14230b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14230  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta No. 191   

          Santafé  de  Bogotá  D.C., treinta de noviembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

Conforme con lo normado en los artículos 225  y  226  del C. de P. Penal, se pronuncia la Sala acerca del aspecto formal de la  demanda       de       casación      presentada  por  el  defensor del procesado  CARLOS  ARTURO  MORENO ALZATE,  contra  la  sentencia  del 27 de octubre de 1997, obra  del  Tribunal Superior de Manizales, por medio de la cual se confirma la condena  que  por el delito de homicidio le impuso al acusado el Juzgado Cuarto Penal del  Circuito de esa ciudad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         

En las primeras horas de la mañana del 3 de  septiembre  de  1996,  a inmediaciones de la Universidad Autónoma situada en el  barrio  “Los  Cedros”  de  la ciudad de Manizales, Caldas, la Fiscal Tercera  Delegada  realizó  el levantamiento del cadáver de Jorge López Botero, agente  de  la  Policía  Nacional,  el  cual  fue  hallado en el interior de una cuneta  aledaña  a  la  Avenida “Kevin Angel Mejía” y presentaba dos balazos en el  cráneo.   A  pocos  metros  del lugar, igualmente  se halló sobre el  pavimento  la  motocicleta  en  la  que se desplazaba la víctima, así como los  restos  de  una  persiana  con sus respectivas exploradoras y el “bomper”       delantero  de  un  vehículo  automotor, al cual se  hallaba adherida la placa WBA-519.    

Iniciadas de inmediato las pesquisas para dar  con  el paradero tanto del vehículo cuyas partes se encontraron dispersas en la  vía,  como  el  de  su conductor, prontamente se descubrió el primero -un taxi  afiliado  a  la empresa transportadora Tax La Feria de Manizales- estacionado en  un  garaje  particular,  cuyos  dueños dijeron que el operador era CARLOS  ARTURO  MORENO ALZATE y pocas horas  antes del suceso lo conducía.    

Sólo  hasta  el  día  siguiente  hizo  su  aparición  el  mentado  conductor  de servicio público, cuando en el noticiero  meridiano  local  de  televisión  se  le  vio  historiar  dizque  lo  realmente  acontecido,  atribuyéndole  el  hecho  a dos desconocidos que lo atracaron y lo  mantuvieron cautivo luego de perpetrar el homicidio en cuestión.   

A  la  Fiscalía Segunda de la Unidad Única  Seccional  de  Manizales  le correspondió adelantar la instrucción del asunto,  despacho    ante   el   cual   el   imputado   MORENO  ALZATE  rindió  sus  descargos,  siendo  cobijado con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin excarcelación.   Clausurado   el   ciclo   investigativo,  el  funcionario  instructor,  mediante  proveído  del  13  de diciembre de 1996, profirió resolución de acusación en  contra  el  encartado por el hecho punible de homicidio agravado, determinación  que,  por  la  vía de la apelación, fue avalada integralmente por la Fiscalía  Tercera  Delegada  ante el Tribunal Superior, según providencia del 21 de enero  siguiente.   

El  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de la  mencionada  ciudad  conoció  del juicio y agotado su trámite, por fallo del 13  de  agosto  de  1997 y conforme con el pliego de cargos, puso fin a la instancia  para  condenar  al  procesado  a  descontar  la pena principal de prisión de 40  años  de  prisión,  sentencia  que  fue confirmada por el Tribunal Superior en  todas  sus partes por la suya del 27 de octubre siguiente, decisión esta contra  la  cual  se  interpuso  el  recurso  de  casación, seguido de una demanda cuyo  estudio formal ocupa la atención de la Sala.   

LA DEMANDA  

          Con  la aspiración de que el fallo recurrido extraordinariamente se  revoque,  dos  cargos  formula el casacionista, el primero como principal por la  vía  indirecta  al  amparo  de  la  causal  primera, cuerpo segundo, por falsos  juicios      de      identidad      y     de     existencia     

-tergiversación  y  omisión probatorias-; el otro como subsidiario  y   con   fundamento   en  la  misma  causal,  cuerpo  primero,  por  violación  directa.   

          1.-    Violación   indirecta.   

          1.1.-           A           manera          de          introducción, sostiene el demandante que  el   Tribunal   “menospreció  un  hecho  que,  por  inferencia   lógica,  le  da  plena  credibilidad  a  la  versión  rendida  en  diligencia  de  inquirir  por  el señor CARLOS ARTURO MORENO ALZATE”,  pues  no  cabe  duda  alguna que la vinculación del procesado  obedeció  a  la circunstancia de haberse hallado en el lugar de la colisión el  bómper  y  la  placa  de un  automóvil,  elementos que junto con otros se echaron de menos en el sitio donde  posteriormente  se  encontró aparcado el vehículo de servicio público al cual  pertenecían,  así  como  se  estableció  que dicho automotor era el mismo que  conducía  el  acusado.  Tal hecho quedó fehacientemente acreditado no sólo en  la  confesión  calificada  sino también con la diligencia de levantamiento del  cadáver.   

          Síguese  de  lo  anterior que, contrariamente a lo esgrimido por el  Tribunal   como  indicio  de  responsabilidad,  surge  un  contraindicio  de  no  responsabilidad  que  los  falladores de instancia no tomaron en consideración,  pues,  si  el procesado hubiese tenido algo que ver con la muerte de su cuñado,  “necesariamente  después  de  la  colisión hubiera  hecho  desaparecer  los  objetos  que  permitieron  relacionar  el vehículo que  conducía  con  la  colisión ocurrida entre éste y la motocicleta.   Si  no  lo  hizo  fue  porque  quienes  lo  atracaron  se lo  impidieron,  tras  mantenerlo privado de la libertad, como así lo manifestó en  su  injurada,  habida  cuenta  que  “nadie dotado del  más  elemental sentido común deja rastros en el lugar de un hecho ilícito que  permitan identificarlo.”   

          De  esta  manera,  el juzgador le resta el valor de confesión a las  explicaciones  del  imputado,  por  medio  de  la  consideración  de requisitos  distintos  a  los señalados en artículo 296 del C. de P. Penal, a sabiendas de  que   aquél  por  lo  menos  admite  la  participación  como  testigo  en  los  hechos.   

1.2.- De los falsos  juicios    de    identidad   por   tergiversación   de   la   indagatoria   del  procesado.   

Parte  el  actor  de  la  premisa  de que el  fallador   de   primera   instancia,   después   de   fincar  su  decisión  en  “prueba   circunstancial   o  indirecta”,  infirió  la  responsabilidad del encartado de los indicios de  la  oportunidad  para  delinquir,  del  móvil  determinante  del delito, de las  manifestaciones  posteriores  (mala  justificación  y  mentira)  y  del  de las  huellas  materiales,  lo  cual  avaló  el  Tribunal en su sentencia al pregonar  “la     ausencia    de    prueba    directa    de  responsabilidad”  que comprometa al procesado.   Mas,  dichos indicios, al tenor de lo previsto en el art. 300 y ss. del C. de P.  Penal,     no     son     más     que    “simples  conjeturas”,  según  lo  arguye  el  casacionista,  habida consideración de que:   

1.2.1.-  Se  tergiversó el relato que sobre  los  acontecimientos hizo el  acusado, “prueba a  la  que  se le negó el valor que tiene”.    Después  de transcribir los descargos del indagado, asegura el censor que dicha  versión    se    halla   “parcialmente”  confirmada por los testimonios de Alvaro de Jesús Giraldo, Luz  Estella  Osorio  Mejía  y  Guillermo Morales Aguirre, puesto que uno y otros se  refieren  a  la  colisión del automotor con la motocicleta y las circunstancias  que  sobrevinieron  al  impacto, como también a las detonaciones producidas por  arma  de  fuego -que portaba uno de los asaltantes y con la que finalmente se le  causó  la  muerte  a  la  víctima,  agrega-  y  “el  frenazo  del  carro (…) que debió corresponder al momento en que el atracador  que  mantenía  privado  de su libertad al procesado le ordenó que detuviera el  vehículo  para  recoger  a  su  compinche,  quien  seguramente en esos momentos  ultimaba al interfecto.”   

1.2.2.-   Igualmente  se  distorsionó  la  indagatoria   para   negarle   “los   alcances  que  tiene”,  en  lo  que  atañe  al relato que él hizo  sobre  las  circunstancias  del  delito  de secuestro del que fuera víctima por  parte   de  los  salteadores.   A  partir  de  las  consideraciones  de  la  Colegiatura  sobre  el  punto,  sostiene que la inquietud presentada en el fallo  acerca  del  paradero  del  acusado  desde  las  horas  de la madrugada del 3 de  septiembre,  hasta  el  mediodía  del  4  siguiente,  cuando  apareció  en  el  noticiero  local  de  televisión,  sólo tiene como única respuesta la que él  vertió  en  sus descargos, valga decir, su permanencia en poder de los captores  que   lo  mantuvieron  en  una  “casucha”,  bien  distante  del  lugar  donde  se  produjo  la  muerte del  policía,   explicaciones  que  jamás  pueden  catalogarse  de  “inverosímiles”,  como  lo  considera el  fallador,  pues  “no existe prueba alguna que permita  rechazarlas”.   

1.2.3.- También se trastornó la diligencia  de   inquirir   del   acusado   porque   el   Tribunal  extrajo  “equivocadas  conclusiones  de  lo descrito por él al referirse a la  conducta  asumida  por  quienes  lo  atracaron.”  En  efecto,    no   resulta   inverosímil   que  el  taxista  le  hubiese  pedido  auxilio  al  policía que vio  transitar  por  la  misma vía que él llevaba, tan pronto lo reconoció como su  cuñado,  ni  osada  aparece su postura no empece a encontrarse constreñido por  los  atracadores, puesto que desconocía los resultados que podían derivarse de  su  reacción  e  ignoraba  también  lo  que  en  últimas  se  proponían  los  delincuentes.  Así  como  éstos  se  apoderaron del escaso dinero que portaba,  igualmente  lo hubieran podido despojar del automotor, e inclusive darle muerte,  añade.   

Sus voces de auxilio fueron pues el producto  del  temor  que  en  esos  instantes lo invadió, y la circunstancia de hallarse  amenazado  le  impidió  intervenir  para  evitar “el  luctuoso  desenlace”.   Ahora, si se considera,  como   lo   hace   el  Tribunal  “sin  ninguna  base  probatoria”, que el procesado no accionó los frenos  para  sortear  la  colisión  con  la  motocicleta  conducida por su cuñado, el  impacto  hubiese  sido  de  tal  magnitud  que  ello hubiera bastado para que el  motociclista       “posiblemente      resultara  muerto”. Por modo que, las conclusiones del fallador  sobre  dicho punto “carecen de toda validez por estar  reñidas    con    elementales    principios    de    la    lógica.”   

1.2.4.- Otro error de hecho por falso juicio  de  identidad  lo  constituye  la  distorsión  de  la indagatoria del procesado  “al     desconocer  su  credibilidad  con  base en simples conjeturas que el  ad-quem  deduce  de la conducta supuestamente asumida por el occiso.”      No    es    que    el    uniformado    “torpemente,   violando   las   mínimas   normas  de  prevención  y  seguridad”, de manera atrevida se hubiera atravesado  en  la  vía,  como  lo  sugiere  el  Tribunal,  si  en  gracia de discusión se  aceptaran  las  explicaciones  del  acriminado,  puesto  que  la reacción de la  víctima  fue  “automática e instintiva”  al  escuchar  de su cuñado la voz de auxilio.  Los hechos  no  suelen ocurrir de manera normal como debiera serlo, asegura el censor, menos  cuando se actúa en forma irreflexiva.   

1.2.5.-  Así  mismo,  incurrió  el  juez  colegiado     en    falso    juicio    de    identidad    por    “tergiversación  probatoria  al  reprochar la versión del procesado  con  base  en  el  hecho  de  que  él resultara ileso mientras su cuñado fuera  eliminado.”   Evidente  contradicción,  razona  el  censor,   puesto   que   lo   que  inicialmente  se  consideró  “inverosímil”,     resulta     ahora  “aceptable”  en  aras de  fijar  un  criterio.  Si el procesado apareció ileso, de tal circunstancia  mal  puede  inferirse  que  su relato acerca de lo acontecido sea mendaz, porque  así  como  le  perdonaron la vida, existió también la posibilidad real de que  lo  hubiesen eliminado.  Agrega que la víctima sí representaba un peligro  para  la  consumación  de  la  obra  de  los  salteadores, bien por su eventual  reacción ora por su posterior delación.   

1.2.6.-    De   igual   manera,   la  calificación       de      “absurda”  que  hace  el  Tribunal  de  las  explicaciones  del acusado en  relación           con          la          aparición          “fantasmagórica” de otro vehículo en el  que  lo  trasladaron  al  lugar  donde se le mantuvo cautivo, después de que lo  forzaron  a dejar a buen recaudo el taxi que precisamente tenían más a la mano  para  transportarse,  se  erige  en  otra conjetura más que falsea la injurada,  puesto  que  la  verdad es que se le obligó a parquear el vehículo de servicio  público,  habida  cuenta de las averías que este sufrió en la colisión de la  que da cuenta en su versión.   

1.2.7.-  Además, incurrió el Tribunal  en   falso   juicio   de   identidad  por  “evidente  tergiversación   de   la   confesión   calificada   del  procesado”,  al  catalogar  de ilógicas sus explicaciones en relación con  el  comportamiento  que  asumió  con posterioridad a su liberación. Critica el  demandante  los razonamientos del Tribunal para censurar al acusado por no haber  acudido  de  inmediato ante las autoridades a dar cuenta de lo ocurrido, ni ante  la  esposa  de  la  víctima,  su  propia hermana, a contarle el asesinato de su  marido,   cuando  la  verdad  es  que  aquél  hasta  entonces  inequívocamente  desconocía  el  fallecimiento  de  su  cuñado,  hecho que sólo  supo por  comunicación posterior de su hermano.   

1.3.- De los falsos  juicios  de  identidad  por  tergiversación  probatoria  de  otros elementos de  convicción.   

1.3.1.-  Erró  una  vez  más  el Tribunal,  señala   el   demandante,  porque  tergiversó  el  hecho  del  “hallazgo  del  bomper  delantero  del  automóvil  conducido  por el  procesado  con  la placa WBA-519, al que se le dio equivocadamente la calidad de  indicio  de  responsabilidad  y  no  la  indudable que tiene, de contraindicio o  indicio de no responsabilidad.”   

1.3.2.-  No acertó el Tribunal en relación  con     los    “verdaderos    alcances”   de   la   diligencia   de  levantamiento  del  cadáver,  pues  erradamente  estructuró  el  indicio  de  las  malas justificaciones y el de la  huellas  materiales.  En efecto, si la motocicleta fue hallada a un lado de  la  vía, sencillamente apenas fue tocada de lado por el automóvil y jamás por  la  parte  trasera;  por  otra parte, si el aparato hubiese sido arrastrado, sin  duda  presentaría  más  graves  averías  y  también  el piloto sufre heridas  contundentes.   

Adicionalmente, es imposible que un conductor  no   advierta   un   daño   de   tanta   trascendencia,   como   para   afirmar  distorsionadamente  que  las  explicaciones  de MORENO  ALZATE  sobre  el  particular  fueron  el  fruto de la  fabulación.   

1.3.3.-  El Ad-Quem  igualmente  incurrió en falso juicio de identidad por  cuanto  deformó  la  declaración  de Héctor Augusto Valencia Castaño, cuando  acepta  como  cierto lo afirmado por el testigo;  de esta manera, sin tener  en  cuenta  los  vicios  que  le  restaban  toda  credibilidad  a  su  dicho, se  “le  reconoció  el  valor  que no tiene”.   En   efecto,   establecido  fehacientemente  que  los  hechos  ocurrieron  a  la  1:45  horas  de la mañana, no es posible que el testigo haya  visto  al  imputado cuando discutía con otra persona al interior del vehículo,  a  las  2  de la madrugada, a sabiendas del peligro que representa transitar con  las  luces  internas  encendidas, máxime que, si así fuera, debió haber visto  tres (3) personas y no dos, pues dos (2) fueron los asaltantes.   

1.3.4.- También tergiversó el Tribunal los  testimonios  de Luz Estella Osorio Mejía, Guillermo Morales Aguirre y Alvaro de  Jesús  Giraldo, al aseverar que éstos controvierten la versión rendida por el  procesado  en  su  injurada, respecto de la colisión que dice haber tenido, por  equivocada   aplicación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica.  Mientras  la  Colegiatura  asegura  que  los  mencionados testigos determinaron con su sentido  del  oído  la  secuencia delictiva -impacto y arrastre de la moto, detonaciones  de  arma  de  fuego  y accionar brusco de los frenos de un automotor-, lo que en  verdad  dicen  haber sentido fue el “estrellón en la  carretera     (…)”,  “estartazo  (…)”    o    “estruendo   violento”,  que los saca del sueño en que se hallaban, para significar no  el  ruido  que  produce una colisión sino la caída de la moto sobre la calzada  derecha.  En  este  orden de ideas, dichas expresiones, asegura, avalan el dicho  del  procesado  en  cuanto afirmó que “sólo golpeó  con       el      automóvil      ‘levemente’  a  la motocicleta”.   

1.3.5.- Distorsión del testimonio de William  Ceballos  Franco,  por  cuanto  el  juez  colegiado acepta como cierto lo que el  testigo  afirma  en  perjuicio  del  procesado, en el sentido de que ingresó el  vehículo  al  parqueadero  poco  antes de las tres (3) de la mañana; pero a la  vez  le  niega validez a su dicho en un aspecto que lo favorece, es decir, que a  continuación    oyó    cruzar    “uno    o   dos  carros” por el mismo sector.  Con un tal yerro,  el Tribunal igualmente vulneró el Art. 294 del C. P. Penal.    

1.3.6.-   A   partir   de   la  mencionada  tergiversación  del  material  probatorio allegado al proceso, el juzgador, con  base  en  conjeturas,  pretende estructurar una prueba circunstancial que ignora  los   principios  legales  y  racionales  inspiradores  de  esa  “categoría probatoria.”   

Con  un tal proceder, el sentenciador violó  los  artículos  300  y  302  del  C.  de P. P., porque se aceptaron indicios de  responsabilidad  que  se apoyan en simples conjeturas y no en hechos indicadores  de  los  que  pueda  inferirse  su  existencia,  o  que  hubiesen  sido probados  fehacientemente.  Igualmente,  se  conculcó la previsión legal contenida en el  artículo   303   idem,  por  cuanto  no  se consideró “un indicio vehemente de no  responsabilidad  lo  que  determinó el examen parcial en desfavor del procesado  del conjunto probatorio.”   

1.4.-  Del  falso  juicio de existencia.   

Con    esta   censura,   el   impugnante  extraordinario    pretende    decir    que   el   sentenciador   “pretermitió”  el  testimonio  de  John  Jairo  Moreno  Alzate,  dado  que el testigo hizo referencia al encuentro habido  con  el procesado, después de que éste fuera puesto en libertad por quienes lo  retuvieron.   Del  relato  presentado por el deponente, cuya transcripción  en  lo pertinente efectúa el censor, por “inferencia  lógica”   se   establecen   dos   indicios  de  no  responsabilidad,  cuyo  “hecho indicador”  lo  constituyen  sus afirmaciones. La coincidencia acerca de lo  acontecido,  en  lo  esencial,  entre la versión testimonial de John Jairo y lo  descrito  por  su  hermano  el  sentenciado,  primero  frente  a las cámaras de  televisión,  y después ante el Fiscal que lo escuchó en indagatoria, se erige  en  un  contraindicio, puesto  que   “demuestra   inequívocamente   que   no  fue  aleccionado  por  nadie para rendirla, lo que le asigna una innegable calidad de  espontánea   y   sincera”,  y  por  ende  digna  de  credibilidad.   

En  conclusión,  se han quebrantado además  los  artículos  246 y 247 del C. del C. de P. P., porque el fallo de condena no  se   sustentó  en  pruebas  legal,  regular  y  oportunamente  allegadas  a  la  actuación,  y  menos  en  elementos  de  persuasión  que  permitan predicar la  certeza  respecto  de  la  responsabilidad  del  acusado,  lo  cual condujo a la  indebida  aplicación  de  los  artículos  323  y  324  del C. Penal, cuando se  declarar  al  procesado  responsable  del delito de homicidio agravado que se le  endilgó en la acusación.   

2.-   Violación  directa.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  primero, el censor aduce como cargo subsidiario la violación directa de  la  ley  sustancial,  en  cuanto  el  juzgador omitió aplicar el Art. 60 del C.  Penal,  lo  que  llevó  a  la  aplicación  indebida  los  artículos 323 y 324  idem.   

El  Tribunal  dio  por  sentado  no sólo el  conocimiento  que  el  procesado tuvo de la conducta de infidelidad conyugal del  interfecto,  sino  también los malos tratos de palabra y de hecho que le daba a  su  esposa,  hermana del acusado, al punto de llegar a atentar con arma de fuego  contra  su integridad.  Sin embargo, aclara el censor que no existe prueba,  ni  siquiera  se  insinúa  hecho  alguno,  como  para demostrar el interés del  acusado  de  querer eliminar a  su afín.   

En  el desarrollo del cargo, arguye cómo el  sentenciador  infirió  que  los  problemas  conyugales  habidos entre la pareja  matrimonial  compuesta  por  Jorge  López  Botero,  cuñado del procesado, y la  hermana   de   éste,   Fabiola  Moreno  Alzate,  de  los  cuales  tenía  pleno  conocimiento   el  acusado  MORENO  ALZATE,   constituían   el   “único  móvil  determinante”  del referido homicidio.  De modo  que,  si  el  Tribunal  reconoce  ese  sólo motivo del actuar delictivo, que se  traduce  en  el  hecho  de  que  el procesado estuvo movido por un estado de ira  injustamente  provocado  por la víctima, consecuentemente debió reconocerle la  atenuante punitiva del artículo 60 del Código Penal.   

De igual manera, si se admite que la víctima  con  su anterior comportamiento infiel y violento había quebrantado los deberes  morales  que  impone  la  relación  familiar,  no  sería posible atribuirle al  acusado  la  agravante  prevista en el numeral 1° del artículo 324 del Código  Penal,  pues ya la conducta de su cuñado López Botero lo había relevado de la  obligación  creada  por  el  parentesco;  todo  lo  cual  daría  lugar  a  una  modificación de la pena impuesta.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Ninguna vocación de prosperidad puede tener  una  demanda  de  casación  que,  en su extenso contenido, trata de revivir los  debates  probatorios de las instancias, sin parar mientes en que, si se trata de  revisar  extraordinariamente  la legalidad del fallo de segunda instancia, todas  sus  inquietudes  deben  canalizarse por causales taxativamente dispuestas en el  artículo  220  del Código de Procedimiento Penal, sin que sea suficiente a tal  propósito  la  mera  invocación  de  las mismas o la utilización del lenguaje  propio del recurso.   

1.-  Pues bien, los errores de hecho por  falsos  juicios  de identidad, que el censor arguye como vicios en que incurrió  el   juzgador  en  la  tarea  de  valoración,  se  originaron  en  la  supuesta  “tergiversación        probatoria”   de   los   diferentes  medios  de  convicción  puestos  a  su  conocimiento  -indagatoria  del  procesado,  testimonios, indicios e inspección  judicial-,  dado  que,  en su sentir, le restó credibilidad a los descargos del  indagado  al  negarles  el valor y los alcances que poseen, en tanto se la dio a  testimonios  que no la merecían; o porque a otros se les desconoció su mérito  por  omisión  de  los principios de la sana crítica; o también porque, cuando  aplicó dichos postulados, lo hizo equivocadamente.   

Como  la  inquietud  del demandante estriba,  básicamente,  en que el juzgador dentro del examen probatorio que realizó y en  aras  de  fundamentar  su  decisión  le  otorgó mérito a ciertos elementos de  convicción,  en  tanto  se  lo  restó  a otros, ha de reiterar la Corte que el  punto  de  partida del ataque ha de ser lo que hizo o dejó de hacer el Tribunal  en  materia  de  valoración  racional  de la prueba, pues, no por presumir más  razonable  una  postura  o  inferencia  del  censor,  puede  argüirse que se ha  detectado  un  error  de  hecho,  dado  que  lo  fundamental  es enseñar graves  atentados  contra  las  reglas  de  la  experiencia, la lógica, la ciencia y el  sentido  común, conforme con las previsiones de los artículos 253 y 254 del C.  de P. Penal.   

Lo  que  verdaderamente  se  evidencia en la  demanda  es el vehemente afán de oponer su particular conclusión, a la que con  autoridad  dedujo  el  juez,  previo  análisis que en conjunto efectuó del haz  probatorio  del  cual  informa  el  proceso;  no de otra manera se entiende que,  mediante  una  deliberada  postura,  reconstruya  los  hechos  a  su manera, sin  respetar  el  elemental  requisito formal de partir de una descripción fáctica  conforme  con  las determinaciones del fallo de instancia, sin que ello llegue a  significar su aceptación anticipada de la misma.    

Sobre  el tema, en el auto del 26 de agosto  del  año  pasado, con ponencia de quien aquí cumple similar cometido, reiteró  la Sala:   

“(…) el examen  crítico  que  de  esos  elementos  de  persuasión efectúa el fallador siempre  resultará  prevalente  frente  al  que  realiza el sujeto procesal, a menos que  éste  demuestre  que el raciocinio de aquél está afectado de errores de hecho  o  de  derecho  verdaderamente  trascendentes,  dada la presunción de acierto y  legalidad  que  ampara  la  sentencia y que el casacionista debe desvirtuar para  que      la      demanda      tenga     vocación     de     éxito.”   

Amén  de la impropiedad en la formulación  de  la  censura  que  viene  de  advertirse,  ha menester destacar la confusión  conceptual  que  asiste al censor cuando plantea los falsos juicios de identidad  reseñados,  con  fundamento  en  el  grado  de  credibilidad que el juzgador le  atribuyó  a  determinadas  pruebas,  lo  cual,  en  su  sentir,  se  traduce en  “tergiversación        probatoria”,  pero  olvida  que  esta  clase  de  yerro  se  deriva  de  una  equivocada  percepción de la  prueba  en  la  medida que se distorsiona o se falsea su contenido objetivo para  hacerla  decir  lo  que  materialmente  no  expresa,  en  tanto que el mérito o  descrédito  que  la  misma  provoque  al fallador es el acto de valoración que  éste  realiza, como función de su exclusivo resorte, dentro de los límites de  una  racionalidad  plausible,  aunque  la  misma no se llegue a compartir por la  exhibición  de  juicios de valor alternativos. No atina pues el casacionista en  la    demostración   de   los   yerros   argüidos,   y   menos   acredita   su  trascendencia.    

2.-  Convino el censor con el juzgador, que  la  decisión  atacada  se fincó en prueba indirecta. No obstante, sostiene que  se  han  ignorado  los  principios  legales  y racionales fundantes de la prueba  indiciaria,  pues con base en conjeturas el Tribunal pretendió configurar dicha  “categoría          probatoria”.   Es  así  como,  con  ostensible  desconocimiento de los  “verdaderos  alcances” de  la  diligencia  de inspección judicial del cadáver, erradamente estructuró el  indicio  de  la mala justificación y el de las huellas materiales del delito y,  por  interpretar  erradamente  los  resultados de la misma, sus conclusiones, de  acuerdo  con la lógica y la experiencia, devienen igualmente equivocadas habida  consideración     del    “preconcepto”  que  se  formó  de  los  hechos,  actitud con la cual le negó  “la   credibilidad   que  merece  la  injurada  del  procesado”.   

Dice,  además,  que con la “negación   de   hechos  evidentes”,  se  desconocieron  indicios  vehementes  de  no  responsabilidad,  puesto  que si en  efecto  el procesado hubiera tenido alguna participación en el homicidio que se  le    imputa,    “como    medida    de   elemental  prudencia”,  hubiese  hecho  desaparecer los rastros  derivados  de  la  colisión,  pues nadie puede ser tan torpe para dejar rastros  que  conduzcan  a  establecer su identidad, en el teatro de los acontecimientos,  afirmación     que     hace     en    clara    referencia    al    bomper,   la   placa  y  otros  elementos  pertenecientes  al  automotor  que  para  la  fecha y hora del acaecer delictual  conducía  el  procesado,  los  cuales  fueron  hallados  en el escenario de los  hechos.   

Con  una argumentación tan desordenada, no  atina  el  censor  a  deslindar  sus cuestionamientos, pues debió concretar, en  tratándose  de  la  estructura  lógica  de  la  prueba indiciaria, a partir de  cuáles  de  los  momentos  de  su  formación  se originó el yerro, como lo ha  iterado  la Sala, entre otros pronunciamientos, en sentencia del 27 de noviembre  de 1996, cuya ponencia hizo el magistrado Fernando Arboleda Ripoll.   

En dicho antecedente jurisprudencial se dice  que    debe   distinguirse   si   la   observación   se   hace   en   relación  con…   

“(…)  las  pruebas  de  los  hechos  indicadores, la operación de inferencia lógica, o la  valoración  individual  o  articulada de su fuerza demostrativa, puesto que los  errores, en cada caso, son de naturaleza distinta (…)”   

“En   la  apreciación  de  las  pruebas de los hechos indicadores, los errores pueden ser  de  hecho  o  de  derecho  en  cualquiera de sus modalidades, mientras que en el  proceso  intelectual de inferencia y en la valoración de la fuerza demostrativa  del  indicio, solo pueden presentarse errores de hecho, en cuanto son tareas que  deben cumplirse a la luz de la sana crítica (…)   

“Si los errores  de  apreciación  probatoria  se  presentan  en el análisis de la prueba de los  hechos  indicadores,  el  casacionista  debe,  en  relación  con  cada indicio,  identificar   las  pruebas  que  le  sirven  de  sustento  e  indicar  el  error  denunciado,  si  de  existencia,  identidad,  legalidad  o  convicción  para la  correcta  formulación  de la censura. Y si se trata de cuestionar la inferencia  lógica  o  el valor probatorio otorgado a los indicios, es deber del recurrente  acreditar  el  desconocimiento  de  las  reglas  de la sana crítica, lo cual se  cumple   mostrando   la  divergencia  existente  entre  las  deducciones  y  las  declaraciones  de  la sentencia en dicho sentido y las que corresponde hacer con  la     lógica,     la    experiencia    o    la    ciencia    (…)”   

   Un  tal  ejercicio  brilla  por  su  ausencia  en  el  libelo  cuyo  aspecto formal se revisa, como no sea una de las  tantas  afirmaciones  que se hacen en el mismo con total orfandad demostrativa y  ausencia  de  sindéresis, acerca de que en “autos no  solamente  se  consideraron  como  indicios  de  responsabilidad  inferencias de  hechos  no  probados  con  certeza y que solo cuentan con el respaldo de simples  conjeturas  (…)”; o aquella otra atinente a que lo  aseverado   por   el  hermano  del  acusado,  JOHN  JAIRO  MORENO  ALZATE,  cuya  valoración  pretermitieron  los  juzgadores  en  ambas  instancias,  constituye  “un   hecho   indicador  del  que,  por  inferencia  lógica”  surgen  dos indicios de no responsabilidad  que,   por   no  ser  tomados  en  consideración,  configuran  un  falso  juicio de existencia en cuanto no se  apreciaron en debida forma.   

En  suma, el actor no se ocupó de señalar  vacíos  o  absurdos  en  la  reflexión  probatoria  del  Tribunal, sino que se  dedicó  a  postular  inferencias  diferentes, actitud que no es suficiente para  poner  en  evidencia  de  los  errores de hecho y/o de derecho que justifican el  despliegue  del  control  de  legalidad  propio  del  recurso  extraordinario de  casación.      

3.-  En  lo  que tiene que ver con el cargo  subsidiario  argüido,  como  una violación directa de la ley sustancial por la  exclusión  evidente  del  artículo 60 de C. Penal y la aplicación indebida de  los  preceptos  que  tipifican  el  homicidio  juntos  con las circunstancias de  agravación,  de  entrada  se advierte el equívoco en su presentación, pues, a  pesar  de  que  aquella vía obliga al censor a circunscribir sus planteamientos  dentro  del  terreno  de lo estrictamente jurídico, el impugnante se resuelve a  confutar  los hechos y las pruebas para asignarles connotaciones diversas a como  fueron estimadas por el juzgador en la sentencia.   

En  efecto, a partir del móvil del crimen,  el  cual,  según  el casacionista, se derivó por el fallador de los frecuentes  problemas  conyugales  habidos  entre  la víctima y su esposa -hechos conocidos  por  el  procesado-,  estructura  también  la  hipótesis  de  que la reacción  violenta  del  acusado  se  originó  en el comportamiento grave e injusto de su  cuñado,  al  punto  de afectar el entorno familiar, puesto que personas ligadas  por  vínculos  de  cercano  parentesco  sienten “con  mayor  intensidad  la  ofensa  hecha a un ser querido que la dirigida contra uno  mismo”.   

Pero  para  arribar a tal conclusión, echa  mano  el  censor  de  lo  que  expusieron  algunos  declarantes  que se hicieron  presentes  ante el estrado judicial a dar cuenta del conocimiento que tenían no  sólo  de  la infidelidad conyugal de quien a la postre devino en víctima, sino  también  de  los  crueles  tratos  que le prodigaba a su cónyuge. De ahí que,  según  el  demandante,  debió  reconocer el juzgador la atenuante punitiva del  artículo  60  en  favor  del acusado “por cuanto tal  conclusión  implica  que  éste  obró en estado de ira e intenso dolor o en el  que  se  conjugan  ambas  situaciones, obviamente que causado por comportamiento  grave e injusto del occiso.”   

Como en verdad la censura está orientada a  criticar  el  raciocinio  del juzgador porque, bajo el supuesto de la existencia  de  pruebas  que  informaban  del comportamiento grave e injusto de la víctima,  circunstancias  estas  que  determinaron  la  reacción  violenta del agente, el  juzgador  sin  embargo las ignoró, el cargo debió formularse por la vía de la  violación  indirecta,  como quiera que el supuesto yerro argüido tiene que ver  con  el  tema  probatorio.   Para  que la censura planteada como violación  directa  hubiese  tenido alguna posibilidad de discusión, habría sido menester  aducir   que   el   sentenciador,   a   pesar  de  admitir  expresamente  en  el  comportamiento  del  acriminado  la  existencia de las especiales circunstancias  descritas  en  el  artículo 60 del C. Penal, se abstuvo de aplicar al asunto la  solución   contenida   en   dicho   precepto,  por  exclusión  manifiesta  del  mismo.   

Mas,  no  bastaría  el  simple  cambio  de  dirección  en el ataque, de lo directo a lo indirecto, sino que también sería  menester  ubicar los errores de hecho y/ de derecho cometidos en la apreciación  de  las correspondientes pruebas, efecto para el cual tampoco sería suficiente,  como  se  hizo  en  el  anterior  cargo,  la  presentación  de otras hipótesis  explicativas de los sucesos.   

Ahora  bien,  en  cuanto a la agravante del  homicidio  por  los  vínculos  parenterales,  el  actor  presenta  la objeción  confusamente  como  una  consecuencia  del  desconocimiento del artículo 60 del  Código   Penal,   pero   en  su  desarrollo  se  ocupa  más  de  una  supuesta  interpretación   errónea   del   numeral  1°  del  artículo  324  del  mismo  ordenamiento,   pero   igualmente   confundido   con   el   hecho  de  un  nuevo  cuestionamiento probatorio improcedente por vía directa.   

Así  las  cosas,  fuerza  concluir  que el  libelo  examinado no satisface los requisitos de forma para habilitar su estudio  de  fondo,  motivo  por  el  cual debe ser rechazado de plano para dar paso a la  ejecutoria  del  fallo,  toda  vez  que  como consecuencia de la ineptitud de la  demanda,   se   impone   declarar   la  deserción  del  recurso  extraordinario  propuesto.   

         En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Sala   de   Casación  Penal,   

RESUELVE:  

         RECHAZAR  in limine la demanda de casación  que  en  nombre  del  procesado  CARLOS  ARTURO MORENO  ALZATE  instauró  su  defensor,  contra  el fallo del  Tribunal  Superior  de  Manizales  que  lo  condenó  por  el  hecho  punible de  homicidio  con  circunstancias  de  agravación.  En  consecuencia,  se  declara  desierto   el correspondiente recurso.   

         La   presente   decisión   es  inimpugnable,  de  acuerdo  con  las  previsiones de los artículos 197 y 226 del C. de P. Penal.   

                  Cópiese,   comuníquese   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria.    

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