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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO NO. 14246  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE:  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 149  

Santa Fe de Bogotá. D. C., septiembre treinta  de mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

         

          La  Sala resuelve lo pertinente sobre la admisibilidad de la demanda  de  casación presentada por el señor defensor del ciudadano Algemiro Quinayás  Jiménez.   

HECHOS  

          Sucedieron  a  la altura de la finca Las Mercedes, en el tramo entre  El  Agrado  y  Garzón  (  Huila  ),   el  1o.   de  mayo  de 1996. El  dragoneante  José Ancízar López se desplazaba en un taxi que fue abordado por  dos  hombres y una mujer, quienes pidieron al conductor que abriera el baúl del  automotor  para  depositar  una  carga  que  llevaban.  El agente sospechó, con  posterioridad  le  preguntó  al taxista qué era lo que llevaban y este le dijo  que  algo  así  como  un  motor.  Se dirigió entonces a un CAI e informó a la  policía  con  base  en  que  suponía  que  llevaban  bienes  que  habían sido  hurtados.  Iniciaron  luego las pesquisas, capturaron al señor Quinayás, quien  le   dijo  al  agente  que  no  lo  fuera  a  “embalar”  y  le  daba  $  6O.OOO.   Pare ello, envió a una persona a empeñar una cadena y le dijo a  otra  que  le  entregara el dinero al gendarme,  hecho del cual se percató  la  gente  de  la  Sijin  que  se  encontraba  allí,  alertada por López desde  antes.             

LA ACTUACION  

          La  investigación  fue abierta  el 8 de agosto de 1996, por la  fiscalía  17  delegada  ante  los  juzgados  penales  del  circuito de Garzón.  Practicadas  unas  diligencias,  el  15  de  agosto  del mismo año resolvió la  situación  jurídica  de  Algemiro  Quinayás  Jiménez,  a  quien  le decretó  detención  preventiva  por  el  delito  de  cohecho  por  dar  u  ofrecer  y le  reconoció   la  libertad  provisional.  En  la  misma  decisión,  dispuso  vincular  a  Blanca  Elvira  Moncayo de Gaviria, quien acompañaba aquel día al  autor  del  comportamiento,  por un eventual delito de receptación, con base en  que  probablemente  los  bienes incautados procedían de la comisión de delitos  contra    el    patrimonio    económico    privado,    perpetrados    en   otra  localidad.   

          Realizado    lo   ultimamente   dispuesto,   y   practicadas   otras  diligencias,  el  15 de noviembre de 1996, la fiscalía calificó el mérito del  sumario:  acusación  contra  Blanca  Elvira  Moncayo por el delito genérico de  encubrimiento y contra Angelmiro Quinayás Jiménez por cohecho.   

          El  juzgado  3o.  penal del circuito de Garzón adelantó la fase de  juicio  y  mediante sentencia del 9 de mayo de 1997 condenó a las dos personas,  así:  Algemiro Quinayás Jiménez: autor de cohecho por dar u ofrecer y 3 años  de  prisión,  5O salarios mínimos legales mensuales de multa, interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  y  prohibición  de celebrar contratos con la  administración  por el mismo tiempo de la pena principal privativa de libertad;  y   Blanca Elvira Moncayo de Gaviria, autora de favorecimiento y multa de $  1.OOO.   

          El  defensor  de  los  dos  procesados  apeló  la  decisión  y  la  sustentó  por  escrito.  El  14  de  julio  de  1997,  el  Tribunal de Neiva la  confirmó.   El   letrado,   entonces,   interpuso   recurso  extraordinario  de  casación.   

LA DEMANDA    

          1.  Acude  el  casacionista a la causal 1a. de casación, violación  indirecta de la ley sustancial, originada en error de hecho   

          “…proveniente  de  tergiversar  o  distorsionar el sentido de la  prueba,  por  cuanto  ello generó aplicación indebida del artículo 143 del C.  P.  …cuando  debió haberse aplicado el inciso 1o.  del artículo 247 del  C.  de.  P.  P.  colombiano,  lo que entraña violación de la ley sustancial ya  referida”.    

          2. Para sustentar su acusación, expresa:   

          2.1.  La  resolución  de  acusación  y  las  sentencias  se  basan  exclusivamente  en  la denuncia del dragoneante López y las declaraciones   “contradictorias,  acomodadas  y  amañadas”  de  los  agentes Jaime García  Vanegas y Elkin Molina Barreto”.   

          2.2.  El juzgador no tuvo “… en cuenta para nada probatoriamente  los  descargos  esgrimidos por el sindicado en su injurada, argumentando además  que  los  argumentos  de el (sic) sindicado Algemiro Quinayás Jiménez  no  tiene  asidero  valedero por tener éste uno (sic)  solo antecedente penal,  a  sabiendas  que éste es de distinta naturaleza al que se le está actualmente  juzgando”.   

          2.3.  La  voz  de  un  procesado  pobre y con infinidad de problemas  económicos    y    sociales    tiene    validez    ante    la   sin­dicación  temeraria  y  de mala fé del  dragoneante  que abusó del estado de inferioridad material (encarcelamiento) en  que  se  encontraba   Quinayás  Jiménez  y  por  tanto  se  le  debe  dar  credibilidad.   

          2.4.  Para  condenar  a un sindicado debe existir dentro del proceso  prueba plena en su contra; de lo contrario, se le debe absolver.   

          2.5.  La  justicia   se ha sustentado en  la denuncia y en  los testimonios de García y Molina,   

          “…siendo   todas   estas   posiciones  verbales,  inconducentes,  incoherentes,  contradictorias  y  falta  a  la  verdad,  ya  que se pusieron de  acuerdo  de perjudicar al retenido, el primero por exigirle a mi defendido dicha  suma  de  dinero  para  su  libertad,  como  bien  lo  aclara  mi mandante en su  indagatoria,  y  los  dos  últimos, no son testigos presenciales de los hechos,  sino  inducidos  por  el  quejoso  a  decir  mentiras  de  la exigencia de dicho  dinero”.   

          2.6.  Hay  yerro judicial al tomar como prueba plena la sindicación  temeraria  y  de  mala  fé  por  parte  del denunciante y los dos agentes de la  policía,   

          “…  lo que viene a cimentar la posición de la defensa que no se  reúnen  los  requisitos  del  artículo  247  del  C.  de.  P.  P., para dictar  sentencia condenatoria contra Algemiro Quinayás Jiménez”.   

          2.7.  Hay violación indirecta de la ley cuando el juzga­dor parte   

          “…  de  un  falso  juicio  de  valor  respecto  de darle alcance  probatorio   pleno   a   las   dos   únicas   declaraciones…   impertinentes,  incoherentes, contradictorias, dudosas y falta a la verdad…” .   

          2.8.  El  juzgador  yerra  de  hecho  cuando le da credibilidad a la  denuncia  y  a  las  dos  versiones  mencionadas,  conocidas  por  su “…duda  procesal  y  contraevidentes…”,  pretermitiendo  con  ello su alcance real y  jurídico,  lo  mismo  cuando  no  le  otorga  credibilidad   a la injurada  “…desprevenida,  clara, coherente y sincera expresada por el señor Algemiro  Quinayás Jiménez”.   

          3.  Por  último,  pide  casar  totalmente  la  sentencia impugnada,  absolver  a  Quinayás  Jiménez  y  anular la orden de captura que existe en su  contra.                  

          El  ministerio  público  presentó  escrito  de  oposición  a  las  pretensiones  de la demanda, para pedir a la Corte no casar la sentencia. Centro  de  su  análisis  es  el  que el censor se ha limitado simplemente a plasmar su  opinión  tratando  de  chocar con las apreciaciones judiciales, pero con olvido  de  que  estas  se  encuentran  revestidas  de la doble presunción de acierto y  legalidad.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          A   pesar   de  las  ambigüedades  que  se  observan  tanto  en  la  interposición   del   recurso  en  favor  del  señor  Quinayás,  como  en  su  concesión*1  ,  la Sala se pronuncia sobre  las formalidades de la demanda, así:   

          1.  Cuando  se  acude a la violación indirecta de la ley sustancial  por  tergiversación  o  distorsión  de  las  pruebas,  compete al casacionista  comprobar,  con exactitud y rigidez, cómo han sido descompuestos o desdibujados  los  medios  demostrativos,  por parte del juzgador. Esto no lo hizo el letrado,  quien  se  limitó a decir que los testimonios de los integrantes de la policía  eran  amañados, mentirosos, faltantes a la verdad, impertinentes, incoherentes,  expuestos  de  mala  fé,   contradictorios  y  dudosos.  Ninguno  de tales  adjetivos  fue objeto de estudio por parte del impugnante y, por tanto, el cargo  se desvanece al máximo por ausencia total de argumentación.   

          2.  El  trabajo que hace el defensor no se relaciona, en verdad, con  el  error  que  enuncia.  Se  circunscribe, y de manera muy tenue, a criticar el  valor   probatorio   que  el  Tribunal  le  otorgó  a  la  prueba  testimonial,  planteamiento  disonante  con  el supuesto de casación que anuncia pues, de una  parte,  el  tema  testimonial no está sometido a tarifa legal y, de la otra, la  facultad   otorgada   al   juez   para  valorar  las  pruebas   solo  está  condicionada  por el respeto hacia las reglas de la sana crítica. El recurrente  no  se  ocupa  de  este  aspecto y, por tanto, los mandatos de la ciencia, de la  lógica  y  de la experiencia que tuvo en cuenta el Tribunal para concluir en un  buen  recibo  de  las  declaraciones  de los agentes de la policía se mantienen  totalmente a salvo.   

          3.   Cuando  se  refiere  a  la  indagatoria  del  señor  Quinayás  Jiménez,  el censor dice, en un lugar de su escrito (Fl. 5), que el Tribunal no  tuvo  en  cuenta  para nada los argumentos o descargos esgrimidos por aquél, y,  en  otros  sitios  de  la demanda (Fls. 5 y 9), afirma que el juzgador no le dio  credibilidad  y  que  sus  argumentaciones no tenían “asidero valedero”. La  contradicción  del  casacionista es fácilmente notoria porque si en materia de  violación  indirecta por error de hecho se afirma que un medio probatorio no ha  sido  obervado “para nada”, es imperioso asir el análisis con fundamento en  un  falso  juicio  de  existencia  por falta de apreciación de la prueba,   mientras  que  si  dentro  del mismo ámbito  se asevera que  un medio  probatorio  ha sido distorsionado el imperativo para el casacionista se desplaza  hacia  el falso juicio de identidad. Y, como es obvio, por el mismo respecto, no  pueden  coincidir  dos  ataques:  uno,  por no apreciar la prueba, es decir, por  omitir  su  análisis;  y  otro,  por  laborarla  con un alcance objetivo que no  tiene.   

          4.  De  la  lectura de la demanda se desprende algo indiscutible: el  defensor  quiere  protagonizar su propia manera de ver y de valorar las pruebas,  especialmente  la  testimonial,  reprochando,  ciertamente  de  manera  bastante  superficial,  el  ejercicio  que  con  la misma finalidad han hecho los señores  jueces,  para  colocar luego, en su escrito, las dos opinones frente a la Corte.  Esto,  como  se  sabe,  es  íntegramente  inadmisible  en  sede  de  casación.   

          5.  Una  de  las  características formales que debe acompañar a la  demanda   cuando   se  plantean  errores  de  hecho  está  constituida  por  la  demostración  de  un  yerro  manifiesto, ostensible, grande, captable sin mayor  esfuerzo,  con  enorme  trascendencia  en el fallo. Esto no lo cumple el estudio  defensivo que se estudia.    

          Del  parangón  entre  demanda  y  exigencias  formales,  se obtiene  que   la formulación del cargo no es cristalina ni estricta. Lo único que  se  capta  es que se trata de error de hecho  por tergiversación. Mientras  tanto,  en  lo  que debería ser el sustento de las imputaciones a la sentencia,  se  encuentra  la  Sala  con  una  especie de alegato privado desvinculado de la  censura central.   

          Como  las  exigencias formales requeridas por el artículo 225-3 del  C.  de.  P.  P.,  en cuanto tocan con los principios de claridad y precisión no  acompañan a la demanda, tiene que ser rechazada.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  la  Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          Rechazar   la  demanda  de casación presentada por el defensor  del  señor  Algemiro  Quinayás  Jiménez  y,  en  consecuencia,  declarar  desierto el recurso interpuesto.    

          En  virtud  de  lo  dispuesto por el artículo 197 del C. de. P. P.,  contra este auto no procede recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                                

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE                 EDGAR          LOMBANA  TRUJILLO           

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                        CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR               

                

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                NILSON  PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

*  En  efecto:  1.  El  23  de  julio  de  1997,   el  expediente fue puesto en la  secretaría   durante   15   días   hábiles,   para   la  eventualidad  de  la  interposición  de  casación.  2.  El  13  de agosto, último día, el defensor  interpuso  el  recurso de casación excepcional, en nombre de los dos imputados.  Dice  que  lo  hace con el objeto de que la Corte lo acepte para posteriormente,  dentro  del término de ley, presentar la respectiva demanda. 3. El 14 de agosto  se  dictó  constancia secretarial: Quinayás Jiménez fue condenado por cohecho  y  Blanca  Elvira  Moncayo  por  favorecimiento. 4. El 14 de agosto, después de  vencidos  los  términos  para  intentar  el  recurso,  el defensor presentó un  escrito  en  Garzón,  que  fue  recibido  el 15 en el Tribunal de Neiva. En tal  misiva,  el  letrado  explica que aclara que el recurso de casación comprende a  los  dos sindicados:  el extraordinario, que ampara a Quinayás,  y el  excepcional  a  Blanca  Elvira.  5.  El  mismo día,  la Magistrada Ponente  concedió   el  recurso  y  ordenó  correr  traslado  por  30  días  para  que  fuera   presentada  la  demanda.  6. El 22 de agosto de 1997, la misma  Funcionaria  remitió  el  proceso a la Corte para que resolviera lo referente a  la  casación excepcional respecto de Blanca Elvira y suspendió el término que  había  dispuesto en relación con el recurso en favor de Quinayás Jiménez. 7.  El  2 de octubre de 1997, la Corte se abstuvo de conceder el recurso excepcional  por  ausencia  de  sus requisitos más elementales. 8. Recibido el expediente en  el  Tribunal  de  origen,  el 5 de noviembre profirió auto para que se corriera  traslado  por  30 días para la presentación de la demanda a nombre de Algemiro  Quinayás    Jiménez,  lo  que  hizo  el  defensor  el  último  día.  La  ambigüedad  emana,  así, de la interposición del recurso pues lo fue a nombre  de  los dos procesados, por vía excepcional. Sin embargo, el Tribunal entendió  las  dos vías y así,  tramitó  tanto  la casación excepcional  como   la  ordinaria   Esta  falta  de  claridad,  no  implica  que la  incertidumbre  resulte  en contra de los ciudadanos que querían  acudir al  recurso de casación.       

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