13800a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 18  

          Santafé  de Bogotá, D. C., once febrero de mil novecientos noventa  y nueve.   

VISTOS:  

          En  sentencia  de  segunda instancia fechada el 16 de junio de 1997,  el  Tribunal  Superior  de  Pasto  condenó  al  procesado  WILLIAM  ESTUPIÑÁN  HINESTROZA  a  la  pena  principal de diez (10) años y un (1) día de prisión,  como  autor  de  un  concurso  de delitos de homicidio, cometido en contra de la  vida   de   EMIRO  VALENCIA,  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa  personal.   

          La  misma Corporación concedió el recurso de casación interpuesto  por la defensa del procesado y ordenó los respectivos traslados.   

          Presentada  oportunamente la demanda, la Corte se ocupa de su examen  formal,  de  acuerdo  con  los artículos 220 y 225 del Código de Procedimiento  Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

          Narra  el  fallo  impugnado que el día 10 de febrero del año 1991,  aproximadamente  a  las  4  de  la  tarde,  se  produjo  un enfrentamiento entre  William     Estupiñán    Hinestroza    y    Emiro  Valencia,  por  circunstancias  ocurridas en la vereda  Charco  Grande  correspondiente  a  la  Inspección de Policía de San José del  Tapaje,  comprensión  territorial  del  municipio de El Charco (Nariño).    

          Dado  que  el  segundo  fungía  como  uno  de  los  trabajadores al  servicio  del  primero,  quien  era  socio de una empresa minera que opera en la  región,   se  suscitó  entre  ellos  una  discusión  por  el rendimiento  laboral  de aquél y después acudieron a las vías de hecho.  El procesado  hizo  uso  de  un  revólver  marca  “Ruger  Speed”,  calibre 38, que en esa  ocasión  portaba  sin salvoconducto, y le propinó un disparo a su contendiente  en  la  región  torácica,  lesión que comprometió los pulmones y el corazón  del    afectado    y    se    produjo    entonces    su    muerte   por   choque  hipovolémico.   

          La  investigación  penal fue iniciada e impulsada por el Juzgado 26  de  Instrucción  Criminal,  radicado en el municipio de El Charco, pero, debido  al   cambio   en  el  sistema  procesal  penal,  la  calificación  sumarial  le  correspondió  al  Fiscal  39 Delegado ante los Jueces Penales del Circuito, por  medio  de  resolución  acusatoria  fechada el 6 de julio de 1996, proveído que  incluyó  el  cargo múltiple por los delitos de homicidio doloso y porte ilegal  de  arma  de  fuego de defensa personal.  Esta calificación fue confirmada  por  la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal, según providencia del 16  de  octubre  del  mismo  año, en atención al recurso de apelación interpuesto  (fs. 115 y 158).   

          El  Juzgamiento  correspondió al Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Tumaco,  despacho que dictó sentencia condenatoria el 1° de abril de 1997,  cuyo  sentido y contenido fueron avalados en el ya mencionado fallo del Tribunal  (fs. 214 y 249).   

LA DEMANDA Y SUS FORMAS:  

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera de casación, el recurrente  alega  que  la sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad, dado que los  funcionarios   judiciales   no  recibieron  los  testimonios  de  JOSÉ  ANTONIO  PORTOCARRERO  CUERO,  MANUEL  BENÍTEZ  ORJUELA,  JOSÉ  VICENTE CAMBINDO, MARIO  RENGIFO  y AQUILINO VALVERDE SÁNCHEZ, pruebas que se consideraban de favor para  el  procesado  y  fueron solicitadas desde la instrucción por la defensa.   Es   deber  tanto  constitucional  como  legal  investigar  lo  favorable  y  lo  desfavorable  al  imputado, razón por la cual se viola el debido proceso cuando  no  se  procede de dicha manera integral (Const. Pol., art. 250 y C. P. P., art.  333).   

          La  Sala  entiende  como cierto que el desconocimiento del principio  de  investigación  integral  puede  generar  nulidad de la actuación procesal,  debido  a  que la averiguación de lo inculpatorio y lo exculpatorio forma parte  del  debido  proceso,  pues  son  manifestaciones  auténticas  de  respeto a la  presunción  de  inocencia  (art. 29 Const. Pol.).  Sin embargo, las reglas  que   gobiernan las nulidades procesales indican que las irregularidades en  la  actuación no son causa de su fatal invalidación, pues debe demostrarse que  no  existen  otras formas de corrección (carácter residual), o que la falencia  se   ha   convalidado,   o   que  realmente  se  han  vulnerado  las  garantías  fundamentales  o las bases del proceso (trascendencia), o que, sin sacrificio de  la  defensa,  se ha cumplido el objetivo propuesto con el acto (instrumentalidad  de las formas).   

          Aunque  genéricamente  el  actor  señala  que las pruebas omitidas  eran  de  beneficio  a  la  situación  del  procesado, el juicio de reproche es  incompleto  en  la  medida  que no dice cuáles eran los hechos o circunstancias  que  pretendía  demostrar con dichos testimonios, requisito indispensable si se  entiende  que  esa  es  la  única  manera  de  explicar  la trascendencia de la  omisión    judicial.     Además,   es   posible   que   el   thema  probandum  de  dichos  elementos de  convicción  ya  haya  sido  recogido  por otros medios, pero, como no se conoce  concretamente  el  objetivo  propuesto,  la Sala no podría saber si las pruebas  que se echan de menos eran necesarias o superfluas.   

          De  igual manera, no dice el censor cuál sería la relación de los  medios  pretermitidos con los que existen en el proceso, pues no basta saber que  se  lamenta  la  inexistencia  de las pruebas referenciadas, sino que es preciso  establecer  de  qué  manera  las  mismas  podrían  desvirtuar  lo  que el  Tribunal indujo como verdad por otras vías probatorias.   

          El  segundo  cargo lo identifica como “violación directa (sic) de  la  Ley  sustancial  por aplicación errónea de la prueba”.  Explica que  su  defendido  merece  el  reconocimiento de la legítima defensa como causal de  justificación  del  hecho,  de  acuerdo con el numeral 4° del artículo 29 del  Código  Penal,  pues  los  testigos  FABIO  MANCILLA  VALENCIA,  DÍDIMO HARVEY  PALACIOS,  MANUEL SANTOS OBANDO ORDOÑEZ, HERMES PALACIOS y LUZ DARY LONGA PEÑA  declaran  que  el  finado había tomado la iniciativa para atacar con machete al  procesado.   A  este  grupo  de testimoniantes, agrega, no se les dio “el  valor probatorio” que ellos ameritaban.   

          Una  primera  inconsistencia  salta  en  la misma reseña del cargo,  pues  es  incompatible  el señalamiento simultáneo de violación directa de la  ley  sustancial  y  errores  en  la  apreciación  probatoria,  pues  la primera  modalidad  se  circunscribe  a una discusión inmediata sobre la aplicación del  derecho,  lo  cual  supone  la  aceptación  pacífica de todos los supuestos de  hecho y las pruebas que justifican las normas debatidas.   

          En   segundo   lugar,   el   demandante  insinúa  falencias  en  la  valoración  probatoria, pero no demuestra vacíos de razón en las motivaciones  del  fallo  impugnado.   Es  decir,  ni  siquiera  cita  los  fundamentos y  argumentaciones  que  destacó el Tribunal para decidirse por la responsabilidad  del  procesado,  sin  admitir la excluyente de antijuridicidad, como para ver de  comprobar si dicho juicio contiene arbitrariedad manifiesta.   

          De  otra parte, si la sugerencia apunta a una violación del sistema  de  la  sana  crítica, tampoco se ha demostrado el protuberante desconocimiento  en  la  sentencia  de  las  reglas  de  la lógica ni de la experiencia común o  científica.   Se  ve que el recurrente aspira a imponer su propio criterio  de  valoración  de  las  pruebas,  tendencia  que se ha estimado inadmisible en  casación  porque  esta  no  es  la  sede  para  continuar una confrontación de  pareceres,   dado   que   se  entiende  que  esa  emulación  se  agota  en  las  instancias.   

          Ahora  bien,  no  obstante  que el actor no justifica la prevalencia  del  valor suasorio de los testigos que él menciona, por encima de otros que el  fallador  evaluó para descartar la legítima defensa, se atreve a señalar que,  conforme  con  la  declaración del inspector de policía, los testigos de cargo  JOSÉ  FABIO  MANCILLA, JUAN BAUTISTA GÓNGORA PEREA, ROBERTO ARBOLEDA MONTAÑO,  BASILIO   ERASO   SANDOVAL   y   OXÍVER   OBANDO  ARBOLEDA  no  residen  en  su  jurisdicción,  lo  cual significa para el impugnante que el fallo se dictó con  base   en  palabras  de  testigos  que  no  vieron  los  hechos.   Pero  la  insuficiencia  del  planteamiento contradictor es obvia:  ¿si en gracia de  discusión  se admite que los deponentes no residen en el ámbito territorial de  la  inspección  de  policía,  consecuentemente  se  podrá  afirmar  de manera  inexorable  que  no  apreciaron  los  episodios delictivos?.  O, sin que se  ensayen  las  debidas  demostraciones,  ¿cómo  sostener  que, a la hora de los  hechos,   sólo   estaban  en  el  lugar  los  residentes  o  si  habían  otras  personas?.   

          En  el  empeño  de alegar una apreciación errónea de las pruebas,  el  demandante  hace  alusión  al auto del 19 de febrero de 1991, por medio del  cual  el  juzgado de instrucción criminal resolvió la situación jurídica del  procesado,  providencia  en  la  cual  supuestamente  se refieren pruebas que no  existen.   Aparte  de  que la demanda no cita los medios probatorios que se  hayan  podido fingir en ese interlocutorio, también se ignora por el recurrente  que  el objeto del recurso de casación es la sentencia de segundo grado dictada  por  el  Tribunal, y, por los propios términos del escrito, no se sabe si dicha  arbitrariedad se extendió también a dicha decisión.   

          Pues  bien,  si  el  actor  quería  recabar  la inexistencia de los  testimonios  de  OXÍVER  OBANDO  y  ANGEL  PAZ  para  la fecha de la situación  jurídica,  debe  tenerse  en cuenta que la eventual suposición de prueba tiene  que  argumentarse  contradictoriamente  en lo que atañe a los fundamentos de la  sentencia impugnada.   

          Todo  lo anterior enseña que la demanda no contiene los fundamentos  claros  y  precisos  de las causales que se invocan, primero, porque ni siquiera  cita  con  fidelidad lo que se repudia del fallo; segundo, porque apenas enuncia  supuestos  defectos  pero  no los argumenta; y, en tercer lugar, porque pretende  alegar  indefinidamente  sobre la apreciación racional de la pruebas, modalidad  contradictoria  asaz  extraña  a  un recurso extraordinario cuyo objetivo es la  discusión  de  errores  graves  que  afectan la legalidad del fallo, así sea a  través  de  la  estimación  probatoria  mas  con  el  compromiso  de  enseñar  protuberantes lagunas en esa materia.   

          Se  rechazará  de  plano  la  demanda  y  el recurso queda entonces  huérfano de justificación.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

          RESUELVE:   

          Rechazar      in     limine  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado  WILLIAM  ESTUPIÑÁN  HINESTROZA.   En consecuencia, se declara desierto el  recurso   extraordinario   antes   concedido   por   el   Tribunal  Superior  de  Pasto.   

          En   relación   con   esta  providencia,  de  conformidad  con  los  artículos   197   y  226  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  no  proceden  recursos.   

          Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL               RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE  ENRIQUE  CÓRDOBA  POVEDA    CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                           CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                    

DÍDIMO PAEZ VELANDIA                                                                 NILSON                        PINILLA  PINILLA                          

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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