14187dic1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14187  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                                    Aprobado Acta No. 199   

Santafé  de  Bogotá  D.C.,  quince (15) de  diciembre de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Por   apelación  interpuesta  por  el  procesado  ANDRES  MOSQUERA  MOSQUERA  y  su  defensor,  revisa la Sala la sentencia de diciembre 12 último,  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Popayán -en  Sala  de  Decisión  Penal  integrada  por  conjueces,  ya  que  los Magistrados  titulares  se  declararon  impedidos  por amistad íntima con el doctor Mosquera  Mosquera-  condenó  a  dicho  procesado  -y al coacusado Andrés Felipe Velasco  Noguera-  a  un  (1)  año  y un (1) mes de prisión, cada uno, por el delito de  prevaricato.   

          ANTECEDENTES   

          Los hechos.   

         

          El  16  de  diciembre  de  1.993  la  Fiscalía  18 de la Unidad de  diligencias  previas  de Popayán, a cargo del doctor Mauricio Alfonso Cifuentes  Guzmán,  realizó  diligencia de allanamiento en la residencia de la carrera 31  No.  8-45  de  dicha  ciudad  y  que  habitaba  la  señora MILJEN ROVIRA MEDINA  HIDROBO,  incautando allí los revólveres Smith Wesson calibre 38 largo y Ruger  calibre  3.57,  varias  prendas  de uso privativo del Ejército Nacional (gorra,  camiseta,  riata,  canana)  y 3 papeletas de marihuana con peso de 11 gramos. En  dicho  inmueble  también  estaban  un  hermano  de  Miljen  -Hilder  Medina-  y  José  Jhon Eduard Montenegro.   

          Dicha  fiscalía  abrió investigación y escuchó en indagatoria a  la  mencionada  dama aprehendida, luego de lo cual remitió las diligencias a la  Unidad  Especializada  de  Popayán,  cuyo  jefe  era el doctor Andrés Mosquera  Mosquera,  quien,  mediante  resolución  de  diciembre 20 las asignó al Fiscal  8°. de esa Unidad, doctor Andrés Felipe Velasco Noguera.   

          Ese   mismo  día  compareció  a  dicha  Unidad  el  capitán  del  Ejército  Nacional  Oswaldo  Prada  Escobar,  quien  dijo  estar enterado de la  incautación  de  prendas  militares  y de la retención de una “informante” del  Ejército.   

          Se  le  oyó  entonces en declaración al mencionado oficial, quien  dijo  pertenecer  a  la  Sección  Segunda  de  Inteligencia del Batallón José  Hilario  López, ratificando que Miljen “al igual que los otros dos señores que  habitan  en  la  casa”  son  informantes  del  Ejército  como  ex  subversivos,  agregando  que  el  Batallón  les  entregó  a los tres las armas y las prendas  referidas, con el fin de que se infiltraran en la guerrilla.   

          La  Fiscalía  8a. ordenó la libertad de Miljen Medina Hidrobo, se  ordenaron  varias  pruebas  y se amplió la indagatoria de la misma, después de  lo  cual,  por  medio  de resolución de diciembre 30 de 1.993, se resolvió “la  situación  jurídica”  de la nombrada dama, precluyéndosele la investigación,  a  ella  y  también  a  los  mencionados Hilder y José Jhon Eduard, quienes ni  siquiera  estaban  vinculados  a  la  misma.  Dicha decisión igualmente ordenó  entregar los elementos incautados.   

          Las  referidas diligencias que asignó el doctor Mosquera al doctor  Velasco  Noguera,  eran  de  competencia  de  la  Fiscalía  Regional,  dada  la  “utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias”, a más de que para entonces  (cuando  el doctor Velasco precluyó la investigación) la cantidad de marihuana  incautada (11 gramos) era una contravención.   

          Aproximadamente  6 meses antes el doctor Velasco Noguera le prestó  al  doctor Mosquera Mosquera una motocicleta que hacía parte de un proceso a su  cargo,  procediendo  el segundo a hacer lo propio con el Batallón José Hilario  López.  Luego  se  demostró  que dicho vehículo había sido utilizado por los  sicarios  que  dieron  muerte  a  varias  personas,  sicarios  entre  los cuales  figuraban  precisamente el mencionado Hilder Medina, cobijado, como se dijo, por  la  preclusión  de  30 de diciembre que profirió el Fiscal 8°. doctor Velasco  Noguera.   

          LA SENTENCIA IMPUGNADA   

          Dicha  providencia, que se dictó en armonía con la resolución de  agosto  30  de  1.995  (fl.  152  cdno. No. 2), mediante la cual se acusó a los  sindicados  Andrés  Mosquera  Mosquera y Andrés Felipe Velasco Noguera, por el  delito de prevaricato (art. 149 C.P.), dice en esencia:   

          –  Mosquera  Mosquera  determinó  a Velasco Noguera para que éste  dictara  la  resolución  de  diciembre  30  de  1.993,  por medio de la cual se  precluyó  la  investigación  respecto  de  la  sindicada  Miljen Medina Rivera  Idrobo,  Milder Medina y José John Eduard Montenegro, no obstante que estos dos  últimos no habían sido vinculados a la investigación.   

          El  referido proveído, además, se profirió “dentro de un proceso  que  no  estaba  en  la  cuerda  de  sus  actividades  funcionales”  (fl.  462),  contradiciendo  así la norma adjetiva que le imponía remitir las diligencias a  la Fiscalía Regional por “competencia funcional” (fl. 464).   

          –  La  prueba  obrante en el proceso arroja certeza para condenar a  los  dos  acusados  por el delito de prevaricato, quienes se pusieron de acuerdo  para  proferir la resolución preclusoria, decisión “que no estaba en la cuerda  de  sus  actividades  funcionales”  (fl.  cit.),  y agrega que Mosquera Mosquera  “ideó  y  llevó  a  cabo maniobras tendenciosas por sí solas constitutivas de  actos  disvaliosos  contra la Administración Pública, consolidadas finalmente,  como  es  sabido,  con  la  directa  intervención  de  Velasco  Noguera, cuando  decidió precluir la investigación y archivar las diligencias”.   

          Enfatiza  en  que  la  asignación de las diligencias se hizo en un  caso  en  que la Unidad Especializada no era competente, y que la ilicitud de la  conducta  se  corrobora  cuando el doctor Mosquera Mosquera hizo comparecer a su  Despacho  al  Técnico  Judicial  a  su  servicio  -Hermes  Antonio Ocampo- y lo  recriminó  por haberse negado a firmar las respectivas diligencias y decisiones  tomadas:   “Es   allí   donde   con   más   vehemencia   aflora  su  inclinada  intencionalidad de vulnerar la ley”, se lee al folio 464 citado.   

          –  Reitera  la  calidad  de  “determinador” que exhibe el procesado  Mosquera  (fl. 465 supra.) y hace al respecto algunas consideraciones teóricas.   

          –  Insiste en que la realidad procesal revela la “colaboración” de  los  procesados  con  el  Batallón  José Hilario López y anota que, de no ser  así,   el  doctor  Velasco  Noguera  “sin  conocimiento  del  fin,  no  hubiese  pronunciado semejante esperpento preclusivo” (id).   

           LA IMPUGNACION    

          Los  apelantes,  quienes  sustentan  conjuntamente  (fls. 474 a 536  cdno. No. 2), consideran:   

          –  Las  dos  fiscales  que intervinieron en la tramitación de las  diligencias  cumplidas  a  partir  del allanamiento, declararon en el sentido de  ratificar  lo  dicho  por  el doctor Mosquera Mosquera en cuanto a su inocencia.   

         Según   los  testimonios  de  Hermes  Ocampo,  Doris  Chicangana,  doctora  María  Claudia  Sendoya  Millán  y  Jaime  Amilkar  Pinzón,  revelan  claramente  que  el  procesado  en  mención  “no  se  encontraba  en  la Unidad  Especializada  al  momento del arribo de las diligencias, ni en el momento de la  asignación  de  las mismas”, por lo cual el Tribunal yerra cuando deduce que el  doctor  Mosquera  Mosquera  “impuso  la  asignación  de  las  diligencias  a la  Fiscalía 8a”. (fl. cit.).   

         Insisten  en  que las diligencias fueron asignadas “a prevención”  (fl.  477)  y añade que los elementos decomisados y que “presuntamente le daban  la  competencia  a  la  fiscalía  regional”, no pueden catalogarse de “uniforme  militar”  y,  por  tanto  la  ubicación en “el artículo 123 que punibiliza tal  hecho”,  es  dudosa, sin que ello signifique “defender la irregular tramitación  que  a  ese  proceso le dio el Doctor ANDRÉS FELIPE VELASCO NOGUERA como fiscal  octavo de la Unidad Especializada” (fl. 478).   

         –  El  hecho  de  que  la  declaración del capitán del Ejército  Oswaldo   Prada  Escobar  no  haya  sido  firmada  por  el  funcionario  que  la  recepcionó,  desmiente  al  Tribunal  cuando  afirma  que  el  acusado Mosquera  “dirigió” ese testimonio.   

         –  El  doctor  Mosquera  Mosquera  no era superior del coprocesado  Velasco  Noguera,  quien,  como  dice  el  fallo apelado, es inexplicable que al  obrar  como  lo  ha  sostenido,  “hiciese  un  favor para una persona que era su  enemigo  acérrimo,  como  lo era el ex director Seccional de Fiscalías, doctor  MIGUEL  ANTONIO  MUÑOZ PALADINES”, enemistad que  incluso ratifica Velasco  Noguera en su injurada.   

         Anotan  que  Hermes  Ocampo,  Técnico  Judicial  al  servicio  de  Velasco  Noguera,  declaró  que  mecanografió  la  resolución que se tilda de  prevaricadora,  por  orden  de  su  jefe,  “sin que se hubiese hecho presente el  Coordinador de la Unidad” (fl. 481).   

         Es  indicio  en  favor  del  citado acusado que, éste, una vez se  produjo  la  resolución preclusoria, hizo trasladar de Unidad al doctor Velasco  Noguera  y  nombró  en  su reemplazo al doctor Jesús Alirio Uribe Cerón, para  que  éste  “se  diera  cuenta  de  las  graves  irregularidades cometidas en el  trámite   del   proceso   de  marras  y  pudiese  denunciar  tal  hecho”,  como  efectivamente  ocurrió  al  acudir  al  Coordinador  de  la  Unidad para que el  referido  Técnico  Judicial  Hermes  Ocampo, accediera a firmar las diligencias  (fl. 481 y 482).    

         –  Velasco  Noguera  miente al decir que, por presiones del doctor  Mosquera,  profirió la decisión preclusoria “el último día hábil de 1.993”,  ya  que  aquél  entregaba  la  Coordinación  de  la  Unidad el 1° de enero de  1.994,   “cuando  en realidad la fecha de la entrega fue el 13 de enero del  año  anteriormente  mencionado” (fl. cit. infra.), y acota que dicha mentira no  fue vista por el fallador.   

         Insiste  en  que  su  defendido  “era  completamente  ajeno  a las  conductas  delincuenciales  del  doctor  Velasco  Noguera” (fl. 483), lo cual se  corrobora  con  la  manera  como  entregó  las  diligencias,  con irregularidad  manifiesta,  a  la  doctora  Doris  Paz  de López, quien le recibió la Unidad,  forma  de  actuar  ésta  que  no  se  compadece con la participación que se le  atribuye,  máxime que es “una persona inteligente y estudiosa, como lo pregonan  el  Fiscal  Instructor  y  los  Conjueces  que  conforman la Sala de Decisión”.   

         –  La  doctora  Sendoya  Millán  miente en su declaración cuando  dice  que  al enterarse de que “se iban a robar el expediente de marras para que  no  se  dieran  cuenta  del  delito cometido”, instruyó a la nueva Coordinadora  Doris  Paz  de  López  y  ésta procedió a guardarlo bajo llave, ya que si tal  cosa   hubiera  sido  cierta,  se  imponía  formular  la  respectiva  denuncia.   

         –  No  se  practicaron  pruebas  “de  suma  importancia”,  como la  declaración  del  comandante  del  Batallón  José  Hilario  López,  “a quien  supuestamente   se   le   estaba  facilitando  el  favor  del  punible”,  y  las  ampliaciones  de  los  testigos  que  se  han  mencionado,  a más de que “no se  tuvieron  en  cuenta  los testimonios de las personas que realmente tuvieron que  ver  con  el  manejo del proceso y/o pueden dar cuenta de la conducta del doctor  Andrés Mosquera Mosquera” (fl. 484 infra.).   

         Sostiene  que el testigo Hermes Ocampo no afirmó que el procesado  Mosquera  tuviera interés en ese proceso, sino que “creía” tal cosa, e incluso  la  realidad procesal evidencia que “el presunto interés de que habla OCAMPO se  refiere  única  y  exclusivamente al Fiscal Octavo y a los militares, mas no al  Jefe de la Unidad” (fl. 487).   

        –  “Es ostensible la falta de interés y cuidado de los honorables  falladores  al  estudiar  el proceso de la referencia, porque pasan por alto las  afirmaciones  del  implicado,  cuando  este  ha  manifestado  en  sus diferentes  intervenciones  procesales,  que  procedió  a  requerir al señor HERMES OCAMPO  para  que  firmara  las  susodichas  diligencias,  acción  que  realizó al ser  informado  por  el  Doctor  JESUS  ALIRIO  URIBE  CERON,  Fiscal  que asumió el  conocimiento  del  negocio,  que  dio origen a este plenario, que algunas de las  diligencias  de  ese  sumario  no  poseían  la  firma del técnico judicial del  fiscal  octavo,  para lo cual le expresó el procesado que apela la sentencia al  funcionario  en  cita que lo requiriera para tal fin y que sin embargo él mismo  hablaría  con el colaborador de la fiscalía memorada para lograr sus rubricas.  Por  ello es que el señor OCAMPO manifiesta que el Doctor MOSQUERA le dijo ‘que  el  jefe  ya  tenía  conocimiento’.  Singular  caso donde expresamente se está  refiriendo  al  Doctor  URIBE  CERON  y no al Director de Fiscalías” (fl. 489).   

         –  Dicen  que  Velasco  Noguera  se valió de testigos falsos como  “Alzate  Bejarano”  (fl.  491)  para avalar las presiones de Mosquera Mosquera y  para  hacer ver que el doctor Muñoz Paladines, “por conducto del procesado”, lo  había  instado  a  “conocer el proceso que motivó el surgimiento del presente”  (fl. cit. infra).   

         –   El  Tribunal  yerra  cuando  advierte  que  Mosquera  Mosquera  utilizó  “su camaradería” con Velasco Noguera, quien, a contrario, sostuvo que  “la   posible  conducta  ejercida  fue  la  de  la  exigencia,  el  mandato,  la  imposición y aún el grito para imponer su voluntad” (fl. 492).   

         –  Descalifica  el  testimonio  de Hermes Ocampo y protesta porque  con  base  en  el  mismo  se  haya  producido  la  sentencia  apelada (fl. 493).   

         –  Dicen que el testigo Jaime Amilkar Pinzón Camacho, “en un todo  saca  avante  al  apelante condenado en primera instancia” (fl. 495), pues éste  declaró  que  fue  la  señora  Chicangana  quien  intervino  en  el proceso de  asignación  de  las  diligencias, y además que no le consta sobre órdenes que  al respecto haya dado el doctor Mosquera.    

         –  La testigo Doris Chicangana Tobar, si bien declaró que Amilkar  Pinzón  Camacho  la  instruyó  “para  que  el  negocio por órdenes del doctor  Mosquera  Mosquera,  fuese  asignado  al  doctor  Velasco Noguera”, se encuentra  contradicha  por el mismo Pinzón Camacho, a más de que sigue siendo válida la  afirmación  de Mosquera cuando dijo que para las asignaciones “no se seguía un  turno riguroso, pero que se mantenía la equidad” (fl. cit. vto.).   

         –  Consideran  que  la  sentencia impugnada “inventa” la prueba de  cargo  y, así, la “acomoda” para llegar al fallo condenatorio que se recurre, y  que  no  se  hizo  ningún  estudio crítico serio sobre el material probatorio.   

         –  Anotan  que  “manos criminales” trataron de adulterar la manera  como  se  radicó  la asignación que hizo el doctor Mosquera al doctor Velasco,  tal  como  se  pudo  establecer  en  inspección judicial practicada en el libro  respectivo,  cosa  que  se  hizo “para demostrar con oscuros fines que el doctor  VELASCO  NOGUERA  no era el funcionario que seguía en turno para asignación de  procesos  y  hacer prevalecer intenciones dolosas que nunca acompañaron al Jefe  de Unidad en la adjudicación del proceso” (fl. 498).   

         –  Estiman  que  el  funcionario  que  instruyó  este  proceso se  parcializó  en  contra  del  doctor  Mosquera y no investigó lo que a éste le  favoreciera,  y  vuelve a referirse a las declaraciones de Chicangana Tobar y de  la   doctora  Sendoya  Millán,  de  la  cual  dice  que  es  producto  “de  una  animadversión   personal”,   ratificada   por   el   testigo  Pinzón  Camacho.   

         Afirman  que  la  sentencia  apelada  no  da  razón  ninguna para  otorgarle  credibilidad  al  doctor  Velasco  Noguera,  quien ha demostrado “ser  contradictorio,  inconsistente  y  mitómano…  y  con personalidad proclive al  delito”  (fls.  503  y  504),  pidiendo  entonces  a  esta segunda instancia que  estudie  rigurosamente  este  proceso,  “para  no  destruir  de  manera  alegre,  perniciosa  y  negligente  la  carrera de un funcionario que siempre se destacó  como una persona estudiosa, ética y honesta” (fl. 505).   

         Insiste  en  que,  como  lo  declaró  el Técnico Judicial Hermes  Ocampo,  cuando  se hizo la asignación concreta del proceso, el doctor Mosquera  Mosquera  no  estaba  presente,  y que justamente fue él quien mecanografió la  resolución preclusoria por órdenes del doctor Velasco Noguera.   

         –  Les  extraña a los recurrentes que no obstante Velasco Noguera  diga  unas veces que accedió al pedimento de Mosquera por respeto y admiración  hacia  éste,  y  en  otras  ocasiones  manifieste  que “realizó dicho adefesio  jurídico  por  la  imposición  brutal  con  órdenes de mando, acompañadas de  gritos  y  amenazas”  (fl.  510),  el  Tribunal  le  haya  dado crédito a dicho  procesado,  máxime  que  en  el proceso consta que Velasco Noguera “no era nada  influenciable”.   

         –  Bajo  el  título  de  “testigos varios” (fl. cit.), menciona a  Julio  César  Aguilera  Piamba, Guillermo Alberto Bejarano Alzate y a un agente  de  la  Policía Nacional que compartía oficina con el doctor Velasco Noguera y  pide  a  esta  Sala  remitirse  a  lo  que  al respecto dijo el acusado Mosquera  Mosquera en su alegato precalificatorio.   

         En  seguida  hace  los  siguientes  “cuestionamientos severos a la  sentencia condenatoria” (fl. cit. infra).   

         Dicha  providencia “es preclaro ejemplo de práctica forense sobre  un  modelo  de  como no se debe ni redactar, ni proferir la misma” (fl. 512), ya  que  contradice  manifiestamente  el  artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal, porque:   

         – No se identificaron los procesados;   

         –  No  se  examinaron a conciencia los planteamientos del defensor  del  doctor  Mosquera  Mosquera,  dedicándose  el  fallo sólo a lo que resulta  desfavorable a su respecto.   

         –  “El  móvil  para  delinquir”  no  fue  una  ayuda criminosa al  Ejército, sino “una ayuda legal y bajo el imperio de la ley”.   

         –  En  su parte resolutiva no se dice por qué delito se condena a  los acusados (fl. 521).   

         Luego,  los  impugnadores  hacen  unas  consideraciones  teóricas  sobre  el  delito de prevaricato (fl. 522) e insisten en que el referido acusado  no  incurrió  en  ese  hecho punible, pues no hizo ni determinó la resolución  catalogada de manifiestamente ilegal.   

         Cita  al  “Maestro JORGE ENRIQUE VALENCIA MARTÍNEZ” en su escrito  “La  prevaricación  judicial”  (fl.  525 infra.), del cual -dicen- se desprende  que  “este  es  un  delito que no puede ser sujeto de determinación” (fl. 526),  debido  a  las  especiales calidades que se exigen de su sujeto activo y discute  de  nuevo  esa  forma  de  intervención  que  le endilgó al fallo impugnado al  doctor Mosquera Mosquera (fls. 527 y ss.).   

         Más  adelante  se  refiere a la culpabilidad en dicho delito (fl.  529),  y  dice  que el dolo puede ser predicado del coprocesado Velasco Noguera,  mas  no  de su defendido, quien además carecía de “razón para delinquir” (fl.  530),  pues,  a  su  juicio, “la posible amistad con los miembros de las fuerzas  militares”  (fl. 531, sic.) quedó descartada, dándose apenas “la colaboración  que  se  deben  dos estamentos estatales”, además de que su probada pulcritud y  solvencia  económica  elimina  cualquier  otro móvil, máxime que no estaba en  juego  su solo nombre, sino también el de su padre, el doctor Joaquín Mosquera  Irurita, ejemplar ser humano y jurista intachable.   

         Cita  el proveído de esta Sala fechado en junio 24 de 1.986 (M.P.  Dr.  Saavedra  Rojas)  sobre  “el  propósito personal perfectamente definido de  sacar  provecho  con la decisión”, que se requiere en el delito de prevaricato,  y  reitera  que el acusado Mosquera no tenía interés alguno en sacar avante la  delincuencia.   

         En  el  capítulo  que  dedican  los impugnantes a “las nulidades”  (fl.  534),  citan  el  artículo  304-3 del Código de Procedimiento Penal y se  refieren  a  la  “falta  de  prueba”  para  dictar  el  fallo  apelado  y  a las  “ambigüedades  y  especulaciones”  contenidas  en  éste, y, así, piden que se  decrete  la nulidad a partir del proveído que clausuró la investigación, para  que  se  practiquen  las  pruebas  solicitadas  por  el doctor Mosquera y por su  defensor  y  que  fueron  negadas,  ya  que  “no se puede vencer en juicio a una  personas sin ser escuchada” (fls.535).   

         -Retoman  el  artículo  180  del Código de Procedimiento Penal y  solicitan  la  nulidad de la sentencia recurrida, pues aparte de que el mismo es  una  “inventiva  de situaciones, motivada en un libre albedrío a espaldas de la  prueba”,  en  su  parte  resolutiva” no se indica el punible y la participación  que se les enrostra a los dos condenados” (fl. 535).   

         Solicitan,   pues,   que  esta  Sala  atienda  favorablemente  las  precedentes consideraciones sustentatorias.   

      

           

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         Sobre las nulidades.   

         Este  punto  será estudiado de preferencia, ya que de demostrarse  alguno  de  los  vicios  planteados  por  el apelante, se haría improcedente el  examen    de    la    “responsabilidad”    del    procesado    ANDRES   MOSQUERA  MOSQUERA.   

         Y  dichas  nulidades  serán  consideradas en su orden    lógico, según sea mayor su cobertura.   

         1.-  Afirma  el  impugnante  que  no se practicaron -porque fueron  negadas-   varias   pruebas   de   suma   importancia  con  respecto  del  dicho  procesado.   

         Pues  bien:  a  folios 30 y siguientes del cuaderno número 2 obra  un  escrito  del  procesado  Doctor  Mosquera  Mosquera en el cual solicita a la  Fiscalía instructora que practique:   

         -Declaración  de  la  doctora Petrona Perafán de Casas, “Jefe de  Unidad  de  Previas  y  Permanente”  para que diga por qué remitió a la Unidad  Especializada  las  diligencias  una vez practicó el allanamiento en la casa de  la carrera 31 Nro. 8-45 de Popayán (fl.2).    

         -Declaración  del  Fiscal 4o. Especializado, doctor Jesús Alirio  Uribe,  con  el  fin  de  que  declarara  qué  hizo cuando notó, al recibir el  proceso  de  la Fiscalía 8a., a cargo del doctor ANDRES FELIPE VELASCO NOGUERA,  que  el  Técnico  Judicial  de ésta, no había firmado la resolución de 30 de  diciembre   de   1.993,   mediante   la   cual   dicho   fiscal   precluyó   la  investigación.   

         -Declaración  de la doctora DORIS PAZ DE LOPEZ, quien recibió la  Jefatura  de  la  Unidad  Especializada  del  doctor Mosquera Mosquera, para que  declare  todo lo pertinente y en especial si el acusado en mención le habló de  algún modo sobre dicho proceso.   

         –  Declaración del Comandante del Batallón José Hilario López,  con   el   propósito   de   precisar   si   se  le  recomendó  el  proceso  en  cuestión.   

         –   Declaración  de  Luis  Eduardo  Altaiza  Ordoñez,  Personero  Delegado  en  lo  Penal,  a  fin de que saber si Mosquera Mosquera le pidió que  revisara    con    cuidado    las    providencias    que    profería    Velasco  Noguera.   

         –  Declaración  de  Miguel  Antonio  Muñoz  Paladines,  Director  Seccional  de  Fiscalías  de  Popayán,  para  conocer  si le solicitó el  traslado  de  la  Jefe  de  la  Secretaría  Común  de la Unidad Especializada,  doctora  María Claudia Sendoya Millán, y si es cierto que ésta lo acusó ante  él de “acoso sexual”.   

         –  Oficiar  a  la  Veeduría de la Fiscalía para constatar si fue  cierta  la  constancia  que  dejó Jaime Amilkar Pinzón Camacho -Jefe encargado  del  Grupo III, ley 30 de 1986, porte ilegal de armas y otros- sobre la conducta  asumida  por  la  doctora  Sendoya Millán, en el sentido de hacerlo declarar en  contra del doctor Mosquera Mosquera.   

         –  Averiguar el estado del proceso disciplinario adelantado contra  él y el cosindicado Velasco Noguera.   

         De  dichas pruebas demandadas la Fiscalía únicamente ordenó las  declaraciones  de  Altaíza  Ordoñez,  Jesús  Alirio Uribe, Petrona Perafán y  Muñoz  Paladines,  negando  por  improcedentes las demás (fl. 45 cdno. No. 2).   

         -Ya  calificado  el  proceso  con  acusación  ante el Tribunal el  defensor   del   doctor   Mosquera   pidió   la  práctica  de  las  siguientes  pruebas:   

         –  Inspección  Judicial para averiguar en cuántos casos Mosquera  asignó considerando la “competencia a prevención”;   

         –  Inspección  Judicial  para constatar la “falsedad” cometida en  el libro donde se radicó la asignación del proceso;   

         –  Averiguar  en  el  referido  Batallón  José Hilario López si  allí figuran denuncias de Mosquera contra militares;   

         –  Si Mosquera Mosquera tramitó en la Fiscalía 2a. Especializada  procesos  contra miembros del Ejército Nacional, a fin de probar sus “no buenas  relaciones” con dicha Arma (fl. 224).   

         –  Verificar el “estudio de seguridad” que se le hizo a la doctora  María   Claudia   Sendoya   Millán,  a  fin  de  establecer  “su  personalidad  conflictiva” (fl. 224).   

         –  Que  la  Veeduría  de  la  Fiscalía  remitiera  copia  de  la  declaración  allí  rendida  por el doctor Velasco Noguera, para establecer las  “contradicciones” que exhibe.   

         –  Allegar  fotocopias  de los respectivos procesos disciplinarios  seguidos contra Mosquera y Velasco;   

         –   Pedir   “estado  de  cuentas  bancarias  y  corporativas”  del  procesado  Mosquera, para probar que no pudo delinquir por “motivos económicos”  (fl.225).   

         –  Ampliación  del  testimonio  de la doctora Doris Paz de López  (quien  recibió  el 11 de enero de 1.994 la Jefatura de la Unidad Especializada  a  Mosquera  Mosquera), para establecer si es cierto que ella guardó bajo llave  el proceso “porque se lo iban a robar”.   

         El Tribunal, negó por “manifiestamente superfluas”   

dichas  pruebas,  salvo  la  referida a los  procesos  disciplinarios  contra  los  acusados  (fl. 230), y argumentó que con  ellas  se  trataba  de  revivir  actos  procesales ya decididos (fl. 241) y que,  además,  carecían  de  relación  alguna  con el hecho típico y antijurídico  atribuido” (fl. 242).   

         Es  sabido  que para fundamentar la petición de nulidad por la no  práctica  de pruebas, es imprescindible demostrar la  incidencia     de    las    mismas    frente   a   la   comprobación   del  hecho  imputado  y/o  a  la  responsabilidad  del  procesado,  obligación  que  deriva del artículo 308 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  dista  mucho  de cumplir los solicitantes.  Además,   observa   esta  Sala  que  la  Fiscalía  y  el  Tribunal  decidieron  correctamente  al  negar  la  mayoría  de las pruebas, pues, como se verá más  adelante   (cuando   se   examine  la  responsabilidad  del  procesado  Mosquera  Mosquera),  al  momento  de  solicitarse  dichas  pruebas,  ya  en el proceso se  habían  practicado  las  que, en esencia,  apuntaban  a  tal  aspecto  de  responsabilidad,  por  lo cual,  reiterase, su realización se revelaba improcedente.   

         Como  en  ese  sentido  se  tomaron decisiones que se censuran, el  debido  proceso  no  se ha transgredido, sino por el contrario, observado ya que  el  artículo  250 del Código de Procedimiento Penal (“rechazo de las pruebas”)  dice  contundentemente  que  “no  se  admitirán  las pruebas que no conduzcan a  establecer  la  verdad  sobre  los  hechos  materia  del proceso” y que mediante  providencia,  el funcionario rechazará las “ineficaces” o “las que versen sobre  hechos      notoriamente      impertinentes      y      las      manifiestamente  superfluas”.   

         No tiene, pues, razón en este punto el recurrente.   

         2.  Por  lo  que  atañe  a la nulidad de la sentencia apelada, se  impone  responder  que,  si como dice el apelante, en dicha providencia se puede  constatar  la  “inventiva  de situaciones a espaldas de la prueba” (fl. 535), lo  correcto  no  era  demandar  la  nulidad  de  la  decisión,  sino  impugnar los  razonamientos  contenidos  en  ella  pretendiendo  su revocatoria, que es lo que  intenta  hacer  en  la  primera  parte  de  su  alegato  sustentatorio,  pues se  trataría de vicios “de fondo” y no  de actividad del juez.   

         En  cuanto  a  la  “redacción  de  la  sentencia”, prevista en el  artículo  180  que  cita  el  recurrente,  en  el  fallo  impugnado  -“hechos y  actuación        procesal”,        fl.        457-        se       concretan  las  conductas  objeto  de  reproche  y  se  precisan  los  cargos  que  desempeñaban a la sazón los procesados, como también lo que  éstos sustancialmente respondieron en sus descargos.   

         Luego  se  ocupa  de  la  “tipicidad”  del  hecho, y dice que este  reproduce  “objetivamente el modelo punitivo que prevé el art. 149 del Estatuto  de  las Penas y están descritos por el legislador en el libro 2o., Título III,  Capítulo  VII del Código Penal, bajo la denominación genérica de prevaricato  por  acción”  (fl.  458).  “redacción” que no da lugar siquiera a titubear con  respecto  a  cuál  es  el  hecho  punible objeto de  imputación.  El  apelante  tiene razón cuando dice  que        la        “denominación       genérica”       es       únicamente  “prevaricato”,  pero  en  sentir     de     haberle     agregado  el  Tribunal que “por acción” deviene inane de cara a lo que el  legislador  pretende  con  dicho  artículo  180;  dar  apenas una guía para la  factura  del  fallo  y  para  que los sujetos procesales no tengan incertidumbre  sobre  cuál  es  en  concreto el hecho reprochado y en qué pruebas se apoya la  respectiva  declaración  sobre la responsabilidad del acusado, todo ello con el  fin  capital  de materializar el derecho de defensa, que se exterioriza aquí en  la  facultad  de  impugnar  o  rebatir  la sentencia de la cual se disiente y no  dificultar  tal  tarea por una defectuosa o ambigua elaboración del fallo. Pero  nada  de  ello ve esta Sala que ocurra frente a la sentencia impugnada, la cual,  por  último,  al ir precedida su parte resolutiva de “En razón y mérito de lo  expuesto”  (fl.  466),  la  parte  considerativa  hace  una  unidad escritural y  jurídica  con  la  resolutiva,  cuyo  primer  punto  de la que se revisa es del  siguiente tenor para ambos acusados:   

         “Condenar  al  doctor Andrés Mosquera Mosquera de las condiciones  civiles  consignadas  en  los  autos  a la pena principal de un año y un mes de  prisión  e  interdicción de derechos y funciones públicas hasta por un tiempo  igual al de la pena principal” (fl. 466).   

         No  se  remite  a  duda, entonces, a quién se condenó ni tampoco  por  qué delito, sin que la Sala deje de advertir que lo deseable y correcto es  que      en      la      parte     resolutiva     se     vuelva     expresamente  sobre  el  delito objeto  del  fallo  y las normas  que lo tipifican.   

         Como  no  prospera ninguna de las nulidades aducidas, se pasará a  examinar  el  contenido  del fallo impugnado frente al artículo 247 del Código  de Procedimiento Penal.   

           Certeza del hecho punible.   

         En  tal  sentido  se  ha  de dar por sentado que la resolución de  diciembre  30  de  1.993  (fl.  36  cdno.  No.  1) es  manifiestamente  ilegal  o  prevaricadora  (art. 149  C.P.),  pues precluye una investigación usurpando la  competencia  de la Fiscalía Regional que derivaba de  la  naturaleza  de  los  hechos  (art.  71-4  C.P.P.):  utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias,  prevista  en el artículo 19 del decreto 180 de 1.988,  adoptado  como  legislación  permanente en el artículo 4° del decreto 2266 de  1.991.   

         Tampoco  existía competencia en cuanto a la cantidad de marihuana  incautada  (11  gramos),  que  tornaba el hecho en contravención y de   competencia   en   ese   entonces   de   las  autoridades  de  Policía. Además,  la resolución de diciembre  30  también  resulta ilegal por ordenar la entrega de los revólveres retenidos  sin  que  se  acreditara  su  propiedad  y  por haber extendido la preclusión a  Hilder  Medina  y  a  José  Yoneduar  Montenegro,  quienes  de  ninguna  manera  habían   sido   siquiera    vinculados  a  la  instrucción,  sin  que  sobre  recordar  que  es la  propia  impugnación  la  que califica el mencionado proveído como un “adefesio  jurídico” (fl. 510 cdno. Nro. 2).   

         De  ahí  que  se  encuentre cumplido el primer requisito que para  condenar  prevé  el  artículo  247 inicialmente citado, es decir la “certeza  del hecho punible” de prevaricato (art. 149 C.P.).   

         RESPONSABILIDAD DEL ACUSADO MOSQUERA MOSQUERA.   

         Dígase  de  entrada  que esta Sala, en obedecimiento al artículo  217  del  Código  de Procedimiento Penal (modificado por el artículo 34 ley 81  de  1.993),  sólo  revisará  la  sentencia  recurrida  en  lo  que atañe a la  responsabilidad  del  susodicho  procesado,  pues,  tal  es  el  aspecto  que se  impugna.   

         La    asignación    ilegal    de    las   diligencias.   

     

         DORIS  CHICANGANA  TOBAR,  Asistente  Judicial  de  la Secretaría  común  de  la  Unidad Especializada y quien laboraba en el Grupo III (ley 30 de  1.986,  porte  ilegal  de  armas,  etc.) declaró que el Jefe Encargado de dicho  Grupo,  Amilkar Pinzón Camacho, le dijo que “iban a llegar unas diligencias que  debía  asignárselas  al  doctor  Velasco”,  según  había    ordenado    el   Jefe   de   la   Unidad   doctor   Andrés   Mosquera  Mosquera (fl.275).   

         Dicha  testigo  era  la  encargada  de asignar las diligencias que  llegaran   a  la  Unidad,  cosa  que  hacía   la  mayoría  de  las  veces  observando   de   manera   estricta  el     turno    respectivo.  Sin  embargo,  la transcrita frase atribuída a Pinzón Camacho  resulta  reveladora  del  interés que desde el puro  comienzo  tenía  Mosquera de que las diligencias le fueran repartidas al Fiscal  8o.  doctor  Andrés Felipe Velasco Noguera, interés  avalado  por  el  hecho de que el acusado Mosquera simultáneamente ordenara que  las  diligencias  se  radicaran  UNICAMENTE  por  infracción  a  la  ley  30 de  1.986   (fl.275  cit.),  pues  así  quedaba  por fuera o “mimentizado”  el  delito que justamente le daba a la competencia a  la   Justicia   Regional   (utilización  ilegal  de  uniforme  e  insignias), y también “se tapara” el delito de porte ilegal de  armas  de  defensa personal, con respecto al cual, como luego se verá, también  era palpable el interés del Jefe de Unidad.   

             Ahora  bien: no es cierto  lo  afirmado  por  los impugnantes en cuanto a que el  doctor  Velasco  Noguera se encontraba de turno y podía, por tanto, recibir las  diligencias,  pues  la referida testigo y la Jefe de la Secretaría Común de la  Unidad   Especializada,   María  Claudia  Sendoya  Millán  (fl.152)  dicen  lo  contrario  y  ratifican  la  reiterada  orden  del  doctor  Mosquera Mosquera de  asignarle  las  diligencias  DIRECTAMENTE  al  fiscal Velasco Noguera, cosa que,  unida  a  la  falta de competencia (se insiste que la misma era de la Regional),  motivó  también  los reparos del referido jefe del Grupo III, Pinzón Camacho,  y  del  Técnico  Asistente  de  la Fiscalía 8a., justamente a cargo de Velasco  Noguera  (fls.278  y  146).  Además dicho Técnico, Hermes Antonio Ocampo, dice  que  como  él  persistía  en  su  protesta  para  recibir el diligenciamiento,  Velasco  Noguera  le  dijo que le estaba haciendo un  favor al doctor Mosquera (fl.147).   

          

         Cobra  fuerza tal interés inicial por parte del acusado Mosquera,  si  se  recuerda  que  como  los  cuatro  testigos  en mención “protestaron y  vacilaron”  ante  la  orden  “verbal”  y  luego  telefónica  de asignar a  Velasco   las   diligencias,   un  empleado  de  la  Secretaría  Común  salió  rápidamente  y  regresó   con  la resolución  firmada  por el doctor Mosquera, ante lo cual no hubo  más opción que entregarle a Velasco el diligenciamiento.   

         Y  aquí  es importante anotar que en la inspección practicada en  el  libro  radicador de asignaciones se ratificó que el respectivo ‘reporte’  se hizo solamente por infracción  a  la ley 30 de 1.986 “sobre un renglón que aparece cubierto con corrector”  (fl.389),  con  respecto  al  cual  explicó  Chicangana  Tobar -presente en esa  diligencia-  que  ello  ocurrió  porque, hecha la primera radicación en que se  asignaba  el caso al Fiscal 8º, varios empleados de la Secretaría manifestaron  su   oposición  a  recibir  diligencias  de  competencia  de  la  Justicia  Regional,  ante  lo  cual  ella le pasó el corrector por encima,  a fin de  dejar   libre  “la  partida”  para  otra  radicación,  pero  que  ante  las  advertencias  de que era una orden del Jefe de Unidad, doctor Mosquera Mosquera,  volvió a hacer la radicación en el mismo espacio (fl.390).   

         

         Conviene  anotar  que  el  citado  Técnico Judicial Hermes Ocampo  declaró  que  como el se abstenía de firmar cuanta diligencia se practicara en  ese  proceso  (pues  se  repite  que no compartía que se tuviera competencia al  respecto),  el  acusado Mosquera Mosquera lo llamó a su oficina y le pidió que  lo  hiciera,  “que  no  había  problema,  que  eso  ya  lo  sabía el jefe”  (fl.147),  refiriéndose  a  Velasco  Noguera,  ante lo cual el se dirigió a la  Secretaría  y  firmó,  incluso  la  resolución preclusoria de diciembre 30 de  1.993,  y en ampliación de testimonio ratifica las palabras del doctor Mosquera  de   que   el   citado   Velasco   Noguera   “ya   estaba   enterado”(fl.255  infra.).   

         Es  bueno  hacer  ver que el decreto 2269 de 1.991  (Estatuto  Orgánico  de  la  Fiscalía)  y  la  resolución reglamentaria 064, art.9o., le  imponían  a  Mosquera,  como  Jefe  de Unidad, revisar primero si los casos que  recibía  eran  o  no  de  su  competencia  y  hacer luego las asignaciones  respectivas, cosa que no hizo aquí.   

         Igualmente  aparece  creíble  la  opinión  de  la testigo María  Claudia  Sendoya  Millán de que el proceso fue “precluído rápidamente” el  30  de  diciembre de 1.993, porque el 1o. de enero de 1.994 la doctora Doris Paz  de  López  reemplazaría al doctor Mosquera Mosquera como Jefe de Unidad y ello  “dificultaba  las cosas”(fl.155), agregando la testigo que Mosquera admitió  públicamente  las  “presiones  sobre  Velasco”, ya que tanto el uno como el  otro “no tenían ningún recato” (fl.cit.).   

         La  impugnación  dice  que  dicho  relevo no se produjo el 1o. de  enero  sino  el 11, lo cual es cierto, mas carece de la importancia que allí se  le  da  frente al compromiso penal del doctor Mosquera, pues no se vé cómo esa  diferencia   de   10   días   incida   en   la   concreta  imputación  que  se  examina.   

         Por  otro  lado,  y para ratificar la credibilidad que merecen los  citados  testigos  de  cargo,  conviene  recordar  que  fue precisamente Sendoya  Millán  quien  formuló la queja por el préstamo de la motocicleta que Velasco  hizo  a  Mosquera,  la  cual  resultó  involucrada  en  el  homicidio  de “un  periodista y un ex alcalde” (fl.154 infra.).   

         Las  declaraciones  de los testigos de cargo que se han mencionado  de   verdad   que   merecen   entera   credibilidad  (art.  294 C.P.P.), pues no se ve que tengan razones  para  distorsionar  la  verdad  de  lo ocurrido con respecto a la “asignación  directa”  que  hizo  Mosquera  a  Velasco  Noguera.  Por el contrario, como se  desprende  de  lo  anotado,  la  OBJETIVIDAD  de las circunstancias que rodearon  dicha  asignación   le  da  franco  respaldo a  dicha prueba testimonial.   

         Y  que  el  mencionado  Jefe  de  Grupo  Amílkar  Pinzón Camacho  califique  de “salida de todo juicio” (fl.278) la declaración de Chicangana  Tobar  se  explica  porque  es  evidente  su  ánimo  de  favorecer  al doctor  Mosquera,  pues  no  solamente  dice  que  el doctor  Velasco  Noguera  sí estaba de turno (fl.281), sino que no le consta la probada  orden  de  asignación  proveniente  de Mosquera (“quien vivía muy ocupado”  dice  a  fl.284), y que la testigo María Claudia Sendoya Millán “quería que  yo  dijera  algo  en  su contra… todo puede ser una trama para desprestigiar a  una  persona”  (fl.287),  refiriéndose  al  doctor  Mosquera. Sin embargo, el  mismo  Pinzón  Camacho  declaró que de todos modos le extraño que la Unidad a  cargo  de  dicho  acusado   fuera  a asumir una competencia de la Fiscalía  Regional.   

         Ahora  bien:  que el referido Mosquera Mosquera no haya firmado la  declaración  que  en  la  Unidad  rindió el mencionado capitán Oswaldo Parada  Escobar,  del batallón José Hilario López, es cosa que desde ningún punto de  vista  incide  en  la  responsabilidad  penal que aquí se le está deduciendo a  aquél,  como  tampoco  las  consideraciones que hacen los impugnantes sobre las  “mentiras  de  Velasco  Noguera”  en  cuanto  a las “presiones” que para  proferir  la  resolución  preclusoria  de  diciembre  30 ejercieran el Director  Seccional  de Fiscalías (doctor Miguel Angel Muñoz Paladines) y el coprocesado  Mosquera,   “presiones”  que,  hacen  notar  los  impugnantes,  curiosamente  corroboran  dos  amigos  de  Velasco:  Julio  César Aguilera Piamba y Guillermo  Bejarano  Alzate (fl.233 y 414), y es que si bien pudieron surgir desaveniencias  entre  los  coprocesados  en torno al reprochable quehacer que desplegaban   la  amistad  entre  los  dos  es  un  dato procesal conocido y que no se pone en  entredicho,  así  el  doctor  Mosquera  diga que últimamente el comportamiento  “exasperante”  de  su  antiguo compañero de colegio  (Velasco Noguera)  motivó  que  las  relaciones  entre ambos llegaran a un “rompimiento total”  (fl.267),   lo   que   tampoco  se  exhibe  cierto,  ya que el testigo Pinzón Camacho (de quien se acaba  de  decir  que  trata de favorecer a Mosquera), declaró que no obstante ignorar  los  “enfrentamientos”  entre  los  dos,  “a  la  vez corroboro que en una  pequeña  fiesta  que  se  realizó con motivo de la despedida del doctor ANDRES  MOSQUERA  MOSQUERA  como  Jefe  de  la  Unidad  estuvimos  todos sus subalternos  compartiendo  en  la  casa  del  Dr.  ANDRES  FELIPE VELASCO NOGUERA” (fls.289  infra.y 290).   

         Tal  circunstancia,  de  la cual no existe razón para dudar, hace  legítimo  afirmar  la  amistad  entre  ellos  y  la  manera mutua de “hacerse  favores”.   

         Tampoco  resultaron  ciertas  las aseveraciones del acusado doctor  Mosquera en cuanto a que a instancias suyas se iba a  vigilar  la  conducta  del  doctor  Velasco Noguera (tal cosa la sugirió fue el  doctor  Mauricio  Cifuentes  Guzmán,  fls.55  y  128  cdno.No.2)  ni  que  haya  advertido  al  entonces  Personero  Delegado  en  lo  penal, doctor Luis Eduardo  Astaiza   Ordoñez,   “que   le  pusiera  mucho  cuidado  a  las  providencias  proferidas” por dicho Fiscal 8o.   

         El  hecho  -de  ser  verídico- de que Mosquera haya solicitado al  Director  Seccional  doctor  Muñoz  Paladines  el  traslado  de  María Claudia  Sendoya  Millán  (fls.55  y 127), es cosa que nada dice en su favor de Mosquera  Mosquera,  sino  más bien en su contra, pues dicha dama le formuló una queja a  Mosquera  por  “acoso  sexual”,  como  consta  en  el  proceso disciplinario  respectivo (fl.87 cdno.No.2).   

         Aquí  es  pertinente  anotar  que una vez la doctora Doris Paz de  López  recibió  del doctor Mosquera Mosquera la Jefatura de la Unidad, ella se  negó  a  cumplir  la  resolución  preclusoria de diciembre 30, en cuanto ésta  ordenaba  entregar  las  armas  incautadas,  pues  consideró  que  no se había  acreditado  la  propiedad,  y  mediante  resolución  de  mayo 7 de 1.994 (fl.63  cdno.No.1)  dispuso la expedición de copias a la Fiscalía Regional por estimar  que  la nombrada resolución únicamente había cobijado la infracción relativa  a  la  tenencia de la marihuana, disponiendo a la vez otra expedición de copias  ante   la   Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Popayán,  justamente la que dio origen a este proceso.   

         El móvil de esa asignación ilegal.   

         Sobre   el  mismo  y  para  exhibirlo  inexistente,  discuten  los  recurrentes,  pero  aparece claro en el expediente que apenas le fue asignado el  caso  al  doctor  Velasco  Noguera,  éste y su Técnico Judicial Hermes Antonio  Ocampo  hicieron  constar  que “en las horas de la mañana se hizo presente el  capitán   del   Ejército  OSWALDO  PARADA  ESCOBAR,  manifestando  que  tenía  conocimientos  de  que se habían incautado unas prendas de uso privativo de las  Fuerzas  Militares  y  que  en  el  operativo  se había retenido a una mujer de  nombre  MILJEN  ROVIRA  MEDINA,  quien  labora  como informante del Ejército”  (fl.17 cdno.No.1).   

         Se  ordenó entonces oír en declaración al citado oficial, quien  dijo  ante  el  Jefe  de  la Unidad Especializada, el acusado Mosquera (quien no  suscribe   la   diligencia,   fl.18),   pertenecer  a  la  Sección  Segunda  de  Inteligencia  del  Batallón José Hilario López, y que MILJEN, “al igual que  los  otros  dos  señores  que  habitan  en  esa  casa”,  son  informantes del  Ejército  en  calidad  de  ex  subversivos  y  a  quienes, además, el referido  Batallón  les  entregó  las  armas y las prendas para que se infiltraran en la  guerrilla (fl.18).   

         En  estrecha  armonía  con  ello  véase cómo el citado Técnico  Hermes  Antonio Ocampo declaró que varias veces miembros del Ejército Nacional  habían   hecho  “recomendaciones”  al  doctor  Velasco  Noguera,  “porque  querían  que las armas y los elementos de uso privativo les fueran devueltos”  (fl.150 infra.).   

         Esas  “relaciones” que  los “coprocesados” Mosquera y  Velasco  tenían  con el Batallón José Hilario López se entienden mejor si se  recuerda  que  el  segundo de los mencionados prestó al primero una motocicleta  que  hacía  parte  de  un  proceso,  y  que  Mosquera,  a su vez, la prestó al  referido  Batallón, hecho por el cual Velasco fue destituido (fl.253 cdno.No.2)  sin  que  se  sepa  qué  suerte  corrió el doctor Mosquera, a cuyo respecto se  adelantó la investigación disciplinaria por separado.   

         Es  decir  que antes de “la asignación” de las diligencias al  doctor  Velasco, ya ambos acusados venían haciendo favores al Ejército, lo que  avala la voluntad (“movil”) de favorecer a dicha Institución.   

         En  ese mismo sentido aparece que Hilder Medina, imputado como uno  de  los  sicarios  que  en  la  muerte  de  varias personas utilizó la referida  motocicleta,  sea  hermano  de  MILJEN, y favorecido también con la resolución  preclusoria  de  diciembre  30  de  1.993, sin haber sido, repítese ni siquiera  vinculado  a  la  investigación, pues apenas aparece mencionado como una de las  personas   que  acompañaban  a  MILJEN  cuando  se  practicó  en  su  casa  el  allanamiento  que  dio origen a las diligencias que finalmente el doctor Velasco  terminó con preclusión.   

         La “personalidad” del acusado Mosquera Mosquera.   

         La  impugnación  de  la  sentencia  que  se  revisa insiste en la  “inmaculada”  personalidad del citado doctor, pero la Jefe de la Secretaría  Común  de  la  Unidad Especializada, doctora María Claudia Sendoya Millán, ya  adelantado  este  proceso,  se  ofreció  a  declarar  renunciando a hacerlo por  certificación  jurada  (fl.  74  cdno.  No. 2), para decir que el  acusado  doctor  Mosquera  Mosquera  le  ha  hecho “una serie de amenazas” por su erguida  posición  en  este  proceso,  a  más  de que en su momento ella advirtió a la  nueva  Jefe  de  Unidad (doctora Doris Paz de López) que las diligencias en las  cuales  se  dictó  la  resolución ostensiblemente ilegal “trataron de hacerlas  desaparecer”,   actos   posteriores   al   delito   que   también  constituyen    indicio    del   compromiso   penal   del   acusado  Mosquera.   

         Dicha  testigo  narra,  además,  lo referente a la pérdida de la  parte  de  un  proceso  que  se adelantaba por un delito contra la libertad y el  pudor  sexual,  de  la  cual  informó al doctor Mosquera, sin que éste hiciera  absolutamente  nada  durante  aproximadamente  un  año, hasta que entregó a la  Doctora  Doris  Paz  la  Jefatura,  y  el  expediente  apareció (fl. 80 supra).   

         Y  aún  agrega  a  folio  81:  “Otra  cosa que no sé si se esté  investigando  ya, pero entre las cosas irregulares que hacía el doctor Mosquera  era  la  práctica  de  allanamientos solicitados exclusivamente por un sargento  FLORES  y sargento GUTIERREZ, del Batallón José Hilario López. Entiendo que a  estos  militares  los  está  investigando  la  Procuraduría  Delegada ante las  Fuerzas Militares”.   

         Además,  Pablo  Andrés  Casas,  ex empleado administrativo de la  Fiscalía,  declaró en el sentido de que las otrora buenas relaciones con dicho  acusado  empezaron “a dañarse un poco porque me empezó a exigir repuestos para  algunos  vehículos  que  se encontraban decomisados y eran usados por él” (fl.  214 supra).   

         Así  las cosas, se ha de reconocer como desvirtuada la insistente  inocencia  del  doctor  Mosquera Mosquera con respecto a su participación en el  delito    por    el    cual    el   Tribunal   lo   condenó   en   calidad   de  determinador.   

         Esta  Sala  de  casación  no  comparte la referida determinación  delictual,  pues  ve  claro  que  desde  antes  de  que llegaran las diligencias  -contra  Miljen Rovira Medina Hidrobo- a la Unidad Especializada de la Fiscalía  Seccional  de  Popayán  (20  de  diciembre  de  1.993, fl.14), ya los referidos  coprocesados  estaban  de  acuerdo  para  llevar  a  cabo la delincuencia:   Mosquera  Mosquera  asignando a Velasco Noguera dicho expediente (res. diciembre  20   de  1.993,  fl.14  cit.)  y  éste  procediendo  a  emitir  la  resolución  ostensiblemente ilegal de diciembre 30 (fl.36 cit).   

         Como   para  que  el  Fiscal  8o.  Especializado,  doctor  Velasco  Noguera,      profiriera      dicha      resolución,      era      absolutamente  imprescindible  que  el  Jefe  de  la  Unidad  Especializada,  doctor  Mosquera  Mosquera, le asignara el  conocimiento  del  proceso,  la  COAUTORIA  emerge  evidente  como  división de  quehaceres encaminados a un fin común: precluir la investigación.   

         Ese   aporte   “material”   del   doctor   Mosquera   Mosquera  excluye   la  calidad  de  determinador  que  se  le  atribuye,  pues  es  bien  sabido  que  en ésta es  indispensable  que el determinador no quiera ejecutar el acto por sí mismo y se  vale  entonces  del  “determinado”  para  que  sea  éste  quien lo ejecute,  limitándose  él  exclusivamente a hacer nacer en aquél la idea delictiva, por  lo  cual  se  le  conoce  también como “autor intelectual, “instigador” o  “inductor”.  Pero  si, como en este caso, entre ambos realizan -materialmente       también,  repítese-  la  conducta,  la  referida  coautoría  surge  nítida, sin que sea  innecesario  recordar  que tanto la determinación como la autoría están  punidas  de  igual  grado  en  el artículo 23 del Código  Penal.   

         El   proceso   entonces  nítidamente  muestra  que,  desde  antes  de  que  las diligencias  llegaran  a  la  Secretaría  Común  de la Unidad Especializada, los coacusados  Mosquera  Mosquera  y  Velasco  Noguera “planearon” el delito de prevaricato  por el cual vienen condenados.   

         Finalmente,  se  ve  claro  que  al  haberse acusado y condenado a  Mosquera  Mosquera  como “determinador”, este error en el término utilizado  para  precisar  el  grado  de participación (que es de “coautoria”, como se  dijo)  no  entraña  materialmente  irregularidad  ninguna,  pues de todos modos  dicho  acusado  conoció enteramente y se defendió de los cargos por los cuales  fue  sentenciado,  siendo  entonces  el  referido  yerro  conceptual  un aspecto  meramente  nominal  que  en  nada  incidió  en  el  derecho de defensa de dicho  procesado.   

         En  estos  términos,  pues,  se  confirmará  el fallo impugnado,  siendo  dable  responder  a los apelantes que no es cierta la afirmación de que  para  que  se tipifique el delito de prevaricato es imprescindible que el sujeto  activo  se  proponga obtener “un provecho”, pues para la cabal tipificación  es   suficiente   que  aquél,  con  conocimiento  y  voluntad   (es  decir  dolosamente)  profiera  una decisión manifiestamente contraria a la ley, la que  ya  se  dijo,  ostenta  la  cuestionada  resolución de 30 de diciembre de 1993,  aparte  de  que  también  quedó  precisado  “el  móvil”  que tuvieron los  doctores   Mosquera  y  Velasco  en  dicho  punible  contra  la  Administración  Pública.   

         En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

         1.- DENEGAR la nulidad propuesta por la defensa y,   

         2.- CONFIRMAR la sentencia apelada.   

Cópiese,   notifíquese   y  cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                             JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA                        

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE             EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR                                                                                                         No hay firma   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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