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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14375  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 167  

          Santafé   de   Bogotá,  D.  C.,  veinticinco  de  octubre  de  mil  novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

          En  relación  con  la  sentencia  de  segundo  grado dictada por el  Tribunal  Superior  de  Cali,  el  10  de  noviembre  de  1997,  el defensor del  procesado  JHON  MARIO  RAMÍREZ  HUILA, condenado por el delito de homicidio  agravado, interpuso y sustentó  en  su oportunidad el recurso extraordinario de casación, motivo por el cual la  Corte  se  pronunciará  sobre  la  admisibilidad  de  la respectiva demanda, en  atención  a  los  requerimientos  formales  dispuestos  en el artículo 225 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  relación con el artículo 220 del mismo  ordenamiento.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  día  25  de diciembre del año de 1995, aproximadamente a las 5  de  la  mañana,  los jóvenes William Muñoz Mosquera,  Milton  Bonilla  Taborda, Claudia Yaneth y Jhon  Freddy Burgos Muñoz caminaban por el  barrio  Gran  Colombia  de  la  ciudad  de  Cali  (carrera  34 con diagonal 30),  después  de  compartir desde la noche anterior en una fiesta de navidad, cuando  fueron  abordados  por  dos  individuos que se de desplazaban en una motocicleta  DT-125,  cuyo  conductor  fue  individualizado  por algunos de los circunstantes  como  JHON  MARIO  RAMÍREZ  HUILA,  patrullero  de  la  policía nacional en la  mencionada   capital,   y   quienes  además  exhibieron  un  arma  de  fuego  y  manifestaron   a   los   requeridos   el   propósito   de  despojarlos  de  sus  pertenencias.   

          Como   quiera   que   Jhon  Fredy  Burgos  Muñoz  no  portaba  dinero, los asaltantes amenazaron  con  propinarle  un  disparo,  pero,  de inmediato, sus compañeros William  Muñoz  Mosquera  y  Milton      Bonilla      Taborda     se  abalanzaron   sobre   los  agresores,  los derribaron del vehículo y se apoderaron del revólver que antes  había  logrado  disparar el parrillero, trance en el cual el joven Muñoz  Mosquera  recibió  un  impacto de  bala  que  penetró por el tercio superior de la cara anterior del brazo derecho  y   salió   por   el   tercio   medio   de   la  región  escapular  del  mismo  lado.   

          Por  la reacción de las víctimas, los ofensores huyeron del lugar,  no  sin  antes advertir que regresarían por el arma.  Mientras el grupo de  amigos  buscaba auxilio en la casa del vecino Edison de  Jesús  Molina Serrano, el herido sufrió un desmayo al  frente  de dicha residencia, pero al lugar volvieron efectivamente los primeros,  la  emprendieron  a  puntapiés contra el lesionado que estaba sin fuerzas en el  piso,  y  también  le  irrogaron  un  tiro  de  revólver a quemarropa sobre la  región temporal izquierda, en línea media anterior.   

          El  herido  fue trasladado al hospital Carmona de la ciudad de Cali,  centro  en  el  cual  dejó de existir por laceración encefálica producida por  proyectil  de  arma de fuego, sin dejar de advertir que el primer disparo había  penetrado   a   la   cavidad  torácica  y  también  ocasionó  una  hemorragia  subendocárdica ventricular izquierda.   

          Desde   la   institución   hospitalaria   mencionada,   la  señora  Claudia Yaneth Burgos Muñoz,  compañera  permanente  de  la  víctima, se trasladó al lugar de los hechos en  compañía  de  algunos  miembros  de  la  policía  judicial,  con el ánimo de  señalarles  al  agresor  que  había  sido  identificado, y efectivamente allí  regresaron  los  victimarios  para  reclamar  una  vez más el revólver que les  habían  arrebatado,  momento en el cual entraron en acción los policiales, mas  sólo  pudieron  capturar al patrullero JHON MARIO RAMÍREZ HUILA.  El otro  victimario  logró  huir  de  la  operación  policiva  y,  en  el  curso  de la  investigación,  se  le  menciona  como  CARLOS ALBERTO GARZÓN, conocido con el  alias de “galatea”.   

          En  razón  de  los  hechos  narrados, la Fiscalía de la Dirección  Seccional  de  Cali ordenó la apertura de instrucción, le recibió indagatoria  al  imputado Ramírez Huila y,  por  medio  de resolución fechada el 25 de junio de 1996, ordenó la detención  preventiva por el delito de homicidio (fs. 22, 40 y 82).   

          El  25  de  noviembre  de  1996,  la  Fiscalía  dictó  resolución  acusatoria  en  contra  del  procesado,  como coautor del delito de homicidio   agravado,  en  razón  de  que  había  puesto  a  la víctima en condiciones de indefensión y sucesivamente se  aprovechó  de  ellas,  conforme  con  los artículos 323 y 324, numeral 7° del  Código Penal (fs. 175).   

          En   consonancia  con  el  cargo  formulado  en  la  resolución  de  acusación,   el   Juzgado   Séptimo   Penal   del  Circuito  dictó  sentencia  condenatoria  en contra del acusado Jhon Mario Ramírez  Huila,  para  imponerle  la pena principal de cuarenta  (40)  años  de prisión y la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas por el término de diez (10) años (fs. 277).   

          El  fallo  de  primer grado fue revisado por el Tribunal Superior de  Cali,  en  virtud  del  recurso  de  apelación interpuesto por el defensor, por  medio  de  decisión que confirmó integralmente la determinación del juez (fs.  352).   

LA DEMANDA  

          El  recurrente  invoca  como  causal  de casación la prevista en el  numeral  3°  del  artículo 220 del Código de Procedimiento Penal, dado que se  ha  dictado  sentencia  con  violación  del derecho de defensa, conforme con el  numeral 3° del artículo 304 del mismo ordenamiento.   

          Explica  que  la  violación  del  derecho fundamental consistió en  que,  antes  de  la  audiencia  pública,  se  solicitaron  por  la defensa y se  ordenaron   por   el   juez   algunas  pruebas,  pero  a  la  postre  no  fueron  practicadas.   Se trataba de realizar una inspección judicial a los libros  de  la  SIJIN, de la Estación de Policía del barrio San Carlos (sobre todo los  de  minuta  de  servicio y de población), y del hospital Carmona; igualmente de  recibir   testimonio   a  los  agentes  Héctor  Fabio  Mondragón,   Solman   Balbuena   Castro   y  Edison  Ortiz  Caicedo.   

          Expone  el actor que si se hubiera llevado a cabo la ampliación del  testimonio  del agente Edison Ortiz Caicedo,  se habría demostrado que su dicho no era veraz, pues el mismo se  pone  en  contravía de lo que realmente ocurrió, inconsistencia que se infiere  no  sólo  de  lo  manifestado  antes  por  el  testigo, sino también por otros  deponentes,    en    especial,    la    versión   del   policía   Carlos  García.  A tal punto llega la  contradicción,  que  el  mismo  juez  determinó de oficio la ampliación de la  declaración   del  último  testigo  citado,  mas  tampoco  se  pudo  llevar  a  cabo.   

          Con     el     testimonio    de    los    policiales    Héctor  Fabio  Mondragón  y Solman   Balbuena   Castro,  se  proponía  demostrar  la  inocencia  del procesado y por ello es flagrante la transgresión  al derecho de defensa.   

          Así   mismo,   afirma   el   defensor,  de  haberse  practicado  la  inspección  judicial  a  los libros de las dependencias mencionadas, se habría  llegado  a  la  conclusión de que los hechos acaecieron a las 4 y 30 minutos de  la  madrugada,  no  a las 5 y 30, dato que entonces permitía probar que no hubo  interregno   alguno   entre  el  momento  de  la  ocurrencia  de  los  episodios  investigados  y el del retiro de su defendido de una fiesta navideña, hecho que  ocurrió a las 5 de la mañana.   

          Por    otra   parte,   el   testimonio   del   agente   Carlos  García en realidad acredita que el  policial  Edison Ortiz Caicedo  retuvo  y  condujo  al imputado, pero igualmente demuestra que el captor no hizo  entrega  del  retenido  a  otra  patrulla,  como  sin duda lo hubieran aseverado  también los otros dos policías que no declararon.   

          Concluye   que  la  práctica  de  las  pruebas  señaladas  habría  incidido  en  la decisión que se adoptó, razón por la cual queda en evidencia  la  violación  al  derecho  de defensa.  Solicita, en consecuencia, que se  case  la  sentencia  para  retrotraer  la  actuación al momento de la audiencia  pública,  con  el fin de ordenar y practicar los medios probatorios que aclaren  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  espacio  en  que se desarrollaron los  hechos.   

ANÁLISIS FORMAL DE LA DEMANDA  

          Cuando  se  invoca  la  causal  tercera  de  casación, en razón de  supuestos  vicios  de  nulidad  que  afectan la relación jurídico-procesal, el  actor  no  está  eximido de presentar una demanda que contenga la demostración  clara  y  precisa  de los fundamentos de la misma, conforme con el artículo 225  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pues es lo que corresponde al carácter  rogado    de    los    recursos,    máxime    si   el   que   se   analiza   es  extraordinario.   

          Ahora  bien,  el  artículo  228 del ordenamiento procesal penal sí  dispone  que,  en  tratándose  de  la  causal  de  nulidad,  la  Corte  deberá  declararla  de  oficio;  pero no puede perderse de vista que tal precepto supone  que   el  recurso  ha  sido  admitido  por  la  existencia  de  una  demanda  en  forma.   Es  decir, como la demanda formalmente estructurada abre el debate  propio  de  la  impugnación  extraordinaria,  es  posible  que  la  Corte en la  decisión  declare  una  nulidad procesal no pedida por el recurrente, así haya  sido otro el motivo de casación elaborado por éste.   

          Además,   dicho   requerimiento   de  sustentación  es  aún  más  clamoroso,  si  se  tiene  en  cuenta que el sistema de las nulidades en materia  penal  está  gobernado  por  ciertas  reglas  previstas en el artículo 308 del  Código   de  Procedimiento  Penal,  una  de  las  cuales,  la  de  trascendencia,   consiste  en  que  quien  alegue  el  vicio deberá demostrar que se trata de una irregularidad sustancial  que  afecta  las  garantías  de  los  sujetos  procesales o trastorna las bases  fundamentales del proceso (numeral 2°).   

          Así  pues,  en  vista  de  que el actor invoca una violación de la  garantía  de  defensa,  por cuanto no se practicaron algunas pruebas favorables  en  la fase del juzgamiento, la afirmación merecía una demostración de que el  derecho  fundamental  fue  desconocido  por  obra  del juez.  En efecto, la  demanda  no  ilustra  sobre  cuáles fueron las conductas activas u omisivas del  juzgador  que  dieron al traste con la práctica de los elementos de convicción  que  echa  de  menos,  porque  él  mismo  reconoce  que  las  pruebas “fueron  debidamente  ordenadas  tal  y  como  aparece  a  folios  211  al 213…” (fs.  382).   ¿Sería  que  el  juez o la secretaría del despacho no expidieron  las  órdenes de citación de testigos, o no lo hicieron oportunamente?. ¿O los  testimoniantes   no   acudieron   a   la  audiencia  pública,  a  pesar  de  la  cita?.   

          No  revela  el  escrito  si  la  inspección judicial fue ordenada o  negada  y,  en el último caso, el demandante no expone si el juzgador actuó de  manera arbitraria o razonada.   

          En  suma,  la  demanda  no  alcanza  a  precisar  de qué manera los  juzgadores    obstaculizaron   el   ejercicio   de   la   defensa   material   o  técnica.   

          Por  otra  parte,  aunque  las  pruebas  pretendidas  por la defensa  tuviesen  todas  vocación de favor al procesado, queda la inquietud de saber si  los  funcionarios  judiciales  dejaron  de  ordenar  y  practicar  otros  medios  probatorios  en beneficio de la coartada del sindicado; es decir, en busca de la  trascendencia  de  la  omisión,  el  actor  debería  explicar si la judicatura  cumplió  o  desconoció  el  principio  de investigación integral (Const. Pol,  art. 250 y C. P. P., art. 333).   

          Si  era  tal  la probable incidencia de los medios de convicción no  practicados,  de  igual  manera  el  recurrente  debió  demostrar,  en  aras de  completar   el   juicio  de  trascendencia,    que    el   maderamen   probatorio   estimado   no   alcanzaba   para   sostener   el  fallo  condenatorio.   

          Como  se  ve,  el libelo carece de las razones suficientes, claras y  precisas  para  provocar la apertura del debate en casación, razón por la cual  se  rechazará  de  plano y, consecuentemente, se declarará desierto el recurso  extraordinario.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Rechazar      in     limine  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado  JHON   MARIO   RAMÍREZ   HUILA,   condenado   por  el  delito  de  homicidio  agravado,  en  relación con el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por el Tribunal Superior de Cali.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso antes concedido.   

          Por  disposición  de  los  artículos  197  y  226  del  Código de  Procedimiento   Penal,   en   relación   con   este  auto  no  procede  recurso  alguno.   

          Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA     POVEDA                       

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         YESID RAMÍREZ  BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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