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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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PROCESO No. 14206  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE:  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 133  

Santa Fe de Bogotá, D.C., septiembre siete de  mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

          El  juzgado 8o. penal del circuito de Santa Marta condenó a Hildred  Venancio  Martínez  Mejía  a  prisión  de  15O  meses,  a  interdicción  del  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  1O  años   y  a  la  indemnización  de  los  daños  y  perjuicios,  como  cómplice  del  delito de  homicidio consumado en el señor Ildemar Ojeda Iguarán.   

          Apelada  la sentencia por el defensor, el Tribunal de Santa Marta la  confirmó.  El  mismo  profesional  del  derecho  interpuso recurso de casación  contra esta última y presentó la demanda correspondiente.   

          Ahora,  la Sala estudia si el libelo sustentatorio del recurso puede  ser admitido o no.     

HECHOS  

          En  las  horas  de  la mañana del 3O de octubre de 1995, el taxista  Jorge  Efraín  García  Giovanetti,  luego de hacer dos carreras, se desplazaba  por  la  Avenida  del  Río  con carrera 19, cuando dos hombres lo llamaron para  utilizar  sus  servicios.  Uno de ellos se sentó en la parte de atrás del  vehículo  y  el otro adelante.  Este le indicaba la ruta que debía seguir  hasta  cuando llegaron a una esquina en la que se hallaba otro hombre parado. El  que  ocupaba  el puesto delantero le dijo que detuviera el vehículo, momento en  el  cual  el  hombre  de  la  esquina  se  acercó  y  disparó  contra quien se  encontraba  en  el  puesto  de  atrás, causándole la muerte instantáneamente.  Quien  le  dirigía  la  ruta  al  conductor, salió corriendo  en la misma  dirección  del homicida y el taxista desplegó conducta semejante. Cuando éste  regresó  al  sitio  de  lo  ocurrido,  halló muerto al pasajero ya mencionado,  quien fue identificado como  Ildemar Ojeda Iguarán.   

LA DEMANDA   

          El  casacionista  invoca  la  causal primera de casación, es decir,  numeral  1o.,  inciso  2o. del artículo 22O del C. de. P. P. Formula como cargo  único  la  violación indirecta de la ley sustancial, por error de hecho.    

          El  error  de  hecho,  dice,  es consecuencia de haber tergiversado,  distorsionado  el  sentido  de  medios probatorios obrantes en el proceso.   Agrega  que  el  juzgador,  con  su  apreciación,  dio  a  la prueba un sentido  diferente,  circunstancia  que  determinó la no aplicación del artículo   254 del C.P.P.   

          Para desarrollar el cargo, expresa:   

          1.  “El  juzgador  dio  sentido  diferente  en su apreciación que  determinó  la  no  aplicación  del  artículo  254 del C. de. P. P. , pues las  pruebas  no  se  apreciaron  en  su  conjunto  para  mirar con imparcialidad las  pruebas  obrantes  en  el  proceso  que  exime  al señor Hildred Benancio (sic)  Martínez  Mejía,  de  la responsabilidad penal y en su defecto se concluyó su  condena  con  fundamento en indicios heterogéneos e incongruentes para tal fin.  Art. 249 C. de. P. P. “.   

          2.  El  Tribunal  desarrolló  sus fundamentos frente a los indicios  planteados  por  el fallador de 1a. instancia, pero en ningún momento miró los  testimonios que obran en el proceso en forma conjunta.   

          3.  Tras  citar  apartes  de  los  testimonios   del  conductor  García  y  de  las  señoras Fuentes Burgos y León Gámez, concluye que fueron  distorsionados  en la aplicación del artículo 254 del C. de. P. P.  y que  eso  llevó  al  juzgador  a dar una errónea aplicación a los artículos 249 y  254  del  estatuto  procesal  penal,  cuando tales testimonios, analizados en su  conjunto, eximen de responsabilidad penal a Martínez Mejía.   

          4.   El   fallador   reconoce  que  los  indicios  son  dispersos  y  heterogéneos,  y,  agrega el casacionista,  como no son convergentes   entre sí, no comprometen la responsabilidad del procesado.   

          5.  Cuando  se  ocupa  de  las  normas “consagratorias del tipo de  pruebas  sobre el cual recae el error de hecho”, cita los artículos 248 y 3OO  a  3O3  del  código  procesal penal;  y cuando le corresponde aludir a las  normas  sustanciales  “…violadas  por el error de hecho como consecuencia de  la  tergiversación  del  sentido de las pruebas”, explica: “Con el error de  hecho  dado  por  el fallador de segunda instancia se da la violación indirecta  de   los  artículos  254  y  249  del  C.  de.  P.  P.,  que  en  su  contenido  expresan…”.  Y  termina diciendo: “Es evidente la violación de las normas  anteriores  pues  el funcionario en su afán de analizar las pruebas obrantes en  el  proceso  y  la  necesidad  de  determinar  una sentencia condenatoria con un  nombre   propio,   distorcionó   (sic)   el  sentido  de  las  mismas,  su  apreciación  no  se  hizo  en forma imparcial. Los testimonios son claros y las  pruebas  eximen  de la responsabilidad penal al encartado, no hay argumentos, ni  indicios  con fuerza probatoria para que Hildred Benancio (sic) Martínez Mejía  reciba la  sanción penal que se le impuso”.   

          6.  Por último, pide casar el fallo recurrido y que se reconozca la  absolución  “…por  no obrar dentro del proceso prueba alguno (sic) sobre la  certeza de su responsabilidad en los hechos investigados”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          La  demanda  examinada  no puede ser admitida, porque formalmente se  duele de yerros insalvables. En efecto:   

          1.  El  impugnante  parte de la base de que el Tribunal concluyó la  condena  del  procesado  con fundamento en indicios y  le atribuye error de  hecho  como  consecuencia  de la tergiversación y distorsión en el sentido del  medio  probatorio  obrante  en  el  proceso.  Sin embargo, no es transparente ni  exacto  para  distinguir  si  el  reproche lo hace  a la prueba directa que  sirve  de  so­porte al hecho  indicador,  o  a  la existencia misma de este, o a deficiencias en la inferencia  lógica  del  hecho no conocido. Este tropiezo, sólo, hace que la demanda nazca  destruida,  pues  la  Corte no puede asumir, oficiosamente, la nitidez  que  en  el  escrito  compete  al  postulante  en  casación.  Los principios de  claridad  y  precisión  que  exige el artículo 225-3 del C. de. P. P.  no  existen en el libelo.   

          2.  De  una  sencilla  lectura  de  la demanda, especialmente de una  ojeada  a  sus  páginas  6,  7 y 8,  se desprende que el actor se limita a  parangonar  su  interpretación  o  impresión  de  los  hechos con el discurrir  hermenéutico  del  juzgador.  Y,  como  se  sabe,  no  es  viable  en casación  simplemente  proponer una idea para que la Corte la compare con la de los jueces  de  las instancias. Al casacionista le corresponde, entonces, indicar con fuerza  cuáles  son  los  errores  de  la sentencia, señalarlos y probarlos en toda su  magnitud,  así  como  demostrar  con  evidencia total su suficiencia para haber  hecho  caer  al  juzgador en la  ilegalidad. Esto no lo hizo el defensor de  don Hildred Venancio Martínez Mejía.   

          3.  El  señor  defensor hace un mezcla de inquietudes que van desde  la   consideración   de   que   se  vulneró  el  principio  de  in­vestigación  integral,  pues afirma que  en  el  caso  que nos ocupa se violó  el articulo 249 del C. de. P. P. que  consagra  la  imparcialidad  del  funcionario  judicial  en  la  búsqueda de la  prueba,  hasta  la  aseveración  de que se dictó la sentencia condenatoria sin  que  existiera en el pro­ceso  prueba  alguna  sobre  la  responsabilidad en los hechos investigados. Estos dos  temas  corresponden  a  distintos ámbitos y, por tanto, por ser excluyentes, no  pueden  ser  invocados  dentro  del  mismo  cargo,  como  quiera  que el primero  consti­tuiría     un  error   de  procedimiento  o  de  actividad,  y  el  segundo un error en el  juzgamiento.   

          Quiebra  así  el  casacionista  el  principio  de  auto­nomía  de  las  causales,  pues  por lo  indicado   anteriormente   los   cargos  han  debido  plantearse  en  capítulos  separados:  el  error  de  procedimiento,  acudiendo  a  la  causal tercera como  principal  (principio  de  prioridad) y, subsidiariamente, con base en la causal  primera,   la  crítica  a  la  apreciación  y valoración pro­batoria,  como  en  esencia  emana  del  artículo 225-4 del C. de. P. P.    

          4.  El  actor  se  vale bastante del artículo 254 del C. de. P. P.,  que  ordena  apreciar las pruebas en su conjunto, norma que ciertamente no es de  derecho  sustancial. Pero, en el supuesto que estuviera bien encaminado, lo hace  de  manera  oscura.  En  efecto,  una  vez  afirma que la tergiversación de las  pruebas,  al  no  ser apreciadas en su conjunto, determinó la no aplicación de  tal   norma  (Fl.  5  de  la  demanda);  en  otra  oportunidad  afirma  que  las  declaraciones  de  los  testigos  fueron  distorsionadas  en  la aplicación del  artículo  254  del  C.  de.  P.  P.  (Fl.  7  de  la  demanda);  en una tercera  oportunidad  explica  que  los  yerros  llevaron  al juzgador a dar una errónea  aplicación  al  mismo artículo (Fl. 8 de la demanda); y, por último, dice que  su  sentido  no fue apreciado en forma imparcial (Fl. 9 de la demanda).  No  se  sabe,  entonces,  ni  se  insinúa con leve aproximación hacia la claridad,  qué  es  lo  que piensa sobre la sentencia en torno de tal norma procesal: o no  fue  aplicada;  o  fue  aplicada pero tergiversadamente; o fue aplicada de forma  equívoca;  o  el defecto del juzgador consistió en  tomar la disposición  y  mirarla  con parcialidad.  Y si no es posible desentrañar lo que quiere  el  impugnante  frente a la norma citada, conclúyese que la construcción de la  demanda  está muy resentida: de una parte, en confusión patente, inicia con el  error  de  hecho  que  genera  la  violación  indirecta  pero  lo revuelve, sin  explicar  la  relación  de  causalidad,  con la no aplicación, con la indebida  aplicación  y  con  la  errónea  aplicación  de  la misma norma, formas estas  propias  de  la  violación  directa;  y, de la otra parte, olvida que cuando se  afirma  que  una  regla  sustancial  ha  sido aplicada indebidamente es menester  decir,  en forma imperativa, cuál es la norma que ha debido ser aplicada.   El  intrincado y enmarañado planteamiento equivale a una altísima informalidad  de la demanda.   

          Los  argumentos  anteriores  frente  al libelo, son suficientes para  tener que rechazarlo.    

          Con  base  en   lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

          Rechazar   la   demanda   presentada   por   el   representante  del  señor   Hildred  Venancio  Martínez  Mejía y, como consecuencia de ello,  declarar desierto el recurso interpuesto.   

          En  virtud  de  lo  dispuesto  en  el articulo 197 del C. de. P. P.,  contra      esta     decisión     no     procede     ningún     re­curso.   

          Comuníquese y cúmplase.    

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

                                                                  No   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                        JORGE.  E. CORDOBA POVEDA              

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

                                                                         

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON              NILSON  PINILLA     PINILLA                                                                         

                                                       

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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