14034j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14034  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 117  

Santafé de Bogotá D.C., agosto  diez de  mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

Se  ocupa  la  Sala  del examen formal de la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora de GABRIEL EDUARDO BONILLA  BARRERA  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Santafé  de  Bogotá  calendada  el  14  de agosto de 1997, confirmatoria de la  emitida  por  el  Juzgado  45  Penal del Circuito de la misma ciudad con la cual  condenó  al  acusado  junto con Rafael Hernando Sánchez a la pena principal de  28  meses  de  prisión  más  las  accesorias  de  rigor, como coautores de los  delitos   de   falsedad   en   documento   privado   y  hurto  agravado  por  la  confianza.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Entre los días 10 y 25 de abril de 1990, de  la  cuenta corriente abierta por Luis Fernando Contreras Cordeiro en el Banco de  Colombia  sucursal  Unicentro  se  retiraron  $  571.800.oo por medio del cajero  electrónico  sin  que  la  respectiva  tarjeta  le  hubiera  sido  entregada al  cuentacorrentista.   

Por  tal  hecho  la  entidad  adelantó  la  investigación  interna en la que se determinaron las diferentes irregularidades  cometidas  por  GABRIEL  EDUARDO BONILLA BARRERA y Rafael Hernando Reyes Bernal,  quienes  se  desempeñaban  en  el  banco como auxiliares comerciales e hicieron  aparecer  como  entregada  la  tarjeta  débito  utilizada  en  19  ocasiones en  detrimento del peculio del titular de la cuenta.   

Denunciados  los  anteriores  hechos  por la  gerente  de la entidad crediticia, el Juzgado 41 de Instrucción Criminal abrió  la  investigación  penal  y  escuchó  en indagatoria a BONILLA BARRERA y Reyes  Bernal,  a  quienes  luego  acusó  la  Fiscalía  como coautores de falsedad en  documento privado y hurto calificado y agravado por la cuantía.   

Apelada  que  fuera esta decisión, mediante  proveído  del  12  de octubre de 1995 la Unidad Delegada ante los Tribunales de  Bogotá  y Cundinamarca limitó la acusación del hurto a la modalidad agravada,  dando  paso  a  la  etapa de juzgamiento la cual diligenció el Juzgado 45 Penal  del  Circuito  quien  profirió la condena en sentencia que al ser impugnada por  los  defensores  recibió  confirmación  integral  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Santafé de Bogotá el 14 de agosto de 1997.   

LA DEMANDA  

Con dos cargos por violación indirecta de la  ley    sustancial    pretende   la   censora   la   casación   del   fallo   de  condena.   

Según  la  demandante,  el  primer  cargo  consiste  “en que se desatendió la prueba existente  en  autos”,  y  refiriéndose a las declaraciones de  Abelardo  Castro Bohórquez y Aura María Sadder Romero, después de transcribir  un  segmento  de dichos testimonios, concluye: “es la  confirmación  de  lo  que  GABRIEL  BONILLA  ha  alegado sobre lo sucedido y el  Tribunal en la sentencia ha desconocido…”.   

En  seguida, para destacar la incidencia del  supuesto  error,   recuerda  pasajes  de  la  sentencia relacionados con la  manera  como  para  el  Tribunal no merecieron crédito las exculpaciones de los  procesados,   y   replica  que  a  su  representado  el  delito  “no  se  le  puede  atribuir  con  las  pruebas existentes y se dirá  entonces  que no cabe construir certeza judicial de la condena de acuerdo con el  artículo 246 del C. del P.P.”   

El segundo cargo lo sustenta manifestando que  si  es  enteramente cierto que no se halla probado que la tarjeta magnética del  cuentacorrentista  hubiera  llegado al Banco, “no hay  indicio  en contra de una persona, sino un círculo amplio de sospechosos que no  permiten  como  posible una conclusión con certeza y por esa vía se infringió  el artículo 301 y 445 del C. de P.P.”   

Es así como solicita la casación del fallo  del   Tribunal   y   en   su   lugar   el   proferimiento   de   una   sentencia  absolutoria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

No  se  requiere  de  mayor  esfuerzo  para  detectar  en  la  demanda  la  falta del cumplimiento de las exigencias mínimas  requeridas  por  el  artículo  225  del Código de Procedimiento Penal, lo cual  destaca su inidoneidad para sustentar el recurso interpuesto.   

Repetidamente  ha  dicho  la  Corte  que  la  confección  de  la demanda debe sujetarse a pautas formales tendientes a lograr  el  adecuado  orden  y precisión de los argumentos con que se intenta romper la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que acompaña el fallo al ingresar a  esta sede extraordinaria.   

Esta  exigencia  técnica  explica  por  qué  la  labor  de  la  Corte  en estos asuntos no es la de crear una instancia  adicional  sino  auscultar  la  legalidad  de  la sentencia combatida, tarea que  obliga  entonces  al  censor  a observar una clara y precisa formulación de los  cargos  acompañada  de su eficaz demostración, todo lo cual permite a la Corte  conocer    los    límites    impuestos    por    el   recurrente    a   la  censura.   

En el caso que ahora ocupa la atención de la  Sala  las  citadas  directrices  fueron  desconocidas del todo por la libelista,  quien  al  hacer  referencia  en  el  primer cargo a lo que podría ser un falso  juicio  de  existencia por omisión de los testimonios de Abelardo Castro y Aura  María  Sadder,  no ofrece la esperada demostración del aserto ni su incidencia  trascendente  en  el  fallo  censurado  y  por  el  contrario  desemboca  en  el  planteamiento  de  que  con  ambas  deposiciones  se  ratificaban las respuestas  exculpativas del procesado.   

Una  tal manera de argumentar no pasa de ser  una  simple  manifestación  opositora  a  la forma como apreció el juzgador el  caudal  probatorio,  alejada  del   esquema  inicialmente propuesto el cual  requería  para  su  prosperidad la innegable puesta de presente que las pruebas  aludidas  habían  sido  desplazadas  del cuadro de observación y análisis del  juzgador,  hecho que de no haber ocurrido habría dado lugar a otra decisión en  tanto  la  fuerza  contundente  ofrecida por aquéllas era bastante para arrasar  las contempladas como fundamento del fallo.   

Así  las  cosas,  la  censura  carece de la  demostración  y  fundamentación  debidas,  carga  que  de  haberse asumido con  lealtad  difícilmente  hubiera  podido concretar la impugnante pues al rompe se  advierte  que  si  bien  las  ameritadas  declaraciones no aparecen expresamente  referenciadas   en   el  título  de  “CONSIDERACIONES  DE  LA SALA” ello no es  sinónimo  de  su expulsión de la evaluación probatoria pues dentro de item de  la       “PRUEBA  RECAUDADA”  aparecen  reseñadas  coligiéndose  por  contera su apreciación.   

Es  pues  evidente la incompatibilidad de lo  propuesto  con  lo  desarrollado, quedando en evidencia la personal e interesada  postura  de  la  demandante sobre la forma como según ella debieron creerse los  descargos  del auxiliar comercial, actitud con la que se desconoce la naturaleza  del  recurso extraordinario el cual no autoriza tal clase de discusiones pues al  contar  el juzgador  con la facultad de apreciar libremente las pruebas -no  existe  tarifa  legal  que lo ate- se coarta a los recurrentes la posibilidad de  hacer  prevalecer  sus  criterios  si no están asistidos de la demostración de  que     aquella     valoración    adolece    de    errores    demandables    en  casación.   

El segundo cargo tampoco rinde tributo a las  formas  propias  del  extraordinario  recurso,  pues  de él lo que emerge es el  desconocimiento  de  la  estructura  de  la  prueba  indiciaria y de su adecuado  ataque  en  casación.  Es así como al atacar la apreciación de un segmento de  la  prueba  indiciaria  apunta  la  censora: “en  ese  evento  el  indicio  -dato indicador- tiene una multiplicidad de relaciones  posibles  con  varias  personas,  por  lo  cual  no  es  posible un conocimiento  positivo  de  autoría  con  exclusión de todos ellos menos uno”,    anodina    expresión   con  la  que  se  pone  en  evidencia el propósito de cuestionar la  prueba  indirecta  pero  sin demostrar tropiezo en su construcción, como era lo  atinado,  quedando  la censura en la vana pretensión de anteponer a ultranza su  personal    e    ingrávido    juicio    sobre    el    más    autorizado   del  sentenciador.   

Olvida  la impugnante que el correcto ataque  en  casación a este medio de prueba se traduce en la eficiente demostración de  errores  de  hecho  o  de  derecho,  bien  en  el  elemento  fundante  del hecho  indicador,  ya  en  la  inferencia  lógica  o bien en la apreciación del hecho  indicado,  ejercicio  que  al  ser omitido por la demandante deja a la Corte sin  saber   cuál   es   el  desatino  del  fallador  en  el  examen  de  la  prueba  circunstancial.   

De  lo  anterior,  resulta  irrefutable  la  inobservancia  de  los  requisitos  de forma que consagra el artículo 225-3 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  razón  por  la  cual  en cumplimiento de la  preceptiva  del  artículo 226 ibídem se inadmitirá la demanda y se declarará  desierto el recurso.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

RECHAZAR IN LIMINE  la  demanda  presentada  en favor del procesado GABRIEL EDUARDO BONILLA BARRERA,  contra  la  sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santafé de  Bogotá  que  lo  condenó  por  los  delitos de falsedad en documento privado y  hurto agravado.   

En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso de casación interpuesto.   

Como  según  el  artículo 197 del C. P. P.  esta  decisión  cobra  ejecutoria  al momento de su firma, no es susceptible de  impugnación.   

COPIESE, COMUNÍQUESE Y DEVUELVASE  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE                 EDGAR LOMBANA TRUJILLO    

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                                           CARLOS  E. MEJIA  ESCOBAR               

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                                        NILSON                  PINILLA  PINILLA                    

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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