13868j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 13868  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                               Magistrado  Ponente   

                                        Dr.  EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

                                              Aprobado por  Acta No. 111   

Santafé de Bogotá, D.C., veintisiete (27)  de julio de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

         V I S T O S   

         Define  la  Sala si la demanda de casación que formula el defensor  del  acusado  JUAN  CARLOS  DIAZ  AGREDO  reúne  los  requisitos  que  para  su  admisibilidad  formal  precisa  el  artículo  225  del Código de Procedimiento  Penal.  El  fallo  que  se  ataca  en sede extraordinaria es el proferido por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Cali el 14 de julio de 1997 y que  confirma  la  condena  emitida  por  el Juzgado Veinte Penal del Circuito de esa  misma ciudad.   

         A N T E C E D E N T E S   

         1.  El  resumen  de  los  hechos  lo  hace  el fallo acusado en los  siguientes términos:   

         “De  acuerdo  a  lo adelantado dentro de la averiguación, el 25 de  diciembre  de  1994, hubo un enfrentamiento entre JUAN CARLOS DIAZ AGREDO y JUAN  MORALES  ARTUNDUAGA,  en razón a que este último ofendía de palabra al suegro  de  DIAZ  AGREDO señor NICOLAS BALANTA, procediendo éste a sacarlo a la fuerza  de la casa.   

         Ofendido,     MORALES     ARTUNDUAGA     siguió     dando    voces  groseras   

         desde  la  calle y al no obtener respuesta se marchó para regresar  más  tarde,  portando  un  arma  de fuego, con la cual realizó varios disparos  contra  la residencia localizada en la carrera 24D No.42-53 del Barrio Asturias,  domicilio  de  DIAZ  AGREDO  su  esposa, hijos y suegros, por lo cual, y ante la  agresividad  del sujeto, el residente sacó un revólver y desde la puerta de su  casa  le  hizo  un  solo  disparo  a  JUAN  MORALES  ARTUNDUAGA,  con la cual le  ocasionó  herida  grave  que  provocó hemorragia masiva, la cual acabó con la  vida del lesionado.”.   

         2.  De  estos  hechos  conoció  la  Fiscalía 33 Delegada ante los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Cali  que  el 13 de febrero de 1996 decretó  medida  de  aseguramiento  en  contra  de  JUAN  CARLOS  DÍAZ  por el delito de  homicidio,  y  el  11  de  junio  de  ese  año,  le  cobijó con resolución de  acusación por esta infracción y la de porte ilegal de armas.   

         Conocida  la  causa  por  el Juzgado 20 Penal del Circuito de Cali,  luego  de  verificar la audiencia pública profirió el fallo de mayo 13 de 1997  en  el  cual  declara  la responsabilidad penal de DIAZ AGREDO y le condena a 25  años  y  6  meses  de  prisión  por los delitos de homicidio y porte ilegal de  armas,  adicionándole la interdicción de derechos y funciones públicas por 10  años  y  el  pago  de  300  gramos  oro  por  concepto  de  perjuicios morales,  denegándole al acusado la condena de ejecución condicional.   

         Contra  esta  decisión  recurrió el defensor del acusado, pero el  Tribunal  Superior del Distrito mediante fallo del 14 de julio de 1997 confirmó  integralmente  la providencia del a-quo, lo que ha traído el asunto a esta sede  por iniciativa del mismo defensor quien lo recurre en casación.   

         L A   D E M A N D A   

         El   recurrente  inicia  su  escrito  identificando  el  fallo  que  impugna,  y a los sujetos procesales pasando a hacer una síntesis de los hechos  y   de   la   actuación   previa   al   proferimiento   de   la  sentencia  que  ataca.   

         Al  abordar  el  tema  de la causal de casación dice atenerse a la  del  numeral  primero cuerpo segundo del artículo 220 del C.P. (sic) formulando  un  solo cargo en cuanto a su entender “la sentencia desconoció la parte de los  antecedentes  consignados en el acta de necropsia médico-legal la que determina  la   ubicación   de   la   herida  que  dió  muerte  al  señor  Juan  Morales  Artunduaga”.   

         El  fundamento  que  da  el  censor  a  este  cargo recuerda que el  Tribunal  describió  la herida oval de bordes regulares ubicada en fosa iliaca,  la  cara  anterior, lado izquierdo del cadáver a 16 cm. de la línea media y de  1.0  por 0.5 cms., mientras que la necropsia alude a la existencia de hemorragia  pélvica  masiva con lesión de vasos iliacos; herida abdominal por proyectil de  arma de fuego.   

         De  allí  se  entiende  que  para  la  Sala  la lesión afectó la  pélvis  “o sea de los iliacos al extremo superior del fémur en cuanto el hecho  que  menciona  la  necropsia  de  medicina  legal  sobre herida abdominal no hay  razón  para  rechazarlo, pues el abdomen comprende la parte inferior del tronco  que  encierra  principalmente  el  tubo  digestivo  y órganos anexos, es decir,  aquellos  que se afecten interiormente, también se identifica como vientre cuyo  significado  es  cavidad del cuerpo del animal en la que contiene los intestinos  y  otras  vísceras  contenidas  en  esta  cavidad.  Región anterior del cuerpo  humano  correspondiente  al  abdomen,  debiéndosele  por  lo  tanto  aclarar al  recurrente  que  las  lesiones que producen lesiones visibles en el cuerpo tiene  por  finalidad en la generalidad de los casos también causar daños internos en  el cuerpo de la persona.”   

         A  esta  estimación  opone  el  libelista  el  contraste entre las  dimensiones  que  de  los  orificios  de  entrada  y  salida  de proyectil en el  cadáver  describen  tanto  la necropsia como las fotografías anexas al proceso  (0.9  X  1.9  flanco derecho y 1.2 X 1 flanco izquierdo, frente a 1.0 X 0.5 lado  izquierdo  y  0.5  lado  derecho)  para de allí afirmar que “ello es importante  para  determinar  que  efectivamente  el  impacto no lo recibió el occiso en el  abdomen  como  se  hace  referencia en el acta de necropsia, sino, que fue en la  parte  superior  de  la  parte  derecho”  (sic),  de  donde  concluye que “si el  Tribunal  hubiera  observado  este  punto  determinante  para  medir el grado de  responsabilidad  de  mi  defendido  su  decisión  hubiese  sido  diferente. Las  fotografías  en  ningún  momento  señalan  el  abdomen como punto de mira del  impacto,  pues si ello hubiese ocurrido ubicarian las mismas de frente, pero las  mismas  nos están ilustrando como el señor Juan Morales Artunduaga recibió el  balazo que le segó su vida la teralmente” (sic).   

         Entonces  agrega que la sola consideración del lugar de impacto le  lleva  a  afirmar que la intención del sindicado era la de ahuyentar al agresor  y  no la de causar la muerte, de modo que si el Tribunal se hubiese enfocado con  base  en  las  fotografías, habría tenido una claridad mayor respecto al dolo,  asignando  una  culpabilidad  menor a DIAZ AGREDO considerando que su intención  no  era  eliminar  sino  lesionar  al  contrincante.  De  allí  infiere que fue  indebidamente  aplicado  el  artículo 323 del Código Penal y en su lugar dejó  de  aplicarse  el 325 ibidem, por lo que pide que al casar la sentencia entre la  Corte a condenar por homicidio preterintencional.   

         C  O  N  S  I  D  E R A C I O N E S  D E  L A  S A L  A   

         Si  bien  es  cierto  que el impugnante cumple en principio con los  requisitos  de  orden  informativo  que  requiere  en la demanda de casación el  artículo  225  del  Código  de Procedimiento Penal, y que su invocación de la  causal  primera  del  artículo  220 del “C.P.” constituye un error irrelevante,  por  lo  que cabe entender inequívocamente que la invocada es la causal primera  de  casación, lo que se hace notorio en el escrito que se examina y que conduce  a  inferir su deficiencia formal es la falta de fundamento lógico y claridad al  intentar    desarrollar    el    cargo    único    que    le   plantea   a   la  colegiatura.   

         En  efecto  al  comenzar  su  exposición crítica, el libelista es  certero  al  apuntar  que  el  defecto  de  la  sentencia  radica  en  que ésta  desconoció   la   parte   de   los  antecedentes  consignados  en  el  acta  de  necropsia.   

         No  obstante  cuando  se  espera  que  se  haga  un  desarrollo del  enunciado  falso  juicio  de  existencia  por  omisión, se encuentra con que la  transcripción  que  de  la  sentencia  se  hace  en  el  libelo,  hace mención  explícita  al  contenido  de la necropsia médico legal que cita del folio 35 y  de  otra  información  que  quien transcribe no permite saber si se detalla del  “folio 4 de estos cuadernos”.   

         Siendo  ello  así,  no  se  entiende  cómo  se  pueda  acusar la  omisión  de  una  prueba mientras que se transcriben precisamente apartes de la  sentencia  donde  se  pone  de  bulto  que  el fallador sí la tomó en cuenta y  expresamente la aludió en su contenido.   

        Ello  contrasta  precisamente  con  la  afirmación que más tarde  vuelve  a  hacer  el actor cuando aduce no ya, que el sentenciador omitió tomar  en  cuenta  la necropsia, sino que las desestimadas fueron unas fotografías que  de  haber  visto, dice el censor, habrían indicado que el impacto no dió en el  abdomen sino, “lateralmente”.   

        Además  de  esta  clara  contradicción  en  donde al final no se  permite  a  la  Sala  saber  si  el  error  se  refería  a la necropsia o a las  fotografías,  cuando  parece  por  lo  transcrito que a unas y otras aludía la  sentencia,  la inconformidad vuelve a demostrar clara inconsistencia, pues ya no  se  sostiene  en tan breves líneas que el error fuera el de hecho por omisión,  sino  que  el  análisis  se  traslada  a la interpretación del contenido de la  información  tanto de la necropsia como de las fotografías, pues mientras para  el  Tribunal  la zona del impacto fue el abdomen, para el censor fue un costado,  pero  sin  ingresar  en  el  análisis  de lo que él mismo admite como órganos  lesionados  y  determinantes  de  la  causa, pues sobre ese aspecto para nada se  refiere.   

        Lo  anterior  traduce  no solamente el abandono evidente del cargo  concreto   incipientemente   enunciado,  sino  además  la  ocurrencia  de  unas  contradicciones  que  no  podría  estar  al  alcance  de  la Sala dirimir, pues  restringida  como  se  halla  por  el  principio  de  limitación, no le es dado  enmendar los errores en los que incurra el censor.   

        De  añadido  se  tiene que el libelista no se limita a contrariar  el  planteamiento  primero,  sino  que  al  final  se  ocupa  de  oponer simples  criterios  interpretativos  sobre  las  pruebas,  distintos  de  aquellos que le  sirvieron al juzgador para fundar el fallo de condena.   

        En  tales  términos al abandono del falso juicio de existencia se  suma   una   proposición  excluyente  e  inadmisible  de  un  falso  juicio  de  convicción  que,  suponiendo  como  presentes  y  analizadas  las  pruebas  que  incipientemente  se  decían desestimadas, trata infructuosamente de dárles una  interpretación  opuesta a la del fallo, desconociendo que es al juez y no a las  partes  a  quien  se le concede la facultad de análisis demostrativo conjunto y  dentro  de  la  sana  crítica  y  frente  a ella, que al inconforme le queda la  posibilidad  de  acusar  por falsos juicios de identidad las desviaciones que en  la    valoración    de   aquellos   medios   pueda   ofrecer   el   fallo   que  discute.   

        No  fue  esta  segunda  opción la que tomó tampoco el libelista,  por  lo que su escrito, incompleto y contradictorio no puede declararse ajustado  en esta sede.   

        Consecuencia  obligada  de  la informalidad del escrito de demanda  será la deserción del recurso extraordinario.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Supre­ma de Justicia en  Sala  de  Casación  Penal,  administrando justicia en nombre de la República y  por autoridad de la ley,   

        R E S U E L V E   

1.  RECHAZAR  in  límine  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del acusado JUAN CARLOS DIAZ AGREDO dentro  del presente asunto, y   

2. Declarar como consecuencia la deserción  del recurso extraordinario.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno (artículos 197 y 226 del Código de Procedimiento Penal).   

Comuníquese,     devuélvase     y  cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

         

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                                    JORGE   CORDOBA   POVEDA                                

CARLOS  A.GALVEZ  ARGOTE                                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                                                                CARLOS    E.   MEJIA  ESCOBAR                        

ALVARO     ORLANDO     PEREZ   PINZON                        NILSON  E.  PINILLA     PINILLA                                          

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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