9863a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                                                            NILSON  E.  PINILLA PINILLA   

                                                    Aprobado Acta N° 11   

Santafé de Bogotá D. C., enero veintinueve  (29) de mil novecientos noventa y nueve (1999.   

          ASUNTO:   

El  7 de junio de l994, el Tribunal Superior  de  Santafé  de  Bogotá  confirmó en lo principal la sentencia dictada por el  Juzgado  46  Penal del Circuito de esta ciudad que, entre otras determinaciones,  condenó  a  JOSE  REINALDO GRIMALDO a la pena principal de veinticinco años de  prisión,  como responsable del delito de homicidio, decisión por él recurrida  en casación.   

          HECHOS:   

La tarde del 18 de abril de 1993, en un campo  de  tejo  de  propiedad  de NAPOLEON RODRIGUEZ CASTILLO, ubicado en el barrio La  Florida  de  este Distrito Capital, se suscitó un altercado entre el mencionado  señor  y  JOSE REINALDO GRIMALDO, propinándole éste varias cuchilladas que le  causaron   la   muerte   en   momentos   en   que  era  conducido  a  un  centro  hospitalario.   

El  agresor  huyó,  siendo  perseguido  por  muchas  personas,  que  lo  aprehendieron  y entregaron a agentes de la Policía  Nacional que asumieron el caso.   

          ACTUACION PROCESAL:   

Oído  en indagatoria, GRIMALDO expresó que  la  tarde  de  autos, después de haberse dedicado a jugar tejo e ingerir licor,  acudió  al  establecimiento  de Napoleón Rodríguez, quien se negó a venderle  trago  y  le  asestó  un  varillazo en la cabeza que le hizo perder el sentido;  vuelve   a  recordar  cuando  un  grupo  de  personas  lo  golpeaba  con  tejos,  acusándolo de haber dado muerte a Napoleón.   

Resuelta la situación jurídica y clausurada  la  instrucción,  la  Fiscalía  111  Delegada  ante  los  Juzgados Penales del  Circuito  la calificó el l7 de agosto de l993, con resolución de acusación en  contra   del  indagado  por  el  delito  de  homicidio  simple,  con  fundamento  especialmente  en  las declaraciones de Luis Rafael Rodríguez Calderón y otros  testigos,  que  coinciden  en  atribuir  la  autoría  del hecho a JOSE REINALDO  GRIMALDO,  luego  de  haber  agredido de palabra y obra a la víctima, para huir  del  lugar  y  ser  aprehendido por multitud de personas, que lo entregaron a la  autoridad.   

Dictaminada   negativamente   la  supuesta  inimputabilidad  del  procesado  y  celebrada  audiencia pública, el Juzgado 46  Penal  del Circuito de Santafé de Bogotá condenó a GRIMALDO el 20 de abril de  1994,  a  25  años de prisión y a las sanciones accesorias de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso de diez años y suspensión de la  patria  potestad durante quince años, al igual que a indemnizar en concreto los  perjuicios  causados,  fallo  apelado  por la defensa y confirmado el 7 de junio  siguiente  por  el  correspondiente  Tribunal Superior, con la única reforma de  revocar la sanción accesoria de suspensión de la patria potestad.   

LA DEMANDA:  

La  sentencia del Tribunal es acusada por el  defensor,  en  el  marco de la causal primera de casación, de ser violatoria en  forma  indirecta  del  artículo  60  del  Código  Penal,  por  falso juicio de  existencia  consistente  en falta de apreciación de la prueba indicativa de que  JOSE  REINALDO  GRIMALDO fue herido injustamente en la cabeza por el propietario  de  la cancha de tejo para forzarlo a retirarse del lugar, lo cual le produjo un  estado   de   ira   que   le   llevó  a  reaccionar  en  la  forma  en  que  lo  hizo.   

Como   pruebas   desconocidas  señala  el  impugnante  el  testimonio  de Pablo Emiro Gamboa Pardo, quien afirma (f. 17 cd.  inicial)   que  una  de  las  manchas  de  sangre  apreciadas  en  el  piso  del  establecimiento  “es  la  del  reo”;  la  indagatoria (fs. 42 y Ss. ib.), en  cuanto  el  sindicado  manifiesta  haber  sido  atacado  por  la  víctima, y lo  constatado  durante  la inspección judicial al lugar de los hechos, reproducido  mediante  las  fotografías  tomadas por orden del instructor (fs. 19 y 82 ib.),  “donde  se  aprecia  que  las manchas de sangre que se dicen (sic) pertenecen al  procesado  se  encuentran  al  lado de la vitrina, significando que en ese lugar  fue    herido    el    sindicado    por    parte    del    señor   Napoleón  Rodríguez  y allí fue donde  mi   cliente   le   propina   las   heridas   al   mismo”  (f.  61  cd.  Trib.).  Agrega:   

“Al  sostenerse  por parte del sentenciador  que  no hubo comportamiento grave e injusto por parte de la víctima, no es más  que  dejar  de  apreciar  las pruebas que afirman que efectivamente el procesado  sí fue herido por el hoy fallecido.   

Para  que  opere  el  atenuante  de  la ira  (artículo  60 del Código Penal) se requiere que haya un comportamiento grave e  injusto  por  parte  de  la  víctima,  en  nuestro  caso el señor Napoleón   Rodríguez,  hay  suficiente  prueba  en el plenario que sostiene que José Reinaldo  Grimaldo  llegó ya con sus tragos al establecimiento  donde   ocurrieron   los  trágicos  hechos,  que  inclusive  utilizó  palabras  desobligantes   para   con   su   propietario,   que   el   señor  Napoleón  Rodríguez   se  negó a  darle      servicio      y      que      para      sacar      a     Grimaldo   de   su  establecimiento  lo  hirió;  hecho  que  conlleva  a la reacción violenta de mi defendido y con los  resultados  ya  conocidos… es indudablemente grave la ofensa ya que a pesar de  la  insistencia  de  la  venta  de  bebida alcohólica por parte de Grimaldo  y de la forma descortés, dado  a   su   estado   de   ebriedad,  no  era  la  forma  correcta  de  Rodríguez   para  desalojar al hoy  sindicado   en   forma   violenta,   (herirlo),   era  injusta,  ya  que  si  el  establecimiento  está  dedicado  a la venta de esta clase de bebidas, lo normal  es   que   allí  los  borrachos  no  sean  del  todo  acordes  con  los  buenos  modales”.   

Reitera  que  al  haber  sido desconocida la  grave  e  injusta  agresión  de  que  fue  objeto  el procesado por parte de la  víctima,  conforme  resulta  de  las  pruebas  mencionadas,  se  quebrantó  el  atenuante   del   artículo   60,   que   en  dos  oportunidades  cita  como  si  correspondiera  al  Código  de  Procedimiento  Penal,  y  solicita  “casar la  presente demanda y proferir el fallo sustituto” (sic).   

         CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO:   

El  señor Procurador Primero Delegado en lo  Penal  pide  no casar la sentencia recurrida, porque las pruebas mencionadas por  el  demandante  no  fueron  desconocidas en su contenido sino, por el contrario,  apreciadas  de  acuerdo  a  las reglas de la sana crítica para inferir de ellas  que  el procesado no fue agredido por la víctima, conclusión a la que el actor  antepone su personal criterio.   

No probado el comportamiento grave e injusto  del  dueño  del  establecimiento,  falla  la  pretensión  de que se aplique el  artículo  60  del Código Penal. Aunque es cierto que GRIMALDO resultó con una  herida  en  la  cabeza, “ninguno de los testigos presenciales afirma que se la  haya   causado   ‘de  un  varillazo’   Napoleón  Rodríguez,  quedando la duda de que más bien hubiese sido propinada por alguna  de   las  personas  que  lo  aprehendieron  para  regresarlo  al  lugar  de  los  hechos”.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE:   

El reconocimiento de la ira en favor de JOSE  REINALDO  GRIMALDO  con  el  argumento  de  haber sido agredido en forma grave e  injusta  por  Napoleón  Rodríguez,  impetrado  también en las instancias, fue  negado   por   el   Tribunal   al   no  encontrar  probado  que  el  dueño  del  establecimiento   agrediera   al   procesado,   pues  ninguno  de  los  testigos  presenciales  da  fe  de  ello  y es probable que las lesiones se le causaran al  caer  al  piso  en  momentos en que emprendió la huida, según el testimonio de  referencia  del  policial  Wilman  Borda  Hernández (f. 115 cd. inicial), o por  algunas  de las personas por las que fue “regresado” al lugar de los hechos,  habida   cuenta   que   el   mismo   acusado   recuerda  que  lo  golpearon  con  tejos.   

Los juzgadores apreciaron de manera objetiva  e  integral las pruebas, entre ellas las declaraciones de Luis Rafael Rodríguez  Calderón  y Pablo Emiro Gamboa Pardo, para deducir que GRIMALDO llegó al campo  de  tejo  embriagado  y  provocó  soezmente a Napoleón Rodríguez, actitud que  éste  rechazó  conminando  al  intruso a que se retirara del lugar; se limitó  luego  a  dirigirse  al  mostrador,  hasta  donde  lo  siguió  el  ofensor para  acuchillarlo,    hecho    lo   cual   dejó   caer   el   arma   y   huyó   del  establecimiento.   

Gamboa Pardo, en la declaración que cita el  censor  como  dejada  de  apreciar,  rendida  en  el lugar de los hechos al día  siguiente  de  éstos,  al ser interrogado acerca de a quién correspondían las  manchas  de  sangre  observadas en el piso, respondió: “Allá fue donde cayó  don  NAPOLEON  (el  deponente indica cerca al estante y detrás de la vitrina) y  la  de  acá  es  la  del  reo  (señala  el  centro  del local)”, contestando a  continuación   que   no   sabe  “cómo  fue  lesionado  el  reo”.  De  esta  manifestación,  unida  al dicho del indagado y a lo apreciado en la inspección  judicial,  deriva  el  impugnante  prueba  idónea  para demostrar la gravedad e  injusticia  de  la conducta de Napoleón Rodríguez, censurando que no haya sido  considerada en el fallo.   

Olvida  que  la  indicación  del  testigo  resulta  equívoca para probar el origen de la herida sufrida por GRIMALDO, pues  puede  demostrar  que  estaba  lesionado  pero  no cuándo ni cómo ni de quién  recibió  el  golpe,  ni  si  éste  fue fortuito, manteniéndose inamovible que  ninguno  de  los  testigos  dijo  haber  visto que Napoleón atacara a golpes al  sindicado  y, por el contrario, predican que éste fue el provocador. Si bien es  cierto  que el deponente Gamboa Pardo menciona que una de las manchas observadas  en  el  piso era de sangre del procesado Grimaldo, el mismo casacionista comenta  que  el  instructor  “no tuvo la diligencia… de preguntarle por qué y cómo  se  produjeron  las  heridas  al procesado” (f. 61 cd. Trib.), aunque el texto  antes  citado  muestra que sí le preguntó, pero Gamboa no lo sabía. De manera  que   esa   insular   manifestación   del  testigo,  quien  de  antemano  negó  comportamiento  agresivo  de  Napoleón,  no  sirve  para demostrar que él haya  herido en la cabeza a GRIMALDO.   

En  cuanto  a la indagatoria, es manifiesto  que  sí fue debidamente analizada, como se lee por ejemplo a folios 19 y 20 del  cuaderno  del  Tribunal,  sólo que, al contrario de lo reclamado por el censor,  acertadamente  dejó de reconocérsele credibilidad en el aspecto cuestionado. Y  de  la inspección judicial el recurrente pretende un alcance que no tiene, pues  simplemente  da  cuenta  de  dos  manchas de sangre, una grande “detrás de la  vitrina”,  que es la que se aprecia en la fotografía al folio 82 del cuaderno  inicial  sin  ninguna  acreditación  de  que  corresponda  al  procesado,  como  pretende  señalar el casacionista, y otra pequeña “en la mitad del local y a  2.80  metros  de  la  entrada”  (f. 19 ib.), desconociéndose cuál se produjo  primero.   

Además el censor parceló a su arbitrio el  ataque,  dejando  de  lado,  sin  ninguna  objeción  ni  reproche,  pruebas tan  concluyentes  como  el  testimonio  de  Luis  Rafael  Rodríguez  Calderón, que  analizadas  a  la  luz de la sana crítica, como lo hicieron los administradores  de   justicia,   conducen   certeramente   a   negar   la   atenuación   de  la  ira.   

Lo antes expresado demuestra que no hubo la  omisión  aducida sobre el análisis probatorio y que, de haberla, carecería de  trascendencia  al no poder afectar el juicio de responsabilidad penal porque, se  repite,  mediante otros medios de convicción de ostensible fuerza probatoria se  establece  que  Napoleón  Rodríguez  no agredió ni provocó injustamente a su  victimario.   

No prospera el cargo formulado.  

En virtud de lo expuesto y de acuerdo con el  Procurador  Delegado,  la  Corte Suprema de Justicia en Sala de Casación Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

        RESUELVE:   

NO CASAR  la  sentencia condenatoria objeto de impugnación.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                  RICARDO            CALVETE  RANGEL        

JORGE        E.        CORDOBA  POVEDA           CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE      

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO            CARLOS  EDUARDO  MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA                           NILSON E. PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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