9193 (31-08-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    INDAGATORIA/  DEFENSA      TECNICA/  NULIDAD/  CONCILIACION/ REPARACION DEL  DAÑO/  PERJUICIOS   

1.-El  artículo 360 del  Código  de  Procedimiento  Penal  ordena  al funcionario judicial interrogar al  indagado  sobre  ”  los  hechos  que  originaron su vinculación” y no sobre las  calificaciones  jurídicas  que  a  ellos  puedan  darse,  y que si bien esto es  aconsejable  para restar bases a infundados ataques de nulidad, su no referencia  no   disminuye  las  oportunidades  defensivas  del  inculpado  ni  lesiona  sus  garantías procesales.   

2.- No alegar antes de la  calificación  del  sumario o no impugnar esa calificación, bien puede obedecer  a  una  táctica de la defensa o a una tácita conformidad con la resolución de  acusación  por  considerarla  justa.  Sería  arbitrario  entonces, tomar estas  circunstancias   como   evidencias   de   una  pretendida  ausencia  de  defensa  técnica.   

3.-  El artículo 38 del  Código   de   Procedimiento   Penal   contempla  la  conciliación  durante  la  investigación  previa  o  durante la instrucción, únicamente para los delitos  que   admitan   el   desistimiento,   entre   los  que  no  está  el  homicidio  culposo.   

Proceso  No.  9193            

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

         SALA DE CASACION PENAL   

         

                                                   Magistrado Ponente:   

                                                   Dr. FERNANDO ARBOLEDA  RIPOLL   

                                                   Aprobado Acta No. 109 VIII-3-95   

Santa  Fe  de  Bogotá D. C., treinta y uno  (31) de agosto de mil novecientos noventa y cinco (1995).   

                     Decide la  Corte  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  30  de  septiembre  de  1993,  por  medio  de  la  cual el Tribunal Superior del  Distrito    Judicial    de    Ibagué   condenó   al   procesado   JORGE  RICARDO  GUTIERREZ  ESCOBAR  a  2  años de prisión por el delito de homicidio culposo.   

                     Hechos y  actuación procesal.-   

                      1.-  El  acontecer  fáctico  materia  del  proceso  lo  resume  correctamente  el  fallo  impugnado, así:   

                   “El sábado  11  de  abril  de  1992,  procedente  de  Bogotá  y con destino a Cali, viajaba  conduciendo  su  automóvil  Volkswagen,  de  placas  NF-5599,  el  señor Jorge  Ricardo  Gutiérrez  Escobar,  a  quien  hacían compañía los jóvenes Andrés  Mauricio  Guevara Arévalo y Diego Alberto Arévalo Vélez. En el mismo sentido,  pero  rumbo  a  Pereira,  viajaba sólo el señor Carlos Antonio Nieva Baldeón,  conduciendo  la  camioneta  Luv 2300, distinguida con las placas CHG570. Y a eso  de  las cinco de la tarde, cuando hacían su entrada a la ciudad de Ibagué, por  falta  de  cuidado  atribuíble  al último, que en ese momento venía adelante,  los  dos  vehículos  rozaron o chocaron levemente preciso en el instante en que  el  primero  quiso  adelantarlo,  circunstancia  por  la  cual, éste lo siguió  pidiéndole  que  se  detuviera  para  que  respondiera del pequeño daño. Como  Nieva  Baldeón  no  se  detuvo,  Gutiérrez  Escobar disparó en tres ocasiones  hacia  el  vehículo de aquél, con una pistola calibre 9 mm., marca Smith &  Wesson,  de  12  cartuchos,  modelo 469, número TBU6233, rompiéndole el vidrio  lateral  derecho  y el parabrisas. Pero, además, con el fatal resultado de que,  uno  de  los tiros le pegó en el rostro al señor José Manuel Cifuentes, quien  en  sentido contrario marchaba conduciendo el taxi de placas WT-3030, el que, al  perder  el  control  su conductor fue a quedar en el separador de la vía, justo  en  la  carrera  4ª  con  calle  44,  frente  a  la residencia demarcada con el  No.44-46.   

                  “Agonizante,  el  lesionado fue trasladado al hospital Federico Lleras Acosta de la ciudad, en  donde  se  produjo  su  deceso  al medio día del trece de los mismos” (fls.13 y  14-2).   

                    2.- Según  el  informe  policial,  al  ser  capturado,  Gutiérrez  Escobar  aceptó  haber  efectuado los disparos (fls.2-1).   

                    El Juzgado  24  de  Instrucción  Criminal de Ibagué dió apertura a la investigación  y  escuchó  en  indagatoria a Gutiérrez Escobar (fls.23-1), quien explicó que  al  entrar  a  la  ciudad  de Ibagué conduciendo un vehículo, varias veces una  camioneta  Luv  le  cerró  el paso y en la última, hasta golpeó su automotor.  Ante  esta  actitud  reiterativa  del  conductor  de  la  camioneta,  y  dada la  circunstancia  de  que  tanto  su  padre como el de uno de sus acompañantes son  Comandantes  de  sendas  Brigadas  del  Ejército, “cogí mi pistola marca Smith  &  Wesson  calibre 9 mm.y la cogí en la mano, fue cuando entonces vimos que  el  señor  de  la  Luv  hacía  una  especie  de ademán y sacaba un objeto que  nosotros  identificamos como un arma, entonces nosotros como medida preventiva y  yo  como medida preventiva y por el susto que tenía en ese momento pensando que  más  adelante nos iban a hacer un atentado o nos iban a secuestrar debido a que  una  moto  venía atrás desde algún tiempo, la reacción mía fue apuntar a la  llanta  del  vehículo  Luv  y dispararle para que ésta se detuviera, es decir,  apuntarle  a  la  llanta  delantera  derecha y así esta se detuviera y nosotros  pudiéramos continuar la marcha” (fls.24 y vto.).   

                    Agrega que  después  de  haberse  presentado  a  las  instalaciones  de  la  Sexta  Brigada  continuó  su  viaje,  siendo  más  tarde  capturado  por  las  autoridades  de  Policía,  bajo  la sindicación de “que nosotros habíamos herido a un taxista,  lo  cual  nosotros  negamos,  lo cual no conocíamos nada acerca de eso” (fls.24  vto.).   

                     – Fueron  escuchados  los  acompañantes del procesado, quienes en lo sustancial confirman  su   versión  (fls.31  y  ss-1).  Practicadas  otras  pruebas  se  decretó  la  detención  preventiva  de Gutiérrez Escobar por el delito de homicidio culposo  (fls.61 y ss-1).   

                  – La madre y  la  hermana  del  occiso José Manuel Cifuentes, se constituyeron en parte civil  (fls.151  y  ss-1).  Clausurada  la  investigación  se  la  calificó  el  4 de  diciembre  de  1992  con resolución de acusación contra Gutiérrez Escobar por  el  punible  de homicidio culposo previsto en el artículo 329 del Código Penal  (fls.239 y ss-1).   

                     3.-  El  juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  Ibagué  asumió el juicio, practicó  algunas  pruebas (entre ellas el peritaje de daños y perjuicios, fls.273 y ss),  celebró  audiencia pública y dictó sentencia el 7 de julio de 1993 (fls.294 y  ss-1),  mediante  la  cual,  en  consonancia  con  la  acusación,  condenó  al  procesado  a  la pena principal de 2 años de prisión y multa de mil pesos, y a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas. También se  condenó  al procesado al pago de los daños y perjuicios de conformidad con los  artículos  106  y  107  del  citado  Código,  y  se le concedió la condena de  ejecución  condicional.  En  dicho  fallo, además, se ordenó el secuestro del  automóvil  del  procesado.                        

                        El  apoderado  de  la  parte civil recurrió en apelación dicha sentencia, alegando  que  la  pena privativa de la libertad había sido muy poca y también combatió  la tasación de perjuicios.   

                        El  Tribunal,  por medio de sentencia que recurrió en casación el defensor (fls.13  y  ss-2),  confirmó  enteramente  el  fallo  apelado. En cuanto al monto de los  perjuicios materiales, aclaró el voto el Magistrado Ponente.   

                        La  demanda.-   

                     Cargo  primero.-   

                  Al amparo  del  artículo  220-3  del Código de Procedimiento Penal, el casacionista aduce  nulidad  del proceso, por vicio que “a no dudarlo desemboca en la violación del  derecho  de  defensa”  (fls.54-2),  por  cuanto  el procesado Gutiérrez Escobar  rindió  indagatoria  cuando  todavía  no  se  tenía conocimiento de que José  Manuel  Cifuentes  había  fallecido,  y  por  tanto,  “ningún cargo distinto a  referirse  el  juzgado  a  la  existencia  de un herido se le hizo al procesado”  (fls.55  infra y 56). Transcribe las preguntas que al respecto se hicieron en la  indagatoria, y reitera:   

                     “Como  puede  apreciarse  por  la transcripción del interrogatorio ninguna pregunta de  manera  directa  e inequívoca se formula al procesado con relación a un herido  como  consecuencia  del  incidente,  a  la  posibilidad  o  no  de  haber tenido  conocimiento  de ese hecho; a las condiciones de manejo del arma, entrenamiento,  posibilidad  de  prever  tal resultado, conocimiento de la persona presuntamente  ofendida,  en  fin,  de  todas aquellas circunstancias que ahora y en la condena  que  se  profiere  contra  mi defendido se le reprochan de no haberlas tenido en  cuenta,  de  la  imprudencia  culpable,  en  una  palabra,  de  todo aquello que  conforma la culpa penal” (fls.58-2).   

                   Insiste,  ante  el  hecho  de que el instructor conocía lo ocurrido, en que “disponía de  información  suficiente  para  haber  estructurado  una  indagatoria amplia y a  través  de  ella haber formulado cargos concretos al procesado para que pudiera  explicar su conducta y defenderse de los mismos” (fl. cit.).   

                    Señala  que  de  todos modos no se interrogó al acusado por el homicidio culposo objeto  de  la  sentencia impugnada ( por el cual fue primero detenido preventivamente y  luego  acusado),  y agrega que cuando murió la víctima se ha debido ampliar la  injurada en cuestión.   

                      Cita  jurisprudencia  acerca  del  carácter  esencial  que  tiene  en  el  proceso la  indagatoria  (Providencia de 27 de agosto de 1992, Mag. Pte Dr. Saavedra Rojas),  diligencia  en  la cual se exige que “se concrete la imputación” (fls.62). “Que  el  procesado  -indica  la  referida  jurisprudencia-  sea interrogado de manera  clara  y  precisa sobre los hechos constitutivos de infracción a la ley penal y  sobre  las  circunstancias anejas (sic) a ellos, constituyen verdadero requisito  de   procesabilidad   para   que   se  pueda  ejercer  el  derecho  de  defensa”  (fls.62).   

                 Insiste en  que  al  procesado  no  se  le  indagó  en  concreto por el delito de homicidio  culposo,  cosa  que tampoco hizo el Juez de conocimiento, y subraya que no se le  interrogó  allí  por  la lesión o muerte de una persona, quedando la justicia  sin  saber cuál es la versión del procesado acerca de la previsibilidad que se  le reprochó posteriormente (fls.66).   

                    Reitera  que  se  violó  el derecho de defensa y precisa: “Es tan cierta mi apreciación  que  la defensa técnica hecha tardíamente en el proceso como en su oportunidad  demostraré,   quedó   huérfana   en   sus  planteamientos  con  relación  al  planteamiento  sobre  la  culpa  sin  previsión  y  el  caso  fortuito y no fue  aceptada  por la potísima razón que (sic) no tenía sustento procesal sobre el  cual  afirmarse  como  consecuencia  de  la omisión aquí demostrada” (fls.66 y  67).   

                   

                     Cargo  segundo.-   

                   También  invoca  nulidad,  sobre la base de que el acusado no tuvo defensa técnica, pues  dice  que el apoderado de confianza que lo asistió en indagatoria “se limitó a  través  de  un  escrito  a  solicitar  la  entrega del automóvil Volkswagen de  propiedad  de  mi  poderdante  y  la  obtuvo.  Participó  en  una diligencia de  inspección  judicial,  así  como  en  ampliación  de  declaración del señor  Nieves Baldeón” (fls.68).   

                 Afirma que  el  dicho  apoderado  no alegó de conclusión, no controvirtió los peritajes y  “no  solicitó  pruebas  a  favor  de  su  defendido,  pudiéndolo haber hecho y  principalmente  si plantearía el caso fortuito como efectivamente lo hizo en la  audiencia  pública,  ninguna diligencia solicitó que le sirviera de fundamento  a  sus  alegaciones.  Fue  pues  pasiva  su  presencia  en el sumario” (fls.68),  pasividad  que  le  reprocha aún más en la etapa del juicio. “Cierto es -dice-  que  alegó  de  manera  erudita y juiciosa sobre los fenómenos teóricos de la  culpabilidad  culposa  y  del  caso  fortuito, pero, repito, sin ninguna fortuna  para  su  patrocinado  precisamente  por  no  haber  propiciado  una sola prueba  siquiera,  distinta  a  las  practicadas de oficio primero con los acompañantes  del  procesado y luego por iniciativa del instructor las demás que naturalmente  no  apuntaron  a la demostración de la causal de exculpación que se propuso en  la   audiencia   y   que   fue  finalmente  desechada  en  las  dos  instancias”  (fls.69).   

                 Agrega que  nada  hizo  el  defensor con relación al peritaje sobre daños y perjuicios, no  obstante   haber  sido  mal  cuantificados.  Anota  más  adelante  que  “si  la  estrategia  del  defensor  hubiera  sido  alegar el caso fortuito, circunstancia  esta  excepcional,  lo  prudente,  lo  que  cualquier  mandatario hubiera debido  siquiera  intentar era una actividad probatoria que condujera a la demostración  del  caso; no con la pasividad, el dejar hacer y dejar pasar para en oportunidad  a  la  cual  no  podía faltar como era la audiencia pública, llegar a sostener  una  tesis  jurídica y debatirla exclusivamente en el campo teórico, huérfana  por tanto de respaldo probatorio” (fls.70).   

                     Cargo  tercero.-   

                 Afirma que  existen  irregularidades  sustanciales constitutivas de nulidad debidas a que no  se  cumplieron  las  actuaciones previstas en los artículos 38 y 39 del Código  de  Procedimiento  Penal,  atinentes  a la extinción de la acción penal cuando  haya  reparación  integral  del  daño ocasionado con el delito. Habla sobre la  audiencia  de  conciliación  y  señala que el funcionario judicial está en la  obligación  de  propiciar  un acuerdo entre el procesado y la víctima “citando  para  audiencia  de  conciliación como uno de los ritos del proceso penal y por  los  delitos  que  admiten  preclusión  o cesación de procedimiento” (fls.73),  omisión  -dice-  que  perjudicó entonces al procesado, porque a su respecto no  se  le  dió oportunidad de que se le decidiera la preclusión o la cesación de  procedimiento.  “En  uno y otro caso -alega-, bien porque omitió el funcionario  la  diligencia ora porque no la solicitó el defensor de confianza, lo cierto es  que  no se cumplió con una actuación fundamental en el proceso y se privó con  ello  al  procesado de la obtención de esos innegables beneficios de los cuales  nos venimos ocupando”.   

                   

                     Cargo  cuarto.-   

                       Con  fundamento  en  el  artículo  220-1,  cuerpo  segundo  del C. de P. P., dice el  casacionista:  “La  censura  que habré de hacer a la providencia recurrida dice  relación  con  la  condena al pago de los perjuicios en cantidad equivalente al  valor  de  3.000  gramos  oro  en  favor  de las personas constituídas en parte  civil” (fls.74 infra y 75).   

                 Se refiere  a  la  aclaración  de voto a la sentencia impugnada y considera que con base en  éste  “es forzoso aceptar que la sentencia recurrida en casación es violatoria  de  la  ley  sustancial  al haber incurrido el sentenciador en error de hecho al  suponer  o  presumir  la  existencia  de  la  prueba  demostrativa del perjuicio  material  que se predica sufrieron las señoras ya mencionadas, por la muerte de  su  pariente  señor  Cifuentes”  (fls.75),  y  afirma  que “el único perjuicio  demostrado  en  el  proceso  es  el  ‘daño  emergente’,  esto  es  la  suma  de  $514.100.oo pagados por concepto de gastos funerarios” (fl. cit.).   

                   Sostiene  que  no  existe  en  autos prueba de que Blanca Judith Cifuentes González y Luz  Amparo  Cifuentes,  “quienes  se  constituyeron  en  parte  civil”,  dependieran  económicamente  y  en forma legal de éste (el occiso Cifuentes), para reclamar  esa  indemnización,  ya fuera por enfermedad o incapacidad física o mental, y,  por  tanto,  se liquidara a su favor esa cantidad de dinero “como lo sostiene el  H.  Magistrado  que  aclaró  el  voto”  (fls.75  y  76), aduciendo que, en esas  condiciones,  el  fallo  recurrido  viola  “los artículos 103 y 105 del Código  Penal,  que  imponen la obligación de reparar el daño ocasionado con el delito  al  responsable  en el caso del artículo 105 y que reconoce, caso del artículo  103,  al  delito  como  fuente  de  obligaciones”  (fls.76), e insiste en que el  fallador  erró  “al  dar por demostrado que las personas constituídas en parte  civil  se  encontraban  en  la situación prevista por los artículos 419, 420 y  422  del  Código  Civil  y  que  consecuentemente  en  el  procesado  nacía la  obligación  de  indemnizar  de  que tratan los artículos 103 y 105 del Código  Penal,  los  cuales por ausencia de prueba en los perjuicios materiales alegados  fueron aplicados en indebida forma” (fls.76).   

                    En esos  términos, pues, demanda la casación del fallo.   

                    Alegato  del apoderado de la parte civil.-   

                      Este  sujeto  procesal se opone a las pretensiones de la demanda que se han reseñado,  y  al  efecto  dice en primer término que al sindicado se le exhortó “para que  hiciera  un  relato  de  los  hechos,  y  reconoce haber efectuado tres disparos  conforme  los hechos por él narrados, sin importarnos qué los motivó, ya que,  en  últimas,  dieron  lugar  inicialmente  a  unas lesiones, que propiciaron la  captura  del  mismo  cuando pretendían salir del Departamento del Tolima, en la  vía  que  conduce  a Armenia (Q), para seguir hacia Cali, según su versión, y  que    finalmente    derivaron    la    muerte    a   JOSE   MANUEL   CIFUENTES”  (fls.84-2).   

                    Señala  que  “como  se  indicó  en la demanda de reclamación de perjuicios, la señora  Blanca  Judith Cifuentes, progenitora del hoy occiso, es persona analfabeta, que  nunca  ha  trabajado,  lo mismo que la hermana del fallecido, quienes en un todo  dependían  de su hijo y su hermano, quien siempre fue ejemplo para la sociedad”  (fls. cit.).   

                                          Posteriormente  protesta  por  la cantidad de pena privativa de la  libertad  impuesta al procesado (fls.85) y critica la aclaración de voto de uno  de  los  Magistrados  falladores en relación con los perjuicios ocasionados por  quien  es  “descendiente de una casta militar” y ocupa una determinada posición  social (fls. cit., infra).   

                    Termina  pidiendo que no se case la sentencia en ninguna de sus partes.   

                   CONCEPTO  DE    LA    PROCURADURIA    Y    CONSIDERACIONES    DE    LA    SALA.-   

                     Cargo  primero.-   

                  Atañe el  mismo  a  que  al  procesado  no  se  le  interrogó  en la indagatoria en forma  concreta  por el hecho cometido, ni mucho menos por el constitutivo de homicidio  culposo.  Esa  omisión,  dice  el  censor,  configura nulidad por violación al  derecho de defensa.   

                    1.- El  señor  Procurador  Tercero  Delegado en lo Penal anota, en primer término, que  el  Juzgado  42  de Instrucción Criminal dejó constancia de que al imputado se  le  hizo  saber  de  los  derechos contenidos en el artículo 403 del Código de  Procedimiento  Penal,  que  la  captura  se  realizó  bajo  la  imputación  de  tentativa  de  homicidio y que el capturado firma esa diligencia “conociendo los  motivos por los cuales está capturado” (fls.22 cuaderno Corte).   

                    Expresa  que,  posteriormente,  cuando  se  recibió  ampliación  de testimonio a Carlos  Antonio  Nieva,  la  situación  se  aclaró,  y  que  por  ello  en el auto que  resolvió  la situación jurídica al sindicado Gutiérrez Escobar, se dijo que,  en  relación  con  el  citado  declarante, el procesado “estaría incurso en el  hecho  punible  de  daño  en bien ajeno, artículo 19 de la ley 23 de 1991, que  procede  por  querella  de  parte, la que no ha sido presentada por el ofendido.  Por  tanto, no resulta cierta la afirmación del demandante relativa a que no se  tomó     ninguna     determinación     respecto     de     Nieva     Baldeón”  (fls.cit.).   

                  En cuanto  a  la  inconformidad  capital del censor, de no haberse ampliado la injurada del  implicado  Gutiérrez  Escobar  para  interrogarlo  en concreto por el homicidio  culposo,  dice  la  Delegada:  “Si revisamos la aludida diligencia de descargos,  jamás  se  hizo  referencia  a  determinado  delito,  tentativa  de homicidio y  homicidio  culposo,  ella  se  dirigió  a  establecer  los  hechos  materia  de  investigación  y  las  respuestas  dadas  por el sindicado, para el instructor,  resultaron  suficientes,  por lo que la injurada, junto con los demás elementos  de   convicción   que  se  allegaron  en  ese  momento  de  la  investigación,  constituyeron  la  base  para  que  al  definirse  la  situación  jurídica del  encartado  se le dictara medida de aseguramiento de detención preventiva por el  delito  de  homicidio” (fls.23), por lo cual piensa la Delegada que el sindicado  sí  tuvo  la  oportunidad  de  defenderse  “de  la  imputación  que motivó su  vinculación procesal” (fl. cit.).   

                 Transcribe  ciertos  apartes  de  la  indagatoria  en  cuestión  y  deduce de allí “que el  incriminado  tenía  pleno  conocimiento  no solamente de la conducta que había  realizado  -disparar  su  arma  imprudentemente, según se desprende de su mismo  relato-,  sino  también  del  resultado  de su acción -lesiones a un taxista-,  elementos  con  los  cuales  se  estructuró  la  imputación  en su contra cuyo  resultado  jurídico  y  naturalístico  posterior  -muerte-  no  condicionó ni  impidió,   dadas   las  circunstancias  del  hecho,  una  adecuada  defensa  al  inculpado,  quien además se enteró del fallecimiento de José Manuel Cifuentes  el  día  siguiente  de  lo  ocurrido, cuando recibió notificación del auto de  detención” (fls.24).   

                    Es del  criterio  que,  en  esas condiciones, la ampliación de indagatoria no resultaba  necesaria,  y  que la resolución acusatoria es, por tanto, enteramente válida,  sin  que sea aplicable la jurisprudencia citada por el casacionista, que trató,  no   el   advenimiento   de   un   resultado  posterior  “sino  la  ausencia  de  interrogatorio  sobre  la conducta constitutiva del delito de falsa denuncia que  fue deducido en el pliego de cargos”.   

                 Finalmente  acota  que  el  censor  pasa  por  alto  que  el  artículo  360  del Código de  Procedimiento  Penal ordena al funcionario judicial interrogar al indagado sobre  “los  hechos  que  originaron  su  vinculación”  y  no sobre las calificaciones  jurídicas  que  a  ellos  puedan  darse, y que si bien esto es aconsejable para  restar  bases a infundados ataques de nulidad, su no referencia no disminuye las  oportunidades  defensivas  del  inculpado  ni lesiona sus garantías procesales”  (fls.27),  “hechos”  sobre  los  cuales,  como se vio -dice la Delegada- sí fue  interrogado Gutiérrez Escobar.   

                  Sostiene,  consecuentemente, que el cargo no debe prosperar.   

                    2.- La  Sala,   acogiendo   en   lo   sustancial   lo   que   la   Procuraduría   dice,  considera:   

                    Es una  equivocación  ostensible exigir que desde la misma indagatoria que se recibe al  imputado  recién  pasados  los  hechos  (como  ocurrió  en  este  caso),  deba  enterársele  de  la  calificación  jurídica  que  hasta  el momento recibe la  conducta  objeto de reproche. No: como bien lo recuerda la Delegada, es la misma  ley      la      que      dispone      indagar      por     los     hechos    estructurantes    de    la  imputación  y  de  los  cuales  emerge posteriormente (primero al resolverse la  situación  jurídica  y  luego  al  calificarse  el  proceso)  la  acomodación  jurídica  que  a ellos debe dársele. Porque el sindicado, al defenderse de los  hechos  concretos,  en  principio,  ya  se  está  defendiendo de la hipotética  adecuación  que  en  derecho  éstos merezcan. Lo anterior cobra fuerza en este  concreto  asunto,  en  el  cual  cuando  se  indagó  al imputado no se conocía  todavía que la víctima había fallecido.   

                     Ahora  bien,  en  la  diligencia  de  indagatoria  (fls.23 y ss-1), el imputado tuvo la  primera  oportunidad  de  dar  su  versión sobre lo sucedido, como en efecto lo  hizo  al sostener que “en ningún momento nosotros supimos de la persona herida,  pero  cuando  ya  habíamos  sido  capturados  por la policía (con anterioridad  sostuvo  -fl.  24  vto.-  haber  sido  enterado  de  las  heridas  causadas a un  taxista),  pero  en ningún momento nadie nos dijo que habíamos herido a alguna  persona”  (fls.26-1),  y  agrega,  cuando  se le pregunta si tiene algo más que  decir,  “que  en  ningún  momento  pretendí  herir  a  nadie,  lo que hice fue  apuntando  los  disparos  hacia  la  llanta  de  la  Luv  para  evitar que ésta  continuara  y  nos  dejara seguir y como ya dije anteriormente el tercer disparo  el  cual  pegó  en el vidrio y salió por el panorámico, no me explico porqué  pegó  ahí,  pero  debió  de  haber sido por el nerviosismo que en ese momento  teníamos  porque el carro estaba en movimiento… Ruego al señor Juez que como  hasta  el  momento  no  existe  indicio  ni  prueba  testimonial  ninguna que me  comprometa  como  autor de una tentativa de homicidio y de que por otra parte la  responsabilidad   por  las  lesiones  a  terceros  (sic)  que  apareció  herido  posiblemente  por acción de los disparos que hice sería a título de culpa…”  (fls.26 vto.).   

                    Como se  ve,  el indagado entrevió incluso que los efectos de su acción (simple daño o  muerte)  eran  culposos, como efectivamente se consideró en el curso de todo el  proceso.   

                   No sobra  agregar,  con  relación  a  un  simple  comentario  que hace el casacionista al  respecto,  que  al  momento  de  ser  capturado  el procesado Gutiérrez Escobar  -apenas  poco  después  de  ocurridos  los  hechos-, aparece una constancia del  Juzgado  42 de Instrucción Criminal Permanente que dice (fls.4-1): “En la fecha  le  hago  saber  a  los  capturados (el procesado y sus acompañantes que fueron  pronto  dejados en libertad, fls.7) Diego Alberto Arévalo Vélez, Jorge Ricardo  Gutiérrez  Escobar y Andrés Mauricio Guevara Arévalo, los derechos contenidos  en  el  artículo  403  del  C.  de  P.  P.,  y al efecto les hago saber que sus  capturas  las  realizó  la Policía Nacional, bajo la sindicación de tentativa  de  homicidio;  que  tienen derecho a entrevistarse con un abogado, e indicar la  persona  a  quien  se  le  deba  comunicar  su  aprehensión.  Enterados firman,  manifestando  que  ya  sus familias tienen conocimiento de su captura, que saben  porqué  motivos  están  capturados y que a cualquier momento se entrevistarán  con un abogado”.   

                    Ante la  evidente   falta   de   fundamento   en   que   se   apoya   el  cargo,  él  no  prospera.   

                     Cargo  segundo.-   

                    Se hace  consistir  en que el procesado Gutiérrez Escobar no tuvo una defensa real en el  proceso  por  parte  de  su  apoderado  de  confianza, originándose entonces la  correspondiente causal de nulidad.   

                   1.- Dice  la  Delegada  al  respecto  que  “la misión sagrada del defensor no puede estar  atada  a  rígidas  reglas  que  impongan  la  obligación  de solicitar pruebas  determinadas  o  recurrir  todos  o  algunos  pronunciamientos  del  funcionario  judicial.  Lo  importante,  en  este  punto,  es  que la actividad de la defensa  técnica  responda a la función que tiene de proteger los intereses de quien se  enfrenta  a  la  función punitiva del Estado y que lo haga dentro de las normas  que  rigen la profesión de abogado y con los conocimientos mínimos atinentes a  la ciencia del derecho” (fls.28). En seguida añade:   

                  “Así las  cosas,  el  no  haberse  solicitado  por  parte del profesional de confianza del  sentenciado   pruebas  que  condujeran  a  la  demostración  de  la  causal  de  inculpabilidad  que alegó en la audiencia, no puede elevarse a la categoría de  nulidad,  máxime  cuando el investigativo exhibe numerosas pruebas como muestra  de  la  intención  de obtener los suficientes elementos de juicio para llegar a  la  verdad  real, como las declaraciones, inspecciones judiciales, dictámenes y  comisiones    para    su   práctica   a   la   Unidad   Investigativa   de   la  Fiscalía.   

                       “Es  innegable  el  hecho  de que el defensor no presentó alegatos de conclusión ni  solicitó  prueba  alguna,  pero  al proceso no parece faltarle tal actividad ya  que  sus  decisiones  de  fondo  están  amparadas  en juiciosos razonamientos y  material  probatorio  adecuado, el que pudo ser controvertido ampliamente por el  defensor    quien    siempre    estuvo    atento    al    desenvolvimiento   del  proceso.   

                 “Por ello,  no  es  acertado  el demandante cuando afirma que la figura del caso fortuito no  tuvo  eco  por  la falta de pruebas que el profesional del derecho no solicitó,  como  quiera  que  oficiosamente  se  evacuaron algunas diligencias tendientes a  determinar  las condiciones de su existencia -inspección judicial a la vía y a  los vehículos, testimonios-…” (fls.28 y 29).   

                  Reproduce  la  Delegada algunos apartes que el proceso contiene dirigidos a destacar que el  error  aducido  por el acusado no era invencible y a reafirmar la imprudencia de  su conducta.   

                  En cuanto  al  dictamen  sobre  perjuicios,  dice  que  son  impertinentes  las alegaciones  respecto  de  que  no  se  combatió  el mismo, ya que el sentenciador para este  efecto no tuvo en cuenta la referida experticia.   

                 Al estimar  que  no  se  “coartó”  el derecho a la defensa, es criterio de la Procuraduría  que el cargo no debe prosperar.   

                    2.- En  primer  término  es  de  advertir  que  cuando  se  alega  nulidad por falta de  actividad  probatoria  y/o por no impugnar determinado pronunciamiento judicial,  el  actor  está en la obligación de demostrar, en el primer caso, qué pruebas  fueron  omitidas  y  cuál  la  incidencia de esta omisión en la situación del  acusado.  Y  si lo que quiere censurar, para pedir la nulidad del proceso, es la  no  impugnación  de  un  determinado  pronunciamiento  judicial  por  parte del  defensor,  también está obligado a demostrar la trascendencia en el proceso de  esta inactividad profesional.   

                  Limitarse  a  afirmar  -como  lo hace aquí el censor- que no se pidieron pruebas por parte  de  la  defensa y que no recurrió las decisiones adversas a su representado, es  quedarse  en  el  mero  enunciado,  ya que debe admitirse que unas aseveraciones  así  hechas  carecen  enteramente  de  sustentación.  Pedir pruebas por pedir,  impugnar  por impugnar, no sólo es inane sino que incluso puede en determinados  casos  exhibir  un  censurable  propósito,  como  podría  ser el de dilatar la  actuación  procesal,  o  el  de  aparentarle  a  su  patrocinado una diligencia  profesional que en realidad a nada conduce.   

                    En este  proceso  de  verdad  que  los  funcionarios judiciales, se mostraron acuciosos y  afanosos  en la obtención de la llamada verdad real, búsqueda inherente a todo  funcionario  instructor  y también a quien falla el proceso. No alegar antes de  la  calificación  del  sumario  o  no  impugnar  esa  calificación, bien puede  obedecer  a  una  táctica  de  la  defensa  o  a una tácita conformidad con la  resolución  de  acusación por considerarla justa. Sería arbitrario, entonces,  tomar  estas  circunstancias  como  evidencias  de  una  pretendida  ausencia de  defensa técnica.   

                    Por no  estar sustentada esta censura de nulidad, la Corte la desechará.   

                     Cargo  tercero.-   

                 Asevera el  casacionista  que  no se dio cumplimiento a la conciliación ni a la preclusión  de  la  instrucción  o  a  la  cesación  de  procedimiento  previstas  en  los  artículos  38  y  39 del Código de Procedimiento Penal, normas modificadas por  la  ley  81  de  1993.  Dice  concretamente  que los funcionarios judiciales que  conocieron  del  proceso no “propiciaron” dichas actuaciones, las cuales tampoco  fueron  activadas  por  el  defensor.  Por  ello,  concluye,  existe nulidad del  proceso.   

                    1.- La  Procuraduría  Delegada  considera  que  el  censor  plantea “situaciones que ni  siquiera  alcanzan  el  grado  de  irregularidad”  (fls.31),  por  cuanto que la  mencionada  ley  81  entró  en  vigencia  después de proferida la sentencia de  segunda  instancia,  por  lo cual ha de afirmarse que al tiempo de la actuación  procesal  “la  audiencia  de  conciliación  no  era obligatoria” (fls.32), sino  deferida  a  la  voluntad discrecional de las partes y del funcionario judicial,  este  último  en  tratándose  de  la  conciliación. Anota que la llegada a un  acuerdo  entre  las  partes  no  es  “definitiva”  y que si éstas “no concilian  resulta  aventurada  la afirmación del demandante relativa a que a su prohijado  se le privó de ‘innegables beneficios'”.   

                 Agrega que  la  no  realización  del  avalúo  de perjuicios en la etapa de instrucción no  impedía  que  el  procesado  o  su  defensor  solicitaran la celebración de la  audiencia  de  conciliación,  “pues  como  quedó  visto,  con ella se busca el  acuerdo  entre  los  sujetos  que  conforman  la  relación  jurídico-procesal”  (fls.32).   

                    Es del  sentir entonces que el cargo tampoco debe prosperar.   

                   2.- Para  la  Sala es claro el tenor de las normas mencionadas por el casacionista en este  reproche:   Artículos   38  y  39  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  sin  modificación  alguna,  ya  que la ley 81 de 1993 no había entrado aún a regir  (lo  empezó  en  noviembre de 1993, y el fallo de primera instancia lleva fecha  de 7 de julio de dicho año).   

                        El  mencionado  artículo  38  contempla  la conciliación durante la investigación  previa  o  durante  la instrucción, únicamente para los delitos que admitan el  desistimiento,  entre  los  que  no  está  el  homicidio culposo por el cual se  procedió en este asunto (art.33 ibidem).   

                   Respecto  del  artículo  39,  éste  permitía  la  extinción de la acción penal cuando  existiera  reparación  integral  del daño ocasionado, previo avalúo pericial:  esta  norma  no da ningún pie para pensar que esa reparación tuviera que darse  por  iniciativa  del  funcionario  judicial  que conoce del proceso, como que la  misma  queda  a  disposición de los respectivos sujetos procesales, que en este  caso no la procuraron.   

                        No  teniendo  entonces razón alguna el casacionista en el soporte de este cargo, el  mismo no debe prosperar.   

                     Cargo  cuarto.-   

                   El actor  sostiene,  por  la  vía  de  la  transgresión  indirecta de la ley (art.220-1,  cuerpo   segundo)  que  el  fallador  supuso  la  prueba  sobre  la  dependencia  económica  de  la  madre  y  la hermana del occiso, quienes se constituyeron en  parte  civil,  error  que llevó a condenar excesivamente al procesado por dicho  concepto.   

                  1.- Anota  la  Delegada  que, en principio, dicha alegación pudiera prosperar, pero que no  lo  consigue  debido  a que el sentenciador no condenó al procesado a pagar los  perjuicios  en  favor de las referidas familiares del occiso, sino en pro de los  sucesores,  y  que  conforme  a  las  declaraciones de Rubén Darío Rojas Mora,  Abelardo  Chávez  Garzón  y  Licinio  de Jesús Salazar Loaiza (fls.183, 184 y  187-1),  a la víctima del punible aquí juzgado la suceden dos menores de edad,  quienes de acuerdo con la ley tienen derecho a ser resarcidos.   

                    Piensa,  pues, que el cargo no prospera y que la sentencia debe mantenerse.   

                    2.- Tal  como  lo  destaca  la  Delegada,  el  actor  en  este último cargo parte de una  premisa  errónea, cual es, que los juzgadores condenaron al acusado a pagar los  perjuicios  inferidos con su conducta delictiva en favor “de las señoras Blanca  Cifuentes  González  y  Luz  Amparo  Cifuentes  quienes por medio de abogado se  constituyeron  en   parte  civil”,  no obstante que en relación con éstas  jamás  se  demostró  que “dependieran económica y en forma legal” del occiso,  “ya fuera por enfermedad o incapacidad física o mental”.   

                    Si  el  casacionista,  y también el H. Magistrado que aclaró su postura frente a la de  decisión  mayoritaria,  hubieran  leído  con  detenimiento  y en su totalidad,  tanto  el  fallo  de  primera  como  el de segunda instancia, seguramente que el  primero  no  habría  formulado  este  cargo,  ni el segundo hubiera aclarado su  voto.   

                 En efecto.  En  la  parte  motiva de la sentencia de primera instancia, con toda claridad se  determinó  que  la  condenación  al  pago  de  los  perjuicios  se decretaría  “a    favor    de    los    sucesores”,  y  en  la  parte  resolutiva  de  la  misma  se  concretó esta  decisión,  al  disponerse  en  el  ordinal  tercero de ésta, “condenar a Jorge  Ricardo  Gutiérrez  Escobar a que pague los perjuicios ocasionados por el hecho  que   se   le  está  condenando,  a  los  sucesores  en el equivalente…”.   

                        El  Tribunal,  por su parte, al resolver el recurso de apelación interpuesto contra  la  providencia  que  acaba  de  reseñarse,  aunque  en  la  parte motiva de su  decisión  incurrió en el mismo error de la aclaración de voto, tal vez debido  a  la circunstancia de que su autor lo fue también de la ponencia, es lo cierto  que   culminó   su  fallo  con  la  categórica  determinación  de  “confirmar  en  todas  sus  partes la  sentencia   objeto   del   recurso   de   apelación   a  que  se  hizo  mérito  anteriormente.”   

                   Así las  cosas,  para  la  Corte no queda duda alguna que la indemnización de perjuicios  no   se   decretó  en  favor  de  la  madre  y  la  hermana  del  occiso,  como  equivocadamente  lo  han entendido algunos en este proceso, sino en favor de los  “SUCESORES”,  que no son las precitadas personas, sino los hijos de la víctima,  que  por  serlo,  las  excluyen  de  la sucesión, de conformidad con las normas  civiles  que  regulan  la materia (ley 29 de 1982,art.4). La existencia de estos  hijos  aparece confirmada con las declaraciones rendidas por Rubén Darío Rojas  Mora  (fl.183),  Abelardo  Chávez  Garzón (fl.184) y Licinio De Jesús Salazar  Loaiza (fl.187).   

                    Si  el  censor,  para  formular este cargo partió de una premisa equivocada, es lógico  deducir  que  su  conclusión  también está afectada de error, y por ello este  cargo  igualmente  será  desestimado, por no ser cierto el fundamento en que se  apoya.   

                    Resulta  imperativo,  finalmente,  que  la Corte se ocupe de destacar algunos aspectos en  torno  a  situaciones  como  la  aquí generada, debido a la manera como termina  fallandose   en  ocasiones  la  acción  indemnizatoria  dentro del proceso  penal.   

                    Ninguna  discusión  admite la discrecionalidad del juez penal sobre el punto, llegado el  momento  de  resolver  la responsabilidad penal. Sinembargo esa discrecionalidad  no  implica  un  ejercicio  incalculado  sobre  las declaraciones de derecho que  corresponde  hacer,  dando  lugar a confusiones o, porque no, a la prolongación  de  litigios,  cuya evitación, precisamente, ha sido uno de los motivos por los  cuales   el  desarrollo  de  la  indemnización  derivada  del  delito  ha  sido  determinada  en  el  sentido  de  dotar al juez penal de amplias atribuciones al  respecto.   

                 En el caso  aquí  decidido,  si  el  sentenciador  optó  por resolver la indemnización en  favor  de  los  sucesores  de  la víctima, sujetos distintos de quienes habían  sido   reconocidos   parte  civil,  era  imperioso  pronunciarse  acerca  de  la  pretensión  de  estos  últimos  y  de  la  responsabilidad  del sentenciado en  relación con ellos.   

                 No haberse  procedido  así,  ha  dado  lugar a dejar irresoluto un aspecto de la relación,  con  evidente  transgresión  del  principio  de congruencia, según el cual, la  sentencia  debe  estar  en consonancia con la pretensión aducida en la demanda,  tener  en  cuenta los hechos modificativos o extintitivos del derecho sustancial  sobre  el  cual  versa el litigio, etc. (art. 305 C. de P.C., modificado Decreto  2282 de 1989).   

                   La Corte  expresa    su    preocupación    por    la   ocurrencia   de   este   tipo   de  irregularidades,   contrarias  a  los  principios  que informan la función  judicial,  mucho  más  si  ellas  solo  son  detectadas  en  sede  del  recurso  extraordinario   de  casación,  donde  las  posibilidades  de  enmienda  quedan  condicionadas  a  la proposición y demostración de determinados errores, salvo  la  anulación  oficiosa  o la casación para la preservación de las garantías  individuales,  aspectos  estos  últimos  no  predicables  del  caso  objeto  de  pronunciamiento.   

                      Como  consecuencia   de   todo   lo   expuesto,   la   sentencia   recurrida   no   se  casará.   

                 En mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA, SALA DE CASACION PENAL, oído el concepto del  Procurador  Tercero  Delegado, administrando justicia en nombre de la República  y por autoridad de la ley,   

                   

                  R E S U E  L V E:   

                   NO CASAR  la sentencia impugnada.   

                                          Devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

NILSON   PINILLA  PINILLA,  FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL,  RICARDO  CALVETE  RANGEL,CARLOS  E. MEJIA ESCOBAR,DIDIMO PAEZ  VELANDIA,   EDGAR  SAAVEDRA  ROJAS,JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA,JORGE  ENRIQUE  VALENCIA M.   

Carlos  Alberto  Gordillo  L.,SECRETARIO   

     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *