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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 14897  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

             MAGISTRADO PONENTE:   

Dr. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

                 Aprobado: Acta No. 137.   

Santafé  de  Bogotá,  D.C., catorce (14) de  septiembre de mil novecientos noventa y nueve (1.999).   

VISTOS:  

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda presentada por el defensor del procesado SALOMON RUIZ LOAIZA para  sustentar  el  recurso  de  casación interpuesto contra la sentencia dictada en  mayo  6  de  1.998  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Pereira  confirmatoria  de la proferida en febrero 27 del mismo año por el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Dosquebradas  a través de la cual se condenó a SALOMON RUIZ  LOAIZA  a la pena principal de 40 años de prisión como determinador del delito  de homicidio agravado.   

ANTECEDENTES:  

1.  El  día  14  de  febrero  de 1.995 en el  Municipio  de Dosquebradas se causó la muerte al señor César Augusto Jiménez  Naranjo  siendo  condenados  por  tal hecho, mediante sentencia anticipada, Jair  Antonio  Becerra  Arboleda  y  César  Augusto  Trejos Ramos quienes, estando en  ejecución  el  fallo  y  para  efectos  de obtener beneficios por colaboración  eficaz,  señalaron  a Salomón Ruiz Loaiza como la persona que les pagó por el  homicidio del precitado Jiménez Naranjo.   

Verificada  la  información suministrada por  los  delatores  se abrió investigación en contra de JOSE SALOMON RUIZ LOAIZA y  dentro  de ella se le dictó medida de aseguramiento y resolución de acusación  de julio 22 de 1.997 por el delito de homicidio.   

2.  Tramitada la etapa del juicio, el Juzgado  Penal  del  Circuito de Dosquebradas la concluyó con sentencia de febrero 27 de  1.998  condenando  al  procesado  a la pena principal de 40 años por el punible  objeto  de  acusación,  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  lapso  de diez años y a resarcir los perjuicios ocasionados con  la infracción.   

Apelada la anterior sentencia por el defensor  del  procesado  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  la  confirmó integralmente  mediante  providencia  de  mayo  6  de  1.998,  intentándose  ahora  el recurso  extraordinario que en su momento concedió el ad quem.   

LA DEMANDA:  

Tras identificar al sujeto procesal enjuiciado  así  como la sentencia impugnada, y sintetizar los hechos materia de proceso el  demandante   formula   cuatro   cargos  al  amparo  de  la  causal  “primera   violación   de  un  derecho  sustancial,  cuerpo  segundo,  por  error de la apreciación de la prueba por un  falso  juicio  de identidad”  que  genéricamente sustenta en el hecho de que el Tribunal restó importancia a  la  insolvencia  económica  del procesado sin tener en cuenta que el punible se  ejecutó  por  un  dinero  cuya  procedencia  no se demostró, violando así los  artículos 247, 254, 294 y 445 del Código de Procedimiento Penal.   

Como  desarrollo específico del primer cargo  asegura   que   la   sentencia  recurrida  no  apreció  debidamente  la  prueba  testimonial     y     sin     determinarla     concluye     que     “en  este  proceso  penal  no  existió  ningún  tipo  de  distorción(sic),  como  para sostener que era necesario para  relevar  de  su  importancia  la prueba testimonial que claramente favorecía al  hoy      condenado”.   

Bajo  el título de segundo cargo aduce que a  la   prueba   testimonial   recaudada  “no  se  establecieron  para  todas,  las reglas de la sana crítica,  pues    a    unas   versiones   se   les   dio   mayor   importancia…”,  argumentando  luego,  como tercer  reproche,  que  el  error  planteado  se  torna más ostensible si se observa el  tratamiento  dado a los testimonios de los autores materiales del delito pues en  su  valoración,  agrega,  se  establecen  situaciones  confusas  que no guardan  concordancia  con  los  aspectos centrales del proceso, además, prosigue, estas  declaraciones   están  viciadas  de  nulidad  en  razón  a  que  en  el  fondo  perseguían  una  serie  de  beneficios  que  impedían  tenerlas  como rendidas  libremente.   

Finalmente  señala,  bajo  el  epígrafe  de  presunción  de  inocencia, que si bien el Tribunal no reconoce la existencia de  duda  alguna, “fueron muchas  las  situaciones  que  quedaron  confusas  y  por  lo  tanto  daban  lugar  a la  incertidumbre  para  establecer  en  forma  directa  y  clara  esa  relación de  conexidad  entre  mi  cliente  y  los  autores materiales del delito”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

1. No obstante identificar el demandante a los  sujetos  procesales, resumir los hechos materia de juzgamiento y determinar como  la  vía  escogida  para  atacar  el  fallo  recurrido la del error de hecho por  falsos  juicios  de identidad, es lo cierto que el libelo carece de la claridad,  precisión  y coherencia que exige el artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal,  hasta  el  punto  de  desconocer la autonomía de las causales para a la  manera  de  demostrar las censuras, confundir la aducida para entremezclarla con  la  de  invalidez,  no  sin  antes  tergiversar  las  diversas modalidades de la  violación  indirecta  de  la  ley,  tornando  así, de suyo, oscuro y lejano el  escrito de aproximarse a una demanda de casación.   

2. En efecto, tratándose de la vía indirecta  escogida  por  el  recurrente  era  su  obligación,  además  de  determinar la  naturaleza  de  la  violación,  demostrar  que  el sentenciador incurrió en un  error  de  hecho,  precisando si el juzgador ignoró la existencia de una prueba  determinada  en  el  proceso  o  la  supuso  no  existiendo,  o  si  fue  que la  tergiversó  o  distorsionó  en  su  verdadero  sentido y alcance y finalmente,  hacer  ver  a  la  Corte  la  incidencia  del  alegado  error  en  la sentencia,  desvirtuando  la prueba que quedaría sustentando el fallo para acreditar que en  esas   condiciones  la  decisión  impugnada  no  se  soporta  y  se  impone  la  determinación pretendida.   

3. Sin embargo, la censura, que sin saberse el  motivo  la  discrimina  en lo que arbitrariamente presenta como cuatro cargos lo  es  bajo  una  genérica  violación  indirecta  de  una norma sustancial que ni  siquiera  cita,  bajo  el  supuesto  de  que  el juzgador dio al hecho de que da  cuenta  la  prueba  testimonial un alcance objetivo que no tiene o no le asignó  el  que  ella  comporta, omitiendo precisar los fundamentos en que se apoya para  arribar  a  una  tal  afirmación,  pues  sobraría observar que en casación no  basta  con expresarse de manera abstracta que en la sentencia se incurrió en un  error  fáctico  por indebida valoración de los testimonios si no se especifica  la  prueba,  la  distorsión o desfiguración que en relación con la misma pudo  haber   incurrido  el  fallador  y  la  trascendencia  del  yerro  en  el  fallo  atacado.   

4.  Así,  al pretender desarrollar de manera  específica  cada  uno de las censuras en las que simplemente se limita a iterar  los  argumentos  genéricamente expuestos vuelve a incurrir en graves yerros que  evidencia   con   mayor  énfasis  el  real  desenfoque  que  respecto  de  este  extraordinario  recurso  observa  el  demandante, ya que no obstante anunciar la  censura  por  error  de identidad, no duda en afirmar, para su demostración, en  el  cargo  primero,  que en este proceso no existió ningún tipo de distorsión  y,  en el segundo, sin explicación alguna, aduce un presunto desconocimiento de  las  reglas de la sana crítica que violó u olvidó aplicar el juzgador, y como  si  esto  fuera poco, en el cargo tercero trastoca la vía de ataque al insistir  en  que  el  Tribunal  incurrió  en  errores por falso juicio de identidad que,  también  sin  razón traslada a uno de derecho por falso juicio de legalidad al  afirmar  que  los testimonios de los autores materiales del delito se encuentran  viciados de nulidad.   

5. Por último, termina alegando una supuesta  duda,  desconociendo  que,  como  lo  tiene  entendido la jurisprudencia de esta  Sala,  a  ella puede acudirse por la vía de la violación indirecta únicamente  en  el  evento  en  que el fallo no la admita, caso en el cual, como procedería  aquí,  era  su obligación demostrar su existencia a través del error de hecho  o  de  derecho,  sin  que  pueda  ser  suficiente  la  simple afirmación de que  “fueron   muchas   las  situaciones   que   quedaron   confusas   y  por  lo  tanto  daban  lugar  a  la  incertidumbre”,    sin  precisar  siquiera mínimamente en qué consistió la equivocación del juzgador  y  de  qué  manera  ella  generó  la  duda  que  pretende  le  sea reconocida.   

En  estas  condiciones,  y  ante  el absoluto  incumplimiento  de  los  requisitos  mínimos  exigidos por el artículo 225 del  Código  de  Procedimiento  Penal  para  la  sustentación  de  la  impugnación  extraordinaria,  se  impone  el rechazo in límine de la presente demanda y, por  consiguiente, la declaración de deserción del recurso.   

Por lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

          1º.  RECHAZAR  IN  LIMINE  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado JOSE  SALOMON RUIZ LOAIZA.   

               2º.       En  consecuencia,  DECLARAR  DESIERTO  el recurso extraordinario interpuesto ante el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pereira.   

Esta providencia no es susceptible de recurso  alguno.    

Cópiese, devuélvase al Tribunal de origen y  cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE  E.  CORDOBA  POVEDA        

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE                   EDGAR             LOMBANA  TRUJILLO               

MARIO            MANTILLA  NOUGUES             CARLOS                                  E.                                 MEJIA  ESCOBAR              

ALVARO        ORLANDO       PEREZ  PINZON           NILSON    PINILLA    PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

SECRETARIA    

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