14176j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14176  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                           Magistrado Ponente:   

                                                                       EDGAR     LOMBANA  TRUJILLO   

                                                                 Aprobado  por  Acta  No.117   

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  diez  (10) de  agosto de mil novecientos noventa y  nueve (1999).   

          V I S T O S   

          Mediante   este  auto   la  Sala  inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LUIS  ALFREDO VALENZUELA contra la  sentencia  de  diciembre  6  de  1995, mediante la cual el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Santa Marta condenó a dicho acusado a 4 años de prisión  por el delito previsto en el artículo 33 de la ley 30 de 1986.   

A N T E C E D E N T E S  

          1.-   Dicho  ciudadano  fue  capturado  por agentes de la Policía hacia las ocho de la noche  del  3  de diciembre de 1994 en su residencia ubicada en la carrera 16E Nro.4-50  de  Santa  Marta,  ya  que  en la misma se hallaron “tres panelas de marihuana  prensada” en cantidad de 7.500 gramos.   

          2.-  En  versión  libre (fl.3) dijo el imputado que no sabe quién  dejó a guardar  en su casa la referida sustancia.   

          –   La   Unidad   Fiscal  15  abrió  investigación  (fl.6)  y  en  indagatoria  el  sindicado  (fl.8)  repitió  su  inocencia con respecto a “la  bolsa” que encontraron los agentes en su casa.   

          -Practicadas  otras pruebas y decidida la detención preventiva del  sindicado  (fl.45),  la  instrucción  se  clausuró  y  mediante  proveído  de  febrrero  10  de 1995 (fl.76) se le acusó por infracción al artículo 33 de la  ley 30 de 1986.   

          3.-  El  Juzgado  4º  Penal  del  Circuito de Santa Marta celebró  audiencia   pública  (fl.120)  y,  en  armonía  con  la  acusación,  mediante  sentencia  de  agosto  15  de  1995  (fl.125) condenó al procesado a 4 años de  prisión,  fallo  que,  apelado  por  la defensa, fue enteramente confirmado por  medio  del  que  ahora  es  objeto de la impugnación extraordinaria (fl.3 cdno.  Trib.)   

            Dicho  fallo se fundamentó en la situación de flagrancia en que  fue   sorprendido  y  capturado  Luis  Alfredo  Valenzuela,  la  cual   fue  corroborada  por los testimonios de los agentes de la Policía que incautaron la  marihuana   y   los  que  aparecen  en  el  proceso  “verosímiles,  directos,  espontáneos   y   no   tienen   ningún  ánimo  torticero  ni  de  represalia,  retaliación  o  venganza con el propósito de perjudicar al procesado” (fl.10  supra, cdno. Trib.)   

          La demanda:   

          Luego  de  identificar  los sujetos procesales y hacer la síntesis  de  los  hechos  y de la actuación, plantea el censor dos cargos a la sentencia  de  segunda  instancia,  el  primero  con fundamento en  la  causal  primera  del  artículo  220  del Código de Procedimiento Penal por  “violación  de  una  norma  de  derecho sustancial, que proviene de error en la  apreciación  de  determinadas  pruebas”  y  el  segundo  con  base en la causal  tercera de casación.   

          Dicho  cargo  se  funda  en  que a juicio de Censor se incurrió en  error  en  la  apreciación  de la indagatoria, pues esta constituye presunción  legal  de  inocencia, pero además explica que había sido la esposa del acusado  quien  recibió  el  paquete  con  el estupefaciente, pero que Valenzuela Vargas  resolvió  decir  que esos elementos eran suyos para que no se llevaran detenida  a  su  esposa.  Como  la esposa del procesado no fue citada a declarar y tampoco  las  personas que mencionara el procesado, el Tribunal transgredió el artículo  5o.  del  Código Penal que proscribe toda responsabilidad objetiva, al no haber  demostrado el elemento subjetivo.   

          Hace  a  continuación  un  parangón  entre este proceso en que se  condena  al acusado sin prueba de culpabilidad y el proceso adelantado en contra  del  Presidente  de la República donde se le absolvió, pese a la existencia de  prueba en su contra.   

          Como  pruebas  de  esta  causal  dice  invocar  la  indagatoria, la  declaración  de Aminta Cerquera, quien afirma que el procesado no sabía que la  bolsa  había  llegado  a  su casa, el informe de la policía sobre ausencia del  señor  Valenzuela  al momento de descubrir el estupefaciente y las versiones de  los  agentes  Blanca Medina, Sergio Barraza y William Guevara, quienes ratifican  la ausencia de Valenzuela en ese momento.   

          Añade  algunas  críticas  a  la credibilidad de los uniformados y  sin otra consideración concluye el ataque.   

          En  el  segundo  cargo  invoca la causal  tercera  de  casación,  y  dice  que  el  proceso  está viciado de nulidad por  violación  del  artículo 29 de la Constitución Política y los artículos 2 y  249  del  Código de Procedimiento Penal, por cuanto se incurrió en error sobre  la  denominación jurídica del delito, ya que se acusa por infracción a la ley  30 de 1986 cuando ha debido serlo por el delito de encubrimiento.   

          A  manera  de  desarrollo  de  esta  censura  se citan de nuevo los  artículos  preindicados  y  se  añade  que  era deber del funcionario judicial  investigar  con  igual celo las circunstancias que demostraran la existencia del  hecho  y  agravaran  o  atenuaran  la  responsabilidad  del  imputado  y las que  demostraran  su  inexistencia,  o  eximieran  de  responsabilidad.  Para el caso  presente  las excusas del procesado dadas en su indagatoria no fueron evacuadas.  Por  vía  de  ejemplo  no se escuchó al agente de la Policía Barrios Mendivil  Luis,  quien  había  dicho  que vio cuando el procesado cargaba marihuana en un  camión,  pero que pese a ello no intervino incautando la sustancia o reteniendo  al  infractor,  sino  que se limitó a llamar a la policía; tampoco se llamó a  Víctor  Caballero para que aclarara si se había encontrado o no con Valenzuela  en  el mercado público de Santa Marta en la tarde del día de los hechos; no se  practicó  inspección  en  la  casa del acusado ni en su vehículo para indagar  sobre  la  presencia  de  residuos  o muestra de la sustancia; tampoco se llamó  inmediatamente  a  Aminta Cerquera para que declarara. En su lugar aporta y pide  que   se   tenga   como   prueba   la   cédula   de   ciudadanía  “del  señor  Carrillo”.   

          Como  petición  con la cual remata el exiguo escrito se le propone  a  la  Corte que si llegara a encontrar de oficio otra causal de nulidad proceda  así  a  declararla ordenando la casación de la sentencia por violación de las  garantías fundamentales.   

          CONSIDERACIONES DE LA CORTE:   

          La  demanda materia de examen no cumple con las exigencias de forma  que  para  un  acto  de  esta  índole  exige  el  artículo  225 del Código de  Procedimiento  Penal,  motivo  por  el  cual  tendrá  que ser rechazada, lo que  conduce a la deserción del recurso interpuesto.   

         En  efecto,  si  bien  el casacionista se preocupa por indicar los  sujetos  procesales, los hechos y los antecedentes de la actuación, cuando a la  causal  de casación se refiere en cada uno de los dos cargos que plantea, a tal  punto  lo  hace  de manera informal e incompleta que le impide a la Sala conocer  el  verdadero  propósito  de la impugnación y con mayor razón los fundamentos  sobre los cuales ella reposa.   

         1.-  En  el  que  denomina  cargo  primero  de la demanda omite el  censor  precisar  si  la  violación  indirecta  de la ley se dio por errores de  hecho  o  de  derecho  y  en  cada caso prescinde de explicar cuál fue el falso  juicio en que pudo incurrir la sentencia.   

         Es  así  como  se  limita  a señalar que la prueba supuestamente  analizada  de  modo  equivocado  fue  la indagatoria, pero más allá de dar una  leve  noción  de su contenido jamás señala si el error del juez se dio porque  no  la  tuvo  en  cuenta,  porque  la  deformó  o la supuso, porque la recaudó  ilegalmente  o  porque  pese  a  estar  obligado a darle un valor predeterminado  incurrió en privarle de ese mérito de convicción.   

         Además,  no  indica  qué  incidencia  tuvieron  en  el fallo las  versiones  de  Aminta  Cerquera,  el informe de policía, los testimonios de los  agentes  Medina,  Barraza  y  Guevara,  ni  qué tiene que ver la ilogicidad que  acusa  respecto  de  la  versión  del  agente Barros Mendivil con la equivocada  apreciación     demostrativa     que     enunció    con    respecto    a    la  indagatoria.   

         En  resumen,  el  cargo  se  compone  de una serie deshilvanada de  afirmaciones  carentes de coherencia con el reproche que a lo sumo podría tener  alguna  connotación  en  sede  de  instancia, pero ninguna relevancia frente al  recurso  extraordinario,  que  por  rogado,  y  por el principio de limitación,  (art.228  C.P.P.)  no  le  permitirá  a  la  Corte interpretar, complementar ni  corregir   los   vacíos   e   incoherencias   con   los   cuales   lo  pretende  sustentar.   

         La  deficiencia,  pues,  que  caracteriza  este  primer cargo hace  imposible  ingresar  a un análisis de fondo y es forzoso, en cambio, el rechazo  del libelo.   

         2.-  En  el  cargo de nulidad, la falta  de  claridad  y  precisión del escrito es semejante.  En efecto:   

         Ya   se  advirtió  que  con  invocación  de  los  artículos  29  Constitucional  y  2  y 249 del Código de Procedimiento Penal pregona el censor  un error en la calificación jurídica de la infracción.   

         Sin  embargo,  cuando  se  espera  que  la  argumentación entre a  probar  que  aquí  se daba un delito de encubrimiento y no una infracción a la  ley  30  de  1986, todo el razonamiento cambia a sustentar que no se realizó el  principio  de la investigación integral, pues fueron varias las pruebas dejadas  de recaudar.   

         Con  este  modo  de pensar el primer ataque se abandona en el solo  enunciado,  y  la  segunda  alternativa, ni siquiera formulada como corresponde,  tampoco  pasa  de  ser una lista de posibles pruebas omitidas, pero sin que se indique la trascendencia de tal falencia.   

         Peor  aún: convencido tal vez el casacionista de las deficiencias  que  acusó  su  planteamiento,  propone  que la Corte busque cualquier vicio in  procedendo,  cual  si  su  función  en esta sede fuese la de intervenir de modo  oficioso  sin  que  el  inconforme  haya  cumplido  con  el  deber  elemental  e  imprescindible de abrir camino a un pronunciamiento de fondo.   

         Y  es  tan  inconsecuente la censura que hasta incluye una cédula  de  ciudadanía  con  la  esperanza  de  que  se tenga como prueba en el recurso  extraordinario,   cuando   es   sabido   que   éste   carece  de  oportunidades  probatorias.   

         El  escrito  de demanda, pues, no otorga los elementales supuestos  que  den  cabida  a una decisión de mérito, y ello conduce indefectiblemente a  su rechazo.   

         Es  de  observar  que en el Tribunal a quo medió una considerable  demora  en  la  remisión  del  expediente  a  esta  colegiatura, lo que podría  redundar  en una posible falta disciplinaria (el oficio remisorio del expediente  sólo  es  recibido  en la Corte el 11 de febrero de 1998). Sin embargo, como el  Magistrado  sustanciador  en  esta sede ya dio noticia de ello a las autoridades  (fl.3  cdno.  Corte),  no  hay  lugar  a  otra  intervención de la Corte en tal  sentido, mas allá de la sola observación que aquí se deja.   

                    

         En  mérito de lo expuesto la Corte Suprema de Justicia en Sala de  Casación Penal,   

         R E S U E L V E   

1o.           RECHAZAR  IN  LIMINE  la  demanda  de  casación   presentada   a   nombre   del   procesado  LUIS  ALFREDO  VALENZUELA  y,   

2o. Declarar como consecuencia la deserción  del recurso extraordinario interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno (art.197 y 226 del Código de Procedimiento Penal)   

         

         Cópiese, comuníquese y cúmplase.   

        JORGE ÁNIBAL GÓMEZ GALLEGO   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON     PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

         

    

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