13978b

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 28  

          Santafé  de Bogotá, D. C., dos de marzo de mil novecientos noventa  y nueve.   

VISTOS:  

          El  Tribunal Superior de Montería confirmó en segunda instancia el  fallo  absolutorio  proferido  en favor de los procesados NEMESIO NÁDER NÁDER,  PABLO  ENRIQUE  MÁRQUEZ  AGUADO, EDWIN JOSÉ MUÑOZ TOBÍO y NAPOLEÓN AGÁMEZ,  quienes    habían    sido    acusados    por    el   delito   de   falsedad ideológica en documento público.   

          Como  el  apoderado  de  la  parte  civil  interpuso  y sustentó el  recurso  extraordinario  de  casación,  se  ocupa  la  Sala  de una evaluación  preliminar  sobre el aspecto formal de la respectiva demanda, de conformidad con  las  prescripciones  de  los  artículos  220 y 225 del Código de Procedimiento  Penal.   

HECHOS Y ACTIVIDAD PROCESAL:  

          Conforme   con   los   datos   y   valoraciones   del   ad  quem,  el día 5 de noviembre de 1992,  el  alcalde  del  municipio  de  Ayapel  (Córdoba),  junto  con  un  equipo  de  asistentes   y   auxiliares   dispuestos   para   el  caso,  llevó  a  cabo  la  “inspección  ocular”  de  un  lote  de  terreno  situado  en  el barrio San  Jerónimo  de  dicha  localidad, dentro del proceso de adjudicación de baldíos  promovido  por  la  señora  AMPARO DE JESÚS RODRÍGUEZ GARCÍA, cuya posesión  material  al  parecer  tenía  la perturbación de CARMEN JULIA RUDIÑO VILORIA,  diligencia  en la cual los intervinientes dejaron constancia de que en el predio  habían  encontrado  una  casa  de  madera  y  otras  mejoras,  todo cercado con  alambre,  cuando  en realidad para ese entonces la vivienda estaba construida en  ladrillo  adobado con cemento de color rojo y cubierta con techo de zinc, según  lo  establecido  antes  y después en sendas diligencias de inspección judicial  practicadas    por   el   Juzgado   Promiscuo   Municipal   de   Ayapel   y   la  Fiscalía.   

          Esa  información  mentirosamente  consignada en la respectiva acta,  se   atribuía  a  Nemesio  Náder  Náder,    alcalde    de    la    mencionada    población,   Teófilo    Alfredo    Pineda    Huertas,  Secretario   de   Gobierno,   Pablo  Enrique  Márquez  Aguado,     Personero    Municipal,    Edwin  José  Muñoz  Tobío, Supervisor de  Adjudicaciones,     Napoleón    Agámez,    perito   designado   para   la   diligencia,   y   Amparo   de   Jesús  Rodríguez  García,  adjudicataria del terreno.   

          En  razón  de  la  denuncia  presentada  por  la  dama Rudiño  Viloria, quien se sintió afectada  con   la  adjudicación  oficial,  la  Fiscalía  ordenó  y  practicó  algunas  diligencias  de  investigación  previa  y  posteriormente abrió formalmente la  instrucción  (fs.  39  y  113).   Todos  los  imputados  fueron legalmente  vinculados  al  proceso, se les definió la situación jurídica y, por medio de  providencia  del  9  de  noviembre  de  1995,  el  instructor dictó resolución  acusatoria  en  contra de los procesados Náder Náder,  Márquez  Aguado,  Muñoz  tobío  y  Agámez,  por el  delito   de  falsedad  en  documento  público,  pero  a  la  vez  precluyó  la  investigación  en  favor  de los sindicados Rodríguez  García  y Pineda Huertas (fs. 230, 272 y 303, cuaderno  original 1).   

          En  la  resolución del 24 de enero de 1995, la Fiscalía reconoció  como  parte  civil  a los señores Carmen Julia Rudiño  Viloria  y Genaro Manuel Sierra Monterrosa (cuaderno 1,  fs. 213).   

          Como  el  Juez Promiscuo del Circuito de Ayapel se declaró impedido  para  conocer  del  proceso,  le  correspondió  el  juicio  a  su homólogo del  Circuito  de  Montelíbano, funcionario que profirió sentencia absolutoria el 5  de  mayo  de  1997  (cuaderno original 2, fs. 75), la cual fue confirmada por el  fallo  del  tribunal  que  está fechado el 23 de julio del mismo año (cuaderno  2ª instancia, fs. 30).   

LA DEMANDA:  

          El  demandante  selecciona la causal primera de casación y ataca la  decisión  porque  viola  indirectamente  la ley “al hacer una interpretación  falsa   por  cuanto  la  sentencia  estimó  como  incompleta  la  plena  prueba  existente”.   

          Según  el  actor,  el  entendimiento  falaz de la Sala de Decisión  Penal   radica  en  algunas  afirmaciones  que  ella  dejó  consignadas  en  la  sentencia,  tales como que no estaba probado con certeza el dolo de la falsedad,  bien  porque no existió ora por la pervivencia de alguna duda sobre dicha forma  de  culpabilidad; que como la mutación de la verdad está visiblemente atestada  en  la  respectiva  acta,  entonces  lo  burdo  o  grosero  de dicho cambio, por  corresponder  a  una  falsedad  inocua,  indica  que  los  sujetos  actuaron sin  malicia;  que  como  no  se  han  detectado  en el proceso reproches de móviles  asentados  en  el  afecto,  el odio, el dinero, “en fin, en algo que moviera a  los  acusados  a  hacer lo que hicieron y no lo que debían hacer…”, y visto  que   no  hay  efecto  sin  causa,  la  única  explicación  plausible  de  esa  alteración  de verdad sólo puede ser “el descuido, la negligencia o la falta  de  interés”  en  el  cumplimiento de las funciones propias de los servidores  públicos;  y,  por  último, la circunstancia de que a  posteriori,  en  la diligencia de indagatoria, algunos  de  los  acusados  pretendan  reafirmar  como verdadero el contenido del acta de  inspección,  no  significa  una  actitud  dolosa  por  lo ocurrido ex  ante  (al momento de los hechos), sino  que  ellos mienten una vez más para ocultarle a la justicia la falta de cuidado  con  que  actuaron y que finalmente daría lugar a una “falsedad culposa” no  punible en la legislación penal colombiana.   

          Advierte  el  censor  cómo  la  Sala  yerra  al  considerar  que es  necesario  auscultar  una  causa  para  la  acción falsaria, como el afecto, el  odio,  el  dinero  o  cualquier  otro móvil, porque en ese entonces el Tribunal  olvidó  la  condición  de  servidores  públicos de los actores, razón por la  cual  ellos  conocían  de  antemano  las funciones que previamente les han sido  señaladas  en  la  ley.  Esta calidad jurídica de los procesados, que los  vincula  con  el  cumplimiento  cabal de la norma, indicaba que ellos no podían  dar  fe  de  algo que no existía y era ostensiblemente contrario a los deberes,  pues  además  está “plenamente probado” que no asistieron a la cuestionada  diligencia de inspección judicial.   

          De  igual  manera, agrega la demanda, es evidente y está plenamente  demostrado  que  el  predio fue adjudicado sin que se hicieran las publicaciones  en un periódico de amplia circulación en el lugar.   

CONSIDERACIONES:  

          Aunque  el  demandante  acoge  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  como punto de partida del ataque al fallo, resulta ininteligible la  enunciación  de  que ello ocurrió “al hacer la sentencia una interpretación  falsa   estimando   incompleta   la   plena   prueba   existente  acerca  de  la  responsabilidad de los imputados”.   

          No  precisa  el actor cuál es la “prueba existente” que ha sido  menospreciada  por  el  tribunal;  tampoco  alcanza  el texto de la demanda para  saber  si  el  yerro  radica  en la valoración de la prueba (“interpretación  falsa”  o  “plena  prueba”)  o  en  la  tergiversación  de  su  contenido  (“estimando incompleta”).   

          Insinúa  el  demandante  que  el  tribunal  haya podido ignorar una  consecuencia  más  de la prueba sobre la condición de servidores públicos que  ostentaban  los  procesados, en el sentido de que éstos sabían de antemano que  estaban  atados a unas funciones predeterminadas en la ley, lo cual quizá puede  verse  como  un reproche de falso juicio de existencia, mas no demuestra de qué  manera  el  solo  desapego  objetivo  a  las  normas de su proceder funcional es  per se una señal inequívoca  de  que  ellos  actuaron  con  la  conciencia y voluntad de violar dichas reglas  (dolo),  y  no  más  bien que en ese caso los funcionarios se desempeñaron con  manifiesta incuria, como lo declara motivadamente el tribunal.   

          La  censura  dice:   “Olvida  la  Sala  que existen elementos  típicos  que  evidencian  que  los  autores  conocían su típica ilicitud y la  querían.   Los  medios  empleados  por  los  autores y los motivos que los  llevaron  a  delinquir,  facilitan  la  demostración  del  dolo..”.  Sin  embargo,  en  el  escrito  no  se  señalan  esos  “elementos típicos”, con  arraigo  procesal,  que  revelan  el  conocimiento del ilícito y la voluntad de  realizarlo;  tampoco  indica  cuáles  fueron  los  “medios empleados” y los  “móviles”  que por su propia luz ayudan a establecer el dolo, así como las  pruebas  que  daban  cuenta de dichas evidencias y que, por ende, debieron haber  sido flagrantemente desconocidas.   

          Ahora  bien,  el  recurrente  hace la afirmación abierta de que los  acusados  ni  siquiera  acudieron  al  lugar donde se cumplió la “inspección  ocular”,  actitud  de la que podría inducirse el dolo por las manifestaciones  consignadas  en  el  acta,  pero,  en  todo  caso,  él  oculta  a  la Corte los  resultados  de  esa  discusión  en  los  fallos  de  instancia,  así  como las  demostraciones  de  rigor  que  harían  trascendental el contenido de semejante  señalamiento.   

          Por   último,   el   demandante  asevera  que  está  “plenamente  probada”  la adjudicación del predio sin el cumplimiento de las publicaciones  de  rigor,  pero  igualmente priva la demanda de la indicación detallada de los  correspondientes  medios  probatorios  que inducen tal certeza, así como de los  argumentos  para  decir  que  ellos  provocan  tan fidedigna demostración y las  razones  por  las  cuales  una  tal  irregularidad  sería  también  prenda  de  garantía  de la existencia del dolo en las expresiones falsas estipuladas en el  acta de inspección.   

          En  resumen,  como  el  demandante  no ha demostrado los ostensibles  errores  de  hecho  o  de  derecho  que podrían poner en cuestión el fallo del  tribunal,  como  lo  exige  el  numeral  3°  del  artículo  225 del Código de  Procedimiento  Penal, la Sala inadmitirá el examinado escrito de reclamación y  declarará desierto el recurso.   

          Esto  supuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Rechazar    in    limine    la  demanda  de  casación  presentada  por el apoderado de la parte  civil,   en   relación   con   la   sentencia   absolutoria  adoptada  en  este  proceso.   

          En   atención   a   los   artículos  197  y  226  del  Código  de  Procedimiento    Penal,    no    proceden    recursos    en   contra   de   esta  decisión.   

          Cópiese, comuníquese y cúmplase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL               RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE  ENRIQUE  CÓRDOBA  POVEDA    CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                           CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                    

DÍDIMO PAEZ VELANDIA                                                                 NILSON                        PINILLA  PINILLA                          

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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