10749i

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No. 10749  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 103  

          Santafé  de  Bogotá,  D.  C.,  catorce de julio de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS:  

          Por  la  vía del recurso extraordinario de casación, se examina la  sentencia  de  segundo  grado  fechada el 21 de febrero de 1995, por medio de la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Quibdó condenó al procesado ALEXIS BERMÚDEZ  RUIZ  a  la pena principal de doce (12) años y seis (6) meses de prisión, como  autor  del  delito  de  homicidio  simple, en el grado de tentativa, cometido en  perjuicio del ciudadano FROILÁN VALOIS MENA.   

          Sobre  la  estructura  y  el mérito de la demanda ha conceptuado el  Procurador Segundo Delegado en lo Penal.   

          HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:   

          De  acuerdo  con  las narraciones de instancia, el episodio violento  se puede compendiar así:   

          Desde  la  noche  del 31 de diciembre del año de 1993, se realizaba  un  baile  en  la caseta de propiedad del señor Darío  Alvarez  Valois, situada en la Playa de Nabugá, paraje  que  corresponde  al  municipio de Bahía Solano, departamento del Chocó, lugar  en  el  cual  compartían  en  distintas  mesas ALEXIS BERMÚDEZ RUIZ y FROILÁN  VALOIS  MENA,  el  primero  acompañado de Carlos Mario  Pérez   Penagos   y  Henry  Yovanny  Ardila  Salas,  y  el  segundo al lado de las  damas   Sandra   Milena   Alvarez  Muriel,    hija   del   dueño   del   establecimiento,   y   Martha Potes.    

         

          Aproximadamente  a  las  2 de la mañana del día siguiente, tal vez  disgustado   porque   la   señora   Mariela   Muriel  Lozano,  esposa  del  propietario  del local, le negó  crédito    por    el    valor    de    una   botella   de   ron,   Alexis  tiró  un envase de cerveza contra  el     piso,     cerca     a     la     mesa     que     ocupaba    Froilán,  entonces  éste  y Carlos  Mario  retiraron  amistosamente al  enervado  hacia  el patio, pero allí se suscitó una disputa entre Froilán        y       Alexis,   pues,   mientras   el   primero  esgrimió   una   navaja,   el   segundo  sacó  un  cuchillo  que  le  incrustó a su detractor en la región  toraco-abdominal    derecha,    causándole   una   lesión   que   comprometió  profundamente  el  lóbulo derecho del hígado y el mismo costado del diafragma,  y  además  le  produjo  una  incapacidad  definitiva  de  35  días,  sin otras  secuelas.   

          Con  fundamento  en la instructiva del lesionado y en la evaluación  médico-legal  del mismo, la Fiscal Doce Delegada del municipio de Bahía Solano  abrió  instrucción  y  posteriormente  le  recibió  indagatoria  al  imputado  Alexis Bermúdez Ruiz (fs. 6,  7  y  17).  Después, por medio de resolución del 7 de febrero de 1994, el  mismo   despacho  instructor  dictó  medida  de  aseguramiento  en  contra  del  sindicado,  consistente  en detención preventiva, sin derecho a excarcelación,  como autor del delito de homicidio tentado (fs. 32).   

          Cerrada  la  investigación,  la  instructora  calificó  el mérito  sumarial  el 26 de mayo de 1994, según resolución acusatoria que dictó por el  delito  de  homicidio  simple  en  el grado de tentativa, de conformidad con los  artículos  22 y 323 del Código Penal (fs. 64 y 79).  La acusación quedó  ejecutoriada  el  13  de  julio  de  1994,  pues  la  última  notificación del  proveído se cumplió el 8 de julio del mismo año (fs. 89vto.).   

          El   conocimiento   para  el  juicio  le  correspondió  al  Juzgado  Promiscuo  del Circuito de Bahía Solano, despacho que ordenó el traslado legal  para  preparar  la audiencia pública, la cual se realizó el 30 de noviembre de  1994  (fs.  106  y  149).   El  Juzgado dictó sentencia de condena el 7 de  diciembre  de  1994,  por  medio  de  la  cual  le  impuso  al procesado la pena  principal  de 12 años y 6 meses de prisión, como autor del delito de homicidio  (tentado),  y  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas  por  igual  tiempo;  además,  el  sentenciador dispuso el reconocimiento de los  perjuicios  en  cuantía en 150 gramos oro y negó el subrogado de la condena de  ejecución condicional (fs. 159).   

          Para  atender  el recurso de apelación interpuesto por el procesado  y  su  defensor,  el  Tribunal Superior de Quibdó profirió el fallo de segundo  grado  que  ahora  es  objeto  de  casación,  decisión  en  la  cual confirmó  integralmente lo determinado en la primera instancia (fs. 187).   

CONTENIDO DE LA DEMANDA:  

          El  actor  ataca  la  sentencia  por la vía de la causal primera de  casación,  como  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  y propone dos  cargos:   

            1.   El  primero  lo califica como falso juicio de existencia  que  recayó  sobre  los  testimonios  de Henry Yovanny  Ardila  Salas (fs. 31), Carlos  Mario   Pérez   Penagos   (fs.  40)  y  Wilmar  Potes  Medina  (fs.  41),  quienes  atestiguan  que  Alexis tiró  la    botella,    después    Froilán   lo  encuelló  y  sacó  una navaja con la cual agredió al primero,  éste   lo   esquivó   y   rápidamente   se  defendió  con  un  cuchillo  que  portaba.   

          Dichas  pruebas,  dice  el censor, fueron completamente ignoradas en  el  acápite  que  la  primera  instancia le destinó a la “valoración de las  pruebas”,  y  apenas sí las menciona al hacer un resumen de los argumentos de  la  defensa, dado que ésta las trae a colación en la audiencia pública.   En  cuanto  al  fallo  de  segundo grado, sí refiere los tres testimonios, para  decir  que  en  ellos se apoya la tesis defensiva de la legítima defensa, pero,  sin  realizar ningún análisis valorativo sobre ellos, el fallador concluye que  en el proceso obran otras testificaciones que los infirman.   

          La  valoración  probatoria,  agrega  el demandante, es un ejercicio  que  comporta  señalar  el alcance la convicción que se le otorga a los medios  probatorios,  pues  no  basta  aducir  que  se  excluyen  los testimonios porque  existen  otros  que  dicen lo contrario, dado que esa actitud sería igual a que  el Tribunal hubiese omitido la apreciación de los mismos.   

          De  las  pruebas  cuya  apreciación  se  omitió,  se  concluye que  Alexis sí golpeó la botella  contra  el  piso,  pero  no  lo  hizo  en  tono  de  provocación a Froilán   ni   a  ninguno  otro  de  los  circunstantes;    que    hubo    una    acción    violenta    de   Froilán   en   contra   de  Alexis,  antes  de  que  éste reaccionara  para  lesionarlo;  y  que  no hubo una acción premeditada del procesado, porque  precedentemente  le  habían  dado  a  guardar  el cuchillo, todo lo cual, si se  considera  en  su  dimensión, hubiera conducido a que el Tribunal descartara la  tentativa  de homicidio, o cuando menos, haber atendido la legítima defensa que  ha  pregonado  el  sindicado, o, en últimas, permite reconocer un exceso en esa  causal  de  justificación, o también ha podido dar lugar a la existencia de un  dolo de ímpetu.   

          Con  la  omisión  endilgada,  concluye  el  actor, se ha violado el  contenido   sustancial   de   los   artículos  4,  22,  29  y  30  del  Código  Penal.   

          2.   El segundo cargo lo denomina como error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  ya  que, según su criterio, se ha alterado el contenido  fáctico de los siguientes testimonios:   

          2.1   El  de  la  señora  Clementina  Medina  Bermúdez,  de  cuyo texto no podía inferirse  que  Froilán reaccionó con  la  navaja cuando ya estaba herido, pues claramente manifiesta la testigo que si  aquél  “no le hubiera tirado, Alexis tampoco le tira…”, lo cual significa  que   el   lesionado  tomó  la  iniciativa  en  el  ataque.   Además,  la  testimoniante      no      dijo      con      seguridad     que     Froilán  había  atacado  a  Alexis  con  el puño, como lo sostiene el  fallo,  sino  que ella a la distancia apreció que “le tiró como un puño”,  pero  que  después  se  acercó  y  vio  que  “cabellón”  (así  llaman  a  Froilán)  tenía una navaja  en  la  mano,  observación  que  le  permite  aclarar al final que éste atacó  previamente a su victimario.   

          2.2    La   señora   Mariela  Muriel  Lozano  empieza  por  advertir  que “no estaba en el  preciso  momento”,  y  además  no afirma decididamente que “Alexis le tiró  primero  a  Froilán”, sino que lo cree así porque cuando miró ya el segundo  estaba herido.   

          2.3   De  acuerdo  con  la  versión  del  señor  Hernando  Segura  Muriel,  en  realidad el  procesado,  antes  del  problema, había recibido el cuchillo de manos del joven  “Pocholo”,  con  el  fin  de  guardárselo, razón por la cual se excluye la  premeditación  del acto reprochada en el fallo.  Además, el mismo testigo  dice  que  Froilán tenía una  navaja  en  la  mano, pero, a pesar de ello, ambos datos fueron pasados por alto  en su valoración.   

          2.4   La testigo Sandra Milena Alvarez  Muriel   dice   que  Alexis  posiblemente se haya alterado porque su progenitora le  negó  el  crédito,  pero  el  censor sostiene que ella no pudo haber tenido la  oportunidad  de  enterarse  de  tal circunstancia, pues estaba en la mesa con el  ofendido,   razón  por  la  cual  seguramente  su  afirmación  deriva  de  los  comentarios  que  se tejieron después de los hechos, amén de que su testimonio  es  “inconveniente”  porque se trata de una persona menor de edad, amiga del  lesionado y se encontraba con él al momento de los hechos.   

          2.5   Si  el  ofendido Froilán Valois  Mena  declara:  “yo fui y le eché los brazos a  Alexis…”,  ello  da  a  entender que se trasladó de un lugar a otro, motivo  por  el  cual  no  es  exacta  la  afirmación  del Tribunal de que el sindicado  quebró      las      botellas      en      la      mesa     de     Froilán,  con  el  ánimo  de provocarlo,  pues   éste   mismo   agrega   que  “él  tenía  era  ganas  de  romper  los  envases…”.   No  es  cierto  entonces  que  el  procesado  haya actuado  premeditadamente para estimular al ofendido.   

          Dice  el  impugnante que si en las sentencias se hubiesen valorado e  interpretado   adecuadamente   los   mencionados   testimonios,  atendiendo  sus  verdaderos  contenidos  fácticos, sin duda se hubiese llegado al convencimiento  de  la  no existencia de una tentativa de homicidio, dejando de aplicar así los  artículos  22  y  323  del  Código  Penal,  para  entender  que la conducta se  enmarcaba  en  el artículo 331 del mismo estatuto, con reconocimiento adicional  de   los   artículos   4   y   29   idem.   

          Pide  finalmente  que  la  Corte  case  la sentencia demandada y, de  contera,  proceda  a  revocar  el  fallo  proferido por el Juzgado Promiscuo del  Circuito de Bahía Solano.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:  

          El    Procurador    Delegado    expone   su   opinión   en   cuatro  partes:   

          Pide,  en  primer  lugar,  que la Sala se ocupe oficiosamente de una  nulidad  por  supuesta violación del derecho de defensa técnica, y la sustenta  del siguiente modo:   

          Si  bien  el  sindicado fue asistido por un defensor de su confianza  en  la diligencia de indagatoria, dicho profesional tenía su oficina de litigio  en  la  ciudad de Santafé de Bogotá, razón por la cual la notificación de la  resolución  de  cierre  de  investigación  se  hizo  por  medio de un despacho  comisorio  y  el  notificado  no  presentó alegatos en la oportunidad.  De  otra  parte,  proferida la resolución acusatoria, se le notificó por estado al  defensor  (fs. 103) y dicha pieza alcanzó ejecutoria sin que el letrado la haya  objetado.   

          Aduce   que   sólo   el   procesado  presentó  alegaciones  en  la  oportunidad  del  cierre de investigación, en orden a obtener el reconocimiento  de  la  legítima  defensa,  pero  desafortunadamente  sus  apreciaciones fueron  desestimadas  por  la  fiscalía.   Al  tiempo  de  la  notificación de la  resolución  de  acusación,  el  acusado intentó la obtención de la libertad,  pero una vez más su propósito fue rechazado por el instructor.   

          Sostiene  el  Procurador  que  la  nulidad  adviene  por la falta de  notificación   personal   de  la  resolución  acusatoria  al  defensor,  hecho  irregular  que se incrementa por la carencia absoluta de actividad defensiva del  profesional  en  la  fase  sumarial.   Agrega  que,  de  conformidad con el  artículo  440  del  Código de Procedimiento Penal, modificado por el artículo  59  de  la  ley  81  de 1993, la notificación de la resolución acusatoria debe  hacerse  imperativamente  de manera personal al defensor, y no por estado, hasta  el  punto  que  la  norma prevé la posibilidad de nombrar un defensor de oficio  cuando  no sea posible hacerle la comunicación directa al reconocido, la que si  se omite genera una nulidad insubsanable.   

          Pide,  en  consecuencia,  que se decrete oficiosamente la nulidad, a  partir de la notificación de la resolución de acusación.   

          En  segundo  lugar,  en  caso de descartar la nulidad y en relación  con  el  cargo  de  violación indirecta por error de hecho como falso juicio de  existencia,  expone  que  allí existen planteamientos contradictorios que hacen  infructuosa  la censura.  En efecto, la alegación de ausencia de tentativa  de  homicidio,  que  supone la atipicidad de la conducta y/o la inexistencia del  hecho,  y  de la justificación del comportamiento, son posturas que derivarían  necesariamente  en  un  fallo  absolutorio;  pero  los  reclamos de exceso en la  causal  de  justificación  o  de  dolo  de  ímpetu,  éste  traducible  en  la  diminuente  punitiva  de  que  trata  el artículo 60 del Código Penal, darían  lugar   a   un   pronunciamiento   condenatorio,   aunque   con  responsabilidad  atenuada.   

          Ante  la  confusa  disyuntiva  de absolución-condena que plantea la  demanda,  el  Ministerio Público dice que no se entiende, en últimas, cuál es  el  interés  del  recurrente  para  obtener un nuevo pronunciamiento, yerro que  dimana de la fundamentación excluyente del cargo.   

          Finalmente,  tampoco  la  censura  contiene  el  señalamiento de la  trascendencia  del  error  por  falso  juicio  de  existencia,  pues el actor no  indicó  cuáles  normas  fueron indebidamente aplicadas y cuáles se dejaron de  aplicar.   

          En  cuanto al falso juicio de identidad, que es la tercera parte del  concepto,    glosado    de    cara    a    los   testimonios   de   Clementina  Medina  Bermúdez, Hernando Segura Muriel, Sandra Milena  Alvarez  Muriel  y  Froilán Valois Mena, el Procurador  sostiene  que  los  juzgadores  de  ninguna  manera tergiversaron los contenidos  fácticos  de  las  probanzas,  pues,  por  el  contrario, le dieron el crédito  naturalístico  y  teleológico a los testigos que narraron los hechos ocurridos  de  modo  desprevenido,  y  por  ello  desechó  las  versiones  de Carlos  Mario  Pérez  Penagos,  Wilmar Potes Medina y Henry Yovanny  Ardila,  encaminados  éstos  a  hacer  prevalecer una  legítima   defensa   invocada  por  el  sindicado,  porque  precisamente  otros  testimonios  citados  en la sentencia ofrecían mayor credibilidad (Mariela     Muriel,    Clementina    Medina    y    Sandra    Milena  Alvarez).   

          Agrega   que  cuando  el  censor  se  refiere  a  una  “deficiente  valoración  de  las  probanzas”,  no  hace  otra  cosa  que incursionar en un  análisis  probatorio  ajeno  al  recurso de casación, porque es inapropiado en  esta  sede  discutir  el  mayor o menor grado de credibilidad que el fallador le  otorga  a  los  testimonios,  o comparar subjetivamente los valores dados por el  demandante  a ciertas pruebas, porque en esta materia rige la sana crítica y no  la tarifa legal.   

          Tampoco  comparte  la  Procuraduría  que  el  hecho  jurídicamente  configurado  sea  de lesiones personales y no la tentativa de homicidio, como lo  quiere  hacer  ver  el  demandante,  porque,  como  se dijo en la jurisprudencia  citada  en el fallo de primera instancia, la acción sobre la víctima, “unida  al  empleo  de  un  arma  idónea,  y  el lugar del organismo lesionado fuese un  centro  vital,  no otra cosa ha de colegirse que la intención de matar, y no la  de lesionar”.   

          Si  no  prospera  la  nulidad antes postulada, el Procurador sugiere  que no se case la sentencia por razón de la demanda interpuesta.   

          El  último segmento del concepto tiene que ver con la ilegalidad en  la  tasación  de  la  pena  accesoria  de interdicción de derechos y funciones  públicas,  la  cual  no  podía  superar  el límite máximo de diez (10) años  determinado  en  el  artículo  en  el  artículo  44 del Código Penal, pero al  procesado  se  le impusieron 12 años y 6 meses.  Para corregir este yerro,  el  Ministerio  Público  solicita  que  se  case  parcialmente  y  de oficio la  sentencia, si es que no fructifica la aludida nulidad.   

EXAMEN DE LA CORTE:  

         Aunque  el  demandante  no  ha  alegado  la nulidad de la actuación  procesal,  el  Procurador  Delegado  opina  que  es evidente la transgresión al  derecho  fundamental  de la defensa técnica, razón por la cual le sugiere a la  Corte  que  haga  uso  de  la  facultad  determinadora de oficio, prevista en el  artículo  228  del  Código  de  Procedimiento  Penal, con el fin de remover la  irregularidad.   Así  pues,  dado  que el concepto del Procurador remite a  una   eventual   invalidez  del  proceso,  susceptible  de  provisión  judicial  oficiosa,  se  atenderá en primer lugar dicha inquietud, vista la prioridad que  constituye  el  cuidado de la regularidad del procedimiento en relación con las  decisiones de mérito.   

         I.  LA NULIDAD PROPUESTA POR EL PROCURADOR   

         Se  advierte,  en primer lugar, que el Procurador Delegado pasó por  alto   que  la  resolución  acusatoria  sí  fue  notificada  personalmente  al  defensor,  acto  que  se cumplió expresamente el 8 de julio de 1994, como puede  verse a folios 89vto. del cuaderno principal.   

         Ahora  bien,  no  es  atinada  la  lectura  que  hace  el Ministerio  Público  del  contenido  del  artículo 440 del Código de Procedimiento Penal,  modificado  el  artículo  59  de  la  ley  81  de 1993, en el sentido de que la  resolución    acusatoria    siempre    debe    notificarse   personalmente   al  defensor.   

         Lo  ideal es que todas los sujetos procesales puedan ser notificados  directamente  de  las  decisiones judiciales, pero, en el caso de la resolución  de  acusación,  cuando  el  procesado  se  hallare en  libertad,  primero  debe  intentarse  su notificación  personal,  citándolo  para  el  efecto  por  el  medio  más  eficaz.  Sin  embargo,  transcurridos 8 días después de la fecha de la comunicación sin que  compareciere  el  acusado,  ahí  sí es imperativa la notificación personal al  defensor,  caso  en el cual inclusive puede acudirse a un defensor de oficio, si  es  que  el  titular  reconocido  presenta  una  excusa  válida o es renuente a  comparecer (inciso 2°).   

         Pero  si  el  procesado  ha  sido  notificado  personalmente  de  la  resolución  acusatoria,  bien  porque  estaba  detenido  ora  porque estando en  libertad  fue  hallado,  ya  no  es  obligatoria  la  notificación personal del  proveído  al  defensor,  pues  válidamente puede comunicarse por estado.   Correlativamente,  si  el  sindicado que estaba en libertad no pudo ser hallado,  después  de  agotar debidamente los esfuerzos para hacerlo comparecer, basta la  integración  personal a su defensor, y el ausente puede ser informado por medio  de la notificación por estado (inciso 3°).   

         De  otra  parte, aunque en la fase de la instrucción el defensor no  hizo  peticiones  de  prueba  en favor del sindicado, tampoco contrainterrogó a  los  testigos  de  cargo  ni  interpuso  recursos  en  contra  de las decisiones  desfavorables,  lo cierto es que siempre ejerció actos de control en el proceso  que  se  concretan  en  la  asistencia  al  acto  de  indagatoria  (fs. 17) y la  notificación  personal de las providencias sobre situación jurídica (fs. 38),  cierre  de  investigación  (fs.  73fte.  y  vto.) y resolución acusatoria (fs.  89vto.).   Y  si  a  estas  posiciones  de franca expectativa por parte del  defensor,  se  añade  que la fiscalía cumplió debidamente su cometido legal y  constitucional  de investigación integral, en la medida que verificó todas las  citas   de   defensa   que   hizo  el  procesado  (testimonios  de  Henry  Yovanny  Ardila  Salas,  Carlos  Mario Pérez Penagos, Wilmar  Potes  Medina  y  Hernando Segura Muriel), se tiene que  la  actitud  del profesional  se parece más a una estrategia defensiva que  a  un  desleal  y  completo  abandono  de su encargo, máxime que en la fase del  juicio  siempre  trató  de  explotar  la polarización probatoria que advertía  para  pedir el reconocimiento de una legítima defensa, o la cristalización del  sólo propósito de lesionar, en lugar del ánimo de matar.   

         II.       PRIMER      CARGO:       FALSO     JUICIO     DE  EXISTENCIA   

         Alega   el   censor  que  no  se  consideraron  los  testimonios  de  Henry  Yovanny  Ardila  Salas,  Carlos  Mario  Pérez  Penagos  y  Wilmar Potes Medina, pruebas que señalaban  situaciones  de  favor  para  el  procesado,  bien  por  potenciar una legítima  defensa,  ora  por  excluir  el  propósito  de  matar o indicar un exceso en la  indicada causal de justificación.   

         

         Pues  bien,  no  importa que la sentencia de primer grado no se haya  ocupado  de  las  mencionadas pruebas en el acápite destinado a su valoración,  pues  debe  retomarse  la  idea de que el recurso extraordinario de casación se  interpone  es  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal y éste,  cuando  es  de confirmación, conforma una unidad con el primero (art. 218 C. P.  P.).   

         Así  entonces,  la  sentencia  del Tribunal Superior del Chocó, en  relación   con   las   pruebas   presuntamente  ignoradas,  hace  la  siguiente  apreciación:   

“Otro aspecto que se plantea es el de una  posible  legítima defensa ejercida por el procesado ALEXIS BERMÚDEZ RUIZ, ante  un  ataque  injusto por parte de FROILÁN VALOIS MENA.  Es ésta la base de  la  sustentación  presentada  por el propio procesado, y que precisamente es la  sostenida   por   el   Ministerio   Público   en  la  diligencia  de  audiencia  pública.   

“La  anterior  tesis  encuentra  respaldo  en  los  testimonios de Carlos Mario Pérez Penagos,  Wilmar  Potes  Medina  y  Henry Yovanny Ardila Salas, quienes en resumen afirman  que  FROILÁN  encuelló  a  ALEXIS,  y  que  fue quien primero le tiró con una  navaja   ‘07’;  que  ante  la  acción  descrita,  ALEXIS  esquivó  y  sacó  un  cuchillo  colocándolo hacia el frente, a lo que  FROILÁN   que   iba   a   embestirlo   se   encontró  con  el  cuchillo  y  se  chuzó.   

“No  puede  la Sala aceptar este último  planteamiento,  el  de  la  legítima  defensa, ya que en el proceso obran otros  testimonios  que  infirman  los  anteriores como lo son el de la señora Mariela  Muriel  Lozano,  quien  dice  que  cuando  CABELLÓN, o sea FROILÁN, le tiró a  ALEXIS  con  la navaja, ya estaba herido.  Clementina Medina Bermúdez, nos  dice  que  FROILÁN  le  tiró  a  ALEXIS  fue con el puño.  Sandra Milena  Alvarez,  en  su  relato  afirma  que  cuando  ALEXIS  llegó quebrando envases,  FROILÁN  le tiró con una navaja, pero no lo alcanzó, que entonces se sentó y  lo  llevaron  para  Bahía. (fs. 192 y 193.  Se ha  subrayado).   

         Bien  puede apreciarse que las pruebas no fueron pretermitidas, dado  que  su  contenido  fue  traído  a  colación en el fallo de segunda instancia,  sólo  que  los juzgadores les restaron valor como base de convicción, al igual  que   a   la   coartada  del  procesado,  pues  acogieron  lo  dicho  por  otros  testimoniantes que expresaban lo contrario.    

         De  esta manera, el reparo no sería propiamente por un falso juicio  existencia,  sino  por  un falso juicio de identidad, si es que se echa de menos  la  aplicación de las reglas de la sana crítica, aspecto del cual parece estar  consciente  el  demandante  cuando aduce que el Tribunal debió explicar porqué  las  pruebas descartadas estaban en inferior grado de persuasión a las acogidas  (fs. 209).    

         Sin  embargo,  no sólo es evidente la confusión y el desvío en lo  pretendido,  sino  que  huelga afirmar que la hipótesis explicativa asumida por  los  juzgadores  no  fue arbitraria, pues, antes de rechazar unas pruebas que el  actor  echa  de  menos  y  acoger  otras  que  consideró  de mejor abolengo, el  Tribunal   prohijó   en   su  estilo  las  siguientes  razones  de  la  primera  instancia:   

“…Que  la  Fiscalía  se  aparta de la  coartada  y  presupuestos  en  que ALEXIS BERMÚDEZ RUIZ erige la justificación  del   hecho,  como  son  las  declaraciones  de  unos  testigos  (cuyos  apartes  transcribe);  que  en  la  experticia  médica se dice que la lesión es idónea  para  producir  la  muerte  si no se recibe tratamiento oportuno.  Que para  desechar   el   dolo  de  ímpetu  pregonado  por  el  Dr.  Salas  Muñoz,  como  justificación  del  actuar  de  su  defendido,  tal  como  lo hizo la Unidad de  Fiscalía  Doce  de  Bahía  Solano, el a quo anota que de paso se puede afirmar  que  ALEXIS BERMÚDEZ RUIZ es descrito como peleador y provocador de conflictos,  que  deliberadamente  provocó al acompañante de Sandra Milena, que su ánimo o  propósito  de  causar  daño  se  evidencia  no  sólo con el arma que guardaba  previamente  en  la  pretina  de su pantalón, sino con el propósito protervo y  premeditado  de incitar al acompañante de Sandra Milena y hacerse el guapetón,  circunstancias  probadas  en  el plenario que permiten desestimar los argumentos  de  la  defensa,  Ministerio  Público y acoger lo pedido por la Fiscalía en el  sentido  de  que  se  condena  a  ALEXIS  BERMÚDEZ  RUIZ por estar reunidos los  requisitos  del  artículo 247 del C. de P. Penal…”  (fs. 189).   

         De  otra  parte,  con  algunas  aclaraciones  que  se insertarán en  acápites  subsiguientes,  tiene  razón  el  Procurador Delegado en cuanto a la  contradicción  que  entraña  el  hecho  de  que, bajo el amparo de un supuesto  falso   juicio   de  existencia  referido  a  varios  testimonios,  se  pretenda  simultánea  y  unificadamente  el  reconocimiento  de  la legítima defensa, el  exceso  en  dicha  causal  de justificación, o el cambio en la apreciación del  contenido  subjetivo  de  la  conducta (dolo de matar por dolo de lesionar) o la  admisión del dolo de ímpetu.   

         En  verdad, como la legítima defensa es una causal excluyente de la  antijuridicidad,  de conformidad con el numeral 4° del artículo 29 del Código  Penal,  su  reconocimiento implicaría la declaración de una ausencia de delito  (arts,  2°  y  4° idem), que  inexorablemente conduce también a un fallo absolutorio.    

         El   exceso  en  las  causales  de  justificación,  en  cambio,  no  desestructura  el  hecho  punible  ni  la  responsabilidad del acusado, sino que  sería  un  factor  atenuante  de  esta  última,  que  se  traduciría  en  una  significativa  reducción de la pena, de acuerdo con la previsión del artículo  30 del Código Penal.   

         La  transmutación  en  el  reconocimiento del aspecto subjetivo del  delito  para  negar el propósito de matar y, por ende, el homicidio tentado, no  significaría  la  absolución  del  acusado,  como  lo  sostiene  el Ministerio  Público,  sino que, como se acepta que sólo existió el ánimo de lesionar, la  conclusión  obvia  sería  que la acusación incurrió en un relevante error en  la  denominación  jurídica  del  delito,  que afecta el debido proceso, y como  consecuencia  debería  propenderse  por  la nulidad de la actuación procesal a  partir de dicha pieza procesal.   

         Así  las  cosas, como todas estas pretensiones se han reunido en el  mismo  cargo,  al  final  no  se  sabe  si  el  actor  procuraba  una  sentencia  absolutoria  o  una  condena  atenuada  o  la  nulidad por violación del debido  proceso.   La  cuestión pudo ser de otro modo si tan diversas aspiraciones  se  plantean en cargos separados, siempre que previamente se hubiese establecido  la   veracidad   del   reproche   por  error  de  hecho  como  falso  juicio  de  existencia.   

         Ahora   bien,   cuando  el  demandante  reivindicaba  el  denominado  dolo   de   ímpetu,   no  necesariamente  se  refería a la atenuante de responsabilidad por ira o intenso  dolor  (art.  60 C. P.), pues bien puede presentarse aquél sin que haya lugar a  la  segunda.   En  efecto,  la  aminorante  punitiva  no  se da por la sola  experiencia  del estado de emoción o pasión, sino que es indispensable que él  provenga de una grave e injusta provocación de la víctima.   

         Por    lo    demás,    el    dolo    de  ímpetu  consiste  en  la  consciencia  y  voluntad de  dañar  la integridad personal de otro, cualquiera sea la magnitud del daño, de  modo  que  uno  u  otro  resultado  nocivo  (lesiones o muerte) le pertenecen al  sujeto   por   haber   sido   presupuestados  directa  y  coetáneamente  en  su  conocimiento  y  querer,  así  exista  por  dicho  estado de ánimo una parcial  superposición  de  la  decisión y la ejecución del acto.  Tal situación  anímica  del  procesado  era  la  que  alegaba  el  defensor en el curso de las  instancias,  como consecuencia de la rabia que le produjo la negación del fiado  y  el  estado  de  alicoramiento  que lo abrumaba, de modo que, sin necesidad de  acudir  a  presuntas  afrentas de la víctima, ello era suficiente para discutir  la  configuración  del  dolo  de  ímpetu sin tocar el tema de la atenuante por ira.   

         Sin   embargo,  ya  se  sabe  que  la  alegación  del  dolo  de ímpetu estaba orientada a obtener  una  acusación  por  el  delito  de lesiones personales, en lugar del homicidio  tentado,  pero, como se dijo en párrafo anterior, la contradicción es evidente  cuando   se   pone  a  concurrir  dicha  pretensión  con  otras  que  comportan  consecuencias procesales notoriamente diversas.   

         III.       SEGUNDO     CARGO:      FALSO     JUICIO     DE  IDENTIDAD   

         Es  inocultable  que  el  actor  en  algunos  apartes  se  atiene al  concepto   jurisprudencial   de   falso   juicio   de  identidad,  pues claramente señala que los juzgadores  pudieron   haber  tergiversado  el  contenido  material  de  algunas  probanzas,  verbigracia,    porque    le    hacen    decir   a   la   testigo   Clementina    Medina    Bermúdez    que  Froilán  ya  estaba  herido  cuando  acometió a Alexis con  la  navaja, dado que ella con nitidez expresó que “si cabellón (Froilán)  no  le  hubiera  tirado, Alexis  tampoco  le tira”, lo cual significa que quien atacó primero fue Froilán.   Igualmente,  en relación  con  la misma testigo, la sentencia sostiene como su afirmación que “Froilán  le  tiró  a  Alexis  fue  con el puño”, cuando en realidad ella aseveró que  “le  tiró como un puño…  me acerqué y vi a cabellón con una navaja en la mano…”.   

         También  existe  claridad sobre la consistencia del falso juicio de  identidad  en  relación  con  el testimonio de Mariela  Muriel  Lozano, pues ésta manifestó:  “yo creo  que  primero  le  tiró  Alexis  a  Froilán  porque cuando yo miré ya Froilán  estaba  herido…”,  expresión  que  revela  una incertidumbre de la testigo,  pero  que  el fallo convierte en aseveración segura, máxime que ella ya había  advertido que no estuvo “en el preciso momento”.   

         Sin   embargo,   no  existe  ilación  lógica  entre  las  premisas  planteadas  como  falso  juicio  de  identidad  y la conclusión que pretende el  actor,  pues  éste  procura  que  se descarte la existencia del homicidio en el  grado  de  tentativa  (arts.  22  y  323  C.  P.),  y  en  cambio  se  acepte la  configuración  del  delito  de  lesiones,  aunque  con  el reconocimiento de la  legítima   defensa.    Si   fueran  ciertas  las  señaladas  distorsiones  testimoniales,  la  afirmación correcta sería que la víctima atacó primero y  seriamente  al victimario, lo cual habilitaría la legítima defensa de éste y,  por  tratarse  de una causal dirimente de la antijuridicidad, no habría lugar a  delito  alguno  (homicidio  ni  lesiones).  Es decir, si los testimonios no  hubieran  sido  alterados  en  su  contenido,  aceptado ello como hipótesis, en  manera  alguna podría sostenerse racionalmente que habría lugar a un cambio de  atribución  subjetiva  del delito, sino, por el contrario, a la inexistencia de  delito.   

         Pero  es  que  el reproche ni siquiera es unívoco, porque, en otros  apartes  del  desarrollo  del  cargo, el censor salta inopinadamente de un falso  juicio  de  identidad  a  una  crítica testimonial, a la manera de instancia, y  como  actitud  que  no  es  de  recibo  en esta sede extraordinaria, dado que la  casación  conducida  por  la  apreciación  de  la prueba, se ha reservado para  enmendar  protuberantes  errores  de  hecho  o de derecho, no para prolongar las  discusiones  que  racionalmente  ya  se  dieron  en  los debates de grado.    

         En  efecto,  tiene el matiz indicado aquel reparo referente a que el  testimonio   de   la   menor   Sandra  Milena  Alvarez  Muriel  se  pudo haber basado en la suposición de que  el  procesado  estaba  disgustado  porque  la madre de la testigo no le fió una  botella  de  ron,  ya  que  ella,  por hallarse en lugar diferente, no tenía la  posibilidad  de  percibir ese hecho precedente; o que la deponente no es persona  confiable,  no  sólo  por  su  minoría  de  edad,  sino  porque  era amiga del  lesionado  y  precisamente  compartía con él al momento de los acontecimientos  (fs.  213).  Igual connotación tiene el reproche de que algunos apartes de  la  declaración  del  ofendido,  que  transcribe  el  actor  en  lo pertinente,  “fueron  deficientemente  valorados  por  los  juzgadores, lo que les llevó a  tener  por  cierto  que  Alexis hubiese actuado premeditadamente en provocación  contra  Froilán,  en  aras de cometer en su humanidad el delito de homicidio”  (fs.  213).   Es decir, en este último caso, las respectivas informaciones  del  afectado  no  fueron  trastornadas en su sentido, sino que no se les dio la  trascendencia  y  el valor esperado por el impugnante, censura que entonces pasa  arbitrariamente  del  falso  juicio de identidad, como error de hecho, a la mera  crítica probatoria alternativa.   

         Frente  a  semejantes  desarreglos  en  la  conducción  del recurso  extraordinario   por   parte   del   defensor,   la   Corte   desestimará   las  censuras.   Sin embargo, como algo serio se intentó con un parcial acierto  en  la  presentación  de  supuestos  falsos  juicios de identidad, la Sala debe  resaltar  que  el fallo de segunda instancia fue preciso en lo que se refiere al  señalamiento  del  propósito  de matar, como ingrediente subjetivo inequívoco  del delito de homicidio tentado, y dijo:   

“Con    base   en   los   anteriores  planteamientos,  compartimos  la  decisión  del  A-quo  en este aspecto, ya que  efectivamente  el  lugar  y  la gravedad de la herida, lo mismo que la capacidad  del  arma  ofensiva,  nos  llevan  a  la  aplicación de (sic) figura en comento  (TENTATIVA DE HOMICIDIO)” (fs. 192).   

         Por  lo  transcrito, el ad quem  infirió  razonablemente el propósito homicida de la concurrencia  de  factores  convergentes  tales  como la capacidad ofensiva del arma utilizada  (un  cuchillo  que,  por  sus grandes proporciones, se le denomina en la región  como  “matavaca”  o  “mataganado”);  la  vulnerabilidad  de  la  región  anatómica  afectada  y  el  riesgo  de  muerte  que  representa su afectación,  estimados  los  órganos  vitales  que alberga (la cavidad toraco-abdominal); la  distancia  desde  la  cual  se  accionó  el  instrumento  letal  (escasa); y la  profundidad  y  los  destrozos  causados  por  el  arma  en su recorrido (herida  profunda  del  lóbulo  derecho del hígado que se ve hasta la región posterior  del  órgano  y lesión del diafragma del mismo costado), resultados indicativos  no  sólo  de  la  potencia  destructiva del aparato sino de la fortaleza con la  cual lo impulsó el sujeto activo.   

     

I. CASACIÓN OFICIOSA     

         Por  último,  tal  como  lo  hizo  ver  el  Procurador Delegado, la  sanción  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas excedió  el   límite   legal  de  diez  (10)  años,  razón  por  la  cual  se  casará  oficiosamente  la  sentencia  para  ajustarla  en  esta materia al contenido del  artículo  44 del Código Penal, ya que la determinación del Tribunal violó la  garantía fundamental de la legalidad de las penas.   

         Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  Ley,   

RESUELVE:  

         1.    Desestimar   los  cargos  formulados  en  la  demanda  de  casación   que   presentó   el  defensor  en  contra  de  la  sentencia  antes  reseñada.   

         2.   Como  respuesta  a la petición de nulidad introducida por  el   Procurador   Delegado,   abstenerse   de   proveer   oficiosamente  en  tal  sentido.   

         3.   Casar  parcial y oficiosamente la sentencia demandada, con  el  fin  de  modificarla  para situar en diez (10) años la duración de la pena  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas.   

         Cópiese, notifíquese y devuélvase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *