13888a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 21  

          Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  febrero diecisiete de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          Revisa  la  Corte  el  aspecto  formal  de  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  WBEIMAR GÓMEZ CASTAÑO contra la  sentencia  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, mediante la  cual  confirmó  la  del Juzgado 20 Penal del Circuito de la misma ciudad que lo  condenó  a  la pena principal de 25 años y 6 meses de prisión, como autor del  concurso heterogéneo de homicidio y porte ilegal de armas.   

ANTECEDENTES   

          El  16  de  agosto  de 1995  en la carrera 45 con calle 79B del  barrio  Manrique  de  Medellín, fue baleado León Alexander Carmona Zuluaga por  un  sujeto que se apeó del vehículo Mazda de placas LAA 699. La investigación  permitió  identificar  al  homicida  como  WBEIMAR  GÓMEZ  CASTAÑO,  a  quien  mediante  proveído  del  15 de noviembre de 1996 la Fiscalía 5ª Delegada ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  acusó por los delitos de homicidio y porte  ilegal  de  armas,  produciéndose  luego  su condena por los mismos injustos en  sentencia  de  primer  grado  proferida  por  el  Juzgado 20 Penal del Circuito,  proveído  que  el  23  de  julio de 1997 confirmó en su integridad el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Medellín, siendo contra esta decisión que  ahora  pesa  el recurso extraordinario oportunamente interpuesto por el defensor  del convicto.   

LA DEMANDA  

          El  libelista presenta dos cargos por violación indirecta de la ley  sustancial.  Uno  por  error  de hecho por falso juicio de existencia y otro por  falso  juicio  de  identidad  supuestamente  cometidos  sobre  las  pruebas  que  constituyeron  el  soporte  de los hechos indicadores con los cuales el Juzgador  declaró   la   responsabilidad   penal   del  procesado.  Desarrolla  así  los  cargos:   

          A) DEL FALSO JUICIO DE EXISTENCIA   

          Para     el     censor    la    prueba    indiciaria    “sobre  la  cual  se  fundó  la condenación del justiciable que  vengo  representando  desde el inicio de este procesatorio, fue estructurada por  los  juzgadores de las instancias ordinarias con base en unos hechos indicantes,  cuya  demostración  plena dieron por cierta, mediante una evaluación en la que  se  omitió  analizar  varias probanzas, se supuso la existencia de otras, y por  último  se  les  cambió  el  sentido objetivo a las existentes en el legajo”  .   

          Concreta  el  reproche señalando las siguientes supuestas falencias  de los hechos indicadores:   

1.  De  los  problemas  existentes  entre el  occiso  y  el  hermano  del  procesado, éste quedó excluido sin que de ello se  percatara  el juzgador al haber dejado de tener en cuenta los testimonios de las  personas que así lo acreditaban.   

2. De la llamada telefónica  hecha a la  madre  del  procesado,  que  se  constituyó  en  el  motivo  para  que éste se  trasladara  a  la  escena  del  crimen,  es la misma señora quien la desmiente,  aunque    tampoco    existe    prueba    alguna    demostrativa   de   su   real  existencia.   

3. La presencia del sindicado en el lugar de  los  hechos  sólo  se auspicia en un supuesto informante que jamás compareció  al  proceso,  dejándose  de  lado los testimonios de Emerson de Jesús Gómez y  Jhon  Fredy  Castaño quienes aseveraron que el imputado jamás había conducido  el  automotor  en  el  que  presuntamente  se  movilizó el autor del homicidio.   

4. De las expresiones supuestamente lanzadas  por  la  madre  del  procesado,  de aceptación de la autoría de sus vástagos,  esto  fue  negado  por el propio Enrique Sánchez González en el testimonio que  no  fue  apreciado por el Tribunal no obstante ser la persona a quien el hermano  de la víctima atribuyó haber escuchado tales palabras.   

5.   De   las  intimidaciones  a  las  que  supuestamente  se  vieron  sometidos  los  hermanos Gómez Barco, manifiesta que  éstas  no existieron sino en la mente del fallador en la medida en que no obran  pruebas  que  así  lo  señalen, por el contrario, sus presuntos receptores las  negaron  tornándose  en  todo  caso  imposible  acreditarlas  por  el  aparente  nerviosismo que los acompañó cuando declararon en el proceso.   

6.  Por  último, destaca el buen hombre del  procesado,  circunstancia desconocida como consecuencia de la no apreciación de  diferentes declaraciones.   

          La  exclusión de estos testimonios no permitió a la Judicatura ver  posible  atribuirle  a  otra  persona  la  responsabilidad penal por los delitos  investigados y por ende aplicar la duda en favor del sindicado.   

          En  seguida  alude  al error de hecho por falso juicio de existencia  en  la  modalidad  de suposición. Al efecto sostiene que brilla por su ausencia  el  testimonio  del  taxista  que  supuestamente  observó  el desarrollo de los  hechos,   “testificación  indispensable  para  que  dicha versión tuviera verdadero asidero probatorio”.   

          Reprocha  a  la  Fiscalía  no  haber  decretado  ni  practicado  de  inmediato  esa prueba cuando contaba con lo necesario para hacerlo, y añade que  el  hecho  de haberse identificado por un sujeto anónimo el vehículo utilizado  por   el  autor  como  de  propiedad  de  la  tía  del  procesado  “ello  no  demuestra  que  sea cierto qua (sic) haya estado en la  escena  del  homicidio”,  sino  más  bien  que  los  familiares   del   occiso   “hayan   aportado  esa  descripción   automoviliaria  al  Fiscal,  motivados  por  sus  “sospechas”  originadas  en  los problemas que se dice antecedieron a ese suceso luctuoso”,  lo  cual  propició la muy discutible tesis de que por  ser  un  funcionario  el  receptor  de  la  denuncia  anónima,  su contenido se  capitalice  como  verdad pues ello implica desequilibrio procesal o “tácita  e  ilegal  supresión  de  la prueba testimonial en los  casos de rumores…” .   

          Pasa  a  referirse  luego  a la conversación que se dice sostuvo la  madre   del  procesado  y  la  señora  “cleofe”,  asegurando  que  tal  hecho  no  se  probó  ya que no  aparece  la ratificación de esta señora y por eso el hecho indicante de que la  progenitora  hubiese  aceptado  la  responsabilidad  de  sus  hijos “no  está  demostrado en la foliatura; decir lo contrario, es un  claro  error  de hecho, que desprestigia la consecuente reflexión que se quiera  extraer de esa base tan incierta y viciada”.   

Estos  errores  en  opinión  del  censor se  acentúan  “al comprobarse la ausencia procesal del  testimonio    del   policial   Floirán   Palacio   Rodríguez”   quien  al  parecer fue la persona encargada de comunicarle al Fiscal  sobre  las  amenazas  de  los  hermanos  Gómez en contra de la víctima, según  palabras  de  otro testigo anónimo. Y agrega: si el Tribunal no hubiese fingido  “la  probatura  testifical  ya  analisada  (sic) no  hubiera  errado en la apreciación de los hechos indicadores en ella propuestos,  y  que  configuran  la  base  de la prueba indiciaria utilizada para pregonar la  certeza sobre la responsabilidad de mi pupilo…”.   

          Por  lo  que  concierne a estos reproches,  solicita  la  casación  del  fallo  y el subsiguiente  proferimiento de la sentencia sustitutiva que debe ser absolutoria.   

          B) DEL FALSO JUICIO DE IDENTIDAD   

          En  este segmento de la demanda, el censor acusa la sentencia de ser  consecuencia  de  una sobredimensión de la capacidad demostrativa de la endeble  prueba  de  cargo,  así como de la tergiversación y recorte de otros medios de  convicción.   

          Advierte  que no discute la prueba testimonial tenida en cuenta para  condenar  por provenir de los consanguíneos de la víctima sino por carecer sus  contenidos  de  la ratificación procesal de parte de  sus fuentes directas  -el  taxista  Cleofe-  cuando  de otro lado el proceso contaba con testigos como  Victor   Hugo   Gómez,   Cristian   Gómez  y  Rodolfo  Enrique  Sánchez,  que  categóricamente desmentían  las versiones incriminatorias.   

          Afirma  además  que  Victor  Hugo  Gómez  jamás  aceptó  ser  el  portavoz  de  la  forma  como  se  desarrollaron  los hechos y que el informe de  inteligencia   del   C.T.I.   es  sólo  una  transcripción  de  las  versiones  inculpatorias  de  los  familiares  de la víctima sin respaldo en comprobación  alguna,   a   tal   punto   que  el  funcionario  quiso   mostrar  que  los  contendientes  se  conocían  porque supuestamente vivían cerca el uno del otro  cuando   la   distancia  entre  las  residencias,  como  se  constató,  era  de  cuadras.   

          Después  de  recordar  algunos  pasajes  de  los testimonios de los  hermanos  Gómez  Barco,  afirma  que  “se les da un  sentido   contrario   a   lo   que  objetivamente  expresan”   pues  de  su  literalidad  no  se  desprende que, como lo coligió  equivocadamente  el  Tribunal,  Víctor  Hugo  Gómez  se  hubiera  esfumado del  vecindario,  que  alguno  de  los  cofrades  hubiese  hablado  con  la madre del  interfecto  y  por  el  contrario  lo que fluye es que el policial hermano de la  víctima  fue  quien  desde  un  principio orientó la investigación fincado en  sospechas  que  lamentablemente  no aclaró la Fiscalía teniendo en todo caso a  su  mano  el  programa  de  protección  a  testigos  si  era  que  el asunto lo  ameritaba.   

          Se  lamenta  también  el  censor  de  que  si  a la prueba de cargo  “el a-quo le dió un alcance suasorio que no tiene,  coetaneamente  no  les  dió  el alcance que si tienen otras testificaciones que  exoneran  de  responsabilidad  a Wbeimar Gómez Castaño en los hechos proclives  ”.   

          Es  así  como  remata  significando la trascendencia de los errores  como  que  de  no  haber  incurrido  en  ellos el Tribunal, otra hubiera sido la  decisión  final,  por lo cual depreca sentencia absolutoria sustitutiva, previa  casación del fallo censurado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          En   todas  aquellas  oportunidades  en  que  esta  Corporación  ha  encontrado  en  las  demandas  de  casación  claras  maniobras  del  recurrente  tendientes  a  rechazar la razonada y libre apreciación que de las pruebas hizo  la  judicatura,  la conclusión no ha sido distinta a predicar el incumplimiento  de  los  requisitos  formales  exigidos  en  el  artículo  225  del  Código de  Procedimiento  Penal  para  esta  clase de libelos, habida consideración de que  diferente  a  posibilitarse  la  apertura  del  análisis  de la legalidad de la  sentencia  combatida,  pináculo  del  recurso  extraordinario  de casación, se  estaría  fomentando  la  creación  de  una tercera instancia para la imposible  discusión  de  las  diversas opiniones que en punto a la valoración probatoria  le  hubiesen podido quedar a los sujetos procesales, no obstante haber terminado  esta  clase  de debates con la sentencia de segundo grado que arriba a esta sede  con  la  doble  presunción  de acierto y legalidad destronable tan sólo con la  demostración   de   que   se  duele  de  errores  in  iudicando     o     in  procedendo .   

          Esta  clase  de  falencias  es suficiente para que la Sala considere  que  se  encuentra  frente  a  una  arremetida  de  instancia, de la cual penden  afirmaciones  defensivas  que  en  apariencia  se ubican dentro de la violación  indirecta  de  la  ley sustancial en las tres modalidades que ofrece el error de  hecho  -falso  juicio  de  identidad,  falso  juicio  de existencia por omisión  probatoria  y  falso  juicio  de  existencia  por  suposición  de los elementos  de   convicción-, pero que al profundizar en su análisis no muestran cosa  diversa  al  afán  que  impulsa al proponente para imponer su personal criterio  valorativo  sobre las pruebas contra el más autorizado del Tribunal y con ello,  en  unos  casos,  crear  un  incorrecto  paso  del  aducido error de hecho al de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  y en otros, al interior del mismo  cargo  desarrollar  censuras  por errores fácticos incompatibles; sin demostrar  yerro alguno como ordenan los cánones de la casación.   

          Tales   inconsistencias   pueden   deducirse   de   los   siguientes  puntos:   

          1.  al  desarrollar  el  primer  cargo,  en el espacio que dedica al  supuesto  error de hecho por falso juicio de existencia en la forma de omisión,  a  las  claras se ve que lo pretendido por el impugnante es restarle valor a los  “testigos de oídas” sin  comprobar  la  real  existencia  del  yerro que aduce pues diferente a acreditar  cómo  la  invención  probatoria del ad-quem era el soporte de la sentencia, en  contravía  de  la  censura  se  ocupa  del  contenido  de  la prueba que da por  incorporada al proceso.   

Es   así   como  aduce  que  “en  los  testimonios aportados por Victor Hugo y Cristian Adolfo  Gómez  Barco,  no  consta que hubiesen sido amenazados por algún integrante de  la  familia  Gómez  Castaño o por amigos de éstos, para que no incriminaran a  Wbeimar;  sin  embargo  ello se ignoró en las consideraciones de las sentencias  recurridas;  optando  a  cambio por lucubrar , sobre una frase que objetivamente  no  hace  alusión  a  amenazas  ni  mucho  menos a sus autores”; reparo  este  que  concierne  al  error de hecho por falso juicio de  identidad  en  la medida en que sugiere la distorsión del contenido fáctico de  tales  aserciones  por  parte del sentenciador, y que al ser formulado dentro de  la  órbita  del incompatible falso juicio de existencia inicialmente planteado,  desvía   el   cargo   en  su  desarrollo  acusando  falta  de  claridad  en  el  planteamiento,  pues  ya  no  se  sabe  si  los  mencionados  testimonios fueron  ignorados  (falso  juicio  de  existencia) o si la inconformidad radica es en la  defectuosa  ponderación  por  haber  trastocado  el  sentenciador  su contenido  material (falso juicio de identidad).   

          En  confusión  semejante  incurre el libelista cuando con parquedad  afirma  que  para  la  debida comprobación de algunos de los hechos indicadores  debieron  existir  medios  de convicción diferentes a los determinados para tal  efecto por el sentenciador.   

          2.  Las  falencias  por  la inconsistencia del ataque se acrecientan  cuando  el  censor,  al  referirse  al  supuesto  falso juicio de existencia por  suposición,  apuntala  el  reproche en consideraciones como estas: “Brilla  por  su  ausencia, el testimonio del “taxista” (…)  testificación  indispensable  para que dicha versión tuviera verdadero asidero  probatorio,  y  pudiera  haber  sido objeto de una sana crítica testimonial por  parte  de  todos  los  sujetos  procesales  en  aras  de  decantar  su  nivel de  credibilidad,  para  lo  que  era trascendente comprobar el grado de percepción  que   pudo   tener   al   respecto   el   anónimo  testigo…”;  aserciones  con  las  cuales  al  parecer  quiere  echar de menos la  práctica  de  una  prueba, y de ser ello así la omisión era censurable por la  vía de la causal tercera.   

          Mas  si  en  gracia  de  discusión  se  pensara que lo que atrae al  censor  para  promover su ataque es que tanto el anterior testimonio como los de  Cleo  y  del  agente  Palacio Rodríguez eran imprescindibles para ratificar las  versiones  dadas  por  los  testigos  de oídas, en nada mejora su suerte habida  cuenta  de  que con ello no demuestra el yerro que aduce sino una muy particular  manera  de  no  aceptar  gratuitamente  algunas  de las pruebas que sirvieron de  fundamento a la sentencia.   

          3.  Tratándose  del  falso  juicio  de  identidad, no resulta menos  criticable  la  postura asumida por el casacionista  en tanto lo reprochado  de    las    pruebas   es   lo   que   se   da   en   llamar   la   “sobrevaloración   que  nunca  merecerá,  ante  las  múltiples  objeciones  demostradas  en precedencia”, con lo cual  reconoce   simplemente  que  no  está  de acuerdo con el valor dado por el  sentenciador  al  torrente  probatorio  merced  al cual configuró uno a uno los  hechos  indicadores  para  tejer  los  indicios que le permitieron determinar la  responsabilidad penal del encausado.   

          Mírese,   si   no,   lo   que   sobre   las   pruebas   apunta   el  libelista:   

“Para  rematar  mi  análisis  crítico,  tendiente  a  demostrar  la  inidoneidad probatoria de los testimonios de oídas  vertidos   por   los  familiares  del  occiso  y  con  los  que  se  erigió  la  responsabilidad   de   Wbeimar   Gómez   Castaño,  dándose  así  un  alcance  demostrativo   que   jamás   tienen,   resaltaré   a   continuación   algunas  contradicciones    fundamentales    en    que    incurren    entre   si   dichos  deponentes.”   

“Sintetizando,  es  muy  dudoso,  por  lo  controvertible,  el resultado de la investigación realizada por el C.T.I. y que  fue  incluído en el reporte documental anexado al protocolo; y en consecuencia,  es  pobre  e ineficaz para el esclarecimiento de la forma como ocurrió el hecho  cruento   allí   especificado   y  su  autor.  Siendo  exagerado,  el  crédito  incriminatorio   que   se  le  otorgó  en  la  sentencia  atacada  en  sede  de  casación.”   

          Estas  expresiones  cambian  de  rumbo  a  la  censura, propuesta en  principio  por  un  supuesto  error  de hecho, trasladándola al falso juicio de  convicción,  modalidad del error de derecho inaceptable dentro de un sistema de  libre  apreciación  de  las  pruebas  como  el que por regla general rige entre  nosotros  en  el  cual,  al  carecer  éstas de una determinada tarifa legal, su  valor  depende  del  examen  reservado  al  juez, quien en su apreciación sólo  está  limitado  por  los  derroteros  que  le  imponen  la  sana  crítica y la  razonabilidad humana.   

          4.  Ahora  bien, si lo que pretendía el censor era reivindicar para  el  procesado  el  beneficio  de  la  duda  bajo  el  contexto  de  la  supuesta  deficiencia  probatoria  disimulada  sólo por la construcción indiciaria hecha  por  el Tribunal, el reproche deviene incompleto y mal formulado pues de un lado  la  hesitación  sólo podría derivarse del análisis conjunto y racional de la  totalidad  de  pruebas,  no de la selección arbitraria del medio de convicción  que  haga el recurrente como si se tratara de un acto de liberalidad procesal, y  del   otro,   la   censura   por   la  falta  de  aplicación  del  in  dubio  pro  reo,  si  bien  se  puede  intentar  por  la  vía de la violación indirecta de la ley sustancial mediante  la  ponderación  de  toda  la  prueba,  exige  al  impugnante  la demostración  concreta  de los errores de hecho o de derecho que obstaculizaron al juzgador el  reconocimiento  de  la duda, ejercicio este que dejó de hacer el censor para en  su  lugar  combatir  como  en  las  instancias  la valoración dada por aquél a  algunas  pruebas,  soslayando  eso  sí  otras  que  por  igual  le  permitieron  configurar hechos indicadores.   

          En  este  orden  de  ideas,  el  esfuerzo  del  recurrente  se torna  antitécnico,  pues  como ya se dijo se redujo a replantear el examen probatorio  en  el  que  pretendió hacer primar su particular valoración de algunos medios  de  convicción constituidos en hechos indicadores, convirtiendo la impugnación  extraordinaria  en  una tercera instancia y desconociendo que la casación no es  escenario  apto  para  las  alegaciones por disparidad de criterios sino para la  revisión de la legalidad del fallo.   

          Por   todo  ello  la  demanda  no  cumple  las  exigencias  formales  impuestas  por el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal para permitir  a  la  Sala  el  estudio de fondo del tema planteado, lo cual conduce al rechazo  anticipado  de  la  demanda  y  a la subsiguiente declaratoria de deserción del  recurso.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          RECHAZAR    IN    LIMINE   la  demanda  de  casación presentada en favor del procesado WBEIMAR  GÓMEZ  CASTAÑO,  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  que  lo  condenó por los delitos de homicidio y porte  ilegal de armas.   

          En     consecuencia,     se     declara    desierto    el    recurso  interpuesto.   

          En  contra  de esta decisión, por mandato expreso del artículo 197  y   226   del   Código   de   Procedimiento   Penal,   no   cabe   impugnación  alguna.   

                         CÓPIESE, COMUNÍQUESE Y DEVUÉLVASE   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL             RICARDO  CALVETE RANGEL   

JORGE        E.        CÓRDOBA  POVEDA             CARLOS   A.  GALVEZ  ARGOTE                   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

DÍDIMO    PAEZ    VELANDIA                                          NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria    

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