14203j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14203  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 118  

          Santafé  de  Bogotá,  D.  C.,  once  de  agosto de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS:  

          Examina  la  Sala  el  cumplimiento de los requisitos formales de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado ALFONSO PENAGOS  CASAS,  de  conformidad  con  las  previsiones  del artículo 225 del Código de  Procedimiento   Penal,   en   relación   con   el   artículo   220  del  mismo  estatuto.   

          La   impugnación  extraordinaria  se  dirige  contra  la  sentencia  fechada  el 1° de septiembre de 1997, por medio de la cual el Tribunal Superior  de  Santafé  de  Bogotá  confirmó  la  condena  impuesta  al procesado por el  Juzgado Cuarenta y Ocho Penal del Circuito.   

HECHOS Y RELACIÓN PROCESAL:  

          En  las  horas  de  la  tarde  del  día  3 de diciembre de 1993, el  ciudadano    SAMUEL    PÉREZ    HERNÁNDEZ,    su    compañera    Sandra   Patricia  Angel  Calderón  y  su  pequeña  hija,  subidos  en  un  campero  conducido por el primero, llegaron de  visita  al  barrio  Juan  Pablo  II  en  el sur de esta ciudad, lugar en el cual  habían  vivido  años  atrás  como  arrendatarios  del  señor ALFONSO PENAGOS  CASAS.   Aproximadamente  a las 8 y 30 horas de la noche, los visitantes se  retiraban  del  suburbio  y,  en  la  denominada  curva de la isla, el conductor  Pérez   Hernández   fue  sorprendido  con  tres  (3)  disparos  de  arma  de  fuego,  dos  de  los cuales  penetraron  a  la  bóveda  craneal y le ocasionaron la muerte por laceración y  sección del tallo cerebral.   

          Como  el  sitio  era  bastante  oscuro,  la compañera del finado no  identificó  al  agresor,  pero  desde  su primera intervención advierte que el  único  enemigo  de su compañero era el dueño de la casa donde ellos habitaron  por  arriendo,  ya que inicialmente tuvieron discrepancias por el desarrollo del  contrato,  alguna  vez  se  liaron  a  golpes y después el arrendador lo había  amenazado  con  revólver  en  varias  oportunidades,  además  de  que,  en  la  mencionada  fecha,  esa  misma  persona  estuvo  muy  pendiente  de  ellos en su  desplazamiento por el barrio.   

          Con  fundamento  en  estas  informaciones,  la  Fiscalía  ordenó y  practicó  diligencia  de  allanamiento  a  la  residencia  del imputado ALFONSO  PENAGOS  CASAS,  situada  en  la  diagonal 68A N° 18K-36 sur (barrio Juan Pablo  II),  y  le  decomisó  un revólver calibre 32, marca “smith & wesson”,  sin  salvoconducto,  y  17  cartuchos  calibre  38,  arma  con  la  cual  fueron  disparados  los  proyectiles  encontrados en el cuerpo de la víctima, según lo  establecido posteriormente por la prueba de balística.   

          El  Fiscal 22 Delegado ante los Jueces Penales del Circuito recibió  en  indagatoria  al  imputado,  le  definió  la  situación  jurídica  con  la  imposición  de medida de aseguramiento de detención preventiva y, por medio de  resolución  de  fecha 14 de marzo de 1996, lo acusó por el concurso de delitos  de  homicidio y porte ilegal de arma, decisión que quedó ejecutoriada el 28 de  marzo siguiente (fs. 108-118 y 122).   

          El  Juzgamiento  correspondió  al  Juez  Cuarenta  y Ocho Penal del  Circuito  de  la  ciudad, funcionario que declaró responsable al acusado de los  hechos  punibles  atribuidos,  según  sentencia  del  25 de abril de 1997, y le  impuso  como consecuencias la pena principal de veinticinco (25) años y dos (2)  meses  de  prisión,  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones  públicas    por    diez    (10)   años   y   el   pago   de   los   perjuicios  ocasionados.   

          El  mencionado  fallo fue confirmado por el Tribunal en la sentencia  que es objeto de impugnación extraordinaria.   

LA DEMANDA:  

          El   demandante   invoca   la  causal  primera  de  casación,  como  violación  de  la  ley  sustancial  por supuestos errores en la apreciación de  determinadas  pruebas,  medio  del  cual se sirve para concluir que el procesado  Alfonso Penagos Casas ha sido  condenado     injustamente     como    autor    del    delito    de    homicidio  investigado.   

          Para  sustentar  la  censura, el abogado se lamenta del alcance dado  en  la  sentencia  a la declaración de Sandra Patricia  Angel  Calderón y a la prueba de balística, pero a la  vez    reprocha    el   menosprecio   de   los   testimonios   de   Emiliano  Penagos  Rodríguez  y  Blanca Itsmenia Riaño,  dado  que  éstos  dan  fe  de  que  oyeron  unos  disparos en la  residencia   de   Alfonso  Penagos  Casas,  lo  cual  confirmaba su explicación de que el arma incautada sí  fue    disparada    por   él   en   la   madrugada   para   ahuyentar   a   los  ladrones.   

          En  efecto,  dice  el  recurrente  que la declaración de la señora  Angel  Calderón  no  es una  prueba  fiable,  porque ella no individualizó a la persona de la chaqueta negra  que  disparó en contra de su compañero, así como tampoco puede creérsele que  ese  día  vio al procesado por esos lares, pues, si ello fuera cierto, sin duda  la  testigo hubiera descrito sus ropas y se lo habría comentado a alguno de los  familiares  o  amigos que visitó durante esa tarde, amén de que de una vez los  citaría   como   testigos  de  tal  confidencia.   No  es  consistente  el  testimonio   y,  por  ende,  “…  carece  de  todo  fundamento  jurídico  la  apreciación   de  esta  prueba,  máxime  cuando  se  trata  de  la  compañera  permanente del occiso SAMUEL PÉREZ HERNÁNDEZ…” (fs. 81).   

          En  cuanto  a  la  pericia  técnica  dice  que  fue emitida por una  persona   muy   joven,   sin   suficiente   experiencia,  que  no  resistió  el  interrogatorio  de la audiencia pública, pues se contradice en relación con la  verdadera  distancia  a  la  cual  fueron  hechos  los disparos a la víctima, y  además  dictaminó  sin  tener a la vista los cascarones, cartuchos o vainillas  para  el  respectivo análisis.  Agrega que si bien la prueba de absorción  atómica  fue  positiva,  dicho  resultado  obedece  a que su asistido realmente  disparó  el  arma,  mas  que  ello ocurrió para espantar a los ladrones, a una  hora muy distinta y no en contra de la víctima.   

          Señala  por  último que el tribunal no le dio importancia al hecho  de  que  el  procesado,  en su primera indagatoria, confesó en contravía de la  verdad,  pero  que después se retractó tras hacer uso del derecho a ampliar la  injurada  (art. 361 C. P. P.).  De igual manera, dice que tampoco se le dio  trascendencia  a  lo  ocurrido con motivo de las advertencias sobre los derechos  del  capturado,  previstos  en el artículo 377 de la misma obra, ocasión en la  cual  el  imputado  se entrevistó con el abogado JAIRO ARENAS, quien contraría  la ética al recomendarle que confesara el delito de homicidio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          Hay  una  primera  confusión  notoria  en  el  texto de la demanda,  porque  el  recurrente  anuncia  en  el respectivo acápite una relación de los  hechos,  los  cuales  narra  a  su talante, pero de una vez emprende en el mismo  apartado  la  explicación  de  los episodios, sus antecedentes y la crítica de  las pruebas desde su propia óptica (fs. 74-79).   

          Ahora  bien,  el  actor  acude  a la violación de la ley sustancial  “por   infracción  directa”,  pero,  a  renglón  seguido,  dice  que  ella  “proviene   de   error  en  la  apreciación  de  determinadas  pruebas…”,  enunciado  este  que  revela una mezcla indebida de los distintos alcances de la  transgresión  directa  y la indirecta.  A este respecto, conviene recordar  que  la  primera  forma  de  impugnación atañe a errores sobre la relevancia o  calificación   de   los   hechos   o   la   interpretación   de   las   normas  correspondientes,  sin involucrar en ese juicio discusiones de orden probatorio;  mientras  que  la  infracción  indirecta  se  refiere  a  violaciones de la ley  sustancial,  pero  mediatizadas  por  el  señalamiento concreto de deficiencias  ostensibles en la formación o valoración de las pruebas.   

          De  otra parte, el impugnante trata de mostrar contradicciones en la  declaración  de  la  testigo  Sandra  Patricia  Angel  Calderón  y  el contenido de la prueba de balística,  pero  olvida en ese cometido que lo fundamental del ataque por vía de casación  es  la  enervación  de  las  proposiciones  fácticas y probatorias que hizo el  tribunal,  siempre  por  ser  aberrantes,  pues  de otra manera se ignoraría la  jurisdiccionalidad  de  los  fallos  de  instancia.   Algo  más:   el  demandante  no  distingue  si  las  inconsistencias  señaladas son obstativas o  circunstanciales,  pues  simplemente  las califica de contrariedades y aduce que  por  su  existencia  “carece  de  todo fundamento jurídico la apreciación de  esta prueba” (fs. 81).   

          Para   explorar   la  razón  completa  de  los  planteamientos  por  eventuales  errores de hecho o de derecho, era necesario conocer las pertinentes  motivaciones  del tribunal, conocimiento que debía surgir de la aportación del  demandante  y  no de una actitud de oficio de la Corte, pues es insoslayable que  se  surte  un  recurso  que  es  eminentemente  rogado y concierne al primero la  exteriorización  cabal  de  la  inconformidad  para  que  la  segunda  la pueda  resolver imparcialmente.   

          Preferir  otra alternativa explicativa de los hechos o valorativa de  las  pruebas,  es  cuestión  que  no  puede  abordarse  con  el  mero argumento  racional,  dado  que lo determinante es poner a flote los vacíos garrafales que  pudiera  contener  la  sentencia  en  materia  de lógica y experiencia común y  científica,  pues  sólo  así se configura el error de hecho como falso juicio  de   identidad  que  eventualmente  pueda  justificar  la  remoción  del  fallo  ilegal.   

          En   lo   que   se   refiere   a  los  testimonios  de  Emiliano  Penagos  Rodríguez  y  Blanca Itsmenia Riaño,  quizá  corroboradores  de la coartada final del procesado, no se  alcanza  a  entender  la  dimensión  del reproche, pues, por obra del equívoco  texto  de  la  demanda,  bien  puede  entenderse  que  las  pruebas  hayan  sido  completamente   ignoradas  o  que,  a  pesar  de  que  fueron  evaluadas  en  su  oportunidad,  la judicatura no les otorgó la credibilidad anhelada a ellas ni a  la nueva coartada del procesado.   

          Es  igualmente  equívoca  la  cita del artículo 377 del Código de  Procedimiento  Penal,  porque  el  actor dice inicialmente que el tribunal “le  dio  poca  importancia a lo normado” en dicha disposición, pero más adelante  sugiere  que  en  el  proceso sí se cumplió el precepto, hasta el punto que el  imputado  se  entrevistó  con  un  abogado  de  su  confianza,  pero  que éste  antiéticamente  le  aconsejó  la confesión.  Si el recurrente pretendía  insinuar  una  violación  del  derecho  de  defensa,  no  es  afortunado  en su  expresión,  porque  una  irregularidad  de  ese jaez no podría surtirse por la  vía  de  la  causal  primera  que  él venía desarrollando, sino a través del  recurso  a  la  nulidad  (causal  3ª),  aparte  de que el fundamento del ataque  quedaría  precario  porque  él  mismo acepta que el sindicado fue informado de  sus  derechos y los llevó a la práctica, sólo que alude a una falta de ética  del  primer  defensor  como  hecho  del  cual  tampoco  hizo  una  presentación  demostrativa.   

          Ante  las protuberantes fallas técnicas y argumentativas que exhibe  el  libelo,  la Corte lo inadmitirá y declarará que el recurso concedido queda  sin fundamentación.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Rechazar      in     limine  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado  ALFONSO  PENAGOS  CASAS  y,  en  consecuencia,  declara  desierto  el respectivo  recurso concedido por el tribunal.   

          Por  disposición  de los artículos 197 y 226 del C. de P. P., esta  decisión no admite impugnación.   

          Cópiese, comuníquese y cúmplase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL                  JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                           EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                           CARLOS E. MEJIA ESCOBAR      

ALVARO   ORLANDO  PEREZ  PINZON                            NILSON          PINILLA  PINILLA          

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.     

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