9242 (04-04-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso  No.  9242            

                         CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr.  CARLOS E. MEJIA  ESCOBAR   

                                                    Aprobado Acta No. 47   

                                                    Santafé  de Bogotá, D.C., cuatro (4) de abril  de mil novecientos noventa y cinco (1995).   

          VISTOS   

                     El Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de Santafé de Bogotá, el trece (13) de agosto de  mil  novecientos noventa y tres (1993), condenó a VICTOR MANUEL BAQUERO RAMIREZ  a  la  pena principal de ciento noventa y dos (192) meses de prisión como autor  responsable  del  delito  de  ‘HOMICIDIO AGRAVADO’ en la persona de Edgar Javier  León  Franco, a la interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  al  pago de los perjuicios ocasionados con la infracción, negándole  además  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución condicional. Contra esta  determinación   interpuso   recurso   de  apelación  la  defensora  del  procesado  y  por  esta  vía  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Santafé de Bogotá, el veinte (20)  de  octubre  de  mil  novecientos noventa y tres (1993), resolvió “REFORMAR los  numerales  primero  y segundo de la parte resolutiva de la sentencia atacada, en  el  sentido  de  CONDENAR a VICTOR MANUEL BAQUERO RAMIREZ a la pena principal de  ciento  veinte  (120)  meses  de  prisión y la accesoria de ley por igual lapso  como  autor  responsable  del  delito  de  HOMICIDIO  SIMPLE, consumado en Edgar  Javier  León  Franco”, confirmándola en lo demás, menos en el numeral 5o. que  disponía  la  expedición  de unas copias para investigar el presunto delito de  Porte  ilegal  de  armas.   

                      Contra la  anterior  sentencia  se  interpuso el recurso de CASACION, el cual fue concedido  por  el  Tribunal  el veintiséis (26) de noviembre de mil novecientos noventa y  tres  (1993). Presentada oportunamente la demanda, la CORTE la declaró ajustada  a  los  requisitos  exigidos por el artículo 225 del C. de P.P., el quince (15)  de  abril de mil novecientos noventa y cuatro (1994). Y,obtenido el concepto del  señor  Agente  del Ministerio Público, es el momento procesal oportuno para la  decisión de fondo. A ello se procede.   

         DE   LOS   HECHOS   Y   LA   ACTUACIÓN  PROCESAL   

                          Los  primeros,  con  acierto,  fueron  consignados  por  el  Tribunal  de Santafé de  Bogotá, así:   

                      “El cinco  (5)  de  diciembre  de  1992,  en  esta  ciudad, a eso de las 2:30 minutos de la  madrugada,   Edgar  Javier  León  Franco  y  María  del  Pilar  Arenas  Franco  pretendían  acompañar  a José Orlando Vanegas Ruiz a su residencia, cuando de  la  casa  contigua  donde acaban de salir -lugar de habitación de León Franco,  en  la  que habían estado libando desde tempranas horas de la noche-, apareció  VICTOR  MANUEL BAQUERO RAMIREZ, reclamándoles que el ruido no lo dejaba dormir,  para  luego  accionar  en  dirección  a  la humanidad del primero, un revólver  calibre  38  largo,  causándole herida en la región cerebral inferior derecha,  que ocasionó su muerte instantánea por laceración cerebral.”   

                     Y sobre la  ‘ACTUACION  PROCESAL’,  muy  brevemente, se tiene que fue el Fiscal Dieciocho de  la  Unidad  de  Investigación  Previa  y  Permanente  de esta ciudad capital el  funcionario  que  realizó  el  levantamiento del cadáver de Edgar Javier León  Franco,  para  dictar  en  su momento el correspondiente auto cabeza de proceso,  escuchando  luego en indagatoria a BAQUERO RAMIREZ, quien fuera capturado dentro  de  la  casa de habitación de su señora madre, una vez ésta porque así se lo  solicitó  su  hijo  llamó  a  la policía, a quien precisamente le entregó el  arma  con la que momentos antes se diera muerte a León Franco y que ella había  recibido de manos de su descendiente.   

                      La Fiscal  Ciento  Dieciséis  (116)  de la Unidad Tercera de Vida, posteriormente, asumió  la  investigación  y el once (11) de diciembre de mil novecientos noventa y dos  (1992)  resolvió  la  situación  jurídica  de  BAQUERO RAMIREZ, con medida de  aseguramiento  de detención preventiva sin excarcelación y ordenó suspenderlo  en  el cargo que desempeñaba en la Registraduría Nacional del Estado Civil. Se  recibieron  varios  testimonios  solicitados  por  la  defensa  y  se  practicó  experticio  psiquiátrico  forense  al procesado, concluyéndose allí que éste  “no  presenta ni presentó al momento de los hechos incapacidad de comprender la  ilicitud  de  sus  actos  ni  de determinarse por trastorno mental a pesar de la  embriaguez”.  Cerrada  la investigación, se calificó el mérito de la misma el  diez  (10)  de marzo de mil novecientos noventa y tres (1993) con resolución de  acusación por el delito de HOMICIDO AGRAVADO.   

                      La  fase  procesal  de  la  causa  la  tramitó  el  Juzgado  Noveno  Penal  del Circuito,  funcionario  que  decretó  varias  de  las  pruebas solicitadas por la defensa.  Celebrada  la  audiencia  pública  el  tres  (3)  de  agosto de mil novecientos  noventa  y  tres  (1993),  se  profirió sentencia el trece (13) del mismo mes y  año,  la que, como quedó visto, fue materia de impugnación con los resultados  ya señalados.   

         DE LA DEMANDA   

                     1.- CAUSAL  TERCERA  DE CASACION. El fallo proferido por el Tribunal Superior de Santafé de  Bogotá,   el  20  de  octubre  de  1993,  lo  fue  en  un  proceso  viciado  de  NULIDAD,”fundamentada  en  el  numeral  3o.  del artículo 320 del C. de P.P. en  armonía  con  los  numerales 2o. y 3o. del Artículo 304 ibídem”. Se incurrió  en  “nulidad  de  carácter  supralegal  al  no  observar las formas propias del  debido  proceso; al privar  de  la libertad a un ciudadano sin las formalidades legales previstas en la ley,  al   negarse   el   derecho  de  defensa  y  al omitirse la práctica y análisis de pruebas fundamentales,  tocantes  con  la imputación, culpabilidad y circunstancias modificadoras de la  infracción”.   

                    Se vulneró  el  artículo  28  de  la  Constitución  Política  porque la captura de VICTOR  MANUEL  BAQUERO  RAMIREZ  y  el  registro  de  su  domicilio se produjo ‘sin que  mediara  orden  escrita  de  autoridad  competente’,  y  sin  que  se presentara  situación  de  flagrancia,  “ya  que  no se sorprendió en el momento de la comisión del hecho, tampoco fue  sorprendido    con    los   objetos   o   instrumentos   comprometidos   en   la  investigación”.   

                         Se  omitieron   pruebas   de   trascendental  importancia  que  habrían  modificado  sustancialmente  ‘la  adecuación  lógica de la infracción’. Hubo desidia para  hacer  comparecer  a  los ‘testigos de cargo y descargo’, tal como ocurrió “con  los  agentes  Echeverry,  Guillermo  Ramírez,  los  sargentos Matta Rodríguez,  Miguel  Angel,  Pablo  S.  Pineda,  fls.  198,  de los señores Alcides Cañón,  Agripina  Franco,  fls.  12  y  ss.,  Adalí  Díaz,  fl.  248;  igualmente hubo  negligencia  en  la  constatación de la posición en que abrió la puerta de su  residencia  mi  representado,  la  ubicación  del  obitado  con  respecto  a su  posición  final  con  relación  al lugar de la ojiva hallada y la posición de  los  testigos,  el  lugar y visibilidad”, considerada la hora de los hechos y la  peligrosidad  del  sector,  “al  omitirse  la diligencia de inspección judicial  solicitada  dadas  las  contradicciones  en  las  pruebas  en que se sustenta la  sentencia”.   

                   Añade la  libelista   que   se  ha  vulnerado  el  derecho  de  defensa  al  no  haberse  allegado  los antecedentes  penales del testigo Orlando Vanegas y del hermano de la víctima.   

                         Se  cometieron  irregularidades  sustanciales  que  afectan  el  debido proceso y se  violó  el  derecho  de  defensa  ya  que  con BAQUERO RAMIREZ no se observó el  contenido  del artículo 373 del C. de P.P., pues no ha debido privársele de la  libertad  ya  que  era  un  ‘servidor  público’.  De  otra  parte,  de los  dictámenes  periciales  sobre  balística  y  psiquitría forense no se corrió  traslado  a los sujetos procesales conforme lo dispone el artículo 270 de C. de  P. Penal.   

                         La  demandante  precisa  como  normas  vulneradas  los  artículos  28  y  29  de la  Constitución  Política,   numerales  2  y  3  del artículo 304 del C. de  P.P., art. 270,numeral 2o. y 373 ibídem.   

         2.-  En  numeral aparte se refiere a la “VIOLACION INDIRECTA DE LA  LEY  SUSTANCIAL POR ERROR DE HECHO.” (art. 220, numeral 1o. del C. de P.P.). “Se  expresó  un  juicio  falso al no apreciar en su conjunto las pruebas conforme a  las  reglas  de la sana crítica. … . “DEMOSTRACION. Para la demostración del  cargo  formulado  se  presentan  dos  parámetros:  uno,  lo  que  la  ley tiene  establecido,  y  dos,lo  que  el  juzgador  realizó  y  de  la confrontación o  adecuación  se  observa la violación indirecta de la ley sustancial. … . “El  fallador  al valorar los testimonios de María del Pilar Arenas Franco y Orlando  Vanegas,  distorsionó  o  tergiversó el sentido del testimonio para determinar  la  responsabilidad  y adecuación lógica del hecho.  Señala el artículo  254  como  deben  apreciarse  las  pruebas,  teniendo  como base la sana   crítica.   De  la  actuación  procesal   se   desprende   que   no   se   observó   la   formalidad  para  la  apreciación”.   

                     Normas  violadas:  artículos  247,  254,  292,  304  ord.  2o.  y  3o.  del  C.  de  P.  Penal.                          

                     3.- La  recurrente  bajo  el  título  de  ‘LA  ACTUACION  PROCESAL’,  sostiene  que  la  percepción  de  los  testigos  de  cargo  ‘se hallaba afectada por el estado de  alicoramiento’   y   que,   al   valorarlos,   se   dieron  por  ciertos  hechos  contradictorios.            

                   Se indica  también  que  El  Tribunal  en  su  sentencia  omitió  valorar  las siguientes  pruebas:  la  del  folio 17, reconocimiento médico legal No. 065066 y la prueba  del guantelete (folios 96 a 101).   

                    Finaliza  la  censora  afirmando  que  cree  haber  demostrado  hasta  la  evidencia  ‘los  protuberantes  errores esenciales de hecho’ en que incurrió el Tribunal, por no  “apreciar  pruebas que a pesar de haberse allegado al expediente no se valoraron  y  las  que  se valoraron se distorsionó o falseó el contenido de las mismas”.  Solicita,  en  consecuencia, que se case la sentencia y ‘absolver a mi defendido  de las condenas que le fueron impuestas’.   

        MUY    BREVES    CONSIDERACIONES    DE    LA    SALA   Y   DE   LA  DELEGADA   

                     A.- Por  imperio   del   principio  de  prioridad,  se  examina  primero  el  cargo  sobre  la  NULIDAD  ya  que su  prosperidad  impide que pueda cumplirse con el análisis de las demás causales,  pues   se   derrumbaría   la   sentencia  que  es  el  objeto  del  RECURSO  DE  CASACION.           

                      Así,  pues,  lo primero sobre este particular está en que el censor, equivocadamente,  presenta  como  NULIDADES  CONSTITUCIONALES  las que el legislador procedimental  penal  trae  expresamente como  LEGALES, pues se refiere a atentados contra  el  debido  proceso o el  derecho  de defensa (art.  304,  numerales  2  y  3). Entonces, en lugar de llevar claridad a la demanda de  entrada verifica una alegación confusa e innecesaria.   

                     Y, como  bien  lo recuerda la Delegada, la causal de nulidad “no es de libre invocación,  pues  al  igual  que  las  demás   se  encuentra  dotada  de  sus  propios  fundamentos  pero  sujeta  a  los  principios  generales de la casación, lo que  obliga  a  efectuar  su  demostración  con el rigor y lógica que se predica de  este  especial  medio  de  impugnación.  De  no  hacerse así, el fracaso es su  medida.    Por   consiguiente,   no   se   puede  acudir  a  generalidades,  formulaciones  abstractas,  meros  señalamientos de las pretensas violaciones a  las  garantías  fundamentales  o,  simplemente,  dejando planteada la inquietud  para  que la Sala, en reemplazo del actor, desentrañe el atropello…” (C.S.J.,  noviembre 13 de 1991)   

                    Sostiene  la  censora  de  manera  general  e  imprecisa que se está ante una nulidad por  cuanto  se  presentó  una  privación  ilegal  de la libertad del procesado, al  tiempo  que  se  omitió  ‘la  práctica  y  análisis de pruebas fundamentales,  tocantes  con  la imputación, culpabilidad y circunstancias modificadoras de la  infracción”;  también  porque  no se recaudaron los antecedentes penales de un  testigo  presencial  y  del  hermano  de  la  víctima.Apréciese, pues, bien la  confusión  de la impugnante que critica al mismo tiempo la omisión y análisis  de  ‘pruebas’,  dicho  así  de manera ambigua, cuando la verdad es que no puede  ser  sino  una  de dos ya que si la prueba fue omitida, fatalmente era imposible  su  análisis  y si fue que se dejó de examinar, resulta obvio que la prueba se  practicó.  Pero  es  más,  este  tipo de alegación, referido a la valoración  probatoria,técnicamente,  escapa  por completo a la causal tercera, esto es, no  es ubicable dentro de la vía de la NULIDAD.   

                    La falta  injustificada   de  práctica  de  pruebas  que  hubieran  podido  favorecer  al  acriminado,sí  constituye  una violación al derecho  de   defensa.  Precísese  sobre  este  tópico  del  asunto,  prima facie, que la probanza que echa de menos la demandante, como ella  misma   concretamente  lo  expresa,  está  referida  a  ‘testigos  de  cargo  y  descargos’,  luego  no  es solo lo favorable al procesado, por lo que más bien,  en    principio,    puede    pensarse    en    un   atentado   al   debido   proceso.  Pero  en  rigor  y  finalmente,  ésto  tampoco  acontece  ya que los tales testigos no presenciaron  los  hechos investigados, y lo que en verdad podían aportar a la investigación  era  bien  poco,  y lo mismo jamás podría derruír la prueba que fue basamento  de   la   sentencia  (testimonial,  técnica,  la  misma  flagrancia,  en  fin),  calificada  y  directa.  De ahí que la censora se haya contentado con meramente  decir  que  no  se practicó, pero sin que por parte alguna precise la fortaleza  de  la  misma  en  orden  a desvirtuar o modificar la imputación delictual y la  responsabilidad.  Dicho  de  otra manera, jamás demostró -y mal podía hacerlo  ya  que  la prueba no daba para eso- que, practicada, otro habría sido el fallo  o  que,  al  menos, era de una importancia cierta. Y de prueba que no tenga esta  incidencia  procesal,  su no práctica si acaso podrá constituír irregularidad  de  segundo  orden.  Y, otra cosa, a folios 235 y ss. y 274, se registra la  actividad  desplegada  por el juzgador de primera instancia en orden a lograr la  comparecencia  de  los  testigos a la audiencia pública, por lo que no fue pues  por  negligencia  suya,  como  lo asegura la censora, que ellos no declararon en  tal  acto.  Y,  con respecto a los agentes Mota Rodríguez y Echeverry Villegas,  el  mismo  Comandante  de  la  Décima  Quinta Estación de Policía precisa que  fueron trasladados.   

                     B.- Al  cargo  referido a la ilegal privación de la LIBERTAD  del  procesado,  responde  con  acierto indudable la  Delegada  en planteamientos que se comparten en su integridad y que liberan a la  CORTE,  por  respeto  a  la  debida  brevedad  y  para  no  asumir  el riesgo de  inoportunas  repeticiones,  de  cualquiera  otro. Así se expresó el Ministerio  Público:   

                     “…el  examen  del  expediente  enseña que la Policía en esta actuación no incurrió  en  vicio  alguno  que afectara dicho derecho fundamental, pues como lo registra  el  proceso  y  lo plasma la sentencia la aprehensión aconteció por voluntaria  entrega  del procesado quien inmediatamente ocurridos los hechos, solicitó a su  progenitora  llamar a la Policía, autoridad que concurrió poco tiempo después  y  autorizados  por  los  moradores ingresaron a su residencia para concretar la  captura  (Fls.  15,16,24,25,248,282  y  288  Cuad.  1a. Inst.; 51 y 54 Cuad. del  Tribunal).   

                    “Además  estos  mismos  apartes  procesales  evidencian  que el incriminado no huyó y su  aprehensión  se  materializó momentos posteriores a la comisión del hecho, es  decir,  contrario  a  lo sostenido por la demandante, el acusado fue descubierto  en  FLAGRANCIA  en tanto plurales testigos presenciales percibieron en su actuar  la  perpetración de una conducta delictual, secuencia en seguida captada por la  madre  cuando  descubre  al hijo ‘en bata de dormir en la puerta, y le dije hijo  mío  qué  hizo,  …  entonces él me pasó el revólver’ y transcurridos diez  minutos  llegó  la  Policía y ‘él salió voluntariamente’ (Fls. 14 y 15 Cuad.  1a. Inst.).   

                       “Las  circunstancias  señaladas  evidencian  que  la  autoridad no requería de orden  judicial  escrita  para  aprehender al autor de la infracción, por virtud de lo  dispuesto  por  los artículos 32 de la Carta y 371 del C. de P.Penal, de manera  que  la  mención  de  su ocurrencia pasada una hora de sucedidos los hechos, no  constituye  desaparición  del  sorprendimiento en FLAGRANCIA, pues dicho tiempo  no  alcanzó  a  eliminar  la actualidad delincuencial y menos aún si se repara  que  la  propia  madre  del  imputado  refiere que la autoridad policial arribó  pasados   diez  minutos.  …”.   

                  C.- Ahora,  aquello  de que el procesado debió ser liberado por virtud de lo mandado por el  artículo  373  del  C.  de  P.  Penal,  esto es, por tratarse de una captura en  flagrancia  de  un  servidor  público,  constituye  predicamento  que olvida lo  previsto  en el artículo siguiente (374 ibídem) que constituye la excepción a  lo  normado  en  el  anterior ya que autoriza al fiscal o al juez a privar de la  libertad  al  servidor  público,  cuando  “la  aprehensión  no afecte la buena  marcha  de  la administración”, supuesto de hecho que en el evento sub-exámine  se  daba pues VICTOR MANUEL BAQUERO RAMIREZ se desempeñaba en la Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil en el cargo de ‘Ayudante de Oficina 5155-04’, en la  Sección  de  Identificación,  lo  que  de  suyo  comporta  que lo regular   sea   considerar   que   la  privación  de  su  libertad  no  tenía  porqué  ocasionar  grave trauma en la  prestación  de  tal  servicio.  Ahora,  recuérdese  que lo extraordinario (sí  lesión   a   la   administración)   sería   lo   que  requeriría  de  prueba  anexa.   

                    D.- Para  la  demandante la simple circunstancia de que del experticio psiquiátrico no se  hubiera  corrido  traslado a las partes por el término de cinco (5) días “para  que  soliciten  su  aclaración,  ampliación  o  adición”  (art.  270 C.P.P.),  omisión  que  también  se  realizó con respecto al dictamen sobre balística,  constituye  un atentado contra el debido proceso y el  derecho  de  defensa.  Mírese bien cómo es el  solo  hecho  ahí,  material, escueto el que comporta la vulneración, según la  actora,  pues  que por parte alguna indica qué era cuanto iba a contradecir del  mismo.  El traslado tiene una finalidad, la que no señala el impugnante de qué  manera  dejó  de cumplirse por el no traslado, o sea, cuál era la aclaración,  ampliación  o  adición  que  iba a solicitarse de los peritajes. Y, otro hecho  también  de  gran  importancia, con la existencia de los susodichos dictámenes  no  se  sorprendió a la defensa, la que ciertamente tuvo ocasión de debatirlos  ampliamente  en el desarrollo de la audiencia pública, hasta cuya finalización  contaba  con  término  para  objetarlos y si no lo hizo no puede negarse que la  oportunidad  para el repudio existió, debiendo asumirse tal comportamiento como  aceptación de los mismos.   

                    E.- A la  actora  le  basta  con  decir que no se solicitaron los antecedentes penales del  testigo  presencial  José  Orlando Vanegas Ruiz, quien murió en circunstancias  violentas  después  de  los hechos materia de investigación y de un hermano de  la  víctima que se encuentra recluido en la Cárcel Nacional Modelo, con lo que  entiende   que   se   ha  vulnerado  el  derecho  de  defensa  y en lo que halla estribo para solicitar la  NULIDAD.  Pero  la  verdad  es  que  no  explica  la trascendencia que ese hecho  concreto  tenga  en  las  resultas  del proceso. Piénsese no más, en gracia de  discusión,  que  así  las aludidas personas tuvieran antecedentes y graves, de  ello  no  se  sigue  la  inocencia  de  su representado. La censora, y esa es su  obligación,  no  explica  la trascendencia de la carencia de la prueba que echa  de  menos  y  deja las cosas dichas así al desgaire, con lo que el cargo pierde  eficacia,  siendo  que  de  otra  parte  los  vacíos que contiene no pueden ser  suplidos  oficiosamente  por la CORTE, por impedirlo el principio de limitación  que  rige  este  que  aún  continúa  siendo exigente y extraordinario medio de  impugnación.   

                   F.- Sobre  el  ataque a la sentencia con base en la causal primera, VIOLACIÓN INDIRECTA DE  LA  LEY  SUSTANCIAL,  por  ERROR DE HECHO,  lo  excepcional  está  en  que  éste se hace consistir en “un  falso  juicio al no apreciar en su conjunto las pruebas conforme a las reglas de  la  sana  crítica”,  pero  esta  idea  que  de por sí no es nunca clara, no se  desarrolla  cabalmente,  es sguida por un verdadero galimatías que se construye  así:  “Demostración.  Para  la  demostración del cargo formulado se presentan  dos  parámetros:  uno,  lo  que  la  ley  tiene  establecido,  y dos, lo que el  juzgador  realizó y de la confrontación o adecuación se observa la violación  indirecta  de  la ley sustancial”. En verdad que es así bien difícil seguir el  hilo del discurso (mejor digresión) de la demandante.   

               A  continuación  se  refiere aquella al  artículo  247  del  C.P.P. y se pasa a aseverar que “El fallador al valorar los  testimonios  de  María  del  Pilar  Franco  y  Orlando  Vanegas, distorsionó o  tergiversó  el  sentido  del testimonio…”. Se  menciona el artículo 254  sobre  ‘apreciación  de  las  pruebas’  y  de  inmediato  se  advera  que  esta  disposición  no  se  observó. Y, bajo el acápite de ‘La actuación procesal’,  se  afirma  que  la  percepción de los testigos de cargo se encontraba afectada  por  el estado de alicoramiento, para rematar afirmándose que el Tribunal en su  sentencia  omitió  ‘valorar  para el análisis’ el reconocimiento médico sobre  el  cadáver  de  LEON  FRANCO  RAMIREZ  (fl.17)  y el estudio del guantelete de  parafina  (fl. 96 a 101). Este es, con las normas que afirma vulneradas, todo el  contenido de la demanda en lo que toca con esta causal.   

                                           Precisamente,  en  cuanto  a  las  disposiciones  quebrantadas, se  limita  la  censora  a  precisar  las  disposiciones  de procedimiento que en su  sentir  se vulneraron, mas no determina ninguna norma sustancial, lo que deja el  cargo inconcluso.   

                     De otra  parte,  ya quedó dicho que el desarrollo del cargo es bien confuso. Por ningún  lado  señaló  si  se  trataba  de  un  falso  juicio de existencia o de uno de  identidad,  y  todo  indica  que  indistintamente  los  colaciona, para terminar  cayendo  más  bien  en  un  ataque  al  juicio  de  convicción  que asumió el  sentenciador,  pues  no  puede  desconocerse  que  cuanto  busca  es  refutar -y  vanamente,  desde  luego,-  la  apreciación probatoria del Tribunal, con lo que  desvía  imperdonablemente  la  impugnación  del  alegado  error de hecho al de  derecho,  olvidando  además  que  en  nuestro sistema procedimental penal ya no  existe  tarifa  legal.  Pero,  lo  que  también  es muy grave, reduce lo suyo a  asegurar  sin  más  que no se respetó el análisis en conjunto de la prueba ni  el  sometimiento  de la misma a las reglas de la sana critica, pero no demuestra  porqué,  en  tanto  que las sentencias se encargan de verificar un análisis de  todo   el   material  probatorio,  para  arribar  con  lucidez  innegable  a  la  demostración  de  la autoría y responsabilidad de BAQUERO RAMIREZ en la muerte  de Edgar Javier León Franco.   

                         El  siguiente  aparte  de  la  Delegada  fija  en  sus  exactos puntos la alegación  última de la demandante y su intrascendencia, así:   

         “…Finalmente  enrumba  el  pretendido  error de hecho aseverando  que  ‘El  tribunal  en su sentencia omitió valorar para el análisis” el examen  clínico  que  comprobó primer grado de embriaguez del procesado y el resultado  del  guantelete  de  parafina que concluyó reacción negativa para presencia de  nitratos  en sus manos, enunciado que como todos los anteriormente expuestos por  la  censora,  carece  de  desarrollo  lógico  y  coherente, de manera que aquí  también  elude  demostrar  el  error  y  su obligada incidencia en el fallo que  pretende  romper,  dentro  del  cual los juzgadores sí consideraron y valoraron  los  referidos  dictámenes  a  los  cuales les señalaron el mérito probatorio  deducido  a  la  luz  de  la  sana crítica y luego de confrontarlos con todo el  acervo  probatorio, de manera que resulta absolutamente inexacta y desconocedora  de  la  realidad procesal la formulada omisión probatoria, pues como se observa  en  las  sentencias  de  instancia  tanto  el  dictamen  de embriaguez con el de  parafinoscopia  practicados  al  incriminado,  fuerom ampliamente analizados por  los  jueces  para desvirtuar los argumentos que sobre ellos pretendieron abogada  y  procesado  (erigir)  en dirección a enervar la autoría y la responsabilidad  en   los   hechos   imputados,  pero  que,  como  ya  se  señaló,  razonada  y  juiciosamente  desvirtuaron los juzgadores y también sobre ellos se edificó la  sentencia  impugnada amparada de manera inconmovible por la doble presunción de  acierto y legalidad.”   

                                           Definitivamente, los cargos no prosperan.   

                     Por lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA, -SALA DE CASACION PENAL-, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

        R E S U E L V E:   

                         NO  CASAR    la   sentencia   impugnada,   debidamente  determinada en su origen, fecha y naturaleza.   

                               COPIESE, NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.   

            

            

NILSON    PINILLA   PINILLA                               RICARDO     CALVETE  RANGEL   

GUILLERMO    DUQUE    RUIZ                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                     EDGAR SAAVEDRA ROJAS   

                                                                              No  firmo   

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA             JORGE  ENRIQUE VALENCIA M.   

        CARLOS A. GORDILLO LOMBANA   

        Secretario   

     

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