14094j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14094  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

Aprobado acta No. 129  

Santa  Fe de Bogotá, D.C., agosto treinta y  uno de  mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

El 28 de noviembre de 1996, el juzgado penal  del  circuito  de  Urrao  condenó a Enrique Sepúlveda Vargas, “Chapolo”, a  490  meses  de  prisión  como  autor de homicidio agravado y de porte ilegal de  arma  de  fuego.  Le  impuso,  además,   interdicción  del  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por 10 años, la obligación de indemnizar los  daños    y    perjuicios,    y    le    negó    la   condena   de   ejecución  condicional.   

Apelado  el  fallo  por  la  defensa  y  el  ministerio  público,  el  11  de  agosto  de  1997  el Tribunal de Antioquia lo  confirmó en todas sus partes.   

El señor Sepúlveda Vargas interpuso recurso  de  casación  contra  esta  última y en uso del mandato conferido, su defensor  presentó la demanda correspondiente.   

Ahora, la Sala estudia la demanda presentada  para determinar si es admitida o no.   

HECHOS  

El  4  de febrero de 1996, la señora Amanda  Oliveros  Montoya  se  encontraba  con  doña  Aracelly  Aguirre  Aguirre  en la  panadería  “Las  delicias  del  suroeste”,  situada  en  el casco urbano de  Urrao,  establecimiento  que  atendía  Rubiela  Hurtado.  Hacia  las 6. 20  P.M.,  intempestivamente  se  introdujo  en  el  sitio  un hombre que cubría su  rostro  con un pasamontañas, portaba cachucha y vestía chaqueta y ruana;   se  dirigió  a Amanda, la tomó del brazo, la jaló y le dijo que se trataba de  un  secuestro.  A  la  fuerza la retiró del local, la llevó hacia un callejón  que  conduce  al  hospital  de la localidad y le  propinó 4 disparos en la  cabeza,  heridas  que  le  ocasionaron  instantáneamente  la muerte. El agresor  emprendió  de  inmediato  la huida y posteriormente fue vinculado como presunto  autor del hecho Enrique Sepúlveda Vargas (a. Chapolo).   

LA  DEMANDA  

El   defensor  invoca  como  cargo  único  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, causal 1ª. de casación, cuerpo  segundo.  Se  trata,  dice, de varios errores de hecho motivados en falso juicio  de identidad,   

“…al  tener  en  cuenta  el  testimonio  aportado  por  el  cabo primero de la policía Jhon Jairo Montes Gómez, como si  hubiesen  sido  testigos  presenciales,  pues  el informante, cuya identidad fue  reservada,  sabía  que en dicha residencia se encontraba el arma homicida, pero  no  que  hubiera  podido  ver  y  reconocido  al  encapuchado  que  ocasionó la  muerte  a la señora Amanda Oliveros…”.   

          Añade  que  con  la  causal  que invoca  pretende  que  la  Corte  case  la sentencia y la reemplace por una absolutoria.  Al  terminar su escrito hace énfasis en que   

“…hay  una  violación  indirecta  por  apreciación  indebida  de  pruebas,  por  lo  tanto dicha apreciación errónea  vio             la la ley  sustancial,  en  lo referente a lo estipulado en los artículos 445 y 247 del C.  de.   P.   P.,   presunción   de   inocencia   y  prueba  para  condenar,   respectivamente…”.   

Dentro  de  lo  que  pudiera  ser denominado  desarrollo de la causal, hace lo siguiente:   

En  primer  lugar,  en una parte inicial, se  refiere  al  testimonio del cabo de la policía y a la manera como éste dice se  enteró  del probable autor del hecho, a través de una persona que había oído  la  versión a otra que no quería ser identificada debido a sus temores. Afirma  el  casacionista que aparte de esta prueba no existe ninguna otra y que tal como  el  informante  describe  la  vestimenta del  presunto autor, era imposible  reconocerlo.   

En   segundo   lugar,  ya  dentro  de  las  “consideraciones  de  los  motivos  de  acusación”,  dedica  su  esfuerzo a  resumir  las  palabras de los varios declarantes dentro del proceso y a señalar  cómo  para unos Sepúlveda estaba en sitio diferente al que fue escenario de lo  ocurrido   y   cómo   para  otros  el  autor  del  homicidio  fue  una  persona  diferente,   Rigoberto  Vargas, quien había confesado el hecho pero que ya  había fallecido.    

Por  último,  expone  que de acuerdo con el  padre  del procesado, a su residencia ingresan y duermen muchas personas, una de  las  cuales habría podido ser la propietaria del arma utilizada para cometer el  homicidio.  Se  lamenta  de  la  deficiencia  de  la  instrucción  frente  a la  necesidad que había de esclarecer este punto.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda analizada debe ser inadmitida y,  por  tanto, se impone declarar desierto el recurso de casación. Las razones son  las siguientes :   

1.  De acuerdo con el artículo 225-2 del C.  de.  P.  P.,  uno  de  los  requisitos formales de la demanda de casación es la  síntesis  de  la  actuación  procesal.  En  el  capítulo  que bautiza con ese  nombre,  el  demandante  narra  lo  acontecido  a los pocos días del homicidio,  incluyendo  un  allanamiento,  una  orden  de  captura,  una versión libre y la  recepción  de  varias  pruebas  tanto  durante  la instrucción como dentro del  juicio.  Es  decir,  se refiere más que todo a algunas diligencias pero no a lo  realizado  en  detalle  por las autoridades judiciales. Esta exigencia, así, ha  sido presentada en forma más que precaria.   

2. Cuando se acude a la violación indirecta  por  falso  juicio  de  identidad,  es  imprescindible  demostrar  que de manera  ostensible,  notoria,  patente,  el juzgador ha tergiversado, desfigurado,   el  contenido  fáctico  de  algún medio probatorio en particular. El censor no  solamente   no   lo   hizo   sino  que  ni  siquiera  lo  insinuó.  Simplemente  enunció   la  forma  de  error y nada más sin decir, por ejemplo, qué le  quitó,  que  parceló  o  que le agregó el juzgador a esta o a aquella prueba.   

3.  Si  se invoca la violación indirecta es  trascendente  mostrar  cómo  se  unen, en perfecta relación causal, de medio a  fin,  la  quiebra  de  las  pruebas  y  la  subsiguiente  ruptura  de las normas  sustanciales.  Tampoco  lo  hizo  el  casacionista. Solo al final de su escrito,  expresa:   

“Con  todo lo obrante dentro del presente  proceso,  teniendo en cuenta que la denuncia inicial, aportada por el cabo de la  policía,  resultó  de unas suposiciones,  como fue la de que dicho señor  (Enrique  Sepúlveda),  fue  colaborador  de  la  guerrilla  y  a la vez, que al  parecer  estaba vacunando a la señora Amanda (la occisa); también debido a que  no  le  fue  encontrado  o decomisado el revólver, a Enrique Sepúlveda (mi hoy  defendido),  y  que  el  testimonio tenido como único fundamento para dictar la  sentencia  condenatoria  es  de  una persona cuya identidad fue reservada; en la  sentencia    hay    una    violación   indirecta  por  apreciación  indebida de las pruebas, por lo tanto  dicha  apreciación  errónea  viola  la  ley  sustancial,  en lo referente a lo  estipulado  en  los  artículos  445  y  247  del  C. de. P. P. , presunción de  inocencia  y prueba para condenar…”.  Se queda  sin  sustancia,  pues, lo que implica, de por sí, una inexpugnable relación de  fundamento  a  consecuencia entre la falla probatoria y el equívoco sustancial.   

4. Con  la simple lectura de la demanda  se  descubre,  sin  esfuerzo,  aquello  que  pretende  el  defensor:  mostrar su  opinión  sobre  la  prueba  y tratar de oponerla a las afirmaciones probatorias  del  juzgador.  Ello,  así,   no más, no es atendible en casación, menos  si,  como  en este supuesto, según se infiere de las palabras del casacionista,  el  estudio  de  los  jueces  se  sustenta  en  prueba  testimonial,  medio  por  excelencia ceñido a la sana crítica.   

5.  Por último, dígase que el casacionista  tampoco  señaló  a  qué  forma  de  violación  sustancial  se  llegó por el  desconocimiento  de  la prueba, es decir, si a falta de aplicación, aplicación  indebida  o  interpretación  errónea  de la normatividad. Con mucho empeño se  podría  pensar  en  que  el  censor  quiso  decir  que  los errores probatorios  evitaron  la  aplicación  de  las reglas sobre presunción de inocencia y sobre  requisitos  para  proferir sentencia condenatoria. Pero ese mismo esfuerzo o esa  hermenéutica  que  tendría  que  hacer  la Corte, enseña que el letrado no se  sujetó  a  los principios de precisión y claridad que exige el artículo 225-3  del  C.  de.  P.  P.   Y  la  Corte  no puede asumir esa tarea, que compete  exclusivamente a quien impugna en casación.    

Los yerros formales de la demanda, entonces,  impiden su admisión.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de   Justicia  –  Sala  de  Casación  Penal  -,    

RESUELVE  

1.   Rechazar   la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado Enrique Sepúlveda Vargas y,  en  consecuencia, declarar desierta la impugnación.   

2. En virtud de lo dispuesto en el artículo  197 del C. de. P. P., contra este auto no procede ningún recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                              JORGE  E.    CORDOBA    POVEDA                                         

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                                                                  CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                NILSON      PINILLA  PINILLA                                                                                                                                                   No   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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