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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 14155  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                     Aprobado Acta N° 146   

          Santafé   de   Bogotá   D.C.,  veintiocho  de  septiembre  de  mil  novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

            En orden a establecer el cumplimiento de los presupuestos de forma  que  para  su  admisibilidad exigen los Arts. 225 y 226 del Código de P. Penal,  se  ocupa  la  Sala  del  examen  preliminar  de  la demanda de casación que el  defensor   de  EDGAR  JAVIER  RUEDA  LEMOS  presentó  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior de Cali,  confirmatoria  con  modificaciones  de la del Juzgado Segundo Penal del Circuito  de la misma ciudad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  el  mes  de  marzo  de  1993,  aduciendo  dificultades  de  tipo  presupuestal  para  poder cumplir con los compromisos del municipio, el tesorero  de  Barbacoas  (Nariño),  Edgar Esteban Barreiro Cortés, en nombre del alcalde  EDGAR  JAVIER  RUEDA  LEMOS,  solicitó  a  José Cástulo Sevillano Cabandy en la ciudad de Cali un préstamo  por  la  suma  de  diez  millones  de  pesos  ($10.000.000), pedido que mediante  comunicación telefónica ratificó el burgomaestre.   

Seducido  por  halagüeños  intereses,  el  prestamista  accedió  a proporcionar el dinero, suma que tanto el tesorero como  el  alcalde dijeron garantizar con un cheque por la cantidad de doce millones de  pesos  ($12.000.000), sumados capital e intereses, que libró Barreiro contra la  cuenta  corriente  N°  179-32631-9  que  el municipio de Barbacoas tenía en el  Banco  de  Bogotá, Sucursal Belalcázar-Pasto, para ser cubierto en el término  de cuatro meses.    

Presentado al cobro el título valor un año  después  por  el  beneficiario,  el  girado  lo devolvió sin pago por estar la  cuenta saldada.   

          Denunciado  el  hecho, la Fiscalía 20 Seccional de Barbacoas abrió  formal   investigación   y   vinculó   mediante   indagatoria  a  los  citados  funcionarios  de  la administración municipal -alcalde y tesorero-, pero fue la  Fiscalía   11   Seccional   de   la   Unidad  Especial  de  Delitos  contra  la  Administración  Pública  de  San  Juan de Pasto la que definió en últimas la  situación  jurídica  de los encartados con medida de aseguramiento de caución  prendaria.   Perfeccionada  en  lo  posible  la investigación y clausurada  ésta,  dicha  dependencia  por  resolución de diciembre 6 de 1995 calificó el  mérito  probatorio  del  sumario  y  acusó a Barreiro Cortés y a RUEDA  LEMOS  como coautores del delito de  estafa      cometido      en     detrimento     patrimonial     de     Sevillano  Cabandy.                        

          Ejecutoriado  el  pliego  de  cargos,  el conocimiento del juicio lo  asumió  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Santiago de Cali y agotado su  trámite,  conforme  con  la  acusación  finiquitó  la  instancia con fallo de  condena  del  11  de  septiembre  de 1996, imponiéndole a los justiciables pena  privativa  de la libertad de veinte meses de prisión, la pecuniaria consistente  en  multa  por valor de tres mil pesos, y la obligación de pagar solidariamente  los  perjuicios  por  una  cuantía de doce millones de pesos, al tiempo que les  concedió   el   subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional.   

          Impugnada  la  sentencia  de  primer grado, el tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Cali la confirmó con modificaciones mediante la suya del  7  de  abril  de  1997,  fallo  este  contra el cual el defensor de RUEDA    LEMOS   interpuso   el   recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

          Tres  cargos  contra  la  sentencia  de  segundo  grado  formula  el  censor:   los dos primeros como principales al amparo de la causal primera,  por  infracción  directa de los artículos 2° y 356 del C. Penal;  y 23 y  24  del  mismo  texto, en su orden. Y el tercero, como subsidiario, sin precisar  la naturaleza ni el sentido de la supuesta violación.   

               PRIMER       CARGO.   

          Con   la   advertencia   de   que  no  va  discutir  “de  ninguna manera” los hechos, afirma el  casacionista  que los acontecimientos juzgados no corresponden a la descripción  contenida  en  el  artículo  356  del  Código Penal, como quiera que por parte  alguna   se   percibe  “el  engaño,  el  ardid,  la  maquinación,  o  las  maniobras  engañosas  ejercidas  por el procesado, EDGAR  ESTEBAN  BARREIRO CORTES, para procurar la realización del contrato de mutuo al  cual  se hace referencia tantas veces en el proceso”,  puesto  que  el  citado  justiciable no fingió ni simuló calidad alguna cuando  concurrió  ante  quien  le  facilitó  el  dinero  en  préstamo,  como  que se  conocían      desde      antes      y     a     más     de     “compadres”  eran  oriundos  de  la misma  población  de  Barbacoas,  siendo  éste  sabedor  de  la  función  que aquél  ejercía  en  la administración municipal de esa localidad. Además, agrega, el  cheque  se  libró contra la cuenta corriente de la municipalidad encontrándose  ésta   vigente,   título  valor  sobre  el  cual  el  alcalde  de  la  época,  EDGAR  JAVIER RUEDA LEMOS, no  estampó su firma.   

          No  hubo  engaño, repite, por el contrario, el contrato de mutuo se  celebró  de  buena fe al punto que instaurada la respectiva demanda ejecutiva y  librado  el  correspondiente  mandamiento  de  pago, el proceso civil pertinente  culminó  con diligencia de conciliación.  Si bien es cierto en su momento  la  cuenta corriente se halló saldada, ello obedeció a la fusión del Banco de  Bogotá  al  cual  pertenecía  ésta  con  el  Banco  del Comercio y no a truco  alguno,  puesto  que  así  lo  demuestra  el  hecho  de  que la entidad oficial  “lejos  de  desconocer  u  objetar el título valor,  convino   en   cancelar   la   obligación  contenida  en  el  mismo”.   

          Ha  de  reafirmarse,  advierte  el  censor,  que  el  objeto  de  la  investigación    se    orientó   a   establecer   si   mediante   engaño se despojó a Sevillano Cabandy de  la  suma de diez millones de pesos “con el propósito  de   perjudicarlo  económicamente”,  o  si  lo  que  existió   entre   las   partes   fue   un  contrato  de  mutuo  “común  y  corriente”;  y aunque las dos  instancias  encaminaron  sus  esfuerzos  en  forma  errónea a especular si esos  dineros  sí habían ingresado a las arcas oficiales, como lo había manifestado  el  tesorero  municipal  de Barbacoas, tal circunstancia no tuvo la entidad para  determinar  la  entrega del numerario como quiera que la acreencia se garantizó  debidamente,  porque  el  propósito  del  tesorero de Barbacoas no fue otro que  buscar  solución  a  las  apremiantes  necesidades  de su municipio, aspecto no  contradicho  en  forma  alguna  en  el expediente, además de que ninguna prueba  indica  lo  contrario.   Es  que el caos en que se manejaba la contabilidad  del  ente  territorial  y  la  ausencia de un sistema de datos que proporcionara  información   confiable  sobre  los  ingresos  y  egresos  oficiales,  impidió  establecer  si  Barreiro  Cortés  se  apropió  de la gruesa cifra, concluye el  censor.   

          Todo  indica que lo que existió simple y llanamente fue un contrato  de  mutuo  cuyo  cumplimiento  se garantizó con un cheque emitido con todas las  formalidades  requeridas,  instrumento  cartular  que fue el sustento del juicio  ejecutivo.  Luego,  entonces,  no es que el tesorero fuera una persona avezada y  el  prestamista  un ingenuo que no pudiera medir los alcances del contrato, como  se   les  quiere  hacer  aparecer  al  hablar  de  un  desequilibrio   que   el   primero   aprovechó,  pues  “Sevillano  Cabandy era y  es  un personaje normal, capaz de entender y de saber lo que hacía. Y lo cierto  es  que lo que hizo o pactó con su compadre -hay que reiterarlo- fue un lícito  contrato  garantizado  con  un  título valor que sirviera de recaudo ejecutivo.  Eso  es lo que aparece aquí de manera inconfundible. Háganse los esfuerzos que  se  quieran  y  no  se  encontrará  un  pacto  que  lleve  la  impronta  de  lo  delictivo”.  De  aceptarse  el  engaño,  remata  el  demandante,  habrá  de admitirse que también fue víctima del mismo el Juzgado  Promiscuo del Circuito que ritúo el correspondiente juicio civil.   

          Y  concluye  afirmando  que  si  los  hechos no se amoldan en manera  alguna  a la descripción que de la estafa hace el artículo 356 del C. Penal, a  “EDGAR  JAVIER  RUEDA  LEMOS  se lo vinculó por una  cuestión   fáctica   que   no   tiene   el   ingrediente  de  la  tipicidad”,  razón suficiente para que  se case la sentencia y se absuelva al procesado.   

          SEGUNDO CARGO.   

          Advirtiendo  una vez más que se basa “en  la  narración  fáctica transcrita al principio”, el  recurrente  extraordinario  acusa  la  sentencia del Tribunal de violar en forma  directa los artículos 23 y 24 del Código Penal.   

          En  lo  que  parece  ser  el  desarrollo y fundamento de la censura,  sostiene   que  RUEDA  LEMOS  “no   participó,   a  ningún  título”  en  la  realización  del  contrato  de  mutuo  celebrado entre  Barreiro  Cortés  y  Sevillano  Cabandy,  pues  así  lo  pone  de  presente el  denunciante  cuando  sostiene que quien concurrió a su residencia a solicitarle  un  crédito  para el municipio de Barbacoas fue Barreiro, el mismo que después  de   los   “tratos   y   conversaciones”  de  rigor,  perfeccionó  el contrato y garantizó el préstamo  girando un cheque de la cuenta oficial.   

          Para  sustentar  su  aserto,  el  casacionista amén de invitar a la  Corte  a  reparar  en  la  denuncia,  transcribe apartes de los descargos de los  procesados  para seguidamente indicar que en lo que constituye sólo un contrato  de  mutuo,  el  ex-alcalde  únicamente  “prestó su  aquiescencia”   para   que  el  negocio  se  celebrara  y  concretara,  sin  otra  actividad    distinta    a    pedirle    al   tesorero   tener   “suficiente  cuidado  y  probidad”  en la  organización  de  la  contabilidad y en la inversión de esos dineros, a fin de  ordenar debidamente su devolución en el instante oportuno.   

          Si  nada  tuvo  que  ver su asistido en la celebración del referido  contrato,   RUEDA  LEMOS  no  tenía  siquiera  por  qué haber sido vinculado a la investigación y menos ser  sujeto  de condena, motivo que amerita se case la sentencia y se le absuelva del  cargo  endilgado,  pues,  “no  cometió el hecho que  fuera objeto de investigación”.   

          TERCER CARGO.   

          Subsidiariamente     plantea     el    impugnante    “casar  parcialmente  la  sentencia  por violación de las normas que  impiden  adelantar  dos o más procesos para efectos de lograr la indemnización  de  perjuicios  procedentes del delito”, esto es, los  artículos 43, 46 y 50 del Código de Procedimiento Penal.   

          Luego   de   transcribir  lo  que  sobre  el  tema  dispusieron  los  juzgadores   de  instancia,  sostiene  que  en  abierta  contradicción  con  la  prohibición  contenida  en  el  artículo  55  ejusdem,  el fallador determinó  imponer  condena  por  perjuicios a sabiendas de que en el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  Barbacoas  se  había  impulsado  acción  civil  para  los mismos  efectos,  la  cual  se  inició  casi  que  simultáneamente con la apertura del  sumario  y  culminó  con  el  acta  de  conciliación habida entre demandante y  demandado.  De  esta  manera,  la  obligación  contenida en el título valor se  satisfizo  “o  en el peor de los casos, existió una  novación  en donde el Municipio de Barbacoas asume la deuda de DOCE MILLONES DE  PESOS con los intereses respectivos”.   

          Y  aunque  se  asumiera  que  la  obligación no se ha cumplido, mal  podía   impartirse   condena  por  perjuicios,  acreditada  como  se  tiene  la  existencia  del proceso civil, lo cual es suficiente, de no prosperar los cargos  principales,  para  que  se  case  parcialmente el fallo dejándose sin vigencia  aquella orden de resarcimiento.   

ALEGACIÓN     DEL    PROCURADOR    NO  RECURRENTE   

          La  agencia del Ministerio Público representada en la instancia por  la  Procuradora 60 en lo judicial, impetra el rechazo de la demanda de casación  promovida  por el defensor del procesado aduciendo que presenta en su estructura  vicios  de  técnica  que  impiden su admisión. La causal primera de casación,  explica,   se   invoca  cuando  se  discrepa  del  sentenciador  “sólo   en  cuestiones  relativas  a  la  aplicación  de  la  norma  sustancial   al   caso   juzgado   o   la   interpretación   jurídica   de  su  contenido.”   

          Sostiene  que  el demandante cuando invoca este tipo de censura debe  indicar  de  manera  clara  y  precisa los fundamentos de la misma, es decir, el  sentido  de la violación, debiendo aceptar los hechos y el análisis probatorio  tal  como  fueron  consignados  por  el  fallador  en la sentencia, sin entrar a  controvertirlos.  Lo  que  debe hacer el recurrente, afirma, es “refutar   la   selección   de   la   norma,   el   contenido   o  el  sentido”  que  se le dio en la determinación objeto  de impugnación.   

           En  el  asunto  examinado,  el  censor  omitiendo  inclusive  mostrar  el  sentido  de  la  violación,  de  los  mismos  elementos  de  convicción  de  los  cuales  partió el juzgador para deducir el  comportamiento  punible  de  estafa concluyó sobre la existencia de un contrato  de  mutuo, limitándose igualmente a señalar las normas que en su sentir fueron  mal  aplicadas  pero  sin  indicar las que dejaron de aplicarse; tales falencias  caben  predicarse  de  la  totalidad  de  los  cargos  formulados  en el libelo,  asegura,  lo  cual  significa  que  en  ausencia  de los requisitos que para una  demanda  en  forma  exige  el  artículo  225  del  C. de P. Penal, se impone su  rechazo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Como  quiera  que  los dos cargos formulados como principales versan  sobre  el  mismo motivo de casación -violación directa de la ley sustancial- y  se  duelen  de idéntico defecto en su postulación, la Sala asumirá su estudio  formal conjuntamente.   

          1.-  Infracción  directa de los artículos 2° y 356 del C. Penal y  de  los  artículos 23 y 24 idem, son los reproches iniciales que supuestamente,  “sin discutir los hechos”  objeto  de  análisis  por el sentenciador, plantea el impugnante extraordinario  al amparo de la causal primera de casación, cuerpo primero.   

          No  obstante  la  advertencia  previa  a  la  formulación  de ambas  censuras  y  sin  precisar  si  la  presunta infracción devino de la exclusión  evidente  o  falta  de  aplicación  del  precepto  sustancial,  de  su indebida  aplicación   o   de  su  equivocada  interpretación,  empieza  el  censor  por  controvertir  los  hechos  que  dice  aceptar  en  la  forma  como  los tomó el  juzgador,  como  también  entra  a  discutir  el  examen  probatorio  que éste  realizó,  olvidando  que  su  crítica tenía que contraerse a lo estrictamente  jurídico,  esto  es  a  lo  relacionado  con  el  tipo penal dentro del cual el  sentenciador  subsumió  la  conducta  del  procesado,  o  a  la  aplicación de  cualquiera  otra  norma  sustancial  en  la  cual estuviera fundada la sentencia  atacada.   

          1.1.-  Si el principio de limitación que gobierna el extraordinario  recurso  lo  permitiera,  podría  decirse que el casacionista lo que pretendió  aducir  fue la indebida aplicación del artículo 356 del C. P. cuando alega que  los   hechos   juzgados   “no   corresponden  a  la  descripción” contenida en dicho precepto.  Sin  embargo,  para tratar de demostrar la ausencia de engaño, ardid, maquinación o  maniobras   artificiosas   en  el  comportamiento  desplegado  por  el  tesorero  municipal  de Barbacoas, circunstancias que según el propio censor fueron dadas  por   demostradas   por  el  sentenciador,  repetitivamente  alude  al  material  probatorio  que  obra  en  el proceso y bajo una óptica diversa de como valoró  los  hechos  el  tribunal,  sostiene  que  Barreiro  Cortés  no “fingió”      ni     “simuló”  calidad  alguna para convencer  al  ofendido de que accediera al préstamo solicitado; que el cheque con el cual  se  respaldó  la  deuda  se  libró  contra  la  cuenta corriente de la entidad  oficial,  estando  ésta  aún  vigente;  que el proceso civil instaurado por el  aquí  denunciante  culminó con diligencia de conciliación mediante la cual la  administración  municipal asumió la obligación, sin desconocerla u objetarla;  que  si  en  verdad  al  presentarse el cheque para el cobro la cuenta corriente  contra  la cual se libró se hallaba saldada, dicha circunstancia obedeció a la  fusión  de  la  entidad  bancaria  con otra; y que contrariamente a lo dado por  demostrado   en  la  sentencia,  ni  el  tesorero  Barreiro  es  “una   persona   muy   avezada”,  ni  el  prestamista  un  “ingenuo”  fácil presa de engaño.   

          Nótese  cómo  de  los  aspectos  relacionados  con  antelación el  censor  deduce  que lo que él considera un contrato se celebró de buena   fe,   porque   se  garantizó  la  acreencia,  se  reconocieron  intereses  del  5%,  y  no  se  ha  contradicho lo  aseverado  por  el  tesorero en cuanto a que la cifra facilitada en préstamo se  pidió  para  cubrir las apremiantes necesidades económicas del municipio, todo  lo  cual  conduce a demostrar que la conducta engañosa  atribuida a Barreiro para lograr la entrega del dinero  no  es tal, máxime cuando no pudo comprobarse si dicha suma ingresó o no a las  arcas municipales.     

          Es  evidente entonces que el demandante no comparte la forma como el  Tribunal   planteó  los  hechos,  ni  el  examen  probatorio  realizado  en  la  sentencia,  por  el  contrario, lo que pretende es imponer su particular visión  de  los mismos, cometido absolutamente incompatible con un ataque por la vía de  la violación directa.   

          1.2.-  En  similar desacierto incurre el casacionista cuando acusa a  la  sentencia impugnada de haber violado en forma directa los artículos 23 y 24  del  C.  Penal,  porque  en  vez  de  centrar  el  debate  en el plano puramente  jurídico,  al desarrollar el cargo se empeña en hacer ver cómo lo manifestado  por   Barreiro   Cortés   y  RUEDA  LEMOS  en  sus  injuradas  y la actividad ejercida por éste último para  que  el préstamo se concretara -que según el censor es nula-, en manera alguna  lo hacen partícipe del hecho.      

          Insistentemente  ha  dicho esta Sala que resulta contrario a la  técnica  y  a la lógica que gobiernan la casación alegar violación directa y  apoyar  su fundamentación en apreciaciones y críticas que dicen relación a la  estimación  probatoria,  pues  quien  acoge  como  medio  de  ataque esta vía,  “renuncia  a controvertir el sustento probatorio del  fallo  impugnado,  limitándose  a  demostrar  que a la situación fáctica, tal  como  lo  entendió el juzgador, no se le aplicó la norma legal que la regulaba  -exclusión  evidente-,  o  que  se  le  aplicó  un  precepto  que le resultaba  extraño  -aplicación  indebida-, o que, habiéndose seleccionado correctamente  la  norma  jurídica  aplicable,  el  juzgador  se  equivocó al desentrañar su  sentido    -interpretación    errónea-.”   (Sent.  10-11-92, M.P. Dr. Guillermo Duque Ruiz.).   

          2.-  Cual  si  se  tratara  de una instancia adicional, esto es, sin  señalarle  a  la  Corte la norma sustancial que estima infringida, como tampoco  cuál  motivo  de  casación  aduce  ni el sentido de la supuesta violación, el  demandante  sostiene  que  la sentencia acusada vulneró las normas que prohiben  decretar  condena  por perjuicios dentro del proceso penal, cuando para procurar  similar    finalidad    independientemente    se    promueve   la   acción  civil.   

          Olvida  el  libelista  que  según la preceptiva del numeral primero  del   artículo   220  del  C.  de  P.  P.  la  casación  procede  “cuando  la sentencia sea violatoria de  una   norma   de   derecho  sustancial”  y  que  la  cita  de la misma es inexcusable a voces del artículo  225, ordinal tercero, ibidem.   

          Frente  a  estos requerimientos todo lo que refiere la demanda es la  “violación  de las normas que impiden adelantar dos  o  más  procesos  para  efectos  de  lograr  la  indemnización  de  perjuicios  procedentes  del  delito”,  y  para  ello  cita  los  artículos  43,  46,  50  y  55  del  Código  de Procedimiento Penal, sin parar  mientes  en  que tales preceptos son instrumentales, vale decir normas medio sin  contenido  sustancial,  y  por  consiguiente  no susceptible de ser demandado en  casación   su   quebranto.                 

         Al  margen de la anterior glosa técnica, si con la informal censura  lo  que  pretende  el  casacionista es la remoción de la condena por perjuicios  que  en  el asunto debatido se le impuso a su defendido, es lo cierto que carece  de  interés  para  recurrir  por  este  concepto  habida  consideración  de la  cuantía  de  los  mismos  ($  12.000.000.oo)  que  dista  mucho  del  monto  de  38´420.000.oo             considerado  a la sazón de la sentencia y de la demanda  como el requerido  para  poder  acceder  a  la  casación  por  concepto  de  la  indemnización de  perjuicios (art. 221 C.P.P.).   

         

         En  este  orden de ideas, fuerza es concluir que el libelo examinado  no  satisface los requisitos de forma para habilitar su estudio de fondo, motivo  por  el  cual  debe  ser  rechazado  de  plano para dar paso a la ejecutoria del  fallo,  toda  vez que como consecuencia de la ineptitud de la demanda el recurso  extraordinario ha quedado desierto.   

                   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

        RECHAZAR   in   limine   la  demanda  de  casación  que  en  nombre  del  procesado EDGAR JAVIER  RUEDA  LEMOS presentó su defensor contra el fallo del  Tribunal  Superior  de  Cali  que  lo  condenó  por  el  delito  de  Estafa. En  consecuencia,    se   declara   desierto el correspondiente recurso.   

         La   presente   decisión   es  inimpugnable,  de  acuerdo  con  las  previsiones   de   los  artículos  197  y  226  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Cópiese,   comuníquese y devuélvase  al tribunal de origen.   

CÚMPLASE  

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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