14232d

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 14232  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 35   

          Santafé  de  Bogotá  D.C., jueves once de marzo de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca  del aspecto formal de la demanda de  revisión  incoada  por  el apoderado especial de Edgar  Afranio   Valdez   Erazo,  contra  quien  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  San  Juan de Pasto profirió sentencia de  condena  imponiéndole  11  años  de  prisión  como responsable de la conducta  punible  de Homicidio, revocando de esta manera el fallo absolutorio dictado por  el Juzgado Penal del Circuito de La Unión, Nariño.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          De  acuerdo con la información obtenida de las copias de sentencias  de  primero  y  segundo  grados allegadas con la solicitud de revisión, se sabe  que  en  las  horas  de  la noche del 24 de diciembre de 1990 Guido Efrén Eraso  Bolaños  recibió heridas de colon e intestino delgado producidas por proyectil  de  arma  de  fuego, cuando en la vereda La Playa de la población de la Unión,  Nariño,  departía  con  algunos  de  sus  amigos.  Trasladada la víctima a la  ciudad  de  Cali  en  busca  de  mejores  recursos humanos y científicos, allí  expiró   el   12  de  enero  siguiente  como  consecuencia  de  la  peritonitis  sobreviniente de la sepsis originada en aquellas lesiones.   

          Tras  largo período de inactividad judicial y salvados los escollos  surgidos  en el decurso procesal de la investigación, un  Fiscal Seccional  de  La  Unión  dispuso  la  vinculación  mediante  indagatoria de Edgar  Afranio  Valdez  Erazo como presunto  autor  del  atentado  a  la  vida  perpetrado  en  Erazo  Bolaños, contra quien  profirió  medida de aseguramiento de detención preventiva y en resolución del  29  de  noviembre  de  1996,  acusó  al  mentado  sindicado  del  homicidio  en  cuestión.   Rituada  la causa, finalmente en fallo del 21 de marzo de 1997  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de dicha localidad absolvió al procesado del  cargo  por  el  que  se  le  llamó  a  responder  en  juicio criminal, pero por  determinación  del  27 de junio siguiente el Tribunal Superior de Pasto revocó  la  decisión  del  A-Quo al  desatar  la  impugnación  que contra la misma interpuso el Fiscal que profirió  la  acusación,  y en su lugar emitió la sentencia condenatoria de la que ya se  hizo mérito.      

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera de revisión descrita en el  artículo  232 del Código de Procedimiento Penal, luego de realizar a su manera  un  detenido  escrutinio de la prueba indiciaria y de criticar los razonamientos  expuestos  por  el  Tribunal  de instancia para edificar el fallo de condena que  hoy  se  cuestiona -acordes, en sentir de la Colegiatura, con los postulados que  para  el  efecto  consagra el artículo 247 del Código de Procedimiento Penal-,  el  libelista  arguye  la existencia de pruebas sobrevinientes que en su momento  no   fueron   tenidas   en   cuenta   por   el   sentenciador,   “las  cuales  nos  ofrecen  elementos  valiosos  y fundamentales para  declarar  la  inocencia de mi defendido”;  tales  elementos  nuevos  de  persuasión  no  son  otros  que los testimonios rendidos  extra-proceso   ante  Notario  Público  por  Clímaco  Muñoz   Ordóñez   y  Ana  Yazmín   Hernández   Torres,   personajes   quienes  supuestamente  conocieron  algunas de las circunstancias que rodearon el hecho y  con  base  en ellas descartan la participación del procesado en el mismo.    

Si  la  mujer  declara  que el acusado en el  instante  del  herimiento  de  Guido  Efrén  se  hallaba  atendiendo a su madre  enferma,  mal puede colegirse, como lo hace el Tribunal, que hubiera sido aquél  quien  haya  percutido  el  arma  de  fuego  cuyo  proyectil causó los estragos  orgánicos    desencadenantes    del   referido   óbito,   pues,   Edgar  Afranio  ni ningún otro ser humano  posee  el  don  de  la  ubicuidad  para  encontrarse  al mismo tiempo en lugares  diversos.   Así  mismo,  si  el testigo relacionado en primer lugar expone  que  la  víctima  le  comentó  no  saber  quien lo lesionó, mendaz resulta la  afirmación  del  hermano  de  éste al asegurar que de los labios del lesionado  brotó  el nombre de su heridor. Todo indica que la imputación sólo obedece al  ánimo  vindicativo  de  la  familia  del  muerto  en virtud de los problemas de  otrora    habidos    entre    éste   y   el   hoy   condenado,   argumenta   el  impugnante.   

No  obstante admitir la tesis de la Corte en  el  sentido  de  señalar que para invocar la causal de revisión que se esgrime  como  sustento de la pretensión el demandante mal puede limitarse a enfocar los  hechos  de  manera  diferente  a los debatidos en el juicio, y menos criticar la  prueba  que ya fue objeto de examen por el fallador, el libelista hace hincapié  en  la  necesidad de revaluar en su conjunto los elementos de convicción que en  su  debido momento analizó el Tribunal, y confrontarlos con las “nuevas  pruebas” que hoy se aportan a fin  de  llegar  a la adecuada y cabal comprensión de que los indicios necesarios en  los  cuales  el  Juez  Colegiado cimentó su decisión de condena, no tienen tal  carácter  en la medida en que no dejan de ser “meras  contingencias   o   en   el  caso  más  grave  indicios  levísimos”  que  en  manera  alguna  pueden  configurar  la plena prueba de  responsabilidad enrostrada a su pupilo.   

CONSIDERACIONES  

          El  carácter  inmutable  de una sentencia en firme sólo es posible  removerlo  mediante el mecanismo de la acción de revisión, en aquellos eventos  en   que  es  ostensible  la  injusticia  de  la  respectiva  decisión,  viene  sosteniendo  con  reiterativa  insistencia  la  Sala,  pues,  el  extraordinario instrumento no fue concebido a  manera  de  una  instancia  adicional  donde  puedan  tener  cabida  debates  ya  finiquitados  en  las instancias como la valoración probatoria decantada por el  sentenciador,   o   el   examen   que   de   los   hechos   tuvo   lugar  en  el  juicio.   

         

La  remoción de la cosa juzgada requiere de  la  demostración  fehaciente de la manifiesta injusticia en que se incurrió al  emitirse  el  correspondiente pronunciamiento, conforme con los lineamientos que  para  su  invocación  demanda  la Ley de Procedimiento Penal.  Por ello es  imprescindible  que  quien  impetra  la  revisión de una sentencia ejecutoriada  seleccione   en  debida  forma  la  causal  con  la  cual  aspira  acreditar  la  discrepancia   entre  la  verdad  procesal  y  la  realidad  histórica  de  los  acontecimientos,  pues  de  lo  contrario  sus  argumentos resultarían ser unas  alegaciones más de instancia.   

         

Prueba  nueva  es  aquella  que  surge  con  posterioridad  a  los debates en las instancias y a la  culminación  del proceso con una sentencia en firme y por cuyo desconocimiento,  el  fallador  no  tuvo  la  oportunidad  de  pronunciarse  acerca de su grado de  validez  y  de  eficacia  en  relación  con  los  acontecimientos  puestos a su  conocimiento,  bien  porque realmente se trate de la aparición de hechos nuevos  que  contraríen  la  evidencia  de  lo  ya  decidido, ora porque no empece a su  existencia  previa  a  la definición del asunto, por cualquier causa se omitió  allegarla  al  averiguatorio,  situación  que  de  no  haberse operado otro muy  distinto  hubiera  sido  el sentido de la decisión que afecta los intereses del  procesado.   

          Para  lo  que es el objeto del presente pronunciamiento, ha menester  destacar  que  ningún  hecho nuevo diverso a lo ya examinado en las instancias,  constituye  el  aporte  testimonial  de  quienes  extraprocesalmente  declararon  acerca   de   lo   ocurrido   y   las   presuntas   circunstancias   modales   y  temporo-espaciales  que  rodearon  el  evento  juzgado  y  que hoy, como pruebas  nuevas,  se  pretenden  hacer  valer como elementos de inocencia en pro del  sentenciado.   

          En  efecto,  el hecho de que supuestamente el acusado hubiera estado  para  el  momento  del percance de autos asistiendo a su progenitora en su lecho  de  enferma,  fue  aspecto  que  oportunamente  evaluó el Tribunal a través de  otros  testimonios  que dan cuenta de similar circunstancia. Y, en relación con  el  desconocimiento  que  acerca  de  la  persona  de su victimario dizque dio a  conocer  la  víctima,  fue  asunto  que  con  ponderada sindéresis examinó la  Colegiatura  en  su  fallo  confrontando  las versiones testimoniales de quienes  así  se lo hicieron saber al funcionario instructor, con las de los declarantes  que  expusieron  lo  contrario  y  que  inclusive incurrieron en contradicciones  cuando    en    segunda   oportunidad   se   les   escuchó   respecto   de   lo  acaecido.   

          No  es  pues a expensas de cuestionar el soporte probatorio sobre el  cual  se  afinca  la  sentencia  demandada  como  se  puede  lograr  quebrar  su  intangibilidad,  cuando realmente no se evidencia de la nueva prueba argüida el  más  mínimo elemento que permita vislumbrar la inocencia pretextada.  Eso  es  lo  que  aquí ocurre como quiera que lo que el libelista pretende es que se  vuelva  a  debatir  acerca  de lo ya decidido definitivamente en las instancias,  vana  aspiración  porque  como  ya  se  expuso, aquellos elementos de juicio no  fueron  ajenos  al  proceso.  Y al no tener tales razonamientos el poder de  desvirtuar   el   juicio  de  reproche  recaído   sobre  la  conducta  del  condenado,  la  condición de res iudicata que  ampara  la  decisión  atacada  de  injusta  e  ilegal  se alza  incólume frente a los alegatos del demandante.   

          A  fuerza  de  no  cumplir  el  libelo  en su aspecto formal con las  exigencias  que  conforme  a la causal de revisión invocada regula el artículo  232-3  del  Código  de  Procedimiento  Penal, la demanda cuyo estudio previo ha  acometido      la      Sala      debe      ser      rechazada      (Art.     235  ídem).               

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         PRIMERO.-  Reconocer  al  Dr.  Rossi Jair  Muñoz  Solarte  como  defensor  del  condenado  Edgar  Afranio  Valdez  Erazo,  en  los  términos y para los  efectos del poder conferido por su asistido.   

          SEGUNDO.-           Rechazar   in   límine   la  demanda  de  revisión  que  en  representación  del  mentado  reo  instauró  su  defensor,  conforme  con  las  motivaciones  plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

CÓPIESE, NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                             RICARDO  CALVETE RANGEL   

JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA                                  CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                   CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

DÍDIMO    PAEZ    VELANDIA                                                 NILSON  PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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