  preparación ponderada del hecho punible (f. 15 ib.).     

5. CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Como  premisa inicial ha de afirmarse que de  conformidad  con  el reiterado criterio de la Corte, la limitación a los puntos  objeto  de controversia por vía de apelación interpuesta por el procesado o su  defensor  contra  la  sentencia  anticipada,  que  establece  el numeral 4° del  artículo  37B  del Código de Procedimiento Penal, también impera en ejercicio  del recurso extraordinario de casación.   

En  consecuencia la Corte ha establecido que  asiste  interés al defensor del procesado para controvertir por vía de recurso  extraordinario  de  casación  la sentencia de conformidad, cuando el disenso se  refiere  exclusivamente a los temas de la dosificación de la pena, el subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional,  la  condena  al  pago de daños y  perjuicios  y  la  extinción del dominio sobre bienes, pues sin perjuicio de la  revisión  oficiosa  que  por  virtud  del  control de legalidad ejerce el juez,  admitir  el  debate  por  vía  de  impugnación  de otros temas, implicaría el  desconocimiento  de  la  naturaleza  especial  de  la terminación prematura del  proceso,  y  comportaría  una  retractación  inoportuna  de los cargos libre y  voluntariamente  aceptados por el procesado. (cfr., entre otras, providencias de  6  de mayo de 1997, Mag. Pon. Dr. Jorge Aníbal Gómez Gallego; 10 de febrero de  1999,  Mag.  Pon.  Dr.  Fernando  Arboleda Ripoll; y 23 de febrero de 1999 Mags.  Pon.   Dr.   Carlos   Augusto   Gálvez   Argote   y   Dr.   Carlos   E.  Mejía  Escobar).   

En  este  sentido, como la inconformidad del  recurrente  estriba  en  la  dosificación  de  la  pena por parte del juzgador,  aparece  legitimada  la  interposición  del recurso extraordinario de casación  por parte del defensor, y de contera la Corte desatará la censura.   

Con  relación  a  la  vía de ataque que el  casacionista  seleccionó  para  controvertir la legalidad de la sentencia, cual  es  la  violación  directa de la ley sustancial por errónea interpretación de  la  norma  aplicada  al  caso,  ha  dicho la Corte que consiste en el deficiente  entendimiento  de  la disposición que, aunque adecuadamente seleccionada por el  juzgador,  resulta  desfigurada  en  su  sentido y alcance, haciéndole producir  efectos  que  de  ella no se derivan, o incluso que contrarían el mandato allí  contenido.  La  demostración  de la infracción de la ley por este motivo exige  -como  todas  las  demás  causales-,  el  señalamiento  claro y preciso de los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  del  reproche,  y  la  aceptación de los  fundamentos de hecho de la sentencia objeto de impugnación.   

Al   respecto  no  resulta  afortunada  la  formulación  del  cargo  con  arreglo al cuerpo primero de la causal primera de  casación,  pretendiendo  deducir  la  errónea interpretación del artículo 61  del  Código  Penal  por el establecimiento de la gravedad del hecho a partir de  la  pluralidad  de  conductas  alternativas  ejecutadas,  la  cantidad  de droga  incautada,  y  la preparación ponderada de hecho punible, únicamente acudiendo  a  enunciados  genéricos y a la personal apreciación sobre la dosificación de  la  pena,  que  nada  aportan  en  aras  de  la  demostración  de la deficiente  inteligencia    por    parte   del   Tribunal,   de   la   norma   que   predica  transgredida.   

El  casacionista  se  limita  a  predicar la  errónea  interpretación  del  artículo  61  del  Código Penal, sin emprender  tarea  alguna  en  orden  a  indicar qué dice la norma en concreto, cuál es la  regulación  que le da a la materia en debate, cuál fue el entendimiento que de  ella  tuvo el Tribunal, porqué derivó un alcance mayor o menor al que su texto  tiene,  que  repercusión  tuvo  tal  yerro  en  el  establecimiento de la parte  dispositiva  del fallo, y cómo la podría modificar, de haber sido interpretada  acorde con la recta inteligencia que de ella se desprende.   

No aporta el recurrente los fundamentos para  establecer  el desacertado entendimiento y aplicación de los criterios que para  dosificar  la  pena  trae el artículo 61 del Código Penal, los que ni siquiera  individualiza,  y  en cambio, al aducir la violación del principio “non   bis   in   ídem”   por   la  consideración  de  la  realización de varias de las conductas alternativas que  integran  el  tipo  descrito  en  el  artículo  33  de la ley 30 de 1986,   desvió  el  objeto  de la violación directa denunciada para referirlo, con las  mismas  deficiencias de argumentación, ya no al artículo 61 del Código Penal,  sino  al  29  de  la  Constitución  Política, donde se consagra tal garantía.   

Así  mismo  adviene  desacertado invocar la  violación  directa  de  la  citada  norma,  por  no  haber  tenido en cuenta el  fallador,  en el proceso de dosificación de la pena, las condiciones personales  del  procesado,  “como  la  carencia de antecedentes, su calidad de estudiante  universitario  y  ser  persona  que  por primera vez se ve vinculado a un asunto  como  éste”,  pues a un error de ese talante sólo se arribaría por falta de  apreciación  o  tergiversación  de  los  medios  de prueba demostrativos de la  condición  de  estudiante  del  procesado,  y de la ausencia de antecedentes de  carácter penal.   

Por corresponder a una errónea apreciación  de  la prueba, un desacierto de esta índole por parte del juzgador, acarrearía  la  violación indirecta y  no  directa de la ley sustancial, pues su incidencia inmediata se circunscribe a  la  verdad  fáctica  y  no  a  la  comprensión  de la norma cuya transgresión  pretende  deducir  el  censor,  extraviando  por  ende la vía de impugnación a  través de la cual pretende quebrar la sentencia de segundo grado.   

En  otras palabras, si lo que pretendía el  casacionista  era  deducir  la  ilegalidad de la sentencia de la desatención de  algunas  circunstancias  personales  debidamente  acreditadas  en el proceso, ha  debido  enfilar el reproche por el error de hecho por falso juicio de existencia  o  de  identidad,  según  el  caso,  y no pretender establecer, a partir de esa  premisa  y  en  su  afán  por  cuestionar  la  drasticidad  en  el  proceso  de  dosificación  de  la  pena,  la  errónea  interpretación del artículo 61 del  Código  Penal,  pues  sabido  es que la violación directa presupone admitir el  sustento  fáctico de la selección o aplicación de la norma cuya violación se  pretende demostrar.   

La anotada precariedad en la argumentación  de  la  censura  -inadvertida  por el Procurador Delegado-, torna inexaminable y  por  ende  impróspera la impugnación, máxime si, como ha quedado expuesto, se  omite  señalar  con claridad y precisión, los fundamentos de la vía de ataque  indebidamente  escogida  por el casacionista, cual es la violación inmediata de  la ley sustancial, por errónea interpretación.   

Al  margen  de  las  deficiencias  en  la  presentación  del  cargo,  le  asiste  razón al agente del Ministerio Público  cuando,  ante  la  racionalidad  que  exhibe  el proceso dosimétrico de la pena  desplegado  por  el  juez,  descarta la desfiguración del sentido y alcance del  artículo  61  del  Código  Penal,  y por ende, la violación directa de la ley  sustancial que el actor aduce pretendiendo quebrar la sentencia.   

Demostrada  como  se  halla  la  deficiente  formulación  y  fundamentación  de  la  censura,  se  declara  impróspero  el  cargo.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

NO  CASAR  la  sentencia ameritada.   

Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

        EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE            JORGE   ANIBAL   GOMEZ  GALLEGO   

                                                                                                      No hay firma   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                   CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON           NILSON  E. PINILLA  PINILLA   

                                                                                                      No hay firma   

        TERESA RUIZ NUÑEZ   

        Secretaria   

    

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