8965 (23-10-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    PERITAZGO   

Se  ha  establecido que, en muchas ocasiones,  una   persona  puede  disparar  un  arma  de  fuego  una  o  más  veces  y,  al  practicársele  la  prueba  de  la  parafina,  aún  en forma inmediata, produce  resultado  negativo.  Y,  por  contrario también se ha comprobado que a un  individuo  que jamás ha disparado un arma de fuego, le ha resultado positiva la  prueba.   Esta   incertidumbre   le   ha   impedido   tener   el   carácter  de  certeza.   

Proceso    No.     8965           

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

          SALA DE CASACION PENAL   

         

                                                   Magistrado Ponente:   

                                                   DR. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                                                   Aprobado Acta No. 151   

                     

                                                              

Santafé de Bogotá, D.C., veintitrés (23)  de octubre de mil novecientos noventa y cinco (1995).   

         VISTOS   

         El  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, mediante   sentencia  calendada  el  veintitrés (23) de julio de mil novecientos noventa y  tres  (1993),  confirmó  -salvo  en cuanto la condena al pago de los perjuicios  materiales-  la  proferida  por  el  Juzgado  25  Penal del Circuito de la misma  ciudad  que condenó a JAVIER ARIAS ZAMORA  a la pena principal de once (11) años seis (6) meses de prisión  como  autor  responsable de los delitos de homicidio y  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal. Y  fue  contra  la  indicada sentencia de segundo grado que se interpuso el recurso  de casación que aquí se resuelve.   

         HECHOS   

         El  veintiuno  (21)  de febrero de mil novecientos noventa y dos, a  eso   de   las   once   y   media  de  la  mañana,  el  vigilante  Pablo   Antonio   Henao,   capturó   a  JAVIER  ARIAS ZAMORA, cerca  a  las  instalaciones  de  la  central  de  carga  ‘Cencar’,  situada en la zona  industrial  de  Yumbo,  en  momentos  en  que  huía  luego  de  haber lesionado  mortalmente,  con  arma  de  fuego,  al  despachador  de la Empresa ‘Rápido por  Colombia’,   Alvaro  del  Carmen  Vélez   Restrepo,  quien  falleció  en  el  Hospital de Yumbo, a donde había sido trasladado para  auxiliarlo.  Al  procesado  se  le  decomisó  una  pistola  de 9 milímetros de  calibre, que después fue cambiada por una 7.65.   

         ACTUACION PROCESAL   

         Con  acatamiento  de  la  realidad  procesal,  así la consignó la  Delegada:   

“El Juzgado 17 de Instrucción de Yumbo, por  auto  del  21 de febrero de 1992, abrió la investigación y vinculó a la misma  mediante     indagatoria     a     JAVIER    ARIAS  ZAMORA.  Mediante  proveído  del  28  del mismo año  decretó  medida de aseguramiento consistente en detención preventiva en contra  del  indagado  por  los punibles de homicidio y porte ilegal de armas de defensa  personal.   

Cerrada la investigación, el Juzgado 17 de  Instrucción   Criminal  de  Cali, por providencia del 12 de junio de 1992,  profirió  resolución  de  acusación  en  contra  del  procesado  JAVIER  ARIAS  ZAMORA, por los delitos de  homicidio  en  Alvaro  del  Carmen Vélez  y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, en concurso  de  hechos  punibles. Apelado el auto interlocutorio, la Fiscalía Delegada ante  el  Tribunal  Superior  de  Cali, mediante proveído del 21 de agosto de 1992 lo  adicionó  en  el  sentido  de  ordenar  compulsar  copias  a  fin  de continuar  investigando  por  separado  la coparticipación en el homicidio por parte de un  segundo  individuo  que conducía una motocicleta por el lugar de los hechos. En  lo demás le impartió confirmación.   

Celebrada  la  correspondiente  audiencia  pública,  el Juzgado 25 Penal del Circuito de Cali por sentencia del 17 de mayo  de   1993   condenó   al   acusado   JAVIER   ARIAS  ZAMORA  a la pena principal de once (11) años y seis  (6)  meses  de  prisión  como  autor  responsable de los delitos de homicidio y  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal. Se le impuso al procesado  la  pena  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por un  período  de diez (10) años y se le condenó al pago de los perjuicios causados  con  el  reato  de homicidio, fijándose los de orden moral en el equivalente en  moneda  nacional  de  quinientos  (500)  gramos  oro y los materiales en dos mil  (2000) gramos oro.   

Interpuesto el recurso de apelación contra  el  fallo  de  primera  instancia, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cali,  por  providencia  del  23  de julio de 2993, revocó el numeral 6o. de la  parte  resolutiva  de  la sentencia apelada en cuanto al pago de dos mil (2.000)  gramos  oro por concepto de perjuicios materiales, aunque dejó en firme el pago  de  los  perjuicios  morales. En lo demás fue confirmada la sentencia de primer  grado impugnada.   

Contra  la  decisión anterior se interpuso  recurso extraordinario de casación.”   

         LA DEMANDA   

1.             Acusa la  sentencia  de segundo grado, con fundamento en la causal primera, por violación  indirecta  de  la  ley,  formulando al efecto tres reproches contra ella:   

        El  primero lo eleva como error de derecho, al dar el juzgador por  demostrado  que  dos  sospechosos que días antes habían sido observados en los  alrededores  del  lugar  del  homicidio,  eran  los  mismos  que, se encontraban  presentes,     entre     ellos     javier    arias  henao     cuando     éste    efectivamente    se  realizó.   

        Como  quiera  que  Pablo  Antonio Henao  refiere   de   esa  presencia  anterior,   solo  por  información  que  le  suministró  Luis  Enrique Arias Montes,  se  escuchó su versión, en la cual afirma que sí vio dos  tipos  de  tez  morena  en una motocicleta. Como expresara que al retenido no lo  vio  el  día  de  los  hechos,  se  le  puso  de  presente  una fotografía del  procesado,  manifestando  inicialmente  que  se  le parecía al parrillero de la  moto  de  placas  QDA-16  que  había  visto  merodeando por el lugar para luego  confirmarlo sin dubitaciones.   

        Se  violó el artículo 369 del C. de P.P., pues el reconocimiento  ha  debido  practicarse  respetando  las normas pertinentes. La ilegalidad de la  prueba  era  manifiesta  pese  a lo cual fue tenida como fundamento para dar por  probado     que    ARIAS    ZAMORA    había  sido uno de los merodeadores a que se ha hecho referencia.  En  consecuencia,  también  se  vulneró  el  artículo 246 ibídem, por cuanto  pruebas de este tenor no pueden surtir efecto alguno.   

        Segundo  cargo.   Lo formula como  violación  indirecta de  la  ley  sustancial  por  error de hecho  en  la  apreciación  de  la  prueba  indiciaria.  El demandante  precisa  que su ataque está referido a la inferencia lógica del sentenciador y  no  a  los  hechos  indicadores,  para  lo  cual  transcribe  varios apartes del  testimonio   de   Pablo  Antonio  Henao,  que  le sirven para expresar su falta de concresión, y de ahí  el   falso  juicio  de  identidad,  pues  el  sentenciador   proclama   que   el  vigilante  inició la persecución del  sindicado    porque   los   coteros   le   dijeron   que   habían   matado   al  gerente      de  transporte.  No  es  cierto  -advierte-  ya  que “el  testimonio  se  contradice  y  primero  dice  que  le  informaron  de la muerte,  posteriormente  que  el  de la camisa amarilla y que lo cogieron, luego dice que  sólo  se enteró de la muerte del gerente, cuando ya había retenido y llevó a  la   administración   al   sindicado.”    La   carrera   de   ARIAS  ZAMORA  sí  ocurrió,  pero no  existió  la motivación que dice el Tribunal, “cuando se basa en que era que le  avisaron  de  la  muerte”, siendo errónea la inferencia lógica porque parte de  un hecho confuso que impide  cualquier razonamiento deductivo.   

        Cuanto  a  la  presencia del sindicado  días  antes  de los hechos y en este mismo lugar, se  llega   a  esa  conclusión  tomando  como  fundamento  una  prueba  ilegalmente  producida  como lo fue el reconocimiento fotográfico que se cumplió durante la  declaración   del   vigilante  Luis  Enrique  Arias  Montes,  la  única  persona  que  vio a los sujetos  sospechosos  los días anteriores.  Así las cosas, concluye el demandante,  quien    realizó   la   inferencia   lógica,   fue   el   mismo   PABLO  ANTONIO  HENAO al manifestar que  los  sujetos  y  la  motocicleta  del  día  de  autos  eran  los  mismos vistos  anteriormente,  error  que  el  sentenciador  asumió  desde  ese  momento  como  verdad.    

         

        El     Tribunal    incurre    en    otro   yerro   en  la  inferencia  lógica  al  dar  por  probado  que  el  señor  Alvaro  del Carmen Vélez  fue  ultimado  por una pistola calibre 9 milímetros que, supuestamente, portaba  ARIAS  ZAMORA, llegando a  tal  conclusión  porque  en  la inspección judicial al lugar de los hechos, se  encontró  un  plomo  correspondiente  a  un arma del mismo calibre y que estaba  ‘achatada’.  No  obstante,  esto carece de relevancia pues en aquella diligencia  se  determina  que fueron varios los disparos efectuados pues en la pared y a 40  centímetros  del piso se encuentran dos `escarchados’ con pintas de sangre a su  alrededor  y  en  el baño a la altura de 70 centímetros otro ‘escarchado’ que,  presuntamente,  fue  producido por arma de fuego. Lo anterior es corroborado por  el    captor    Pablo   Antonio   Henao,  quien  dice  que  escuchó  varias detonaciones. Aparte de esto  continúa  el  censor,  si  se  estaba  tan  seguro  de que era una pistola de 9  milímetros  por  qué  resulta  condenado  por porte ilegal de armas de defensa  personal?.   

        Otro   indicio   -continúa  el  censor-  que   desprende  el  juzgador   en   contra   del   acusado   está   en  el  hecho  de  llevar  dos  camisetas   de   diferente   color   en  el momento de la aprehensión. Ello   no   pasa  de  ser  una  simple  presunción ya que no puede  afirmarse  como  verdad  absoluta que quienes poseen dos ‘vestuarios’ diferentes  son   criminales,   ni   que   todos  los  criminales  utilizan  esta  forma  de  ocultamiento.  El  condenado probó con  certificados médicos que padecía  de  asma,  enfermedad  que  necesariamente  conlleva  el abrigo para aliviar sus  súntomas,  amén  de  que  utilizar  distintos  colores  pertenece a los gustos  íntimos  de  cada  quien,  sin  que  por  ello  deba predicarse que se trate de  delincuentes.   

        Critica  a  renglón  seguido  al  sustanciador por afirmar que el  arma  decomisada  al  acusado  no  era  la  que  portaba  el día de los hechos,  basándose  en el testimonio del vigilante captor quien afirmó, -atribuyéndose  la  calidad  de  experto-  que  la  que  él  pudo observar era una de 9 mm, por  completo  diferente  a  la  de  calibre 7.65 que fue la aportada a los autos. De  otra  parte,  no se explica el casacionista porqué si el vigilante Henao  encontró  en  el  pasillo  al  acusado,  momentos  después  de  los  disparos, guardando un arma, no le causó  sospecha su actitud.   

        Cargo  tercero. También lo plantea en  el  terreno  de  la  violación indirecta    de    la   ley   por   error   de  hecho  al  tergiversarse  el  valor de la prueba del  guantelete  de  parafina.  El   sentenciador,   asevera  el  demandante,  se   remite  a  resumir  las  precauciones  que  para  dar  un resultado ‘positivo’ establece el dictamen (fl.  87),  cuando  lo  que  la  prueba  arrojó  fue  uno de carácter ‘negativo’. Se  refiere  a  la  cita  doctrinal  que  se  hace  en  la sentencia impugnada, para  concluír  que  si  el sentenciador hubiera al menos estudiado dicha experticia,  habría  arribado  a  otra conclusión. Reconoce que las prevenciones sobre esta  prueba  existen, pero cuando la misma arroja un resultado positivo, no negativo,  y  más, como en el caso presente, cuando ‘la prueba fue ordenada’ el mismo día  de    los    hechos.    Se    tergiversó   pues   su   valor   probatorio,   al  descartarla.   

2.            Con base  en  la  causal  primera,  se  ataca  la  sentencia  por  violación directa  de  la  ley  sustancial,  por  apliación      indebida       del   artículo   1o.   del   Decreto  1664  de  1986,  elevado  a  legislación permanente por el Decreto 2266 de 1991.   

        En  el  debate  probatorio  se  dio  por  probado que ARIAS  ZAMORA utilizando una pistola 9  milímetros,    segó    la    vida    de    Vélez  Restrepo. Pero, en la sentencia de segunda instancia  se  determinó  que  era  responsable  del  porte ilegal de armas por cuanto él  confesó  que  tenía  una  pistola  7.65 milímetros, allegada al plenario. Las  pruebas,  indudablemente,  demuestran  que al procesado le fue incautada un arma  de  fuego,  pero  la  inconsistencia  del ad- quem radica en que con respecto al  homicidio  aquel lo cometió con un arma 9 milímetros y nunca se le aceptó que  fuera  poseedor  de  una  pistola calibre 7.65, hasta el punto de que se ordenó  expedir  copias  porque  al  parecer  ocurrió  un ‘cambiazo’ de estas armas. No  obstante,  en  la  sentencia, para la condena por el porte ilegal, la confesión  del  acusado  sí  es  plena prueba y por ello allí se dice que ‘hasta el mismo  procesado  aceptó  que  la  llevaban  conmigo  el día de autos y que la había  adquirido de manos del compañero de la institución’.   

        Si   para   el   sentenciador   ARIAS  ZAMORA  cometió  el homicidio con un arma calibre 9  milímetros  y  tan  solo se le encontró un arma, no puede ser condenado por el  porte  de  una pistola calibre 7.65. Y si es condenado por el porte ilegal de la  pistola  7.65,  no  puede  hacerse  lo  propio con el homicidio cometido con una  pistola calibre 9 milímetros.   

        Solicita,   en  consecuencia,  el  actor  que  se  absuelva  a  su  representado  por  este  delito,  ya  que,  por  el principio de la reformatio   in   pejus,  no  podría  aplicársele   la  pena  correspondiente  ‘a  otro  delito  que  sería  mayor’.   

         

                                                 CONCEPTO   DEL  PROCURADOR  PRIMERO DELEGADO EN LO PENAL   

        Sobre   el  cargo  primero,  sostiene  que  el  argumento  es confuso frente a la casación,  pues  se  impugna el reconocimiento fotográfico y la declaración del vigilante  Arias  Montes, además de  que  se  ataca  el indicio de presencia, sin precisarse si el reproche se dirige  al  hecho  indicador  o  a  la inferencia racional. Más todavía, se detiene el  censor  en  la  crítica al valor que el sentenciador le otorgó a los medios de  prueba, lo que se sale de la esfera propia del cargo planteado.   

         

        Arguye  que si bien el reconocimiento fotográfico no consultó lo  exigido  por  el  artículo  369  del  C.  P.P.,  igualmente  es verdad que esta  probanza  no  fue  el  fundamento  único  de  la  sentencia, pues  tuvo en  cuenta,  además,  los  testimonios  de Pablo Antonio  Henao  y  Carlos Alberto  Ruales  Zamora,  quienes señalan cómo se enteraron  de   la   presencia   de   ARIAS  ZAMORA  en  el  lugar  del  homicidio  y  su  inmediata captura, pruebas  suficientes para sostener el fallo de condena.   

        Respecto  al  cargo segundo, si la impugnación, como expresamente  lo  manifiesta  el  censor,  está dirigida a la inferencia lógica, no entiende  porqué  ataca  al  juzgador  por  entender  que se encontraba por demostrado el  hecho  indicador,  lo  que  en esencia es un problema de valoración probatoria.  Así  sucede  cuando se refiere a que se dio por probado que el condenado estuvo  antes  del  crimen   en  el sitio de su comisión, alegándose que para esa  conclusión  se  tomó una versión ‘confundida y contradictoria’.Y lo mismo hay  que   decir  sobre  el  indicio  de  presencia  desprendido  del  reconocimiento  fotográfico.   

         

        Para  el  juzgador, una fue la pistola utilizada para dar muerte a  la  víctima y, otra, el arma que llevaba el procesado al momento de su captura.  Ello,  no  es  un  error  probatorio,  pues  un  testigo  da  cuenta  de  que el  sentenciado   tiró   un  arma,  hecho  que  explica  la  anterior  conclusión.   

        Para  el demandante -continúa sosteniendo el Ministerio Público-  el  acusado  llevaba  dos camisas para cuando los hechos porque padece de asma y  debía  protegerse;  para  el  sentenciador  es  indicio  de  su  participación  delictiva.  Y, como ambas explicaciones son atendibles, prevalece la conclusión  del   juzgador   en   virtud   del  sistema  de  persuasión  judicial  que  nos  rige.   

        Las   argumentaciones   del   recurrente   no   son  más  que  el  enfrentamiento  de su interpretación personal sobre la prueba, con la realizada  por  el  juzgador,  primando  este  criterio,  por  respetar  las reglas de sana  crítica.   

        En  lo  relacionado  con el cargo tercero, tampoco tiene vocación  de  prosperidad  porque  el juzgador basado en el principio de la sana crítica,  luego  de  valorar  en  conjunto  todos  los  medios de convicción, desechó el  resultado  de  la  prueba del guantelete, sin variar su contenido objetivo. Así  las  cosas y como ya lo hizo anteriormente, de nuevo el casacionista enfrenta su  criterio  al  del  juzgador, polémica que, como ya se dijo se resuelve en estos  menesteres en favor de la administración de justicia.   

        Respecto  al  último  cargo,  en  el  que se alega una violación  directa  de la ley sustancial por aplicación indebida. El demandante discute la  cuestión  probatoria  (existencia  del arma, su calibre y la contradicción que  se  observa en ese aspecto), lo que aquella vía de impugnación no tolera, pues  es  presupuesto  de su invocación el aceptar los hechos tal y como los analizó  y valoró el sentenciador.   

        LA CORTE   

1.               Para  evitar   confusiones,   es   preciso   que  la  Sala,  de  entrada,  señale  la  equivocación  en  que incurre la Delegada cuando coloca a la sentencia diciendo  lo  que  ella  no  manifiesta por parte alguna. Así, cuando responde al segundo  cargo  asegura  que para el juzgador, una fue la pistola con que se dio muerte a  la  víctima,  y  otra  bien  diferente  el  arma que el procesado conservaba al  momento  de  su  captura.  Esto no es así, para el juzgador, el arma con que se  dio  muerte  a  Alvaro del Carmen Vélez  fue  una  pistola  9  milímetros,  la  misma  que  el vigilante  Pablo   Antonio   Henao  recuperó  tan pronto JAVIER ARIAS ZAMORA,  en  su huída, se desprendió de ella. Lo que también acontece  -y  así  lo  expresa el fallo- es que, una vez llegó a las instalaciones de la  central  de  carga ‘Cencar’ la patrulla de la policía que habría de atender el  caso,  el  captor  Henao  entregó  la susodicha pistola a uno de los agentes allí apersonados, siendo lo  cierto  que  el  arma  desapareció,  para  ser reemplazada por una artesanal de  ningún  valor,  esto es, la pistola de 7.65 centímetros, conducta que, dice el  sentenciador,   se   cumplió  o  bien  porque  la  policía  simplemente  quiso  apropiarse  del  arma  que  se  asegura  era la 9 milímetros o porque al propio  tiempo  buscó ayudar al capturado, quien fue miembro de la misma por diez años  largos.   

        La  Delegada,  cuando  responde el último cargo, y en el apartado  final  de  su  concepto,  expresa:  “Sin embargo, el proceso permite admitir que  hubo  dos  armas,  la  que  portaba el sindicado-condenado y aquella con la cual  causó  la muerte -un declarante dice que botó el arma- que el agente recogió,  lo  que hace factible la conclusión del sentenciador. O la tesis del proceso de  que  ella  fue cambiada, lo cual ocurre con frecuencia en los procesos penales”.  Hay  aquí, lamentablemente, varias inexactitudes, la primera, lo que el proceso  demuestra  -se  recalca-  es  que  el  arma  con  que  el  acusado  dio muerte a  Alvaro del Carmen Vélez,  y  que  no  es otra que la pistola calibre 9 milímetros, es la misma que le fue  decomisada,  o  sea,  que  en realidad de verdad, nunca el procesado portó arma  distinta   a   ésta,   mas   lo  que  sucede  es  que  él,  habilidosa  y  mentirosamente,  refirió que el arma que portaba era una pistola 7.65. Segunda,  la  9  milímetros  fue  recogida  no  por un agente de la policía, sino por un  guardia,  vigilante  privado de seguridad de la central de carga. Y, tercera, la  conclusión  del  sentenciador  siempre  fue esta que por demás es la misma que  arroja el proceso.   

2.                 El  primer   cargo  que  se  presenta  contra  la  sentencia, , se formula con base en la causal primera, por  violación  indirecta y por error de derecho, consistente en que la apreciación  del  juzgador  de que JAVIER ARIAS ZAMORA  había  sido  visto  días  antes  merodeando  por  el lugar del  crimen,  se  fundó  solo  en  el  reconocimento  fotográfico  que Luis  Enrique  Arias Montes realizó de  aquel  cuando  se  le  recepcionó su declaración, prueba esta que adoleció de  serios  vicios  en  su  adución,  ya  que  no  se cumplieron los requisitos que  señala el artículo 369 del C. de P. Penal.   

        Así,  pues, hay que aceptar que el reconocimiento fotográfico no  debe  strictu  sensu  tenerse  como  tal,  ya  que  ciertamente la prueba no fue  practicada  con  los  requisitos  de ley. En este sentido, desde luego, no puede  ella   tener  el  valor  probatorio  que  tendría,  de  haber  sido  practicada  debidamente,  Pero sí puede tomarse como un indicio leve de incriminación, que  se  fortalece cuando el mismo testigo da cuenta de que los sospechosos vistos en  los  días  previos  merodeando  por  el  lugar donde se perpetró el homicidio,  transitaban  en  la  misma  moto  blanca  de  placas  QDA-16,  que  conducía un  individuo  el día del crimen quien haciéndose pasar por miembro del F2, buscó  que   el   retenido  ARIAS  ZAMORA   le  fuera  entregado  en  custodia.  Lo curioso es también que,  cuando  los  vigilantes  dieron  cuenta  a  la  policía  de la presencia de los  sospechosos,  esta  respondió  que  se  trataba  de  agentes  del  F2.  Como se  recordará  la  policía  fue  quien  cambió  por  otra,  la  pistola calibre 9  milímetros,  con  la  que  se  cometió  el  delito,  colaborándole  así a su  excompañero de armas.   

       Existe,  pues,  en  todo  ésto  una  relación inseparable que no  puede  evaporarse  por  la  sola  circunstancia  de  un  vicio de adución en el  reconocimiento  fotográfico.  Además,  según  los testimonios de Pablo  Antonio  Henao,  y  de  algunos  coteros  y  vigilantes  (  no solo Luis Enrique Arias  Montes),  quienes por su actividad se encontraban en  la  zona  el  procesado  y  el  individuo  que manejaba la motocicleta, eran los  mismos  que  días  antes  rondaban  en  actitud sospechosa por allí(mírese el  concreto   testimonio   de   Carlos  Alberto  Ruales  Martínez,  sobre este particular). Pero, con todo y  que  válidamente  existía  prueba  atendible  para  considerar  que  el  aquí  condenado  sí estuvo días antes en el sitio del ilícito, fue muy poco, lo que  ella  pesó  en  el  fallo  de  condena,  pues  otra  múltiple,  testimonial  e  indiciaria,  de  mucha  más  consideración y que se mantiene incólume, fue el  verdadero                    soporte                    de                    la  sentencia.             

                  

       Elemental  es, además, que la presencia anterior del condenado en  el  lugar  del  suceso, no puede concedérsele igual importancia que a la que se  cumple  en  el  momento mismo del crimen, pues ésta sí constituye el verdadero  indicio  de  presencia,  el  que  se  agiganta  ante  la  huída del acusado con  seguimiento  y  captura inmediata por parte de un vigilante y con decomiso de la  pistola  9 milímetros a no dudarlo aquella con la que se cometió el homicidio.  La  obtención,  pues,  no  tiene  jamás  la  trascendencia  que  se  le quiere  dar.   

3.                 El  segundo  cargo, se eleva  con  fundamento  en  un  error  de  hecho,  por  falso  juicio  de identidad. El  demandante  es  categórico  en  señalar  que  el  ataque va dirigido contra la  inferencia  lógica,  pero desvía el camino al arremeter contra la declaración  de      Pablo     Antonio     Henao,   tildándola de ‘confundida y contradictoria’ y, por tanto,  carente  de  crédito. Aparte del desfase mismo, esta alusión a la credibilidad  es  inatendible  desde que las reglas de la sana crítica reemplazaron la tarifa  legal para medir las pruebas.   

       Ahora,     si     Pablo     Antonio  Henao persiguió a JAVIER  ARIAS  ZAMORA fue porque los presentes (entre quienes  estaban  los  coteros)  se lo señalaron, urgiéndole su captura y porque se dio  cuenta  que  era el mismo a quien instantes antes había apreciado en el momento  de  guardar  un  arma  cuando  regresaba  de  la  escena  del  crimen. Pero, con  certidumbre,  solo  después  fue  que  supo que era el homicida de Alvaro  del  Carmen  Vélez. Esto es lo  que,  realmente,  importó  a  los  juzgadores,  y  lo  que  descarta  cualquier  tergiversación o distorsión objetiva.   

       De  otra  parte,  fue de la prueba en conjunto que el sentenciador  concluyó  que  el arma empleada había sido una pistola 9 milímetros, entre la  que  importa  resaltar  el decomiso de la misma en poder (acababa de tirarla) de  ARIAS  ZAMORA, instantes  después  del  homicidio  y el hecho mismo de que en la inspección se halló un  plomo   ‘achatado’   correspondiente  a  una  pistola  de  las  características  señaladas.  Esta  arma, itérese,  fue cambiada por la policía en un  afán  de  lucro  personal y de ayuda al victimario. Sobre ésto es muy claro el  testimonio   de   Pablo  Antonio  Henao   y   de   Carlos   Alberto   Ruales  Martínez.   

       El  censor  pretende  que,  por  la  circunstancia  de  que  en la  diligencia   de  inspección  judicial  se  encontraron,  en  la  pared,  varias  ‘escarachados’,  con pintas de sangre alrededor, la conclusión del sentenciador  es  insostenible  porque  los  otros plomos no aparecieron. Sin embargo, esto no  demuestra  fatalmente   que  fueron varios los disparos. A más de ello, en  el  cuerpo  del  occiso  sólo se halló un orificio de entrada y otro de salida  (región  temporoparietal derecha e izquierda), y de ahí la mayor justeza de la  apreciación  del  Tribunal,  pues  las  pintas  de sangre deben corresponder al  único  plomo  que penetró en la víctima. Pudieron darse varios disparos, pero  solo  uno  hirió  y mató a la víctima. No se olvide, además, que existió un  cómplice el que bien pudo disparar, simplemente para despistar.   

         

       Está   demostrado  que  JAVIER  ARIAS  ZAMORA,  cuando fue capturado,llevaba dos camisas de  diferente  color.  Para  el sentenciador esta es una circunstancia diciente pues  la  experiencia  demuestra  que  ese  es  un  procedimiento  utilizado  por  los  delincuentes  para  escapar  a la acción de la justicia. Para el actor se trata  solo  de una protección del acusado, de quien se comprobó que padecía de asma  (lo  que  no  le  impidió realizar veloz carrera, en huida, acota la Corte). De  nuevo,  enfrentamiento  de  criterios  sobre el valor de una prueba, sin que por  parte  alguna  se  logre  demostrar  error  manifiesto  en  la  apreciación del  juzgador,  o  atentado  grave  contra  las reglas de la sana crítica. Lo único  patente  entonces es que se desvió la ruta legal escogida para el ataque, pues,  pretendiéndose  una  vulneración  de la ley sustancial por error de hecho, por  falso  juicio  de  identidad,  se  arribó  a  un error de derecho, desde luego,  tampoco probado.   

         

4.             Tercer  cargo.   Se  alega  en  este  violación  indirecta  proveniente  de  un  error  de  hecho,  por  tergiversación  de  la  prueba del  guantelete   de   parafina,   en   tanto   que   se   desconoció  su  resultado  negativo,   lo  que  no  tiene  ningún sustento, pues las críticas son de  recibo cuando el examen resulta positivo.   

       El  correspondiente  dictamen -fls. 87 y 88- precisa que el objeto  del  estudio,  es  “establecer  la  presencia  de  Nitritos  en  los guanteletes  recibidos”.  Y,  como  estudios practicados señala el físico que sólo arrojó  elementos  pilosos  y,  el  químico,  con  reactivo  de ‘Lunge’, con resultados  negativos para nitratos y nitritos.   

       Para  el  Tribunal  “…el  resultado  negativo,  lo  mismo que el  anterior  (positivo)  tiene  sus  problemas  y  explicaciones,  muchos  de ellos  relacionados  al  factor  tiempo,  por  cuanto  los  residuos de pólvora pueden  permanecer  en  la  mano  del  supuesto  homicida  por algunas pocas horas o por  varios  días,  dependendiendo  esta  situación  de  varios  factores, ‘como la  dureza  de la piel, el grado de exudación, el estado de limpieza de las manos’,  como  así  lo  manifiesta  el  Dr.  Guillermo Uribe  Cualla  en  su  libro  ‘Medicina Legal y Siquiatría  Forense,  novena  edición,  p.  199.  En  otras ocasiones el resultado negativo  dependerá  de  un  buen  lavado de las manos, el uso de guantes, la confección  del  arma  para   no  dejar escapar alguna parte de la deflagración de las  sustancias.  Por ello esta prueba por si sola no puede servir de fundamento para  afirmar  o  negar  un  hecho  y  mucho menos para servir como elemento indicador  irrefragable  de  autoría  y  consecuente  responsabilidad.  Es  preciso que la  prueba  se analice con sujeción a otros elementos de juicio y más precisamente  con  aquellos que se tienen como indicativos de responsabilidad. Para el caso en  comento  lo  negativo de la prueba no puede servir de fundamento inexorable como  indicador de ausencia de autoría y de responsabilidad.”   

       Doctrinariamente  se  tiene  que  ni  el  resultado negativo ni el  positivo,  son  per  se,  prueba de ausencia o de existencia de comprometimiento  delictivo.  Además,  se  ha  establecido  que, en muchas ocasiones, una persona  puede  disparar un arma de fuego una o más veces y, al practicársele la prueba  de  la  parafina,  aun  en  forma  inmediata, produce resultado negativo. Y, por  contrario  también  se ha comprobado que a un individuo que jamás ha disparado  un  arma  de fuego, le ha resultado positiva la prueba. Esta incertidumbre le ha  impedido  tener  el  carácter de certeza. Así las cosas no se ve la razón que  llevó  al  casacionista  para predicar que el sentenciador tergiversó el valor  probatorio del guantelete de parafina.   

          

5.          El último  cargo  que  se plantea es el de carácter subsidiario, por violación directa de  la ley sustancial proveniente de su aplicación indebida.   

       Ha  quedado ya suficientemente esclarecido que para el Tribunal el  arma  homicida  fue  la pistola 9 milímetros, la única que portó el condenado  ARIAS  ZAMORA  y que fue  cambiada  por  los  uniformados  que  conocieron del caso. Desafortunadamente el  Tribunal  incurrió  en  un  leve  error  al  expresar  que  el procesado había  aceptado  que portaba un arma, con lo que dio ocasión para que el censor dijera  que  el  juzgador  se  estaba  refiriendo  a la pistola hechiza que  fue la  única  que  aquel  aceptó  portar.  Pero  salvo esta brevísima referencia, el  fallo  da  cuenta  de  que  el arma que portó JAVIER  ARIAS  ZAMORA,  con la que dio muerte a Vélez  Restrepo   y  de  la  que  después  se  desprendió,  para  ser inmediatamente recuperada por el vigilante  captor     Pablo    Antonio    Henao, fue la pistola 9 milímetros.   

       Finalmente,  se  extraña  el censor de que, por este hecho, se le  endilgue  a  su  representado  un  ilícito  de  porte ilegal de arma de defensa  personal,   asombro   que  no  tiene  ninguna  razón  de  ser  porque  ese  es,  exactamente,   el  tipo legal (art. 1o. del Decreto 3664 de 1986, elevado a  legislación  permanente  por  el Decreto 2266 de 1991 y, Decretos 2335 de 1993,  art.  11 y 2003 de 1982, art.2o.)  en el que se subsume la conducta. Buscó  quizás  así  darle  más  consistencia al cargo, pues presentaba como real una  inexistente contradicción profunda del sentenciador.   

       Los cargos no prosperan.   

       Por  lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA,  -SALA  DE  CASACION PENAL-, administrando justicia en  nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley,   

       RESUELVE:   

                       NO  CASAR   el  fallo impugnado, ya señalado en su  origen, fecha y naturaleza.   

                                         DEVUELVASE  el  proceso  al  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cali.   

       COPIESE Y CUMPLASE.   

NILSON PINILLA PINILLA, FERNANDO E. ARBOLEDA  RIPOLL,  RICARDO  CALVETE  RANGEL, CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE, CARLOS E. MEJIA  ESCOBAR,DIDIMO   PAEZ   VELANDIA,   EDGAR   SAAVEDRA  ROJAS,JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA.   

Patricia   Salazar   Cuellar,SECRETARIA   

     

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