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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 14241  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado  Acta  N°  134  (septiembre  8  de  1999)   

          Santafé  de  Bogotá,  D. C., diez de septiembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS:  

          De   acuerdo   con   los   artículos  220  y  226  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado LUIS ALBERTO VARGAS  DUQUE,  quien fue condenado a la sanción principal de dos (2) años de prisión  y  a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso,  según  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Manizales  (16  de  octubre de 1997), por hallarlo responsable del  delito  de  acceso  carnal  violento, conforme con las previsiones del artículo  298  del  Código  Penal (antes de la modificación de la ley 360 de 1997), cuya  víctima  fue  el  menor  Anderson  Alfonso Rodríguez  Silva.   

          El   recurso   extraordinario  fue  concedido  por  el  Tribunal  de  instancia en el auto del 19 de noviembre de 1997 (fs. 221).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

          El  episodio delictivo, conforme con las declaraciones hechas por el  Tribunal, puede sintetizarse del siguiente modo:   

          Pocos  minutos  antes  de las nueve de la noche del 28 de octubre de  1996,    el   menor   Anderson   Alfonso   Rodríguez  Silva,  de  12  años  de  edad,  acudió con el joven  Andrés    Felipe    Gil    Jaramillo   (así  se le menciona), de 17 años de edad, a las instalaciones del  Centro  de  Atención  Inmediata  (CAI)  situado  en  el  Terminal de Transporte  Terrestre  de  Manizales, con el fin de informar que, momentos antes, el primero  había  sido  víctima  de  un  acceso  carnal  por  vía  anal, en contra de su  voluntad,  hecho que ocurrió en el barrio “Los Agustinos” y se atribuyó al  conductor  del  vehículo  campero  Willis  J-6, de color rojo, con placas 0203,  quien   posteriormente   fue  identificado  como  Luis  Alberto Vargas Duque.   

          Esa  misma noche, el ofendido fue enviado al hospital infantil de la  Cruz  Roja  y,  de  acuerdo con los datos de la historia clínica, presentaba el  esfínter  anal  levemente  eritematoso  y  dilatado, con signos de fisura y sin  dolor.   

          En  razón de estos acontecimientos abrió instrucción la Fiscalía  Seccional  del lugar; vinculó por medio de indagatoria al imputado Vargas  Duque;  le  definió la situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de detención, sin derecho a libertad  provisional  y  cerró  la investigación (fs. 10, 16, 22 y 55).  Por medio  de  providencia  del  24  de  febrero  de  1997, la fiscal instructora profirió  resolución  acusatoria  en  contra del procesado por el delito de acceso carnal  violento (fs. 65).   

         

          El  juzgamiento correspondió a la Juez Quinta Penal del Circuito de  Manizales,  funcionaria  que dictó sentencia absolutoria el 7 de julio de 1997,  la  cual  fue revocada por el fallo de segunda instancia emitido por el Tribunal  (fs. 112 y 197).   

EL CONTENIDO DE LA DEMANDA:  

         

          Comienza  el  demandante por invocar la causal primera de casación,  en  su  modalidad  de violación indirecta, supuestamente porque la sentencia ha  transgredido  los  artículos  2° y 5° del Código Penal, como “consecuencia  del  error  en  la  valoración de la prueba testimonial y pericial en la que se  fundamenta” (fs. 236).   

          Para  explicar  la  censura,  el  actor  advierte que en Colombia la  valoración  de  la  prueba  se rige por el sistema de crítica racional; que en  este  caso  el  caudal probatorio lo constituye la declaración del ofendido, la  indagatoria  del sindicado y las pericias a las que fueron sometidos ambos, mas,  a  pesar  de  la  existencia  de  dichos elementos de información, la prueba es  incompleta    porque    faltó    el    testimonio    del   joven   Andrés  Felipe  Gil Jaramillo, quien no es  testigo  directo  pero acompañó al afectado después de los hechos, y también  se  echan  de  menos varias ampliaciones tanto de la queja del agraviado como de  la exposición del inculpado.   

          Se  ocupa  el  demandante, a continuación, de transcribir una parte  de   las   versiones   del  sindicado  y  el  ofendido,  advierte  cómo  dichas  declaraciones  indican  que  no  hubo  violencia  para que el segundo subiera al  vehículo  del  primero; además, detecta ciertas contradicciones que según él  conducen   a   la   duda,  tales  como  el  lugar  donde  la  víctima  hizo  el  abordaje.   Asevera  que  el  Tribunal  erró  sobre  la apreciación de la  personalidad  del  afectado,  porque se trata de un jovenzuelo de vida disoluta,  de  aquellos que se dedican a cometer hechos punibles en la calle y que viven de  las  prácticas homosexuales, pues concretamente se sabe que el ofendido ha sido  ladrón,  tomador  de  licor y experimentado en relaciones sexuales con personas  de su mismo sexo.   

          Personalidades  como  la  de este joven que se siente ofendido, dice  el  recurrente,  son  las  que  dan  lugar  a la calumnia y se han dado casos de  denuncias  que  llegan  a  ser  verdaderos  chantajes.  Desde este punto de  vista, agrega, “no se puede corromper lo corrompido”.   

          Ahora  bien,  el  Tribunal  sobrevaloró  la prueba pericial, porque  ésta  señala  eritema  en la región anal, pero el experticio no puede afirmar  que  la  penetración  la  hizo el procesado.  También es posible que, por  los  hallazgos,  el  menor  haya  sido  víctima de una tentativa de violación,  antes  de  la  imputación  que  se  le  hace  a Vargas  Duque, entre otras razones, porque la penetración del  miembro   viril   no   fue   completa,  dado  que  no  se  hallaron  rastros  de  eyaculación.   

          El  lugar  de  comisión  del  hecho  es  otro  aspecto que presenta  dificultad  probatoria,  porque  se trata de la esquina de la iglesia del barrio  “Los  Agustinos”,  un sector concurrido y pleno de establecimientos abiertos  al  público,  razón  por la cual es prácticamente imposible que haya ocurrido  el  hecho  denunciado  y  nadie  se  hubiera  dado cuenta, así el carro hubiese  estado  herméticamente  cerrado por la carpa.  Se pregunta el actor:   ¿cómo  es  posible  que el menor no haya reaccionado, como sí lo hizo en otra  oportunidad   que   intentaron   violarlo?.    ¿Por   qué   no  lloró  o  gritó?.   

          Concluye  que  la  prueba  resaltada  sólo exhibe duda, por ello el  juzgado  de  primera  instancia  no halló dolo en la conducta del procesado, lo  cual  indica que la culpabilidad no fue demostrada en este proceso, ni a título  de  dolo  ni  de culpa ni de preterintención.  Le parece evidente entonces  que  el  Tribunal  violó  los  artículos 2° y 5° del Código Penal y aplicó  indebidamente el artículo 247 del Código de Procedimiento Penal.   

EXAMEN FORMAL DE LA DEMANDA:  

          En   el  fondo,  el  impugnante  revela  una  inconformidad  con  la  valoración  de  la  prueba que hizo el Tribunal, pero, a pesar de que invoca la  causal  primera de casación, como violación indirecta de la ley sustancial, no  señala  los  errores  de  hecho  o  de  derecho  que  pudo  haber  cometido  el  sentenciador.   

          Sin   embargo,   no   basta  mencionar  nominalmente  el  motivo  de  casación,  pues es preciso, en el caso de la violación indirecta, demostrar el  error  cometido  por el juzgador, tal como se desprende de la exigencia legal de  situar  “en  forma  clara  y  precisa” los fundamentos de la causal escogida  (arts. 220-1 y 225-3 C. P. P.).   

          El  demandante  referenció la causal de casación, en los términos  que  dispone  el  artículo 220 citado, pero después se alejó completamente de  ella  para  dedicarse  a  exteriorizar el desagrado por el valor concedido en la  sentencia  al  testimonio  del  ofendido  y  al  dictamen  pericial.  Se ha  definido  por  la doctrina que el recurso de casación es limitado, precisamente  porque  el  accionante  no  puede  abandonar  los  únicos  canales previstos en  aquella  norma,  dado  que  el  carácter extraordinario de la impugnación veda  cualquier tentativa de sustituir injustificadamente las instancias.   

          Por  ello,  en  sede  de  casación  no  puede aspirarse a una nueva  controversia  libre sobre los hechos y la responsabilidad del procesado, porque,  en  principio,  no  se  trata  de  volver sobre toda la actuación procesal o de  reexaminar  la  prueba  ya considerada por las instancias, sino de incidir sobre  los   vacíos  trascendentales  o  actuaciones  procesales  absurdas  que  hayan  determinado nocivamente el sentido del fin del proceso.   

          El    impugnante   dice,   genéricamente,   que   el   ad  quem  se equivocó en la evaluación de  ciertas  pruebas  o  en  el  reconocimiento  de  la  personalidad  del ofendido,  supuestamente  porque los debió tomar en sentido contrario al que lo hizo, pero  en  parte  alguna  describe tales juicios equívocos del sentenciador, como para  que  así  quedara  en  evidencia  el  pretendido  absurdo  que  sólo  por  tal  característica   es   posible   atacar   por   la  vía  extraordinaria  de  la  casación.   

          Algo   más:   en  principio,  el  recurso  sólo  puede  estar  orientado  directamente  a  ese  producto  que  se denomina sentencia de segunda  instancia,  de  modo  que  la génesis de ésta y el proceso mismo, lógicamente  sólo  pueden  atacarse  a  través  de  los  errores  finales cometidos por las  definiciones  del  fallo.   En  otras  palabras,  el  sentido  del  recurso  extraordinario  indica  que  él  debe  dirigirse  contra  la apreciación de la  prueba  y  la  interpretación de las leyes por medio de los cuales se construye  la  sentencia  del  Tribunal,  razón por la cual lo primero que debe exhibir el  recurrente  en  la  demanda,  de  manera  clara  y  precisa,  es  lo que se hizo  concretamente  en el fallo y que, según su estimación, sea obra de un evidente  error judicial.   

          Afirmar  que  la  prueba  es  incompleta  porque se echa de menos la  declaración    del    joven   Andrés   Felipe   Gil  Jaramillo, o la ampliación de la queja del ofendido o  de  la  indagatoria,  no  deja  de  ser  un  reparo  abierto contra la actividad  probatoria  o  investigativa,  pero  lo  importante  sería conocer cuál fue el  valor  y  la  consideración  otorgados  por  el Tribunal al material probatorio  existente  en  el  proceso, en términos concretos, con el fin de poder concluir  seguramente   si   el  vacío  era  relevante  (además  trascendente)  para  la  definición adoptada en el proceso.   

          Ahora  bien,  es cierto que las ausencias básicas en la aplicación  de  la  crítica racional pueden dar lugar a un falso juicio de identidad, si es  que  el  Tribunal  no  involucra  elementos  de  lógica,  experiencia  común y  científica  al  momento  de  valorar  la  prueba,  pero el actor debe demostrar  primero  la  apariencia  o  el  error  en  el  fallo  y,  una  vez  logrado este  propósito,  ahí  si  proponer  la  valoración  que  considera correcta.   Proceder   al   revés  y  unilateralmente,  esto  es,  postular  una  forma  de  apreciación  de la prueba y quedarse ahí, sin señalar directa y concretamente  los  visibles  errores  cometidos  por  el  sentenciador en esta materia, sería  tratar  de  proyectar  injustificadamente  al recurso de casación la discusión  que debió darse en las instancias.   

          Todo  esto se dice en relación con la prueba testimonial y también  de  cara  al  dictamen  pericial,  porque  si bien la demanda permite conocer la  crítica   directa  y  las  impresiones  del  actor  sobre  este  último  medio  probatorio,  su  presentación  fragmentaria no facilita el acceso a los juicios  de valor que hizo el Tribunal en relación con dicha prueba.   

          De  otra  parte,  aunque  el censor escogió precariamente el motivo  primero   de  casación,  en  su  modalidad  de  violación  indirecta,  algunas  referencias  del  escrito  de  demanda  ponen  en  evidencia  el  desvío  y  la  confusión  en  el ataque.  En efecto, la afirmación de que “no se puede  corromper  lo  corrompido”,  como  señal  de  que  el ofendido ya había sido  inducido  antes  en  prácticas homosexuales, significa que el demandante acepta  la  ocurrencia de los hechos y la prueba de los mismos, sólo que discrepa de la  trascendencia  jurídica  de  los  mismos,  bien  por falta de tipicidad ora por  ausencia  de  antijuridicidad  material  de  la  conducta.  En este último  caso,  si  se  quiere  ser  consecuente,  la  causal  de  reclamación sería la  primera,  pero  en la modalidad de violación directa, cambio que a su vez exige  la  indicación  de  si  hubo  aplicación  indebida,  falta  de  aplicación  o  interpretación    errónea    de   normas   sustanciales   y   cuáles   fueron  ellas.   

          Igual  reflexión  puede hacerse con la insinuación de la tentativa  de  acceso  carnal  violento,  pues se alega que la conjunción libidinosa no se  consumó,  y  entonces  bien  puede  ocurrir que el actor acepta los hechos pero  piensa  que  fueron  jurídicamente  mal  dimensionados, caso en el cual la vía  correcta  sería  la  violación  directa.   Sin embargo, es posible que la  inquietud  del  recurrente  radique  también  en  la  apreciación del dictamen  pericial,  dado  que  éste  no  revela hallazgos de semen, y entonces tal dato,  según  su  criterio,  le  indica que no hubo “completa penetración” y, por  ende,  no  se  consumó  el acto lujurioso, caso en el cual sería procedente la  vía  de  la  violación  indirecta,  pero  siempre  que  el  impugnante señale  claramente  si  el  error judicial es de existencia (por menosprecio absoluto de  la  información) o de identidad (por tergiversación del contenido o alcance de  la prueba).   

          Como  nada  claro  ni  preciso  ofrece  la demanda para aspirar a la  revisión  de  la  sentencia  por  la  senda  extraordinaria de la casación, se  inadmitirá de plano.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Rechazar  in  limine  la  demanda  de  casación  presentada  por el  defensor  del  procesado  LUIS  ALBERTO  VARGAS DUQUE.  En consecuencia, se  declara  desierto  el  recurso extraordinario concedido por el Tribunal Superior  de Manizales.   

          De  conformidad  con  los  artículos  197  y  226  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   en   relación   con   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

          Cópiese, comuníquese y cúmplase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA     POVEDA                       

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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