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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 13979  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                             Aprobado  Acta  N°  125  (agosto  25 de  1999)   

          Santafé  de  Bogotá  D.C.,  treinta  de  agosto de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          En  cumplimiento  de  lo establecido en los artículos 225 y 226 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se  ocupa  la  Sala  del examen formal de la  demanda  presentada  por la defensora de MELQUIS AGUIAR  CIFUENTES  contra  el  fallo proferido por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Ibagué el 17 de julio de 1997 y por  cuyo  medio  confirmó  integralmente  la  decisión de fondo emitida en primera  instancia  por  el Juzgado 11 Penal del Circuito de la misma ciudad, mediante la  cual  le  impuso  al  procesado  pena  privativa  de  la libertad de 40 años de  prisión como responsable del hecho punible de homicidio agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  las  horas  de  la  noche del 3 de septiembre de 1994 y luego de  abandonar  el  sitio de diversión en donde se hallaba en el centro urbano de la  población  de  San  Antonio,  Tolima,  el  ciudadano  Duberney  Tapiero  Campos  recibió   múltiples   lesionamientos   producidas   con   armas   de  fuego  y  cortocontundente,  a consecuencia de lo cual dejó de existir en el mismo teatro  de los hechos.   

          Atendiendo  el  informe policial que daba cuenta de la comisión del  atentado  por  parte  de  tres  individuos  entre quienes además de un menor se  contaba     el     procesado     MELQUIS     AGUIAR  CIFUENTES,   la   Fiscalía   20   Delegada  ante  el  Departamento  Administrativo de Seguridad -D.A.S.- abrió formal investigación,  correspondiéndole  a  la  Fiscalía 5ª de la Unidad Primera de vida de Ibagué  vincular  al  mentado  individuo mediante indagatoria y declarar persona ausente  al   también   implicado   Gildardo   García  Aguiar,  pariente  del  primero,  resolviéndoles   su   situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención   preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación.  Agotada  la  etapa  instructiva,  dicho  despacho  calificó  el  sumario  con resolución del 29 de  abril  de  1996,  por  medio de la cual acusó a los imputados por el injusto de  homicidio agravado.   

          La  etapa  del  juicio  la  llevó  a efecto el Juzgado 11 Penal del  Circuito  de  la  citada localidad, quien mediante fallo del 2 de septiembre del  mismo  año  profirió  la  condena de la que ya se hizo mérito, determinación  que  integralmente  convalidó  el  Tribunal  Superior  de Ibagué al desatar la  alzada propuesta en su contra.   

CONTENIDO DE LA DEMANDA  

           Al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación,  un  solo cargo propone la demandante contra la sentencia acusada, al  considerar  que dicho pronunciamiento judicial se profirió en juicio viciado de  nulidad  (Art.  304-2  y  3 del C. de P. Penal), “por  falta  de  defensa  técnica  durante todo el trámite del sumario que afecta de  manera   concreta  y  real  este  derecho,  como  también  el  debido  proceso,  particularmente   por  ausencia  de  postulación  y  contradicción”.    

          En  lo  que  parece ser la sustentación del cargo, la censora aduce  que  el  defensor  de  oficio encargado de velar por los intereses del sindicado  guardó  total  silencio  durante  la  fase instructiva, como que ni siquiera se  hizo  presente  a  notificarse  de  la  resolución  que  definió la situación  jurídica  del  implicado  y sólo apareció cuando se le informó del cierre de  la investigación.   

          El   procesado   tuvo   que   asumir   su  propia  defensa  ante  la  pretermisión     del     Estado     en     garantizarle     el     inalienable   derecho,  pues  su  inicial  defensor  no  estuvo  presente en la recepción de testimonios, especialmente en  el  interrogatorio formulado a quien la impugnante considera como único testigo  de  cargo, lo que impidió controvertir su dicho, echándose de menos igualmente  el  reconocimiento  en  fila  de  personas  que debió practicarse con el citado  deponente,  puesto  que  la  descripción  física  que  hace  del  encartado no  concuerda   con   la   que   realmente   ostenta   éste.   “De  haber  actuado  la  defensa  cuando  se oyó la declaración del  único   testigo   de   cargo,  seguramente  se  le  hubieran  despejado  muchas  incógnitas  que  en vez de resolverse en favor del procesado se le reconocieron  como  prueba  de  cargo,  siendo  que  un habilidoso contrainterrogatorio podía  llevar  al  testigo a rectificar sus acusaciones temerarias y hechas con el solo  fin  de  perjudicar  a  la  persona  contra  quien  se ha ensañado.”, puntualiza la recurrente extraordinaria.   

          Así   mismo   se   arguye  en  la  demanda  que  el  reconocimiento  fotográfico  del  procesado se efectuó con ostensible violación de las reglas  previstas  para  tal  fin  en  el  artículo  369  del  Código de Procedimiento  Penal;   ni  el  defensor,  ni el Ministerio Público, afirma, asistieron a  dicha  diligencia  y  ésta,  no  empece a encontrarse privado de la libertad el  acusado,  se  realizó  con  un número inferior de las fotografías que para el  efecto  la  ley  prevé,  irregularidad  que  según  la  casacionista  se torna  trascendente   cuanto   se   sabe   que   dicho  reconocimiento  “sirvió   de   base   a  la  resolución  de  acusación”  y  fue  pilar de la sentencia de primer grado, así el juzgador  quiera  restarle  relevancia  por  el  hecho de que el testigo conocía de vieja  data al acriminado.   

          Es  así  como solicita se case la sentencia recurrida y en su lugar  se  decrete la nulidad invocada a partir de la resolución que ordenó cerrar la  investigación  e  igualmente,  por  vencimiento  de  términos,  se disponga la  libertad   del   acusado   bajo   caución   juratoria   dada   su   precariedad  económica.      

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Inactividad   procesal   absoluta  del  profesional  que  de  oficio  asistió  al  procesado  en  la  etapa  de  investigación  hasta  producirse su  clausura,   es   pues  el  cargo  que  la  casacionista  aduce  como  causal  de  invalidación  de  lo actuado en este asunto. No obstante, admite que a pesar de  haberse  hecho  cargo  del asunto antes del vencimiento del término para alegar  de  conclusión,  no hizo uso del mismo “no sólo por  la  premura  del  tiempo,  sino  porque  creí que se declararía la nulidad que  deprecaba   el   encartado   en   su  alegato  previo  a  la  calificación  del  sumario”,  proveído que tampoco impugnó dizque con  la  “esperanza” de que tal  anomalía la subsanaran los jueces en la causa.     

          Si  la  nulidad  ha  sido concebida no sólo en interés de la misma  ley   sino   y   principalmente   como  mecanismo  garantista  de  los  derechos  fundamentales  de  los sujetos procesales que intervienen en el proceso penal, y  para  preservar  la  estructura  de  la  investigación  y  el  juzgamiento,  su  invocación  debe  tener  una   clara  y  adecuada  sustentación,  lo cual  significa  que quien la impetre corre con la carga de demostrar la existencia de  la   irregularidad   argüida,   así  como  el  daño  al  derecho  fundamental  presuntamente  violado  o el agravio que desquicia sustancialmente las bases del  proceso,   a  tal  punto  trascendente  que  la  única  forma  de  procurar  el  restablecimiento  debido  lo  constituye  la  declaratoria  de nulidad parcial o  total  de  la  actuación  -principio  de trascendencia  (Art 308-2 del C. de P. Penal)-.   

          A  este  respecto,  conviene  recordar  el pensamiento de la Sala en  punto  de  las  exigencias  formales  para  plantear  como  tema de casación la  violación  al  derecho de defensa. Entre otras decisiones está la proferida en  agosto  11  de 1998, Radicado N° 13.029, M.P. Dr. Ricardo Calvete Rangel, donde  se dijo:   

“Para el tema concreto planteado, esto es,  la  presunta  violación al derecho a la defensa, no es suficiente extrañar que  el  defensor no hubiera pedido pruebas, o que no hubiera interpuesto recursos, o  que  no  se hubiera notificado personalmente de las decisiones. Es necesario que  se  demuestre  que  con  esa  actitud  se dejaron de allegar elementos de juicio  fundamentales  para  la  decisión,  o  que  no  obstante  ser  evidente que los  intereses    del    procesado    se    lesionaron    no    hubo   una   oportuna  impugnación.   

(…) es precisamente la ley procesal la que  autoriza  las  notificaciones  por estado. Igual aspaviento hace con la ausencia  de  recursos,  desde luego sin intentar siquiera una explicación sobre por qué  estima  que  si  se  hubiera  recurrido el auto de detención, la resolución de  acusación  o  la  sentencia,  la  situación  del procesado hubiera sido mejor.  ¿Acaso   ante   la   claridad  de  lo  sucedido  era  viable  demostrar  la  no  responsabilidad?  O  ¿se  podía esperar una pena más benigna (…)? ¿Cuáles  fueron  las  pruebas  de descargos que se dejaron de practicar, y a qué aspecto  tan  importante  conducían, de modo que el hecho de no haberlas pedido lesionó  el derecho de defensa?   

“(…)  hubiera  sido  interesante conocer  qué  fue  lo que no hizo el defensor que afectó de manera tan grave, como para  llevar a la nulidad, la garantía de la defensa técnica.   

“La   respuesta   a   los   anteriores  interrogantes  ha  debido  formar parte de la sustentación del recurso, pues lo  que  se  anotó  en la demanda no es otra cosa que posibilidades procesales cuya  trascendencia  se  ignora  porque el actor no la mencionó, mucho menos intentó  demostrarla (…)   

“La  actitud  pasiva del defensor no es en  sí  misma  indicativa  de  ninguna  irregularidad, pues como lo ha reiterado la  jurisprudencia,  hay  casos,  y éste podía ser uno de ellos, en donde la mejor  defensa  es  dejar  que  el  Estado  asuma  toda  la  carga de la prueba ante la  evidencia  de  las  que  se  pidan perjudican al acusado; o en donde no conviene  recurrir  dado  el  acierto  indiscutible  o  la  generosidad del fallador. Esos  pueden ser también méritos de una buena defensa (…).”   

          El  ejercicio  que  viene de reseñarse brilla por su ausencia en el  libelo  cuya  revisión formal ocupa la atención de la Corporación. En efecto,  la  impugnante  sólo  se  conforma  con  pregonar  que  si el defensor oficioso  hubiese  estado  atento  a contrainterrogar al único testigo de cargo que en su  sentir  aparece  en  el proceso, se habrían despejado muchas incógnitas que al  final  de cuentas se resolvieron en contra de su asistido; empero omite señalar  qué  fue lo que expresó dicho testigo en perjuicio del imputado que no hubiera  sido  esclarecido  o no fuera objeto de demostración durante la investigación,  o     de     qué     manera     un     contrainterrogatorio     “habilidoso”    hubiera   obligado   al  declarante  a  retractarse,  como  si  el  proceso  penal constituyera mecanismo  propicio  para  el  ejercicio torticero del derecho, o campo abonado para que el  más  hábil  y  astuto  de  los  abogados  defienda sus intereses a costa de la  finalidad  esencial  del  mismo,  esto  es, la búsqueda de la verdad material o  histórica de los hechos.   

          Y  menos  logra  acreditar  la  recurrente extraordinaria, porque ni  siquiera    lo    menciona,    en    qué   consistieron   las   “acusaciones  temerarias” vertidas por el  mentado  deponente,  o  su “ensañamiento”  con  el reo, en contraposición a lo que probablemente pudieron  exponer  sobre los acontecimientos otros testigos  -los cuales ni se atreve  a  señalar-,   que  supuestamente  llevaron  al  fallador  a  proferir una  decisión  a  espaldas  de la realidad procesal, situación ésta que de haberse  presentado,  como  vicio  in  iudicando  que  es,  ha  debido  alegar por la vía de la violación indirecta,  con señalamiento de la modalidad del yerro.   

          Es  que  no  basta  con  hacer  referencias  genéricas  a  posibles  vulneraciones  del  derecho  a  la  defensa  o  al  debido  proceso, es menester  precisarlas  y  demostrar  el  perjuicio irrogado en la situación particular de  quien  así  lo  arguye  sin  dejar  de  lado  la  indicación  de su incidencia  determinante en la decisión cuestionada.   

          Igualmente,   echa   de   menos   la   casacionista   la   falta  de  reconocimiento  del  procesado  en  fila  de  personas por parte de quien con su  versión,  considera  perjudicó  al  encartado, no empece a que “en  la  etapa  probatoria  de  la  causa  de  manera  infructuosa se  pretendió  subsanar  esta  anomalía”.  Si para  la  impugnante era de vital importancia la práctica de dicha prueba, se ignoran  los  motivos  por los cuales no impugnó el auto que la denegó y de qué manera  su  realización  hubiera  redundado  en beneficio de la situación procesal del  acusado,  porque  a  voces  de  la  propia actora el juzgador le dio crédito al  dicho  del testigo de cargo en cuanto a que conocía al procesado desde antes de  la comisión del homicidio.   

          También  cuestiona  la  recurrente  la legalidad del reconocimiento  fotográfico  practicado con su pupilo, pero respecto de este reproche basta con  decir  que por tener el supuesto vicio directa relación con el tema probatorio,  su  proposición  ha  debido hacerse con fundamento en la causal primera, cuerpo  segundo,  por  error  de  derecho  originado  en un falso juicio de legalidad, y  demostrar  su  aserto  en  cuanto  a  que  dicho reconocimiento por provenir del  único  testigo  de cargo se constituyó en pilar esencial de la acusación y de  la condena.   

            En síntesis, como bien lo ha expresado en múltiples ocasiones la  Sala,  pese  a  la  aparente simplicidad en su concepción, la causal tercera no  escapa  al  rigor  formal  que  exige la técnica de la casación, puesto que la  proposición  del  cargo  no  es de libre formulación. Por tanto, el censor que  aspire  a  su  reconocimiento  ha  de motivar y probar los fundamentos en que se  apoya,   señalando   en   concreto   las   irregularidades   sustanciales   que  presuntamente  socavan  las  bases  del proceso y/o la manera como ellas afectan  los  derechos  y  garantías  de los sujetos procesales, no siendo de recibo las  afirmaciones  generales  y  abstractas  o  las  concretas  que  no  se sustenten  debidamente   y   no   pongan  de  relieve  la  incidencia  trascendente  de  la  irregularidad  en  el fallo acusado, de tal manera suficiente que, de no haberse  producido,   otro   hubiera   sido   el   sentido  del  mismo.      

          Así  las  cosas,  al  carecer  la  demanda  de estos requerimientos  técnicos,  la  Corte no puede admitirla sin desconocer la naturaleza rogada del  extraordinario   recurso;   de   donde  se  sigue  que  por  no  satisfacer  los  presupuestos  del  artículo 225 del C. P. P., el libelo debe ser rechazado y la  impugnación declarada desierta.   

          En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

         RECHAZAR  IN  LIMINE  la  demanda  que  a  nombre     del     procesado     MELQUIS     AGUIAR  CIFUENTES  presentó su defensora, contra la sentencia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Ibagué que lo condenó por  homicidio     agravado.     En    consecuencia,    se    declara    DESIERTO   el   recurso   extraordinario  propuesto contra dicha decisión.   

           De  acuerdo  con  lo  normado  en  los  artículos  197  y  226  del  Código  de Procedimiento Penal, este proveído no  admite recurso alguno.   

CÓPIESE,      COMUNÍQUESE      Y  DEVUÉLVASE.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                            EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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