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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                           Aprobado acta No. 133     

                           Magistrado Ponente:   

                           Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa   Fe  de  Bogotá,  D.C.,  siete  de  septiembre de mil novecientos noventa y nueve.   

Decide la Corte sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  HERNANDO       DIAZ       MATALLANA.   

          Antecedentes.-   

Aproximadamente a la media noche del cinco de  febrero  de  mil  novecientos noventa y seis, en el sitio “El Ocobo”, vereda “La  Vuelta”,  del  Municipio de Tibacuy (Cundinamarca), perdió la vida el ciudadano  ALONSO  CORTES  a consecuencia de múltiples lesiones en el cráneo, ocasionadas  con arma cortocontundente.   

Abierta  la  investigación por la Fiscalía  Dieciocho  Delegada  ante  los Juzgados Penales del Circuito de Fusagasugá (fl.  68),  vinculó  mediante  indagatoria a HERNANDO DIAZ MATALLANA (fl. 85) a quien  afectó  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva (fl. 114) y,  posteriormente,   previo   el   cierre  del  ciclo  instructivo  (fl.  179),  el  veintitrés  de  agosto  de  mil  novecientos  noventa  y seis, lo acusó por el  delito  de  homicidio  agravado  (fls.  210),  mediante  resolución  que cobró  ejecutoria   en   esa   instancia   el  treinta  siguiente,  al  no  haber  sido  impugnada  (fl. 216 vto.)   

Rituado  el  juicio  por  el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito,  puso fin a la instancia condenando al procesado a la pena  principal  de  veintisiete años prisión, al encontrarlo penalmente responsable  del  delito  de homicidio en su modalidad más simple (fls. 310 y ss.), mediante  sentencia  que  el  Tribunal  Superior  confirmó íntegramente al revisarla por  vía  de la apelación interpuesta por el procesado y su defensor (fls. 36 y ss.  cno. Tribunal).   

Contra  la sentencia de segundo grado, estos  mismos  sujetos procesales oportunamente interpusieron recurso extraordinario de  casación,  el  cual  fue  concedido  por el ad quem, presentándose, dentro del  término  legal,  el correspondiente escrito de sustentación cuya admisibilidad  corresponde     decidir    a    la    Corte.         

    

          La demanda.-   

Anuncia el actor que su propuesta se orienta  a  denunciar “la violación de norma sustancial, por errónea apreciación de la  prueba”.   

Considera al respecto que el fallo se soporta  en  el  dicho  de  JORGE  ELIECER  BERNAL DIAZ, quien, a su criterio, “no merece  ninguna  credibilidad”,  pues  en la primera declaración rendida en el proceso,  aseguró  desconocer  al  autor  o  autores  de  la  muerte de Alonso Cortés y,  posteriormente,  luego  de mantener por espacio de tres meses oculta la chaqueta  sustraída   por   el   occiso  a  FLOR  ALBA  RODRIGUEZ  ACOSTA,  atribuyó  la  responsabilidad   de   los   hechos   a   HERNANDO  DIAZ  MATALLANA.     

Las  actitudes,  asumidas  en el proceso, de  “haber  mentido  en  un  comienzo  al  negar absolutamente tener conocimiento de  cómo  sucedió  el  hecho  delictuoso”,  hacerle creer a los investigadores del  Cuerpo  Técnico  de la Fiscalía que fueron varias personas las que atacaron al  hoy  fallecido, decirle a los familiares de éste que había sostenido una riña  con  otro  sujeto, y esconder la chaqueta que Alonso Cortés llevaba la noche en  que   falleció,   en  opinión  del  actor  indican  claramente  que  al  darle  credibilidad  al  contenido  de  la  última  versión rendida por JORGE ELIECER  BERNAL  DIAZ,  el  Tribunal violó el artículo 294 del Código de Procedimiento  Penal.   

El cuestionado testimonio, afirma, no solo no  fue  respaldado  por  otros  medios  sino  que  resultó  controvertido  por  la  inspección  judicial  en  la que se comprobó la falta de coincidencia entre el  tiempo  que  dijo  haber  transcurrido  desde  el  momento en que abandonaron la  taberna  donde  se  encontraban con Alonso Cortés, y el instante en que afirmó  haber  sido  alcanzados por el sindicado, condiciones en las cuales dicha prueba  no  puede  ser  considerada  como  suficiente para edificar con ella un fallo de  condena,  por  no  cumplir  los  presupuestos  del  artículo 247 del Código de  Procedimiento Penal.   

El  Tribunal  además,  sostiene,  tuvo como  testigo  de  cargo  a  la  señorita  Rodríguez  Acosta,  como  si ella hubiera  afirmado   que   su   cliente   fue   el   autor   de   la   muerte   de  Alonso  Cortés.   

Por esto estima transgredido el artículo 247  del  Código  de  Procedimiento Penal, toda vez que si la legislación prohibe a  los  jueces  regionales  proferir  fallo  de condena con fundamento único en el  testimonio  de  una  o varias personas de oculta identidad, con mayor razón los  jueces  penales no pueden hacerlo con base en la declaración de un solo testigo  (fls. 92 y ss.).   

         

          SE CONSIDERA:   

Los evidentes defectos que ofrece la demanda  de  casación presentada a nombre del procesado HERNANDO DIAZ MATALLANA, impiden  decretar  su  admisibilidad  por la Corte, y obligan, en consecuencia, tener que  declarar desierto el recurso interpuesto.   

Insistentemente se ha precisado que la misma  naturaleza  rogada  del  extraordinario  instrumento,  impone al actor tener que  cumplir  estrictamente  los  presupuestos  de  forma  y  contenido  expresamente  señalados  por  la  ley,  para  que  la  demanda  pueda  superar  el  juicio de  admisibilidad  por  la  Corte,  pues si bien la formalidad apunta a facilitar la  labor  de  enunciación,  desarrollo y demostración de los cargos que contra el  fallo  pretenden  formularse,  tampoco puede perderse de vista la importancia de  su  contenido,  la  cual  radica  en  la  posibilidad  de  hacer  manifiesta  la  disconformidad  entre  la  voluntad  de  la  ley  y  la  voluntad  del  juzgador  materializada    en    la    decisión    impugnada,   objeto   primordial   del  recurso.   

Entenderlo   de   otra   manera,   sería  desnaturalizar  el  instituto para convertirlo en medio de impugnación de plena  justicia,  donde  su  sola invocación faculte la revisión integral del proceso  por  el  órgano decisorio, pues si se parte para la interposición del recurso,  que  el juicio finalizó con el proferimiento del fallo, y que éste fue justo y  legal,   la   pretensión  por  revivir  debates  ya  superados  en  las  etapas  ordinarias, es tema totalmente ajeno a su razón de ser.   

     

Tratándose,  entonces,  la  casación de un  medio  extraordinario  de  dar  inicio  a un juicio jurídico contra el fallo de  segundo  grado  que  puso fin al proceso, en su fundamentación no tienen cabida  consideraciones  subjetivas  para  oponerlas  al  criterio del juzgador, pues de  incurrirse  en  un  desacierto de esa factura, ab initio se da al traste con las  expectativas  que  tienen  los  sujetos  procesales  sobre  los  resultados  del  instrumento,  por  prevalecer  siempre  el  criterio del dispensador de justicia  sobre el de las partes intervinientes en la actuación.    

Por  estos  motivos,  la ley ha establecido,  como  presupuestos de admisibilidad de la demanda, la obligación de identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia impugnada, hacer una síntesis de los  hechos  que  fueron  juzgados  y de la actuación surtida a esos propósitos; la  causal  de  casación  que  se  invoca,  e  indicar  clara  y  precisamente  los  fundamentos fácticos y jurídicos que le sirven de apoyo.    

En tal medida, si la denuncia se orienta por  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, por errores originados en la  apreciación  probatoria,  es  de cargo del actor indicar la norma que considera  transgredida,  sea  por  no haberla aplicado el juzgador debiendo hacerlo, o por  haberla  aplicado  indebidamente.  Asimismo  debe demostrar que la violación se  produjo  por  haber  incurrido  en  errores  de  hecho  en  la  apreciación  de  determinada  prueba,  identificando  su  especie,  esto  es por haber ignorado o  supuesto  un medio no incorporado o por haber desfigurado su sentido objetivo; o  en  errores  de  derecho  derivados  de  haber  apreciado  un medio aportado con  desconocimiento  de  los presupuestos legalmente establecidos para su aducción,  o negado el valor determinado en la ley o atribuido uno diverso.   

Si  de  lo  que  se trata es de denunciar la  transgresión  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  como  método  legal  de  valoración  probatoria, para que un ataque fundado en este supuesto pueda tener  alguna  posibilidad  de  llegar  a prosperar, debe demostrarse la manera como la  apreciación   del   medio  o  medios  fundamento  del  fallo,  desconoció  los  principios  de la ciencia, la lógica o la experiencia, dando lugar a que se les  otorgara un mérito que no era el que les correspondía.   

     

En  todo  caso,  compete  demostrar al actor  cómo  el  desacierto  que  pone  de  presente  tuvo incidencia definitiva en el  proferimiento  del  fallo  que  persigue derrumbar, y, que de no haber ocurrido,  habría   conducido   a   adoptar   una   decisión  distinta  y  opuesta  a  la  censurada.   

No  es este el norte seguido por el defensor  del  procesado  HERNANDO  DIAZ  MATALLANA,  quien  ni  siquiera ensaya ubicar su  propuesta  en  alguna  de  las  causales de casación legalmente previstas, y si  bien  al  decir  que  existe  “violación  de  norma  sustancial,  por  errónea  apreciación  de  la  prueba”, pudiera darse por entendido que el fundamento del  reproche  estriba  en  el  cuerpo  segundo  del  primer motivo establecido en el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  parte alguna logra  especificar  si  el  yerro  probatorio  fue  de hecho o de derecho, como tampoco  ninguna   de   las   hipótesis   que  al  interior  de  estos  géneros  pueden  presentarse.          

         

Menos  indica,  siendo  de su carga hacerlo,  cuál  fue  la  norma sustancial finalmente transgredida, condiciones en las que  tampoco  podía  cumplir  el  compromiso  de  especificar  si  fue  por falta de  aplicación  o  por  aplicación  indebida,  de  manera  que pudiera integrar un  ataque  al  fallo   y  quedar,  al menos, correctamente enunciado el cargo.   

    

Y  aunque el cuestionamiento lo enfila hacia  el  grado  de  credibilidad  que  para  el  juzgador  mereció el dicho de JORGE  ELIECER  BERNAL  DIAZ,  con  lo  cual  en principio pareciera que se orienta por  denunciar  la  transgresión  de  las  reglas  de  la sana crítica, no señala,  debiendo  hacerlo,  qué  en  concreto  dijo  este testigo, cómo apreciaron los  juzgadores  su  versión  de  los  hechos,  de  qué manera en su valoración se  apartaron  de  las reglas de la lógica, la ciencia, la experiencia o el sentido  común,  ni  por qué, de habérsele asignado un mérito distinto para descartar  su  exposición  de  los  hechos,  la  estimación judicial de los otros medios,  inexorablemente  conduciría  a  adoptar  una  decisión distinta y opuesta a la  contenida en el fallo.      

Estos  mismos  defectos  acusa la tangencial  referencia  a  la  declaración  de  FLOR  ALBA RODRIGUEZ ACOSTA, puesto que sin  intentar  siquiera  demostrar su aserto, el actor se limita a decir que el fallo  la tuvo como testigo de cargo sin serlo.   

Sucede  además,  que  omitiendo aclarar las  razones  jurídicas  en  que se apoya, plantea que los jueces no pueden proferir  fallo  de condena con fundamento en la exposición de un testigo único, dando a  entender,  de  una  parte, que solamente ese medio obra en el expediente, lo que  hace  contradictorio  el  discurso  pues  viene de decir que el fallador tuvo en  cuenta  como  prueba  de cargo el testimonio de FLOR ALBA RODRIGUEZ ACOSTA, y de  otra,  que  abandona  la tesis inicial de haber sido transgredidas las reglas de  la  sana  crítica  para  incursionar en el campo del error de derecho por falso  juicio  de  convicción  al  atribuirle el juzgador al medio un valor diverso al  previamente    determinado    en    la    ley,    en    planteamiento   que   no  desarrolla.       

Para rematar la sarta de desaciertos, tampoco  presenta  una  solicitud  concreta  para  el  caso  de ser admitida su propuesta  impugnatoria.  Es  de  tal  envergadura  la  precariedad  del  libelo, que de su  contenido  no  se logra identificar lo que se persigue con él; finalidad que no  puede  suponerse, por el riesgo que se corre de otorgar una solución distinta a  aquella que hubiere animado al actor.   

Son  tantos  y evidentes los defectos que la  demanda  ofrece,  y  como la Corte no tiene facultad para enmendarlos por virtud  del  principio de limitación que gobierna el recurso, la decisión no puede ser  otra a la ya advertida al comenzar estas consideraciones.   

Como  quiera  que la índole de la decisión  hace   que  cause  ejecutoria  con  su  suscripción,  según  lo  disponen  los  artículos  197  y  226  del  estatuto  procesal,  se  ordenará  la devolución  inmediata  del  expediente  al  tribunal  de  origen, previa comunicación a los  sujetos procesales.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

          R E S U E L V E:   

RECHAZAR la demanda  de    casación    presentada    a    nombre    del    procesado    HERNANDO  DIAZ  MATALLANA, por lo anotado  en  la  motivación  de  este  proveído. En consecuencia SE DECLARA DESIERTO el  recurso.    

Comuníquese  y  devuélvase  al Tribunal de  origen.   

Cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                 JORGE              E.              CORDOBA  POVEDA          

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE    EDGAR LOMBANA TRUJILLO      

MARIO           MANTILLA  NOUGUES             CARLOS      E.      MEJIA  ESCOBAR        

ALVARO        O.        PEREZ  PINZON               NILSON      PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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